**** Luna de Miel ****
. . . . . .
. . . . . .
Caminó por la habitación de forma inquieta, abrió la puerta del armario, y extrajo un par de frazadas y una almohada. Tenía ganas de estar ahí, con ella. Apretó la mandíbula con fuerza, sintiendo la frustración recorrerle.
No podía, simplemente, no podía. Estaba a un nada de perder el control. Era su esposa, pero no quería que las cosas fueran de esa forma.
Ella era orgullosa al igual que él ¿Cómo llevarían su relación al primer paso pero con un nivel de esa magnitud? No estaban hablando de un primer beso, aunque así lo fuera. No, era más que eso. Era su luna de miel y estaba muerto de los nervios.
Se mordió los labios, una parte de sí gritaba que hiciera lo que sus instintos le pedían, pero sin embargo, no podía evitar sentirse como el mismo tonto de siempre. Las cosas no habían salido de lo más normal.
Se habían casado a base de un engaño, no podía decirse que fuera una situación normal.
— ¿Qué crees que haces? — preguntó la joven inquieta, levantando levemente la voz —. No creas que dormirás aquí — dijo cruzándose de brazos.
— Mju — fue lo único que él dijo increpándola. La miró de reojo por sobre su hombro, pero sin detener su tarea. Ella se movió al centro de la habitación escrutándolo, intentando averiguar lo que él pretendía. Aun traía ese vestido puesto, aquel que Nabiki le había puesto intencionalmente, en lugar de su ropa habitual dentro su equipaje. Sonrió secretamente, le encantaba verla de esa forma. El corto vestido de color rojo, dejaba ver la mitad de sus piernas inquietándolo.
— Que estemos casados, no significa nada — continuó ella, con el orgullo resplandeciendo en sus palabras — sabes que nada es como parece.
— ¿crees que quiero estar aquí? — preguntó incipiente, dándose la vuelta para poder observarla. Le dolía profundamente, que ella pensara de esa manera con respecto a su matrimonio. —. Dime ¿Quién querría estar con una mujer fea y sin atractivo? — añadió despectivo, contradiciéndose a sí mismo y a lo que realmente quería.
— ¿Y crees que yo quiero estar con alguien como tú? — le reclamó colocando las manos en las caderas, frunciendo el ceño ante las palabras del chico. Si bien era cierto que ella le había provocado, no le gustaba mucho la forma en que le decía ese tipo de cosas.
— Ja. Como si fuera fácil para mí — le gritó molesto ante las palabras de su joven esposa. Le había dolido de sobremanera, la forma en que ella lo rechazaba verbalmente. Sintió una terrible frustración, las cosas estaban saliéndose de control. Algo que ellos tenían, es que cuando comenzaban a discutir no tenían forma de parar sin lastimarse mutuamente —. ¿Crees que para mí es fácil todo esto? … este matrimonio… — desvió la mirada evitando todo contacto visual.
— Idiota — le gritó con un aura de furia rodeándola, sacando sus propias conclusiones ante la situación. Imaginándose, que él no había querido casarse con ella — todo esto es tú culpa.
— También es culpa tuya — le increpó molestó. Lo que en realidad le molestaba, era no tener el valor o el tacto suficiente para enfrentarla de otra manera. Estaban tan acostumbrados a discutir sin sentido, que al parecer no tenían otra forma de solucionar las cosas o entenderse —. Si no hubieses firmado, no estaríamos aquí.
— Insensible... te recuerdo que también es culpa tuya, tú también firmaste — le recriminó al punto de casi estallar en la furia que la consumía en esos momentos. Se estaba conteniendo para no golpearlo.
— ¿Insensible? — le preguntó furioso. Se acercó peligrosamente a ella, con pasos firmes y decisivos, una mirada indescriptible que la inquieto—. Diablos Akane, ¿tienes idea de lo que esa palabra significa en estos momentos? — su voz sonó turbia, intranquila y a la vez decisiva. Llevó una de sus manos hacia la joven, empujándola ligeramente con un dedo.
— ¿Q-qué haces? — preguntó nerviosa por el contacto, retrocediendo lentamente, producto de la inercia ocasionada por el leve empuje del joven — ¿R-Ranma? — retrocedió otro poco. Él no le respondió. Se sintió chocar contra la fría superficie del espejo, sin poder evitar sobresaltarse en el proceso. Él la miró indeciso, agachó la mirada y retrocedió repentinamente y de forma inesperada.
— ¿Crees que quiero quedarme? — le gritó dándole la espalda, apretando el puño frente a él — esto es una estupidez.
Tomó las frazadas con brusquedad, apretándolas con fuerza, intentando controlarse y no cometer una locura.
Ella lo observó intrigada desde su posición. No entendía nada.
Por un momento, pensó que las cosas se tornarían de forma diferente entre ellos. Que lo único que necesitaban, era ese empuje que sus padres les habían dado. Lamentablemente, parecía que las cosas iban de mal en peor.
Desde que habían ingresado a la habitación, todo había sido discusión tras discusión. Igual que siempre.
Ranma abrió la puerta de golpe, haciendo que todos los integrantes de la familia, cayeran intempestivamente al interior de la habitación.
— Solo pasábamos por aquí — decía un cartel sostenido por un enorme panda. Él joven Saotome arqueó una ceja ¿acaso lo creían tonto?, era de esperarse que harían algo así.
— ¿Qué creen que están haciendo? — preguntó con molestia. Tenía el ceño fruncido y un aura de rabia e impotencia rodeándolo. Sabía que las cosas no serían fácil entre ellos, pero esto rebasaba lo ridículo — ¿Qué es lo que están esperando? No sucederá nada. Que lograran casarnos no significa nada.
Pasó entre ellos y caminó por el pasillo, hasta que lo vieron desaparecer. Observaron a Akane, intrigados. Esta aún se encontraba de espalada al enorme espejo que adornaba la habitación, mirándolos incrédula.
La joven frunció el ceño y decididamente se acercó hacia la puerta.
— ¿Qué esperaban? — preguntó furiosa — olvídenlo, esto es ridículo. No crean que lo permitiré— les dijo cerrando la puerta de golpe.
— Vaya — silbó Nabiki, rascándose la cabeza — creo que con estos dos nada es posible.
— Tienes razón — la secundó su padre, asintiendo excesivamente con la cabeza.
— Hay que darles tiempo — dijo la matriarca Saotome — aún son muy jóvenes.
— Sinceramente tía, creo que la juventud nada tiene que ver — agregó Nabiki con aire de burla — estos son más tercos que una cabra. Prefieren discutir que disfrutar un poco.
— ¡Nabiki! — le llamó la atención su hermana mayor. Nabiki estalló en una sonora carcajada — tal vez, solo deberíamos dejarlos ser. Necesitan tiempo para adaptarse — añadió la joven con una tierna sonrisa.
— Tienes razón, querida — analizó la tía Saotome — solo necesitan relajarse. Nuestro propósito ha sido cumplido, ahora todo dependerá de ellos.
— Creo que iré a empacar — declaró Nabiki — no sucederá nada divertido.
Todos asintieron, mientras los patriarcas se aferraban en un exagerado abrazo, derramando lágrimas ante su terrible desdicha.
— Lo ve, Saotome — habló entre lágrimas el patriarca Tendo — así nunca tendremos un heredero.
Y un nuevo mar de lágrimas los cubrió. Nabiki resopló ante la ridícula actitud de su padre y su tío.
— Ranma, eres un… — y no pudo terminar su frase, tan solo se limitó a golpear la almohada, imaginándose que era su joven esposo. Dejo salir un lento suspiró, pensando en su nueva situación. Observó la dorada alianza que adornaba su dedo, y no pudo evitar esbozar una sonrisa de felicidad.
— Akane…Saotome — murmuró. No importaba que estuvieran peleados en su luna de miel, lo importante era, que ella era su esposa. Acarició la resplandeciente joya. Si lo pensaba bien, ella había ganado. Él era su esposo, y no había nada que los locos que los perseguían pudieran hacer.
Le pareció egoísta pensar de esa manera. Después de todo, él no era un trofeo ni un premio. Pero ¿Qué podía hacer? Ella lo amaba demasiado, y vivir constantemente pensando si se casarían o si el la escogería, no era nada tranquilizador ni reconfortante. Si bien era cierto que su matrimonio se daba por sentado, no tenía la certeza que ella se convertiría en su esposa. No con Shampoo y Kodachi detrás de él. De Ukyo, no se preocupaba demasiado, pero de las tretas de la amazona y la loca hermana de Kuno, podía esperar lo que sea.
Pero ya podía estar tranquila. Aunque el matrimonio no se hubiera consumado, al final estaban casados.
Una duda la invadió. El temor de que él no quisiera casarse o que no estuviera de acuerdo, la inquietaba. Tal vez, él estaba atado a ella en contra de su voluntad. Después de todo él había sido claro cuando dijo que no era nada fácil.
— Pero que tonterías estás pensando, Akane — se regañó a sí misma — por supuesto que no está de acuerdo. ¡Los obligaron! — se recordó la forma en que las cosas habían sucedido — todo fue una trampa. Ni siquiera fue capaz…
Su alegría fue sustituida por tristeza, al recordar el momento.
— Flash Back —
El sacerdote había concluido la ceremonia. Ahora, solamente quedaba la parte más difícil para ambos, su primer beso de verdad. Los jóvenes esposos, se encontraban más que sonrojados.
Ranma la miró asustado, se acercó hacía ella y extendió una de sus temblorosas manos, llevándola al rostro de su esposa. La acarició con el pulgar de manera casi imperceptible. No era una caricia común, era un gesto lleno de temor y emoción, de inseguridad.
— Bésala — le ordenó su padre ante su indecisión.
— ¡No, no lo hare! — ella lo miró entre sorprendida, dolida y enojada. Pero sus ojos resplandecieron en determinación. La determinación, de no golpearlo en ese preciso momento — que nos hayan obligado a casarnos, no quiere decir que puedan obligarnos a hacer lo que no queremos.
— Es tu esposa — le recordó el patriarca Tendo.
— Y eso ¿Qué? — dijo cruzándose de brazos. Ella solamente observó la situación atónita.
— ¡Oh, claro! — exclamó Nabiki, llamando la atención de los presentes — prefieres hacerlo en privado.
— ¡Eso es muy tierno! — expresó la mayor de los Tendo.
— Mi hijo, es todo un caballero — agregó su madre llena de orgullo — tienes mucha suerte, querida — se dirigió a Akane.
Ella se sonrojó más de lo que estaba, si es que eso era posible. Su tía, tenía un excelente tino para poder avergonzarla en cuestión de segundos.
— Fin del Flash Back —
Se llevó la mano a la mejilla, pasándola exactamente por el punto en el que creyó sentir la caricia de su esposo. Sonrió al recordar, la sensación que la había embargado en aquel momento.
Cerró los ojos y respiró profundamente, se daría y le daría tiempo de ver como marchaban las cosas, de solucionar y acomodar el tipo de convivencia que llevaría. Porque eso, era precisamente lo que necesitaban, tiempo para asimilar todo.
Abrió los ojos ante el barullo que sus padres estaban armando. Le era realmente increíble, que a pesar de todo, siguieran armando otro de sus planes para obligarlos a estar juntos. Acaso ¿no les bastaba con haberlos casado? ¿Tenían que intentar obligarlos a algo más? Claro que sí, por supuesto. Era difícil sentarse y esperar que no hicieran nada más con ellos.
Se incorporó lentamente, tenía un ligero dolor de cabeza. No entendía como sus padres podían beber saque de esa manera, sin que les afectara. Recordó no haber bebido más que lo necesario para dar por concluida la ceremonia, sin embargo, se sentía como si se hubiese bebido el barril entero.
— Si las cosas siguen así, podemos olvidarnos del heredero — escuchó mencionar al señor Tendo.
— Tal vez debamos hacer algo al respecto, Tendo — su padre tan conciliador como siempre.
Sacudió la cabeza negativamente y se llevó las manos a la cabeza. Nunca se había dado a la tarea de pensar que pasaría después, pero ahora, las cosas eran diferentes. Pensó que si volvían al dojo, tal vez las cosas empeorarían.
— Eso es seguro — murmuró seriamente, pensando en que serían perseguidos por una manada de locos, que seguramente querrían matarlos.
— Ya está decidido — dijo poniéndose de pie. Se sintió orgulloso, de poder pensar en una solución para toda la situación.
Caminó hacia la habitación que se supone les habían asignado para ellos, se detuvo frente a la puerta indeciso. Se preguntó si debía tocar y esperar que ella le permitiera entrar, o simplemente abrir la puerta e ingresar a la habitación.
Dirigió su puño hacía la puerta, pero se arrepintió. Se llevó las manos a la cabeza, se sentía frustrado de no saber cómo reaccionar. Escuchó unos pasos acercarse por el pasillo, obligándolo a tomar la decisión de ingresar sin permiso. Después de todo ¿Por qué habría de pedir permiso? Era su esposa, no era como si estuviese haciendo algo malo ¿o sí?
— Eres ridículo, Saotome — se recriminó ante sus pensamientos.
La vio ahí, sobre la cama. Aun dormía. No pudo evitar el impulso de acercarse hacía ella. Se sentó junto a ella y llevó una mano con dirección a su rostro, quería acariciarla, pero se detuvo. Apretó el puño con fuerza, pensando en que si lo hacía, seguro la asustaría.
— Akane — la llamó suavemente, optando por despertarla y no intentar absolutamente nada. Había tomado una decisión, haría las cosas con calma y tranquilidad, por el bien de ambos. O al menos, lo intentaría. Aunque si lo pensaba bien, era seguro que perdería la cordura.
— Akane — La sacudió con suavidad, esperando interiormente, que ella no se enfadara demasiado.
La joven abrió los ojos lentamente, ligeramente extrañada de escuchar su voz. Lo observó por unos segundos, preguntándose si se encontraba en un sueño. Parpadeó un par de veces intentando recobrar el sentido.
— ¿Qué haces aquí? — preguntó finalmente, cayendo en la cuenta de que él se encontraba junto a ella, en la misma habitación y junto a su cama.
— Yo… — ahí iba de nuevo, las palabras comenzaban a faltar. Apretó los dientes con fuerza, dándose valor, pensando que no era el momento para ponerse nervioso —.Nos mudaremos — le dijo finalmente.
— ¿Qué? — se sobresaltó incorporándose — no entiendo ¿de qué estás hablando?
— E-eres mi esposa — dijo avergonzado de usar con ella esa frase que lo hacían sentir orgulloso —, iras a donde yo vaya.
Ella miró fijamente, intentando contener la emoción que sentía. Quería entender lo que intentaba decirle, pero prefirió dejar que las cosas tomaran su rumbo por si solas. No lo presionaría a decirle nada.
— ¿A-a que te refieres? — preguntó sonrojada y agachando la mirada.
— Si volvemos a Nerima…al dojo —dijo dubitativo — tendremos que cuidarnos por todos lados. Estoy seguro, que van a querer más que una explicación.
Ella asintió levemente, entendiendo a lo que se refería.
— Sera temporal — agregó él — al menos hasta que las cosas se calmen.
— D-de acuerdo — se sentía feliz. Esa inesperada decisión por parte de su joven esposo, le dejaban ver que al menos lo intentarían.
— No…no quiero que te lastimen — le declaró tomando su mano entre las suyas, dejándose llevar por un instante.
— Ranma — murmuró mirándolo a los ojos.
El sonido que hizo la puerta al abrirse de golpe, los obligo a separarse bruscamente.
— No los hemos interrumpido ¿o sí? — preguntó Nabiki, asomándose.
— Nabiki — dijo la joven señora Saotome entre dientes.
— Tranquila no te enojes, ya sé que he interrumpido "algo" — dijo maliciosamente su hermana.
— ¿Eh?...n-no… — se sentía aturdida, debido a la emoción de minutos atrás. Nabiki rió ante la reacción de su hermana.
— Solo vine a dejarles esto — les dijo entregándoles un sobre. Ellos la miraron extrañados — volveremos a Nerima. Kasumi les ha dejado el desayuno, y un poco de comida preparada para cuando se vayan.
— ¿De qué hablas? — preguntó Ranma, con seriedad.
— No volverán al dojo con nosotros. Akane, tu transferencia a la universidad a la Yokohama se completó el mes pasado.
— ¿De qué estás hablando? — le dijo poniéndose de pie — ¿Cuál transferencia?
— Todo está ahí, la dirección de su nuevo domicilio y las llaves, se encuentran en el sobre — le dijo dirigiéndose a la salida — encontraran un par de instrucciones que deberán tomar en cuenta.
Los dos la miraron intrigados, no entendían que estaba sucediendo. Al parecer ella había planeado todo desde un principio. Se sintieron realmente tontos de no haberse dado cuenta de nada, con anticipación.
— ¿Akane? — le dijo repentinamente antes de cerrar la puerta — te quedo muy bien ¿no crees Ranma? — les guiño el ojo.
Ranma observó a su esposa con curiosidad, la cual bajo la mirada dándose cuenta de lo que traía puesto. Se sonrojó al recordar que no había encontrado su pijama, ni el resto de su equipaje. Lo que llevaba en esos momentos, era un camisón de seda blanco semitransparente, que misteriosamente había aparecido sobre su cama.
Hola, solo quiero desearles
¡FELICES FIESTAS!
