CAPÍTULO IX
-Inspira, espira… Inspira, espira…—repetía una y otra vez la maestra de las clases de pre-parto. Al mismo tiempo se encontraba en una posición muy ridícula, con las piernas haciendo la mariposa y los ojos cerrados. Las alumnas trataban de imitarla—Inspira, espira…
-Odio estas clases y odio el maldito "inspira, espira"—protestaba Misty en voz baja. Sus hermanas la miraban de reojo y la ignoraban, mientras repetían la posición de la maestra sin ningún problema—Por eso mismo no quería contaros nada…porque siempre me obligáis a hacer cosas que no quiero…
-Cállate y realiza el ejercicio correctamente—le reprendió Daisy, tratando de no llamar la atención—Eres una Waterflower, y aunque has metido la pata hasta el fondo, debes hacerlo con dignidad…
-Las Hermanas Sensacionales lo hacemos todo con glamour—añadió Lily.
-Incluso parir—dijo Violet, al tiempo que Misty no podía evitar una carcajada.
La clase se detuvo tras las risotadas, que contagiaron también a sus hermanas. Así que la profesora interrumpió sus ejercicios y reprendió a las muchachas.
Las cuatro se sintieron algo avergonzadas, se disculparon y continuaron con la clase.
A la salida, Delia las esperaba en la puerta. Había estado haciendo unas compras y había quedado con ellas a esa hora.
Misty sonrió a la mujer, y ésta le enseñó las múltiples cosas que había comprado, todas destinadas al confort del bebé. A la pelirroja le gustó el babero con adornos florales, la sillita para comer en forma de Horsea y el chupete con forma de Tentacool. ¡Cómo se notaba que aquella mujer conocía bien a su nuera! Misty sonrió y le agradeció los regalos.
-No permitiré que a mi nieto le falte de nada—aseguró Delia, emocionada.
-O nieta—apostilló Misty.
-¡Aún no comprendo por qué no habéis querido saber el sexo del bebé!—apostilló Lily.
-Ash y yo queremos que sea sorpresa—repitió Misty.
-¡Mira que sois raritos!—exclamó Lily.
-Dios los cría y ellos se juntan—se burló Violet.
-Bueno, dejad ya de burlaros de mí, es nuestro hijo y haremos lo queramos—protestó Misty.
-O hija—se mofó Daisy, mientras todas se echaban a reír.
-¡Bueno, que aún no he terminado de enseñaros todo lo que he comprado!—les recordó Delia, sacando de su bolso más cosas de las que podrían imaginar—Otro babero con dibujos de Pichus—Misty sonrió al verlo—, otro babero con dibujos de frutas…, un sonajero, un móvil para la cuna, unos dibujos para la habitación, un peluche de tamaño real…—Misty se llevó las manos a la cabeza… ¿para qué tantas cosas?—, una cámara para ver al bebé mientras duerme, una mantita, una sombrilla, otro juego de baberos…
Misty ya no sabía ni qué cara poner… ¿Acaso Delia no confiaba en que ella y Ash tendrían todo listo cuando en niño naciera? Seguramente pensaba que se olvidarían de algo importante… Aquello le ponía triste y al mismo tiempo nerviosa… Odiaba todo lo que les estaban controlando desde que habían llegado…
-¡Misty, no pongas esa cara!—exclamó Delia, leyendo sus pensamientos. Misty hizo una mueca cómica, al tratar dibujar una sonrisa falsa—Todo es necesario… y si piensas que son demasiados baberos… ya me comprenderás si el niño se parece a Ash… ¡Era tan torpe con la comida!
Misty sonrió.
-Todavía lo es—dijo, al tiempo que todas se echaban a reí de nuevo..
La pelirroja regresó a casa junto a su escuadrón protector. Ni Delia ni sus hermanas se habían alejado de ella desde que habían llegado, y aunque en ocasiones la angustiaban y agobiaban, debía sentirse agradecida.
En el fondo se alegraba de tenerlas allí…
Y también a Delia. La mujer no había dudado ni un segundo en ayudarles, una vez que se enteró de todo lo sucedido. Asumió el problema como propio, y trató de que dejase de valorarse como problema sino como momento de cambio.
Aunque tanto Ash como Misty lo pasaron realmente mal cuando se encontraron en el hostal rodeados de sus seres queridos, todos despotricando contra ellos y recordándoles una y otra vez lo inmaduros e irresponsables que habían resultado.
Lo cierto era que vivieron un momento de tensión preferible de olvidar, pero muy necesario para poder aceptar y asumir la situación.
En cuanto Ash apareció por la puerta, las hermanas de Misty se echaron encima de él para regañarle, Delia trató de defender a su hijo alegando que la responsabilidad no era únicamente suya. Pero entonces Misty se echó a llorar de nuevo, y la mujer se compareció de ella. Sentó a ambos muchachos sobre la cama y les dio una lección de instrucción, que poco sirvió para que ellos reflexionasen, pero al menos a la mujer le ayudó a desahogarse. Cuando Delia terminó su sermón, rompió a llorar también, desolada ante el enorme problema que se le avecinaba. Se sentía defraudada porque no creía haber educado a su hijo en la irresponsabilidad, y tampoco pensó que Misty tuviera una cabeza de chorlito como para dejarse llevar por la pasión en un momento dado…
Daisy también lloró, mientras Lily y Violet comenzaron a despotricar de nuevo. Así que Brock y Tracey se vieron obligados a tomar las riendas de asunto y tratar de reconducir la situación.
Ash y Misty pidieron perdón mil veces, y cuando las mujeres se cansaron de ver cómo los muchachos se fustigaban, horas más tarde, se calmaron y trataron de encauzar el asunto.
Y de ese modo, Delia se había convertido en la abuela en potencia más emocionada de todas. Ash habló con ella seriamente y le expuso sus intenciones de hacerse cargo del bebé, y sobre todo de dejar la liga de lado por su nueva prioridad.
Pese a todo, Delia se sintió muy orgullosa de su hijo.
Así que ahí estaban las cuatro hermanas sensacionales, junto con Delia, caminado hasta el apartamento que habían alquilado para vivir todos juntos hasta que Misty diera a luz.
Allí encontraron a Ash haciendo la comida junto con Brock, mientras que Tracey limpiaba el polvo de las habitaciones.
-¿Todavía con la limpieza?—preguntó Delia, a modo de reprimenda—¿A qué hora os habéis levantado?
-Pronto, pero la limpieza de de toda la casa cuesta bastante—alegó Tracey.
-¿Seguro que no habéis estado viendo la tele?—insistió Delia, perspicaz. El chico ocultó una sonrisa y prosiguió con su plumero. Delia se acercó a los cocineros y revisó la comida de la olla—¡Eso huele fenomenal!
-Estoy aprendiendo mucho de Brock—dijo Ash, orgulloso—Tengo que aprender a cocinar muy bien para tener contenta a mi chica—se acercó a Misty y le dio un beso en la mejilla, dejándola completamente sonrojada—O si no se irá con otro…
Todos se echaron a reír.
-¡Tengo un hijo que vale millones!—exclamó Delia.
-Sí, me llevo una joya—dijo Misty, con ironía.
-Al menos yo me estoy haciendo un gran amo de casa, ya verás cuando pruebes mis platos—replicó Ash, mostrando una gran sonrisa.
Misty no quiso mirarle durante mucho tiempo. Sabía que cuando lo hacía, quedaba obnubilada por él, por su pureza, su generosidad y su afán de superación. ¡Le había demostrado tanto en esos pocos meses!
Tenía claro que lo amaba… Mucho más de lo que ella había imaginado siendo niña.
Continuaron así durante un mes más, conviviendo todos juntos como una gran familia, y ayudando a los futuros e inexpertos padres…
Ash se sentía muy contento de haber avisado a su madre, y Misty reconocía que desde que habían hecho público el embarazo, se sentía también mucho más relajada.
¡Pese a estar ya de ocho meses!
Misty entró por la puerta tras dar un paseo en solitario—aunque le había costado escabullirse para que nadie le acompañase—y encontró a Ash sentado en el sofá mirando el móvil. Cuando éste la vio aparecer, frunció el ceño y se puso en pie, con los brazos cruzados.
-¿Se puede saber por qué has tardado tanto?—le preguntó, en tono de enfado. Misty hizo un mohín cómico y le pellizcó la nariz—No te burles… estaba preocupado…
-Necesitaba dar una vuelta yo sola—replicó Misty, enternecida por la angustia de Ash—Estoy embarazada, no soy una invalida…
-Pues no es lo que parecía hace unos meses, cuando no dejabas de llorar y decir que era lo peor que te había pasado en la vida—apuntó Ash.
-Ya, pero esto está medio superado—le explicó Misty—Ahora que nos estamos adaptando a la situación… me siento mejor… Pero hay momentos en los que me gusta estar sola…
Ash se dejó caer en el sofá y encendió la tele. Misty se sentó a su lado y le besó en la mejilla, con lo que él se ruborizó levemente. Llevaban meses juntos, con su relación consolidada, pero todavía se sonrojaban ambos con las muestras de afecto del otro.
-Gracias por preocuparte—le susurró ella. Ash emitió un gruñido y fingió desinterés. Quería demostrar que seguía molesto—Oye… por cierto… ¿no es hora que vayas a por tu última medalla?—él la miró, dubitativo. Casi ni se acordaba de eso—Quedan como dos semanas para que acabe el plazo de inscripción a la Liga…
-Tranquila, iré un día de estos—le quitó importancia Ash—Iré en un tren Express, ganaré y volveré en el mismo día…
-¡Ponte fecha ya!—exclamó Misty—Llevas más de un mes aquí sin hacer nada…
-¡Oye, perdona por querer pasar tiempo contigo!—replicó Ash, refunfuñando.
-¡Que sí, tontito, que eso me encanta!—dijo Misty, sonriendo—Pero si iniciamos este viaje era precisamente por ganar la liga…
-Tú no lo iniciaste precisamente por eso—masculló Ash.
Misty reconoció que era cierto y se echó a reír.
-Bueno, sí, pero la cuestión es que tienes que ganar la quinta medalla—dijo ella, muy sonriente.
-Mañana organizaré mi viaje—decidió Ash.
Aunque ese "mañana" se convirtió en tres días más… Finalmente, Ash compró un billete de tren y se preparó la mochila para partir hacia su nuevo destino. Era temprano, y todavía no se había levantado nadie; solo él.
Justo cuando se disponía a entrar en su habitación para darle un beso de despedida a Misty, escuchó un grito procedente de allí. Así que corrió hasta la muchacha, que estaba sentada sobre la cama y con el rostro desencajado.
-¿Qué te pasa?—preguntó Ash, asustado.
-No sé… me siento rara—musitó la chica, tocándose la tripa—Algo me está pasando… Creo que… ¿me he hecho pis?
Ambos miraron hacia las sábanas y comprobaron cómo una pequeña mancha las había humedecido.
-Ash… creo que… he roto aguas—musitó Misty, asustada.
-¡Pero no puede ser!—exclamó Ash, notando cómo el corazón le empezaba a latir con fuerza—¡Aún estás de ocho meses!
Misty se puso en pie a duras penas, y Ash ni siquiera cayó en ayudarla, de lo nervioso que se encontraba.
-¡Mamá!—gritó el muchacho—¡Mamá, corre, ven!
Ash jamás le había pedido ayuda a su madre. Ni siquiera cuando iba a enfrentarse a terribles villanos con tal solo diez años de edad, ni en las innumerables ocasiones en las que salvó al mundo de la destrucción, ni cuando tuvo que ayudar a tantos pokémon y amigos en peligro. Jamás. Siempre había actuado por instinto y con valentía. No había necesitado a su madre…
¡Pero en estos momentos estaba aterrado!
Delia apareció enseguida, al igual que las hermanas sensacionales, Brock y Tracey, quienes se habían despertado, alarmados por el griterío.
Delia determinó sin duda que Misty se había puesto de parto, contribuyendo a que el pánico se contagiase entre todos los presentes.
-¡Misty, recuerda las clases!—le decía Daisy, mientras Violet la tomaba de una mano y Delia de la otra—¡Inspira, espira!
-Todavía no estoy en ese momento—replicó Misty, tratando de zafarse de aquellas manos que le oprimían las muñecas—Aún puedo caminar por mi cuenta, y respirar bien—aunque cada vez notaba el pecho con menos aire.
Ash abrió el armario y buscó la mochila que tenían preparada para el parto. Afortunadamente, Delia era una mujer precavida y les había obligado a prepararlo todo con más de un mes de antelación. ¡Y ahora lo agradecían!
-¡Chicos, dejadme un poco sola!—pidió Misty, tratando, por una vez, de no perder la paciencia y ser amable. Todos le hicieron caso y la soltaron, aunque no se alejaron mucho. Misty se caminó hasta Ash y le sonrió—Ve a por tu medalla. Tranquilo, todo irá bien.
-¿Cómo voy a irme ahora?—replicó Ash, sin dar crédito—¡No puedo dejarte sola en medio del parto! ¿Qué clase de irresponsable crees que soy?
Misty tomó al muchacho de las manos y continuó sonriendo. Quería aparentar tranquilidad.
-De verdad, estoy bien—aseguró ella—Sabes que los partos pueden durar mucho… Te dará tiempo de ir y venir y probablemente aún no habrá nacido.
Ash la miró con confusión. No sabía qué hacer.
-No sé yo si tardará tanto en nacer—intervino Delia—Nunca se sabe…
-Pero entendedme… No me perdonaría que Ash no pudiera participar en la liga por no llegar a tiempo a conseguir la medalla—insistió Misty—Además, estoy segura que no nacerá sin que esté Ash…
-¡Oye, tengo una idea!—exclamó Brock—¿Por qué no te vas volando con Charizard? ¡Le daré unas pastillas de supersónico para que aumente la velocidad!
-¿De verdad tienes pastillas de esas?—se sorprendió Ash. Eran ilegales.
-Claro que sí, me las dio la profesora Eevee la última vez que fui a visitarla—explicó Brock.
-¿Todavía ves a la profesora Eevve?—le preguntó Ash.
-¡Holaaaa!—interrumpió Misty, con la vena de sien más hinchada de lo normal—¡Estoy a punto de dar a luz, queréis dejar los cotilleos para luego!
Finalmente Ash accedió a marcharse, tras la enorme insistencia de Misty, y las facilidades que le proporcionaron los demás. Le dio a Charizard las pastillas de supersónico y se montó sobre su lomo, dispuesto a sobrevolar el bosque y llegar hasta la otra ciudad.
Sin embargo, no estaba del todo convencido con su decisión… Temía que ocurriera algún imprevisto y no llegar a tiempo al nacimiento. No se perdonaría a sí mismo ser el último en conocer a su hijo.
¡Su hijo! ¡Qué tangible sonaba eso ya! Pronto podría abrazarlo… La personita que vivía en el vientre de Misty iba a convertirse en una realidad… La personita que habían engendrado ambos…
Tan distraído iba pensando, que no se dio cuenta que alguien le arrojó un par de cuerdas y sujetó las patas de Charizard, tirando hacia abajo. El pokémon de fuego trató de zafarse, sin éxito, y terminó cayendo al suelo de bruces, seguido por Ash y Pikachu.
Estos dos últimos se pusieron en pie enseguida, en posición defensiva.
-¿Quién anda ahí?—preguntó el muchacho, maldiciendo su suerte.
-¡Para proteger al mundo de la devastación…!—comenzó a decir Jessie, antes de percatarse que se encontraban frente al mocoso—¿Pero… eres tú?
-Sí, soy yo, Ash—masculló el muchacho, tratando de librarse de las cuerdas.
-Pensamos que sería otro entrenador—dijo James, mirando hacia otro lado.
-O sea… que pretendíais robar como siempre—dedujo Ash.
-No hay que ser muy listo para pensar eso—añadió Jessie, riéndose como una bruja—Pero habíamos acordado darte una tregua hasta que… ¿Oye, y la mocosa embarazada?
-Pues precisamente ahora está de parto—dijo Ash—Y vosotros me estáis interrumpiendo… Tengo que ir hasta ciudad Cobrada, ganar mi medalla y volver…
-¿Qué?—gritaron Jessie, James y Meowth al mismo tiempo.
-Tú chica pariendo y tú a buscar una medalla… ¿en serio eres tan irresponsable?—le increpó Jessie—¡Hombres!
-Oye, yo soy hombre y jamás haría eso—protestó James.
-¡Soy horrible!—exclamó Ash, dramáticamente—¿Cómo se me ha ocurrido irme?
De pronto ya nada tenía sentido. Debía volver al hospital inmediatamente. ¡Al diablo la medalla, al diablo la liga!
Debía… quería estar con Misty.
-¡Tengo que volver!—decidió Ash.
-¡Eres un desastre, mocoso!—le reprendió Jessie, mientras le ayudaba a desenredar las cuerdas de las patas de Charizard—¡Un verdadero desastre!
Ash asintió con la cabeza, reconociendo que era cierto, y se sentó sobre el lomo de Charizard sin pensárselo dos veces.
-¡Vamos, amigo!—exclamó Ash. Miró al Team Rocket mientras se alejaba del lugar y se despidió con la mano—¡Gracias, chicos!
-¡Cómo que gracias!—replicó Jessie—¡Si vamos contigo!
-¿Ah, sí?—preguntó James.
-Claro, ¿nos vamos a perder el primer parto de los mocosos?—dijo Jessie, corriendo a toda velocidad y colgándose de las patas del pokémon de fuego. Sus compañeros la imitaron—¡Vamos allá!
Ash ni siquiera se paró a pensar en lo bizarro de la situación, sino que continuó apremiando a Charizard para que volase a la velocidad del rayo. Lo cierto era que aquellas pastillas que le había proporcionado Brock eran increíbles.
Llegaron al hospital diez minutos después, bajaron de Charizard y se adentraron en el edificio. Unas enfermeras les impidieron el paso, pero Ash les explicó que su mujer estaba de parto. Una vez que dijo el nombre de la chica, les permitieron pasar.
En cuanto ellos doblaron la esquina de la primera planta, vieron cómo se alejaba una camilla, donde una histérica pelirroja gritaba como si estuviera endemoniada.
-¡Ey, Mist, estoy aquí!—exclamó Ash, corriendo hasta ella.
Misty sonrió levemente, entre chillidos, y le sujetó la mano con tal fuerza que casi se la rompe. Delia y es resto del grupo seguían también a la camilla con curiosidad, como si de una atracción de feria se tratase.
-Parece que no faltaba tanto como yo creía—masculló Misty, respirando con dificultad.
-¡Cuánto me alegro de que hayas decidido volver!—exclamó Delia, acariciando la mejilla de su hijo—Justo cuando saliste de casa, la cosa empezó a complicarse…
-¿Pero está todo bien?—preguntó Ash, preocupado.
-Sí, pero como se le ha adelantado el parto y es una chica muy nerviosa tenemos que actuar con rapidez—le explicó la enfermera que llevaba la camilla—La llevamos ya a la sala de partos… ¿Vas a entrar con ella?
-¡Por supuesto que sí!—exclamó Ash, sin pensárselo dos veces.
Misty sonrió de nuevo sin parar de chillar, y aunque le sorprendió la presencia de los Rocket, no tenía fuerzas para preguntar qué diablos hacían allí.
Así que Ash entró en la sala de partos junto a Misty, dejando a todos los demás inquietos y preocupados.
Al cabo de tres horas, muchos gritos, sudores, lágrimas, más gritos y gritos… Misty tenía en sus brazos a una enrojecida niña de abundante cabello castaño oscuro, que parecía sonreír. La pelirroja se sentía vacía, como si le faltase algo, pero por otro lado, llena de amor y de satisfacción. Ya no sentía los dolores, y el cansancio del parto parecía haberse diluido. Miraba a su nena con orgullo, y lloraba tan solo de recordar las veces que la había maldecido cuando supo que la había engendrado. Era cierto que no había sido un bebé deseado, pero no por ello sería poco querido, sino todo lo contrario. Tan solo tenía unos minutos de vida, y Misty ya sentía que la amaba como a nadie había amado nunca.
Ash estaba emocionado por igual, observando a Misty y a la niña con lágrimas en los ojos. Jamás habría imaginado que un ser tan pequeño pudiera llenarle de tanta felicidad. El médico acababa de anunciarles que todo había ido fenomenal, y no hacía ni dos minutos que Misty tenía a la niña en brazos.
Ash no podía articular palabra… No… no podía asumir que ese bebé era suyo… ¡Pero sí que lo era! ¿Cómo era posible que su vida hubiera dado un giro de noventa grados? ¿Y cómo era posible ser tan feliz, pese a lo complicado y negro que lo vio todo en un inicio?
El muchacho se acercó a la cama de Misty y se incorporó, para terminar depositando un beso en su mejilla.
-Buen trabajo, Mist—le felicitó Ash. Ella sonrió de medio lado—Creo que es lo mejor que has hecho nunca.
-Gracias, y eso que fue sin planearlo—se rió Misty, sin poder apartar la vista de su hija.
Ash hizo ademán de inclinarse un poco, y la pelirroja elevó a la niña para que Ash pudiera tomarla en sus brazos. El muchacho la atrajo hacia sí y la sujetó con extremo cuidado… ¡Era tan pequeñita!
La acunó y miró hacia otro lado, para evitar que Misty se percatase de que estaba llorando de nuevo. ¡Cómo odiaba ser siempre tan emotivo!
-Ash, ¿me la quieres robar o qué?—se burló Misty.
El chico sonrió y negó con la cabeza.
-La quiero compartir—dijo él con determinación. Se sentó en la silla que había junto a la cama de Misty y no soltó a la niña—Iremos a vivir a Paleta como dijimos…
-¡Sí, tu madre tiene que ayudarnos muuuucho con su nieta!—exclamó Misty al tiempo que ambos se echaban a reír. Luego la chica se quedó algo pensativa y suspiró—Lo malo que tu carrera como entrenador pokémon se va a ver paralizada…
-También tu vida se va a ver paralizada—replicó Ash—Todo esto es un cambio enorme, pero ya está asumido, ¿no?—Misty asintió sin mucho convenciendo. Se sentía más culpable por Ash que por sí misma—Estaremos tranquilamente en pueblo Paleta hasta que la pequeña tenga cuatro o cinco años… y luego retomaremos juntos nuestro viaje.
-¿No te importa, Ash?—le preguntó Misty.
-¿Importarme…?—replicó el muchacho. Miró a la niña que tenía entre sus brazos y sonrió como un bobo—Quiero a esta pequeña cosita mucho más de lo que he querido a nadie… ni siquiera a ninguno de mis pokémon… Y esto lo he hecho contigo…—Misty se ruborizó—¿Cómo iba a importarme estar el resto de mi vida con las tres personas más importantes de mi vida?
Misty quería llorar.
-¿Tres?—se sorprendió ella, pese a la emoción.
-Sí, tú, la niña y mi madre—se rió Ash.
-Entonces cuatro—corrigió Misty. Ash arqueó una ceja en señal de interrogante—¡Pikachu!
Ash se echó a reír y asintió con la cabeza. ¡Cierto! ¿Cómo había podido olvidar al pequeño roedor amarillo que le había acompañado en todas sus aventuras? Eso le hizo recordar que debía dejarle pasar a ver al bebé, al igual que a todos los demás… Pero prefería esperar cinco minutos más… Ahora solo quería disfrutar un rato más de la compañía de su amada Misty, y del calor de ese bebé que tantos quebraderos de cabeza le había dado.
Aunque ya todas las preocupaciones y miedos iniciales carecían de importancia.
La leve sonrisa de su niña era la cura de cualquier mal. Y así continuaría siendo siempre.
¡Terminó! Estoy muy feliz de que esta historia haya tenido tan buena acogida, y espero que no os haya decepcionado el final, con toda su locura y su cursería incluida jajaja (así soy yo).
Os agradezco mucho a todos los reviews y los comentarios de ánimo! Especiales saludos a todos los que me habéis acompañado durante todo el camino y especialmente a los que me habéis dejado comentarios, no en el capitulo pasado (merylune, sire, rafael, red, armando, netokastillo, keri, manoloadri, mei daishi y rafael), sino durante todo el fic, e incluso en mis otros fics.
De momento, anuncio un paréntesis en mi aportación al fandom. Tengo todavía ideas para desarrollar otros fics, pero me voy a dar un descanso. He estado los dos últimos meses un poco estresada presentándome a concursos y ahora tengo algunos proyectos literarios relacionados con la publicación de algunos de mis escritos, por lo que no me quedará tanto tiempo para los fics. Además, quiero terminar la novela que estoy escribiendo ahora, que aunque no es ni será un best-seller necesita tiempo y dedicación. ¡Y además regreso al trabajo, se acabaron mis vacaciones!
Después de todo este rollo, me despido, y espero encontraros a mi vuelta ;)
Naliaseleniti
