Normalmente actualizo los martes, pero tengo unos cuantos capítulos escritos y se me van acumulando... Así que he pensado que no pasa nada por actualizar un día antes, ¿no? jaja
¡Disfrutar el capítulo! Y cuantos más reviews tenga, más ganas de escribir tendré y más ganas de actualizar antes (solo digo jaja).
Gracias por leer :)
Capítulo 10:
Castle
Alexis me observa desde la cama, con los ojos entornados y a punto de ser desbordados por las lágrimas.
— Calabaza, no… No pasa nada. Está bien — Digo, acercándome a ella y rodeándola con mis brazos — Todo está bien.
Ella recuesta su cabecita sobre mi hombro y comienza a sollozar levemente. Yo trato de reconfortarla.
— ¿Sabes? Yo cuando tenía tu edad… También mojaba la cama a veces.
Camino con ella hasta el cuarto de baño y comienzo a quitarle el pijama, también empapado en su propio pis, mientras le hablo de cuando yo era pequeño, tratando de hacerle olvidar el pequeño incidente ocurrido en la cama.
Mi madre aparece en el baño minutos después, cuando yo estoy enjabonando el cuerpo de Alexis.
Hace apenas dos días que nos mudamos al pequeño apartamento de mi madre. Era algo que iba a ocurrir tarde o temprano, pues los padres de Meredith acabarían por echarnos de su casa, y tampoco quiero parecer un mantenido, así que esta es la mejor opción.
— Yo me encargo de las sábanas — Gesticula mi madre después de haber recogido el pijama del suelo.
Martha Rodgers es una persona extrovertida, demasiado a veces, y muy peculiar. Digamos que tiene un estilo y personalidad muy propios. Pero es una gran persona, sobre todo si se trata de ayudar a su hijo y a su nieta.
Su apartamento solamente tiene dos habitaciones: la suya y la de invitados, que es la que Alexis y yo compartimos ahora, hasta que podamos encontrar un lugar para vivir.
Con Alexis ya limpia y más calmada preparo el desayuno. La siento a la mesa, colocando delante de ella un tazón con leche y cereales de colores. Después hago café para mí solo, ya que mi madre prefiere tomar sus infusiones, o uno de esos zumos verdes con aspecto poco fiable.
— ¿Qué tal está? — Pregunta cuando regresa a la cocina.
— Bien. Creo que han sido demasiados cambios estas semanas: Meredith, las idas y venidas a comisaría, la casa, el funeral...
Al parecer el forense dictaminó que ya se habían tomado todos los exámenes y pruebas del cuerpo de Meredith. Es decir… su cuerpo no les iba a conducir a ninguna nueva pista, por lo tanto nos habían dejado enterrarla. El entierro se llevó a cabo ayer en una pequeña capilla de su familia, en el condado de Westchester.
Creo que sin duda tener que despedirse de su madre fue un golpe duro para Alexis, y seguramente ése sea el motivo por el que hoy ha mojado la cama.
— Kate… — Dice mi madre de pronto.
— ¿Qué quieres decir?
Desde el intenso encuentro en su dormitorio, Kate y yo apenas nos habíamos visto un par de veces, y en las dos ocasiones Alexis estaba delante, así que lo justo que pudimos compartir alguna caricia.
— Bueno… ¿Estáis saliendo, no? Es otro cambio para Alexis. Y para ti.
— Madre, Alexis… Se lleva estupendamente con Kate. Es más, creo que está siendo de gran ayuda para ella. Y yo…
— También está siendo de gran ayuda para ti — Afirma ella.
Me apoyo en la encimera de la cocina y voy a decir algo, pero ella alza las manos.
— No voy a juzgar vuestra relación, solo digo que tal vez deberíais tomároslo con calma.
— A la tarde tengo que ir a hacer unas gestiones y a hablar con un nuevo abogado por el tema de la herencia — Intento cambiar de tema. Y me ahorro explicarle que ese "abogado" no es otro que la madre de Kate — ¿Podrás quedarte con Alexis?
— Sí. Pero no olvides que mi vuelo a Los Ángeles sale a las siete en punto.
— Estaré de vuelta para entonces — Le aseguro, besando su mejilla.
Cuando llego al bufete de abogados donde trabaja Johana Beckett, compruebo que es un sitio bastante elegante. Seguramente a la madre de Kate no le faltan clientes.
Su secretaria me indica que espere en uno de los asientos de lo que parece una salita de espera.
Me acerco a la ventana y observo las vistas desde allí, donde se pueden apreciar las copas de los árboles de Central Park. Desde aquí arriba no se escucha el ajetreo de la ciudad.
Cinco minutos más tarde escucho una puerta abrirse a mis espaldas. Cuando me doy la vuelta identifico al instante a la madre de Kate, el parecido con ella es bastante razonable.
Johanna viste con un aspecto formal: falda gris, camisa blanca y unos botines de punta negros.
Me fijo además en el hombre al que está estrechando la mano, quien no tiene aspecto de persona adinerada. Él le da reiteradamente las gracias antes de abandonar el bufete.
— Buenos días — Digo yo cuando ella termina de hablar con su secretaria — No he pedido cita, pero... Me preguntaba si podríamos hablar un momento.
— Hola — Dice ella extendiendo su mano — Claro, ahora no tengo ninguna cita… Soy Johanna Beckett.
— Richard Castle.
Johanna alza las cejas al escuchar mi nombre, y comprendo inmediatamente que sabe quién soy.
— ¿Castle? — Me limito a asentir — Pasa — Dice, indicándome con una mano el interior de su despacho.
Cuando entro observo las paredes, llenas de diplomas y placas.
— Me gusta colaborar con actos benéficos — Explica ella, refiriéndose a que todas esas placas provienen de ésos actos.
— Vaya… — Murmuro — No es muy típico en un abogado.
— La mayoría piensa que solo puedes defender un caso cuando hay dinero de por medio. Pero yo soy abogada, creo en la justicia, independientemente del estatus de mis clientes.
Cuando me doy la vuelta ella ya está sentada en el asiento que preside su escritorio. Me indica con una mano uno de los asientos al otro lado de éste.
— Kate no me avisó de que vendrías…
— No, ella… No sabe nada — Explico, una vez sentado frente a ella — Kate me habló de usted, me dijo que era una abogada excelente.
Johanna sonríe levemente.
— Trátame de tú, por favor. Kate también me explicó tu caso… ¿Es por eso que estás aquí?
Agradezco la profesionalidad de Johanna Beckett.
Le explico más a fondo el tema de la herencia de Meredith y ella rápidamente me explica los puntos a favor y en contra de ganar un juicio contra los padres de Meredith si ellos llegasen a poner una demanda. También me explica que siempre se podría hacer a un acuerdo con su abogado sin tener que llegar a juicio.
— Sé que es una situación algo extraña… — Digo yo — Tu marido casi me culpa de asesinato… Pero… Yo…
— ¿Quieres saber si estaría dispuesta a llevar tu caso? — Dice ella, tratando de esconder una sonrisa por mi nerviosismo.
— Sí, eso es. Tampoco tengo mucho dinero, puedo pagarte, pero si…
— Como te he dicho antes, no me importa el estatus económico de mis clientes, ajustaremos una cifra razonable. Y yo no trabajo con mi marido, yo defiendo a personas inocentes.
— Claro.
— También confío en el instinto de Kate. Siempre se le dio muy bien detectar a los culpables, y creo que tú no lo eres.
— ¿Entonces…?
— Sí. Te voy a defender.
— Gracias, esto… Yo… En serio, no sabes cuánto te lo agradezco.
Por unos segundos veo la misma sonrisa de Kate en su rostro. Y al parecer ella se acuerda también de su hija.
— Solo dime… ¿Eres el culpable de la sonrisa de Kate? Porque estos últimos días ha estado con esta tonta sonrisa en el rostro…
— Yo…
— Castle — Dice, inclinando su cuerpo ahora hacia delante — Voy a ser sincera. Me preocupa la diferencia de edad, me preocupa que tú seas padre, y me preocupa que acabas de pasar por una situación terrible… Pero sobre todo, me preocupa que puedas hacerle daño a mi hija.
Me doy cuenta de que ni siquiera ha nombrado la intromisión de Kate en el caso por mi culpa. No le preocupa eso, solo le importa que Kate sea feliz.
— No lo haré. Sé que es muy pronto, pero Kate… Es especial — Ella asiente. Sin duda, ya sabe eso — Nunca sentí nada parecido por Meredith.
Es lo único que puedo decir, incapaz de explicarle que su hija me hace sentir de una forma especial, que me hace temblar cada vez que la tengo cerca… O que pensar en ella me está volviendo loco.
Johanna se limita a asentir y me agradece con la mirada, pero también siento, detrás de esa mirada, el miedo como madre y su instinto protector hacia Kate.
Media hora más tarde, en el taxi de camino a casa de mi madre me doy cuenta de que no voy a llegar a tiempo. No si quiero que mi madre no pierda ése avión que le llevará a Los Ángeles y que, según ella, le hará debutar en su gira con "El rey Lear".
— Perdone — Me dirijo al taxista, asomándome por entre los asientos traseros del vehículo — ¿No puede hacer nada por evitar el atasco? Es importante…
— Todas las avenidas colindantes están cortadas. Parece que ha habido algún accidente en el puente de Brooklyn — Dice él, encogiéndose de hombros.
Paso una mano por mi cabello, despeinándolo en un acto desesperado. Pienso que tal vez podría ir andando, pero enseguida descarto la idea, pues la distancia hasta casa de mi madre es demasiado larga.
Solo hay una persona que tal vez pudiese quedarse con Alexis… Llamo a Kate y le pido – casi le suplico – que me haga éste favor. No le explico que el motivo por el que me retraso es que he ido a ver a su madre. Por suerte ella accede sin ningún problema y me promete que Alexis estará bien.
Kate
Cuando la madre de Rick me abre la puerta de su apartamento me estruja entre sus brazos, murmurando lo agradecida que está de que esté allí.
— Ya creía que perdería mi vuelo. Richard ha ido a ver a un abogado cerca de Central Park y al parecer ahora ha pillado atasco…
Aunque lo que acaba de decir Martha me desconcierta, pues el bufete de mi madre se encuentra por esa zona, no le doy más importancia.
La pelirroja se agacha junto a su nieta y le da un fuerte beso en la mejilla, dejándole la marca de su pintalabios de color rojo.
— Mi hijo llegará enseguida — Explica mientras agarra su pequeña maleta de color verde por el asa.
— No te preocupes Martha, estaremos bien.
— Sí, eso espero – Murmura ella, haciendo aspavientos con las manos — Hazme un favor y echa un ojo también a Richard.
— Yo… - No sé qué decir a ésa petición.
— No te preocupes — Dice ella ante mi cara de agobio — Mi hijo me ha contado que estáis saliendo. Asegúrate de que está bien, ¿sí? La última vez que lo dejé solo casi incendia la casa.
Y tras decir eso la pelirroja abandona su propio apartamento. Dejándonos a Alexis y a mí a solas.
— Bueno… — Digo, girándome hacia la pequeña — ¿Y tú cómo estás, Lexie?
Sonrío cuando ella tuerce los labios y se encoge de hombros.
— ¿Quieres jugar a algo?
Veo que ella todavía se mantiene en silencio. Así que echo un vistazo al salón, descubriendo que en una esquina del sofá sobresalen un par de muñecas.
Nos pasamos el rato jugando con ellas y, aunque no consigo hacerle hablar, sí consigo escucharla reír, y eso me llena de alegría.
Cuando llega Rick estamos las dos tumbadas en la alfombra del salón haciéndonos cosquillas.
— Vaya, sí que os lo estáis pasando bien sin mí — Dice él captando nuestra atención.
Alexis corre a abrazar a su padre, y éste le dedica unos minutos de atención antes de hablar conmigo.
— ¿Todo bien? — Le pregunto cuando él se acerca a mí con una sonrisa.
— Sí. Hacía semanas que no la escuchaba reír así — Dice, volviéndose hacia su hija, quien ahora está encendiendo el televisor — Gracias.
Yo le devuelvo la sonrisa y en esos momentos siento unas ganas terribles de besarle. Pero no allí. No delante de Alexis.
Le agarro por la muñeca y tiro de él hasta la cocina, donde me inclino sobre mis talones para igualar su altura y capturo sus labios con los míos.
— Tenía ganas de hacer esto — Susurro, mordiendo después su labio inferior.
Él se queja pero en el fondo no parece molestarle, pues me agarra por la cintura sentándome sobre la encimera, teniendo un mejor acceso a mi boca.
Lo detengo cuando siento su mano sobre mi cintura. No deberíamos continuar. No aquí. No ahora.
— ¿Has conseguido hablar con algún abogado? — Le pregunto, tratando de iniciar una conversación.
— Mhm — Él intenta volver a besarme, pero es solamente un intento por despistarme.
— No deberías tratar de engañarme, recuerda que soy poli — Le digo, mordiendo de nuevo su labio inferior.
— Ahhh — Se queja — No sé de qué me hablas — Intenta disimular, enarcando una ceja.
— Se te da muy mal mentir, ¿sabes? ¿Quién es ese abogado al que has estado viendo cerca de Central Park?
— ¿Qué insinúas? — Dice él en un tono divertido — ¿Sabes la de abogados que tiene que haber en ésa zona?
— ¿Y cuántos de ellos son mi madre? — Pregunto, directa. Él sonríe a modo de disculpa y yo golpeo suavemente su hombro — ¿Por qué no me has dicho que ibas a ver a mi madre? ¿Y qué te ha dicho ella? ¿Le has hablado de lo nuestro? ¿Va a ayudarte?
— A ver… por partes — Ríe él, cogiéndome las manos — No te he dicho nada, porque no quería que te vieses forzada a decirle nada a tu madre, creo que es algo que tenía que hacer por mi cuenta.
— Vale — Asiento, comprendiendo su punto.
— Ella me ha explicado las opciones que tengo y va a ayudarme.
— ¿En serio? — Alzo la voz, sorprendida, casi gritando — Dios mío, a mi padre le va a dar algo… Pero tienes todas las posibilidades de ganar. Ella es muy buena.
— Eso espero — Sonríe él — Y respecto a si le he hablado de lo nuestro… En realidad ha sido ella la que ha sacado el tema.
De pronto siento un nudo en el estómago, pero Rick acaricia mis manos con su pulgar y ése gesto me tranquiliza.
— Creo que está conforme, aunque no muy convencida de que vaya a salir bien… O eso me ha parecido.
— ¿Y tú? — Pregunto de pronto, casi sin pensarlo — ¿Crees que va a salir bien?
— Kate yo… Ya te lo dije, apuesto por esto y tú me gustas. Mucho. Y no solo eso, sino que siento algo por ti. Sé que es muy pronto, pero te lo demostraré.
Trago el nudo que se ha formado ésta vez en mi garganta y le beso una última vez antes de volver a mi casa.
