De sangre
Capitulo 10
Guerra declarada
La realidad le escupió el rostro a Rivaille, y Hanji se encargo eficientemente de ayudar hacerlo, soltándole sus conclusiones a riesgo de estar equivocada, pero ella sabía que no lo estaba. La chispa entre esos dos hombres fue instantánea, mágica y casi karmica. Las actitudes de ambos desde que se conocieron, el lado oculto de Rivaille, su pasión muerta por culpa de un compromiso que a ojos de Hanji, el moreno no tuvo que haber asumido jamás. Ella apreciaba demasiado a Rivaille, también quería a Petra y consideraba que ambos cometerían un suicidio emocional si unían sus vidas, en cambio Erwin aupó la unión, pero él nunca percibió las sutilezas de los sucesos, el no estaba presente cuando Rivaille y Eren interactuaban, en este instante el mundo de Erwin giraba repentinamente al rededor de una jovencita rubia, Annie estaba adsorbiendo su tiempo y su realidad en un modo alarmante.
- cruzaste la raya - Rivaille apretó sus puños conteniendo aquel sentimiento de impotencia, obvio cuando sabes que te están diciendo la verdad y no quieres aceptarla -
-deberías estar feliz, al fin sentiste algo distinto al compromiso impuesto.
-yo no voy a dejar mi palabra para satisfacer una desquiciada teoría tuya.
- perfecto, porque yo no voy a despedir a Eren por una calentura tuya... acepta lo que sientes entre esas piernas cuando se te acerca - alzo su voz desafiante, creyéndose ganadora de la discusión -
- eres una maldita entrometida, ¡no imagines cosas inútiles de mi y ese mocoso! - al fin atajo la camisa beis de Hanji, bruscamente y con molestia -
- me reservo las decisiones que tome respecto a Eren, pero no se ira de la finca y estará cerca tuyo siempre, así que controla tus hormonas y se fiel a Petra, porque tarde o temprano lo descubrirá y el pobre Eren será la única victima de tu aberrado modo de conservar el honor - deshizo el agarre manoteando al Corporal -
No había más que hablar, Hanji le tenía en la palma de su mano, era cierto que se descontrolaba al tenerlo cerca, pero también era verdad que el intento contenerse y no pudo, Eren parecía envestido en una naturalidad sensual, inocente y provocadora. No sabía que iba hacer de aquí en adelante, pero no pretendía romper con Petra, esa chica no se lo merecía.
Esa tarde Rivaille tuvo que aceptar su verdad, y Eren también debió hacerlo, luego de pasar casi todo el día encerrado en su habitación meditando sobre su experiencia, finalmente decidió salir de una inútil dejadez sin sentido para darse un baño y comer algo.
- Mikasa no puede ver esto - susurro inquieto, mirándose detalladamente frente al espejo cuerpo completo que había en el baño -
Sus dedos acariciaron aquel moretón amoroso, uno de los varios que le hizo Rivaille, maldijo el momento en que se dejo morder, no importaba el resto de las marcas que constaban de un par en sus muslos, otra en su vientre y estomago, pero la del cuello fue hecha con violencia pura, excitante y morbosa, pensando en ello sintió como su masculinidad comenzaba a alzar vuelo repentinamente. Era muy joven aun, sentía con claridad los recuerdos físicos, las caricias del mayor, su voz profunda y maliciosa rozando el pabellón de su oreja, esas manos toqueteando su anatomía furiosamente.
- ¡no! - grito indignado, alejándose del espejo mientras intentaba sacar la excitación de su mente - no puedo seguir pensando en el.
Rabiando consigo mismo abrió la llave de la ducha, sin prestar atención en que el agua estaba helada se metió inmediatamente para asesinar las emociones, no podía pensar en él, no quería cometer otro error al atreverse a usar esos viejos recuerdos para masturbarse.
- no puedo quererlo... - gimió estirando sus manos hacia el agua que caía, dejando que le mojara completamente, pidiendo misericordia para sus emociones exaltadas - usted se va casar.
Así quedaron las emociones, ambos luchando por reorganizar, o mejor dicho, encerrar su cariño bien hondo en el alma, donde no necesitaran dejarlo ir. Tanto Eren como Rivaille cumplían la idea de no volver a cometer una locura, pero nadie es dueño del destino, y en esta vida muchas cosas pueden pasar.
Y en la finca Rose, la tarde caía otra vez, Reiner se había hundido en su trabajo para evitar seguir pensando en su amante, buscando mentalmente como hacer que le perdonara. Tan embelesado estaba en sus pensamientos que no escucho los pasos de alguien entrando a la herrería.
- Reiner - su voz fue seria y neutra, sin un ápice de ansiedad -
- ¿Annie? - noto impresionado a su hermana, de pie tras el -
- este es un sitio realmente interesante - la rubia miro todo el lugar con análisis -
- ¿qué haces aquí? - detuvo su trabajo para centrarse en la conversación -
- quería decirte algo importante sobre mí.
- ya lo sé - mascullo un tanto molesto -
- ¿que sabes?
- que sales con el dueño de la finca, te vi con Erwin.
- eso me facilita todo entonces. Si salgo con él.
- espero que sepas lo que haces, ese hombre puede doblarte en edad.
- veo que aun no aprendes la lección que Bertholdt intento enseñarte, no juzgues antes de tiempo hermano - hablo bajito, acomodándose sobre un banco de madera que estaba por allí - deberías escucharlo más seguido, es un chico sabio y un buen partido para ti.
- que... - miro impresionado a su hermana, ella sabía más de lo que aparentaba -
- Reiner, no soy una niña pequeña, sé muy bien lo que ustedes son, además, las paredes tienen oídos, mas aun cuando son delgadas y tú tienes una potente voz - sonrió algo divertida -
- dios... Berth tuvo razón.
- no quiero que ustedes terminen por mi culpa.
- no terminaremos, es solo una pequeña discusión sobre diferentes puntos de vista.
- eso espero.
- Annie, ten cuidado de Erwin, es un zorro viejo, en todos los años que llevo aquí lo he visto ir de una mujer a otra, como un gigoló.
- no te preocupes, ya no ira de una a otra como tú dices, yo soy la adecuada para el - sentencio con aplomo, segura totalmente de sus palabras -
- tengo miedo de que estés equivocada, ese hombre no sedera nada, aun eres joven hermana, no has vivido lo suficiente para saber cuando un hombre como ese va en serio con sus intensiones.
- si va en serio, tan en serio que me propuso trabajar con él en la finca, seré lo que deba ser para estar a su lado Reiner.
- ¿estás segura?
- totalmente, además, ya no debo estar ocupando tu departamento, debo valerme por mi misma y lo que gane con mi trabajo será para retribuir todo lo que Erwin quiere hacer por mí.
Reiner no miro con buenos ojos ese extraño trato entre Erwin y Annie, pero quien era él para pensar por su hermana. Esta vez decidió seguir el sabio consejo de Bertholdt y dejar que las cosas pasaran al modo en que Annie decidiera, ella sabría hasta donde avanzar o retroceder, no era una joven ingenua, y de lo único que estaba 100 por ciento seguro es que le recibiría nuevamente con los brazos abiertos pasara lo que pasara entre Erwin y ella.
Reiner ni remotamente sabia lo bien orquestadas que estaban todas las decisiones de Annie, cada paso programado meticulosamente para un fin egoísta, quería la finca, deseaba tener control total de ella, saber hasta la mas mínima cosa que entre o salga de esos terrenos, porque se cree con la autoridad suficiente para ello, así embauque a un zorro viejo, esa es una tarea realmente difícil pero no imposible de realizar para Annie. Las situaciones no son fáciles, Erwin debería tenerle cuidado a la jovencita aparentemente inocente a la que le dará trabajo y alojo. Pero cuando un hombre se enamora, puede ser el animal más bruto y torpe del mundo.
El mundo continua andando y Eren se tomo una semana entera para enfriar sus emociones, pensando en cómo lograr retornar al trabajo, tomando fuerzas de sus convicciones y aprovechando de olvidar un poco sus problemas sentimentales al ayudar a Armin en su veterinaria, aunque fue como un mero espectador a sabiendas del odio que le tienen los animales pequeños. Solo se limito en una que otra cosa, pero lo que si percibió en esa semana fue una rara atmosfera, Armin parecía ignorarlo, pero evidentemente su ayudante Jean estaba actuando al más puro estilo de un pretendiente descarado.
- Armin - Eren estaba sentado cómodamente en una de las sillas de espera, mirando como culminaban el día de trabajo -
- ¿dime? - se quito el estetoscopio de los hombros, acariciándose el cuello ante el cansancio -
- no pensaste mucho para contratar a Jean - pregunto con seriedad, su grandiosa idea pareció desviarse en algún punto del camino y el castaño mal educado y egocéntrico se gano la total confianza de su amigo de la infancia -
- fue la mejor opción - miro desentendido hacia el pasillo donde el nombrado estaba con Sasha -
- no se... viéndolo mejor, luce algo lambiscón.
- es serio y profesional con los pacientes, esas eran las bases de mis requerimientos.
- ¿en serio? - arqueo una ceja curioso ya que recordaba perfectamente lo poco profesional que había sido con la prueba de Hanji en la finca - no fue muy bueno en la finca Rose.
- te aseguro que no es un chico de campo, jamás hubiese encajado entre animales de granja.
Repentinamente ambos fueron interrumpidos por la llegada de Jean, venia con un par de tazas de café negro, sonriendo a su estilo particular "todo poderoso", y sin decir más le extendió la taza humeante a su pequeño jefe Armin.
- toma - bajo la mirada un poco, entregando la bebida y dejando a Eren con la mano extendida al creer que la otra taza seria para el -
- ¿y mi café? - Eren le miro fríamente -
- tienes dos piernas Jaeger... párate y sírvete.
- como dijiste - alzo la voz cabreado por las palabras del castaño -
- tan solo tengo dos manos y tú no eres mi jefe. más bien, deberías ir a trabajar, los caballos de la finca no se curaran solos.
- eh... hablando de eso, Eren ¿cuándo te reincorporas? - Armin trato de desviar la posible discusión que se iniciaría entre ellos -
- el lunes, regreso el lunes para ayudar en la competencia.
- genial, ya no andarás metiendo tu nariz por aquí - Jean sonrió malicioso al tiempo que se desaparecía rumbo al consultorio -
-¡es un imbécil!, ¿cómo demonios puedes tolerarlo? - Eren refuto lanzando un gruñido bajo y corto -
- conmigo no es mal educado, ni con los pacientes, a veces si tiene sus ataques altaneros, pero creo que solo son un tapadero de alguien que teme expresarse verdaderamente.
La mirada de Armin se desvió al pasillo por donde el castaño se marcho, estaba totalmente convencido que Jean era una buena persona, algo altanero y egocéntrico, pero dentro de todas esas capas de soberbia, existía alguien interesante. Sin notarlo si quiera estaba sonriendo, débilmente y con un saborcito raro en la boca, una sensación nueva y que nacía con cada detalle que sucedía dentro de su rutinaria vida de veterinario.
- debiste estudiar psicología en la universidad - palmeo suavemente la espalda de su rubio amigo, resignándose a las razones con base que siempre esgrimía Armin para expresarse de algo o alguien -
- me gustan más los animales.
- pues allí tienes un excelente ejemplar de animal – extendió su dedo apuntando hacia el mismo pasillo donde Armin tenía la mirada puesta -
- Eren...
- mejor me voy, Mikasa quiere que salgamos a comer algo.
- ¿viene? - todas las alertas se activaron en la mente del menor -
- no, voy a recogerla en la comisaria, tiene la tarde libre y pues me insistió en vernos.
-¿le contaras lo que te sucedió? - pregunto bajito y tímidamente -
- ¡no! claro que no Armin, como se te ocurre que hare semejante acto de suicidio - extendió sus manos negando, alterado con solo imaginar la cara de su sobreprotectora hermana -
- entonces usa un abrigo de cuello alto, todavía se nota la marca...
- lo hare - llevo su mano al sitio, sonrojándose en sobre medida por lo que representaba ese dulce y mal sano moretón -
- y... ¿te has sentido bien físicamente? - su pregunta no iba para nada con la conversación, pero para Armin las alertas estaban activadas ante el suceso de su amigo -
- claro - le miro con un dejo de duda -
- mejor ve con Mikasa, si llegas tarde entrara en paranoia.
Eren intentaba continuar su vida, salir con su hermana le despejaría un poco más la mente, agregado a que era mejor no evitarlo porque Mikasa acabaría dudando de él y un sórdido interrogatorio policial iniciaría. Pero no solo Mikasa estaba en la búsqueda de atenciones, en la finca Rose también se intentaba dar razones para la actitud de alguien conocido.
Petra había quedado totalmente dolida con la última discusión, Rivaille prácticamente le dejo sola, huyendo de sus preguntas y de sus confesiones amorosas. Estaba totalmente consciente de su situación, el hombre con quien pretendía contraer nupcias no le amaba, pero siempre le respeto, cuido y trato justamente, aunque sin amor. Tan solo deseaba que una pisca de aquel sentimiento floreciera en Rivaille, que le mirara como mujer, no como la jovencita que rescato de la desgracia, y si para eso necesitaba mover cielo y tierra, lo haría gustosa ya que su vida y su futuro se movía con Rivaille en el centro, como un dios todopoderoso, el dador de futuro a ojos de ella.
No pensó en mas nadie que Erwin, el podría darle un pequeño incentivo a su novio, sabía que Rivaille escuchaba a medias cuando de Erwin se trataba, le debía mucho a él, su salida de las calles, la educación que recibió y la posible herencia de la finca Rose, con aplomo fue capaz de ir al despacho de Erwin y contarle parte de sus problemas.
- no necesitas decirme todo esto Petra - Erwin escuchaba pacientemente las palabras de la chica, su casi confesión de desamor por el moreno -
- solo... tan solo necesitaba que alguien me escuchara - sonrió tristemente, apretando sus manos contra las rodillas -
- ¿hace cuanto conoces a Rivaille? - pregunto en tono paciente, casi paternal -
- hace unos... 10 años.
- y en todo ese tiempo no has tenido duda de sus palabras, jamás le has recriminado nada y el siempre está para ti, donde sea y como sea - esas últimas palabras las recalco con firmeza, sabía muy bien que quería decir entre líneas -
- es verdad Erwin, pero ahora no parece el Rivaille de siempre.
- lo he notado - movió su vista hacia una de las innumerables fotos enmarcadas en la pared de su despacho, en donde relucían imágenes alusivas a los nombrados, sus competencias ganadas y las fiestas hechas en honor a los vencedores -
- ¿usted cree que conoció a alguien? - titubeo antes de plantear la pregunta -
- lo dudo - en su mente se vino la imagen fugaz del nuevo ayudante de Hanji, el mismísimo crio que estaba dormido en la intocable cama de Rivaille hace 2 meses atrás -
- sí que soy tonta al pensar esas cosas, Rivaille es un hombre de palabra.
- sabes algo Petra.
Sin prisas se levanto de su silla y camino al rededor de su escritorio de caoba negra, pensativo y silencioso hasta que se reclino de la silla donde estaba sentada la joven.
- no quería contarte esto, pero veo la necesidad de calmar tu angustia - sonrió suavemente llevando su mano al hombro de Petra -
- dígame.
- como siempre hare una fiesta en honor a los ganadores de la competencia, obviamente Rivaille y tu estarán entre los festejados, y decidí darles un regalo...
- Erwin.
- toda la luna de miel ya esta pagada, ese será mi regalo de bodas, y quiero que esa noche celebremos y pongamos finalmente la fecha a su boda.
- no tiene que hacer eso por nosotros - sonrió tímidamente, alagada por el detalle del custodio de Rivaille -
- lo hago porque quiero a Rivaille como un hijo y a ti como una hija, ambos se merecen mis mejores deseos.
- gracias.
-y deja de pensar en cosas desagradables, Rivaille no te dejara nunca, tu eres la única mujer en la vida de él.
Petra se calmo un poco, estaba segura que dentro de algunos días ya tendría su codiciada fecha de matrimonio, además, con Erwin tras bastidores, moviendo sus hilos paternos, tenía todas las de ganar el cariño seguro de un esposo como Rivaille. pero no solo Petra y Erwin sabían este plan, tras las puertas de ese despacho existía alguien al que no le convenía que el rubio obtuviese mas tierras, para Annie estaba claro que su encantador y educado Erwin estaba tras la finca de la familia de Petra Ral, así no lo pareciera en superficie, su instinto de mujer fatal se lo decía, cuando Rivaille firmara su acta matrimonial, aquellas tierras estarían en la total disposición del rubio, porque para nadie era nuevo que Rivaille estaba bajo el ala protectora de Erwin, fue quien le rescato de su antigua vida como niño de la calle, un ladronzuelo que entro a la finca y termino fascinando al rubio, es que Rivaille gozaba de un carácter frio, metódico e inquebrantable, todo lo que Erwin buscaba en un sucesor o heredero, el que nunca logro tener en todos esos años de aventuras amorosas.
La noche cayo y en casa de Reiner y Bertholdt había una despedida, algo tímida y un tanto súbita, Annie ya había recogido la mayoría de sus pocas pertenencias, en dos pequeñas maletas negras de ruedas, Reiner estaba sereno, silencioso mirando el acto de su media hermana, mientras que Bertholdt parecía asustado y preocupado por la repentina despedida de la rubia, creía que ellos no le habían hecho nada para que ella decidiera irse tan abruptamente. Varias veces intento preguntarle pero se tragaba las palabras retrayéndose en su espacio seguro.
- todo está listo - sentencio con las maletas en la entrada del departamento, seria y fría como siempre era -
- ¿estás segura? - Reiner le miro seriamente desde su puesto -
- sí.
- a...Annie... ¿a donde iras? - al fin el moreno alzo la voz dudoso -
- me voy a vivir con Erwin.
- Erwin - sus ojos se abrieron como platos, así como su quijada cayo prácticamente al suelo con la noticia -
- Berth, ella ya hablo conmigo, decidió aceptar la propuesta de Erwin.
- ¿y tu... lo aceptaste? - estaba asombrado por la pasividad de Reiner ante el hecho -
- tú mismo lo dijiste, todos debemos respetar las decisiones de los demás, ella sabrá qué camino tomar de aquí en adelante - miro a su amante con suavidad, como diciéndole entre líneas que entendía su posición y que aprendió la lección -
- ahora si me voy, me está esperando el trasporte de la finca.
Sin prisas Reiner le acompaño hasta la calle, tras ellos Bertholdt solo hacía de mero espectador, impresionado por Reiner, y claro está, también por el hecho de que Annie se mudara tan súbitamente a la finca, Erwin debía estar verdaderamente enamorado de ella para dar ese paso.
- toma - repentinamente el rubio extendió su mano con un juego de llaves en el - por si decides cambiar de opinión, aquí siempre tendrás las puertas abiertas.
- gracias - tomo el juego de llaves sonriendo levemente, siempre había algo nuevo para descubrir en la personalidad de su medio hermano -
- cuídate Annie - al fin Bertholdt decidió acercarse también, tímidamente pero con toda la sinceridad del mundo -
La vieron alejarse rápidamente dentro de uno de los vehículos de la finca, sabiendo solamente que nada podían hacer, esperando que Annie sepa tomar decisiones correctas para su propio bienestar. Fue una partida silenciosa, la pareja volvió al departamento sin cruzar palabra alguna, tan solo entendiendo que sus diferencias no eran tan abismales como creían, tan solo resultaba una pelea más de amantes.
-Bertholdt tengo que dec... - apenas paso cerrojo a la entrada sintió como la dulce bestia que era el moreno se lanzaba a sus brazos, apretándole fuerte, como si fuera a perderlo de un segundo a otro -
- lo lamento - inclino su rostro hasta poder susurrarle al oído, con vergüenza y también con una sensación de excitación evidente -
- no te disculpes - sonrió para sí, su tímido amante era como un niño en el cuerpo de un hombre grande -
- olvidemos la pelea.
La delicada frase culmino llevando sus labios delgados a los del rubio, uniéndolos en un ferviente beso de reconciliación, de esos que parecen perdidos en el tiempo, llenos de añoranza y necesidad. Su beso se ajustaba a la situación, moviendo además sus manos para apresar la cintura firme y musculosa de Reiner, estrechándose más aun, con un calorcito necesario para el cuerpo y para el alma de dos enamorados.
la puerta no les basto de soporte, el beso fue profundizado cada vez más, con sus espaldas chocaron con la madera y después, aun unidos en aquel baile de lenguas, siguieron rumbo al sofá mas cercano, prácticamente Reiner termino sentado con su querido Bertholdt sobre sus rodillas, tierno, sofocado ante el beso, sus labios temblorosos y enrojecidos pareciendo las frutas más dulces que Reiner haya probado, y esa mirada de cachorro perdido, sus ojos algo decaídos por naturaleza, como le provoco besarlos, y lo hizo, tomando la barbilla del moreno y bajándole hasta tener acceso a su rostro, deposito no uno, sino cientos de pequeños besos, sobre sus parpados, su frente, hasta en las mejillas y la peculiar nariz de Bertholdt.
-te amo - mascullo con el rostro contraído en vergüenza, casi nunca se atrevía a decirle esas palabras a Reiner -
- yo a ti también tonto - susurro cerca de su oído, suavemente, acariciando con sus labios todo el contorno de su oreja hasta que le provoco mordisquearla -
-aaahh... - Bertholdt se estremeció en su sitio, esa era una de las zonas más sensibles de su humanidad, y Reiner sabía perfectamente como alterarle las emociones entre caricias -
su lengua se deleito como quiso, sonriendo satisfecho para volver a besarle, pero esta vez su ataque paso al cuello, un lugar codiciado por Reiner, tan firme, largo y provocativo, con devoción recorrió su extensión, probando el sabor de esa piel, lamiendo su yugular como el propio vampiro a punto de clavar sus colmillos.
Se sentía tan querido, sus emociones se mezclaban cada vez que se entregaba a Reiner, era como morir de felicidad, porque solo con él, descubrió la verdadera razón de estar vivo y sentir con cada fibra de su cuerpo, ese cuerpo que desprecio por años, su tan odiada naturaleza ambigua, su sucio secreto. por un momento se desconecto de los sucesos, analizando sus opciones, y le provoco mas, quería mas cosas, no solo ser ellos dos, su cabeza comenzó a imaginarse con una familia, con un par de pequeños terremotos andando por allí.
- ¿Bertholdt? - Reiner paro sus caricias al ver como su amante estaba con la mirada perdida en algún punto de la sala -
- ¿eh? - volvió al momento mismo cuando sintió la fuerte y áspera mano del rubio sobre su mejilla sonrojada -
- ¿qué sucede?
- creo que... me siento preparado para hablar de mi pasado.
El rubio le miro bastante sobresaltado, esa reacción no la esperaba venir, estaban tan inmersos en las pasiones que esto fue como un enorme balde de agua fría para él.
- ¿estás hablando en serio? - titubeo con su pregunta, no quería sonar irónico, tan solo incrédulo -
- sí, pero no será hoy, quizás en un par de semanas o en un mes - sonrió estirando sus brazos alrededor del cuello de Reiner - pero ahora tan solo quiero que me hagas tuyo.
- eso es sencillo.
Amar, un acto tan simple pero tan complejo en sí mismo, y ambos se desvivieron en demostrarse ese amor. Reiner le tomo dulcemente de la cintura haciendo que intercambiaran lugares en el sofá, sin prisas y con mas suavidad que en otras ocasiones se dedico a desvestirle, primero la franela deportiva gris oscuro, alzándola lo suficiente para que Bertholdt la tomara entre sus dientes, con ello logro despejar un abdomen tonificado, suave pero firme, y ese era el sitio al que la lengua del rubio fue directamente, arrodillado entre las piernas del moreno, moviendo su cálida y húmeda extremidad por cada uno de los surcos que hacen los músculos, deleitándose ante el diminuto y redondeado ombligo de su querido Berth.
El moreno miraba con excitación las acciones de su amante, sintiendo esa lengua recorrerle, tan mortalmente provocativa que el deseo ayudar también, ni corto ni perezoso tomo entre sus manos la cabellera rubia de Reiner, jaloneándole sutilmente con ordenes mudas, empujándolo cada vez más hacia abajo, donde comenzaba el borde de sus jean desgastados, las miradas que intercambiaron en ese instante lo decían todo, poséeme.
Sus dientes tomaron con torpezas el cierre del jean, jalándolo poquito a poco al mismo tiempo que sus manos desabrochaban el botón del mismo, inmediatamente percibió la fragancia a almizcle y jabón, el inconfundible aroma a sexo venidero, sintió rápidamente como sus propios pantalones comenzaban a ser una prisión de tela para su excitación, pero se contuvo, hoy Bertholdt se merecía toda la calma y paciencia del mundo, porque no deseaba hacerlo retroceder después de los pasos avanzados.
Tiernamente estiro sus manos atajando las de Bertholdt, sujetándolas para evitar que le siguiera indicando directamente su entrepierna, aun le faltaban algunos sitios por explorar del lampiño pecho su amante, juguetonamente subió en un caminito de diminutos besos, suaves, sonoros y llenos de provocación, hasta que dio con su meta, un par de erectos pezones, oscurecidos ante el placer. Reiner solo pudo mirarlos con malicia, acariciando uno de ellos con su tibio aliento, preparándose para devorarlo entre lamidas desinhibidas, mordiscos cariñosos hasta que su avergonzado amante despidiera los gemidos más dulces que pueda escuchar, inclinándose lo más posible contra la mullida superficie del sofá, echando su cabeza atrás al tiempo que dejaba salir un compendio de sonidos nada pudorosos. Entre lamidas y mordiscos Reiner levanto la mirada, era demasiado tentador admirarlo, verlo sonrojado hasta el cuello, con la piel erizada y tratando de soltar sus manos del agarre que ejercían.
- eres tan provocativo, mataría mil veces para tan solo tenerte - le susurro dándole un casto beso en su frente perlada de diminutas gotas de sudor -
- no necesitas matar a nadie, estoy aquí - sonrió con pena, sintiendo como ahora Reiner posaba sus manos en las trabillas del jean para sacárselo -
No hubo más conversaciones coherentes entre ellos, no hacían falta ante un hecho irrefutable como lo es el sexo hecho con amor. Reiner se volvió a ubicar entre los muslos de su amante, moviendo sus labios cada vez más abajo, en un camino pecaminoso y lleno de sobrada lujuria, por fin consiguió a su presa, un miembro hermosamente erguido, palpitante y húmedo por sentirlo. Con delicados movimientos termino de quitar la última pieza de ropa, listo para el ataque de llevárselo a los labios, saboreándolo completamente, su textura carnosa y suave, toda la escena Bertholdt se abstuvo de mirarla, estaba casi pasmado de placer, aun le daba un no sé qué raro en la boca del estomago cuando veía eso, su codicioso amante no perdía el tiempo, totalmente dedicado a mimar su hombría, con besos, lamidas y uno que otro mordisco, succionando descaradamente, con fuerza y firmeza. Tan placentero era que las caderas de Bertholdt empezaron a balancearse en un intento de ayudar en la labor de Reiner, sintiendo como sus bajos comenzaban a arder, un calorcito morbosamente bueno, tan intenso que sus estocadas aceleraron y las engullidas del rubio también, ambos en un baile conocido, ambos sabiendo en que va a terminar eso.
- rei... voy... a - lanzo su mano sobre la nuca del rubio, con fuerza y tratando de darle aviso a lo que seguía -
Tan solo Reiner se alejo en el momento preciso, pero no dejo de mover su mano en forma rítmica sobre aquel miembro, disfrutando de la vista ante él, como su tímido amante se deshacía en un monumental orgasmo, derramando su tibia esencia entre su pecho y las manos de Reiner. Ni si quiera le permitió terminar de recuperar el aliento cuando ya estaba nuevamente besándole, devorando sus labios enrojecidos e hinchados por la excitación, moviendo su lengua una y otra vez dentro de esa cavidad conocida, con sus manos toqueteándole las caderas, jalándolo hacia abajo para acabar los dos sentados en el suelo de baldosas frías, entre pequeñas bocanadas de aire Reiner se desvestía, aun besando, con desenfreno por la simple idea de poseer al fin ese cuerpo. Por un momento Bertholdt le separo de su lado, tenía ganas de retribuir parte de lo hecho por su amante, así que trago grueso y se atrevió a detener la desvestida de Reiner, sin palabras le indico que el terminaría de ayudarlo en eso, suavemente con sus dedos descubrió a la bestia que ya no estaba dormida, ante sus ojos había un palpitante miembro erecto, tan conocido para él, y aun con vergüenza decidió tomarlo entre sus manos bajo la mirada maliciosa del rubio. Reiner busco una posición cómoda en el suelo, recostando su espalda del sofá y con las rodillas separadas para darle toda la libertad que quisiera a Bertholdt, lo que jamás imagino el rubio fue que este sería uno de los actos más provocativos que le brindaría su tímido amante en mucho tiempo.
Sus manos se movieron torpemente en un comienzo, dudoso de si le gustaría a Reiner lo que hacía, estaba tentado a desistir ya que casi nunca era activo en estos menesteres, se conformaba con brindarle a su compañero el libre acceso a todo de el, como una mala maña de su pasado de sumisión, Reiner fue quien le demostró que para querer siempre hacen falta dos, que aun en su puesto puede controlar todo, que si lo desea puede dejarse llevar, y hoy sentía que algo sería distinto, que con sus ideas en mente se envalentonaba, no solo moviendo sus manos en esa cálida extremidad, que también sus pensamientos se llenaron de ideas subidas de tono, se atrevería, así que y de estar en un lado del rubio moviendo sus dedos, paso a acuclillarse entre sus piernas, aun manejando la masculinidad de Reiner, besándole el cuello dulcemente, susurrándole un delicado y casi inaudible te quiero. Y sucedió, con el rostro oculto en el cuello de Reiner se movió un poco hacia atrás, alzando sus caderas para cumplir con los pensamientos, tragando audiblemente pero feliz de atreverse a cometer una locura.
-que… - se sobresalto al ver como Bertholdt rozaba su miembro entre sus glúteos –
-no digas nada – hablo entrecortado, tomando valor para seguir –
-detente, será doloroso Berth – Le sujeto de las caderas antes de que siguiera –
-no… importa.
-si importa, hoy no quiero ser el bruto que te toma como le da la gana, hoy quiero que sea diferente – culmino sus palabras llevándose la mano derecha a los labios, mojando bien dos de sus dígitos –
No sería capaz de dejarlo sufrir por complacerle, así que suavemente deslizo sus dedos entre los muslos de su amante, delicadamente, moviéndose dentro y fuera al tiempo que el moreno se estremeció en su sitio, dando un pequeño jadeo de satisfacción, Reiner siempre lograba robarle el aliento con sus caricias, suavemente una y otra vez, en un movimiento dentro y fuera, cada vez más rápido y profundo hasta que no fue sano para ninguno de los dos seguir así, uno necesitando sentir al otro, tan imperiosamente que Bertholdt detuvo la mano de Reiner súbitamente, haciendo que sacara sus dedos para el moverse súbitamente sobre la erección del rubio y bajar sus caderas en un acto rápido y doloroso.
Ambos jadearon por el contacto, al fin unidos, Bertholdt temblando ante la dolora sensación inicial, respirando entrecortado y sintiendo en su máxima expresión la palpitante humanidad de Reiner, como sentía que si se movía un milímetro mas, se desgarraría, tentado a no continuar, pero el rubio le saco de su sopor besándole el cuello, poquito a poco, con lamidas y chupetones suaves, moviendo sus labios en un recorrido conocido hasta atrapar un pezón, se dedico a acariciarlo con la punta de su lengua, una y otra vez al mismo tiempo que con sus manos hizo que las caderas de su compañero bajasen un poco, necesitaba culminar de penetrarle, no había nada divertido en quedarse estancados en esa posición. Y como si fuera instintivo, Bertholdt se dejo hacer, suavemente cedió ante las sensaciones, estremeciéndose cuando sus cuerpos al fin terminaron encajados uno en el otro, con las sensaciones en todo el cuerpo, como el rubio comenzó a balancear sus caderas, arriba y abajo, suavemente al principio, pero después con la necesidad de seguir, mas y mas, en una total búsqueda del sitio indicado donde el moreno estallase en placer, que se retorciera como un animal moribundo. Le gustaba sus sonidos obscenos antes del orgasmo, y en esa búsqueda logro rozar el sitio indicado, lo supo ante un monumental gemido de su amante, como estiro sus brazos abrazándose de golpe a su cuello, gimiendo quedito y jadeándole al oído, eso fue como renovarle las fuerzas, tanto que acelero las estocadas, mas rápido aun, con un compendio de movimientos que volvieron a llevarlo al sitio correcto, los gemidos no bastaron en esta ocasión, las manos de Bertholdt aferraron su espalda, rasguñaron su blanca piel, le mordió el cuello alzando el mismo sus caderas para bajar y subir en su propio ritmo de embestidas, una lujuriosa escena que alboroto a ambos, necesitados de llegar al orgasmo, acelerando el paso más aun, sin decoro alguno se dijeron sus nombres ante la pequeña muerte, uno primero y el otro después, embriagados de placer por llegar, dejándose caer completamente sobre las baldosas frías, respirando entrecortados.
Pasaron unos minutos silenciosos hasta que Reiner recupero el aliento para contemplar el rostro sudoroso y sonrojado de su amante recostado de su pecho, con su negra cabellera pegada a la piel húmeda, sus labios entre abiertos por la respiración acelerada, era como verlo envestido de pureza, una rara y exótica, pero pureza al fin.
-deberíamos pelear así mas seguido.
-no me gustan las peleas – susurro el moreno algo ya letárgico –
-pero son por una buena causa.
-esta vez… te doy la razón.
-quiero saber que hay en tu pasado, en verdad que quiero saberlo Bertholdt.
-no desesperes, pronto lo sabrás.
Ellos descubrirán a su modo como el destino juega de maneras extrañas, porque todo está unido con invisibles hilos, cada acción tiene una reacción, y no solo ellos deberán afrontar su verdad, también Eren debe moverse tras su realidad. Un lunes de retorno al trabajo, con un nudo raro en su entrañas, no basto su angustia esa mañana que subió al transporte de la finca, con el sol comenzando a despuntar por el horizonte, sintiendo el calorcito del llegadero verano, y debía ser sincero con él, temblaba de solo imaginar que se reencontraría con su peor o mejor suceso de la vida, Rivaille estaría allí, no sabía si en el picadero, o quizás por las caballerizas, pero entre tantas hectáreas de terreno la casualidad se junta con la ironía y da inicio a lo increíble.
-¡buenos días Eren! – una animada Hanji le recibió apenas este bajo del transporte, parecía ansiosa de hablarle –
-buenos días.
-primero que nada, tenemos un día ajetreado, comenzaremos por revisar los caballos que participaran en la competencia – súbitamente le puso en las manos una carpeta metálica donde llevaban información del trabajo –
-todos los caballos… - la imagen del hermoso alazán que Rivaille montaba llego a su mente –
-deja de pensar tanto – poso su mano en el hombro del castaño –
-lo lamento.
-no lamentes nada en la vida Eren, me escuchaste, no lamentes nada que te deje una lección, y estoy segura que aun no has terminado de aprender esta…
La mirada de Hanji se desvió hacia un par de jinetes que venían directo hacia ellos a paso calmado, era lo que menos deseaban, pero aunque no quisieran, sus miradas se cruzaron inmediatamente, a pesar de la distancia, de su separación física en ese tiempo y en ese espacio, no podían evitarlo. Rivaille y Eren, allí nuevamente, y uno de ellos supo que era inútil ocultarse para siempre, que la verdad caminaba de la mano junto a Rivaille, su prometida Petra, allí, a su lado donde debía estar siempre a pesar de todo lo sucedido. Y el otro, comprendió que no había mentira suficientemente buena para lo que sentía en el corazón, lo gigante que se sentía ese sentimiento dentro de su pecho, y lo prisionero que estaba de una relación forzada, ambos supieron que estaban por entrar en un juego peligroso, llamado pasión oculta.
Continuara…
Déjenme calmarme, es que este capi a mi me encanto por dos simples razones, hubo un esperado lemon que deseaba hacer, amo mucho la pareja de Reiner x Bertholdt, son como dos seres tan diferentes y de actitudes tan distintas que amo cómo interactúan, espero les agradara, lo segundo, el reencuentro de Eren y Rivaille, que no se crean que quedara en miraditas y nada más, este par hará arder media finca XD. Aparte de todo esto, quiero disculparme por la tardanza, pero quiero que sepan que fue por motivos de salud, buenos motivos ya que estuve malita del corazón, soy muy emotiva y pues me dio un ataque loco de subida de tensión, ansiedad y taquicardia emocional, bueno… pase un susto muy feo U.U, pero ya estoy mucho mejor, mejore mi tendencia mal sana a tomarme todo a pecho y algunas cositas más que me recomendó mi cardiólogo, no les molesto mas, y ahora si a seguir escribiendo que esto me tiene feliz.
Próximo capitulo:
Mi competencia
