Santos con Derechos
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Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.


Abrió los ojos cansado de esperar a quedarse dormido de nuevo, era la tercera vez consecutiva que no pegaba un ojo en toda la noche, las pesadillas recurrentes de su pasado lo invadían cada vez más, por las noches aparecía el fantasma de sus recuerdos atormentándolo, cortos flashes de sucesos vividos y otros creados por su mente que no le dejaban conciliar el sueño, mientras que en el día las palabras de Saga se repetía una y mil veces en su cabeza, era como si ambos hubieran conspirado en su contra y planeado la situación para verlo destrozado.

Sin embargo, tampoco podía echarles toda la culpa, no podía pensar en Saga ni en aquel sujeto como los principales culpables de su desgracia sentimental, porque el mayor y único culpable de todo esto era él, él pudo haberlo evitado, tanto antes como ahora y más en el caso con Saga porque si hubiera sido más prudente en primer lugar o más directo, inclusive más firme en su negativa nada de esto estaría pasando, el no estaría sufriendo nuevamente y vamos tenía que ser sincero consigo mismo, había tropezado dos veces, no con la misma piedra pero sí de una forma más o menos parecida. Levantó la vista cansada hasta el techo de la habitación, se sentía terrible, no de un dolor físico, si no un dolor que va más allá, le dolía el pecho, la pena y la frustración lo agobiaba, era como si le doliese el alma.

Por la ventana un rayo de luna se metía por la habitación alumbrando la oscura habitación y ahí a escondidas con su silueta a medio alumbrar una lagrima brillante resbalaba por la comisura de sus ojos hasta desaparecer en su cabello.

Luego de la discusión con el gemelo mayor ya nada había vuelto a ser como antes, había estado cabizbajo, todos lo habían notado y aunque podía hacer sus actividades como de costumbre sus amigos no habían parado de preguntarle cada vez que podían que le ocurría, si estaba enfermo o algo andaba mal, Aldebarán iba día por medio a hacerle compañía junto con Shaka y de vez en cuando era cuestionado por las insistentes preguntas de Milo. No le dijo nada a nadie de todas formas, nunca les dio un motivo sólido por su cambio de actitud, pero apreciaba que sus amigos y compañeros estuvieran a su lado aun cuando él quería estar solo escondido en su taller que era el lugar en donde se había estado refugiando del mundo.

Se levantó para asearse cuando vio que a través de su ventana el cielo estaba aclarando, en un par de horas bajarían sus compañeros para la jornada de entrenamiento diaria y no quería toparse con ninguno, mucho menos con cierto geminiano, por lo que se metió rápido a la ducha para después encerrarse en el taller, tenía que volver para poder continuar con la restauración de la armadura de Leo, pronto saldría a una misión y no podía enviarlo sin nada para defenderse. Pasó de largo hacia sus deberes sin siquiera haberse detenido para desayunar, el trabajo era demasiado y ya casi no le quedaba tiempo. La armadura de Leo estaba ahí desarmada por todo el mesón parte por parte, tomó sus herramientas del estante, el polvo estelar y otros instrumentos más. Examinó una a una las partes de la armadura con detenimiento buscando por donde comenzar a trabajar, que en este caso era arreglar las abolladuras que tenía, con un martillo comenzó a darles golpes por el reverso dándole la forma normal a la armadura. Pasó su dedo índice por todas partes para comprobar que la textura de la superficie estuviera lo suficientemente lisa, los verdes ojos de Mu pasaban y repasaban por ella buscando aunque sea un minúsculo error.

—Ya has mirado esa pieza como tres veces y está perfectamente lisa —la masculina voz provenía de la puerta del taller, Mu levantó la cabeza de golpe viendo a Aioria descansar en el marco de la puerta.

—Debe estar presentable —le dijo haciéndole una seña para que ingresara a ver la armadura— ¿Vienes por ella? —Aioria asintió mientras se acercaba a ver el estado de Leo tomando y examinando una de las hombreras de la armadura— Lo lamento, aun me faltan detalles, iré a dejarla a tu templo cuando termine —dijo colocando sus herramientas mientras le mostraba la armadura a su dueño.

—¿Qué es lo que te falta específicamente? —A la vista del leonino estaba perfecta, pero Mu tenía la capacidad de ver más allá de simple apariencia física por lo que si él decía que falta algo, bueno lo era.

—Bañarla con algo de sangre, esta algo débil… y sellarla con polvo estelar —dijo indicándole como si de un paciente se tratase y él fuera su médico de cabecera.

—Te ayudaré entonces, hace tiempo que no vengo a donarte sangre —Aioria se acomodó en un costado de la armadura mientras se hacía un corte en su muñeca regando su sangre sobre las partes de Leo— además, no tengo nada que hacer por el momento.

—Gracias —comenta bajo, regalándole una media sonrisa.

Las visitas de Aioria siempre fueron bastantes gratificantes, aunque ya no lo viera con tanta regularidad como antes y agradecía que no llegara preguntándole porque no había asistido nuevamente al entrenamiento y solo se limitara en hablar sobre la armadura. La conversación se hizo más amena mientras pasaban los minutos, hablaron de cosas triviales, Aioria le contaba acerca del potencial que había en los jóvenes aprendices y del próximo combate que habría para encontrar un caballero que portara una armadura de bronce, le habló también sobre la misión que tendría más adelante, sus salidas al pueblo con Kanon y Milo, en fin, un montón de temas que no podían terminar ahí.

—Es suficiente —dijo Mu, quien tomó la mano de Aioria para cerrarle la herida.

—Eres muy amable Mu —Aioria veía como con su cosmos cerraba lentamente la herida de su muñeca— No puedo creer que aún no consideres la opción de estar con alguien —Las palabras de Aioria lo hicieron detenerse, y pensar en la persona a quien había estado evitando en estos largos días— Si fuera otra la situación te cortejaría —La broma del león los hicieron estallar en risas a ambos, haciendo que olvide de su pena por unos momentos, era obvio que eso jamás pasaría pues Mu sabía lo mucho que Kanon significaba para el león dorado.

—Te recomendaría que dejaras tu vida personal lejos de tus deberes, caballero —una voz grave sonó del mismo lugar por donde había llegado Aioria. En la entrada se encontraba Saga, quien se veía molesto. Mu se separó inmediatamente de Aioria increpando la mirada furiosa del geminiano, mientras acercaba una caja que estaba cerca, sacando de dentro un rollo de vendas.

—Eso no es de tu incumbencia, Géminis —el tono de su voz había cambiado, no era el mismo Mu que había tratado tan amablemente a Aioria. Mu se mantenía estoico frente a él, era extraño verlo actuar de esa forma, pero le molestaba más la escena, viendo como vendaba la muñeca del Leonino tan delicadamente, frunció el ceño ante eso.

—Si con eso provocas retraso en la reparación de las armaduras, claro que lo es, imagino que eres consciente del entrenamiento que tendremos en una semana en donde todos deben portar sus armaduras —Saga se acercó, entrecerró los ojos sin despegarlos siquiera del pelilila.

—Las armaduras no se retrasarán si sus correspondientes dueños llegan a tiempo —le rebatió dejando la mano de Aioria perfectamente vendada, sabía que había algo más detrás de toda esta discusión y no un simple contra tiempo.

—Cálmate Saga, fui yo quien interrumpió a Mu mientras trabajaba, la culpa no es de él sino mía —Se adelanta el castaño antes de que Saga le respondiera, acercándose para calmar a Géminis.

—No lo defiendas Aioria, Mu es bastante grande para poder asumir sus errores solo —prosiguió y eso no estaba molestando solo a Mu, sino que Aioria también empezaba a molestarse por las palabras de Saga— Además si tienen algo que hacer a solas, háganlo en otro sitio y en otro horario—

—¡Que descaro el tuyo en decir esas cosas Saga, no tienes derecho! —Con dos zancadas Mu había llegado donde estaban los otros dos caballeros decidido a plantarle más que palabras en la cara. ¿Cómo le podía estar diciendo estas cosas?, ¿él?, quien no tenía escrúpulos siquiera donde hacerlo, cuando además en varias ocasiones venía con las intenciones de tomarlo en el taller. Aioria por su lado no entendía la situación, algo había ahí que no sabía y que sinceramente no quería saber, se sentía en medio de dos tornados furiosos.

—¡Descaro el tuyo el estar coqueteando con otro! —

—¿Y cuál es el problema?, ¿desde cuándo te importa lo que haga o deje de hacer? —Mu había olvidado por completo la presencia de Aioria y de la armadura regada con sangre sobre el mesón, sabía que tenía muchas cosas que aventarle en la cara al griego, un martillo por ejemplo y le hubiese lanzado todas las cosas que tenía en el taller sino fuera porque Aioria se había colocado en medio de ambos separándolos con ambas manos.

—¡No sé qué les pasa, pero no es momento para discutir! —Aioria no tenía otra opción tenía que terminar con esto antes de que a los dos se les ocurriera batallar ahí adentro, si hubiese sido otra la situación él encantado le ayudaría a Mu a darle su merecido a Saga, pero no ahora, más cuando veía que este era un problema personal de ambos y él no tenía nada que aportar más que calmarlos.

—¿Qué ocurre aquí? —Kanon había llegado y se había puesto cerca de Aioria quien aún separaba a Mu y a Saga. El gemelo menor venía del pueblo y apenas fuera de Aries había sentido unos cosmos totalmente alterados y uno de ellos era su hermano.

—¡Nada, nunca ocurrió nada!, ¡Tu hermano es quien parece tener un problema!, ahora si no les importa quiero terminar de hacer mi trabajo, —siguió el pelilila, dejando a todos en la habitación pasmados en el lugar, por sobre todo a Kanon quien no entendía cómo es que ambos estaban a punto de lanzarse una exclamación de Athena. Aioria y Kanon se miraron entre ellos alejándose de ambos en dirección a la puerta— Solo —recalcó mirando a Saga de forma amenazante, girándose para atender a Leo.

Kanon tomó del brazo a su hermano viendo como este no movía siquiera los ojos y lo sacó a rastras del taller. Lo último que vieron fue la puerta cerrarse por sí sola acompañada de un fuerte ruido que dejó a los presentes inmóviles por unos segundos. Kanon quien no sabía muy bien qué hacer agarró del brazo a su hermano para llevárselo directo a Géminis en su mente era lo más prudente. Aioria por su parte prefirió seguir otra dirección y caminó en sentido contrario, a la entrada principal de Aries, sería mejor si se distraía en el pueblo por un momento.

oOo

El resto de la mañana pasó sin más inconvenientes, Mu había podido reparar Leo con algo de calma y este se había ido al quinto templo para regresar la armadura a su dueño. El ariano se retiró casi de inmediato, no quería que Aioria le preguntara sobre el espectáculo que había presenciado en su taller, le daba algo de pena tener que explicar qué había sido eso, así que despidió con una ligera sonrisa y subió luego al santuario para seguir con los deberes que tenía aún pendientes con Shion. No iba mentir que la presencia de Saga en la mañana lo había descolocado y no sabía porque había llegado solo para hacerle una escena de temas que de verdad no era de su incumbencia que no encontraba justificación ni sentido, pero sobre todo no tenía el más mínimo respeto al insinuar una aventura con Aioria, él quien no perdía tiempo en asediarlo en cualquier parte donde se le ocurriese, no tenía moral, escrúpulos y muchos menos motivos.

Por los dioses sí que estaba molesto, subió todas las escaleras maldiciendo en el idioma que se le cruzara por la mente al geminiano y vaya que tenía repertorio. Se molestó aún más a sabiendas que Saga siempre sabía como hacer cambiar su estado anímico en un segundo, en la mañana se encontraba totalmente melancólico y ahora no podía más de molesto. Con todo lo ocurrido hace unas horas dándole vueltas en la cabeza no se dio cuenta de cuando había llegado afuera del santuario donde residía Shion. Intentó controlar su humor con ejercicios de respiración, no podía presentarse ante su maestro en ese estado.

Avanzó a paso lento adentrándose al salón principal donde se encontraba el trono donde Shion pasaba parte del día y el cual estaba absolutamente vacío, siguió su caminó traspasando los telones rojos girando hacia su derecha al despacho donde por lo general lo ocupa para estudiar algunas horas.

—¿Maestro? —Mu había llegado a los aposentos privados, donde Shion tenía el estudio, la biblioteca estaba completamente ordenada exceptuando el escritorio que se encontraba con un pergamino abierto cubriendo por completo la superficie de la mesa.

—Un momento, Mu —se escuchó entre uno de los libreros. Mu esperó paciente a que su maestro llegara para comenzar el trabajo. Revisó unos de los pergaminos y vio que estaba escrito en su idioma natal, acarició con los dedos los trazos de aquella caligrafía tan conocida por él con nostalgia, levanto un poco la esquina del documento viendo la cantidad de papeles que había debajo de él, uno de ellos eran los prototipos de armaduras que él mismo había hecho el día anterior, sonrió con cariño al saber que Shion estaba tomando muy en cuenta sus trabajos, estuvo a punto de tomar una silla para sentarse cuando su vista se fija en algo que descansaba a un costado de la mesa y que llamó poderosamente su atención.

Sobre los documentos de su maestro a medio tapar por el pergamino se asomaba una carta, al parecer aún no había sido abierta, la tomó con cuidado y descubrió su nombre escrito en él, se sorprendió al saberse dueño de la carta, ¿Cuándo habría llegado?, ¿por qué estaba en el estudio de Shion y no en Aries?. Dentro de las posibles respuestas a esas dos preguntas, se le cruzó la ingenua idea que Saga fuese quien la habría dejado ahí apropósito para que la leyera, tal vez por eso se debía aquella escena en Aries, se reprendió al instante por aquella ridícula idea molesto consigo mismo, eso no pasaría ni en un millón de guerras santas. Giró la carta y su sorpresa fue aterradora, una expresión ahogada quedó atorada en su garganta al ver la insignia grabada en la cera que sellaba la carta, haciendo que soltara la carta al instante como si esta se estuviese prendiendo fuego. Con los ojos bien abiertos y el cuerpo tembloroso se acercó para confirmar lo que sus ojos habían visto segundos atrás. El sonido de unos pasos acercándose a la habitación lo sacaron de su trance, dudando si coger la carta o no.

—Mu, ¿ocurre algo? —la voz de Shion sonó a su espalda, girándose inmediatamente en un salto. Shion estaba extrañado, su alumno se veía terriblemente mal, blanco como un papel, temblaba— ¿te encuentras bien? —preguntó preocupado alcanzándole una silla para que tomara asiento.

—S-si sí, estoy bien, solo que me ha dado un gran susto —dijo tratando de mantener la compostura, carraspeando y sonriéndole mientras retomaba su trabajo de revisar los estudios de Shion.

—Mu, estas muy pálido ¿de verdad te encuentras bien? —Shion sabía que algo andaba mal con el santo de Aries, lo conocía muy bien, pero ¿Qué sería tan grave para dejarlo en ese estado?

—Tranquilo maestro, estoy bien… E-estuve revisando estos apuntes y creo que habría que hacerle unas mejoras a esta armadura, verá… —Shion veía como su discípulo tomaba una de las hojas sueltas señalando lo que estaba explicando, Mu hablaba y hablaba sobre las mejoras de sus propios prototipos y Shion solo fingía ponerle atención a su poca razonable explicación, estaba preocupado por la curiosa actitud del menor y su apariencia algo turbada.

Los minutos pasaban y el ánimo de su discípulo no menguaba, decidió dejarlo pasar, pero estaba pendiente de cada movimiento y expresión que el menor tenía. Para cuando finalizó el día Mu aún no había recuperado su color natural y temblaba cada vez que se quedaba sumido en sus pensamientos, había esperado que solo fuese cosa de un momento, pero al parecer estaba lejos de serlo. Lo despidió a la entrada del santuario dándole un abrazo tan fuerte que permitiera transmitirle la preocupación que tenía, diciéndole que se cuidara y descansara, obteniendo un movimiento ligero de cabeza. Lo vio descender por las largas escaleras a piscis aun con una sensación rara de que algo estaba ocurriéndole a Mu, perdiéndolo por completo cuando este se adentró en el templo del doceavo guardián. Pensó en que quizás Dohko tenía razón, tal vez se estaba entrometiendo demasiado en la vida de Mu y se preocupaba demasiado. Al fin y al cabo el pelilila era hombre hecho y derecho, que sabría perfectamente cómo lidiar con sus problemas solo, ya no necesitaba ningún tutor que lo persiguiera y le dijera como actuar y como no. Aun así tenía esa espina en su pecho, esa espina que le decía que quizás algo podría estar a punto de sucederle a su discípulo.


—No entiendo, de verdad no logro entender porque lo hiciste Saga, ¿Qué carajo te pasó allá abajo? —preguntó Kanon a Saga quien había entrado furioso a su habitación. Luego de la escena que había hecho el mayor en Aries había subido a Géminis para encerrarse, dejándolo a él con muchas dudas. Desde hace algunos días atrás su hermano había vuelto a ser él mismo hombre que había sido antes de la última fiesta en Leo, volvía a ser el mismo hombre apático de antes y no era nada agradable para nadie.

—Eso no es asunto tuyo —dice molesto, girándose en dirección a su habitación, no quería hablar con Kanon en este momento. Pero su gemelo no dejaría las cosas así, necesitaba saber qué le ocurría a su hermano, aun si eso significaba hostigarlo hasta que soltara la lengua y él era un experto en eso.

—Estuviste a punto de pelearte con Mu, si no fuera por que Aioria estuvo ahí para detenerlos… —comienza hablando agarrándolo del brazo para que no siguiera avanzando.

—¡No menciones a ese idiota, ¿quieres?! —Saga se volvió y lo amenazó furioso. A Kanon algo no le calzaba, si el problema era con Aioria, entonces ¿por qué discutía con Mu?, ¿Por qué Aioria no le dijo nada a él?, se supone que son cercanos, él pudo haberle comentado si tuviera algún problema con su hermano ¿no?.

—¿Estas celoso que Aioria pase tiempo con Mu?, ¿es eso? —le preguntó intentando entender qué era lo que le molestaba tanto a su hermano, sin embargo, no se esperó que Saga lo tomara por la blusa y lo levantara con furia.

—¡Me importa un carajo lo que haga Aioria con su tiempo, solo mantenlo lejos de Mu! —aquello no se lo esperaba, su hermano estaba molesto por que Mu pasaba tiempo con Aioria, ahora todo era más claro.

—Entonces el problema es Mu —dice Kanon, intentando tocar el suelo con la punta de sus pies. Le sonríe de lado entrecerrando sus ojos—, Si tanto te calienta ¿porque no bajas y te lo tiras de una vez? —la sorpresa en los ojos de su hermano no tardó en aparecer, y siente como el agarre en su ropa se suelta un poco, pero sigue estando sobre el suelo.

—Eso no va a volver a ocurrir —le dice desviando la vista, reaccionando ante sus propias palabras. Kanon quedó sorprendido, no era tonto, sabía perfectamente lo que esas palabras significaban.

—Espera, ¿qué? ¿Acaso Mu y tu...? —ni siquiera podía terminar esa pregunta, porque con solo formulársela le parecía la incoherencia más grande de la tierra.

—Sí, Mu y yo hemos… Él y yo somos… —no sabía cómo decirlo, pues decir lo que eran le pesaba. Sentía una opresión en el pecho y un nudo en el estómago con solo recordar lo que hacían a escondidas de todos— fuimos… - trató de corregir, pero no pudo.

—De acuerdo, ya entendí —dijo Kanon para terminar la tortura interna que tenía su hermano en ese momento— Sabes esto me trae recuerdos, no me digas que construiste una jaula para mí en este lugar —Kanon le regala una sonrisa a su hermano indicándole con la mirada que aún lo tenía unos centímetros sobre el suelo.

—No seas idiota —Kanon por fin siente el suelo en sus pies y se alegra de que Saga lo haya soltado, y que este no desquitara su molestia con él. Ahora ataba cabos sueltos, la curiosidad de su hermano por los amigos con derechos, el cambio de actitud, sus escapadas, lo que más le sorprendía es que Aries fuera su amante todo este este tiempo, la verdad es que si no lo hubiese escuchado de la boca de su hermano no lo creería.

—Creí haberte dicho que no abusaras del tiempo, que esto podría pasar —le dice el menor acomodándose la ropa.

—¿De qué hablas? —preguntó el mayor.

—Te gusta —le dijo sin más, Kanon sabía de esto, no por la experiencia, sino porque era su hermano, tenían una conexión especial— Te estas enamorando Saga. —

Podría haber sido eso, ¿se estaba enamorando de Mu?, todas esas sensaciones de querer destruir la galaxia completa cuando vio a Aioria cerca de él en el primer templo o esa sensación de vacío que tenía cuando pasaba más de un día sin estar a su lado, siempre había pensado que esa sensación se debía a la incomodad de saberse dependiente de la presencia de alguien más, ahogo. No podía creerlo, el intentó dejar todo al margen, fue cuidadoso en todo sentido, no podía estarse enamorando del ariano. Quizás solo era posesión, tal vez solo lo creía de su propiedad y por eso le molestaba que se acercaran, porque no quería compartir su juguete.

» ¿Un juego?, ¿eso es todo lo que fue para ti?

Los recuerdos de la discusión que tuvieron hace algunos días llegaban a su cabeza, Mu estaba enojado, pero había visto algo más en sus ojos esa vez, pena, decepción. Recordar esos ojos tristes le hacían sentir mal, culpable y no había sido sino hasta ahora que se había percatado de ello. Desde ese día no lo veía, desde ese día no cruzaban palabras, no se tocaban, no se besaban, no hacían el amor. Rememorar todos esos sucesos solo lo llevaban a una conclusión, tal vez si estaría sintiendo algo por él y quizás Mu estaría sintiendo algo más por él. Sintió una punzada en el corazón, como no lo había hecho en días, tenía esa mezcla de nervios y ansiedad que bien conocía, tenía que sacarse esa duda de su cabeza, tenía que preguntarle a Mu y saber de su propia boca que siente algo más por él.

Saga se dio media vuelta y se dirigió en silencio hacia su habitación y se encerró allí. Kanon no lo detuvo, ya era hora de que su hermano analizara solo aquellos sentimientos que albergaban en su corazón y lo hacían dudar, él había hecho lo que cualquier hermano hubiera hecho, le había dado el pie para que él comprendiera toda la situación y esperaba que no fuera demasiado tarde para aclarar todo este problema, por él y también por Mu. Mientras en la soledad de su habitación Saga se debatía internamente, tenía una confusión tremenda y le costaba creer que él se estuviese enamorando del ariano, anteriormente había sentido atracción por otras personas y ninguno de esos sentimientos se parecía a lo que sentía con el pelilila, sin embargo una pregunta se instalaba en su mente ¿se habría enamorado alguna vez? ¿de verdad había sentido algo verdadero por otras personas?

Las dudas seguían y crecían, no lo dejaban en paz y de vez en cuando recordaba episodios con Mu, aquella vez en el claro, por ejemplo, donde ambos habían estado por primera vez de una forma verdaderamente íntima o la vez en la cabaña frente a la fogata, ambas situaciones las recordaba a la perfección y un sentimiento cálido lo invadía como nunca había sentido.

La noche estaba cerca y él seguía sobre su cama en su oscura habitación dándose vuelta sobre el colchón, ¿Y si Mu sentía lo mismo por él?. Sabía que no había sido nada buena la forma en que cortó su acuerdo y recordar cómo había sucedido le hacía sentir la peor persona del mundo, Mu jamás había hecho algo que pudiera hacerle sentir mal, jamás, y él por querer quitárselo de encima había sido realmente cruel, se maldijo internamente por su estupidez, necesitaba arreglar las cosas, algo dentro de él le gritaba que bajara y hablara con el ariano, que se disculpara, que enmendara la situación, que le contara lo mal que se sentía y lo mucho que lo extrañaba.

Y así, olvidándose de sí mismo tomó una decisión, descendería a Aries para hablar con su guardián, quería disculparse y a su vez buscar las respuestas que necesitaba, unas respuestas que podría hacerle abrir las dudas que tenía y poder revelar los verdaderos sentimientos que albergaban en ese inseguro corazón.


Llegar a Aries se le había hecho eterno, pasó todas las salas rápidamente para pasar directo a su habitación, donde cerró la puerta con seguro, temiendo que alguien lo estuviera espiando. Sacó por debajo de su blusa el sobre que estuvo en la tarde en el escritorio que compartía con Shion, lo dejó rápidamente sobre su cama dudando en abrir y leer el contenido de esa carta. Su cuerpo reaccionó por su cuenta, el corazón le latió a mil y la respiración se le aceleró mientras caminaba de un lado a otro en su habitación, acercándose de vez en cuando a ver si el papel seguía en su sitio.

Cansado y mareado de caminar de un lado a otro sin sentido alguno se sentó a los pies de su cama, pasándose las manos por el rostro, como si con eso quitara la cantidad de emociones que lo tenían actuando de una forma totalmente paranoica. Tomó la carta sosteniéndola así quieta entre sus dedos, leyendo lo escrito por fuera una y otra vez.

Para Mu de Aries.

En la parte frontal de la carta adornada por el sello de un dragón y una estrella en una de sus patas, conocía a la perfección el emblema del ejercito chino*, el emblema que aquel sujeto llevaba en su armadura cuando lo conoció.

¡Dioses! —pensó Mu irritado de todo esto, tendría que ser una broma, porque para que recibiera una carta de él, tendría que estar vivo. Un escalofrío recorrió toda su columna, cerró los ojos fuertemente abriendo de una vez la bendita carta. Sus ojos repasaban de un lado al otro leyendo el contenido del papel, mientras su cara cambiaba a una de asombro mezclado con espanto.

» ¿Me recuerdas?, a estas alturas de la vida dudo que sea así. En cambio, yo no te he olvidado, nunca lo he hecho.

Para este tiempo ya debes haberte enterado de los sucesos aquí en el Tíbet y me decepciona el pensar que no he podido llamar si quiera un poco de tu atención. En fin, querido Mu, en realidad no es a tu gente a quien quiero, sino a ti. Así que si no quieres que sigan desapareciendo, sería mejor que vinieras y conversáramos como en los viejos tiempos ¿recuerdas?

Te espero en nuestra cabaña.

Capitán Feng Chiao

El mensaje era preciso, las palabras eran justas, lo quería a él. Todo este tiempo la cacería de su gente no había sido más que un vil juego para llamar su atención y que el volviera a las frías tierras de Jamir. Se reprendió por no haber sido lo suficientemente perceptivo como para darse cuenta de ello antes, se reprendió por las vidas perdidas por su falta de interés. Debió seguir su instinto y haber partido el día que se enteró en el templo del patriarca. ¡Dioses, se sentía muy mal!, tanta gente inocente, todo por un capricho de un fantasma que volvía del inframundo que quería solo su presencia.

No pudo evitar que las lágrimas cayeran por su fino rostro y los recuerdos del pasado afloraran en su mente con imágenes, con frases y recuerdos. Recordó la vez que lo había visto, solo y herido en la ribera del río, había curado sus heridas, lo había alimentado y cuidado, pero por sobre todo le había abierto por primera vez a alguien su corazón, le había demostrado el cariño que tenía guardado, había confiado tanto en él como nunca había confiado en alguien, llegándose a fundir día y noche con su cuerpo. Se pasó pesadamente las manos por su cabeza, aplastando su cabello, con unas ganas terrible de arrancarse esas hebras lilas por haber sido tan idiota, si solo hubiese estado más pendiente, si solo no hubiera estado todo este tiempo complaciendo a Saga, porque si, desde aquella misión en Alemania no podía evitar que el mayor ocupara casi todos sus pensamientos, a cada instante, a cada minuto del día. Ahora por su estupidez cargaría sobre su espalda la vida de hombres, mujeres y niños.

Sin pensarlo tomó un poco de ropa, su bufanda y unas cosas más, tendría que ir a Jamir, no tenía tiempo para pedirle permiso a su diosa o a Shion, las horas pasaban y posiblemente vidas correrían junto con ellas.

La noche se hacía presente y con ella las primeras estrellas de las constelaciones, caminó hacia un risco, lejos de los terrenos del santuario, donde su cosmos se perdía de entre las rocas y las tormentosas aguas de esa noche. Así como años atrás lo había hecho, dejaba el santuario, con una pequeña maleta y sueños de unos buenos años rotos en el camino. Lo distinto de esta vez era que no miraría atrás. Mu de Aries levantó la cabeza contemplando el hermoso cielo nocturno de Grecia, quizás por última vez.

La imagen de él en el risco se hizo tenue, lentamente perdiendo nitidez hasta desaparecer.

oOo

Esa misma noche Saga se aparecía en el templo del carnero, esperando encontrar las respuestas del ariano y a su vez encontrar sus propias respuestas. Entró como si nada al templo, buscando habitación por habitación al pelilila sin encontrarlo en ningún sitio. Caminó a paso rápido hacia su habitación y encontró ropa en el suelo y una carta abierta sobre la cama. Saga no pudo evitar tomar la carta y leerla, tal vez así sabría donde había ido Mu, deslizando sus verdes esmeraldas por el arrugado papel, en una caligrafía que pudo distinguir como oriental, arrugó con fuerza el papel en su mano mientras iba corriendo al taller del ariano para encontrarse con la armadura dorada reposando sobre la mesa de madera. No era un experto en saber lo que decía cada armadura, pero veía en Aries un brillo extraño, extrañaba a su dueño.

—Me puedes decir de una vez por todas ¿Qué es lo que te traes con Mu? —la voz del sexto guardián lo hizo reaccionar, girándose sobre sus talones para encarar al caballero de la virgen.

—Shaka… —La verdad era que no sabía que decirle, esto se volvía extraño y confuso.

—Saga, no intentes engañarme, sé que hay algo que ustedes dos esconden —siguió el rubio quien se acercaba a pasos tranquilos hacia el griego— En la mañana sus cosmos se incrementaron y hace solo unos momentos sentí el cosmos de Mu alterado.

Saga no dudó en pasarle la carta que aún mantenía arrugada en su mano, viendo en silencio como el rubio leía detenidamente el contenido de ella. Cuando finalizó, el mayor le contó sobre su situación con Mu, desde el principio hasta hace pocos días que él mismo había terminado todo con una fuerte discusión. Shaka suspiró preocupado.

—Es evidente que Mu marchó a Jamir —mencionó el rubio entregándole la carta, ignorando por completo toda la historia que Saga le había contado— fue a encontrarse con el fantasma de su pasado. —

—¿Qué quieres decir? —le preguntó Saga, no era de esperarse que no supiera muchas cosas, pues su relación era mantenida preferentemente por una distancia entre ambos, la cual fue disminuyendo de apoco, pero no era lo suficiente como para saber el pasado de su compañero.

—No me siento bien al contarte esto, pero no tengo otra opción —Ambos sostuvieron una posición erguida y algo tensa fuera del taller del lemuriano, una que ninguna de los dos quería romper— Se trata de alguien importante para Mu, una persona del cual se creía muerto —Saga frunció su boca, algo dentro de él presentía que quizás no volvería a ver al lemuriano, pero la sorpresa del gemelo no quedaría solo ahí.


Holaa querubines!

Volví a actualizar y esta vez no me demoré un año jajajaja. Muy bien, ahora ya podemos ver algo más Mu y Saga terminaron definitivamente su acuerdo, incluso hubo una pequeña discusión entre ambos. Además para los que estuvieron preguntándose y preguntándome si la persona con quien Mu soñaba y el malvado cazador de Lemurianos eran la misma persona,les cuento que sí lo es y ahora sabemos que era lo que había escrito, ya por fin Mu se entera de la existencia de la bendita carta. Ahora, Saga ya se da cuenta que no actuó muy bien y en el intento de resolver un poco la situación se encuentra con la sorpresa de que el pequeño borrego se habría marchado del santuario (otra vez) y además se encuentra con Shaka quien ya harto de sospechar a escondidas sobre la actitud de ambos y preocupado por su mejor amigo decide increpar al geminiano.

Sé que corté el momento de la verdad, pero la próxima escena era clave para entender los sentimientos anteriores de Mu y obviamente del capitán roba lemurianos.

Bueno espero les haya gustado, tanto como a mí me gustó hacer este fic y pido disculpas por si hay algún error en la redacción u ortografía, juro que reviso meticulosamente, pero siempre suele escaparse algo.

Saludos y que tengan un gran día.

Pd: agradezco a todos por sus reviews, de verdad ya estaba pensando que nadie estaba interesado, así que por aquellas personas y por los lectores fantasmas va este capítulo y así aprovecho comentarle que solo quedan tres capítulos más y se termina el fic.

adiós!