Eres chunnin porque quieres

Las palabras de Kakashi resonaban en su cabeza grabándose a fuego mientras sus sentidos desorientados trataban de acabar con la poca cordura que aún le quedaba. Los gritos de Sakura le hicieron comprender que estaba en el hospital y el frío intenso que sentía agarrotando sus músculos se presentó como un síntoma de la fiebre. Su boca seca se negó a pronunciar palabra mientras los médicos corrían de un lado a otro de la habitación. De pronto todo se calmo y sus pensamientos se hicieron un poco más ordenados.

Recordó vagamente la figura de ojos rojos que le había atacado por sorpresa y se sintió frustrado al comprender que nuevamente había sido incapaz de responder correctamente a un enfrentamiento. En más de una ocasión ese ninja pervertido se había burlado de él diciéndole que no se podía llegar a nada si uno mismo no quería, pero en el fondo ambos sabían que Hatake estaba equivocado. Fueron sus errores como sinobhi los que le impulsaron a hacerse cargo de la academia. Fueron esos mismos errores los que les permitieron conocerse.

Como hijo de ninjas Iruka había sido educado en el combate, como protegido del Hokage fue entrenado por los mejores, pero eso no le hizo mejorar. Con esfuerzo se convirtió en gennin y formo parte del único grupo de estudiantes que Itachi Uchiha entreno. Quizás fueron aquellos opacos rubíes los que le marcaron o el escalofrío que recorría su columna vertebral cada vez que le hablaba directamente, pero lo que tuvo claro es que todo cambió en aquel momento.

Itachi se convirtió en un maestro, un amigo, un hermano, un amante. Se diluyó entre las formas de su propia existencia y se recreó de nuevo para convertirse en parte de él. Una parte que debía ocultarse al mundo. Fue demasiado joven y torpe para darse cuenta de la realidad. Uchiha ya tenía a alguien a quien podía amar como un igual, pero él, con la ilusión del primer amor, no se dio cuenta hasta que la cortina de humo que cubría la realidad se rasgo con los gritos de dolor que produjeron ante su propia perdida. Shisui Uchiha fue encontrado muerto y con su cuerpo enterraron los últimos vestigios mortales que habían atado a Itachi a aquel mundo.

Aquella noche Iruka abrió la puerta asustado. El ANBU se abrió paso cubriendo el suelo de barro y sangre. Las lágrimas, nunca antes derramadas, cubrían el rostro de su sensei y el castaño supo que no había palabras para calmar semejante dolor. Le tomó entre sus brazos y le besó con suavidad sin importarle acabar empapado por tan macabra sinovia. Fue su primera vez, aunque por desgracia apenas la recordaba. El dolor que rasgo sus entrañas fue el mismo que le concedió el sueño del que tardó en despertarse.

Por la mañana encontró la nota que Itachi le dejo. Las palabras rápidamente escritas y las letras tan corridas que le costaba diferenciar unas de otras, sin embargo sonrió al descubrir el significado. Entre las líneas se dibujaba un pequeño amor que seguía latiendo entre los dos, haciéndole creer que con el tiempo sería completamente suyo. Pero se equivoco.

La noche llegó y las sirenas de las alarmas atravesaron las calles de la aldea de la hoja advirtiendo de el peligro. Con paso ligero y el aliento gastado llegó hasta el bosque donde aquellos ojos rojos le observaron con el despreció de quien se cree superior a su adversario. Ni siquiera pudo encararlo, se dejo caer de rodillas mientras sus lágrimas corrían libres. El filo de la katana brillo junto a la luna roja y dejo caer el golpe que rozó su nariz. Una cicatriz que uniría sus mejillas nació surcando la ensangrentada piel. Frente a él un ANBU de cabellos plateados había desviado la mayor parte del golpe con un kunai.

Iruka miró al cielo y observo como su mayor pesadilla se dibuja contrastando contra el tranquilo paisaje. La guerra había dejado de ser un recuerdo pasado y convertía el futuro en un tiempo incierto. Empuñando las armas el capitán consiguió hacer retroceder a su pupilo, quien huyo oculto por el protector abrigo de las sombras.

Tardo casi dos años en descubrir el nombre del hombre que había salvado su vida. Kakashi Hatake, el copy-ninja de ojos desigual y vacía ilusión. Fue un simple gracias y una caricia sobre la herida que le hizo estremecerse lo que le hicieron entender que debía mantenerse alejado de él.

Mizuki llegó varios años después, su cabello de color plata le recordó tanto a él que no pudo evitar acercársele. Aquella tarde en la que casi no había trabajo se levantó de su asiento y se encontró acariciando aquellos mechones que jugueteaban entre sus dedos rebeldes. Las sonrisas y los besos que sucedieron a ese primer encuentro endulzaron sus noches solitarias, pero como el anterior también Mizuki le falló; solo que esta vez no debería haber nadie para salvarlo. Pero allí estaba, esa pequeña espalda que él debería haber protegido se alzaba orgullosa frente a él.

Cabello rubio, ojos azules y sonrisa sincera. Su pequeño alumno, el dulce zorro de nueve colas utilizo todo su devastador poder para protegerle. Y esa simple acción, por la que le sonrió, también le hizo darse cuenta de su propia flaqueza. Entreno más duro pero fue en vano y aunque lo supo desde el principio no por ello dejo de intentarlo. Él no era como los demás, no podía aceptar órdenes estúpidas que ponían en riesgo vidas inocentes. Solo Sandaime se dio cuenta de su talento y le alentó a utilizarlo.

La anestesia se diluyó en su sangre y las ideas se volvieron más confusas. Trato de levantarse pero no tenía suficiente fuerza. Tomo aire y se sorprendió al encontrar que su boca había sido invadida por una mordaza de plástico que le ayudaba a mantener controlada su respiración. Se sintió incómodo y deseo con todas sus fuerzas poder arrancárselo, pero como antes, era demasiado débil para lograrlo por sus propios medios. Una vez más deseo que Kakashi estuviera allí. Pero eso no volvería a ocurrir, Kakashi se había ido. Lo había visto con sus propios ojos. Su cuerpo cubierto de sangre carmesí, tirado a los pies de Madara Uchiha. El llanto regreso y la desesperación le hizo agitarse.

Sakura despertó del insípido sueño y grito aterrada. En la cama su paciente se revolvía inquieto y las heridas que tanto le había costado sanar se reabrían empapando las gasas protectoras. Tsunade entro en la habitación para hacerse cargo de la situación. Consternada observó como las duras horas de trabajo eran hechas jirones tras unos instantes de incesante movimiento. Naruto entro corriendo y aparto a aquellos que estorbaban su paso. Sus dulces palabras aplacaron la ira desatada del inconsciente enfermo.

-Kakashi-sensei date prisa.- Suspiró angustiado y se reanudo la bandana.- Tengo que ir a buscarlo.- No era una avisó solo una cortés despedida. Sasuke asintió en la puerta y le se apartó para permitirle el paso. Una mano sobre el hombro y un beso en la mejilla le dijeron adiós. El quejido de Iruka le hizo desandar sus pasos y a su pesar Naruto sintió la obligación de aferrarle la mano mientras desesperaba por el regreso de su otro sensei.

-Sasuke.- Le llamo Tsunade con indecisión.- ¿Es cierto que Madara sigue vivo?

-No después de esta noche.- Sentenció y la mujer mordió su labio suplicando por que fuera cierto.

Kakshi se sujeto las costillas. Había evitado un golpe mortal, aunque la profundidad era alarmante sino se aseguraba de cerrarlo pronto. Frente a él su adversario le miraba furioso. Óbito había sufrido demasiado y su contraído cuerpo poco más podría hacer. El corazón estaba destrozado y solo las ganas de llevarse a alguien junto a él le permitía seguir respirando.

-Deberías rendirte ya.- Le pidió el peliplateado.

-Para que me des la honrosa muerte del perdedor. No gracias. Prefiero morir después de acabar contigo.

-Óbito.- Le llamó con una sonrisa dibujada en los labios.- Te juro que nunca quise hacerte daño. Pero ahora eso ya no importa, tengo alguien que me espera en casa. Y si quiero volver a verle, tengo que acabar contigo.

Sus pies despegaron del suelo y solo los ojos Uchiha pudieron seguir aquellos serpenteante movimientos. Un golpe de kunai reboto contra el acero de un shuriken. Un giró y el golpe de la mano desnuda golpeo la piel abierta. Dos pasos de retroceso para tomar aliento y la danza macabra retomo el movimiento. Madara utilizo las pocas fuerzas que le restaban y lanzo su ultimo ataque dispuesto a apuñalar a su contrario, pero el brazo se negó a obedecerle. El ataque de Kakashi llegó sin demora. El chidori volvió a atravesar su corazón y supo que esa vez no le quedaban trucos para mantenerse con vida.

-¿Porqué?- Quisó saber el peliplateado.

-Porque los que abandonan a sus amigos son perores que escoria.- El hombre escupió sangre y Kakashi se arrodillo para levantarle la cabeza a modo que podría respirar mejor.

-Óbito.- Llamo con dulzura.

-Lo siento Kakashi, era demasiado fuerte para mi. No pude detenerle.- Las lagrimas lavaron los pecados de un alma que nunca fue culpable.

-Debería haber vuelto a por ti.

-Ya estaba muerto.- Sentenció sonriendo.- Madara robo mi cuerpo. Lo curo y me obligó a ser testigo de una masacre que no podía detener. Gracias por liberarme Kakashi.- Su respiración entre cortada le hizo saber que no le quedaba tiempo.- Rin y yo siempre te cuidaremos.

-Aunque no os pueda ver.- Oculto su rostro en el pecho que había dejado de latir y aulló como un animal herido. A varios metros de él una planta atrapamoscas sonrió dándose a la fuga.

Madara había muerto y con él sus estúpidas ideas serían enterradas. Pronto las aguas volverían a su cauce y se olvidarían de él. Mientras tanto descansaría , volvería a infiltrarse, se disfrazaría de ellos y los eliminaría. Uno a uno sin que sospechasen nada. Su felicidad interna le volvió descuidado y no le permitió ver la arena que se aferró a su cuerpo apresándole.

-Zetsu, miembro de Akatsuki. Por los delitos cometidos contra shinobis, civiles y el mundo ninja el consejo de los cinco Kages te condena a muerte. Si tienes unas últimas palabras puedes decirlas ahora.

-Que te jodan.- Gaara ni siquiera tuvo que pensarlo, el ataúd del desierto hizo su trabajo a la perfección y solo el polvo quedo de lo que antes habían sido huesos.

Lee observó desde la distancia y un escalofrío recorrió su cuerpo. El mismo había sido víctima de la gloria del pelirrojo, sabía de sobra su poder; y sin embargo, no podía dejar de sorprenderse ante su efectividad. Gaara agachó la mirada avergonzado, no había deseado matarlo, pero sabía que tener a un Akatsuki vivo reportaba más problemas que alegrías y como Kazekage tomo la decisión más sabia.

-Debemos reunirnos con Kakashi.- Dijo sacando al moreno de su asombro. Con un salto avanzo varios metros y pronto su compañero le alcanzó.

-Me alegra ver que has cambiado.- El pelirrojo giro los ojos sin comprender.-Antes disfrutabas matando, ahora solo lo haces cuando es estrictamente necesario.

-Antes no era consciente del dolor que causaba cuando segaba una vida.

-¿Y ahora?

-Ahora ya he tomado medicina. Ya no duele.- Su mano señaló su corazón y Lee le sonrió aunque no entendía a que se refería su amigo.

Encontraron a Kakashi acicalando el cadáver de su oponente. Respetaron su duelo y se ofrecieron a tomar el cuerpo, pero el jounnin se negó dándoles las gracias. Si le sorprendió ver al Kazekage de Suna allí no dijo nada que lo demostrase. Caminaron en silencio a través de las empedradas calles hasta el hospital de Konoha. En la puerta Tsunade les esperaba y solo al verlos volver vivos respiro tranquila por primera vez aquella noche.

-Se llamaba Óbito Uchiha.- Dijo Kakashi mostrando al hombre que cargaba.- Madara robó su cuerpo al morir. El no tuvo la culpa de lo que sucedió. Por favor Godaime -sama entiérralo como un ninja.

-Lee llévale al depósito. Quítale esa porquería y ponle un uniforme de gala.- El muchacho asintió y con cuidado recogió el cuerpo.

-Gracias Hokage-sama.- La mujer giro la cabeza restándole importancia al hecho.

-Deberías entrar, esta refrescando e Iruka no tardará en despertar.- El viento movió las coletas rubias y la mujer sonrió al comprobar que el ninja ya no estaba en la puerta.- Que vamos a hacer Kazekage-sama los jóvenes ya no respetan ni tan siquiera la norma de no correr en el hospital.

-Con permiso señora, no creo que ninguno de nosotros respete ninguna norma cuando se trata de seres queridos.

-Ya, ¿por eso tratas de robarme a mis shinobis por la espalda?- Las mejillas del muchacho adquirieron un matiz rojizo y la mujer le sonrió como una madre. -¿Sabes porque le he hecho volver?

-Porque tenías miedo de que aceptara mi propuesta.- Una negación con la cabeza fue lo que obtuvo por respuesta.

-No pequeño bobo.- Le acarició el pelo con ternura.- Lee es un ninja y es leal a esta aldea. Una vida de civil, incluso a tu lado no sería vida par a él. Por eso le voy a mandar como Suna como mi delegado. Y espero que pronto Suna nos honre con el envió de un igual.

-Temari estará encantada.- Entro tras ella y la voz somnolienta de Naruto le llegó de pronto. Un abrazo le rodeo los hombros y no pudo evitar devolverlo.

-No sabía que venías.- Le dijo el rubio sonriendo y Gaara trato de devolverle el gesto, pero la sonrisa de su cara parecía una mueca retorcida propia de un demente; así que resignado volvió a su expresión habitual.

-Sasuke Uchiha sigue vivo.- Naruto sintió palidecer ante las palabras de quien creía su amigo.- La sentencia dictado contra él dictaba la pena de muerte.

-No dejaré que le mates.- El zorro se sacudió en su interior.- Me da igual lo que digáis.

-Sasuke murió, ¿verdad Naruto?- El rubio asintió.- Eso es lo que vengo a decirte. La pena capital se cumplió. Sasuke Uchiha a expirado sus culpas para la comunidad ninja. Pero yo que tu no le mandaría a misiones fuera de la aldea. Muchos ninjas han perdido demasiado por culpa de esta guerra y el nombre de tu amigo esta inscrito con sangre en sus pérdidas.- Naruto asintió agradecido y se separó del muchacho para hacer participe de la noticia a los demás.

Kakashi entro en la habitación casi reverenciando la presencia inconsciente del castaño que esperaba su llegada. Una sonrisa queda se dibujo en sus labios y suspiro aliviado al notar aquella respiración acompasada. Sakura le había retenido en la puerta y no le permitió entrar hasta que sus heridas estuvieron lo suficientemente sanadas como para no poner en peligro su salud. Dos dedos viajaron hasta su máscara y tiro de ella liberándose de una opresión que nunca antes había sentido.

Recorrió con las yemas el borde del rostro y suspiro aliviado. Colocó su frente contra la morena y beso con dulzura la punta de la nariz. Unos ojos color miel parpadearon cansados y después se abrieron sorprendidos. Iruka arrancó los cables que se mantenían adheridos a su cuerpo y abrazo al peli plateado que le observaba con una gran sonrisa en el rostro. Levantó la cabeza y con los ojos húmedos beso aquellos labios que nunca creyó poder volver a sentir.

-Estabas muerto.- Sollozó.- Te ví en el suelo. Te vi muerto.

-Lamento ser más duro de lo que pensabas.- Iruka se arrodilló en la cama y volvió a abrazarle.- Más despacio.- Pidió sobándose las heridas.

-Perdona.- Rió besándole de nuevo.

Naruto se apartó de la puerta medio abierta con una gran sonrisa en el rostro sus maestros estaban bien y Sasuke también. Pronto el mundo dejaría de girar alrededor de aquella espiral de locura al que la guerra les había orbitado. Con paso seguro se dirigió hasta el Uchiha que le esperaba sentado en uno de los bancos de la sala de urgencias. Tsunade no le dejaría abandonar el hospital hasta que le hubieran trasplantado los ojos de Itachi, pero todo saldría bien, estaría en buenas manos. Cansado se dejó caer sobre el hombro del moreno y en pocos minutos se quedo completamente dormido. Sasuke sonrió y le acarició la cabeza. Parecía imposible que un día pudiera haber renunciado a tener ese dulce cuerpo a su lado. Pero ahora todo había cambiado, ahora que el sentimiento de venganza había desaparecido podía ser libre para vivir su propia vida.