Ahhhhhhhh! asdfghjasdsfhgjkgglgfhg OK, Aloha )': A quien siga leyendo este intento de fic, ruego me perdone por no actualizar como en 4 meses D': Tengo millones de excusas como tareas y escuela, pero después fue la falta de inspiración y el hecho de que decidí cambiar un poquito el plot de la historia :L
Aclaraciones: Umm... Ah, sí, disculpen si los personajes están fuera de carácter, o sea, muy OOC's xD Y disculpen si el capítulo está aburrido, prometo que el siguiente va a tener algo de terror (O eso intentaré, mejor no prometo nada xD). Y tampoco prometo actualizar pronto porque soy capaz de no cumplirlo a_a
Y otra vez, lamento el retraso, aquí les dejo otro capítulo, espero lo disfruten :')
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Viernes. Agradable y fresca mañana del viernes.
La primera semana del ciclo escolar había pasado increíblemente rápido para todos los estudiantes de St. Madeline Tomlinson College. En una sola semana parecía que algunas cosas ya se habían vuelto habituales, tal era el caso de Salma huyendo todos los días de Mabel, para poder reunirse tranquilamente con sus amigos. Al principio, la biblioteca funcionó como escondite perfecto, no obstante, la felicidad duró un solo día puesto que Mabel, al no tener a nadie con quien pasar el rato, acompañó a Dipper hasta la preciada biblioteca y fue ahí donde –desde muy lejos- alcanzó a divisar las gafas rojas de una persona, y con ello a su portadora: Salma.
Por otra parte, a Norman no parecía irle mejor que a su amiga. Aparentemente Mabel podía dividirse perfectamente el tiempo para atosigar tanto a Salma como a Norman por igual, aunque las intenciones de la castaña no fueran más que pasarla bien con ellos.
Tanto era el deseo de Mabel por hacerse amiga de la morena y el de cabello extraño, que ni siquiera había reparado en que no había vuelto a ver a esa chica de cabellos azules desde el día de su llegada. Más sin embargo, la cabeza de Mabel se encontraba tan sumida en otros asuntos, que pensar en Coraline no era una opción que cruzase por su mente, a pesar de haberle obsequiado aquel brazalete de la amistad.
La rutina diaria durante los 4 días había consistido en Mabel permaneciendo mucho tiempo al lado de Salma durante los periodos de clase, luego, cuando era la hora del almuerzo, aunque Salma tratará de huir disimuladamente, está la perseguía a cualquier lugar y al final terminaban comiendo ambas con Neil y Norman en la cafetería. Y por supuesto, no faltaban las miradas coquetas que Mabel le lanzaba de cuando en cuando a Norman, lo que mantenía a este último muy incómodo y a la vez aterrado.
Y por ello, el único momento que podían pasar tranquilos –y en privado- sin Mabel, era durante el desayuno, antes de que las clases dieran comienzo, ya que ésta desayunaba en una mesa aparte, con su hermano gemelo (del cual ni Neil, ni Salma, ni Norman sabían de su existencia. O al menos Norman, eso creía).
Esa era la razón por la cual Norman había decidió comentarles a sus amigos acerca de que la noche anterior, había hojeado algunos de los libros de hechicería que había traído consigo, esos libros que habían hurtado de la casa del Tío Prenderghast.
― ¿Entonces aun no encuentras nada para que Aggie pueda salir de ese relicario viejo y feo? ―Preguntó Neil, llevándose a la boca una cucharada de su desayuno.
― No, por desgracia…
― No se preocupen por mí, chicos. ―Habló la fantasma desde el relicario que Norman ocultaba en las bolsas interiores de su suéter, lo cual ya se había vuelto costumbre.― No me molesta estar aquí… No tanto.
― De todas formas seguiremos intentando, Aggie. ―Le aseguró Norman.
Los alumnos comenzaban a aglomerarse en la puerta, lo que indicaba que el primer periodo de clases estaba casi por comenzar en unos cuantos minutos, y la única persona que no había tocado su desayuno era Salma.
― Ugh, esta avena parece engrudo. ―Se quejó la chica, preguntándose mentalmente qué había sucedido con la rica comida que habían estado degustando durante toda la semana. Al final, llegó a la conclusión de que quizá los viernes servían como alimento las sobras de los días anteriores.― Será mejor irnos a clase de una buena vez…
― Te lo digo, Mabel. ―Dijo ya hastiado.― Ese chico debe ser algo…
― Ya, ¿estás insinuando que es un vampiro? ―Preguntó ella remisamente, mientras ambos caminaban a toda prisa por los pasillos del colegio para llegar a tiempo a sus primeras clases.
― No estoy insinuando nada. ―Se defendió.― Sólo digo que existen las posibilidades de que él provenga de Gravity Falls, es decir, en ningún otro lado consigues esas feas figuras que venden en la Cabaña del Misterio.
Sucedía que Dipper llevaba la semana entera informándole a su hermana sobre la foto que Norman le había mostrado, esa donde aparecía uno de los recuerdos baratos que vendían en la cabaña del Tío Stan, por lo cual el chico ya había sacado sus conclusiones y había supuesto que, seguramente, Norman no era más que otro fenómeno que venía de Gravity Falls para atormentarlos por todo lo que habían hecho durante sus vacaciones de verano.
― ¿Y sólo porque viene de Gravity Falls tiene que ser malvado?
― Pues… Ugh, ¿sabes qué? Sólo olvídalo. ―Se rindió.― Nos veremos en el almuerzo. ―Dijo sin más, pues los gemelos habían acordado que los viernes sería día de comer juntos, es decir, el día en que Dipper comería en compañía de Mabel, y el día en que Salma y Norman descansaban de la presencia de ésta.
― Gruñón.
Y seguidamente, cada quien partió hacia una diferente aula.
― Jonesy, nos están mirando raro…
― Pues ignóralos.
Montones de estudiantes se deslizaban por los pasillos para dirigirse a sus clases. Pero no Coraline y Wybie, ellos estaban ocupados con una máquina expendedora.
La noche anterior, Coraline se había encargado de 'modificar' un poco dicha máquina expendedora y ahora, sin tener que introducir un solo centavo, el aparato estaba derrochando dulces con sólo aplastar los botones. Dulces que la de cabellos azules se encargaba de zambullir apretujadamente tanto en su mochila y bolsillos, como en los de su amigo.
― No sé cómo te las ingeniaste para hacer esto. ―Dijo tratando de ignorar las miradas de incertidumbre que lanzaban los alumnos que iban pasando.― … Y a media noche.
― Tengo mis métodos.
― Es enserio, Jonesy, se está haciendo tarde para ir a clases.
― Sé que eso no te preocupa, sólo estás siendo cobarde.
― Coraline…
― Cállate, Wyborne. ―Le dijo y metió su mano con más profundidad en la máquina para alcanzar los dulces pequeños que habían caído. Finalmente estiró los dedos para desatorar los paquetes de galletas que quedaban enganchados en el resorte.― Sabes perfectamente que tú también comerás estos dulces, así que cierra tu gran bocota y ayúdame.
Wybie sólo lanzó un suspiro de resignación.
― Bien…
Pasados dos minutos después del timbre, cuando ya no quedaba un solo estudiante en los pasillos, ambos chicos habían terminado de vaciar la máquina.
― Okay, esa barrita es lo último que quedaba.
― Por fin… ―Musitó Wybie.― Y si se puede saber, ¿Dónde planeas meter todo esto?
― Ya tengo un plan, te lo cuento cuando estemos en cafetería.
Y así, ambos se echaron a correr en dirección opuesta a la del otro, pues Wybie tenía clase de Biología y Coraline tenía clase de Historia.
No tenía idea de cómo o por qué, pero resultaba estar llegando tarde a clase y, para colmo, los enormes corredores y numerosas puertas no ayudaban en nada a que Norman llegara menos tarde a su aula.
Echó nuevamente una mirada a su horario buscando el número de la puerta.
― D48… D48… D48… ―Murmuraba mientras corría, pero de pronto se sintió extrañamente mareado.
Como aquellas veces en las que alucinaba estando despierto.
Todos los pasillos estaban tan vacíos y el silencio que reinaba era tanto, que sentía como si la única persona viva en ese momento fuera él mismo.
― No aquí, por favor…
Se cubrió los oídos con las manos, como tratando de bloquear el inexistente sonido que perduraba en aquel momento. No podía explicarse que era lo que sucedía, se sentía como cuando algún fantasma se acercaba a él, pero con más intensidad, como si dicho espíritu quisiera causarle daño… Como cuando Aggie quiso causarle daño la noche que casi destruyó al pueblo.
Sacando conjeturas, comenzó a pensar en si era posible que alguien le estuviera siguiendo dentro del colegio, algún fantasma en busca de ayuda o que en verdad tratara de perjudicarlo. Sabía de sobra que Aggie no podía ser, ella estaba atrapada en el medallón, en su habitación.
Aun con las manos apretando ambos lados de su cabeza, se echó a correr con los ojos cerrados en ninguna dirección, hasta que sintió que la agitación se había marchado y, poco a poco, se comenzaron a escuchar voces lejanas que indicaban que los alumnos estaban en sus salones.
Cuando abrió los ojos se encontraba parado frente a una puerta con el número D39 ceñido en la parte superior. Después de dicha puerta comenzaba una serie de números entre el 40 y el 50.
― Bien, ya estoy cerca.
Metió su hoja de horario dentro de su carpeta y corrió tan rápido como pudo, doblando en el pasillo de la puerta D40.
Pero y luego, un golpe.
― ¡Ouch!
― ¡Oww!
Una gran variedad de caramelos y panecillos de crema dulce esparcidos por todo el lugar era lo único que Norman podía ver en aquel momento cuando él mismo se encontraba tendido en el suelo.
Coraline se maldijo mentalmente porque ahora tenía tres problemas: Había tirado todas sus golosinas, iba tarde a clase, y había arrollado a alguien en el camino. Aunque lo último no suponía un mero problema para ella, puesto que bien podría dejar a esa persona ahí tirada, sin embargo, dicha persona podría acusarla con algún rector y ella consideraba que un llamado de atención ya era bastante para su primera semana en el colegio.
Pensó que una disculpa vendría bien, así que, sobándose la espalda, se levantó con cuidado y le tendió la mano al chico frente a ella.
― Oye, lo siento. ―Ofreció ella aun con la mano extendida.― Déjame ayudarte.
Norman -que seguía atontado no tanto por el golpe, sino por la sensación que había experimentado anteriormente-, apenas comenzaba a enfocar la mano frente a su rostro. Era de dedos largos y delgados, con uñas azules y pertenecía a una chica.
Entonces alzó la mirada: En efecto, era una chica y seguramente unos centímetros más alta que él, de cabello extravagantemente azul, adornado con un broche de libélula, pecas por toda la cara –aunque probablemente no más que Neil-, y unos bonitos ojos color avellana.
― ¿Vas a tomar mi mano para que te ayude a levantarte o vas a seguir ahí estupefacto como si hubieses visto un fantasma?
― ¿Eh? ―Se alarmó, preguntándose si acaso ella sabría que él podía ver fantasmas, pero luego se calmó cuando reparó en que aquello era sólo una expresión por quedarse ahí pasmado, más eso no evitó que siguiera nervioso.― N-no… yo, eh… lamento…
Cuando Coraline vio que el pobre chico sólo atinaba a balbucear y no podía formular palabra, intentó ser un poco más amable.
― Hey, tranquilo, está bien. ―Le sonrió y, tomando ella misma la mano de Norman, le ayudó a ponerse de pie.
― Lo lamento. ―Vio el desastre en el suelo y se inclinó.― Te ayudo con esto…
― Descuida, está bien. ―Y le sonrió, asegurándole que no había problema.― Enserio.
Norman la miró un momento, fue cuando se dio cuenta que ella no estaba molesta. Sacudió la cabeza para volver a salir de sus pensamientos.
― No importa. ―Dijo ya más confiado.― Igual te ayudaré.
― Si tú insistes. ―Dijo volviendo a sonreír, y ambos comenzaron a recolectar toda la comida chatarra dispersada por el suelo.
Curiosamente, le agradaba ese chico aun cuando hacía sólo unos segundos que lo había visto. Tuvo la sensación de que podría ser un buen amigo, justo como había pensado de Mabel, a quien no había visto desde el día en que la conoció. Se tocó rápidamente el brazalete, dejándose la nota mental de buscar a dicha chica cuando tuviera la oportunidad.
Por un instante fantaseó en cuan divertido sería si ella, Mabel, Wybie, y ese chico pálido que en ese momento le ayudaba a recoger sus cosas, fueran amigos. Pero desechó la idea tan pronto como vino, ya que recordó el hecho de que ni siquiera sabía el nombre de la persona frente a ella y de que, posiblemente, a Mabel jamás volviera a verla en un campus tan grande como era el lugar en el que estudiaban.
Aun así, decidió presentarse, quizá ese sería un buen comienzo si quería hacer realidad la mitad de su pequeña fantasía.
― Por cierto, soy Coraline.
Norman volvió su vista desde el suelo hacía ella.
― Ehm… soy Norman. ―Dijo entregándole el último paquete de gomitas que estaba tirado.
― Un placer. ―Le respondió Coraline, quien tomó las gomitas, las metió en el bolsillo exterior de su mochila y se puso en marcha.
― Gracias por ayudarme con mis cosas, Norman. ―Le dijo poniéndose de pie.― ¡Nos vemos!
Norman seguía ahí, ignorando el hecho de que estaba probablemente 15 minutos retrasado, y cuando la figura de Coraline ya se veía muy lejos, se despidió también:
― Nos vemos… Coraline.
Cuando la chica del cabello azul llegó a su aula, tocó la puerta antes de entrar, esperó un momento y entonces la perilla fue girada desde el interior.
― ¡Ah, Srta. Jones! ―Exclamó la profesora.― Qué bueno que llega… aunque algo tarde. ―Murmuró lo último en voz baja.― Recibí una nota: le mandan llamar desde la oficina de la directora.
¿Oficina? ¿Directora? ¿Y ahora qué había hecho? Entonces una idea la golpeó: ¿Y si Wybie tenía razón acerca de meterse en problemas por lo de la máquina expendedora? Quizá alguien de los muchos chicos que les vieron habrían ido a acusarlos, maldición.
― ¿Quiere decir que no puedo entrar a su clase? ―Preguntó esperanzada.
― Lamentablemente, no. ―Respondió la profesora, aunque sin sonar severa.― Pero vamos, niña, ya te has perdido bastante de clase, ya no afecta nada el que no entres.
Coraline soltó un gemido de frustración y se fue dando zancadas rumbo al edificio indicado.
A medio camino, iba concentrada formulando excusas para librarse de cualquier posible castigo que le fuesen a imponer. Cuando se encontraba frente a la oficina de la directora, tocó la puerta educadamente como había hecho anteriormente en el aula de clase. Por desgracia, cuando la directora le dijo la razón de estar ahí, toda la educación desapareció al primer grito.
― ¡¿QUÉ?!
― Así es, señorita Jones. ―Confirmó apaciblemente.― Tendrá que cumplir una hora de servicio social…
― Castigo. ―Masculló Coraline, apretando los dientes.
No obstante, la directora le ignoró y prosiguió:
― Eso o deberá pagar el mobiliario dañado.
¿De qué mobiliario habla? ¡Fue sólo un estúpido frasco!, pensó Coraline. No podía pagar por el material, es decir, el poco dinero que había traído consigo no pensaba desperdiciarlo en ello; y no podía llamarle a sus padres para que le enviaran alguna determinada cantidad de dólares, puesto que se darían cuenta de los desastres que estaba provocando en la escuela, y eso era lo que menos quería. Fue entonces cuando recordó:
― Pero… ¡Esa chica pelirroja y… y el otro tonto! ―Berreó.― ¡Ellos también están involucrados! ¡¿Por qué rayos no están aquí?!
― Oh, se refiere a su compañera Zanotto. No se preocupe, ella ha decidido pagar por los daños. ―Maldita suertuda, pensó Coraline.― En cuanto al joven Pines, él ya ha sido informado y, ya que tampoco está dispuesto a pagar, supongo que le hará compañía en el casti- eh… quiero decir, servicio social.
Genial, que semana había tenido. Aquello daba rienda suelta a que Wybie se burlará de ella durante todo el fin de semana.
― Espero verla está tarde en el aula E25 para cumplir su sentencia. ―Le anunció la mujer.― Puede irse ahora, Caroline Jones.
― Es Cora… No importa. ―Rodó los ojos y suspiró dándose por vencida.― Estaré ahí.
― ¡…Y ni siquiera fue mi culpa, en primer lugar! ―Dijo termianando su historia con una rabieta, golpeando accidentalmente el tenedor en su bandeja de comida, haciendo que este fuera a parar a tres mesas de distancia.
― Vamos, Dippy, no puede ser tan malo. ―Le dijo su hermana a modo de consuelo, pero sin mucho éxito.
― ¿Que no puede ser tan malo?… ¡Es muy malo! ―Escandalizó.― ¡Mabel, van a obligarme a cumplir un castigo del que no soy responsable! ¡Tengo que asistir a un bobo castigo después de clase y no podré disfrutar mi tarde de viernes!
― Pero acabas de decirme que rompiste un eh… esa cosa en el laboratorio. ―Dijo ella, concentrada en consumir todo su pudín de fresa.― ¿Cómo dices ahora que no fue culpa tuya?
― ¡Porque no lo fue! ―Chilló frustrado porque, aparentemente, su hermana no estaba prestando atención a sus quejas.― ¡Te digo que fue culpa de esa…! ―Trató de recordar el nombre, pero no lo logró.― ¡Esa chica!
― ¿Cómo dices que se llama tu amiga? ―Preguntó Mabel, aun sin prestar mucha atención al relato de su hermano.
Una vez que se hubo acabado su porción de pudín, dejó de lado la charola de comida que aún no había probado, y robó el pudín de su hermano.
― ¡No es mi amiga! ―Le reprochó enfadado.― ¡Acabo de decirte que por su culpa yo y otra chica vamos a sufrir un castigo!… Y deja ese pudín ahí, ni siquiera has probado tu comida.
Mabel se pausó rápidamente, la había atrapado.
― Bueno… tú no te lo estabas comiendo. ―Se excusó.
― Ni siquiera has tocado tu plato, Mabel, has comido sólo dulces desde el desayuno. ―Le reprendió.
Mabel sólo atinó a rodar los ojos y meterse a la boca otra cucharada de pudín. ´
― Como sea… Sígueme contando tu historia de amor o eso que estabas contando.
― ¡Pero si yo no te estaba contando una historia de amor!
― ¿Ah no?
― ¡NO! ―Respingó frustrado.― ¡¿Es que no escuchaste nada de lo que te dije?! ―Mabel apenas iba a dar su respuesta, cuando Dipper volvió a hablar.― No, no me contestes…
― Bueno… Si ya terminaste, ahora es mi turno. ―Dijo.― Yo si tengo una historia de amor, un amor escolar.
― Ah claro, y ahora yo si debo escucharte.
― Pues claro, para eso están los gemelos. ―Le dijo ella sonriendo dulcemente.
Dipper puso los ojos en blanco.
― Bien, cuéntame…
― Esto… verás, antes de contarte, quiero hacerte una propuesta.
Dipper alzó una ceja, suspicaz.
― ¿Qué clase de propuesta…?
― Oh, es muy sencilla, nos haremos pasar el uno por el otro: tú serás yo y yo seré tú. ―Sonrió profusamente.― ¿No te encanta la idea?
― ¿Qué? Claro que no, ni siquiera entiendo como esto tiene que ver con tu historia de amor… ―Protestó inmediatamente.― ¿Por qué haría algo así?
Y entonces Mabel pareció explotar:
― ¡Oh, Dipper! ―Lloriqueó y lo tomó del brazo.― ¡Es que lo amooo!
― ¿De quién rayos hablas? ―Preguntó, sin embargo, Mabel no respondió lo que quería saber.
― Mira, sucede que si me hago pasar por ti, podré colarme al edificio de los chicos, entraré en su habitación y tomaré algo suyo como recuerdo de nuestro amor. ―Explicó, finalizando con una sonrisa convincente.
Dipper aún seguía confundido y el plan le parecía estúpido, no obstante, quiso preguntar para saber qué tan lejos planeaba llegar su gemela.
― ¿Y de que serviría que yo me vista como tú?
― Me cubrirás, así no se darán cuenta de mi ausencia. ―Dipper volvió a alzar una ceja, incrédulo.― Agh, además la ventaja es que mi compañera de habitación -y mejor amiga- es tan nerd como tú… ¡O más!
― ¡¿Qué?! ―No iba a hacer eso.― Mabel, yo creo que no es buena ide-
― Quiero decir, si vas a mi habitación, podrían hacer una pijamada de nerds los dos juntos y…
― Mabel…
― …hablar de números y raíces cuadradas…
― Mabel…
― …y álgebra y…
― ¡Mabel!
― ¿Qué? ―Pregunto como si nada.
― Primero: es una idea ridícula y no quiero hacer una pijamada con tu amiga; segundo: ¿Has pensado que, en un hipotético caso de que yo aceptara hacer esto, nuestro cabello nos delataría?; y tercero: Aun no sé de qué chico me hablas.
Mabel rió, como si le hubiese contado un chiste.
― Oh, Dippy, y dices que soy yo quien no presta atención. ―Se aclaró la garganta.― Primero: no es necesario hacer un pijama party, sólo debes estar ahí para que ella no sospeche que me fugué; segundo: puedo ocultar mi cabello en tu gorra, y para ti, puedo conseguir una peluca; y tercero: Su nombre es Norman.
― Ugh, primero: no voy a- espera, ¡¿Qué?!
― Dipper, ya has gritado como loco '¿Qué?' muchas veces.
― No, no, no, ¡No!... ¿De qué Norman hablas? ―Preguntó temiendo la respuesta.― ¿C-cuál es su apellido?
Mabel se extrañó por el comportamiento de su hermano, es decir, él siempre era así, pero había algo que no andaba bien. No obstante, le dio la información que había recabado acerca de Norman en todos esos días que paso cerca de él.
― Umm… En realidad no lo sé, aun. ―Sí lo sabía, pero ya que no estaba tan segura de por qué Dipper estaba tan alarmado, decidió ocultarlo momentáneamente.― Pero es amigo de mi mejor amiga y compañera de cuarto, es muy lindo, cursa octavo grado igual que nosotros y su habitación es la 439.
Dipper abrió los ojos como platos.
― ¿439? ―No podía ser… el número lo confirmaba, esa era su habitación, él era su compañero de habitación: Mabel estaba enamorada de Norman.
Mabel aún seguía esperando la reacción de su hermano, porque esperaba más que un simple momento de estupefacción, ella creía que gritaría o algo por el estilo. Pero no fue así, al menos no hasta después de unos 20 segundos:
― ¡Gah, Mabel, tienes que estar bromeando! ―Dijo casi suplicando.― ¡Él es el chico del que te hablé esta mañana, al que defendiste cuando insinué que era un anómala de Gravity Falls!
― Ah, ¿así que ahora aceptas que lo insinuaste? ―Le retó con una sonrisa victoriosa.
― ¡Ese no es el punto, Mabel! ―Detestaba que se saliera del tema.― No puedes salir con él, no voy a ayudarte a disfrazarme o… ¡eso! quiero decir, si antes no iba a hacerlo, ¡ahora menos cuando sé que estas enamorada de ese sujeto en quién no deberíamos confiar.
Mabel frunció el ceño, no soportaba cuando Dipper se comportaba de esa forma. No entendía que podía tener de malo estar atraída hacia ese lindo niño pálido.
― Oh, lo lamento, ―Levantó ambas manos, falsamente ofendida.― olvidé que necesito de tu permiso para seguir con mi vida. ―Dijo en tono teatral. Luego dejó todo el circo y bramó.― ¿Por qué rayos te afecta? ¿Y qué tiene de malo que quiera salir con 'ese sujeto'?
― Oh, vamos, Mabel, ¡Sólo mira su cabello! ―Exclamó.― Nadie con un cabello tan grande puede ser digno de confianza.
Mabel negó con la cabeza.
― ¡Dipper, no puedes ir por ahí juzgando a las personas por el tamaño de su cabello!
― ¡Sí que puedo!
― ¡Pero no tienes derecho a hacerlo!
― ¡Y tú no tienes derecho a comerte mi pudín!
― ¡Ugh, no sé ni para que te conté todo esto!
― ¡Al menos yo escuché lo que decías, no te ignoré como hiciste tú!
Y justo cuando una de sus infantiles peleas de gemelos estaba en medio apogeo, el timbre indicando el fin del receso les interrumpió.
Mabel ya no sabía cómo contradecir a Dipper, pero no le iba a dejar ganar.
― ¿Ah sí? Pues… ¡Pues tu pudín sabía horrible!
― Oh, ¿esa es tu excusa?
Mabel le sacó la lengua, y tomando sus cosas se marchó hacía la clase que le correspondía.
― ¡Mabel! ―Gritó su hermano, quien también tomó su mochila y la siguió hasta la puerta de la cafetería.― ¡Mabel, no seas infantil! ¡Admite que gané!
Pero lo único que Mabel hizo fue cubrirse las orejas y gritar un sonoro "Lalalalalala ¡No te escucho!"
Ambos actuaban infantiles. Dipper se enfadó aún más y decidió mejor irse a su propia clase, pateando el suelo y mascullando insultos torpes hacia su hermana.
― Inmadura.
Para cuando el último periodo de clase finalizó, Dipper estaba completamente arrepentido de esa tonta pelea con Mabel.
Había pasado sus tres clases anteriores pensando en lo mal que había estado aquello. Se replanteó varias veces mandarle un mensaje de texto a su celular pidiendo disculpas y pensaba que quizá no debió haber criticado el hecho de que ella estuviera flechada por aquel niño con aspecto de muerto, al fin y al cabo era Mabel, se le pasaría el supuesto enamoramiento en un par de días como máximo. Deseaba no haber discutido con su hermana porque ahora que se sentía tan frustrado con lo de tener que cumplir un castigo, necesitaba alguien con quien desahogarse, y la única persona para ello, estaba totalmente molesta con él en ese momento.
Pero ahora se encontraba ahí, dirigiéndose lentamente hasta el salón de castigo, donde le estaría esperando la directora Coleman o quizá el profesor Barker, y por supuesto, las dos chicas que le harían compañía durante el escarmiento.
Finalmente llegó al lugar, el laboratorio. No se molestó en tocar la puerta, pues apenas y se paró frente a esta, el profesor Barker habló desde dentro:
― Adelante, señor Pines.
Dipper se sorprendió por un segundo, ¿cómo supo que era yo?, pensó. No obstante, decidió no darle importancia y entrar como le habían ordenado.
Al entrar, cerró la puerta tras de sí y permaneció ahí echando un vistazo al salón: no había nadie, además del Señor Barker.
― Buenas tardes, profesor. ―Saludó por cortesía.
― Buenas tardes.
― Um… ¿Dónde están mis compañeras de casti- ¡Ouch!
Alguien había abierto la puerta bruscamente, y puesto que Dipper seguía detrás de esta, había recibido un golpe en la nuca y espalda.
― Ya estoy aquí. ―Anunció.― Y no lamento la tardanza.
― Buenas tardes a usted también, señorita Jones. ―Respondió el profesor con el mismo tono altivo que había usado Coraline.
― ¡Oye, ten cuidado al abrir la puerta! ―Se quejó Dipper, sobándose la parte posterior de la cabeza.
― Ten cuidado donde te paras, torpe.
― Me alegra que se lleven bien. ―Dijo el profesor, recogiendo sus cosas y dispuesto a irse del salón.― Y ahora que ambos ya están aquí, pueden comenzar con el castigo.
― ¿De qué habla? ―Preguntó Dipper.― Aun no llega la otra chica.
― Ni llegará… ―Murmuró Coraline.
― Ah, eso. ―Recordó el Sr. Barker.― Su compañera Zanotto decidió pagar los daños, así que esta tarde serán sólo ustedes dos. ―Y les entregó a ambos una hoja con la indicación, es decir el castigo a cumplir.
Dipper no podía creerlo, iba a quedarse atrapado con la niña fastidiosa y para colmo el castigo era ridículo.
― ¿Se da cuenta de lo… imprudente que es este castigo, Profesor? ―Espetó.
El profesor alzó una ceja, haciéndole entender que le explicara sus motivos.
― Aquí dice que como castigo debemos limpiar todos los recipientes sucios del laboratorio. ―Y señaló el fregadero en el que estaban varios materiales.― De vidrio.
― ¿Y eso sería un problema porque…?
― Porque la razón de que estemos aquí es de que esta chica rompió uno de esos recipientes. ―Explotó.― ¡De vidrio!
― ¿Divertido, no? ―Dijo el profesor burlonamente.
― ¡No, no lo es!
― Lástima, tendrá que lidiar con ello. Ya sabe, cuidar de que su compañera no rompa otra cosa o el castigo será peor.
Coraline estaba hirviendo en ira. Había sido su culpa lo del matraz roto, pero eso ya era demasiado.
― Que se diviertan.
Y con eso dicho, salió del aula.
― Idiota. ―Dijo Coraline en voz lo suficientemente baja para que el profesor no la escuchara, aunque este ya se encontraba varios metros fuera del salón.
― Si bueno, no deberías quejarte. ―Señaló Dipper.― Después de todo, es culpa tuya que estemos aquí.
Coraline rodó los ojos. Ya eran varias las ocasiones en las que le habían dicho que lo del matraz roto era culpa suya, no necesitaba escucharlo una vez más.
Ambos se dirigieron a lados opuestos del salón y se ignoraron el uno al otro durante el tiempo que permanecieron ahí. Cada quien se acercó a un estante con recipientes de laboratorio.
Algunos de los dichos recipientes aún tenían ingredientes de colores extraños dentro: unos tenían espuma, otros estaban pegajosos, otros parecían estar coagulados, otros cristalizados y algunos estaban tan líquidos como el agua misma. En resumen, la mayoría estaban cubiertos de sustancias desconocidas para ellos, sustancias que quizá podrían ser tóxicas.
Por esa razón, Dipper -como la persona precavida que era- decidió asegurarse y se coló dentro de un pequeño cubículo repleto de suministros de laboratorio que había en el aula.
Coraline volteó disimuladamente en dirección a su compañero al ver que este se metía en la reducida habitación, pero luego volvió a su tarea de seguir limpiando los frascos sin tener cuidado de no tocar las sustancias, puesto que ya las había tocado varias veces y sus manos seguían intactas.
Cinco minutos después, Dipper salió con un par de guantes de látex puestos, listo para comenzar su labor. Sin embargo, traía un segundo par de guantes. Había durado cinco minutos dentro del cubículo debatiéndose entre si debía traer un par de guantes extra para ella o dejarla que fuera a buscar unos por sí misma. Al final, muy reticentemente, se decidió por la primera opción.
Ahora sólo era cuestión de armarse de valor para entregárselos, pero esta vez resolvió no ser precisamente amable, a fin y al cabo ella no era amable.
Tomó ambos guantes y haciéndolos bola, los arrojó en dirección hacia la escuálida chica, cayendo estos justo sobre la encimera donde Coraline estaba limpiando. Ella sólo se giró un tanto fastidiada.
― ¿Qué?
― Que los uses. ―Estaba molesto con ella, pero no lo suficiente como para dejar que la chica se intoxicara o algo por el estilo.― No sabemos qué son los líquidos dentro de los recipientes, podrían causaros alguna alergia.
No obstante, con el orgullo latente, Coraline rechazó la oferta y dejó los guantes de lado, continuando como si nada hubiera pasado. Sin embargo, una media hora después, sintió comezón en los dedos, y vio como unas horribles ampollas comenzaban a aparecer. Muy de mala gana y reprochándose mentalmente a si misma por ser tan débil, tomó los guantes con disimulo y se los colocó en las enrojecidas manos.
Al cabo de un rato, ambos chicos seguían limpiando en completo silencio, hasta que el celular de Dipper dio un pequeño pitido.
El chico sacó su celular del bolsillo y la pantalla marcaba "1 texto nuevo de: Mabel" en conjunto con una foto en miniatura de la susodicha.
-Hey dippy lameento lo d esta mañana )':
Dipper sonrió. Aunque desde el principio sabía que no era una pelea grave -pues las tenían seguido, eran esas típicas peleas de hermanos que duran sólo unas horas-, no podía evitar sentirse culpable por pelear con ella. Así que cuando recibió el mensaje, decidió que también debía dar una disculpa a su gemela.
-Está bien, Mabel (: Yo también lo siento mucho, me alegra que ya no estés enfadada.
-no podría enfadarme contigo x siempre ;D q tal tu castigo?
-Horrible, aún me falta todo un estante de recipientes por limpiar.
Mientras Dipper intercambiaba mensajes de texto con su hermana, había cesado de limpiar los vasos, lo cual disgustó a Coraline, pues no estaba dispuesta a limpiar todo ella sola mientras su compañero se mensajeaba plácidamente con quien sabe quién.
-buuu :P q dices si nos vemos en la biblioteca cuando termines tu castigo?
-¡Seguro! Nos vemos ahí entonces. :)
-byeeee
Fue entonces cuando la del cabello azul tuvo la idea de tomar el paño con el que estaba limpiando los ácidos de los recipientes y arrojárselo para llamar su atención y que volviera a la tarea designada.
― ¡Ouch! ―Se quejó Dipper cuando la bola de tela le golpeó en un costado del cuello.― ¿Qué te pasa?
― Lamento interrumpir tu diversión. ―Dijo sarcásticamente.― Pero ambos tenemos que limpiar.
― Y estoy limpiando, ¿No lo ves? ―Se defendió el chico.― ¿O es que acaso estás ciega?
― Mandar mensajes no es limpiar. ―Repuso.― ¡Y no estoy ciega!
― ¿Ah, sí? Pues pare- ¿Qué demonios…? ―Justo cuando iba a contraatacar, un escozor comenzó recorrerle el cuello, justo donde el pedazo de tela había golpeado.
Y fue cuando Coraline se dio cuenta: al lanzarle el pañuelo no había contado con que este seguía cubierto de componentes tóxicos. Y aun cuando dicho pañuelo ya se encontraba en el suelo, el daño estaba hecho.
― ¡¿Por qué diablos lanzaste ese trapo?! ―Aulló, poniéndose una mano en el cuello.
― Yo… ¡Fue culpa tuya por distraerte en tu tonto teléfono! ―Trató de zafarse.― Además tú me lanzaste los guantes…
― ¡Pero los guantes no estaban cubiertos de ácido!
― ¡¿Y cómo lo sabes?!
― ¡Porque si así fuera, tendrías las manos aún más lastimadas!
Coraline se sorprendió. ¿Cómo se había dado cuenta de las heridas en sus dedos si traía los guantes puestos? Sin embargo, ya no sabía qué decir, hasta que un quejido la trajo de vuelta a la realidad.
― ¡Aaaaahhh! ―Gritó Dipper, ya que la comezón se había vuelto cada vez más severa hasta convertirse en dolor.― ¡Esto duele!
― ¿Quieres dejar de llorar? ¡Son sólo unas…ampollas! ―Pero en el fondo ella sabía que no era así, esas no eran simples ampollas, esas eran pústulas. No podía creer que los ácidos que se encontraban impregnados en el trapo pudieran hacer eso.
― ¡Lo que sea! ¡Siento que está quemando! ―Chilló Dipper, apretado más su agarre contra el cuello.― ¡Quítamelo!
― ¿Có-cómo se supone que haga eso? ―Coraline comenzaba a alarmarse, había imaginado toda una escena en la que Dipper moría y la culpaban a ella por el accidente, encerrándola en prisión por el resto de su vida.
No podía permitirse pasar la eternidad en una celda. Se abalanzó contra el chico, pensando en que hacer, y lo primero que se le ocurrió fue tocarle una de las pústulas del cuello con la esperanza de reventarla y que esta desapareciera.
― ¿Qué demonios haces? ―Se quejó Dipper cuando sintió que las manos de Coraline se posicionaban en su cuello y cara.
― ¡Trato de ayudar! ¡No quiero ir a prisión!
― ¿Qué…? ―Alzó una ceja.― Esa niña era en verdad rara.― Me refiero a que qué haces con los guantes puestos ¡Están llenos de ácido!
― No me arriesgaré a quitármelos, ¡Podría infectarme yo también!
― ¡¿Cómo puedes ser tan egoísta?!
― ¡Yo no soy egoísta!
― ¡Estás demostrando lo contrario!
Coraline ya no toleraba todo ese griterío y en un acto de desesperación simplemente se sacó los guantes.
― Ya lo hice, ¿Feliz? ―Y se dispuso a toquetear las pústulas nuevamente.
― ¡NO! ―Gritó.― Tus enrojecidas manos sólo lo empeoran, ¡Busca un botiquín de primeros auxilios!
― ¡¿Y de dónde demonios se supo-
― ¡Del cubículo de donde tomé los guantes!
Coraline corrió hacia dicho cubículo y se encontró con que el botiquín estaba protegido con cristal. ¿Quién diablos le pone un cristal a un botiquín? ¡Esto no es un maldito extintor de incendios! Renegó en su mente.
― ¡Tiene un maldito vidrio! ―Riñó en voz alta para que Dipper le escuchara.
― ¡Pues rómpelo!
Obedeció y busco a su alrededor algo con que romper el vidrio y cuando vio lo que parecían ser unas pinzas para crisol, no dudo en usarlas. Montones de pequeños cristales volaron por todas partes, pero por fin lo había conseguido.
Con el botiquín en mano, se precipitó hacia su compañero que seguía sujetándose el cuello. Sacó un pequeño algodón y una botella con líquido color ocre que no tenía ni idea de qué rayos era.
― Okay, okay… Tengo esto. ―Dijo presionándole sobre el área irritada el algodón remojado en líquido. Pero entonces sintió arder sus propias manos, había olvidado que también ella tenía heridas.
Aulló soltando el algodón y la botella que aún tenía en la mano, haciendo que se derramará sobre Dipper quién volvió a gritar.
― ¡Agh! ―Sintió como ardía cada vez más.― ¿Por qué soltaste la botella sobre mí?
― ¡Porque también a mí me arde! ―Gritó extendiendo ambas manos, las cuales estaban sangrando.
Dipper se dio cuenta de que esa sangre no era gracias a los ácidos: se había lastimado con el vidrio y podía ver los pequeños cristales aun encajados en sus dedos. Se preocupó.
― ¡Debemos ir a la enfermería!
― ¿Estás loco? ¿Y qué me expulsen o me manden a prisión por este desastre? ¡No, gracias!
― Y dices que no eres egoísta… ―Simplemente no podía creer la actitud de la chica.― ¡Tu igual necesitas ir!
― ¡No es verdad!
Coraline se acercó nuevamente a él, ignorando que las manos se le estaban inflamando y tomando a Dipper por el cuello, comenzó a frotarle el algodón nuevamente.
― ¡Ouch! ¡Ten cuidado! ―Chilló Dipper.
― ¡Deja de quejarte!
Cualquiera que los encontrara en ese momento y en esas condiciones, pensaría que Coraline estaba tratando de estrangular a Dipper. Aunque eso no estaba muy lejos de la realidad.
Hacía ya más o menos una hora que se encontraba en la biblioteca esperando a su hermano, pues no habían fijado una hora exacta. Había pasado el rato tratando de leer algún libro, pero ninguno había llamado tanto su atención, hasta que –curiosamente- encontró una muy reducida sección de revistas, con las cuales definitivamente pudo entretenerse mientras esperaba por la llegada de Dipper. Pero cuando este llego al lugar, no era exactamente lo que Mabel tenía en mente: estaba cubierto de una sustancia amarillenta en la ropa y un gran sarpullido se extendía por el costado derecho de su cuello.
― ¡Oh, santo cielo! ―Exclamó al verlo.― ¿Pero qué te pasó?
― Larga historia…
Mabel se cubrió las manos con la boca aun en asombro, ¿Es que acaso eso le habían hecho a su hermano como castigo? Estaba a punto de objetar por ello pero, al parecer, Dipper leyó su mente y antes de que pudiera lloriquear o quejarse, él le explicó cómo había sucedido todo y que no había sido parte del castigo, sino un accidente. Le contó como el ácido había tenido efecto en su piel y había acabado lleno de ampollas, incluso, no perdió oportunidad de describir todas las veces que su compañera (de quien no lograba recordar el complicado nombre, porque sólo lo habían mencionado en la clase en que esta había roto el matraz en el laboratorio) había sido agresiva.
― Espera, entonces… ¿Esa chica trató de matarte? ―Mabel no podía creer que alguien fuera tan psicópata como para tratar de asesinar a algún alumno.
― No dije eso. ―Rectificó Dipper.― Bueno… quizá. No estoy seguro.
Mabel seguía mirando fijamente en dirección al cuello de su hermano, con una mueca de entre asco y angustia.
― No es nada Mabel… ―Trató de calmarla Dipper, adivinando las intenciones de la castaña.― Ya ni siquiera me duele.
Pero Mabel le ignoró y se apresuró a alcanzar su mochila para sacar una caja de banditas con estampado de arcoíris. Destapó una y se acercó a Dipper para colocársela en el cuello, aunque esta no cubría ni la mitad de la herida.
― Perfecto, ahora luzco peor.
― Tonterías, te ves genial. ―Mencionó ella en su usual tono enérgico.― Luces estupendo, el color arcoíris te va genial.
― Lo tomaré en cuenta.
Al igual que Dipper a Mabel, Coraline ya le había contado toda la historia a Wybie; cada cosa con lujo de detalle, no omitió nada. Incluso mencionó lo de su alucinación acerca de ir a prisión a los trece años para pasar el resto de sus días tras las rejas por intoxicar a un idiota. No obstante, le seguían punzando las manos.
― Ouch, ouch, ouch…
En ese momento, se encontraban sentados a la orilla del estanque, el cual habían adoptado como su lugar para pasar el rato, ya que no muchos estudiantes se paseaban por ahí.
Coraline se inclinó un poco hacia el frente, con la intención de sumergir las manos en el agua y ver si la hinchazón desaparecía.
― Um, Jonsey… ―Ésta volteó a verlo.― No soy doctor, pero algo me dice que si metes las manos ahí, te irritará aún más.
― Ugh, tienes razón. ―Se quejó.― Es sólo que duele dema… ¿Qué haces?
Wybie había acercado su mano a la mejilla de Coraline sin nada de delicadeza y, de un tirón, le sacó un pedazo de cristal que aún permanecía hundido en su piel.
― ¡Wow, no puedo creer que esto estuviera en tu cara! ―Exclamó Wybie, más emocionado que preocupado.
― Rayos, es gigantesco.
― Seh… Oye, ¿aún tienes los postres que extrajiste de la maquina esta mañana? ―Preguntó, cambiando de tema abruptamente.
― ¡Cierto!
Ya ni siquiera lo recordaba, había pasado tanto en un día que había olvidado los dulces. Enseguida tomo su mochila y sacó un puñado de caramelos en cada mano.
― Vaya, lo había olvidado por completo. ―Dijo con un mejorado humor.― Oh, dulce recompensa.
Le dio un puñado de dulces a Wybie y el resto los vació en su propia boca todos juntos.
― Oh, pod ciedto. ―Habló la chica, con la boca tupida de golosinas.― ¿Tienes adgo que hacer edta noche?
― ¿Qué estás tramando? ―Inquirió Wybie. Ya se había acostumbrado a las locas ideas de Coraline, sin embargo, sabía que lo que vendría podría sorprenderle mucho.
― Planeo esconder el resto de los dulces en un lugar que no sea mi habitación.
― ¿En dónde? ―Se arriesgó a preguntar.― ¿Y por qué?
― La monitora de nuestro piso ha estado chequeando todas las habitaciones, y es probable que descubra lo de los dulces. ―Explicó.― Y bueno… Estuve investigando en internet y descubrí un mapa… ¿Sabías que este anticuado colegio tiene un sótano donde cabrían perfectamente mis dulces?
― Y quieres que vaya contigo como cómplice esta noche.
― Oh, que inteligente eres, Wybie. ―Dijo en tono de un fingido cumplido.― ¿Qué dices?
― Me encantaría ir, Jonsey…
― ¿Pero…?
"Pero le prometí a Neil que sería viernes de videojuegos, es decir, que jugaremos videojuegos toda la noche."
― ¿O sea…?
― O sea, que se vería algo extraño que cancelara los planes porque saldré a media noche a no sé dónde.
― Rayos. ―El chico tenía razón.― ¿Por qué haces planes con tu amiguito Noah sin mi consentimiento?
― Eh… De hecho su nombre es Neil. ―Le corrigió Wybie, alzándose de hombros.― Pero si quieres, podría inventar una excusa convincente e ir contigo.
― No, olvídalo. ―Dijo Coraline sacudiendo la mano para restarle importancia. Tenía una cara de concentración, parecía estar ideando algo más.― No puedo hacer que canceles planes, te reservaré con anticipo la próxima vez.
― ¿Entonces que harás?
― Sencillo: conseguiré a alguien más. ―Resolvió.
― De acuerdo, pero primero ve a que te venden esas manos en la enfermería, o se te caerán los dedos.
― Y con esto estas diciéndonos que hay más fantasmas además de Aggie, en este lugar. ―Siguió hojeando su libro.― ¿No?
Eran casi las 7 de la tarde de ese mismo viernes y, como sentía que debía hacerlo, Norman les había contado a Neil y Salma acerca de lo que le había ocurrido en la mañana.
― ¡No!... es decir, no lo sé. ―Rebatió.― Sólo sentí como cuando hay un fantasma cerca pero no tan… así.
― ¿Entonces si hay más fantasmas o no? ―Preguntó Neil ya bastante confundido.
Norman puso los ojos en blanco. Durante el transcurso del día había armado un plan: Escabullirse a media noche para ir a ese pasillo y ver qué era lo que rondaba por ahí. Él realmente no tenía problema en ir solo, sin embargo, necesitaba que alguien le ayudara por si algo salía mal; pero, aparentemente, ni el pelirrojo ni la morena estaban dispuestos a ir.
― La cosa es: ¿Me acompañarán esta noche o no?
― No.
― Oh, vamos, Salma. ―Rogó.― Mañana es sábado, no hay escuela.
― ¿Y eso qué? No tengo ganas de meterme en problemas.
― Yo iría pero ya tengo planes, viejo, lo siento… ―Se disculpó Neil.
― ¿Por qué no llevas a tu enamorada, alias mi mejor amiga? ―Preguntó Salma socarronamente.
― ¿Ya es tu mejor amiga? ―Curioseó Neil.
Salma se golpeó la frente con la palma de la mano en signo de frustración, Neil nunca entendía su sarcasmo.
― Hmm… ―Suspiró Norman. No iba a llevar a Mabel consigo, sería un desastre explicarle todo el asunto sobrenatural, y no podía obligarlos a ellos a ir con él si no querían.― Supongo que tendré que ir solo.
― Podrías usar el medallón. ―Apuntó Neil.― Así, Aggie podría acompañarte.
Norman sopesó las posibilidades: Resultaría útil, ya que Aggie había poseído el mismo don que él de ver fantasmas.
― Deberíamos irnos ya, se está haciendo tarde. ―Dijo la morena, comenzando a recoger sus cosas.
Los alumnos debían estar en sus habitaciones a las ocho en punto, y cruzar todo el campus desde donde se encontraban les tomaría tiempo, así que ambos chicos obedecieron a Salma y partieron en dirección a sus habitaciones.
Una vez que Norman estuvo en su habitación, aprovechó que Dipper no se encontraba ahí, para sacar el medallón del cajón y colocárselo en el cuello.
Y entonces se detuvo a pensar un momento: ¿Y si esos fantasmas en realidad no lo estaban llamando a él sino a Aggie? ¿Y si sólo querían llamar su atención y que llevase a la chica hacia ese pasillo?
Podría ser cualquier cosa, incluso… Incluso eso podría ser su asunto pendiente.
― Oye, Aggie. ―Le llamó dentro del medallón.― ¿No has sentido que hay… uhm, otros fantasmas cerca?
― Desde aquí adentro no puedo sentir mucho, realmente.
― Bien, ¿Te gustaría dar un paseo para averiguarlo?
Agatha se alteró por un momento y no respondió. ¿Buscar fantasmas? ¿Y si eso traía problemas y hacía que alguien intentara matarlo?
― ¡De ninguna manera! ―Exclamó.― ¿Y si pasa algo malo? ¡Ambos acabaremos muertos y atrapados en este mundo!
― No te preocupes. ―Le resultaba un tanto gracioso el hecho de que ella aún no entendiera las nuevas costumbres de no matar brujas.― Nadie podrá hacernos daño, sólo iremos a ver.
Aggie no podía hacer mucho dentro de aquel relicario, así que no le quedó más opción que aceptar sin mucha convicción.
― De acuerdo, si tú lo dices…
Al llegar a su solitario dormitorio, Coraline había comenzado a empacar todos los paquetes de golosinas ordenadamente dentro de su mochila. Ahora que no había libros de estudio dentro de esta, tenía más espacio para los dulces.
Sin embargo, aún no había hecho caso al consejo de Wybie de vendarse las manos. Pero no podía pasar a enfermería, ya que si lo hacía, la enfermera le preguntaría qué le había sucedido y eso delataría todo lo acontecido en el taller de laboratorio. Y como persona valiente que era, decidió arriesgarse sin protección en las manos, al menos durante esa semana, y en caso de que la alegría persistiera, entonces acudiría con la enfermera inventando una excusa creíble.
De ese modo, se preparó para su huida nocturna: se enfundó en un suéter negro y una gorra del mismo color, cogió un bolso en el cual llevaba una lámpara y algunas otras cosas que pudiese necesitar, finalmente se echó al hombro la mochila con las golosinas y puso en marcha su plan.
Justo cuando el reloj marcó las 8 en punto, Dipper llegó a su habitación, donde Norman fingía estar dormido. Después de ponerse el pijama, encendió un la lámpara que estaba posada sobre la mesita de noche y se dispuso a leer un libro, haciendo así, que el propósito de Norman se retrasara un poco más de lo debido.
Casi tres horas después, cuando todas las luces estaban apagadas y Norman sintió que su compañero por fin se había quedado dormido, se levantó de su cama con extremada delicadeza y haciendo el mayor esfuerzo por no hacer ruido.
Se puso los zapatos y, metiendo en su mochila una linterna junto con uno de los libros que había conseguido en la casa del Tío Prenderghast, se escurrió de puntillas hasta la salida del dormitorio.
Colocó su mano sudada sobre el pomo de la puerta, y antes de girarlo, dio un vistazo por encima de su hombro sólo para comprobar que Dipper seguía dormido.
Una vez que traspasó el umbral de la puerta, un suspiro de alivio salió de sus labios: supo que lo había logrado.
― ¿Vas a algún lado?
O casi.
Ya sé que ya me disculpé, pero una tercera vez no hace daño: LO LAMENTO MUCHO! T-T Okay ya! Bueno, espero que les haya gustado el capítulo (-8 Y el final fue un patético intento de cliffhanger jajaja
Bien, sobre el capítulo: En los rev's que me dejaron me mencionaron qué parejas querían que pusiera en el fic, pero como ya les había dicho, soy un asco escribiendo romance xD Así que de las parejas que me mencionaron, pues intenté escribirlos en escenas juntos para que vean cómo se va desarrollando la relación (: Y así, tal vez más adelante si ponga algo de romance, pero por mientras, quizá sólo sean escenitas cursis pequeñas o situaciones que lo insinúen xD Y por cierto, aún pueden seguir proponiendo parejas :D o sea, según yo en este fic, los personajes principales tienen 13 años, pero si se les hace más divertida la historia agregándole romance, pues ustedes digan :P
Y eso es todo, creo :B Muchas gracias a las personas que siguen leyendo (me hacen feliz) y muchas más gracias a las que dejan su review, porque me motivan y hacen que publique más rápido :')
Ah, y en caso de no publicar pronto: Felices fiestas a todos! :D
