Capítulo 10: Shiva

Los ojos ya no se podían mantener más tiempo abiertos. Lentas cabezadas era lo que daba una y otra vez, intentando mantenerse despierto frente a ese segundo libro que leía ese día. Ya de por sí… nunca le había gustado estudiar demasiado, pero ahora… sí era una obligación, necesitaba salvar a Serah de ese cristal.

Aranea le miraba desde el otro lado de la biblioteca, sentada en una de las mesas más alejadas, con otro libro entre sus manos. Muchas cosas le habían contado de aquel joven, demasiadas y todas parecían irreales en aquel instante. Quizá no había pasado el tiempo suficiente con él, pero aun así… en esos días que llevaban conviviendo, lo que menos le parecía era un asesino a sangre fría.

- ¿Por qué me miras tanto? – preguntó Noctis desde el otro extremo de la mesa.

- Sólo… me preguntaba ciertas cosas – respondió Aranea antes de levantarse de la mesa para ir hacia donde estaba ese moreno.

Los ojos de Noctis se apartaron finalmente del libro para observar cómo la joven tomaba asiento en la silla junto a él.

- ¿Qué preguntas?

- ¿La amabas? ¿A Lunafreya? – preguntó Aranea.

Noctis resopló, alejándose ligeramente del libro y estirándose, casi como desentumeciéndose por haber permanecido tanto tiempo en la misma posición. Quizá… sólo buscaba tiempo para poder pensar una respuesta que no fuera del todo desagradable para Aranea.

- Lunafreya era… muy especial – empezó Noctis – la quise aunque nunca pude llegar a amarla como se merecía. Lo nuestro era un compromiso por obligación, algo pactado desde hacía años. Iba a casarme con ella pese a no amarla, pero por algún motivo, aunque a veces pensaba que sólo era un matrimonio concertado, el aprecio que sentía por ella lo hacía más llevadero. Habría hecho todo lo que hubiera podido por hacerla feliz, de eso no quiero que te quepa duda alguna, habría intentado todo.

- Pero no la amabas – susurró Aranea.

- La respetaba y la quería, la apreciaba mucho pero… era casi como una hermana para mí, mi mejor amiga pero… no podía verla como algo más sentimental. – Aranea agachó la mirada hacia el libro una vez más – Voy a encontrar al responsable de lo que le ha sucedido – dijo con todo duro – y le haré pagar por todo ello, porque aunque no la llegase a amar, sí era una persona muy especial para mí y su muerte no quedará en el olvido.

Pese a que ya intuía de antemano que el matrimonio de su hermana mayor no sería del todo del agrado de ambos, escucharlo realmente por boca de uno de ambos… era duro, sin embargo, otra parte agradecía poder escuchar la verdad de todo lo que estaban intentando ocultar o disimular.

- ¿Cómo… conociste a Serah? – preguntó Aranea.

- De niños – le respondió Noctis.

- Y… - cortó la frase al darse cuenta… de que quizá no era conveniente hacerle tal pregunta a ese chico.

- ¿Si me enamoré? – preguntó Noctis al verla tan callada – supongo que no lo hice en ese instante o no pensé que lo estaba. Tan sólo era un niño – sonrió – no conocía nada acerca del amor o temas similares. Para mí… Serah siempre fue una amiga, una muy especial, la primera. Fue con el tiempo cuando empecé a darme cuenta de que era posible que sintiera algo hacia ella. Desde aquel incidente… nunca la olvidé. He soñado con ella cada noche, me he desvelado intentando recordar qué ocurrió aquella noche donde despareció y cuando podía tener respuestas… ella se ha quedado encerrada de nuevo, convertida en cristal y sin posibilidad de solucionarme las miles de preguntas que tengo. Sólo quiero que vuelva a la normalidad.

- ¿Qué le ocurrió? Es decir… siempre me contaron que… Insomnia o bueno… vosotros, habíais matado a Serah hace años. Desde entonces se planeaba el ataque a la ciudad y no se cuestionaba nada.

- Serah llegó a Tenebrae por algo, ni siquiera me dijo nunca el motivo por el que estaba allí. Yo… nací muy débil, tanto, que mis piernas no tenían fuerza para sostenerme. Toda mi infancia la pasé en una silla de ruedas, viendo a mi padre hablar con los mejores médicos de Tenebrae para ayudarme a caminar. Allí no había niños ni nadie con quien poder jugar. Cuando tu hermana apareció allí, no vi a una niña del Nido, sólo vi una niña con la que poder jugar. Ella siempre mantuvo esa sonrisa pese a que su padre muchas veces la dejaba allí sola. Supongo que al final… hasta mi padre le cogió cariño – sonrió Noctis.

- Mi padre aseguró que la habíais asesinado.

- No… puede que en aquel momento no supiera lo que era el amor, puede que no descubriera cuán importante era para mí hasta que la perdí pero… jamás le habríamos hecho daño. Mi padre la adoraba como si fuera una hija para él, la hija que nunca tuvo.

- ¿Qué ocurrió aquella noche?

- Yo estaba durmiendo cuando escuché el ruido en el pasillo. Todavía no era capaz de andar, así que tardé bastante en llegar a mi silla de ruedas. Cuando salí, tu padre estaba discutiendo con el mío en el pasillo, hablaban sobre la desaparición de tu hermana. No estaba en su cuarto y no podían localizarla. Nos acusaron de haberle hecho algo pero mi padre lo negó, durante toda su vida, negó haber hecho algo a esa chica y le creí, todavía creo en sus palabras. No sé qué ocurrió esa noche, pero de algo estoy convencido… el Nido oculta algo, porque volví a verla allí, me ayudó a escapar y ahora está convertida en cristal. Empiezo a pensar que tu padre tiene mucho que ver en todo lo ocurrido, en buscar una excusa para atacar nuestra ciudad.

- Tus palabras traen consigo una gran ofensa hacia mi familia – le remarcó Aranea.

- No puedo hablar sin pruebas, es cierto – respetó aquello Noctis – pero hay algo raro en todo el asunto. Por eso quiero y necesito que Serah vuelva a la normalidad, ella podría explicarnos todo lo que ocurrió.

- Shiva – susurró Aranea.

- ¿Qué?

- Shiva, la invocación del hielo podría ayudar. Dicen que es capaz de controlar el hielo, es posible que su magia pudiera romper el cristal que recubre el cuerpo de Serah.

- ¿Y dónde se encuentra?

Aranea sacó una pequeña daga, desenfundando y dejando ver ese halo helado que desprendía el arma. Un filo completamente helado, un arma que jamás había visto, de gran belleza, pequeño, fino y esbelto al igual que dañino.

- Mi hermana Luna me lo dio antes de marcharme, justo antes de que… bueno… de que la asesinasen. Me dijo que lo sacase del Nido, que lo protegiera, así que me llevé el arma.

Noctis alzó la mano para coger la empuñadura, sin embargo, el arma tembló entre ambos chicos, alzándose y rompiéndose en mil pedazos, uniéndose al "Don de Lucis" como una más de sus armas. Una de las armas ancestrales que pertenecieron a su familia y que el Nido ocultaba, ahora finalmente… volvía a él.

- ¿Cómo…? – intentó descifrar Noctis al ver una de las armas de su familia en posesión de la gente del Nido.

- No lo sé, no entiendo por qué teníamos una de vuestras armas.

- Tengo que volver con Serah, creo que ya sé cómo sacarla de ese cristal – sonrió Noctis como si se le hubiera iluminado de golpe la mente.

- ¿Estás bien? – preguntó Noel a esa joven que estaba sumida en sus pensamientos.

- Eh… no estoy segura – intentó sonreír Aranea – sigo pensando cómo pudo llegar un arma ancestral de la familia real Lucis al Nido y… no tiene ningún sentido, no logro encontrar una respuesta excepto que la robasen o… asesinasen a alguien de su familia para obtenerla, ninguna de las dos opciones me gustan.

- Lo entiendo. ¿Cómo conseguiste ese poder? – preguntó Noel en un intento por cambiar de tema – el mismo don que tiene Noctis.

- No lo sé, lo tengo desde niña. Creo que es algo referente al poder del cristal.

- ¿Lo tiene más gente de tu familia?

- No, sólo yo – sonrió – quizá por eso entré en la guardia real. Mi hermana Lightning es General allí, dirige sus tropas, yo sólo… soy más bien como una más entre el montón.

- La cazadragones – sonrió Prompto – así la conocían sus hombres.

- Ese nombre ni siquiera sé quién me lo puso – sonrió Aranea – no he matado dragones ni los he cazado. Supongo que es una metáfora.

- ¿Por qué?

- Una vez… unos monstruos de Paals atacaron el Nido, no sabemos cómo entraron pero… eran enormes. Yo ayudé en su eliminación y desde entonces, me dejaron ese nombre, imagino que sólo fue porque eran grandes los monstruos, quisieron simular como si fueran dragones, algo raro de ver, nunca se había atacado así el Nido.

- ¿Y tú? ¿Cuál es tu historia para estar aquí?

- Pues… que no conocí a mi padre y mi madre decidió que Insomnia no era para nosotros. Acabé aquí en el Graan Paals y me convertí en cazador.

- ¿Eres de Insonmia?

- Sí, aunque la verdad es que no recuerdo mucho de esa etapa de mi vida.

Noel cruzó el último de los pasos y al hacerlo, se giró para tenderle la mano a Aranea, intentando ser un caballero ayudándola a cruzar aquel estrecho paso. Por un instante, Aranea dudó, nunca nadie la había tratado como una chica, sólo había sido un soldado, la hija del Rey del Nido, una chica capaz de defenderse sola pero allí estaba Noel, tendiéndole la mano.

Un cierto rubor apareció en sus mejillas. Era la primera vez que alguien se giraba para asegurarse que ella estaba bien o no necesitaba ayuda. Sabía que no la necesitaba, sabía defenderse sola pero que se preocupasen por ella, aunque sólo fuera una vez y por caballerosidad, le gustó, así que tomó su mano y se dejó arrastrar hacia el otro lado, observando entonces la gran columna de cristal que se elevaba en el centro.

- Serah está dentro – comentó Noel – vamos, seguro que tienes ganas de ver a tu hermana – sonrió, consiguiendo que Aranea sonriera también.

- Sí, estoy deseando recuperarla – comentó.

Trozos de cristal caían lentamente, casi como si nevase, como si el más blanco de los inviernos llegasen a esas tierras plagadas de salvajes criaturas. Todos observaban cómo el cristal brillaba, creando una reacción nueva, apartándose ligeramente de la piel de Serah, devolviéndola con lentitud a como era antes de convertirse en frío cristal. ¡Tenían razón con la daga! Esa daga donde Shiva se ocultaba, era capaz de abrir el cristal y devolver a Serah a la vida.

Cuando cayó frente a ellos, desnuda, inconsciente… todos pensaron que quizá no había tenido éxito, que quizá sólo la habían matado, pero Noctis corrió hacia ella, quitándose la chaqueta para cubrir su desnudez y cogerla en brazos. ¡Respiraba! Eso calmó los ánimos de todos.

- Está bien – comentó Noctis como si se quitase un peso de encima – está viva.

- Llevémosla de vuelta al campamento, allí podrá descansar – aclaró Zack.

- Sí, es una buena idea – respondió Gladio – volvamos.

Noel apoyó su mano sobre el hombro de Aranea, quien todavía miraba absorta y paralizada a su hermanita en brazos de Noctis. Tantos años había creído que ese chico la había asesinado y todo era una burda mentira. Allí estaba Serah, viva… no entendía nada, pero sólo tenía que esperar a que se recuperase para poder hablar de nuevo con ella.

- Vamos. Cuando despierte podrás resolver tus dudas – le animó Noel.

- Sí.