Lo siento, pensaba subirlo prontísimo, porque este capi iba unido al anterior, pero hubo algunos problemas...

"sentimentales".

Siento que las/os decepciono TT

Al.


El amor con amnesia no es… bueno.(II)

— Sal, corre— me dijo Alice mientras corría hacía la puerta trasera, e iba en busca de Edward.

— ¿sabrá donde estoy? — le pregunté ya fuera.

— ¡Sí! ¡Corre!

Me sumergí en esa increíble verdor de árboles hasta no ver la casa, ni ver a nadie más.

— Edward… Edward ¿dónde estas?

Seguí corriendo por no sé cuanto tiempo, hasta que me dí por vendida de que no lo encontraría. Y llegué a un río.

— Perfecto, ahora, además de mi niñera perdida, también estoy yo.

— ¿cómo me has llamado? — dijo una voz detrás de mí.

— Pues niñera. Cómo te iba a llamar si no mi… Edward.

— Bella… ¡me recuerdas! — gritó, haciéndome girar, y besándome. Alice me avisó de esto, y yo le correspondí el beso.

Y no a disgusto. Besaba claramente bien. Quizá acabaría volviéndome a enamorar de él…

— Bella…. ¿Recuerdas todo? — me preguntó.

Intenté mantener la calma.

— Recuerdo que te quiero, y que tú me quieres a mí.

— Oh, Bella…— susurró, mientras me acercaba a su pecho, y me acariciaba la nuca. Era fácil estar así. Algo incómodo por que nunca había estado tan cerca de un chico tan especial, pero era fácil no fingir.

— Bella… ¿todo te pasó por saber lo que soy?

— ¿cómo? Edward…— me reí tímidamente— tú eres tan normal como…. Como Angela.

— Bella, permíteme refrescarte la mente. No… no es eso lo que pasó…

— Edward, me acuerdo perfectamente— intenté persuadirle— estábamos en el claro… y bueno… tu y yo…

Me sonrojé al pensar lo que había pasado, aunque no lo recordaba.

— Bella, llevo casi un siglo viviendo, no me vas a tomar por tonto. Tú… no… recuerdas…

— ¡¿qué… QUÉ?! Un…. ¿¡Un siglo viviendo!? — grité histérica, interrumpiéndole. Cabos sueltos empezaron a atarse en mi cabeza.

— ¿Bel…

— No… no me toques— dije alejándome de él. — vete. No mejor, ya me voy yo.

Comencé a correr, y no se como, corrí a una velocidad sobrenatural. Salté el rio de una zancada, pisando sobre una roca con una agilidad incomprensible, y seguí y seguí, hasta la casa.

— ¡Alice! — grité, llorando. — Alice, ayúdame…

Alice estuvo en el momento exacto para cogerme, antes de que me cayera.

— ¿qué ha pas…— su mirada se fue, perdida entre los bosques, y al momento volvió— ¿Qué has hecho, Bella?


¿Qué pasará a partir de ahora?