Capítulo 10 Pasado. Parte I
Hyoga botó el suéter a medio camino para disminuir el olor y se paró más tarde a limpiarse con un grifo de agua de un parque. Luego regresó al auto y siguió las indicaciones del pelinegro.
-Te faltó el desinfectante pero eso será en la casa, mientras tanto trata de no ir al baño y tocarte algo importante con esa mano. No queremos que se afecte tu futura vida sexual-dijo Haru, en tono divertido y pícaro.
Hyoga contuvo la risa y miró a Haru.
-Basta, Haru. No tendré nada con Shun-dijo Hyoga, deteniendo el auto frente un taller.
-¿Quién mencionó a Shun?-preguntó él, esta vez con una sonrisa de oreja a oreja que hizo sonrojar a Hyoga.
El pelinegro se bajó del auto y esperó a que el rubio recuperara el color y lo alcanzara.
-Bueno, ¿Qué hacemos aquí?-preguntó Hyoga, cambiando discretamente el tema.
-Todo Tokio le debe la vida a Shun. Pero, los que lo conocen personalmente y saben quién es y como se llama es porque le deben esta y la vida siguiente, ya que los ha sacado de las peores situaciones. Taki, es uno de ellos.
-¿El tipo de las motos? Eso me recuerda que no ha llamado en casi una semana.
-Ahora lo veremos-dijo Haru tocando el timbre.
El pelinegro tocó un par de veces más hasta que Taki salió, mas dormido que despierto. Al ver a Hyoga y su semblante de pocos amigos, se le esfumó el sueño.
-¡Oh, hombre! ¡Ya iba a llamarlo, sólo estaba esperando que Shun saliera de…!
Hyoga enarcó una ceja y miró a Haru, éste entendió que debía hacer callar a Taki.
-Taki, hace frio, haz el favor de dejarnos pasar-dijo Haru, dos segundos antes de entrar.
El japonés rockero, como lo llamaba Hyoga, se hizo a un lado y dejó entrar a los dos hombres, no sin antes estremecerse ante la presencia del rubio que a él se le antojaba amenazante.
-¿Taki, tu sabes donde se hacen las carreras ilegales? ¿O donde se hacían hasta hace algunos años?
-Claro, esos desgraciados de Noctis compraron los terrenos, sabrá dios para qué, ni siquiera los usan. Ese era el mejor sitio pero ahora hay otro que…
Hyoga y Haru se miraron: habían dado en el clavo.
-No nos interesa el otro sitio. ¿Sigues corriendo con tu grupo? ¿El que Shun salvó por andar corriendo donde no debían?
-Sí, pero ¿Qué sucede? Y más importante, ¿Dónde está Shun? ¿Está bien?
Hyoga frunció el ceño al percibir el cambio en el tono de voz de Taki.
-Necesitamos una distracción. Podría funcionar, pero es arriesgado-dijo Haru, mirando a Hyoga.
-¿De qué están hablando?-preguntó Taki
El rubio sólo asintió y Haru se dio la vuelta para hablar con Taki
-Shun no está bien, lo tienen encerrado en una casa en esos terrenos.
-¿La casa blanca?
-La misma, ¿la has visto?
-He estado dentro de ella, nosotros siempre nos metíamos ahí para…bueno…
-No nos interesa eso, Taki. Vamos a necesitar un favor de ustedes.
-¿Por Shun? Lo que sea, sólo pídelo.
-Es arriesgado, pueden estar armados-dijo Hyoga.
-¿Y quien dijo que nosotros no? ¿Qué necesitan?
Durante dos horas los tres hombres armaron un plano de los terrenos, usando la excelente memoria de Hyoga y los recuerdos de Taki. Planificaron la cantidad de autos, armas y situaciones que se podían presentar para luego estudiar la forma de salir de ahí sin perder a nadie.
Al final armaron completamente el plan y todo parecía perfecto. Eran casi las cuatro de la mañana, cuando Hyoga y Haru salieron del taller de Taki.
-Empezaré a llamar a los chicos a primera hora de la mañana-dijo Taki
-Bien. Gracias, Taki-dijo Haru
-Oye, ya te lo dije, por Shun lo que sea.
Los tres hombres se despidieron y Hyoga y Haru se fueron el auto, aun pensando la misión.
-¿A dónde voy a llevarte?-preguntó Hyoga.
-Me quedaré en el refugio. Tú puedes hacerlo también, si quieres-dijo Haru.
-No te preocupes, aun tengo que pensar en algunas cosas. Te dejaré ahí y me iré a mi casa.
Haru se quedó mirando a Hyoga durante varios segundos. Parecía que hablaba por inercia y no era precisamente por el sueño, el rubio no dejaba de pensar en Shun y en todos los pensamientos catastróficos que creaba su mente.
Sin darse cuenta llegaron al refugio y Haru se bajó, no sin antes despedirse desde la ventana.
-Llámame temprano. Y, Haru, duerme-dijo Hyoga, adivinando los pensamientos del pelinegro.
-¿Se puede hacer eso?-Preguntó él, frunciendo el ceño y expresando toda su preocupación.
-Tiene que poderse-dijo Hyoga.
El pelinegro asintió y se apartó para dejar ir a Hyoga. El rubio llegó rápidamente a su departamento, entrando despacio para no despertar a Yuma y fue directo a su habitación.
Se quitó toda la ropa, quedando completamente desnudo, fue hasta la ducha para darse un baño rápido y luego se acostó en la cama. La herida seguía doliéndole por todo el esfuerzo hecho, pero no le importaba, en realidad lo encontraba placentero de sólo pensar que Shun pudiese estar sufriendo en ese momento.
Pronto cerró los ojos, imaginándose al Shun niño del que habló Haru, tímido, alegre y suave.
Lo vio sonriéndole, preguntándole cosas aunque él no entendía el idioma. Vio una casa enorme, un hombre barba y una pequeña niña de cabellos lila. También habían muchos niños y entre ellos estaba el peliverde, detrás de un niño más alto que él no lograba ver bien. Sentía el rechazo del grupo, por no pertenecer a él…por ser extranjero…
Sólo el peliverde le sonreía y lo tomaba de la mano para invitarlo a jugar con él cuando lo demás no lo hacían. Lo vio llorando muchas veces…
Las imágenes eran demasiado borrosas pero él estaba ahí, siempre cerca….
Luego las escenas comenzaron a mezclarse. Ahí estaba Shun de nuevo, mas grande aunque sus facciones seguían siendo suaves e infantiles y la sonrisa era la misma….
El teléfono sonó, despertándolo repentinamente. No supo en qué momento se había quedado dormido, seguro vencido por el cansancio. El celular seguía sonando, pero él estaba demasiado aturdido, tratando de retener las imágenes en su cabeza.
-¿Qué fue eso, fue un recuerdo o un sueño?
El insistente pitido y vibración del aparato lo distrajo completamente.
-¿Hola?
Mientras tanto, en el Aeropuerto Internacional…
Era primera hora de la mañana, cuando el avión desde china aterrizó en Tokio. Agarró su equipaje e inmediatamente marcó el número de la fuente de información sobre Shun.
-Soy yo, Kaname. Estoy en Tokio, estaré en el Shiba Park Hotel, necesito hablar contigo… ¿dos horas?, Bien, te veré allá.
El peliazul trancó el teléfono. Le desagradaba usar ese nombre, pero tenía que hacerlo si quería conservar aquella fuente. Sabía de sobra lo celosa que era aquella mujer con Shun y si conocía su verdadero nombre se alejaría por completo de él y probablemente lo delataría con tal de mantenerlo lejos del peliverde. Además, estaba el hecho de que nadie sabía lo que él sí y no debía levantar ninguna sospecha. Aunque eso significara usar otro nombre.
Pidió un taxi y dio la dirección en perfecto japonés. Luego de registrarse y subir a su habitación marcó el número por demás odiado.
-Verona, soy yo, Kaname. Estoy en Tokio.
-¿Tú, Kaname? ¿Qué hace aquí el director de misiónes especiales de Noctis?-preguntó Verona, incrédula.
-Para reemplazar al guardián. No había nadie más disponible-dijo él.
-Ah, entiendo. Pues me alegro, Tokio está segura entonces-dijo Verona.
-Ya estaba segura-soltó Kaname, impulsivamente-Necesitaré las llaves del departamento del cazador, para revisar las armas y eso.
-Yo puedo hacer eso.
-Despreocúpate, yo puedo encargarme.
-Las llaves las tiene Kara, la psicóloga del equipo del cazador, le diré que se encuentre contigo. Deberás conocerla si vas a trabajar en Tokio.
-Estaré en el Shiba Park.
Luego la mujer trancó, al igual que el peliazul. Este apretó el teléfono, imaginándose por un momento que era la garganta de la castaña. Tensó la mandíbula, suspiró y dejó el aparato a un lado.
Dos horas después, tocaron a su puerta. Abrió y se encontró con la rubia llorando, que no dudó un segundo en lanzarse a sus brazos.
-¡Kaname, cometí un error espantoso!
Él se quitó a la chica de encima y la tomó por el brazo para meterla en la habitación.
-¿Qué demonios paso, Kara? ¿Shun está bien?
-¡Yo…yo…confié en Verona-dijo ella, sentándose sobre la cama-Shun estaba herido, forzándose demasiado, yo no quería verlo así y no lo quería cerca de ese maldito rubio y…!
-¡Kara, cálmate no estoy entendiendo nada! ¿Sí lo tienen ellos?
-Sí-dijo ella.
-¡Maldición, Kara! ¿Y de qué rubio hablas? ¿Es un peligro para Shun?
-No lo sé, es un tipo ruso, creo que se llama Yoda o…
-No importa, hablamos en el camino, dame las llaves del departamento de Shun.
-De acuerdo.
Luego ella se levantó y siguió al peliazul para salir rápidamente de la habitación. Condujo el auto de la rubia hasta llegar al departamento.
-Vuelve a contarme todo, despacio-ordenó Kaname.
La chica obedeció y comenzó a relatarle todo lo sucedido desde el encuentro entre Hyoga y Shun, siempre llamándolo al rubio despectivamente "el sujeto ese" o "el ruso". Tardaron pocos minutos en llegar a la estación de bomberos, Kaname guiado por las indicaciones de la rubia que afortunadamente para él ya se había calmado.
El peliazul bajó del auto, sintiendo esa inconfundible presión en su pecho, pero disimulándola perfectamente, ocultándola bajo esa mascara de dureza y frialdad que ya estaba acostumbrado a utilizar. Siguió a la psicóloga hasta dentro del edificio y se detuvo para abrir las puertas del edificio.
-¿Cómo dijiste que se llama el ruso?-preguntó Kaname, mientras encontraba la llave.
-¿Recuerdas aquella vez que te dije que Shun llamaba a unas personas en sueños?
-Me dijiste que podía ser su subconsciente ¿Qué tiene eso que ver con ese sujeto?
El peliazul encontró la llave y finalmente entraron. Se quedó abrumado por la calidez del lugar, aunque no hubiese ninguna fotografía que le mostrara el rostro del peliverde.
-Es que el tipo se llama como una de esas personas que Shun llama, pero no logro recordar…
Esa confesión trajo a Kaname de golpe a la realidad, se giró lo más tranquilamente que pudo hacia la joven.
-¿Qué dijiste?
En ese momento una molesta alarma sonó por todo el lugar, poniéndolo en alerta. La chica se tapó los oídos y corrió hacia la habitación de vidrio, seguida de cerca por el peliazul.
-Siena, desactiva la alarma. Ponte cómodo, Kaname.
Pero el cazador no la escuchó. En la pantalla de la computadora estaba aquel hombre, rubio de ojos celestes e imponente presencia. Estaba absolutamente estupefacto, demasiado impresionado de verlo tanto años después.
-Ah, ahí está-dijo Kara.
El tono le sonó a vomito a Kaname. Caminó hasta pararse al lado de la chica y vio la mirada cargada de rabia y celos.
-¿Este es el hombre del que me estabas hablando?
-Sí, su nombre es Yoda o Yiga…
-¿Hyoga?
-¡Exacto! ¿Cómo sabes?
-Aquella vez me dijiste los nombres, ese estaba ahí-dijo Kaname, mirando de nuevo la pantalla.
-Ah, sí, bueno ese es. Haru me confirmó que él también reconoció el nombre, es el chico que está con él, por cierto.
-¿Me dijiste que él es militar?
-Sí, inteligencia militar rusa.
-¿Los S.T.A.R.S?
-Creo que si…
-¿Qué demonios está pasando aquí? Los S.T.A.R.S son espías y asesinos, también controlados por Noctis, aunque eso no lo sabe casi nadie, ¿por qué estaría aquí y donde ha estado todo este tiempo?
-¿Qué sucede, Kaname?
-¿Qué sitio es ese?
-No lo sé, pero parece un edificio.
-Llama a tu amigo Haru, diles que tienes a alguien que puede ayudarlos a sacar a Shun del hospital.
-Haru no quiere verme, Ka…
-Has que quiera, Kara. Tú metiste a Shun en este problema, es la única manera de reivindicarte-sentenció el peliazul.
La chica se quedó callada, intimidada por la mirada intensa del cazador.
-¿Por qué te preocupa tanto?
-Porque si Shun muere ellos habrán ganado-dijo Kaname, con firmeza.
Ella lo miró durante unos segundos y asintió. Luego, se retiró para tomar su teléfono y marcar el número de Haru, cuantas veces fuese necesario.
Kaname se llevó la mano al puente de la nariz, tratando de organizar sus pensamientos.
-Diez años…diez años perdido y ahora aparece de la nada. Y llega precisamente hasta Shun, lo que ninguno de los otros ha hecho. ¿Qué significa todo esto? Si de verdad está con los S.T.A.R.S entonces…
-¡Haru, por favor no cuelgues!
En el departamento de Hyoga estaban él y el pelinegro.
-Kara, estoy ocupado.
-Sé que estas con ese Hyoga, pero no me importa, quiero ayudar a sacar a Shun, tengo a alguien que puede ayudarnos.
-Sabes que no podemos confiar en nadie, Kara
-En él sí, tengo años hablando con él, siempre ha estado pendiente de Shun. Es uno de los que sospecha de Noctis.
Haru miró a Hyoga, como buscando su aprobación. Al rubio no le agradó la idea pero asintió, mas por curiosidad que otra cosa.
-Estaremos en el refugio-dijo Haru, justo antes de colgar.
Luego se sentó al lado de Hyoga, quien estaba revisando su laptop y haciendo el cronograma del plan para que todo saliera perfecto.
-Creo que vamos a necesitar balas comunes. Las que tenemos en el refugio son para demonios.
-Tampoco se diferencian mucho a estos Homo-sapiens-dijo Hyoga.
-En eso tienes razón, pero si vamos a camuflar la salida de Shun de ese sitio, entonces necesitaremos balas comunes, las de cazador sólo las tiene el cazador-dijo Haru, sacando una bala de su bolsillo.
-¿Qué tienen de especial?- preguntó Hyoga, tomando la bala.
-Si te fijas las que tiene Shun tienen la punta de vidrio para que se rompan fácilmente y liberen dentro del cuerpo del demonio esa sustancia que tienen dentro.
-Parece como arena.
-Sí, es arena sagrada de un sitio en Grecia. Creo que se llama El templo… El salón… algo así.
Hyoga frunció el ceño. Nunca había escuchado un sitio con ese nombre. Le entregó la bala a Haru y siguió con su trabajo.
-Yo tengo balas, no te preocupes por eso.
Mientras tanto, en el hospital privado…
Para cuando el sedante perdió efecto, Verona ya estaba en la habitación. Sentada una cómoda silla frente a Shun.
-Buenas días, corazón-dijo ella, con su característico tono meloso y pegajoso.
Shun la miró, pero luego sonrió con más arrogancia que nunca.
-Buenos días, preciosa. ¿Me haces el café matutino?
Verona se echó a reír, tratando de soportar el sarcasmo del peliverde. Luego, se dedicó a contemplar cada centímetro del cuerpo de Shun. La venda cubría parte de su muslo izquierdo, pero aquello no le importó, para eso estaba la otra pierna. Después subió por su vientre plano y los abdominales perfectamente marcados sobre la piel blanca del cazador. El pecho duro musculoso, el rostro perfecto.
Incapaz de contenerse por más tiempo volvió a acercarse a él y a recorrer con las manos lo que ya había saboreado con la mirada. Shun seguía sin ladear el rostro y ella sentía el peso de su mirada sobre su cabeza.
Se agachó y dio pequeñas lamidas a su vientre, percibiendo perfectamente la respiración agitada, producto del rechazo del cazador. Removió la venda del costado, dejando más piel libre que saborear. Siguió subiendo por su pecho hasta llegar a su cuello, alternando entre besos y lamidas. Sin embargo, se detuvo cuando no lo escuchó gemir de placer.
-Parece que tendré que ser más directa-le dijo ella al oído.
La castaña se sentó sobre él, de nuevo lastimándolo, pero esta vez metió la mano debajo de la única prenda que lo cubría, topándose inmediatamente con el miembro del cazador. Su mano estaba demasiado fría y le erizó la piel.
-¿Sorprendida?
-Gratamente. Justo el tamaño que esperaba-dijo ella, pasándole la lengua por el cuello.
Comenzó a masajearlo durante un de minutos, pero Shun sólo se echó a reír, confundiéndola.
-Quieres darme lo que he rechazado aunque me lo regales. Eso es demasiado bajo, incluso para ti, Verona. Sólo te falta cobrar y no serás diferente a cualquier puta de calle-dijo Shun, en el tono más afilado posible.
Incapaz de soportar la brutal sinceridad y el sarcasmo del peliverde, Verona sacó la mano, se levantó rápidamente y le respondió con otra bofetada, esta vez empleando toda su fuerza y logrando hacerle un pequeño corte en la mejilla.
-¿Cómo puedes ser tan…? ¿Es que acaso no hay manera de domarte?-dijo ella, respirando agitadamente a causa de la rabia.
-No, no la hay. Tendrás que matarme primero-siseó Shun.
-Eso es fácil, demasiado de hecho, raya en lo aburrido-dijo Verona, sonriendo con malicia.
La castaña se dio la vuelta y tomó un frasco y una jeringa de la mesa. Llenó la inyectadora con el líquido y fue directamente hacia el peliverde, prácticamente clavando la aguja en el brazo y vaciando la extraña sustancia en el cuerpo de Shun.
-¿Recuerdas que te dije que estarías haciendo un bien a la humanidad? Bueno, vas a ser mi conejillo de indias, voy a probar una sustancia nueva contigo y ver que tanto éxito tiene la sangre demoniaca para mantenerte con vida. Pero, para eso necesito que tu cuerpo tenga los síntomas adecuados, así que te inyecté anfetamina.
Shun no respondió y ocultó como pudo la impresión.
-La anfetamina es un estimulante, una droga poderosa que aumenta la frecuencia cardiaca, la respiración y la presión arterial y causa sudoración. Todos los síntomas que tendría tu cuerpo al pelear contra demonios. También produce temblores, dolores de cabeza, insomnio y visión borrosa, así que temo decirte que no la pasarás muy bien. Nos veremos en un ratito, cazador.
Luego, la castaña se retiró dejando solo a Shun, pensando en cómo demonios salir de esa situación que parece empeorar a cada minuto. Trató de liberarse de los grilletes y estos volvieron a sacudirlo, provocándole un terrible dolor en todo el cuerpo. Eso le mostró que mientras estuviese encadenado no había manera de escapar. Pocos minutos después la droga comenzó a hacer efecto.
Sintió como los latidos de su corazón se aceleraban, desencadenado el resto de los síntomas. Los efectos del tranquilizante aun corrían por su sangre, chocando con los de la droga. Comenzó a temblar y a sudar frío, embargado también por el dolor de la descarga de electricidad, las heridas abiertas y maltratadas y los músculos entumecidos. Cerró los ojos en un intento por concentrarse en dominar a su propio cuerpo, pero la droga estaba ganando la batalla.
Verona volvió a entrar en la habitación y se sentó en la silla, pero él no la notó. La frecuencia cardiaca seguía aumentando, sumándole otro dolor a la lista, el del pecho y dificultando su respiración.
-Olvidé decirte que la droga está alterada, por nosotros, claro. Los síntomas son más graves, duran mucho más tiempo y mientras te administre las dosis adecuadas, no morirás por sobredosis. ¿Te parece bien?
-Vete a la mierda-dijo Shun, entre jadeos.
-Usa la sangre, Shun. Te protegerá de lo que sea.
-¿Y terminar como Hagen? Acabaste con él, lo convertiste en un demonio.
-Fue su culpa por rendirse a la tentación de la sangre.
-¡Tuve que matarlo! ¡Tú…maldita, es tu culpa!
Shun comenzó a temblar y a jadear con más fuerza, mientras los chorros de sudor corrían por sus mejillas y los cabellos se pegaban a su frente.
-En eso tienes razón, tuviste que matarlo. Lo mataste, Shun.
-Como te mataré a ti-siseó en respuesta.
Levantó el rostro y clavó la mirada en la chica. Esta vez, era tan poderosa que Verona no fue capaz de moverse, poco a poco llenándose de terror. Sentía como la atravesaba, dominaba por completo, ella era un miserable roedor arrinconado por la serpiente. Los ojos de Shun estaban encendidos, la pupila se hacía vertical y el color cambiaba de verde a plateado.
-Yo no soy un demonio ¿Te convertirás en un asesino? –dijo ella, casi suplicando.
-Tampoco eres humano, así que no me importará.
El peliverde siseaba, la voz salió casi ronca, demasiado amenazante como para sonar humana. Verona seguía sin moverse, estaba absolutamente segura de que moriría.
Shun comenzó a sentir como la sangre hervía dentro de su cuerpo y apretó los puños para forzar los grilletes, llevar su fuerza humana hasta el límite y liberar la demoniaca. Las descargas volvieron a atacarlo, aun así continuó sin soltar a la mujer con su mirada.
Pero el cansancio, dolor y la electricidad lo obligaron a bajar la cabeza durante un segundo. Segundo que le costó la victoria. Verona logró liberarse del dominio del cazador y se levantó rápidamente para alejarse hasta la puerta y pedir auxilio.
Inmediatamente entraron los tres guardaespaldas se pararon frente a ella, mientras que el médico entró. Todos observaron al cazador durante un par de minutos, pero éste no levantó de nuevo la cabeza.
-Revísalo-ordenó Verona
El médico se acercó, tomó el rostro por el mentón y lo obligó a levantarlo. Shun abrió un poco los ojos y él vio que de nuevo eran verdes, sólo que ahora no expresaban rabia, odio, ni siquiera vida. El cazador estaba simplemente exhausto. Seguía jadeando, su corazón iba a una velocidad alarmante. Sin embargo, poco a poco cesaba.
-Parece que usó al menos un poco de la sangre demoniaca-dijo el médico.
-¡Me consta!-exclamó Verona.
-Creo que estará inconsciente durante un par de horas.
-Aumenta la cosa esa eléctrica-dijo Verona.
-¿Disculpe? Eso puede matarlo.
-¡Y sería una buena noticia! ¡Maldito hombre, no se muere con nada!
Ya menos aterrada pero igualmente exasperada, Verona apartó a los guardaespaldas y fue directo hasta donde estaba Shun. Lo tomó por el mentón violentamente y levantó el rostro de nuevo.
-Y yo que pensaba matarte hoy mismo, pero has ido muy lejos, Cazador. No tendré piedad contigo. Te dejaré vivir y sufrir hasta que me ruegues que te mate. Ya usaste la sangre, haré que lo hagas de nuevo, las veces que sean necesarias.
Luego, Verona lo soltó y retrocedió.
-Inyéctenle una dosis de sangre demoniaca. Volveré en algunas horas.
Sin importar la respuesta del médico, la castaña se dio la vuelta y salió rápidamente de la habitación.
Él medico trajo el kit y siguiendo órdenes introdujo en el cuerpo del cazador, más sangre negra, sangre demoniaca.
Sin darse cuenta, Shun lo estaba mirando. Se sorprendió y quedó estático, pero luego frunció el ceño al percibir la tristeza en la mirada del peliverde.
-Te recuerdo-susurró Shun
-¿Qué…?
-Una vez, atacaron un edificio de Noctis. La única vez que ha pasado aquí en Tokio. Tú estabas ahí-dijo Shun.
Volvió a cerrar los ojos, preparándose ahora para los síntomas que lo atacarían mas tarde. No fue necesario que dijera nada más, el médico entendió perfectamente. Él le debía la vida a Shun.
Se levantó y salió de la habitación, incapaz de mirar al cazador y muerto de vergüenza.
-Haré lo que esté en mis manos, lo prometo-susurró.
