BROKEN PIECES

(En Pedazos)

Por Linay

Traducido por Inuhanya

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Capítulo 10 - La esencia de lo inalcanzable

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Bailo la música de la miseria

La miseria escribirá mis recuerdos.

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Kaoru despertó con un aturdido dolor de cabeza, retorciéndose incómoda entre las sábanas. Luchó por abrir sus ojos, preguntándose cuándo había sido dolorosa la luz del sol. Ella rodó sobre su costado, su cabeza punzaba incesante. Distantemente recordó cosas de la noche anterior.

La casa de té que se había vuelto distantemente indecente.

Genji resurgiendo.

Katsura explicando su filosofía del asesinato.

Bebiendo esa dulce bebida lechosa.

Kaoru juntó sus cejas pensativa, sus ojos entrecerrados ante la dolorosa y brillante luz entrando por la ventana. El resto de sus recuerdos eran más bien borrosos e inciertos – una situación desconcertante para alguien quien ha vivido y revivido vívidos recuerdos, y no sólo los suyos. Vagamente recordó otras escenas en pedazos.

El olor del cuello de Kenshin.

El furioso brillo en sus ojos amarillos.

El gemido de dolor de Genji.

La sensación de ser presionada completamente contra…

Los ojos de Kaoru se abrieron involuntariamente cuando recordó el último recuerdo y se levantó – sólo para caer dolorosamente contra su almohada, su cabeza pesaba una tonelada.

"Despierta al fin?" una voz familiar llenó sus oídos.

Kaoru se llevó al borde de la cama y se asomó con borrosos ojos azules. Sentado con su espalda en la pared y con su cabeza roja agachada estaba Kenshin. Él levantó su mirada, ojos pequeños con fatiga.

"Qué…?" La voz de Kaoru era molesta.

Kenshin levantó una ceja. "No recuerdas?"

Kaoru se entornó y frunció sus cejas, forzando a su cabeza para recordar. Su semblante mostraba obvia preocupación – que había estado haciendo la noche anterior? Y por qué Kenshin había dormido con ella en la habitación?

"Yo…?" preguntó Kaoru, su voz vacilante y aprehensiva, "Nosotros…?"

Kenshin estudió su retorcido rostro mientras luchaba por recordar sus acciones. Midiendo de su confundida apariencia, dedujo que no podía recordar algo vergonzoso.

"No," dijo él simplemente, levantándose lentamente y desviando la mirada.

Kaoru miró su delgada figura, aún vestida en la ropa de anoche. Su mueca de confusión aumentaba mientras un recuerdo se rehusaba a salir a la superficie. Kenshin la miró con escondida molestia.

"Cómo te sientes?" preguntó él.

Una serie de incomprensibles murmuraciones siguió.

"Eso pensé," dijo él, "Espera aquí."

Kenshin salió de la habitación y Kaoru rodó otra vez de espalda, irritada. Él pensaba que iba a ir a algún lado con este maldito dolor de cabeza? Y el hombre hizo tanto ruido cuando abrió la puerta! Estaba haciéndolo a propósito? Cada sonido – desde el balanceo de la puerta hasta el irritante gorjeo de los pájaros – molestaba los crudos nervios de Kaoru y sonaba insoportablemente fuerte en sus tímpanos. Ella contrarrestó una ola de nauseas, su estómago hacía volteretas. La presión detrás de sus ojos era casi insoportable.

Mientras tanto, Kenshin estaba en la cocina, sacando el vaso más grande que pudo encontrar. Lo llenó con agua fría y luego escarbó en un cajón por algún Tylenol extra-fuerte. Se maldijo en silencio por no darse cuenta que una joven de diecisiete años como su prisionera no podría aguantar esa pequeña cantidad de alcohol.

Luego, Kenshin se maldijo por preocuparse.

Él sacó las dos pastillas de Tylenol y lanzó la botella de nuevo en el cajón, cerrándolo furioso. Pausó. Y dejó cerrar sus párpados. Y entonces se permitió recordar lo que ella no podía.

Los ojos de Kaoru eran hermosos. E inocentemente invitadores.

Él la dejó llevarlo a su habitación, sus ojos capturados por su cálida mirada azul. Ella rió, logrando cerrar la puerta en su estupor al entrar.

"Ven!" lo invitó dulcemente, halándolo por las muñecas.

La intoxicada adolescente se tropezó y cayó de espaldas en la cama, llevando a Kenshin con ella. El asesino se encontró suspendido sobre su postrado cuerpo, sus manos plantadas a cada lado de su cabeza. Ella rió otra vez, su risa era como un repique musical. Él se tensó, no sintiéndose particularmente en control mientras estaba extendido sobre la elástica joven.

"Kaoru," respiró él suavemente, intentando enderezarse.

Pero la joven envolvió sus brazos alrededor y cerró sus manos en su espalda, previniéndolo de levantarse sin lastimarla. Kenshin frunció. Kaoru le sonrió.

"Déjame ir, Kaoru."

"Por qué?" Ella era infantil, como siempre.

"Porque quiero dejarte dormir. Necesitas descansar."

"Por qué?" Una alegre y achispada burla.

"Estás ebria y no sabes lo que estás haciendo."

"Por qué?" Obviamente era un juego para ella.

"O lo que estás haciéndome," añadió él bajo su respiración, negándole alivio a su cuerpo al mantener concientemente sus caderas lejos de las de ella.

"Qué estoy haciéndote?" preguntó ella, su tierno rostro se arrugó preocupado.

Maldición, la chica tenía buen oído. Kenshin no respondió. En vez, alcanzó atrás y trató de soltar sus dedos de su parte trasera. La situación estaba volviéndose tremendamente molesta e incómoda para el asesino. Kaoru ladeó su cabeza, observando con una leve sonrisa en su rostro.

"Qué estás haciendo?"

"Intentando quitar tus manos de mi," respondió Kenshin, deliberadamente brusco.

"Por qué?"

Kenshin pausó para bajar la mirada y le frunció. Suficiente de bromear, quiso transmitir. Pero por un pequeño segundo, fue incapaz de ponerlo en su fría y cruel apariencia.

Su expresión de marfil era angelical, cabello de medianoche esparcido alrededor de su cabeza y sobre sus hombros. Pero lo que lo golpeó por un momento era la sinceridad pura que reflejaban sus cristalinos ojos azules. Sinceridad y completa vulnerabilidad.

Él fue atrapado fuera de guardia sólo por un segundo. Al siguiente, estaba mirándola con furiosos y fruncidos ojos ámbar. Concentró su energía en crear un atemorizante frunce que hubiese aterrorizado a un endurecido gamberro.

Pero Kaoru – Kaoru simplemente le sonrió con tristeza.

"No," susurró ella tiernamente, "No tienes que ser así todo el tiempo."

Los ojos de Kenshin se expandieron de repente. En su corto momento de confusión, Kaoru envolvió sus piernas alrededor de su cintura y lo haló con toda su fuerza. El estupefacto asesino aterrizó sobre ella, su rostro anidado en su cabello y su cuerpo fuertemente presionado contra el suyo. Sus suaves curvas ahora eran dolorosamente obvias para él.

"kaoru," advirtió él peligrosamente, sintiendo el calor elevarse en su cuerpo.

"Hueles…" Interrumpió Kaoru, su voz pensativa.

Kenshin hizo una mueca al lado de su cabeza, pensando en cómo ella siempre comentaba de su repugnante olor. Cómo estaba cubierto en el hedor de la sangre. Cómo había sido ensuciado y usado como una herramienta asesina.

Kaoru presionó su nariz en su cuello, inhalando y exhalando profundamente. Su frío aliento cosquilleó en el cuello de Kenshin y despertó todas formas de respuestas corporales del hombre. Él les agradeció a los dioses que la joven estuviera bastante ebria para notar el indecente bulto presionando contra su calor.

"Hueles," continuó ella, su voz adormecida, "Como el bosque. Como los pinos."

Todo el cuerpo de Kenshin se calmó dentro del improvisado abrazo de la adolescente. Sus músculos eternamente tensos respondieron al calor de su cuerpo y comenzó a escuchar sus latidos. Sintió los brazos de Kaoru soltarse titubeantes a su alrededor. Sus pequeñas manos comenzaron a acariciar su espalda lentamente, consoladoramente – aunque despertaban sensaciones primitivas en el hombre sobre ella. Kaoru ladeó su cabeza para que sus mejillas estuvieran sobrepuestas. Kenshin forzó sus ojos para darle una mirada a su expresión.

Sus ojos estaban cerrados. Pero su rostro estaba libre de temor.

"Cómo huelo?" susurró ella suavemente, su voz pesada con sueño.

Kenshin se permitió presionar su rostro en su cuello. Inhaló profundamente.

"Hueles," susurró él, "Hueles dulce."

Consintió Kenshin, sabiendo que probablemente nunca tendría otra oportunidad. Moldeó su cuerpo sobre el suyo, saboreando la sensación de su cuerpo bajo el suyo.

Gradualmente, las caricias de Kaoru disminuyeron. Su respiración se normalizó y, finalmente, sus brazos se deslizaron de la espalda de Kenshin. Casi vacilante, Kenshin se levantó sobre sus codos. Se inclinó sobre ella y estudió su rostro durmiente. Tentado, dejó bajar su rostro lentamente hacia ella, inhalando más de su dulce aroma. Gentilmente, tocó su mejilla con la suya, explorando la sensación de su suave y tersa piel contra la suya.

Él inhaló profundamente.

Y luego suspiró.

Reluctante, se separó de ella, sabiendo que era imposible para él sentirla o incluso olerla de nuevo tan de cerca. Él deslizó sus brazos bajo ella y haló todo su cuerpo sobre la cama, colocándola gentilmente en medio de la cama y las sábanas sobre ella. Se sentó en el borde de la cama por un momento, estudiándola.

Retirando un suelto mechón de cabello de su mejilla, se levantó. Presionó sus labios. En ese momento, Kenshin sinceramente esperaba que nunca tuviera que derramar su sangre. Era todo lo que podía prometer.

Él cayó sentado al lado de la cama, su mente hormigueando. El sueño no lo clamó sino hasta muchas horas después.

Era tonto, todo. Un asesino no tenía espacio para tales sensaciones suaves.

Kenshin sacudió su cabeza, levantando el vaso de agua y las pastillas de Tylenol. No había tiempo para tal sentimentalismo. Anoche había sido un error. Uno que no repetiría.

Él se precipitó a propósito en la habitación, haciendo a Kaoru rodar su cabeza para mirarlo.

"Tienes que ser tan ruidoso?" se quejó ella gruñona.

Kenshin se rehusó responder. En vez, extendió el vaso de agua.

"Bébela," dijo él, sacando las pastillas, "Y tómate estas."

Más que discutir, Kaoru luchó por levantarse para sentarse pero sus extremidades se sentían tan tiesas y pesadas como plomo. Ella debatió patéticamente por unos minutos. Kenshin observó distante, rehusándose a ayudarla en cualquier forma. Finalmente, Kaoru pudo levantarse recostándose contra la cabecera. Kenshin dejó caer las pastillas en su palma abierta y le alcanzó el agua. Luego, sin otra palabra, salió de la habitación.

Kaoru ignoró su brusca actitud, su dolor de cabeza literalmente era lo único en su mente.

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"Megumi?"

"Sí, señor?" preguntó Megumi Takani, levantando la mirada de los papeles apilados en su escritorio.

"Necesito los resultados de las pruebas de Kaoru Kamiya y los papeles médicos."

"Señor?"

"Me gustaría mirarlos esta semana. Tráelos, sí?"

"Pero señor," protestó Megumi, "Sus archivos llenan tres gabinetes!"

"Oh eso es estúpido," dijo su jefe, "Entonces sólo tráeme los papeles médicos que escribiste durante su tiempo en posesión de Kanryu-"

"Posesión?! Señor, objeto-"

"Eso es lo que fue, Señorita," interrumpió él abruptamente, "Así que tráeme esos y también los resultados de sus exámenes más recientes."

"Para cuándo?"

"Ahora, por supuesto."

"Por supuesto," repitió Megumi, retirándose de su escritorio.

"Oh y," su jefe dijo sobre su hombro mientras giraba para dejarla excavar la información, "Tráeme tus notas de su presente condición física y mental."

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Takasugi avanzó perezosamente hacia la puerta del apartamento de Kenshin. Aunque tenía la llave del apartamento, eligió golpear.

"Oye!" llamó él a través de la pesada puerta, "Abre, Himura!"

La puerta se abrió tranquilamente un segundo después. Kenshin la mantuvo abierta para su inesperado visitante, anunciándole silenciosamente entrar. Takasugi se adentró lentamente, mirando alrededor curioso.

Kenshin cerró la puerta y regresó a su silla, acomodándose en el asiento de cuero lentamente. Takasugi se desparramó en el sofá y pasó una mano por su corto y enmarañado cabello.

"Y," comenzó él casualmente, sus oscuros ojos muy observadores, "Dónde está la jovencita?"

"En la habitación," respondió Kenshin impasivo.

"Cuándo despertó?"

"Hace horas."

"Resaca?"

"Casi ida."

"Alguna otra razón por la que deba estar cansada?"

Kenshin le disparó a su superior una dura mirada. "En lo absoluto," respondió él significativamente, enfatizando cada palabra.

"Ah bueno," Takasugi suspiró, recostándose con una sonrisa, "Eres un santo."

Kenshin lo consideró fríamente, preguntándose si el hombre estaba perdiendo su memoria o su juicio.

"De cualquier forma," dijo él, lanzándole un sobre negro a Kenshin, "Ocúpate de esto."

Kenshin atrapó fácilmente el pequeño paquete y asintió.

"Oh y a propósito," remarcó Takasugi, "Katsura va a llamar."

Otra vez, un silencioso movimiento de cabeza del asesino. En ese momento, el teléfono sonó fuertemente.

"Hablando del diablo," respiró Takasugi mientras Kenshin se levantaba rápidamente para responderlo.

"Sí, señor," dijo Kenshin respetuosamente en el teléfono, "Ella está aquí. Un momento por favor señor."

Kenshin fue rápidamente a la habitación y abrió la puerta, sosteniendo el teléfono inalámbrico. Takasugi giró su cabeza levemente para ver el oscurecido interior de la sala, kenshin colocó el teléfono en la cama, sin mirar o hablarle a la joven quien yacía en su cama leyendo un libro.

"Qué compañerismo," comentó él mientras Kenshin regresaba a sentarse molesto en su silla.

"Cállate," resopló Kenshin.

Desde el interior de la habitación, pudieron escuchar la suave y femenina voz de Kaoru. Takasugi observó el rostro de Kenshin. Aunque estaba nulo de emoción como siempre, Takasugi sabía que estaba esforzándose para escuchar la conversación por la concentrada mirada que tenía.

Luego vino el conocido pito de apagado del teléfono. La joven emergió de la habitación vacilante, usando la bata azul. Sus ojos se desviaron de Kenshin y se apresuró en silencio a regresar el teléfono a su base. Lanzando sólo una mirada sobre su hombro a los hombres, regresó a su habitación y cerró la puerta.

Takasugi volteó hacia Kenshin, quien estaba mirando inútilmente a la chimenea. "No se hablan?" preguntó él, provocando, "Qué pasó durante su estado ebrio?"

"Nada," Kenshin respondió apretadamente, "No pasó nada." Y seguiría de esa manera, se juró.

"Interferirá con tu trabajo?"

"Por supuesto que no," respondió el asesino fríamente.

Takasugi levantó una ceja. Kenshin se levantó para alistarse para su asignación.

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Estaba oscuro, pero Kaoru no encendió la luz. Estaba sentada de piernas cruzadas en la cama, mirando por la ventana. Pensaba en la conversación que tuvo con Katsura Kogoro, debatiendo consigo misma. Trozos de su conversación entraban y salían de su mente.

"Sé que no puedes ser forzada a ayudar a la organización Choshu pero espero que veas que es lo correcto – aún si piensas que estás siendo usada como una herramienta," comenzó Katsura.

Al mismo momento, Battousai estaba detrás de la esquina de un edificio y esperaba por que las voces acercándose se aproximaran más. Su largo abrigo negro cubría su suéter negro, espada y oscuros jeans. Su llameante cabello rojo estaba recogido en una alta cola de caballo.

"La gente muere en las calles todos los días. Así es como es. Pero algunas de esas personas no tendrían que morir si nos ayudas."

De repente, él se giró y quedó en frente del pequeño grupo de políticos. Buscando en el grupo con agudos ojos ámbar, ubicó a su blanco: el ministro Takamatsu. Sin una palabra, Kenshin voló sobre el pavimento, su mano en la empuñadura de su espada. En un fluido destello de acero, la garganta del político se abrió y sangre se rociaba violentamente. La cabeza gris del hombre, atada sólo por unas pulgadas de piel y tejido, se echó hacia atrás mientras el cadáver caía en el pavimento. Kenshin volteó para mirar a la gente gritando a su alrededor.

"Battousai mata personas porque le digo que debe hacerlo. Pero algunos mueren por su mano porque no puede haber testigos de su existencia. Nadie puede verlo en acción y vivir para contarlo."

Con sus ojos vacíos y duros, Battousai se lanzó, atacando metódicamente a cada uno de los sorprendidos y horrorizados hombres. Aunque el los hombres moribundos gritaban de dolor o terror, el único sonido que escuchaba era el rápido sonido del acero atravesando carne y hueso. Sangre brotaba y llovía a su alrededor, bañando la calle. Un hombre, que se había deslizado y había sido cortado por los pulmones y no el corazón, estaba intentando huir gateando, gimiendo mientras escupía espesa sangre. Con sus labios en una siniestra línea y sus ojos encapotados, battousai clavó su espada en la espalda del hombre, terminando su vida en una enfermante explosión de sangre.

"Sin embargo, tienes el poder para salvar sus vidas."

Dándose la vuelta, Battousai movió su espada bruscamente, la sangre de sus víctimas voló de la hoja en gotas carmesí.

"Si pudieras ir con él y borrar la memoria de aquello que sólo son testigos de los asesinatos, salvarías sus vidas. Esto es lo que quiero."

Rato después, Kenshin estaba subiendo en el elevador de regreso a su piso. Los mechones de su cabello rojo estaban bañados en sangre,

"Hay algo más que quiero pedirte."

Él salió del elevador. Sus pasos eran fuertes y rápidos y usaba una expresión de helada eficiencia.

"Kenshin es un hombre duro y ha vivido una vida dura – y esto es mi culpa. Ayudé a hacerlo el asesino que es."

Kaoru reflexionó las palabras cuidadosamente mientras se sentaba en la oscuridad de su habitación. Miraba en la oscuridad del cielo nocturno, moviendo sus dedos fuertemente juntos. Él era un misterio para ella. Era un asesino y un criminal. Pero de hecho había recordado unas escenas de la noche anterior. La forma en que había presionado su rostro en su cuello y no escapó de ella. Entonces tal vez…

"Pero tal vez puedes ayudarlo."

Ella fue sacada de repente de su ensueño cuando la puerta del apartamento fue desbloqueada, abierta y cerrada otra vez. Los pasos que escuchó eran ligeros pero disciplinados. Sabía que era él. Kenshin había regresado.

"No importa que no lo entiendas ahora. Sólo quédate con él. Y sé tú misma."

Kaoru decidió. Ella se deslizó de la cama y se dirigió a la puerta. La abrió lentamente, mirando en el salón principal. Kenshin estaba alcanzando para reubicar sus espadas.

"Bienvenido a casa," susurró ella suavemente.

Con su rostro frío y vacío, Kenshin giró para mirarla mientras dejaba caer lentamente su brazo a su lado. La miró bajo sudorosos mechones rojos.

"Vete a la cama," dijo él tranquilo pero autoritario.

"Estás bien?" preguntó ella genuina.

"No hagas preguntas estúpidas," respondió Kenshin, girándose dolido.

Kaoru agachó su cabeza levemente. "Entonces, buenas noches," dijo ella débilmente.

Sin presionar el asunto, ella desapareció en la habitación, cerrando la puerta tranquilamente tras ella. Kenshin dejó escapar el aire que había estado conteniendo. Algunas veces ella era impredecible, y terriblemente confusa. Él cerró sus ojos y tomó varios respiros profundos, intentando endurecer su resolución para evitar a la joven a toda costa.

Un suave y gentil golpe sonó en su puerta. Girando sorprendido, Kenshin se dirigió cansado hacia la puerta y la abrió lentamente. Una alta y hermosa mujer vestida en un escaso y ajustado vestido negro estaba en el marco de la puerta, sonriendo sensualmente.

"Himura-san?" ronroneó ella.

"Sí?"

La mujer lo pasó entrando al apartamento, balanceando sus caderas. Kenshin cerró la puerta, volteando para ver a la mujer instalándose en su sofá.

"Qué quieres?" preguntó él sin rodeos, aún de pie en la puerta.

La mujer se inclinó, exponiendo su escote, y sonrió. "Amo esa cruda y peligrosa cualidad en un hombre," dijo ella, lamiendo sus labios. Ella lo llamó con un dedo.

Kenshin avanzó y se detuvo en el sofá. Sin solicitarlo, la mujer envolvió sus brazos alrededor de su cintura y comenzó a restregarse contra ella. Sus acciones despertaron favorables sensaciones en el cuerpo de Kenshin pero él permaneció impasivo.

"Oh cielos," canturreó ella, "Supongo que tendré que usar todas mis habilidades para trabajar esta noche."

Aún frotando su pecho contra sus testículos, la mujer levantó la mirada seductoramente y lentamente comenzó a bajar las tiras de su pequeño vestido negro.

"Por qué estás aquí?" preguntó Kenshin, intentando ignorar el efecto que sus suministros estaban teniendo en su cuerpo.

"Fui enviada por un amigo," ronroneó ella, arrodillándose en el sofá y subiendo sus manos bajo su camisa.

"Cuál amigo?" preguntó Kenshin, conteniendo un gruñido.

"Qué," respondió la mujer, hocicando su cuello y empujando sus senos contra su pecho, "Ninguno otro que Takasugi Shinsaku."

"Takasugi," murmuró Kenshin, cerrando sus ojos. Ese maldito idiota retrasado de mierda. Internamente, Kenshin parloteó tantas maldiciones como pudo.

Externamente, la mujer estaba comenzando a plantar abiertos besos en su cuello. Kenshin apretó sus puños y trató de concentrarse en encontrar una forma para deshacerse de ella. Su cuerpo, sin embargo, estaba recordando y saboreando algo, o más bien alguien, más.

Otro cuerpo. Más pequeño, más musculoso pero aún curváceo. Moldeado contra el suyo. Manos gentilmente acariciando su espalda. Una dulce esencia penetrando en sus fosas nasales.

Si sólo…

La mente de Kenshin estaba vagando e imaginando situaciones alternas.

Si sólo…

Sus sentidos no sintieron el crujido de la puerta de la habitación.

Si sólo pudiera ser ella.

Pero escuchó el asustado grito que vino del otro lado del salón. Su cabeza se levantó de repente, su shock hizo que la mujer se detuviera por un momento y volteara. Kaoru estaba mirando al par, sus ojos amplios como si le doliera y su mano sobre su boca.

Las tres figuras permanecieron tan calladas y silenciosas como piedras hasta que una profunda y gutural voz interrumpió.

"Quién es ella?" preguntó la mujer, mirando a Kenshin.

Honestamente, él luchó por una respuesta. Podría decir que era su prisionera o su asignación y sería la verdad. Pero eso probablemente lastimaría a Kaoru. Pero entonces, no sería mejor romper su corazón y terminar con esto? Y por qué de repente tuvo la distintiva sensación de que Kaoru estaba dolida por esta otra mujer? Por qué demonios le importaba?

El asesino estaba con la lengua atada.

Kaoru no esperó por su respuesta. En vez, se precipitó a la habitación y cerró la puerta de golpe.

"Y?" preguntó la sofocante mujer, masajeando el pecho de Kenshin, "Quién era esa niñita?"

Kenshin bajó la mirada, rabia comenzaba a girar en sus ojos ámbar.

La mujer no se molestó en levantar la mirada. En vez, comenzó a aplastarse contra él. "De cualquier forma, ahora que los niños se han ido a la cama," dijo ella desdeñosa, "Vamos a divertirnos."

Kenshin, repentinamente repulsivo y enfurecido, agarró a la mujer por sus hombros y la tiró rudamente en el sofá. La mujer levantó la mirada sorprendida y en anticipación.

"Oh? Así que te gusta rudo?" ella sonrió sexy, "Échate sobre mi, entonces."

Kenshin señaló la puerta. "Fuera," gruñó él.

"Perdón?" preguntó la mujer, incrédula.

"No voy a repetirlo," gruñó Kenshin, su mirada terrible.

La mujer resopló y se levantó, acomodándose. "Y yo pensé que se supone serías un hombre," murmuró ella, dirigiéndose hacia la puerta.

Kenshin se adelantó y la abrió. Ella pausó antes de salir y levantó la mirada para hacer un crudo comentario. Este murió en sus labios, sin embargo, cuando encontró su atemorizante mirada amarilla. Kenshin no esperó a que se recuperara. Descortésmente la empujó y cerró la puerta tras ella.

"Kaoru!" gritó él, girando para mirar la puerta cerrada de la habitación.

Por supuesto, no hubo respuesta. Ni un sollozo. Kenshin frunció sus ojos impaciente, su razón y control estaban nublados por extrañas emociones.

"Maldición," rugió él, "Sal, Kaoru! No me hagas entrar a obligarte."

"Déjame en paz!" vino una amortiguada respuesta desde la habitación.

Con su rostro retorcido de rabia, Kenshin se precipitó hacia la habitación y golpeó la puerta. "Derribaré la puerta," advirtió él, su voz baja.

"Bien," espetó Kaoru, "De cualquier forma es tu estúpida puerta."

Maldita adolescente. Kenshin comenzó a golpear más fuerte la puerta, sin importarle si era razonable o normal o prudente. Su instinto simplemente le decía una cosa, y estaba determinado a seguir a sus agallas más que a su cabeza en el momento. Justo cuando estuvo por bajar su puño en la superficie de madera, la puerta se abrió bruscamente. Una muy enojada Kaoru estaba en el marco, ojos azules brillaban con rabia.

"Basta!" gritó ella, "Tú… bárbaro!"

Kenshin le movió un dedo, una desconocida mezcla de emociones volátiles dominaban su auto controlada imagen.

"Ahora escucha," él le siseó, "No entiendes lo que fue-"

"Y no quiero," interrumpió Kaoru, haciendo como si fuera a tirar la puerta en su cara.

Kenshin colocó su pie en frente de la puerta para que no pudiera cerrarla. Kaoru empujó contra la puerta furiosa, pateando inútilmente su ofendido pie.

"No he terminado," hirvió Kenshin, "Qué derecho tienes para ir altiva y poderosa y pretender ser moral y-"

"Porque soy moral comparada a ti," gritó ella resentida, "Asesino mujeriego!"

"Yo no iba a fornicarla, maldición," espetó Kenshin, "Pero aún si lo fuera – no es tu maldito asunto! Soy un hombre, maldita sea."

"Entonces ve a fornicarla," espetó Kaoru, su rostro retorcido entre un sollozo y un gruñido, "Y déjame en paz!"

"Mierda!" gritó Kenshin de repente, golpeando la puerta con suficiente fuerza para dejar una abolladura.

Kaoru se congeló, detenida por la intensidad de su mueca. Kenshin dejó su puño donde aterrizó, respirando irregularmente.

"Eso no es lo que quise decir," dijo Kenshin entre respiros, mirando a Kaoru.

Ella levantó su mentón, estudiándolo con fruncidos ojos azules. "Qué es ella para ti?"

"Te importa?"

"No."

"Entonces por qué preguntas?"

"Quiero saber."

"Una prostituta que alguien contrató para mi," dijo Kenshin, moliendo furioso su puño en la puerta.

"No sabía que eras ese tipo de persona," dijo Kaoru con desdén.

"No lo soy," dijo Kenshin tranquilamente, "Al menos no más."

"Entonces por qué-"

"No la quería," interrumpió él, "Quiero que lo sepas."

"Te importa?" preguntó ella, imitándolo.

"No."

"Entonces por qué preguntas?" Un toque de mofa hubo en su voz.

"Recuerdas algo de anoche?" preguntó Kenshin tranquilamente.

"Por qué?" preguntó Kaoru a cambio, reluctante a decir que recordaba estar presionada a él.

Kenshin la miró y lentamente retiró su puño de la puerta. Kaoru inhaló bruscamente. Sus nudillos estaban hinchados y hendidos del impacto. Ella lo rodeó hacia la cocina y rápidamente sacó unos cubos de hielo, envolviéndolos en un paño. Regresó a Kenshin y agarró su muñeca. Sorprendentemente, la dejó. Con precaución, ella presionó levemente la compresa de hielo sobre sus nudillos.

Kenshin la observó pasivamente, sus ojos encapirotados.

"No recuerdas nada?" preguntó él otra vez, suavemente.

Kaoru no lo miró y no respondió. En vez, pretendió estar absorbida observando el hielo y sus nudillos. Kenshin levantó una ceja mientras ella lo ignoraba deliberadamente.

"Por qué no estás asustada?"

"Debería estarlo?" preguntó ella, su voz calmada.

"Podría matarte."

"Y?"

Lentamente, Kaoru levantó sus ojos para encontrar la mirada del asesino, sus manos aún atendiendo su puño lastimado. Se observaron mutuamente por unos momentos, intentando averiguar lo que pasaba por la mente del otro.

"Tienes miedo de mi?" preguntó Kenshin seriamente.

"Algunas veces," Kaoru se encogió, "Tienes miedo de mi?"

Kenshin resopló, aún manteniendo contacto visual. "Por qué debería temerte?"

Una forzada sonrisa se formó en los labios de Kaoru. Ella extendió una mano y la dejó suspendida en frente de su pecho. "Bueno," dijo ella lentamente, "Siempre te poner tan agitado cuando estás a mi alrededor."

"Eso es porque eres molesta y te desprecio."

"Así es?" preguntó Kaoru, presionando su mano en su corazón. Ella dio un paso adelante, todo el tiempo manteniendo el hielo en sus nudillos. "Ahora soy molesta?"

Kenshin no respondió. En vez, se concentró en mantener su respiración bajo control. Maldita niña.

"Si no me tienes miedo," persistió Kaoru, acercándose a él, "Entonces por qué siempre me alejas?"

"Yo-"

"Me odias?" preguntó Kaoru, dando otro paso, "Me desprecias? Qué es lo que te molesta tanto de mi?"

Ella ahora estaba a una simple pulgada de él, una mano firmemente presionada en su pecho y la otra extendida tras ella para mantener el hielo en su mano. Kenshin la miró llanamente intentando ignorar el calor proveniente de su cuerpo, sus labios era una siniestra línea.

"Entonces aléjame ahora," susurró Kaoru, su rostro a sólo pulgadas del suyo, "Aléjame si realmente me odias."

Las manos de Kenshin se cerraron alrededor de los brazos de Kaoru en un movimiento a la velocidad de la luz y ella se tambaleó hacia atrás, el hielo cayó de su mano.

Antes de que tuviera tiempo para respirar, Kaoru se encontró contra la pared, sus brazos sujetados en la blanca superficie por los férreos puños de Kenshin. Todo el cuerpo de Kenshin estaba presionado contra el suyo, su rostro enterrado en su cuello. Estaba jadeando caliente en su delicada piel y sintió el vello en la base de su cuello erizarse con la sensación. Sus antebrazos estaban levantados con sorpresa y su pecho levantándose con ahogados respiros. Pero el subir de sus senos fue detenido por el duro pecho de Kenshin contra el suyo.

El hielo yacía derritiéndose en el piso, abandonado.

Los callosos dedos de Kenshin dejaron sus brazos y metió sus brazos tras ella. Dobló un delgado brazo alrededor de su espalda y uno alrededor de su cintura, halándola ceñidamente hacia él al mismo tiempo que él se empujaba sobre ella.

"Tú…" dijo él en su cuello, frustrado, "Perra."

Kaoru parpadeó sus ojos azules en shock y confusión. Kenshin continuó aplastándola contra él, sus labios moviéndose incomprensibles sobre la tersa piel bajo su mentón. Ella se estremeció ante la sensación, su cuerpo despertándose a él. Kenshin empujó su nariz en su cuello, y luego en su cabello, inhalando profundamente su dulce aroma.

"Cómo me haces esto…" susurró él incomprensiblemente en su sedoso cabello.

Estremeciéndose con pasión apenas controlada, las rudas manos de Kenshin bajaron de la espalda de Kaoru a sus firmes muslos. Podía sentir el corazón de la joven correr mientras presionaba su peso contra ella, prohibiéndole moverse. Una callosa mano pasó por sus mechones de espeso cabello negro y sujetó la parte de atrás de su cuero cabelludo. Retiró su rostro de su cuello y haló hacia atrás su cabeza, mirando su rostro mientras su otra mano agarraba su cadera. Sus calculadores ojos ámbar examinaron sus sonrojadas mejillas, sorprendidos ojos azules y gruesos labios. Él acercó su rostro al suyo, oliendo delicadamente y dejando que sus rojos mechones rozaran sus mejillas.

Sin miedo. Sin pánico. Sin repulsión ante su toque. Sólo sorpresa.

"No podemos hacer esto," dijo Kenshin en una fría y clara voz de acero.

Él la agarró por los hombros, lanzándola lejos mientras retrocedía. Kaoru, herida, lo miró aturdida. Por unos momentos, él la miró con una mirada hambrienta y primitiva. Luego se dio la vuelta y salió hacia el baño, dejando a Kaoru recogerse del piso.

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Fin del capítulo 10, continuará!

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