Muchas gracias a todas las personas que leen esto y dejan sus bonitos comentarios!!!Mashamiri, i love you back :3

Sentado en la sala, sosteniendo la lata de cerveza y soportando la mirada inquisitiva de Thomas ya no se sentía tan valiente. Le dio otro trago, esperando que el licor le regresara las palabras.

-Escucha, Richard, aunque me encantan las visitas, estoy algo ocupado ahora y si sólo vas a quedarte ahí sentado mirando el empapelado...-

-No quiero ser un mal amigo- comenzó, mirando la lata entre sus manos- bueno, sabes que tu esposa le pidió a la mía que mantuviéramos a Craig un tiempo y... Es un buen niño, no da problemas... No da muchos problemas-

-Ajá- dejó su lata en la mesa de centro, inclinándose hasta la orilla de su asiento para mirarlo con mayor atención.

-No quiero decir que sea tu culpa, sé que eres un buen padre y te preocupas por tus hijos. Pero Craig tiene unas actitudes bastante escandalosas- se rascó la nuca, nervioso- no bastante, creo que exagero-

-¿Puedes dejar de dar rodeos? Me estás mareando-

-Es sólo que- volteó a mirar a Thomas. Era un hombre muy alto y corpulento, acostumbrado al trabajo y las tradiciones rudas. No era la clase de persona sensitiva que se toca el corazón para no romperle la nariz en medio de una discusión a su propio hijo. Tembló, imaginando de pronto lo lejos que podría llegar si supiera que... Suspiró, vaciando el resto de su cerveza- he visto a Craig mirando a Helen en la ducha-

-¿En serio?- no supo si no quiso o no pudo ocultar la sonrisa orgullosa, riendo suavemente- qué te digo, está en la edad y perdona, amigo, no lo digo con mala intención, tu mujer es bastante hermosa-

-Gracias, sí. Pero espero que comprendas que es algo incómodo tener a tu hijo en mi casa debido a esto-

-Claro, claro- dio otro trago a su cerveza, tomando la lata vacía de su amigo- ¿Quieres otra ronda?-

Regresó a la cafetería cabizbajo, sin animarse a levantar la vista para responderle a su esposa a dónde había salido tan temprano ni se molestó en devolverle el saludo a Craig, quién ya estaba limpiando las mesas como todos los sábados. Entró de largo, fingiendo que no escuchó la puerta abrirse, ni a Thomas entrando, gritándole a Craig que se apresurara, sin darle tiempo a Helen a reaccionar mientras lo tomaba del cuello para sacarlo de ahí. No se atrevió a voltear, ni porque sentía la mirada azul clavarse en su espalda.

-No estoy enojado contigo- le palmeó la espalda- despídete de la señora, seguro que la vas a extrañar- le revolvió el cabello, con una sonrisa que nunca le había dado y le estaba poniendo más nervioso.

-Mis cosas-

-Deja esos harapos, te compraremos todo nuevo- lo volvió a jalar contra su pierna- antes vamos a pasar por unos chocolates ¿ Cuáles eran tus favoritos?-

-¿Puedes ocuparte un momento tú sola, querida? Necesito hablar con Tweek- la sujetó del hombro antes de que saliera.

-¿Qué fue todo esto Richard? Su madre me pidió que lo cuidáramos-

-Te explicaré en la casa- le acomodó el cabello tras la oreja, sin atreverse todavía a mirarla a los ojos.

Al llegar a casa, lo recibió su hijo con un gesto decepcionado al ver que era él, mirando con disimulo y una sonrisa apenada tras su espalda. Tenía entre sus brazos a la cobaya de Craig y su camisa de la escuela. Trató de no apretar los dientes.

-¿ Pasó algo? Nunca llegas temprano-

-¿Ya desayunaste?- se acercó a acariciarle el cabello y hacerle un mimo al animal. Tweek asintió.

-En la mañana me levanté con Craig y desayunamos juntos-

-Bueno ¿ Me puedes acompañar con un café? Necesito hablarte de algo-

El adulto se tomó todo su tiempo para preparar el café, sin reprender a Tweek porque había puesto a la cobaya en la mesa, poniéndole cucharas y tenedores para que las saltara como obstáculos. No queriendo ver en su dedo el aro de hierba. Suspiró cuando tiró el tarro de azúcar, dando pasos lentos hasta la escoba. No estaba listo. Aceptó que su hijo no iba a poder tener una vida normal nunca y que su única opción era resignarse. Verlo crecer como pudiera entre cuatro paredes fue un arma de doble filo, porque a su vez le permitía mantenerlo lejos de la corrupción del mundo. Aceptaba la responsabilidad de haber dejado que Craig contaminara el ambiente que había creado para él , pero creyó que al ser hijo de tan buena familia, no tendría esa clase de desviaciones. Con un padre tan recio ¿ Cómo era posible? No era su deber juzgarlo, sino cuidar que Tweek no tomara ese camino también. Después de recoger el azúcar, por fin se sentó, mirándolo jugar, riendo al ver al animal saltar las cucharas. Se veía indudablemente más sano, incluso podía asegurar que había ganado algo de peso y se veía menos pálido. Sin duda era porque estaba creciendo.

- Ve a guardar a Stripes, necesito que me pongas mucha atención- el niño asintió y corrió a su habitación, volviendo enseguida. Se sentó en la silla, recargando su rostro en sus manos, mirándolo con atención pero con una sonrisa que parecía habérsele quedado para siempre en el rostro ¿Alguna vez lo había visto así de tranquilo? no era momento de analizar nada- Tweek, creo que lo mejor es que Craig ya no pase tiempo contigo-

Así de fácil se le borró la sonrisa.

-¿ Por qué?- apartó las manos de su cara, para apoyarlas en la mesa.

-Porque, bueno, Craig está enfermo. No es su culpa estarlo, nadie pide nacer enfermo. Pero no quiero que te contagie-

-Yo también nací enfermo- recalcó, resentido- nunca me dijo nada ¿ Qué tiene? ¿Es grave?-

-No lo sé, espero que su padre pueda enderezarlo, pero mientras tanto preferiría que no juegue contigo. No quiero que creas que sus conductas son normales o que así deben ser los niños-

-No entiendo- ya estaba casi subido a la mesa, mirándolo muy serio- No te estoy entendiendo nada-

-Tweek. Ya estás creciendo, es normal que tengas inquietudes y... curiosidad. Pero debes entender esto: No es normal que dos hombres sean tan cariñosos entre ellos ¿ Me entiendes?-

-No-

-No me lo hagas más difícil- resopló- mira, hijo, cuando seas mayor y llegues a " esa" edad, tu madre y yo nos ocuparemos de conseguirte a una buena mujer. Entonces seguro vas a entender-

-¿Eso qué tiene qué ver con Craig?-

-No es normal que un amigo te bese. Eso no es algo que hacen los hombres. Cuando un hombre te besa es porque está enfermo-

-Yo lo besé primero-

-No necesitas defenderlo, yo sé que tú no eres uno de esos-

-¡ No lo estoy defendiendo!- azotó las manos en la mesa- ¡ Me estás confundiendo! ¿¡ Craig no puede jugar conmigo porque me quiere!? -

-No me levantes la voz-

-¡Estoy harto de ustedes! ¿¡ Me odian tanto como para quitarme a mi único amigo!? Yo nunca les pedí nada, jamás reclamé porque siempre he sabido que soy una carga para ustedes pero esto no puedo aceptarlo, papá. No puedo aceptar que quieras separarme de Craig sólo porque lo quiero, porque me quiere-

-No es normal, hijo, lo estoy haciendo por tu bien-

-¿Lo normal es que me tengan encerrado todo el día como un animal, solo?- sentía cómo su voz se le quebraba mientras las lágrimas le manchaban el cuello de la camisa- ¿ Que me hagan sentir tantas ganas de morirme para no estorbarles? No me digas mierda, Richard-

-No te voy a permitir que me hables así ¿ De dónde sacaste ese vocabulario?-

- Yo no voy a permitir esto. No sino es el mismo Craig quien me diga que ya no quiere jugar conmigo-

-No está a discusión que él vuelva a entrar a la casa- no estaba listo para que su hijo le respondiera de esa manera. Solía ser tan manso, siempre aceptando.

-Vete a la mierda- cuando Richard estiró su mano, Tweek se agachó, sin fijarse que había tirado la silla, echó a correr a su habitación, mirando con desesperación a todos lados. Al mirar su ropero, no se preocupó por lo pesado y grande que era, juntó toda su fuerza para empujarlo contra la puerta.

-¡Más te vale que me abras!- escuchó los golpes y el tono enojado de su padre, pero estaba seguro que el ropero era lo bastante pesado para resguardarlo. Tomó a Stripes y se acurrucó contra una esquina hasta que dejó de escuchar los golpes.

Hubiera sido menos confuso que su padre estuviera todavía enojado, llenándolo de insultos y golpes en lugar de palmadas en la espalda y regalos, recalcando lo orgulloso que estaba porque se estaba haciendo un hombre. No podía entender nada pero no le gustaba la forma en que le preguntaba por la señora Tweak. Se encogía de hombros, mirando sus zapatos mientras su padre reía escandalosamente. Cuando llegaron a casa, corrió a la habitación de sus padres, a los brazos de Laura quien no tardó en llenarlo de besos y palabras dulces. Thomas los miraba desde la puerta con los brazos cruzados.

- Te dije que lo único que nuestro muchacho necesitaba era un poco de mano dura, que él no iba a ser una marica-

-¿ Te trataron bien ? ¿ Comiste verduras?- Laura fingió no escuchar a su marido, acunando al niño en sus brazos, sintiendo sus manos cerrarse en su espalda, su cabeza acomodándose en su pecho. Podía ser que tuviera casi once años pero en momentos así seguía siendo tan necesitado de cariño como un bebé.

- Mamá-dijo muy bajo- ¿ Por qué papá fue a buscarme?-

-El señor Tweak vino a verme, por respeto a tu madre no diré lo que me dijo, pero al parecer ya no puedes volver a su casa- rió de nuevo de esa manera que lo erizaba como gato- muchacho bribón, ya sabía que tú no serías una marica- se alejó hacia la cocina y Laura y Craig compartieron la misma mirada confundida.

-Richard ¿ Me puedes explicar qué está pasando?- En un breve momento de descanso en la cafetería, después de servir todas las órdenes y asegurarse que ningún cliente más había entrado, Helen le cerró el paso a su esposo, encarándolo. El hombre agachó la cabeza, sin saber de qué manera tocar ese tema.

-Querida, tú sabes que todo lo hago por el bien de nuestro hijo. Si Craig es una mala influencia para él, no puedo permitir que sigan siendo amigos-

-No comprendo, Tweek se ve mucho más feliz desde que llegó, incluso se ha vuelto más ordenado ¿ Cómo puede ser mala influencia?-

-Creo que a Craig- bajó más la voz, avergonzado- creo que a Craig le gustan los hombres- el rostro pálido de su mujer fue respuesta suficiente para saber que, aunque Tweek lo odiara, había hecho lo correcto.

Le dolía la cabeza por haber llorado tanto y por no haber comido más que el desayuno pero no quería salir de su habitación nunca más. No comprendía cómo Craig podía estar enfermo, era su amigo. Se lo hubiera dicho. Si le había contado cada detalle de su vida, no le hubiera ocultado algo tan importante. Acarició de nuevo a Stripes, que ya se había quedado dormida en sus brazos y la acomodó en la jaula. El cielo estaba tomando el tono naranja de antes de la noche. Era muy temprano para que pudiera salir y aunque fuera más tarde, no sabría a dónde ir a buscar a su amigo pero necesitaba verlo. Necesitaba borrar las palabras confusas de su padre, necesitaba borrar esa mañana de su mente. Se acurrucó de nuevo contra la esquina, envolviéndose en el rebozo negro.

Todo el camino a casa, permaneció en silencio y con los labios apretados, con el ceño fruncido. Richard no se animaba a nada más que ir caminando tras ella, con las manos en los bolsillos de su abrigo. Por lo general su esposa también aceptaba sin mayores discusiones sus decisiones, pero después de decirle que Craig ya no podía ni trabajar con ellos, Helen había mantenido un mutismo tenso. Entendía que no era una decisión fácil, pero debía ser la mejor. No podían exponer a Tweek a esas conductas. Helen abrió la puerta y casi la cierra en sus narices. Eso fue suficiente.

-¿Por qué estás enojada conmigo? Sólo hice lo que debía-

- No me consultaste antes, no me preguntaste si estaba de acuerdo-

-Querida, se trata de la integridad de nuestro hijo, no podemos permitir que crea que lo normal es-

-Hagamos lo que hagamos, nuestro hijo nunca va a ser normal, Richard. Ya es tiempo de que dejemos de engañarnos, fingiendo que todo lo hacemos por el bien de Tweek y no por nuestra comodidad-

-¿Nuestra comodidad? Los dos dejamos atrás todo para empezar otra vez, nuestras familias, nuestras amistades, llegamos a un lugar totalmente desconocido casi sin nada, Helen. Todo para que nadie señalara a Tweek como un fenómeno, nos hemos privado de hacer vida social para no correr el riesgo de revelarlo ¿No crees que a mí me gustaría salir al parque con mi hijo, llevarlo a la escuela como cualquier otro padre? Pero no puedo exponerlo a las habladurías de la gente. Ni permitir que cualquiera sea su amigo sólo para que no esté solo-

- ¿Haz visto lo feliz que está desde que Craig llegó? Pensé que nunca lo escucharía reírse otra vez. Incluso está comiendo y durmiendo mejor. No me puedes pedir que le quite el derecho a ser un niño, Richard. No me puedes pedir que me siga sintiendo avergonzada de mi hijo. Si nació así, yo no soy nadie para cuestionar el por qué. Mi deber como su madre es amarlo y protegerlo. Si Craig le hace feliz, yo no voy a oponerme. No se trata de lo que tú o yo creamos, sino de lo que puede verse. Y veo que tengo un hijo capaz de reírse por tonterías, un hijo al que le he negado una vida feliz por cobarde. Esta vez no voy a aceptar lo que otros decidan por encima de Tweek. Esta vez voy a luchar y tú puedes decidir estar con nosotros o en nuestra contra. Pero ten presente que yo siempre voy a estar de su lado- lo miró largamente antes de caminar a la cocina. La escuchó tomar un par de platos y tazas, caminando por el pasillo.

-¿Tweek?- los toques en la puerta lo despertaron de sobresalto, aunque la voz de su madre le bajó las alarmas- Cariño ¿Me puedes abrir? Te traigo la cena- se mordió los labios. No quería volver a discutir, menos con su madre. Pero tenía tanta hambre. Con duda se incorporó y meditó si podría volver a mover el ropero. Suspiró, pegando su cuerpo contra el mueble y empujando hasta sentirlo chocar con la pared. Abrió la puerta sólo a la mitad, sacando su mano para que su madre pusiera el plato- ¿Qué fue ese ruido? ¿Estás bien?-

-Puse el ropero contra la puerta y lo tuve que quitar otra vez -

-¿Tú? No puedo creerte- rió, acariciando el brazo de su hijo- todavía no he cenado¿Me dejas acompañarte?- la puerta completamente abierta fue su respuesta. Entró, mirando con algo de sorpresa el mueble movido. Le parecía imposible que una cosita de no más de veinte kilos hubiera podido mover un mueble de madera maciza. Pero sabía que las apariencias engañaban. Su hijo era testarudo hasta el extremo. Lo vio sentado en la cama, balanceado las piernas con la mirada agachada. Le extendió el plato de cereal y el niño perdió la vergüenza ante el hambre- más despacio, lo estás tirando todo- acarició su cabello.

- ¿Viniste a regañarme por haberle dicho malas palabras a papá?-

- No está bien que le contestes de esa manera a la gente, cariño. Pero tienes derecho a estar enojado- Tweek dejó la cuchara, prestándole más atención- no hemos sido muy buenos padres que digamos, pero te prometo que eso va a cambiar-

-¿Eso significa que voy a poder seguir jugando con Craig?-

-Cualquier persona que ponga así de feliz a mi bebé, es bienvenida- ayudó al niño a sentarse en sus piernas, apoyando sus labios en sus cabellos- eres muy pequeño todavía, cielo. Y no espero que crezcas más rápido de lo que ya te hemos obligado. Pero espero que comprendas que nadie más que tú puede decirte a quién querer. Ni hacerte sentir culpable por sentir las cosas que sientas- Tweek la miró sin comprender totalmente sus palabras, pero sabía que podía estar más tranquilo.