Para mi querida Lady Nightmare thmda ^-^, perdón el retraso querida, pero la escuela, ustedes saben T-T.
Tu petición hablaba sobre las creepypastas. Por lo que decidí hacer el fic como una pequeña historia de terror, espero te guste.
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Espejos
El joven se balanceaba sobre sus pies, recargado en la puerta de su cabaña, observando como el atardecer pintaba los arboles con tonos, naranjas, rojos y marrón, era una vista hermosa, digna de una pintura…pese a ello…no le prestaba atención, su tiempo se acababa y él aun no tomaba una decisión.
Cuando el sol se marchó, y las estrellas empezaron a inundar el lugar, decidió entrar.
Su cabaña no era muy amplia o lujosa, contaba solo con dos habitaciones, una pequeña sala/estudio, el baño y la cocina, nada más. El joven se había mudado hace año y medio. Harto dela vida citadina, asqueado de la contaminación…y las personas. Le gustaba estar ahí, rodeado por la naturaleza, alejado delos crímenes y demás, era un lugar agradable, donde podía trabajar en paz, sin presiones…bueno, no tantas.
Lo primero que observo al entrar, fue un espejo de cuerpo completo, ubicado en el pasillo de la entrada, se acercó despacio y delineo el vidrio con la yema de sus dedos…que gracioso, todo había iniciado con un espejo.
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Cuando Hipo cumplió 8 años, su abuela le regalo un espejo, una hermosa pieza de dos metros de alto y uno de ancho, protegida por un fino marco de roble bellamente ornamentado, lleno de flores, hojas y pequeños animalitos del bosque, una antigüedad, le dijo su abuela. Sus padres lo colocaron en su cuarto, el chiquitín estaba fascinado con la pieza, en especial con las figuras talladas en la madera, las cuales se veían muy reales; La pieza se encontraba al lado de su cama, ocupando gran parte de la pared, Hipo se levantaba todos los días y lo saludaba, como si se tratara de una persona, le tomo tanto cariño que termino por ponerle nombres a los animalitos tallados en el marco. Daniel, Luis y Marcos, eran los tres pajarillos que adornaban la parte superior, acurrucados en sus nidos; Drogo y Mime, las dos ardillas que se encontraban jugando en el árbol de manzanas en el costado izquierdo; Duncan y Selene los conejos del lado derecho, ocultos en un campo de flores; Evan estaba al final, un enorme lobo, echado en una piedra, custodiando la parte baja del espejo.
Hipo podía pasar horas mirándolo, inventando fabulosas historias de él y sus amigos, en ocasiones el niño las pintaba y representaba, para sus padres no era raro escucharlo hablar solo…bueno, hablarles a sus amigos imaginarios. Los adultos nunca se opusieron a ese juego, sabían que su hijo casi no tenía amigos, ya que era un chico tímido y bajito, le costaba mucho socializar con los demás, por lo que no se les hacía raro verlo todas las tardes en su cuarto hablando en vos alta, luchando contra monstros y demás cosas, acompañado por las figuras del espejo…al menos en la imaginación del pequeño.
Fue una tarde lluviosa cuando todo comenzó, se encontraba acosado en el piso de su cuarto, balanceando sus pies y pintando a Evan con una pelota multicolor. Su madre preparaba la cena y su padre aun no regresaba del trabajo.
-CRICK-
Fue muy tenue, pero Hipo podría jurar que escucho un ruido, volteo a todos lados pero no había nada, espero algunos segundos sin obtener respuesta, se encogió de hombros y regreso a su actividad, esa noche no ocurrió nada más… pero al despertar. El pequeño se encontró con una grata sorpresa, una pelota multicolor en el piso, idéntica la que el dibujo, grito alegre y comenzó a jugar con ella, siempre había deseado una pelota así, pero jamás había encontrado una en las jugueterías, bajo a desayunar al oír el llamado de su madre, un breve chirrido broto de algún lugar, pero Hipo no lo escucho ya que azoto la puerta al salir.
Por dos años los pequeños milagritos se repitieron nueve veces, juguetes especiales, que el pequeño inventaba para sus amigos, aparecían por arte de magia en su cuarto; el niño estaba seguro de que eran regalo de sus padres, por lo que les llenaba de besos y abrazos en compensación. Por su parte estos selo atribuían a su conyugue, papá creía que los juguetes los compraba mamá y viceversa, nunca se reclamaron por ellos, Hipo era un buen niño y se merecía algún capricho de vez en cuando.
Para los once años el pequeño fue mandado a una escuela especial, sus padres lo inscribieron en un internado muy exclusivo e importante, les costó muchísimo ahorrar para la cuota, pero lo lograron, era un sacrificio que tenían que hacer si querían darle una buena educación al pequeño.
Hipo se marchó en poco tiempo, a una fría y obscura habitación ubicada en un edificio azul, lejos de sus padres y sus amigos.
Durante siete años Hipo vivió el infierno; si era una escuela impecable, con excelentes laboratorios, buenos maestros, áreas de juegos, una enorme biblioteca y excelentes talleres, tal vez lo único malo eran…los alumnos.
El chico era apreciado por sus profesores, ya que era listo, educado y amable, con el único que no se llevaba era su maestro de deportes, aunque era de esperarse, después de todo era muy malo en esa área, era más bajo, débil, enfermizo y algo torpe, si llegaba a la mitad de su rutina de ejercicios era un milagro, por tal motivo su profesor se la cargaba contra él, en ocasiones volviéndole objeto de burlas para sus compañeros.
Esa fue una de las pruebas más difíciles para el castaño, sus compañeros aprovechaban las clases para agredirle físicamente, le arrojaban el balón con mucha fuerza, lo tiraban al correr e incluso estuvieron a punto de ahogarlo en la piscina.
Hipo jamás se quejó o lo denuncio, el chico no deseaba meterse en problemas, tenía miedo a lo que los profesores le dirían, así como a las represalias de sus compañeros, miedo a que le expulsaran, ya que muchos chicos tenían padres influyentes, y él…no, sus padres hacían un enorme esfuerzo por mantenerlo ahí, incluso aún seguía en ese lugar gracias a una beca que consiguió. Por lo que decidió soportar todo sin decirle a nadie, soportaría hasta graduarse e ingresar a la universidad.
Cuando su jornada terminaba se encerraba en su habitación, en acciones lloraba hasta car dormido, en otras se desahogaba escribiendo, tenía un cuaderno especial donde narraba aun sus aventuras, los juegos con sus amigos imaginarios, claro que estos cambiaron.
Sus cuentos tiernos e inocentes, donde buscaba tesoros y rescataba princesas, se modificaron. Ahora las historias narraban los deseos ocultos del castaño, si, sus compañeros y él continuaban cazando a villanos, solo que estos eran…sus compañeros de clase. El chico ideaba en su mente un sinfín de maneras para atraparlos, torturarles y hacerles pagar lo que le hacían. Sus tiernos conejos eran capaces de desgarrar la piel con sus filosas garras, ellos y las ardillas roían los huesos hasta convertirles en polvo, mientras las aves se deleitaban sacando los ojos de sus víctimas. Pero Evan, el lobo, era el más salvaje de todos, jugaba con sus presas, los atormentaba y masticaba sus extremidades, de forma lenta y dolorosa, todo ello bajo las órdenes de un humano.
Sí, la escritura se volvió para Hipo en un lugar de consuelo, desahogo y liberación.
Un año, antes de terminar la escuela, el pequeño se volvió víctima de una de las bromas más crueles. Cinco de sus compañeros le amordazaron y llevaron a la parte más alejada de la escuela, descubrieron la enorme cloaca, donde todos los desperdicios de la escuela terminaban. Amarraron al chico con una gruesa soga y le arrojaron, en cuestión de segundos Hipo se vio empapado de agua sucia y excremento, entre otras cosas, los jóvenes le sacaban y volvían a sumergir a su antojo. El pequeño lloraba, asustado de que la cuerda se rompiera y terminara ahogado en ese lugar. Cuando se hartaron le sacaron y tiraron en el pasto, Hipo tardo unos minutos en recuperarse, y zafarse, al girarse se encontró con su profesor de educación física. El hombre lo miraba burlón, sacudió la cabeza y se alejó, "esto no te ocurriría si fueses más fuerte", menciono mientras se alejaba.
El chico enfermo por la cantidad de contaminantes que trago, faltaban algunos días para terminar el curso, por lo que la dirección decidió enviarle a casa, después de todo, él ya había aprobado.
Mintió a todo el mundo, asegurando que fue algún alimento en mal estado, sus padres se ocuparon de mimarle y cuidarlo en casa, esto lo agradeció de corazón. Fue tres días después cuando exploto, su madre salió de compras y su padre aun no regresaba del trabajo. El chico comenzó a llorar y maldecir a sus compañeros y profesor, sus gritos de frustración e ira eran acompañados por lágrimas y gimoteos, sus lamentos continuaron por un par de horas, hasta caer rendido de tanto llorar, entre sueños logro sentir como alguien besaba su frente…parece que su madre había regresado.
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Esa noche ocurrieron sucesos muy extraños en la escuela, parecía que un animal salvaje se había escapado de un zoológico o circo. La bestia recorrió los dormitorios, con objetivos específicos, desplazándose en las sombras, cinco jóvenes fueron presas de sus garras, los chicos aparecieron desmembrados en sus habitaciones, sus extremidades fueron cortadas de tajo, por una muy afilada garra, pero eso no fue todo, sus cabezas…habían desaparecido. Estas fueron lanzadas a la cloaca, cuando la policía los saco, lavo e inspecciono, comprobó que se encontraban deformadas, las caras reflejaban un enorme miedo, muecas de terror puro.
Un bono extra fue encontrado en el vertedero, el cuerpo de uno de los profesores de educación física, el hombre se encontraba abierto en canal, sus órganos habían sido removidos, sus ojos picoteados y su cuerpo se encontraba masticado. La policía no daba crédito a lo que veía, así como no entendía, ¿por qué nadie les ayudo? , podían jurar que sus gritos se debieron escuchar por toda la escuela, en especial los del profesor. Pero estudiantes, profesores y empleados aseguraban no haber escuchado nada, incluso aquellos que se encontraban en la habitación de al lado.
Nada de esto salió a la luz, la escuela gasto muchos recursos para ocultarlo. El pequeño Hipo jamás se enteró, si bien escuchaba a sus compañeros cuchichear, nunca se acercó a preguntarles. Cuando regreso a la escuela solo agradeció que su profesor de educación física y sus verdugos ya no se encontraran ahí, posiblemente los cacharon molestando a otro niño…uno muy influyente.
El pequeño se graduó con honores e ingreso a la universidad, en la carrera de letras, después de todo le apasionaba la lectura.
Su estancia ahí fue más placentera, sus compañeros eran maduros, enfocados en la educación. El chico desarrollo sus habilidades de escritor, sorprendiendo a algunos de sus maestros.
Al terminar comenzó a trabajar en un periódico, se encargaba de una diminuta columna en la parte cultural, recomendaciones de espectáculos, teatro, libros, etc. No era un empleo bien pagado, pero si le daba lo suficiente para sobrevivir por su cuenta. Hipo se esforzaba todos los días, aprendiendo de los mejores columnistas, ampliando su conocimiento y mejorando su estilo. Aun escribía sus historias, claro que para deleite personal, muchas de ellas fueron pulidas con los conocimientos recién adquiridos, una de estas le abrió paso al éxito.
El chico termino rápido su trabajo, por lo que saco su libreta personal y comenzó a escribir, buscando matar el tiempo, estaba tan concentrado que no se dio cuenta cuando su editor en jefe se colocó a su espalda. Le dio un poco de curiosidad al verlo tan metido en lo que escribía, así que se acercó para hablar con él, se colocó en su espalda y comenzó a leer lo que el chico apuntaba, era una historia interesante, sobre un chico atormentado por unos demonios que vivían en una cloaca, estos le mortificaba sin que nadie lo ayudara, pues parecía que nadie los veía.
El hombre continuo leyendo conforme Hipo escribía, la historia llego a la mitad antes de que el chico se percatara de su presencia, dejo de escribir y comenzó a disculparse, su jefe no le dio importancia, le disculpo y se marchó, antes de alejarse le pidió al chico que le mostrara la historia cuando la terminara, ya que deseaba saber en que terminaba.
Hipo asintió apenado, prometiendo mostrársela. Dos días después le entrego el manuscrito, hecho a máquina en un sobre amarillo. El editor quedo complacido, era una historia muy interesante, en especial el final, decidió publicarla en la edición dominical, ya que le faltaba un espacio. Hipo accedió gustoso, en especial por que recibió un pequeño bono extra.
Un mes después su jefe le volvió a llamar, recibió varias cartas donde le pedían un nuevo cuento del mismo estilo, el terror había pegado muy bien. Hipo le dio otro cuento para el fin de semana, la verdad el chico tenía una gran variedad de donde escoger, en esta ocasión fue dividido en dos partes, para dejar a los lectores con deseos de más, su único problema fue la autoría, ya que no deseaba firmar con su nombre, por lo que su jefe le sugirió un seudónimo. El chico paso dos días intentando inventar un alias, por desgracia no lo lograba, todos los que se le ocurrían eran muy largos, o cursis, se fue a dormir, mirando el costado de su espejo, la única cosa que tomo de la casa de sus padres, sus ojos se clavaron en un punto fijo de la madera entes de caer exhausto, al día siguiente llego al periódico con un buen alias.
Al siguiente domingo, "escalera" hizo su aparición, firmada por Night Fury
Así comenzó la vida editorial del joven, sus historias eran bien recibidas, algunas dividiéndose en dos o tres partes; recibía cartas de felicitaciones por parte de sus fans, su salario aumento, comenzó a socializar más, e incluso consiguió una novia muy bella, para fin de ese año vio publicada su primera novela y en poco tiempo fue reconocido como un maestro en la literatura de terror y suspenso.
Pese a ello el carácter del chico no cambio, seguía siendo tierno y humilde, les dio una buena parte de su dinero a sus padres, guardo otra en el banco y solo gasto lo necesario. Claro que tenía uno que otro gasto excéntrico, en especial con su novia, trataba a la chica como una princesa, cumpliendo sus caprichos y deseos, el joven se encontraba prendado de ella, era muy bonita, rubia de ojos azules e inteligente, con un fuerte carácter y don de mando. Tenía veintiséis años cuando decidió dar el paso, convencido de que Astrid era la mujer de su vida, compro un hermoso anillo y flores, se dirigió a la casa de la chica entusiasmado, feliz, estaba por llegar cuando vio salir a uno de sus compañeros del periódico, el hombre se arreglaba la corbata, mientras su amada se colocaba detrás de él acomodando su saco y despidiéndole con un beso, cuando los amantes se giraron quedaron congelados al ver a Hipo ahí. El castaño no dijo nada, dio la media vuelta y se alejó tan rápido como se lo permitieron sus piernas.
Apartar de ese día todo le salió mal, no solo fue la ruptura con su pareja, le sobrevino un bloqueo de escritor, su editor en jefe del periódico, su mejor amigo, falleció en un accidente automovilístico y su lugar fue tomado por su hijo, el chico no tragaba al joven escritor, por lo que le presiono con el trabajo hasta llevarlo al borde y obligarlo a renunciar. Para terminar, enfermo debido a la depresión y nervios de lo que le ocurría, por lo que termino recluido en un hospital por dos semanas.
El doctor le sugirió alejarse algún tiempo de la presión. Hipo había comprado meses atrás una pequeña cabaña en el campo, la cual tenía planeado compartir con su pareja, no dudo en recoger sus cosas y marcharse, decepcionado de casi todo el mundo, como siempre cargo con su querido espejo, tener a sus amigos de la infancia le haría bien.
Cuando llego al lugar comenzó a des estresarse, grito pataleo e hizo todo un berrinche, no entendía por qué ese año le había ido tan mal, parecía que los dioses se habían puesto en su contra, al caer la noche comenzó a beber, algo extraño en él, solo quería desconectarse del mundo y desaparecer, después de un rato cayo dormido, recargado junto a su espejo.
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Esa noche ocurrieron en la ciudad nuevos accidentes. Astrid caminaba a su casa, ya era muy tarde y no había nadie en las calles, la chica decidió cortar camino ingresando por un callejón, la luz de la luna era escaza, pero cumplía con su objetivo, a la mitad del pasaje escucho un extraño gruñido, al girar sus ojos se abrieron aterrorizados, una enorme sombra negra se acercaba a ella, corriendo en cuatro patas y echando espuma por la boca, mientras dos ojos rojos se clavaban en su figura, la chica no logro gritar, su garganta fue atrapada por unos poderosos colmillos.
En otra parte de la ciudad, su amante moría electrocutado, dos pequeñas ardillas echaban su rasuradora a la bañera, después de que una extraña sombra la conectara.
En cuanto al jefe del periódico, el hombre huía aterrado, un enorme lobo negro le perseguía por todo el piso, apretó desesperado el botón del ascensor, no entendía por que se encontraba solo ahí, el elevador no llegaba, por lo que decidió bajar las escaleras, mientras gritaba por ayuda, al bajar corriendo tropezó con dos hermosos conejos, uno blanco y el otro marrón, los animalitos le interceptaron jalando su pantalones, ocasionando que cayera por las escaleras y golpeara su cabeza en el filo de una de ellas, llenando el espacio con su liquido rojo, ante la mirada atónita de sus trabajadores, que no sabían el por qué salió gritando de su oficina hasta tropezar en la escalera de emergencia y encontrar la muerte un piso abajo.
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Cuando Hipo despertó se encontró en su cama, arropado y más relajado, era más de medio día, por lo que decidió comer algo y salir a explorar, suplicado que con eso se calmara el dolor de cabeza que sufría, consecuencia de la resaca. El desayuno fue ligero, un omelett de champiñones, unas tostadas y un poco de jugo, salió a fuera y comenzó a caminar, admirando los árboles y escuchando el canto de los pájaros, subió por un pequeño sendero, divisando su pequeña cabaña abajo, continuo su camino hasta llegar a una encrucijada. Un enorme roble dividía el camino, era un árbol majestuoso, de más de cincuenta metros de altura y veinte de ancho, sus ramas estaban muy tupidas, por lo que bloqueaban la luz del sol, algo que el chico agradeció ya que hacía mucho calor, un poco de pasto amarillento crecía a sus pies y algunas gruesas raíces sobresalían, varias de ellas formaban una especie de hamaca, el chico se acercó curioso y se sentó, contemplando el lugar.
Unos ligeros trinos llamaron su atención, el canto de unas aves se oía en la copa, si bien ya había escuchado a varias aves, el canto de estas tenía algo que le hipnotizo, era un canto triste, melancólico, justo como él se sentía.
Sus ojos se abrieron sorprendidos al ver a tres pajarillos descender, las aves tenían un plumaje azulado, una más clara que la otra, de pico rojo y cristalinos ojos negros, en cada aleteo sus plumas se iluminaban por una fluorescencia, dándoles aspecto de pequeños fuegos fatuos. El chico no podía creerlo eran iguales a los tallados en su espejo, y con los colores que él los había imaginado.
Las avecillas descendieron hasta él, recargándose en el tronco, lo contemplaron unos minutos antes de comenzar a cantar, Hipo los miraba asombrado, se abrazó sus piernas y escucho el concierto, dedicado solo para él, mientras algunas lágrimas bajaban por su rostro.
Al anochecer las avecillas le mostraron el camino de regreso, cuando llegaron a la puerta sobrevolaron la cabaña y se perdieron en el cielo. Los siguió con la vista, asombrado, meneo la cabeza negando, era imposible, no podían ser sus amigos del marco; se fue directo a la cama, al entrar miro fijamente las aves del marco, con cuidado las delineo, una ligera respiración lo puso alerta, giro la vista pero no encontró nada, le restó importancia y se acostó a descansar.
Al día siguiente la historia se repitió, camino hasta el enorme roble y ahí les encontró, en esta ocasión acompañada por dos ardillas y dos conejos, los roedores orejones se acicalaban las orejas junto al tronco, mientras las ardillas corrían por este, los roedores plateados se detuvieron al verle, bajaron a la carrera y se colocaron frente a él, chillando por su atención; Hipo dudo un poco antes de agacharse y sobar sus cráneos peludos, los animalitos soltaron un tierno gruñido y se encaminaron al árbol, esperando a que Hipo se sentara. En cuanto el chico se acurruco en las raíces el concierto empezó, en esta ocasión la melodía era suave, relajante. Selene (el conejo blanco) trepo a sus piernas, el chico comenzó a acariciar sus orejas, como sabia le gustaba. De nuevo regreso hasta tarde, acompañado de los animales, estos se perdieron antes a los costados de la casa. Otra vez inspecciono el espejo, las imágenes seguían ahí, pero ahora su habitación se encontraba inundada del aroma de las flores donde Selene y Duncan descansaban.
Comenzó a hiperventilar nervioso, podía sentir como su cabeza era taladrada, su respiración aumento así como su temperatura, por un momento le pareció oír una voz que le daba las buenas noches, intento retroceder pero choco con algo…o alguien. Sus ojos se abrieron asustados cuando vio en el espejo una sombra detrás de sí, intento girarse, pero una mano se posó en sus parpados y los cerro, mandándole al mundo de los sueños.
Cuando despertó se encontraba de nuevo en su cama, alguien le había acostado y arropado. Asustado salió de casa, tomo su automóvil y condujo hasta el pequeño poblado colina abajo, tenía planeado llenar y revisar su auto, conducir hasta casa, parece que el campo le estaba afectando, tanta tranquilidad le volvía…loco.
Se detuvo en la gasolinera, le pidió al encargado revisar el auto mientras el desayunaba algo en el pequeño restaurante de enfrente. Se colocó en la mesa del final y ordeno un almuerzo completo, posiblemente el hambre le hacía alucinar, era imposible que sus amigos se encontraran con vida, era imposible, ellos eran unas figuras talladas en madera…no podían estar vivos.
El lugar se encontraba repleto de camioneros y gente del pueblo, por lo que le miraron curiosos; comía despacio, como si no quisiera terminar nunca.
-¿de vacaciones?, pregunto la camarera, sirviendo más café
-no…vivo en una cabaña…a unos kilómetros de aquí, respondió nervioso.
-oh, un nuevo compañero, la mujer le sonrió estirando su mano, -espero que te quedes y te conviertas en cliente frecuente, yo soy Ana.
-yo…también, mi nombre es Hipo, respondió nervioso.
Termino su comida tranquilamente y se dirigió a la gasolinera, con paso lento, ya no estaba muy seguro de que hacer, parte de él se quería marchar y otra regresar a su cabaña. Mientras se acercaba alcanzo a divisar a algunos camioneros, los hombres discutían y se amenazaban con algunas herramientas, por sus voces Hipo podía asegurar que se encontraban ebrios; el chico intento pasar lo más retirado posible, pero esos sujetos se movían por todos lados, incluso ya habían salido a ver el dueño de la gasolinera y sus empleados. Casi llegaba a su auto cuando un fuerte empujón lo mando al suelo, uno de los camioneros había chocado con él, el hombre también había caído al piso, al pararse comenzó a reclamarle al chico, furioso por su intromisión, Hipo se disculpó e intento alejarse, pero el necio camionero no se lo permitió, lo tomo de su chamarra y lo arrojo de nuevo al piso, amenazándolo con una cruz, estaba por golpearle cuando se oyó un feroz rugido.
De la esquina del taller apareció un enorme lobo negro, el animal veía furioso al camionero, este se congelo al verlo, comenzó a acercarse, acechando, con el pelaje erizado y mostrando sus enormes colmillos, de los cuales escurría una gran cantidad de baba, mientras sus ojos sangre se clavaban en su víctima.
Hipo miro asombrado al enorme can, algo en su interior le decía que este era Evan, el lobo de su espejo. La feroz bestia se arrojó contra el hombre, el cual alcanzo a cubrir su cara con la cruz, evitando los filosos colmillos, pese a ello los gritos no se hicieron esperar, las filosas garras destrozaban la ropa y se incrustaban en la piel del camionero. Fueron estos gritos los que devolviera a Hipo a la realidad, el chico no tardo en pararse mientras le gritaba a Evan que se detuviera. El animal obedeció en el acto, se separó de su víctima y camino hasta el castaño, restregándose en la pierna de este mientras se disculpaba.
Los demás le miraban asombrados, el chico no dijo nada, abrió la puerta del copiloto y el animal subió, dejo un poco de dinero en el suelo, se disculpó y se marchó en el auto. Condujo hasta llegar a un puente, donde freno y se recargo en el volante, intentando normalizar su respiración, sus manos le temblaban y estaba seguro de estar sudando, esto era imposible, su amigo no podía estar vivo, él era…una figura tallada… ¡por Dios! ¡Se estaba volviendo loco!
Unos quejidos y una serie de lamidas le hicieron girar, el enorme lobo lo miraba curioso, ladeando la cabeza, dio una serie de aullidos bajos y pego su trompa en el estómago del chico, exigiendo una caricia. Hipo lo pensó por unos minutos, con la mano temblorosa acaricio esas enormes orejas en punta, sus pelos se sentían reales, eran cálidos y gruesos.
-E… ¿Evan?... ¿eres Evan?, el lobo levanto la cabeza y afirmó con un ladrido, -Tú… los demás… ¿todos están vivos?, una lamida fue su respuesta. La verdad no sabía cómo sentirse, aterrado, asustado, nervioso, alegre, con ganas de llorar, pese a ellos su cuerpo reacciono, abrazo el cuello del animal escondiendo su cara en el pelaje, -gracias…gracias por salvarme.
Al llegar ya no se sorprendió al ver a los demás en la cabaña, corriendo de aquí para allá, tomo una bocanada de aire e ingreso, si esto era un milagro lo aceptaba gustoso.
Comieron algo y salieron a caminar, los roedores corrían a su alrededor mientras el lobo se tumbaba cerca, vigilándolos. Entrada la noche observo perplejo como sus compañeros regresaban a su "casa". El espejo se encontraba liso, sin ningún tallado más que las plantas y flores, los animales ingresaron de uno en uno, atravesando el espejo, el cual parecía estar hecho de algún líquido que absorbía sus cuerpos, se escucharon pequeños crujidos de madera y la figura apareció, las imágenes comenzaron a brotar en sus respectivos lugares.
El chico se acercó despacio tocando el cristal, este era de nuevo sólido, pero…el reflejo, la iluminada y conservadora habitación no se encontraba…el reflejo era otro, si era la misma habitación y a la vez no, se veía más oscura, con las paredes ennegrecidas, viejas, sin la lámpara que adornaba el lugar, pero si se veía una vela al fondo, las cortinas se veían sucias y la cama vieja, Hipo miraba asustado cada diferencia, parecía otra dimensión, de improvisto sus ojos se toparon con una silueta, alguien se encontraba a su espalda, se giró nervioso, pero…no había nadie, solo estaba él, cuando regreso su vista al espejo este se encontraba…bien, el reflejo correspondía al lugar. Temeroso se dirigió a la cama, algo en su interior le decía que no debía preocuparse.
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Al día siguiente fue despertado por las lamidas de Evan, el chico se despertó y levanto somnoliento, al girar vio el espejo, se encontraba igual que antes…bueno, sin sus hermosos adornos de fauna, tomo un respiro y preparo el desayuno, al terminar salió a tomar aire, sentándose en la pequeña terraza, el lobo se tumbó a su lado mientras los demás corrían y volaban de aquí para allá. De acuerdo, era obvio que estaba LOCO, cualquier persona cuerda ya habría salido corriendo de ahí, llamando a la policía…o a un exorcista, ya no estaba seguro si lo que le ocurría era un milagro …o una maldición, el reflejo de su habitación y la manera en que sus amigos aparecían y desaparecían, bueno, eso le pondría los pelos de punta a cualquiera, pero la verdad …a él no le molestaba, incluso le fascinaba; tal vez su único malestar era esa sombra…ya que no le conocía. Tras varias horas de pensarlo decidió seguir ahí, vivir su propia aventura y ver que sucedía.
Por varios días regreso a su infancia, salía a jugar con sus compañeros, les narraba historia, los cuidaba y mimaba, olvidándose del mundo exterior. En varias ocasiones logro sentir una presencia a sus espaldas, pero cada vez que se giraba no había nada, después de un tiempo dejo de tenerle miedo, ahora era curiosidad por saber que era.
Un Domingo acudió a la plaza del pueblo, se realizaba una venta de antigüedades, ya había hecho amistad con algunas personas del pueblo, las cuales le veían asombrados al ver como sus animales le seguían fieles, incluso cuando bajaba por suministros los pequeños corrían a saludarle, para poder tocar a su enorme lobo y sus traviesos roedores, esto no le molesto al chico ya que le agradaban los niños. Mientras caminaba por la plaza se encontró con el bibliotecario del pueblo, el hombre tenía un pequeño puesto a un costado del quiosco, el chico lo saludo y decidido curiosear para ver si algo llamaba su atención… y valla que algo llamo su atención.
Era un bellísimo espejo de agua, de uno veinte de altura y medio de ancho, tallado en obsidiana negra, la cual formaba una enorme ola que asedia y en la copa se encontraba sosteniendo una charola de piedra gris, de entre las olas brotaban tres bellos delfines de mármol blanco, los cuales nadaban intentando alcanzar la copa. El plato se encontraba, finamente, ornamentado, con pequeños peces y diminutos crustáceos, y en el centro un pequeño barco.
-es hermoso ¿cierto?
-¡SÍ!, ¡Bellísimo! los animales casi parecen vivos.
-ja ya lo creo, es toda una pieza de arte.
-y ¿la vende?
-ah, no lo deseo Hipo, pero la necesidad me obliga, estoy muy atrasado con mi hipoteca, ya sabes.
-mmm, entiendo, ¿Cuánto pide por ella?
- $$$$(pónganle la cantidad que deseen ^.^), sé que es mucho, pero…lo vale, ¿no crees?
-…si…lo vale…
El chico se quedó contemplando la pieza, había algo en ella que se le hacía familiar, no lo medito ni cinco minutos cuando saco su chequera y compro la pequeña fuente. Después de un rato, el anciano y él subían la pieza, en una caja de madera, a su auto.
-¿Quién la hizo? pregunto antes de marcharse
El anciano se rio antes de contestar, -no lo se, contesto meneando la cabeza- ha estado en mi familia por cinco generaciones, creo que alguno de mis parientes la trajo del mar del norte, intente averiguarlo pero, parece que nadie conoce al artista, lo único que te puedo decir es que tiene más de mil años esa bella pieza.
-¿de verdad?
-así es…bueno hay otra cosa, el seudónimo del artista, como toda obra está firmada.
-¿enserio?, Hipo miro la caja emocionado.
-o si… dime ¿lees el periódico?, el chico sonrió a la pregunta afirmando, -bueno, te puedo decir que su seudónimo es muy conocido en esta época, en especial por un escritor…tal vez él pueda decirte de quien se trataba, posiblemente ha oído hablar de él…quien sabe, no creo poder preguntarle, pero bueno…tarde tres meses, días y noche buscando la firma, veamos cuanto tardas tú.
El chico se retiró confundido, no entendía muy bien lo que el viejo quería decir, pero si la firma se encontraba en la escultura la encontraría. Con mucho esfuerzo coloco su adquisición en la parte trasera, lo que se podría tomar como un jardín, lleno el espejo con agua y contemplo como se reflejaba el cielo azul, cubriendo la escondida vida marina tallada en él. Entusiasmado comenzó a buscar la firma del autor, revisando cada detalle, el artista era todo un genio, las olas se veían tan reales, incluso se podían apreciar pequeños peces nadando junto a los delfines, los cuales se podían diferenciar gracias a su expresiones, encontró algunas algas y pequeñas estrellas de mar, conchas y caracoles, pero nada remoto a una firma, paso cinco días buscándole sin éxito, vacío el tazón para inspeccionarle, pero nada.
A la sexta noche logro encontrarla, aunque de una forma un poco escalofriante. Una brillante luna alumbraba el lugar, con su pálida y fría luz. El chico contemplaba el reflejo del astro, recargado en el hermoso pilar, sus aves se colaron a su lado, descendiendo para beber, en poco tiempo empezaron a jugar, bailando en el agua mientras cantaban, Hipo les miraba feliz, de verdad estar con ellos lo calmaba, su vista siguió los giros que Marcos daba, creando pequeñas ondas y distorsionando las imágenes, muy tenuemente.
Pese a la distorsión Hipo logro ver claramente a una persona frente a él, recargada en el tazón y mirándole, dio un brinco y levanto la vista, no había nadie, temeroso dirigió sus ojos al agua, una silueta paso a su lado, corriendo, al girarse, para ver, tropezó con sus pies y cayó al piso, Hiperventilando miro a todos lados, solo estaba él…y sus aves.
Los pajarillos le miraron curiosos desde la orilla, comenzaron a descender por el pedestal, iluminando con sus alas los delfines y demás animales. Fue en uno de esos giros, que las plumas de Luis iluminaron lo que parecía una letra. Los ojos del chico se abrieron sorprendidos, gateo hasta el pedestal, donde vio la imagen. Parecía estar oculta entre las olas, delineo con cuidado pero no vio nada, solo los relieves que demostraban la fuerza del mar, una idea cruzo por su mente, les pidió a sus amigos volar de forma lenta, alrededor, las avecillas obedecieron.
Los ojos verdes no creían lo que veían, entre los relieves de las olas había letras ocultas, estas asedian a la par de los delfines, formando un nombre: "NIGHT FURY"
Eso no podía ser cierto, ese, ese era su…seudónimo… pero, ¿Cómo? Nervioso se levantó y hecho a correr directo a su cuarto, algo le daba mala espina. Sus compañeros le miraban curiosos, Hipo revisaba el marco, cada detalle, cada hoja y flor, la roca, el nido, todo, intentando encontrar alguna firma. Al no encontrarla le suplico a sus amigos hacer lo mismo, nuevamente las aves cruzaron el aire como pequeños fuegos fatuos, todo el frente fue inspeccionado, pero el chico no encontró nada, decepcionado…y aliviado, se tumbó en su cama, por un momento pensó que…
Sus ojos casi se le salen de la impresión, Luis volaba a un costado del espejo, frente a él, el animalillo iluminaba la madera, unas diminutas letras, acomodadas en espiral, se encontraban escondidas ahí, en esta se pidió leer "NIGHT FURY".
El chico la miro sorprendido, ¿cómo jamás se dio cuenta?, si ese costado era el que siempre veía antes de caer dormido, pasaba un buen rato mirando en la obscuridad esa extra…no puede ser…entonces… de ahí fue donde tomo el seudónimo. Se llevó las manos a la cabeza y comenzó a desordenar su cabello, parece que su subconsciente se había pirateado el alias de alguien más. Temeroso se acercó al espejo, solo se encontraba él y sus mascotas en el lugar. Los animales le miraban preocupados.
-NIGHT FURY…él…él es el escultor…él es…quien les creo… ¿verdad?
Los animales asintieron antes de adentrarse en el espejo, Hipo les miro partir, casi como un zombi se tumbó en su cama, mirando el techo, no entendía que ocurría ahí. No fue consiente en qué momento se quedó dormido, pero cuando despertó se encontraba bajo las mantas y la luz estaba apagada. No dijo nada, se levantó y camino a la cocina, preparo un café y comenzó a beberlo, mientras se mecía en la silla y se abrazaba a sí mismo. Tardo un buen rato en tranquilizarse, parecía que no solo sus amigos Vivian en el espejo.
*****…..*****…..*****
Los próximos días se la paso mirando sobre su hombro, en ocasiones sentía la presencia de alguien más, pero siempre que giraba se encontraba solo, no sabía si debía temerle o no, posiblemente era un espíritu molesto, después de todo se pirateo su nombre, pero, por otro lado, cada vez que lo sentía cerca no tenía miedo, su cuerpo no reaccionaba como si se enfrentara a algún peligro, solo sentía un ligero hormigueo y nada más, una ligera briza fría, muy parecida a la que sentía con sus amigos.
Después de prepararse mentalmente decidió confrontarlo. Se paró frente al espejo antes de que sus amigos regresaran, mirando su reflejo, tomo una gran bocanada de aire y comenzó a hablar, seguro de que esa sombra aparecería ahí.
-Ho… ¿Hola?... Hola ¿Night Fury?... ¿estás ahí?... ¿puedes venir?...deseo verte. Miro nervioso el reflejo, sus piernas le temblaban y estaba seguro de que su corazón se le saldría.
- ¡CHIRRINNNN!-
Se escuchó el sonido de una puerta, parecía la de la entrada, alguien se acercaba despacio. El reflejo comenzó a cambiar, nuevamente se oscureció; el castaño se tensó al oír el sonido de la puerta, alguien entraba a su habitación, en el reflejo se veía la puerta abierta y una mano sujetando el pomo. Hipo giro a ver, pero no había nadie y la puerta estaba cerrada. Regreso su vista al espejo, la sombra se debatía, entrar o no.
-Tú… ¿tú eres… NIGHT FURY?… ¿el escultor?... ¿verdad?, el chico apretó sus puños nervioso.
La sombra se acercó un poco. Hipo observo a un hombre delante de él (bueno, técnicamente a su espalda) se veía como de treinta años, un poco más alto que él, de cabello negro, lacio y largo, el flequillo tapaba la mitad de su rostro, hasta la nariz, su piel era pálida, vestido con una camisa vieja y un pantalón oscuro, descalzo; el chico lo miro fijamente, o eso parecía, tomo un suspiro y se giró, dispuesto a marcharse, antes de desaparecer Hipo escucho una voz gruesa y melancólica.
"me gustaban tus historias, deberías seguir escribiendo"
Hipo tardo un buen rato en salir de su asombro, los animales cruzaron y el espejo regreso a la normalidad, con un poco de miedo se asomó al pasillo, no había nadie ahí, regreso a la cama e intento dormir, al menos ahora conocía al escultor misterioso.
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Se alejó de su casa por dos días, solo regresaba a dormir y lo hacía con miedo. Esa noche dio unas vueltas en la cama, por lo que se paró y dirigió a su estudio. Él había dicho que le gustaban sus historias. Saco unas hojas y comenzó a escribir, paso horas borrando y corrigiendo, no estaba muy seguro de si le gustaban las historias de terror, o las anteriores, llenas de fantasía y más, pero como estaba acostumbrado ya al terror pues no lo dudo. Era de día cuando el sueño lo venció, al despertar sus piernas le dolían, igual que la espalda, se sorprendió un poco, por lo general cuando eso le pasaba en su cuarto, despertaba en la cama, no le dio importancia y se levantó a comer, sus mascotas corrían de un lado a otro intentando llamar su atención.
Al día siguiente salió de compras, desayuno en el pequeño restaurante, compro víveres, se dirigió a la oficina de correos, enviando unas cartas, paso al banco y regreso. Al atardecer se preparó un poco de té y se dirigió a su cuarto, tendió una manta en el suelo y comenzó a llamar a su compañero; pasaron más de quince minutos antes de que el "chico" apareciera. Hipo no estaba muy seguro de la expresión de su compañero, ya que el cabello bloqueaba la mitad de su cara, pero podía jurar que estaba sorprendido por ser llamado de nuevo.
-ho…hola, saludo nervioso, su interlocutor no dijo nada, solo movió la cabeza en señal de saludo- yo…yo escribí otra historia… ¿la quieres oír?
El escultor asintió, camino despacio hasta la cama y se sentó en ella, el castaño escucho sus pisadas y el ruido de los resortes, giro la vista nervioso, no se veía a nadie, giro la cabeza al espejo y se sentó en posición india frente a el, con un poco de nervio comenzó a leer. Hablaba sobre una niña y el conejo de pascua; el morocho la escuchaba atento, de vez en cuando Hipo giraba a ver a su compañero, se encontraba sentado en la cama con las piernas abrazadas, mirando a la pared, cuando la historia termino Hipo calló, esperando su crítica. El chico se paró y le sonrió.
-fue escalofriante, ahora veré a los conejos de otra manera, je…ya duérmete es muy tarde, sin decir nada más salió de la habitación.
El escritor tardo un rato en pararse (ya que las piernas se le durmieron), miro al espejo y dio las buenas noches, concilio el sueño rápido, no parecía que quisiera lastimarle.
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Los siguientes días continúo escribiendo los cuentos, terror, fantasía, acción, suspenso, etc. cuando los terminaba los leía para sus compañeros. Pasaron así tres meses, hasta que el menor se armó de valor para hablar con su compañero.
Lo encontró de mañana, reflejado en el espejo de agua. El escultor se encontraba de espaldas, con un trozo de madera y una navaja en sus manos. Hipo se acercó despacio, temeroso de que al escucharlo se marchara, mantuvo sus ojos esmeralda fijos en el agua. El reflejo mostraba nuevamente otra realidad, a pesar de ser de día, en la imagen se veía la noche, una hermosa luna plateada, adornando un cielo violáceo con estrellas rojas. Tomo un poco de aire antes de empezar a hablar.
-Ho…Hola
La figura en el reflejo dio un giro rápido, mirándole de frente, cuando lo hizo Hipo alcanzo a divisar un destello verdusco en sus ojos, pero estos fueron bloqueados por su cabello. El chico mordió su labio al sentir esa mirada en él.
-¿qu...que...ha…ces?, Tartamudeo
El escultor le sonrió y alzo la mano, estaba tallando unas flores en la madera. Hipo rio y se acercó más al agua, intentando verlas mejor.
-te vas a mojar…espera un poco…cuando termine te lo mostrare.
El chico asintió, se separó del agua y comenzó a mover los dedos, nervioso, mientras miraba a otro lado.
-yo…bueno yo…quería disculparme, por usar tu nombre, hablo nervioso- de verdad lo siento, no lo sabía.
-no importa, no me molesta, me alaga que un escritor tan talentoso como tu use mi alias.
-gra…gracias, el chico se sonrojo ante el cumplido, -pero aun así de verdad lo siento, no me di cuenta de que me dormía todas las noches mirando tu firma y saque de ahí el seudónimo.
-je, de eso se trataba, me gustaba ocultarla, lo hago bien ¿verdad?, Hipo asintió, por varios segundos ninguno dijo nada, -y… ¿me vas a contar otra historia?
-¿eh?...no, bueno yo…yo…la verdad, pensé que podríamos hablar un poco…es que…me gustaría saber de ti, hablo en voz baja, -me gustaría conocerte.
El escultor sonrió, dejo de lado su trabajo y se recargo en el pilar, mirando al joven mientras cruzaba los brazos, -y... ¿Qué quieres saber?, pregunto con una voz dulce.
El chico lo medito unos segundos, ¿por dónde empezar?, quería saber: ¿Por qué estaba ahí?, ¿Cómo es que sus esculturas cobraban vida?, ¿de verdad se llamaba Night Fury?, ¿Qué edad tenia? ¿De donde era?, muchas preguntas inundaban su mente, -yo…mmm…me…me gustaría que me contaras quien eres.
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Nació en el año 757 en tierras Sajonas, su verdadero nombre era Toothless , vivía en una pequeña aldea, su madre murió en el parto y su padre en una guerra contra los Avaros cuando tenía 9, por lo que quedo a cargo del… "doctor" del pueblo. Era muy reservado y casi nunca salía del estudio de su maestro, aprendió medicina y un poco de…magia, pero la escultura era su pasión, pese a no tener una instrucción en la materia, tenía un talento nato, pasaba las tardes tallando madera y esculpiendo rocas, las personas del pueblo quedaban maravilladas por las obras, las cuales él les regalaba, lo mismo ocurría con uno que otro viajero que pasaba por esa diminuta aldea de pescadores. Tomo su seudónimo del barco de su padre, ocultando su firma dentro de las obras, de tal manera que no la arruinaran. Para los 15 años ya poseía una vasta fama, algunos escultores de prestigio acudían a verle trabajar; fue así como se hizo de sofisticados y exóticos materiales. Su pasión era la naturaleza, los paisajes y animales que llenaban sus ojos era lo más preciado para él. Creo bellísimas obras para reyes y templos, sus ganancias las invertía ayudando a su pueblo, comprando semillas y ganado. Su vida transcurrió feliz hasta los 30 años…cuando Carlo Magno comenzó su conquista.
Cuando el franco comenzó su conquista pequeños pueblos fueron arrasados. La masacre, hambre y sequía, no tardó en llegar a su pueblo.
Los caballeros llegaron de noche. Terminaba en ese momento el espejo, solo faltaba barnizarle y listo, se estiro un poco y salió por el aceite, en cuanto cruzo la puerta de su estudio los gritos de las mujeres inundaron sus oídos, temeroso se acercó a la ventana, varias flechas encendidas inundaron el lugar. La masacre ocurrió en minutos, los habitantes eran personas humildes, pescadores, agricultores, artistas…no guerreros. Él y sus compañeros hicieron lo posible por defenderse, pero no lo lograron. Recordaba que fue en busca de su maestro, había un niño herido y él no lograba detener la hemorragia. Lo encontró en su estudio…herido de muerte, recargado en su espejo. Toothless intento ayudarle, pero no había solución. Se escucharon las pisadas y voces de los soldados, asustado tomo una espada, dispuesto a defender a su maestro…y defenderse.
El hombre, semiconsciente, uso su último recurso para proteger al chico que quería como su hijo, marco el espejo con su sangre mientras realizaba un extraño conjuro. Toothless se giró, confundido, a verle. Antes de decir o hacer algo la puerta se abrió de golpe, el chico logro sentir como su maestro lo tomaba del brazo y lo aventaba…dentro del espejo.
Cuando abrió sus ojos todo estaba obscuro, no había nadie…ni nada. Llamo a todos sus conocidos pero no obtuvo respuesta. No sabe cuánto tiempo estuvo así, días, meses…años.
Un día apareció una luz…una puerta de cristal frente a él. Logro ver al otro lado a una doncella, la chica limpiaba el espejo mientras hablaba en una lengua extraña, golpeo la pared de cristal intentando llamar su atención, pero nada, parecía que no lo escuchaba…o veía.
Su espacio, antes vacío, comenzó a llenarse, primero se formaron unos muros de madera, de los cuales comenzó a brotar una especie de brea negra, esta se escurrió formando varios objetos a su paso. En segundos el espacio se formó recreando la imagen frente a él, todo colocado en el lado opuesto y deteriorado. Perdió la cuenta de cuantos rostros vio, cuantas lenguas extrañas escucho…y aprendió. Intento llamar la atención de los demás, pero no lo logro, tampoco logró escapar, por desgracia la magia de su maestro era mayor. Lo que si logro fue darle vida a sus creaciones y desplazarse por otros espejos, aunque siempre tenía que regresar al suyo a recuperar fuerzas. Las salidas de sus animales le acarrearon un sin fin de problemas, perdió la cuenta de las veces que intentaron destruir su espejo, romperlo, quemarlo…ahogarlo. Cansado, desistió de sus intentos de escape, era claro que no lo lograría. Podía tomar objetos de la realidad y llevarles a su mundo, por lo que se adueñó de materiales y continúo trabajando, intentando olvidar que se encontraba prisionero, vivo, pero prisionero al fin.
No recordaba muy bien como llego a manos de la abuela de Hipo, pero si recordaba cuando conoció al pequeño. Su carita llena de alegría la ver su obra; en principio no le dio importancia, seguro de que lo ignoraría después de un tiempo, preocupándose solo de su apariencia…por fortuna no fue así.
El pequeño fue el primero en interactuar con su obra, le escuchaba casi todo el día hablando con sus creaciones, incluso les dio un nombre. Se deleitaba escuchando sus historias, le oía reír, llorar, gritar, todo en compañía de sus creaciones. Algo realmente raro, ya que en ningún momento les dejo salir. Con el paso del tiempo se encariño con el niño, dando incluso algunos regalos.
Le vio crecer y madurar, e intento cuidarlo y protegerle en sus malos tiempos, se volvió en su confidente y amigo. Pero tenía miedo de mostrarse, seguro de que el chico se alarmaría y lo haría a un lado. Por lo que después de mucho pensarlo, decidió presentar primero a sus animales…después de todo eran amigos. Por suerte el chico no se espantó, incluso lo tomo como una buena señal.
Y ahora se presentaba él.
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-o…oye…Toothless… ¿puedo llamarte así?
-claro, no me molesta.
-yo…bueno…tu…, Hipo tenía la cabeza gacha, visiblemente sonrojado,- ¿eres tú el que me acuesta cuando me quedo dormido en otro lado?, el morocho asintió, -¿Cómo lo haces?
-bueno, Técnicamente estamos en la misma habitación, solo que en un plano diferente, lo único que tengo que hacer es doblar los planos hasta juntarlos, es cuando puedo tomar las cosa de la realidad y llevarlas a donde yo desee…aunque es muy agotador, en especial si no hay espejos ahí. Hipo lo miro confundido (ni yo entendí lo que escribí T-T), -ahh, te lo mostrare.
El azabache se acercó despacio y coloco su mano en la mejilla del menor. Hipo logro sentir el calor y la presión de esta, giro buscando a su compañero, pero no había nadie. Trago saliva al sentir como sus labios eran delineados por un dedo invisible, regreso su mirada al agua. Toothless estaba a su lado, delineando su cara de una forma tierna…y sensual.
Aunque no quería admitirlo se había enamorado de ese pequeño, ese niño que vio crecer, al cual cuido y extraño muchísimo cuando se fue al colegio donde le maltrataron, recordaba el odio y furia al escuchar y ver las lágrimas del pequeño. Ese chico que temió perder por culpa de esa rubia, que vio en algunas ocasiones en su habitación.
-yo…cre-creo que en-entiendo, hablo tartamudeando.
El chico se separó de golpe, por un momento empezó a disfrutar las caricias de su "amigo imaginario" –te…te dejo trabajar, voy a preparar la cena. El chico se alejó cual gacela, entro a la cocina intentando controlar su respiración, podía jurar que estaba rojo y su corazón se oía hasta China, aparte de que empezaba a sudar. Intento tranquilizarse mientras sacaba una serie de ollas. Cuando termino se fue directo a la cama, sin hablar con sus animales, se cubrió hasta la cabeza y dio las buenas noches. Los animales lo miraban curiosos, se veía nervioso, se asomaron por la ventana y miraron a su amo, este estaba recostado en el pasto mirando al cielo, mientras mordía su labio inferior intentando calmarse.
Al día siguiente Hipo encontró un enorme rosal junto a la fuente, unas bellísimas rosas moradas, las cuales contaban con pequeños pelillos en la punta de cada hoja, las flores desprendía un aroma dulce e intoxicarte, median cerca de un metro y brotaban de una hermosa maseta de madera, con detalles de mariposas. Sonrió feliz por su regalo, tomo algunas y las llevo a su estudio, para sentarse escribir.
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Tres días después Hipo llego con una gran cantidad de espejos, chicos, grandes, cuadrados, redondos, de distintas formas y tamaños. Quería poder hablar con su amigo libremente, sin tener que esperarle hasta que apareciera en su habitación o en el patio. Tardo todo el día en colocarlos, siguiendo las instrucciones del azabache, cuando acabo espero a que la magia pasara.
Se escuchó un fuerte crujido en toda la cabaña, la temperatura descendió y una ligera neblina invadió el lugar, Hipo se abrazó al cuello de su lobo al contemplar como un líquido negro brotar de las paredes, este descendió bañando todos los espejos, los cuales comenzaron a tragarlo, cuando el líquido se terminó el ambiente comenzó a regresar a la normalidad.
El castaño contemplo como el reflejo cambiaba, dándole ese aspecto lúgubre, su compañero se encontraba a su lado, mirando sus nuevas ventanas.
-ahora… ¿podremos hablar donde sea?
-si…gracias.
Hipo se acostumbró rápido al cambio de reflejo, el cual siempre sucedía donde estaba su compañero. Pasaban días enteros hablando, preguntando sobre su vida o gustos. En ocasiones solo les bastaba la mutua compañía, el castaño escribía mientras su compañero se encargaba de esculpir a sus espaldas.
El chico se asombró mucho al enterarse que en el mundo de su amigo no existía la luz del sol, no existía el día, Toothless le había comentado que su día era la noche, por ello siempre la veía reflejada junto a él. Pero, al llegar la verdadera noche, el entorno de su compañero se volvía completa oscuridad, no había estrellas o luna que alumbraran, solo un manto negro, cubriendo el rededor de la casa. Esto le hizo sentir pena, ahora entendía por que Toothless le pedía que describiese lo que veía por la ventana todos los días, los destellos de luz en los árboles y cosas, las formas de las nubes, como relucía el pelaje de sus mascotas, Hipo intentaba ser lo más detallista al hablar, deseando que solo con su voz su compañero pudiese verle.
El pequeño también agarro la maña de quedarse dormido en otro lugar, le gustaba que Toothless lo cargara, porque sentía que volaba, y literalmente lo hacía, cualquiera que entrara en ese momento y viera la escena podría jurar que Hipo estaba volando. Pero más que nada le fascinaba sentirse protegido, el chico cerraba los ojos y se acurrucaba, cual minino, en los brazos de su amigo. Toothless sabía muy bien que fingía, pero no se negaba a llevarle, ya que le encantaba sentirlo en sus brazos, saber que Hipo estaría bien ya que él lo estaba protegiendo. Cuando le acostaba siempre besaba su frente, pero últimamente ya no lo llenaba…empezaba a desear más.
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-¿ya terminaste?
-casi, solo quiero corregir algunas cosas.
Hipo se encontraba corrigiendo un manuscrito. Meses atrás había recibido una respuesta a sus cartas, una pequeña editorial se interesó en su trabajo y le ofreció la oportunidad de volver a publicar, contaba ya con una recopilación de cuentos y dos novelas, en ese momento trabajaba en una tercera, y estaba por mandar siete cuentos más. Por días se dedicó de lleno a su trabajo, por lo que ignoro un poco a sus compañeros, pero no todo el tiempo. Ahora corregía los cuentos, tenía planeado enviarlos esa misma tarde.
Toothless se encontraba a su espalda, mirándole, en ocasiones Hipo leía algunos fragmentos en voz alta, por lo que siempre tenía una vaga idea de lo que hacía.
-ah…listo, acabe, el chico se estiro un poco, -ahora los llevo al correo.
-eh, ¿no me lo vas a contar? reclamo el morocho haciendo un puchero.
-claro que si tonto, envió una copia y dejo el original aquí. En la noche lo leeré, ahora voy a la oficina de correos antes de que cierre.
El azabache lo miro partir, quería ir con él, pero. Salió a recoger materiales para sus obras, deseaba tener todo listo, dentro de tres meses aparecería una luna azul, solo tendría una oportunidad.
Era de noche. El morocho escuchaba atento la historia, se encontraban junto a la chimenea con las piernas cruzadas; la historia hablaba sobre un niño que era aterrorizado todas las noches por un ente, esa cosa le asustaba, privándolo del confort del sueño, pero no solo eso, parecía que se lo quería comer o arrastrarlo a otra dimensión. Hipo estaba a su lado, imitando una voz amenazante, por desgracia no le salía muy bien, ya que su voz era muy dulce.
-…dos semanas después, mi familia y yo nos mudamos de aquellas casa…fin… ¿te gusto?
-pues…mmm…prácticamente estas diciendo que yo soy un ente malvado, que no te dejo dormir y deseo comerte, hablo sarcástico.
-¡QUE!... ¡NO!...claro que no, no hablaba de ti, lo juro, la historia solamente se me vino a la cabeza.
-ah…entonces es lo que piensas de mí.
-¡No!, por supuesto que no, el chico se había girado donde supuestamente estaba su amigo, -yo…bueno yo…la escribí pensando en mi escuela…a veces me daba miedo que mis compañeros entraran y…
Un dedo invisible callo lo labios del chico, detestaba que hablara de su escuela, casi todos los recuerdos de esta eran trágicos y eso lo hacía sentir muy culpable… debió estar ahí para protegerlo.
-solo bromeaba, sé que no te referías a mí.
El chico cerró los ojos al sentir la caricia, detestaba no poder ver a su compañero. Dio un ligero respingo al sentir como le abrazaban, apretó más los parpados y se dejó llevar, aferrándose a esa espalda invisible. En poco tiempo se encontró en su habitación, su compañero le recostaba en la cama con sumo cuidado. Hipo se giró al espejo y le dio las gracias con una sonrisa.
En esta ocasión Toothless no se marchó de inmediato, se recargo a su lado, acariciando su cabello. El castaño mordió su labio y se dejó mimar, podía sentir como el calor se concentraba en su cara, la cual, estaba seguro, se encontraba roja.
Toothless ya no lo resistió más, con un poco de miedo se acercó a los labios del menor y comenzó a besarlo, de forma lenta, tierna, llena de amor, el pequeño no sabía muy bien cómo reaccionar, apretó las sabanas bajo él y comenzó a responder de forma tímida.
Cualquiera que viese la escena tomaría la joven como un puberto, un chico que practica en su habitación besando a su almohada, peluche o equis fruta, pero en este caso al aire.
Pasados algunos segundos, los besos se hicieron más demandantes, el pequeño se aferraba a su invisible amante, mientras intentaba recuperar un poco de aire. El ligero roce de una lengua, explorando su cavidad bucal, alentando a la inquilina a danzar con ella, las suaves y tiernas caricias que su espalda recibía, así como el calor y peso extra en su cuerpo lo estaban volviendo loco.
Cuando se separaron Hipo bajo su vista a su pecho, este subía y bajaba acelerado, bajo los brazos despacio, mientras su mirada se volvía tímida y nerviosa, podía sentir la respiración de su compañero en su cuello, así como un peso extra sobre él.
Ya no había marcha atrás, tenía que jugársela, solo tendría una oportunidad, solo esperaba que Hipo no lo rechazara.
-me gustas…me gustas mucho Hipo, su nerviosismo aumento al sentir como el cuerpo bajo el comenzaba a temblar, -y…yo quiero…que seas solo mío. Te quiero para mi Hipo…como mi pareja, como mi amante.
El corazón del chico se detuvo al oírle, giro, con grandes ojos, para verle, pero no encontró nada, por lo que regreso la mirada al espejo, mientras se sentía avergonzado por esa acción.
-cada…cada mil años aparece una luna azul. Mi maestro me enseñó a aprovechar su poder, yo…no pudo salir de aquí pero, el azabache comenzó a acariciar las mejillas de Hipo, este solo temblaba ante su tacto, -pero…puedo hacer que tu entres, hablo nervioso, -vivirías conmigo, jamás envejecerías, yo te cuidaría siempre.
Hipo mordió sus labios, alejo a Toothless con un suave empujón, mientras se sentaba en la cama, con la cabeza gacha. El azabache lo miro triste, decepcionado, parece que había malinterpretado las acciones del menor, se levantó de la cama dispuesto a irse, antes de cruzar la puerta la voz del menor lo detuvo.
-yo…déjame…déjame pensarlo…necesito pensarlo bien.
-claro, me puedes dar tu respuesta ese día…antes de que anochezca.
-mju, Hipo asintió con la cabeza, dio las buenas noches y se acostó.
Toothless se sentía muy mal, parece que al final la historia si hablaba de él, un ente malvado que deseaba arrastrar a un pequeño a su mundo de oscuridad.
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Al día siguiente ni Toothless ni sus amigos aparecieron, el morocho decidió dejarle solo y no agobiarlo con su presencia, o la de sus mascotas, congelo a sus animales y evadió al chico todo el tiempo.
El ojiverde agradeció esto, de dedico de lleno a su novela, la cual ya tenía muy adelantada, se encerró en su estudio, saliendo solo para lo más indispensable…tenía miedo de lo que elegiría.
Lo más razonable era decir no. Porque ¿Quién querría entrar a un mundo donde no existe la luz del día?, un mundo plagado por la noche y algo peor a esta, sin personas a tu alrededor, sin sus padres y amigos. Si, le gustaba pasar tiempo con Toothless, la verdad lo adoraba, pero…también le gustaba pasar tiempo en el pueblo, jugar con los niños, platicar con Anna y el señor Jones, observar el amanecer…estar con sus queridos padres, extrañaría las bromas de su padre, sus constantes quejas sobre los impuestos o partidos de futbol, detestaría no volver a escuchar la melodiosa voz de su madre, sus cuidados y mimos, los consejos que le daba… No, el no podía renunciar a eso.
Cuando termino su novela regreso a la ciudad…solo. Se puso en contacto con la editorial y puso en marcha los preparativos para la publicación.
Toothless le vio partir, pero no hizo nada por detenerlo, aún faltaba un mes. Se dedicó a hacer esculturas en madera y piedra, adornando su "lado" de la casa, los materiales se los traían sus queridas mascotas del bosque. Con el trabajo aminoraba un poco el miedo de la posible respuesta, aunque estaba seguro esta seria negativa. Talvez se había equivocado, posiblemente Hipo no sentía lo mismo por él, después de todo el chico tenía más contacto con otras personas, ya se había enamorado una vez, nada aseguraba que no estuviera enamorado de nuevo. En el tiempo que llevaba ausente, tal vez conoció a una chica…o chico, una persona que podía ofrecerle libertad absoluta…y no una prisión eterna.
Faltando tres días dejo de trabajar, dedicándose a esperar junto al espejo de agua.
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La noche caía, el plazo estaba por cumplirse, observo como las estrellas comenzaban a desaparecer, una a una, la luna comenzaba a opacarse. Soltó un suspiro, aguantando las ganas de llorar, debió preverlo, era lo más lógico, triste decidió entrar.
Sus ojos se abrieron al ver a Hipo frente a él. El chico bajaba tímidamente los dos escalones de madera, mientras le llamaba en un susurro.
-To…Toothless… ¿estás aquí?
-si…junto a la fuente
Hiccup se acercó despacio, al llegar fijo su mirada en el espejo de agua, Toothless intento acercarse, pero lo detuvo con un gesto, mientras le suplicaba escucharlo.
-yo…no…yo no puedo, no puedo abandonar este mundo así de fácil, aquí es donde nací, es el lugar al que pertenezco. Mis padres, mis amigos, mi carrera, todo, todo lo que soy está aquí, hablo triste, -yo, no puedo renunciar a ello, también hay muchas cosas que me gustaría hacer, lugares a los que deseo ir, personas por conocer y…
-te entiendo, lo detuvo con un seño, -tienes razón, es tu mundo, hay gente agradable y lugares muy hermosos, aparte….tienes la luz del sol…y libertad. Y yo, lo único que te ofrezco es una prisión y la oscuridad perpetua…tienes razón en rechazarme, intento decir más pero la voz de Hipo lo detuvo.
-me… ¿me amas?
Toothless abrió los ojos ante la pegunta del menor. Este miraba sus reacciones en el reflejo, impaciente por su respuesta.
-Sí, te amo.
El castaño sonrió, rodeo la fuente y se acercó a su amigo, con nervios, y guiándose por el reflejo tomo su brazo, aferrándose de la imaginaria prenda.
-entonces…entonces tendrás que demostrármelo todos los días, hablo aferrándose a su brazo, -tendrás que tenerme paciencia, si en ocasiones me siento triste y extraño mi vida pasada, si me enojo y te reclamo por ello, tienes que recordarme cuánto me amas…y cuanto te amo yo a ti.
-Hipo…tú.
-te amo…y quiero estar contigo toda la eternidad, el menor sonreía feliz y sonrojado.
-te amo, y te lo recordare todos los días, no te arrepentirás de haberme elegido, aseguro.
-más te vale, o te hare la vida un infierno, amenazo divertido.
Toothless lo abrazo amoroso, Hipo se dejó mimar, cerró los ojos y se abrazó más a ese cuerpo invisible.
La oscuridad estaba por acercarse, si quería llevarse a Hipo tenía que hacerlo ya, lo abrazo con fuerza y le ordeno no abrir los ojos, el chico obedeció. Toothless cortó una de sus palmas y comenzó a hablar en un lenguaje muy extraño. La luna que se reflejaba en el agua comenzó a tomar un color azul, el morocho vertió su sangre en esta y empezó a trazar una serie de signos. Cuando el espejo comenzó a brillar tomo la mano de Hipo y la introdujo en el líquido.
El castaño alcanzo a sentir como algo lo jalaba, seguido de un frio sepulcral y un ligero dolor de cabeza. Logro escuchar la voz de Toothless, el chico le pedía abriera los ojos lentamente.
Hipo obedeció, se sentía mareado. Cuando sus ojos se abrieron se dio cuenta de que estaba sentado en el pasto, era de noche, o eso parcia ya que había pocas estrellas.
-¿estás bien?
Al girarse vio a un chico frente a él, de cabello largo y negro, con piel pálida y ropa obscura. Un bello ojo verde toxico lo miraba fijamente, el otro se encontraba escondido por su flequillo. El joven acariciaba su cara, notablemente preocupado, movió un poco al chico buscando llamar su atención.
-Hipo… ¿me oyes?
Por un momento pensó que el hechizo no había funcionado. Tal vez el alma del chico no había cruzado, por tal motivo se había quedado catatónico. Volvió a relajarse cuando Hipo se aventó a sus brazos y comenzó a besarlo, feliz de poder verlo en persona.
La oscuridad se acercaba, por lo que tomo al menor en brazos y se adentró en la casa.
Los ojos verdes miraron sorprendidos, ahora que la veía de cerca, la casa del reflejo era muy hermosa…y diferente. Una gran cantidad de plantas, exóticas algunas, adornaban el marco de la puerta, así como el corredor. En el techo se encontraba una gran cantidad de orquídeas, de colores brillantes, acompañadas por mariposas luminosas; el techo estaba plagado de enredaderas, de las cuales caían hermosas flores que parecían campanas doradas. Se respiraba un aire frio, fresco, natural.
Levo al menor a su "estudio" , sus pequeños y escasos muebles seguían ahí, pero ahora acompañados de otros, un finísimo escritorio, decorado con aves y montañas, unos hermosos papiros, carboncillos, tintas, una hermosa silla tallada con plantas. Hipo miraba curioso los artilugios, se giró y le pregunto con la mirada sobre el porqué de ellos.
-son…para que continúes escribiendo…tu…tu creas las historias y si lo deseas…yo las vuelvo realidad.
El castaño sonrió y abrazo a su pareja, -bueno, es un buen inicio…siempre quise escribir con una pluma de ganso, menciono divertido.
Con cuidado levanto el cabello de su amante, dejando al descubierto dos hermosos, e hipnotizantes, ojos verde toxico, los cuales le miraban con infinita ternura. Comenzó a delinear sus facciones, feliz de poder verlas de cerca, sus cejas espesas y obscuras, su fuerte barbilla, su nariz afilada. Toothless era muy guapo, representaba toda la belleza nórdica, con rasgos fuertes y salvajes, pero a la vez delicados y finos, muy parecido a las imágenes de los cuentos o a los actores de las películas, claro que sin la necesidad de maquillaje, ya que su belleza era natural.
-e…eres muy guapo, hablo nervioso mientras ocultaba su rostro en el pecho de su amigo, para que no viese su rubor.
-gracias, el azabache comenzó a oler su cabello mientras sobaba su espalda, -tú también eres muy guapo Hipo.
No podía negar que esos rasgos infantiles lo tenían a sus pies, sus mejillas levemente abultadas, cubiertas por esas hermosas pecas color canela, sus delgados y rozados labios, que le brindaban el néctar más dulce que hubiese probado, su alargada y a la vez chatita nariz era un punto intermedio fascinante, pero lo que más le gustaban eran sus ojos, su color y mirada le recordaban a los días de verano, donde el sol alumbraba la copa de los árboles, haciéndoles brillar con un verde claro, mientras una suave briza refrescaba el ambiente, un día lleno de luz, una luz que ahora tenía.
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Ya habían pasado dos meses en los que no sabían nada de su hijo, por lo que el matrimonio Haddock decidió ir a buscarle, en especial después de recibir una carta donde el castaño les heredaba todos sus bienes.
Cuando bajaron del auto se asustaron al ver a un enorme lobo en la entrada, el animal les miro de reojo mientras se levantaba, dio un pequeño gruñido y se adentró en el bosque. La pareja entro presurosa llamando a su hijo, temiendo que ese animal lo hubiese lastimado. La cabaña contaba con una gran cantidad de espejos, pero todos ellos se encontraban opacos, no reflejaban nada. Cuando ingresaron al estudio se encontraron con una caja de cartón, llena de hojas, ordenadas y separadas, eran una serie de cuentos y una novela, junto a esta una carta para ellos, escrita por su hijo.
En esta Hipo les narraba lo sucedido, paso a paso; al iniciar la lectura creyeron que su hijo se había vuelto loco, pero conforme avanzaban…bueno, ya no sabían que pensar. Al terminar se dirigieron a la habitación del chico, el espejo que su abuela le regalo estaba ahí…opaco. El matrimonio no sabía que pensar, estaban seguros de que su hijo había caído en la locura y posiblemente había cometido un grave error, por lo que decidieron pedir ayuda a la policía.
Apunto estaban de salir cuando un crujido llamo su atención, al girar observaron como el espejo comenzaba a aclararse, el cristal se transparento dejando al descubierto el reflejo de una habitación, muy parecida a esa…pero con ligeros cambios y…algo lúgubre.
Sus ojos se abrieron asustaos al verle de cerca. Hipo estaba en el otro lado.
El chico se encontraba tumbado en la cama, con dos conejos a su lado y comiendo moras, se escuchó el abrir de la puerta, por lo que el joven se levantó, quedando sentado en el mueble. Un hermoso gato blanco entro corriendo y brinco a sus piernas, el chico grito emocionado mientras lo tomaba en brazos y comenzaba a mimarlo.
-¡es bellísimo!, ¡y tiene el lunar en su frente! justo como lo imagine, se paró de un brinco y corrió a la puerta, había alguien ahí,-se lo presentare a los demás, hablo alegre mientras le daba un ligero beso a la persona a su lado y salía corriendo por la puerta.
Toothless le vio alejarse y sonrió, tener a su compañero ahí lo llenaba de vida…aunque, tendría que enseñarle a utilizar los espejos, porque era claro que no había visto u oído a sus padres, los cuales golpeaban el espejo intentando llamar su atención. Tomo un respiro y se acercó a la "ventana", mirando fijamente a sus suegros.
-él estará bien, yo voy a cuidarlo, no se preocupen cuando pueda hablara con ustedes, solo esperen un poco.
El escultor no les dio tiempo a protestar, coloco su mano en el espejo y este comenzó a cristalizarse. De momento no le interesaba compartir a su pareja, salvo con sus mascotas, pero era consciente de que algún día tendría que ayudarle a hablar con sus progenitores.
Se encamino al jardín, donde escuchaba las risas de su niño y el alboroto de sus animales. Al salir fue recibido por dos hermosos soles… los ojos de su amante. Sonriendo se acercó a besarlo, teniendo a ese pequeño astro de luz a su lado, no le molestaba vivir en la oscuridad eternamente.
Fin.
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espero te gustara la historia, intente hacerla terrorífica y cursi, pero creo que no me quedo muy bien, si no te agrado déjame el reviw y escribiré otra.
