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Celebración de Aniversario

La gente se había reunido en los alrededores del palacio de Yui, pues era el aniversario de la dominación mundial y ella lo declaró como día de fiesta. Un sinnúmero de policías y militares formaban una pared humana entre un camino desde el palacio de la dictadora al estadio Budokan. Finalmente Yui salió del palacio acompañada de Mugi y Sokabe, que iban como escoltas. Detrás del trío iban Azusa, Ritsu, Mio, Nodoka, Ui, Sawako, Sumire y Nao haciendo el papel del séquito. La comitiva era cerrada por las capitanas de las Nyans y algunas Nyans condecoradas.

A su paso, militares se cuadraban y civiles hacían una profunda reverencia y se quedaban postrados mientras Yui caminaba muy orgullosa al frente de la pequeña comitiva usando a su inseparable Gitah como si fuera un cetro. En algunos casos, los militares llegaban hasta disparar al aire para honrar aún más a la dictadora. Finalmente llegaron a puertas del estadio, que estaba bastante lleno, tras una caminata llena de incidentes: entiéndase Yui mirando en casi todas las vitrinas y acariciando a cada perrito que se cruzara en su camino; y en cada uno de estos casos, los militares le abrían el paso para que nadie se pusiera en el camino de la dueña y señora. Lo que en otros tiempos hubiera enojado a las demás y provocado una oleada de quejas, ahora era soportado con algo de miedo. Entraron al estadio, en donde los esperaba una especie orquesta compuesta por 40 guitarras eléctricas, 20 baterías, 20 teclados y 20 bajos; todos de la misma marca que los usados por el club de música ligera; la única diferencia era que Yui había prohibido a los guitarristas que usaran los colores de Gitah. Un joven se le acercó a Mio y le dio una batuta y se inclinó ante ella. Mio tomó la batuta y esperó a que Yui se acomodara con todo y su guitarra frente al único micrófono que había en el área. Las demás también se acomodaron frente a sus propios instrumentos, los cuales no habían sido ocupados. Mio leyó un papel que tenía al frente:

—Saludo uno.

Todos los presentes (y todos los televidentes) levantaron su mano derecha y la pusieron sobre el corazón…

Mio comenzó a dirigir el concierto. Odiaba admitirlo, pero le encantaba el trabajo que Yui le había dado; se sentía en su elemento.

Kimi wo miteruto itsumo haato doki doki

Yurero omoi wa mashumaro fuwa fuwa…

En cuanto terminó de entonarse el nuevo himno nacional (o en este caso mundial), Mio bajó la batuta y leyó:

—Saludo dos.

Todos bajaron la mano. Mugi subió al estrado y Mio se movió para darle espacio. Sacó unas minutas y leyó:

—Larga vida a Yui-sama.

—LARGA VIDA A YUI-SAMA!

—Hoy hace un año del día en que todo cambió, el día en que Hirasawa Yui se convirtió en nuestra dueña y señora; un año del mundo Yuri. —Leyó ella tratando de mantener la compostura y no sonar demasiado emocionada.

Yui se encaminó al estrado seguida de Sokabe que seguía en su papel de escolta. Mugi le hizo una profunda reverencia y se movió para que Yui ocupara su puesto. La malvada dictadora levantó los brazos y todos los presentes se inclinaron ante ella después de decir "Larga vida a Yui-sama".

—Arigatou, Minna. Estamos aquí reunidos para conmemorar que hasta hace un año, yo no era más que una pobre estudiante universitaria con un sueño: dominar el mundo.

Risitas nerviosas.

—Mugi-chan, otra vez te felicito por el discurso. Sueno muy…

—Luego me agradeces Yui-chan. Ahora tienes que dirigirte a tus súbditos.

—Ehehehehe… —rió inocente. —Quería recrear la escena del año pasado.

Azusa no pudo evitar reír con ganas ante el chiste de Yui, lo que provocó que varias Nyans, algunos militares, Mugi y Sokabe la miraran con severidad; pero todos comenzaron a reír junto con Azusa en cuanto Yui les dirigió una mirada de advertencia.

—Muy bien; como les decía Mugi-chan, hoy hace un año que existe nuestro amado mundo Yuri; y todo gracias a que un día tuve un sueño: el sueño de dominar al mundo. Minna, crean en sus sueños y luchen por ellos con todas sus fuerzas, podrán lograr grandes cosas igual que yo… —Mugi le pidió el micrófono y Yui se lo dio con amabilidad.

—A menos que su sueño sea arrebatarnos nuestro mundo Yuri. Si no, podrían terminar como mi dulce Onee-sama: preparando sin descanso los postres más deliciosos para alimentar a nuestra dueña y señora. —Apretó un control remoto y en el Budokan y en todos los televisores del mundo apareció la imagen de Emina con ojeras, un delantal cubierto de harina y crema batida hasta en su cabello preparando un rico pastel mientras era apuntada por varios guardias y cámaras. Estaba encadenada a la mesa de repostería y no tenía posibilidad de escape.

Azusa y las rebeldes que estaban entre el séquito de Yui sintieron un escalofrío. Sumire bajó la mirada culpable sin que nadie más que Mugi y Sokabe lo notaran.


Satoshi, que miraba desde los cuarteles de la resistencia, no podía creer lo que veía. Tanto él como los rebeldes entendieron que el mensaje de Mugi era dirigido directamente a ellos. Rio se llevó las manos a la cabeza asustada. Si habían capturado a Kotobuki, una de las mejores soldados, podrían con cualquiera. Akane Miura sólo recargó su rifle e intercambió con Satoshi una mirada llena de ira contra Yui. Kyoko, que los había contactado la noche anterior sintió cómo la ira se acumulaba en su ser y también tomó un rifle y lo recargó dando a entender sus intenciones. Por su parte las ex – Nyans se miraron impasibles.


—Oi, Minna, no nos pongamos así. Mugi-chan! Hoy es un día para celebrar, no para amenazas! —tomó el micrófono. —Minna, no se preocupen. Hoy es un día de fiesta y no quiero que nadie esté triste en mi día especial. Por eso vamos a darle un buen descanso a Kotobuki-san. Déjenla dormir y mañana podrá seguir con su tarea, además mientras más cansada la cocinera, menos rico el postre.

Se calmó un poco el ambiente, pero seguía algo tenso.

—Mio-chan, Gohan wa Okazu!

Saludo militar y la banda se puso en sus posiciones. Y una vez más el ambiente fue alegrado por la banda de la dueña y señora dirigida con alegría por la batuta de Mio.


Ya iban por la quinta o sexta canción y el cansancio y la ira de los rebeldes era algo casi palpable. Por orden de Satoshi, apagaron la televisión. No era que les molestara el concierto, de hecho tanto Satoshi como Rio eran seguidores de Ho-Kago-Tea-Time antes de enterarse que la guitarrista y voz principal estaba más que loca, lo que les fastidiaba era el haber perdido a una de sus mejores soldados a manos del enemigo.

—Como dije antes, hay que cuidarse las espaldas; no de la tal dueña y señora, sino de esa rubia del demonio.

—Pero mi amorcita también tuvo la culpa, Comandante-kun. Ella insistió en ir a una cena familiar en vez de esconderse con usted.

—¿Cena familiar? Demonios, Kotobuki será una gran líder, una soldado excepcional y todo; pero no tiene ni pizca de sentido común —se quejó Rio.

—Lo más probable es que Tsumugi-san la interceptara durante la cena.

—Esto sólo demuestra que tenemos que tener el doble de cuidado ahora. Si uno de nuestros se hace público, es su deber esconderse para no tener otro caso así. Sé que Kotobuki es dura y por eso no se le saldrá nada en ese calabozo, pero…

—Yo no estaría tan segura.

Satoshi miró a la Nyan desertora.

—Ese calabozo está diseñado para que nadie, por duro que sea, le dure mucho la actitud de "yo no diré nada". Fue diseñado por la mismísima Comandante Sokabe para acabar con la voluntad de pelear de cualquiera de los enemigos de Yui-sama.

—Dame todos los detalles: hablo de los turnos de la guardia, qué clase de seguridad tiene, qué…

—Gomen ne, pero las únicas que conocen los detalles son la comandante Sokabe, una pareja de capitanas Nyan (no me preguntes quiénes porque no lo sé) y las Nyans más condecoradas, que son las que guardan la prisión.

—¿Quiénes son?

La Nyan prendió la televisión y señaló a las que acompañaban el séquito de Yui.

—Son diez en total, aquí sólo hay cinco. Las otras están vigilando a Kotobuki.

—Tenemos que llegar ahí y sacar a Kotobuki no importa cómo. Ustedes —miró a las Nyan —¿ya se declararon oficialmente traidoras?

—Iie.

—Pues bien: reincorpórense a las Patrol y actúen como si nada. No nos contacten por nada o todo se irá al traste; o al menos no nos contacten si no llegan a ascender.

—¿Quieres que hagamos méritos y nos asignen a la prisión? Amigo, estás loco; o bueno, no eres más que un niño. Eso es demasiado difícil y tardaríamos demasiado.

—No hables de lo que no sabes, mocoso.

—Hái, hái. Verán: yo siempre comienzo por el plan B. Lo que realmente necesitamos es que alguna de las infiltradas en el hogar de Cabeza-Hueca-Sama convenza a Sokabe de bajar la guardia y apoderarnos de lo que necesitamos. Una vez logrado eso, habrá que rezar que la habilidad de Kotobuki le ayude a escapar de ese horrible lugar. Aún así necesito que se infiltren con las Nyans y nos informen desde adentro; pero no muy seguido y sólo en caso que Cabeza-Hueca-Sama planee algo grande.

—Bien. Eso sí podremos hacerlo.

—Doy por terminada la reunión.

Todos se dispersaron menos Rio y Satoshi.

—¿Por qué las sacaste?

—No las quiero cerca, me dan muy mala espina.

—Estoy con Satoshi-kun. La verdad a mí tampoco me caen muy bien, aunque me ayudaron a escapar del Centro Yurista.

—Miura-san!

—Llámame Akane-chan, si yo ya te llamo por tu nombre, Satoshi-kun.

—¿Qué haces aquí?

—No tengo a dónde ir. Los Centros de Reeducación Yurista son muy estrictos con sus empleados y a estas alturas sabrán que soy una traidora.

Los dos rebeldes se miraron.

—Bien, vamos a casa de mis tíos. Seguro te recibirán bien.


Las chicas estaban muy cansadas y emocionadas después de un largo día tocando. Al principio, no estaban muy seguras de tocar así a gran escala, pero resultó muy divertido. Hasta Nodoka y Sawako tuvieron que admitir que realmente disfrutaron la función y Jun también se divirtió tocando junto a las demás; para ella, ocupar el lugar de Mio en el bajo era el honor más grande que le había concedido Yui. Al final, cansadas, hambrientas y de todo, se sentaron a la mesa donde los esperaba todo un festín. El día que todo cambió, Ui le dio todas sus recetas a los cocineros del palacio (la abuelita también) pero en general ella misma preparaba los platillos. Comieron con alegría, con esa sensación que la comida era el final perfecto para un día de celebración tan importante como aquel (y si no importante, al menos muy divertido). Estaban por servir el postre. Entonces Yui golpeó su taza de té con la cucharilla pidiendo silencio. El resultado: quebró la tacita y dos sirvientes se dispusieron a cambiársela y a limpiar el té derramado.

—Menos mal que estaba casi vacía —se le escapó a Ritsu, quien se calló al ver la mirada de Yui: dulce como siempre, pero con un toque de siniestro y otro de advertencia.

—Mhh. Gomen ne, bueno, quería darles las gracias por estar a mi lado siempre. Sin ustedes nunca hubiera logrado mi gran sueño. —Un silencio expectante. —Bueno, pero como todas sabemos, siempre está ese alguien especial a quien dedicamos nuestra vida y bueno; ustedes saben quién es esa alguien para mí.

Yui miró a la atónita Azusa y se acercó con dulzura y, para sorpresa de todas, se inclinó ante ella.

—Azusa Nakano, mi Azu-Nyan, ¿querrías hacerme la dictadora más feliz del mundo casándote conmigo? —dijo Yui ofreciéndole el anillo de brillantes que noches atrás le había enseñado a Mugi y Sokabe.

—Yui...

Azusa no pudo decir más y tomó las manos de Yui entre las suyas y la besó tiernamente.

—¿Sí o no?

—Ay Yui! Que sí!

Esta vez fue Yui la que comenzó el beso. No cabía en sí de la emoción. Todas miraban la escena con diferentes emociones. Igual que siempre, Nodoka se alegraba y a la vez se entristecía por su amiga; Megumi sonreía maliciosa; Mugi miraba la escena con ojos soñadores mientras pensaba "me alegro que este lugar tenga cámaras por todos lados, podré ver esta escena durante toda la noche"; Mio y Ritsu se sonrieron y luego le sonrieron a la feliz pareja; Sawako sensei también miraba la escena contenta, pero no podía evitar pensar "perdimos a Azusa"; Jun miró la escena indiferente, aún estaba molesta con Azusa; Ui miraba la escena encantada y no paraba de pensar cómo hacerles el pastel de bodas más grande y delicioso de la historia; Nao y Sumire no sabían qué pensar. Al final Yui ordenó que trajeran una botella de champán, sugerencia de Mugi, para terminar con broche de oro. Al final todo terminó.

Jun tendría que comunicarlo a Satoshi al día siguiente, y no le gustaba nada. "Hemos perdido a Azusa".


Gracias por leer, sólo un comentario rápido: en caso que haya herido sensiblidades con lo del himno, fue sólo con intención de parodiar cómo lo hacemos en mi país; pero SIN ÁNIMO DE OFENDER. Por lo demás espero que lo disfrutaran y algún review. Chao; nos leemos!