Buenos días/tardes/noches, mis queridos amigos invisibles, volví más rápido de lo que esperaba.
Adivinen qué; los extrañé.
Un nuevo capítulo, escrito continuamente y sin pausa desde que terminé el anterior.
En esta ocasión, veremos un poco más profundo los problemas que tendrá la trama a partir de ahora.
Algo más, gracias a todos los que se volvieron seguidores de este Fic, en realidad significa mucho.
Sin más nada que decir, ¡disfruten!
Conviviendo con un Desconocido.
Capítulo 8: Ni tan Final, ni tan Feliz.
La mañana siguiente, instantáneamente después de que Celestia levantara el Sol, los pegasos encargados del clima cubrieron el cielo azul con unas amargas nubes grisáceas, de aspecto amenazante, como un bandido preparándose para atacar. Las princesas, el nuevo príncipe y el huésped momentáneo se reunieron en un gran comedor para tomar la comida matutina, sólo porque Havent pensó que el jardín no tenía tanto esplendor en ese día tan opaco. Por supuesto, y por complacer su capricho, la mayor le dijo que no había problema, e inmediatamente mandó a llamar a todos para comer.
StarLight, por otra parte, quería estar fuera de ese opulento lugar lo más pronto posible. Se sentía fuera de lugar y no se acostumbraba a que le dieran todo lo que parecía necesitar. Movía los trozos de zanahoria hervida, mirándolos con su típica falta de expresión. Quizás era por las emociones negativas que le causaba estar en el castillo, o tal vez por no tener el mismo gusto que la monarquía, que le dejaba un mal sabor en la boca. Estaba medio crudo, falto de sal, y aun así parecía cortado con una máquina de precisión excelente, tajos limpios, y adornado con unas hojas de cilantro a los lados de una forma artística. Pareciera un poco hipócrita en el ámbito culinario, así de hipócrita se sentiría él cuando la alicornio blanca le llamó para preguntar:
— Delicioso, ¿no le parece, señor Dust? — Raudo, tragó con un poco de fuerza, y casi a regañadientes.
— Sí, es... Muy bueno.
Y justo como mintió sobre la comida, mintió sobre casi todo lo que le cuestionaba la anfitriona.
— ¿Ha disfrutado la estadía en el castillo?
— Sí.
— ¿La cama le resultó cómoda?
— Sí.
— ¿Pasó bien la noche?
— Sí.
Bueno, lo último no era del todo falso. Siempre disfrutaba de la compañía infantil, tosca, probablemente un poco juguetona, pero bien intencionada de Fire. Sentía que él era su nueva familia.
— Cuénteme, señor Dust, ¿cómo conoció a Havent? — Mencionó Luna el tema que, de hecho, se habían tardado en tocar desde que había llegado la noche anterior.
"¿Qué demonios? ¿Por qué tantas preguntas?", pensó el unicornio mientras se llevaba a la boca el último pedazo de zanahoria. Le molestaba sentirse interrogado fieramente pot la familia real. ¡No había hecho nada incorrecto! Al menos, eso se repetía en su cabeza, no existía la "Ley de Adopción de Príncipes Desaparecidos Durante Casi 18 Años", o cualquier tipo de nombre ridículo que decidiera colocarle el Parlamento Equestriano. En fin, le estaba dando demasiadas vueltas al asunto. Se enfocó en responder a la princesa de la noche.
— Pues lo había aceptado un tío suyo, que lamentablemente falleció — Ante la expresión "fallecer", dieron las dos yeguas un suspiro de asombro, un tanto exagerado, quizás —. Yo asumo que él se fue al parque de Ponyville y ahí lo encontré yo — De repente, se volteó hacia el aludido — ¿No es así, Havent?
El menor se sorprendió ante tal gestó de cuestionamiento, como si buscase una aprobación para la medio-mentira que acaba de contar. Él, que hace ya mucho había terminado su plato con gusto, asintió un poco nervioso.
— Sí, así fue. — Afirmó, con énfasis en la palabra "fue".
En la tarde, en un momento en el que ambos llegaron a alejarse del lugar, el adoptado le preguntaría al de crin roja el porqué había inventado tal historia sobre que lo había encontrado en el parque, y no rescatado de la lluvia, como realmente sucedió. Entonces obtuvo por respuesta que "hay ciertas cosas que no puedes decirle a tu madre, es lo mejor para que no se preocupe tanto". Y era cierto, el pony poeta no quería contarle a su progenitora que había tenido un ataque de pánico y llorado hasta quedar seco por dentro. Ya tuvo suficiente por el lapso de tiempo que duró su búsqueda.
Pidiendo permiso, se levantaron los dos sementales e intentaron tomar los platos y llevarlos a la cocina. Las princesas se negaron al acto, alegando que para eso tenían sirvientes y mayordomos. "Sí, mayordomos" exclamó en voz baja el mayor de los dos. "Mayordomos que pueden clavarles un puñal en la espalda si no se cuidan". Un pensamiento cínico, pero muy cierto.
Un desayuno muy agradable. Sí, claro.
...
Star tenía los ojos cerrados por cansancio, cruzado de patas delanteras mientras viajaban todos en el carruaje tirado por guardias alados con dirección a la villa donde residían las mane6, cuyos servicios no eran requeridos desde hacían casi 10 años. Los pegasos encargados del transporte dirían luego que "fue un viaje difícil, el viento parecía tener ganas de soplar para hacer un tornado". Una tormenta caería pronto y, obviamente Dust no aceptaría otra noche en el castillo.
De manera muy curiosa, Havent tampoco tenía las mismas intenciones. Dos horas antes de mediodía se le vio entrar a la oficina de Celestia, donde le pediría, inseguro pero muy firme en su decisión, que quería quedarse en casa de su hermano adoptivo. Como un rayo, se le mandó a llamar para que asistiera. Obvio era el hecho que ella estaba un poco enojada de que su hijo, su único y más amado potro, eligiera a un completo extraño a estar con ella.
Los tres tuvieron una larga e incómoda conversación sobre quién cuidaría al menor y por cuánto tiempo, como una pareja divorciada. A mitad de la charla, el pony que era motivo de la discusión se levantó y pronunció su argumento.
— Ah... Mamá, sé que quieres que esté contigo y eso pero me siento un poco más cómodo en la casa pequeña de Star. Creo que me acostumbraría a estar aquí poco a poco.
Ella supo comprender sus palabras, aunque una parte de su alma ardiese en cólera. Ya al finalizar, se acordó que el alicornio macho se quedaría es casa de su hermano e iría al castillo durante los fines de semana. Parecieran haber quedado todos felices y contentos con la decisión, por lo que Luna, quien había entrado ya culminando la junta, llamó a los sirvientes para que arreglasen un carruaje.
En menos de una hora, ya habían arribado a un campo pequeño en las afueras del parque. Se respiraba al aire fresco, aunque un poco húmedo por una suave llovizna que caía como gotas de rocío en el pasto. Los guardaespaldas de las monarcas sostuvieron un paraguas de color azul, casi transparente a la vista, para que no resultaran todos empapados. El unicornio entonces guió el camino hasta su casa pequeña y modesta.
— Oye, Star — Le llamó el de crin amarillenta para luego susurrarle—, ¿mi mamá y mi tía pueden pasar un rato en la casa?
Abrió los ojos como platos al oír el pedido de su hermano. "No, no y no. Mil veces no", reclamó en su mente, pensando en las palabras más adecuadas para responderle. Ya tenía su opinión cuando vio por enésima vez a los ojos azules del menor.
— Sí.
Nunca había dado tantas respuestas positivas en un solo día, era más que nada un negativo de primera mano. Bueno, lo hecho, hecho está.
El dueño sacó una llave del fondo de un florero, donde siempre mantenía una copia por seguridad. "¿Ahí es donde guardas tus llaves?" se alcanzó a oír de la boca de la yegua del anochecer. Si había algo que no le gustase al pariente no biológico de Havent, era que cuestionaran lo que hiciera. Sin contestar, abrió la puerta sin la menor complejidad, sólo para que se cayera del marco. No había solucionado ese problema el día del secuestro por el apuro.
Gruñó, como era costumbre, por las circunstancias en las que solían suceder las peores cosas. Más allá de cualquier interés, quería mostrar una buena imagen de su forma de vivir ante las regentes. Sabía que, si era todo lo contrario, no dejarían al ex huérfano quedarse. Una buena aplicación a la Ley de Murphy, si se puede llamar así.
Los pegasos empezaron a murmurar algunas cosas que no llegaron con jubileo a los oídos del anfitrión, que los miraba sin la mínima expresión de molestia, tristeza o burla. Ante tal acto, Celestia carraspeó su garganta y ambos callaron, no hay que hacer molestar a la jefa. Con la mayor amabilidad que le quedaba, las incitó a pasar antes de que la lluvia se fortaleciera. Todos entraron sin dudar.
...
— De todas las ideas que te dejado expresarme, ésta es la peor. — Expresó con un tono de irritación severo.
A Havent no le gustaba cuando habían visitas y Star le indicaba que le "ayudase a preparar el té". Era una tosca excusa para hablar de lo que pasaba.
— ¿Qué? ¿Por qué?
— ¡Oh, Star, vamos a invitar a las princesas de Equestria a la casa pequeña del parque de Ponyville! — Se burló, exagerando un poco en el camino — Sabes cómo me pongo cuando hablamos de la realeza.
— Pero Star, es mi madre. Sólo quería que pasaran un rato por aquí y vean la buena vida que tenemos. — Explicó colocando cara de cachorrito regañado, persuasión debía ser su segundo nombre — ¿Estás molesto conmigo?
El mayor no supo qué decir; lo estaba por traer a su madre, pero pensaba que no podía enojarse con él, así que, por primera vez, habló sin pensar mucho.
— No. — Declaró mirando de reojo la tetera en la llama ardiente.
— ¿Entonces pueden quedarse hasta la noche?
— Tampoco.
A Havent entonces se le prendió el foco, un truco que no había intentado hasta el momento, aunque le hubiese gustado mucho hacerlo, y ahora tenía la oportunidad para hacerlo, se urdió con malicia infantil.
— Star — Llamó haciendo su mejor imitación del aludido, con una cara seria —, si no dejas que se queden un rato más, me pondré a llorar aquí y ahora mismo.
— No tienes las agallas para eso, Havent.
Y así empezó. Si había un día en el que no se debía retar al destino, era ese. Un grito estruendoso inundó la casa, e inclusive llegó a escucharse en el mercadillo, lo que alarmó a las que se encontraban adentro.
— ¡Está bien! ¡Está bien!, pero cállate ya. — Accedió, sacando la tetera de porcelana, que también había comenzado a silbar.
El ruido se detuvo y, como ya estaba acostumbrado, el alicornio macho abrazó a su hermano adoptivo con una sonrisa de oreja a oreja, agradeciendo mil y una veces a su salvador y protector. Rodó los ojos mientras correspondía el abrazo, así como la puerta chocó contra la pared estrepitosamente, mostrando a las princesas preocupadas.
— ¿Está todo en orden? Oímos un grito.
— Sí, mamá. Es que me quemé un poco sacando el agua caliente, pero eso es todo. — Así le dedicó una mirada cómplice oculta al de crin roja. A éste le preocupaba que, con cada día que pasara, Havent se parecía más a él. Era un extraño sentimiento entre el orgullo y la curiosidad.
El evento quedó en una ligera sospecha por parte de la madre, que pasó desapercibida por la mayor parte de la estadía. Se quedaron platicando sobre cómo planeaba seguir su vida de ahora en adelante. El blanco sería sincero, no tenía eso planeado, aunque Red le había ayudado a conseguir un lugar en la Universidad de Ponyville. El otro semental casi se atragantó cuando recibió la noticia, no estaba al tanto de eso. A todos le alegraba que el alma mater del príncipe fuera una de las mejores academias.
Eso destruyó los planes de Luna de contratarle tutores altamente cualificados para que estudiase en Canterlot, todos ellos bajo un contrato de confidencialidad. Un asunto menos del que encargarse, entonces. Pero la familia biológica tenía bastantes ideas y expectativas sobre el futuro del desaparecido por tanto tiempo.
Como todo aquel familiar que no parecía haber visto a sus seres queridos hace mucho, Fire no paraba la lengua y hablaba de hasta lo que habían cenado hasta el momento. Su compañero de casa le puso un casco en el lomo, indicándole que se detuviera, mirando a las princesas con seriedad. Decidido a acabar con las dudas que tenía, y que seguro tendría el otro, pero se habría olvidado con la emoción, hizo la pregunta del millón.
— Suficiente de nuestra vida. ¿Qué pasa con el padre de Havent? ¿Cómo es que terminó en un orfanato?
Al momento, pareciera haber tocado un nervio en las mentes de las gobernantes. Era un tema incómodo, sí. Era difícil explicar que no querían explicar nada, sobretodo con un pony con el que no formase parte del círculo cerrado. Se acomodaron en el gran sofá rojo con detalles amarillos, preparándose para la explicación que habían dicho durante los últimos años a todos los que preguntaban lo mismo y conocían la verdadera historia del pequeño alicornio llamado Havent Fire.
— Nosotras... Simplemente no lo sabemos.
Chasqueó la lengua ante una respuesta tan incompleta. Era una estupidez. StarLight podría ser muchas cosas, pero no un idiota, y que le tratasen como uno era algo que no iba a tolerar.
— No les creo. — Replicó desafiante, mientras el menor le miraba un poco nervioso.
— Pues usted está en su libre criterio de confiar en la información que le damos o no. — Dijo de igual manera Celestia, que analizaba que el unicornio turquesa sería un hueso duro de roer. Con ese comentario, Dust perdió la paciencia que le quedaba con la monarca. Se inclinó hacia adelante en el sillón, mirándola fijo a los ojos.
— Su alteza, con todo respeto, deje de hablar tanta mier...
— ¡Star!
El grito de alarma del príncipe logró el objetivo de interrumpir lo que estaría a punto de decir, lo último que deseaba era que sus dos familias tuvieran un conflicto, como todo niño en medio de un divorcio.
En efecto, la princesa y el plebeyo se empezaron a repudiar, aunque ella no se lo permitiese internamente. Quería una buena relación con todo el pueblo. Sin embargo, al ver cómo un completo desconocido adoptó a su hijo y le deja vivir en su casa sin nadie más, sentía que algo se tenía entre cascos. Como toda madre, ella sólo quería proteger a su potrillo o, al menos, de eso la habría diagnosticado el psicólogo que le recomendó Luna por los ataques de ansiedad que le eran cada vez más frecuentes. El hecho de que un extraño tuviera que cuidarlo le daba rabia, y lucharía hasta las últimas consecuencias para que se criara como ella deseaba.
Ella lucharía hasta las últimas consecuencias.
...
Ya bien entrada la nueva noche, los dos machos se habían quedado solos al fin. El dueño de la casa estaba irritado, aunque también un poco nervioso. Para él, era una sensación nueva, inclusive para el alicornio era algo desconocido notarlo alterado. En la noche, antes de irse a dormir, se sirvió una taza de café y, al levitarla con su magia, le temblaba el pulso, de vez en cuando le fallaba la fuerza del agarre, en esos momentos la taza amenazaba con caer y esparcir el caos ardiente.
Sus preocupaciones no eran por nada. Por más que se lo pidiese, nunca se lo contaría al otro inquilino. Además, no quería hacer más daño del que ya tenía en mente para un futuro. La razón de su predicamento era un pequeño altercado que ocurrió antes de que la gigantesca figura de crin multicolor y su hermana se fueran:
— Escuche, señor Dust — Le susurró en la cocina, apoyándose en la alacena, tomando espacio para demostrar ser la forma de autoridad —, conozco el hecho de que usted tiene una relación de afecto con mi hijo...
Viendo un destello centelleante de maldad sobreprotectora, el macho no tuvo de otra que retroceder lentamente.
— ¿A qué se refiere? — Cuestionó con un hilo de voz.
— Se lo pondré claro: Usted le hace algún tipo de daño a Havent, y me veré obligada a algo que ninguno de nosotros quiere que suceda. — Declaró clavando sus ojos en los del otro, inconscientemente inyectando odio. Años después sentiría algo diferente, quizás, arrepentimiento.
Eso era una mala señal, recibir una amenaza de la realeza era algo serio. Y, en esa misma noche, mirando el fuego de la chimenea, miles de millones de pensamientos recorrieron su mente. El más predominante era la explicación para su miedo. Lo más probable era que la princesa recurriera a las batallas legales para que el menor no se quedara con él, inclusive podría comandar a alguien para armarle un expediente y mandarlo a la cárcel. Tal vez lo último sonase exagerado, pero como Celestia dijo, haría algo que ninguno quisiera que sucediera.
También llegaban a su mente preguntas importantes. Si la princesa era la madre, ¿de dónde había salido la historia de que su madre había muerto en el parto y su padre se había suicidado días después? Al menos, esa era la información que le dio la directora del orfanato. Pero, ¿quién le había dado esa información? ¿Habría sido la propia Celestia? ¿Cómo llegó al orfanato? Además, recordó el cuento del obrero del tío millonario, que le había convencido de aceptarlo cuando estaba demacrado por la edad. Eran muchas dudas para muy pocas respuestas. Alguien orquestraba su crescendo enigmático para encubrir la verdad. Tendría que descubrir quién había sido.
Ya hacía una hora desde que le dijo a su hermano que se fuera a dormir, que él se quedaría pensando. Sacó un sobre de un cajón en un mobiliario de la sala. El sobre que no leyó la noche en que el otro había llegado, sino el día después. Recordaba cada palabra, cada una explicaba la relación que poseía con su tío recién fallecido.
StarLight Dust se quedó mirándolo sin emociones, recordando los primeros días, los sentimientos. Y en eso le cayó la realidad como un balde de agua helada: Estaba sintiendo tanto miedo porque, por primera vez, estaba arriesgando algo sumamente importante para él, a Havent Fire.
Al final, cuando las campanadas de la iglesia de la villa anunciaban la media noche, lo que sacó de su trance al unicornio, arrugó el sobre, que contenía todos los documentos, y lo arrojó con un montón de sentimientos al fuego, cuyas últimas chispas de vida se apagaron en la madrugada siguiente, cuando él despertó entre los gritos y vitoreos de alegría a la princesa Celestia, que llevaba a cabo su visita anual a Ponyville.
— ¡Star! ¡Vamos a ver a mamá!
El alegado gruñó, cubriéndose la cabeza con la almohada y el resto del cuerpo con las cobijas. Iba a odiar el año que le quedaba con el pequeño alicornio. Con un suspiro de resignación, gritó como respuesta:
— ¡Tonterías, Havent! ¡Hay mucho bullicio por allá!
— ¡Baja o voy a tener que obligarte! — Le amenazó, mirando por la ventana, emocionado como un potrillo.
Obviamente, la paz y su relación con la monarquía no sería la misma, y todo empezó a cambiar el día que llevó un paraguas negro bajo la lluvia y sacó a un poeta de su predicamento.
Oh sí, no más paz.
El miedo es algo que nos hace temblar. Estar escondidos hasta el final. Sólo espero a la luz que la pueda derrotar, que se valla ese miedo para que pueda sonreír una vez más; tener felicidad hasta el final. — Havent Fire.
Y hasta aquí llegamos hoy.
No sé ustedes, pero yo estoy de parte de Celestia, eso no significa que vaya a pasar algo bueno para ella...
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Soy CSR y me despido por hoy, los veré en un próximo capítulo de CcuD.
