Hola lectores! Sé que no son muchos los que siguen esta historia, pero estoy agradecida con cada uno de ustedes por sus comentarios o por simplemente leer. Quería disculparme por haber tardado tanto en actualizar, pasa que tuve un problema con el wifii de mi casa y estuve sin internet como por una semana. Espero que les este gustando la novela y la esten disfrutando! Besos 3


Killian se fue del trabajo lo más rápido que pudo. No podía creer la mala suerte que tenía, acababa de cruzarse a su ex novia Milah, quien había llegado en un barco turista con su marido y su hijo. Killian pensaba que ya había superado el dolor que ella le había provocado, pero por alguna razón todo volvió a explotar cuando la vio. Él se sentía tan destruido que pidió a su jefe si lo dejaba irse a su casa, y por suerte este le dijo que si.

Camino a su casa Killian agradeció haber llevado su paraguas con él, ya que la lluvia que había comenzado a la mañana cada vez se volvía más fuerte. Se detuvo en el semáforo e intento salir de su estado de shock, le estaba resultando imposible hasta que vio a una mujer con cabello radiante como el sol en la parada de colectivos. Esa mujer tiene el cabello como Emma fue lo primero que pensó. Se dedicó unos segundos a mirarla detenidamente y cuando hizo camino hacia ella lo confirmo, esa mujer era Emma.

- ¿Qué haces acá? – Preguntó el cubriéndola a ella también con su paraguas.

- Hola Killian. – Saludo ella. – Espero al colectivo. – Respondió señalando la parada. - ¿Vos que estás haciendo? – Preguntó.

- Recién salgo del trabajo. – Contesto él intentando evitar que Milah vuelva a aparecer en sus pensamientos. – Estás empapada. – Dijo observándola de pies a cabeza.

- Si, mi paraguas se rompió. – Explico ella.

- ¿Queres venir a casa a secarte? – Ofreció el.

- No, gracias. Es solo lluvia, puedo sobrevivir. – Rechazo ella quitándole importancia al asunto.

- ¡Esto no es solo lluvia, es una tormenta! – Exclamó él viendo como la lluvia se hacía cada vez más potente. – Si te quedas a esperar al colectivo te vas a enfermar, porque es obvio que va a demorar un gran rato. – Intento hacerla entrar en razón.

- ¿Vas a insistir hasta que te diga que si? – Pregunto ella irritada, aunque la pequeña sonrisa en sus labios indicaba que la actitud que él estaba teniendo la conmovía. Ella nunca había tenido nadie que la cuide y por eso le resultaba difícil dejarse cuidar cuando alguien quería hacerlo.

- Probablemente. – Dijo él con una sonrisa. – Y sino me quedo acá con vos, compartiéndote mi paraguas hasta que llegue el colectivo. – Decidió él con confianza.

- De acuerdo, vamos a tu casa. – Se dio por vencida, ya que su insistencia la afectaba mucho. – Pero vas a tener que dejarme dar una ducha. – Demando ella.

- Trato hecho. – Festejó él y la agarro de la mano.

Killian no soltó la mano de Emma hasta que llegaron a su casa. Él se sorprendió de que ella no haya encontrado una excusa para liberarse, pero cuando la miro un par de veces y vio como sus mejillas estaban coloradas comprendió que a ella le había gustado el gesto. Hacer estas pequeñas cosas juntos cada vez se sentía más sencillo y cómodo. Killian podría estar apreciando más este pequeño avance si su cabeza no estaría inundada con lo que vivió esa mañana.

- Que linda casa. – Apreció ella mientras el la guiaba hacia el baño.

- Gracias. – Agradecií Killian su comentario.

- ¿No sería yo la que tendría que agradecerte por repararme de la lluvia? – Preguntó ella en un tono muy gracioso.

- No, no es necesario. – Dijo él sacudiendo la cabeza y haciéndola pasar al baño. – Para dar agua caliente tenes que abrir la llave de la izquierda. Iré a buscarte un toallón y ropa seca. Una vez que termines podes poner a secar la ropa en el lavadero. – Indicó él seriamente.

- Gracias. – Agradeció ella. - ¿Estás bien Killian? – Pregunto ella dando un paso hacia él y mirándolo a los ojos como tratando de leer sus expresiones.

- Estoy perfecto. – Se defendió él.

- No lo creo, a mi me parece que estás muy tenso. – Dijo ella con mucha calma y seguridad. – Si te resulta incómodo que yo este acá, me voy. – Ofreció ella, para ver si esa la razón por la que él estaba en ese estado.

- Para nada, dúchate. Yo iré a buscar las cosas que te dije. – Ordeno él y se fue del baño.

Killian busco y alcanzó a Emma lo que le había dicho. Luego fue a la cocina a preparar algo para tomar. Como no tenía chocolate decidió hacer té, ya que sabía que a Emma no le gustaba el café. Luego se sentó en la mesa del comedor a esperar. A los minutos Emma apareció con la ropa que él le había dado y el cabello mojado. Killian se maldijo por no poder disfrutar de verla con su ropa. Si hubiera sido un día normal él estaría apreciando lo lindo que se sentía verla vistiendo su ropa. ¿Por qué Milah tenía que haber aparecido justo hoy y arruinar todo?

- Deje la ropa secándose en el lavadero como me dijiste. – Informo ella uniéndose a la mesa.

- ¿Queres una taza de té? – Ofreció él.

- Si, eso sería maravilloso. – Acepto ella.

- Lo lamento pero no tengo chocolate. – Se disculpó alcanzándole la taza de té. – Hay miel y limón si queres. – Dijo el señalando los ingredientes que estaban en la mesa.

- Gracias. – Dijo ella y se sirvió un poco de miel.

- ¿Qué hacías por acá? – Preguntó él después de un largo silencio.

- ¿Recuerdas a Lily, la niña de la que te hablé? – Preguntó Emma luego de tomar un sorbo de su té.

- Si. – Respondió él, recordando lo enojado que se sintió cuando vio las marcas en los brazos de Emma.

- Bueno, ella vivé acá, a unas cuadras de tu casa, y yo fui a visitarla. Volvió a tener problemas con su padre, así que quise asegurarme de que este bien. – Explico ella.

- ¡¿Estás loca?! ¡Eso es muy tonto! ¡Ese hombre ya te lastimó una vez! ¡¿Por qué correr el riesgo de que vuelva a pasar?! – Exclamo él enojado, tenía que hacerle entender que tenía que dejar de ponerse en peligro de esa manera.

- ¡¿Qué te hace pensar que podes decirme lo que tengo o no que hacer?! – Respondió ella furiosa. - ¡Soy una mujer grande, puedo decidir y cuidarme sola! – Dijo ella levantándose de la silla porque la furia que sentía le daba ganas de salir corriendo.

- ¡No seas ingenua y deja de lado ese complejo de súper héroe que tenes! ¡Ese hombre te podría haber lastimado! – Grito él levantándose también de su silla, como presintiendo que ella quería escapar.

- ¿Por qué me estás haciendo esto? – Preguntó ella recuperando la calma y dejando de gritar. A ella no le gustaba gritar. Los gritos le daban dolor de cabeza. Ella había recibido tantos gritos en su vida que lo único que hacían era generarle dolor. - ¿Por qué me haces todos estos planteos? La otra vez que hablamos no surgió nada de esto. – Hizo una pausa para recuperar el aire y acomodar sus pensamientos. Tenía los brazos cruzados en su pecho defensivamente y sus hombros rígidos. - ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué te la estas agarrando conmigo de está manera? – Demando saber ella con la voz rota.

- Porque alguien tiene que cuidarte Emma. Si algo te llegará a pasar, ¿Qué crees que pasaría con Henry? – Dijo finalmente él. Aunque no bien lo dijo se arrepintió de haberlo hecho.

- ¡No te atrevas a traer a Henry en estos temas nunca más! – Le pegó una cachetada. La situación había llegado a un límite. – Lo siento, yo no quise… - Comenzó a disculparse horrorizada de su propia reacción.

- Está bien. – Interrumpió él. – Lo merecía. – Dijo mirando al piso.

Killian había explotado y lo sabía. Todo el dolor que había cargado durante el día acaba de estallar y de la peor manera. Él sabía que se la estaba agarrando con Emma para descargar su dolor, y por más que algunas de las cosas que le dijo eran ciertas sabía que no lo había hecho de buena manera. Killian escapo lo más rápido que pudo, subió las escaleras y se encerró en su cuarto cerrando la puerta con fuerzas. Sin fuerzas como para llegar a su cama se dejo caer en el piso y apoyo su espalda contra la pared. Ahí, en la oscuridad de su cuarto, soltó todas las lágrimas acumuladas que antes no se había atrevido a soltar.

Luego de unos minutos escuchó unos pasos y la puerta de su cuarto se abrió. Killian sabía que era Emma, así que escondió su cara entre sus piernas y brazos porque no quería que ella lo vea en ese estado. Ella se sentó a su lado en silencio, acarició delicadamente su cabello y su espalda. Killian podía notar los nervios de ella en el temblar de sus manos. Él dejo que ella lo acaricie por un rato, ya que eso lo hacía sentir mejor.

- Hola. – Susurro ella cuando él decidió dejar de esconder su cara. – Lamento lo que paso abajo. – Se disculpo. – Sé que tenes razón en alguna de las cosas que me dijiste. Pero la realidad es que me cuesta cuidarme y dejar que los demás me cuiden. No estoy acostumbrada a eso. – Explico ella con calma. – Y perdón por la cachetada, no sé que me pasó. Fue algo así como perder el control. – Dijo ella y se mordió el labio avergonzada.

- Deja de disculparte por favor, me haces sentir peor. – Dijo él. – Si alguien tiene la culpa de lo que pasó abajo, ese soy yo. Tenías razón, me la agarre con vos. – Se secó sus lágrimas con la manga de su camisa. – Te queda muy linda mi ropa, deberías usarla más seguido. – Comentó él luego de un largo silencio. Lo bueno de los silencios entre ellos es que no resultaban para nada incómodos.

- Gracias, me gustaría decir lo mismo de vos pero la verdad luces desastroso. – Dijo ella sinceramente.

- Lo soy, soy un desastre. – Rió él, sin poder creer que ella lo haga reír en una situación como esa.

- ¿Puedo preguntar que fue lo que pasó? – Pregunto ella.

- Vi a mi ex novia, ella estaba con su marido y su hijo. – Respondió él.

- Eso debe haber sido difícil. – Dijo ella asimilando la información.

- Lo peor de todo fue que intento coquetear conmigo. – Explotó todo. - ¿Por qué se cree que tiene el derecho a coquetear conmigo cuando ella fue la que decidió dejarme? – Preguntó él. La pregunta no estaba dirigida a Emma, estaba dirigida al aire, a la vida, a cualquiera que pueda darle una respuesta.

- Eso no es para nada considerado de su parte. – Pensó Emma en voz alta, intentando entender a esa mujer con lo poco que sabia de ella.

- Ese es el problema, ella nunca fue considerada conmigo, nunca le importo mis sentimientos. – Reconoció él. – Espero siete meses para decirme que tenía un hijo y una pareja, eso seguro que no es ser considerada. – Dijo él con un tono que pretendía ser gracioso, pero en verdad era muy doloroso.

- ¿Eso quiere decir que fueron amantes? – Preguntó ella.

- Si, lo fuimos. – Respondió él sintiendo asco consigo mismo por haber estado en ese lugar. – Yo quise dejarla cuando me enteré, pero no pude mantenerme lejos de ella por mucho. Estaba muy enamorado. y en el fondo tenía la esperanza de que como no estaban casados ella lo iba a dejar por mí. – Confesó el mientras las lágrimas caían incontrolablemente de sus ojos. – Pero finalmente él le propuso casamiento y ella acepto por más que no lo amaba, o al menos eso es lo que ella me decía. – Dijo con la voz temblorosa.

- ¿Por qué se casó con él si no lo amaba? – Pregunto ella tomando la mano de él para poder contenerlo de algún modo.

- Esa es una gran pregunta. – Respondió mirando como sus manos encajaban perfectamente juntas. – Según ella por el bien de su hijo Bealfire. – Se secó las lágrimas con su mano libre.

- Eso no tiene sentido. – Dijo ella luego de pensar unos minutos. – Entiendo de donde viene porque yo también soy madre, pero yo jamás usaría de excusa a mi hijo. En una familia lo que importa es el amor. Si ella te amaba te tendría que haber elegido, su hijo iba a entender tarde o temprano. – Explico ella lo que pensaba y sentía.

- Yo pienso lo mismo, pero al parecer no todos piensan igual que nosotros. – Asistió él. – Supongo que nunca fui lo suficiente bueno para ella, nunca me dejo conocer a su hijo siquiera, debía tener miedo de que haga desastres con él. – Se aferró a la mano de ella con fuerzas para intentar de evitar que sigan cayendo más lágrimas de sus ojos.

- ¡Eso es estúpido! – Exclamó ella enojada. – Killian eres una gran persona. Y yo he visto como eres con Henry y Roland, eres increíble. – Dijo ella mirándolo a los ojos y secándole un par de lágrimas con su mano libre.

- ¿En verdad crees eso? – Preguntó él sintiendo un nudo en el estómago, no sabía si podía tolerar el rechazo de ella en ese momento.

- Claro tonto, sino no estaría acá sentada en el piso en una habitación a oscuras contigo. – Dijo ella con cierto humor y cuando vio que él sonreía supo que había logrado lo que quería.

Killian y Emma se quedaron un largo rato allí sentados, con sus manos juntas. Killian no podía creer que un día tan malo, en cierta forma termine bien. Hablar de todo lo que había vivido con Milah lo había hecho sentirse aliviado y en paz consigo mismo, le había dado fuerzas para cerrar ese capítulo se su vida y seguir adelante. Killian se sorprendió mucho de las reacciones de Emma, nunca pensó que una mujer iba a ser capaz de escucharlo hablar de su ex y contenerlo en la manera en que ella había hecho. Era como si Emma supiera exactamente lo que Killian necesitaba. Cuando necesito silencio, hubo silencio. Cuando necesito palabras, hubo palabras. Y cuando nada de lo otro parecía alcanzar, hubo gestos. Ella acarició su cabello y espalda. Ella secó sus lágrimas. Ella agarró sus manos con ternura.

La admiración que él sentía por ella creció agigantadamente esa tarde de lluvia.