Hermione se encontraba recostada en uno de los sofás en el cual Draco la había tendido luego de la posesión del Seños Oscuro, se hallaba pálida y ojerosa, y lo suficientemente inestable aún como para permanecer sentada durante unos momentos más.

- Esto se está poniendo peor ¿No es verdad?- le preguntó Draco a la muchacha, una vez que se encontraba lo suficientemente compuesta para poder hablar un poco.

- Sí, Voldemort quiere que acabe con todos, lo peor de todo es que aún no lo está haciendo en serio, sólo se está divirtiendo con esto, aún no muestra sus reales intenciones-

-Es cierto, debe tener planes horribles para ti y tus amigos. Créeme que no te envidio; aunque no era eso a lo que me refería- contestó mirándola fijamente.

- ¿A qué te referías entonces? Porque no me interesa que me tengas lástima si eso quieres decir-.

-Deja de poner palabras en mi boca ¿quieres?, estaba hablando de tus ojos, están aún más diferentes que antes- le dijo un poco ruborizado.

¿De qué demonios estaba hablando Malfoy?

Hermione se puso de pié lentamente, aunque Draco no hizo ningún ademán para detenerla; se acercó al espejo que había colgado en un mueble para tener una mejor visión y entró en pánico con lo que vio reflejado en el cristal.

Se vio mucho más delgada, unas ojeras profundas se asomaban por su cara, la piel más pálida de lo que recordaba, definitivamente no parecía ella. Pero lo peor, nuevamente, eran sus ojos. No estaban negros como la última vez que los vio, sino que ahora tenían un definido contorno rojo rodeando la pupila, la hacía parecer una serpiente, la hacía verse como él.

-¡No!- gritó fuera de si, volteándose rápidamente para estrellarse con el pecho de Draco que silenciosamente se había acercado a ella.

Antes de darse cuenta de lo que hacía, estaba llorando desconsoladamente abrazada al cuerpo del muchacho. Malfoy que no sabía como reaccionar, había quedado de piedra al ver la actitud de ella y no había correspondido su abrazo; simplemente había esperado quieto que dejara de llorar sin moverse ni un ápice.

Mientras tanto, Hermione le daba vueltas en la cabeza a lo que había visto. Aún no se había dado cuenta de su gesto, sino que trataba de evadir la conclusión que su mente ya había formulado.

Voldemort no sólo aparecía y desaparecía en el cuerpo de ella a su antojo, sino que la estaba cambiando. Probablemente lo que había visto en el espejo era un reflejo de lo que estaba haciendo el Señor Oscuro en su interior. Había cambiado tanto en tan poco tiempo, es cierto que aún se sentía como ella misma en los momentos de él no la poseía, pero tampoco sabía por cuanto tiempo más podría sentirse así, tenía el fuerte y desolador presentimiento que todo empeoraría, que más temprano que tarde no quedaría ni rastro de la Hermione Granger que había sido toda su vida.

Debía tomar una decisión ahora. Una definitiva para evitar todo posible daño a sus amigos. Apartándose de Draco lo miró directamente a los ojos.

-Malfoy, sé que no somos amigos ni tengo derecho a pedirte nada, pero necesito tu ayuda- le pidió con voz firme, pero cargada de tristeza.

*

-Ron, levántate de la cama, necesitamos hablar contigo- le decía Ginny a través del dosel que cubría el lugar dónde el pelirrojo se hallaba tumbado.

-Vete Ginny, no quiero hablar con nadie- le respondió desganado.

-No me voy a ir a ninguna parte hasta que nos escuches- le dijo finalmente, descorriendo la cortina y sentándose al borde de la cama- Harry y yo tenemos que hablarte sobre algo importante- he intercambiando una mirada significativa con el muchacho continuó- Es sobre Hermione-.

Estas palabras lograron que Ron se pusiera de pié de un salto y los mirara frenético.

-¡La han encontrado! Por Merlín díganme donde esta, ¡Necesito hablar con ella! ¿Acaso esta bien?...- Pero Harry detuvo la avalancha de preguntas negando con la cabeza.

-No Ron, no la hemos encontrado, pero Ginny y yo hemos estado hablando acerca de su extraño comportamiento y creemos que tal vez hay algunos cabos sueltos, al menos podría ser una pista-

-Ah- contestó bajando la cabeza y sentándose nuevamente en su cama.

- Creemos que el hechizo que la golpeó aquél día tiene que ver con la forma en la que ha estado actuando últimamente, el problema es que al no saber dónde está no puede darnos las explicaciones que necesitamos, aunque estamos casi seguros que se encuentra escondida en el castillo- resumió Harry, al ver que Ron no se encontraba ya tan interesado en la conversación.

Mientras Ginny y Harry intercambiaban una mirada de exasperación al ver que Ron no se había tomado en serio la conversación, una lechuza de color negro atravesaba la ventana abierta del dormitorio de los muchachos, y se posaba suavemente en la cabecera de la cama.

-Qué extraño-comentó la pelirroja-no sabía que estaba permitido recibir correo en las habitaciones-.

Mientras ella recibía la carta que transportaba la lechuza, Harry trataba de que Ron saliera del sopor en el que se encontraba ya desde hace tantos días.

Pero un grito de sorpresa salió de los labios de Ginny, haciendo que los dos muchachos se pusieran de pie sobresaltados.

-¡Ginny! ¿Qué sucede?- gritaron los dos muchachos al unísono.

-Es una carta de Hermione-dijo la chica con lágrimas en los ojos.

-¡¿QUÉ?!- el grito que había proferido Ron los había sobresaltado nuevamente y arrebatándole la carta de las manos a su hermana se dispuso a leerla.

Durante unos segundos en los que el pelirrojo leía la carta, ninguno de los tres muchachos había vuelto a decir una sola palabra.

-Bien…-decía Ron con los dientes apretados por la rabia una vez que hubiera terminado de saber lo que decía-Si así lo quiere así será- terminó arrugando el pergamino y arrojándolo al suelo, para finalmente salir de la habitación dando un portazo.

Harry se acercó a la carta para leerla, buscando lo que había exasperado tanto a su mejor amigo:

"Harry, Ginny y Ron:

Sé perfectamente bien que deben estar esperando una disculpa de mi parte por lo ocurrido hace unos días. Bueno, bajen de la nube, esa disculpa no llegara, no estoy arrepentida.

También estoy al tanto de las cosas que se hablan en el castillo acerca de mi comportamiento y quiero aclararles ese punto. No me pasa absolutamente nada, no estoy bajo ningún hechizo ni nada por el estilo, simplemente desde el día del ataque he visto las cosas en perspectiva, en mi tiempo ausente he podido reflexionar y créanme que prefiero no seguir arriesgando el pellejo por alguien que no lo agradece.

Siempre he estado ahí para ustedes, pero nunca los he sentido ahí para mí. El día del ataque sé que al quedarse conmigo fueron movidos por la culpa y el remordimiento, no por amistad. Pues bueno, los libero de esa carga.

Me he dado cuenta que no encajo con ustedes, siempre seré la "sabelotodo" y ya me cansé de eso. Quiero una vida, una familia, un trabajo y permaneciendo al lado de ustedes todo mi futuro es incierto, y la verdad es que no quiero morir.

Lo siento pero es la verdad, ya no quiero seguir callándolo, me aterra morir a manos de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado y prefiero vivir el resto de mis días tranquila, como siempre debió haber sido de no haberme enredado en toda esta locura.

No me busquen y Ron, si estás leyendo esto quiero que sepas que no te quiero, por favor no sufras, seamos realistas ¿Qué podrías haberme ofrecido de haber permanecido a tu lado?

La mejor de las suertes y manténganse con vida.

Hermione."

Harry levantó la cabeza en estado de shock para ver los ojos llorosos de Ginny.

¿Sería posible que esta carta fuera realmente de su amiga Hermione?

Era su caligrafía, de eso estaba seguro. Pero no sonaba como ella misma, esta era una persona definitivamente dolida y enojada.

¿Había sido tan tonto como para no saber lo que estaba sintiendo?

Harry se sintió miserable, no podía creer que hubiera sido tan ciego, y a pesar de todo sabía que ella tenía un poco de razón.

Hermione quería una vida, no quería estar al filo de la muerte todo el tiempo y deseó por un momento poder tomar la misma decisión que ella, y alejarse de todo, olvidar y no enfrentarse a su destino.

-Vamos Ginny- le dijo mientras se acercaba a abrazarla- Vamos a buscar a Ron-.

Pero mientras Harry la abrazaba, Ginny meditaba en silencio las palabras de su amiga.

Esa carta definitivamente la había escrito Hermione, pero ahora era más evidente que nunca que algo serio le pasaba, esta despedida tenía algo más. Ginny lo sabía y ya nadie podría convencerla de lo contrario. Descubriría porque los días de su mejor amiga estaban contados. Porque eso era lo que decía su carta entrelíneas. Ginny sabía que era un grito desesperado, pero de ayuda.