CAPÍTULO 10

Nervios. Eso era lo que sentía Dianna en ese momento, nervios que le subían por el estomago y se quedaban instalados allí, creando una sensación que no le gustaba demasiado. Se encontraba a escasos minutos de salir al escenario en lo que era su estreno en Londres. Se encontraba en un momento muy bonito en su carrera como actriz y lo estaba disfrutando con creces, pero por mucha experiencia que había ido adquiriendo a lo largo de los años no podía evitar sentirse nerviosa al empezar un proyecto importante, y más si era delante de tantísimas personas, entre los cuales se encontraban críticos.

La obra se desarrolló con normalidad y Dianna hizo una gran actuación, tal y como después se encargaron de escribir en las distintas revistas y páginas de internet dedicadas a dar este tipo de información. Una vez acabó la obra, la rubia sentía una gran euforia por el trabajo bien hecho y por la respuesta del público, se sentía tan bien que no podía parar de abrazar a todo el equipo y a los amigos que la habían ido a ver. Para celebrar el gran éxito que tuvieron en su primer día se fue a cenar con Molly y los demás, para después seguir con la fiesta en el piso que tenía de alquiler en la ciudad londinense. Empezó como algo tranquilo, una buena cena y una última copa en casa, pero como les pasaba casi siempre que se juntaban, una copa llevo a la otra y terminaron bailando y cantando por todo el piso, sin pensar mucho en los vecinos.

-¡No sabes cuánto te quiero!-exclamó Dianna a la vez que abrazaba con alegría a Molly y la hacía tambalear.

-¡No sabes que rápido te suben un par de copas!- le contestó Molly de la misma forma mientras se reía, ya que a ella prácticamente no se le notaba el alcohol mientras que a la rubia le afectaba un poco más- ¿te ha felicitado mucha gente Di?- le preguntó cogiéndole de la cintura para que Dianna pudiera dejar los brazos alrededor de su cuello y quedar más cerca.

-Mmm… -murmuró la rubia quedándose pensativa por un momento, para después abrirlos ojos de repente- ¿tú crees que la gente me habrá felicitado?- le preguntó Dianna infantilmente a su amiga, haciéndola reír.

-Si no coges tu móvil no lo sabrás cariño- le contestó la chica sonriéndole, le causaba mucha ternura esa faceta de la rubia.

-¡Oh! ¡Vamos Molly!-le dijo Dianna mientras la arrastraba hacia donde había dejado el móvil abandonado, el cual no había usado hasta ahora- hay muchos mensajes, ¡vamos a celebrarlo!- exclamó Dianna dejando el móvil apartado otra vez después de ojearlo un momento y arrastrando a Molly hacia la improvisada pista de baile que había en su salón.

La rubia estuvo un buen rato bailando y cantando alegremente con sus amigos sirviéndose alguna que otra copa más, hasta que finalmente después de unas horas los invitados empezaron a irse, menos Molly que se quedó a ayudar a la rubia a recoger un poco antes de ir a dormir a la primera habitación que encontró. Dianna por su parte se estaba poniendo el pijama como podía, ya que se le había enredado un poco la camiseta y estaba teniendo una batalla con ella, cuando se dio cuenta que su teléfono estaba en el suelo abandonado. Cuando finalmente se colocó bien el pijama, fue a recoger el aparato sin saber cómo había terminado allí, para después empezar a revisar los mensajes que tenía antes de ir a dormir. Pudo ver los mensajes de su familia, que no pudo acudir al estreno pero viajarían en una semana, los de sus amigos y algunos compañeros con los que había trabajado en algún proyecto. Pero el mensaje que se llevó toda su atención fue el de Lea, la cual le deseaba suerte y en otro la felicitaba por las buenas críticas que había leído por internet.

Des de el encuentro que tuvieron en la fiesta de despedida de Glee no se habían vuelto a ver, no obstante sí que se habían llamado alguna vez preguntando por los nuevos trabajos de cada una. Sin saber por qué, al leer las escasas dos líneas que le había regalado la morena, a Dianna le entraron unas enormes ganas de abrazarla y estar con ella, así que sin pensárselo mucho y aún afectada por el alcohol, decidió llamarla para poder escuchar su voz al menos. No obtuvo respuesta en la primera llamada, así que volvió a llamar ya que la necesitad por escucharla iba en aumento, hasta que finalmente escuchó como descolgaban el teléfono al tercer tono.

-¿Dianna todo bien? ¿Qué hora es en Londres?- preguntó Lea nada más descolgar el móvil, en un tono flojo pero con preocupación.

-Me encanta tu voz, ¿te lo he dicho alguna vez?- le contestó Dianna con ternura, el alcohol la había vuelto más cariñosa de lo normal, haciendo que Lea se quedara sin habla por un momento ya que no se esperaba esa respuesta.

-Espera un momento- le dijo la morena cuando pudo reaccionar, haciendo que solo se escuchara movimiento al otro lado del teléfono por un momento- Vale, ya está. ¿Está todo bien?

-Ahora perfecto- dijo felizmente Dianna- ¿Dónde estás?

-Ahora mismo sentada en mi cama, ¿y tú?- le contestó la morena sin entender nada pero siguiéndole la conversación, ya que pudo notar un poco el estado de la rubia.

-Yo también estoy en la cama, ¿Por qué no estás en mi cama? Ven Lea- le dijo Dianna inocentemente, haciendo un ligero puchero al final.

-Porque estás a unos cuantos kilómetros lejos de mí, Di- le dijo Lea sonriendo- ves a dormir anda.

-No, ven a dormir conmigo sino no quiero- le contestó la rubia haciendo una pataleta que Lea no pudo ver pero sí imaginar.

-No puedo ir Di, no soy superman aún- dijo la morena riéndose levemente.

-Pues entonces quédate a hablar un rato conmigo- le pidió la rubia con un tono dulce- te estoy echando de menos Lea…

-Vale, me quedo un rato- le dijo la morena sin poder resistirse a la petición de Dianna, y mucho menso después de esa confesión- ¿Cómo ha ido la celebración?

-¿Cómo sabes que he ido a celebrar?- le preguntó la rubia con un tono de sorpresa- ¿Estabas escondida debajo mi cama? Podías haber venido eh, mis amigos no comen… bueno quizá alguna sí- dijo Dianna divagando sola y riéndose, contagiando a la morena.

-No estaba escondida, pero después del éxito que has tenido es normal que celebres, yo también lo haría- le contesto Lea, acomodándose en la cama sin dejar de prestar atención a los ruidos de fuera por si Matt se encontraba por ahí, ya que cuando la rubia la había llamado justo estaba acabando de cenar con el chico.

-Pero yo quiero celebrar contigo Lea…-dijo Dianna con voz triste mientras se metía dentro de la cama, ya que empezaba a tener frío.

-Cuando vuelvas lo celebramos Di- le dijo la morena sonriendo con ternura.

-¿Y por qué no ahora?- le preguntó la rubia cambiando el tono por uno más sugerente.

-¿Ahora?-repitió Lea confundida y un poco nerviosa por el tono usado por la otra chica.

-¿Quieres que te cuente que te ha… digo, como lo celebraría si estuvieras aquí conmigo?- le dijo la rubia, que en su mente pasaban imágenes un tanto intimas de la morena y la temperatura de su cuerpo empezaba a subir un poco.

-Oh no no, ni se te ocurra ir por ahí Dianna- le dijo la morena rápidamente, poniéndose más nerviosa. Sabía que dos palabras más de la rubia y le seguiría el juego, al conocerse tan bien y la gran confianza que se tenían en cuestiones de sexo, sumado al deseo que siempre había existido entre ellas, hacía que lo que pretendía la rubia no fuera tan descabellado para Lea tratándose de Dianna.

-¿Estás sola?- preguntó Dianna ignorando la negación de Lea, ya que ésta se encontraba totalmente metida en el papel, ayudada por el efecto del alcohol. Debido a que la temperatura de su cuerpo iba subiendo cada vez más a causa de su propia imaginación, la rubia decidió quitarse el molesto pijama y quedarse en ropa interior.

-Aquí sí, pero en casa no- dijo Lea pensando por un momento que podría hacer para quedarse completamente a solas, para después reaccionar rápidamente- ¡Dianna a dormir ya!

-Suficiente...- dijo la rubia en un susurro muy sugerente, ya que sus manos habían empezado a moverse solas por su abdomen, dejando leves caricias que iban bajando por sus muslos y volviendo a subir por su barriga.

-Me estas poniendo nerviosa, Di- dijo Lea con el teléfono clavado en su oreja, sin querer perderse ningún detalle de la voz de Dianna. Sin darse cuenta estaba entrando en su juego, sabiendo que estaba mal y que el sexo telefónico no era una de las cosas que se hacía con una amiga y menos con una ex, pero teniendo en cuenta que hacía relativamente poco que ya se habían saltado las normas, un poco más no haría daño pensó Lea, queriendo saber hasta dónde llevaría la situación Dianna.

-Tú me pones de otra manera Lea- susurró Dianna soltando un leve suspiro al final, justo cuando sus manos habían pasado suavemente por sus pechos, deteniéndose en los pezones, jugando un rato con ellos.

Lea en ese momento tragó saliva fuertemente, quedándose en blanco y empezando a sentir como su cuerpo reaccionaba a la voz excitada de la rubia. Se dirigió al baño inconscientemente, cerrándolo con pestillo y sentándose encima de la taza del váter.

-¿Qué… qué estás haciendo?- preguntó Lea como pudo, aún afectada por la situación tan contradictoria que estaba viviendo, ya que su cabeza le decía una cosa pero su cuerpo otra muy distinta.

-Algo que me gustaría que hicieras tú…-le dijo la rubia susurrando mientras iba dejando algún suspiro, que cada vez iban sonando más fuertes.

-Me vas a matar Di- le dijo Lea sin poder evitar poner una mano por dentro de sus shorts deportivos que llevaba para estar por casa, notando como las palabras de Dianna iban haciendo efecto en ella.

-Pretendo otra cosa en realidad…- dijo Dianna con la respiración entrecortada debido al aumento de caricias que se otorgaba- te imagino encima de mí… me encanta cuando estás ahí, con el pelo suelto y mirándome con esos ojos oscuros que se te ponen cuando tenemos sexo…-Dianna empezó a divagar mientras su mano ya se encontraba debajo de sus braguitas, sin darse cuenta de lo que provocaban sus palabras en Lea, que en ese momento daría cualquier cosa por estar encima de la rubia.

-Cómo no pares esto se nos va a escapar de las manos- le dijo Lea aún con la mano debajo de sus pantalones, soltando un gemido que no pudo evitar justo al final de la frase, ya que mientras iba hablando un dedo se había colado en lo más profundo de su ser, contradiciéndose totalmente con lo que decía. Dianna por su parte pareció despertar de su ensoñación con el gemido de Lea, dándose cuenta de que la conversación era real, excitándose más todavía.

-¿Te estás tocando Lea?- le preguntó Dianna con un tono grave producido por la excitación que estaba sintiendo, escuchando un gemido como respuesta a su pregunta.- ¿Dónde?

-Tengo un dedo dentro…-le contestó la morena en un susurro mezclado con un leve gemido, provocando que Dianna hiciera lo mismo que estaba haciendo ella, darse placer utilizando sus dedos.

-Otro… con dos dedos…-le pidió la rubia con la voz cargada de excitación, dándose cuenta, gracias a los gemidos de Lea, que ésta había hecho caso a su petición.

A partir de ese momento sustituyeron las palabras por respiraciones agitadas y algún que otro gemido a medida que las dos iban aumentando la velocidad de sus gestos.

Cuando les quedaba poco a las chicas para llegar al máximo placer, se escuchó un golpe seco en la puerta del baño de Lea, la cual pegó un bote del susto quitando rápidamente la mano de donde la tenía.

-Lea, ¿qué haces?- le preguntó su novio des de fuera, extrañado por lo que tardaba la morena en volver al salón con él.

-Na…nada, ya salgo Matt- le dijo Lea intentando tranquilizar su respiración, apartando el teléfono un poco para evitar que Dianna la escuchara pero fue en vano. Al notar que el chico seguía esperándola fuera, no tuvo más remedio que colgar el móvil para después enviarle un mensaje de texto a la rubia.

"Lo siento, he tenido que colgar. Relájate y duerme bien, un beso".

Y tanto que se relajó. Dianna leyó el mensaje una vez llegó al orgasmo, ya que estaba tan cerca cuando la morena colgó que no se le pasó por la cabeza parar. Una vez acabó se fue a dormir con una sonrisa, sin darle importancia a que el novio de Lea casi las pilla, ya que aún estaba un poco afectada por el alcohol y sólo quería dormir.

Por otro lado, la morena se pasó agua fría por la cara para intentar que se le bajase el calentón y que el chico no le notara nada extraño, para después salir con su mejor sonrisa instalada en su rostro.

-¿Qué hacías?- le preguntó el chico extrañado, el cual estaba sentado en la cama mirándola des de allí.

-Nada cariño, cosas de mujeres- dijo Lea sin darle mucha importancia, intentando que el chico lo dejara pasar- ¿Vamos a ver una peli?

-Te estabas tocando Lea- afirmó Matt sin moverse, empezando a sonreír pícaramente.

-¡Claro que no!- exclamó la morena nerviosamente, sin saber donde mirar.

-Claro que sí- dijo éste riéndose mientras se levantaba para dirigirse donde estaba su novia y atraerla hacia él- ¿te lo pasabas bien?- Le preguntó con un susurro cerca de la oreja, para luego dejar unos cuantos besos en el cuello de ésta.

Lea, que ya estaba encendida de antes, no pudo evitar seguirle el juego a su chico quitándole la camiseta y dejarse besar por él, ya se sentiría culpable luego por tocarse mientras pensaba y hablaba con otra mujer.

Al día siguiente Dianna se levantó en su cama de Londres con un poco de dolor de cabeza, sin entender que hacía durmiendo sólo con sus braguitas, hasta que le empezaron a venir los recuerdos de la noche anterior y su llamada a Lea. Se levantó maldiciendo al alcohol y a sí misma por no saber controlarse, para ir directa a la ducha mientras seguía murmurando cosas para sí misma, y después encontrarse con Molly en la cocina una vez ya vestida.

-Buenos días rubia- dijo su amiga mientras untaba mantequilla en una tostada, levantando la cabeza satisfecha una vez terminada su obra de arte, dándose cuenta de la frustración que tenía Dianna- ¿mala noche?

-¿Se puede saber donde dormiste ayer?- le preguntó la rubia de mal humor, preparándose un café bien cargado.

-¿Me vas a montar una escenita de celos?- le contestó Molly divertida, llevándose una tostada a la boca y una mirada asesina de la rubia de regalo.

-Si hubieras dormido conmigo yo no habría hecho el tonto para variar- le dijo Dianna sentándose y agarrando una tostada de su amiga.

-¿Qué has hecho?- le preguntó la chica con curiosidad mientras miraba con algo de tristeza la tostada que se estaba comiendo la rubia.

-Sexo telefónico con Lea- dijo la rubia rápidamente, tapándose la cara con las manos para evitar que Molly viera como se ponía roja. Dianna tuvo que aguantar unos minutos a que su amiga se calmara y dejara de reír, ya que le había dado un gran ataque de risa.

-Oh. Dios. Mío- dijo Molly enfatizando cada palabra para después volver a reír un poco más- ¿Y me lo perdí? Mátame por favor.

-No hace gracia- le dijo Dianna aún con las manos encima de su rostro.

-Bueno pero cuéntame, quiero detalles- dijo Molly totalmente metida en la conversación y con una sonrisa divertida en su cara- ¿Quién empezó? Está claro que tú, el alcohol te vuelve más divertida. ¿Te siguió el juego? Si has dicho que has tenido sexo telefónico es que ella también participó. ¿Y que…- no pudo acabar su pregunta ya que un trapo de cocina voló directamente hacia su cara, impidiendo que continuara hablando.

-¿Qué quieres que te cuente si lo estás diciendo todo tú?- le dijo Dianna fingiendo molestia- Sí, empecé yo, y sí, me siguió el juego. Pero no te diré que hicimos.

Oh vamos! ¡Dímelo Di! – le pidió la chica poniéndole ojitos, recibiendo como respuesta el dedo índice de la rubia indicándole que no- al menos dime si acabasteis- le volvió a pedir riendo suavemente, viendo como la rubia volvía a ponerse como un tomate.

- Yo sí…- contestó Dianna levantando un poco la vista y viendo los ojos interrogantes de su amiga- tuvo que colgar porque su novio la interrumpió.

Otra vez se escucharon las carcajadas de Molly por todo el apartamento de la rubia, que no daba abasto con toda la información que estaba recibiendo esa mañana.

-¿La pilló?- preguntó cómo pudo entre risas.

-Pues no lo sé…- le contestó Dianna preocupándose un poco, ya que al fin y al cabo ella había empezado todo eso.

- pregúntale, pregúntale- la animó su amiga dando leves palmadas de emoción, ya que quería saber que había pasado.

-Preguntarle no… ¿pero crees que debería disculparme?- le preguntó la rubia jugueteando con su móvil y dejando las tostadas de su amiga a un lado.

-¡Disculparte! – exclamó Molly escandalizada- si continuó con vuestra conversación subidita de tono es porque quiso Di, y más teniendo el novio en casa- dijo para después volver a reír, no daba a crédito con la situación.

-Bueno, voy a dar un paseo- dijo la rubia mientras se levantaba, dejando a la otra chica con la intriga de saber que le contestaría la morena, ya que sabía que Dianna quería estar tranquila mientras hablaba con Lea.

Así que la rubia salió de su piso para caminar un rato por las calles de Londres, perdiéndose entre la gente mientras pensaba que le podría decir a la morena y que era mejor, si enviarle un mensaje o llamarla directamente. Finalmente se decidió por la primera opción, ya que lo veía más correcto después de su última conversación.

"Buenos días, o buenas noches en Los Ángeles. No me arrepiento de la llamada de ayer porque me gustó pero quizá no estuvo bien, lo siento por eso. Espero que todo esté bien, cuídate".

Una vez envió el mensaje continuó con su paseo y afrontó el resto de día sabiendo que Lea tardaría en contestar si así lo hacía, debido a la diferencia horaria entre los dos países.

Y así fue, la respuesta de la morena llegó cuando ella se encontraba en el camerino preparándose para un ensayo general antes de la obra de esa noche.

"No lo sientas, a mí también me gustó aunque no pude acabar de disfrutarlo."

Dianna tragó saliva al leer la respuesta de Lea, y al ver que ésta no se había cortado mucho decidió arriesgarse e ir un poco más allá, ahora sin alcohol de por medio.

"Cuando vuelva a Los Ángeles podré pagar mi deuda, así disfrutarás del todo."

Pulsó rápidamente el botón de enviar para no pensárselo mucho, recibiendo la respuesta de la morena a los pocos minutos.

"Hecho."