Lisuka estaba sentado en la oscuridad, apoyándose en una mesa, amparado por la luz de una vela. Estaba de mal humor desde que notó que Kaoru y el Battousai no estaban.

No podía soportar esa situación: Kaoru desaparecida junto a Battousai. Es que no debías ser un genio para saber que el hombre más antisocial de todo Japón estaba interesado en esa chica, y que ella no era indiferente a eso. Sabía que todo eso era parte del plan para librarse del pelirrojo, pero no quería perder otra vez contra él. Siempre había tenido lo que quería, y si en algún momento no se hizo así era por él, por Battousai. Lo gracioso es que perdía en algo que Battousai ni tenía experiencia: mujeres, específicamente, Kaoru. Él no la amaba, ni nada por el estilo, era una chica más, pero era imposible negar lo preciosa que era esa mujer. Todos tienen caprichos, y ella era el suyo por el momento. Y como todo capricho, no desaparece hasta que lo tienes.

Kaoru lo había rechazado muchas veces, y siempre prefería al maldito de Himura, alguien que desde un comienzo nunca le demostró algún tipo de afecto. Ese asesino no podía darle nada, porque sólo mataba y no pensaba en otras cosas . En cambio, él sólo pensaba en como disfrutar con ella hasta que la llama desapareciera. Después de todo, nunca ha pensado en tener algún tipo de compromiso marital con alguien, y Kaoru era huérfana ¿A quién le tenía que rendir cuentas? Ella tendría su momento para olvidarse de la guerra, y él también. No era necesario que algo como el amor para que pueda disfrutar con una mujer. Entonces frunció el ceño y golpeó con el puño la pequeña mesa que tenía delante suyo. El problema es que ese estúpido sentimiento era algo que formaba parte del plan del Yaminobu para lidiar con Battousai: que él se enamore. Estaba seguro que si lo hacía, tendría que decirle adiós a Kaoru definitivamente. Pero no, nadie iba a impedir que él tuviera a esa mujer, incluso si eso implicaba sabotear el plan contra Battousai.

Lisuka recordó el mensaje que había enviado, y sonrió con eso. Kaoru iba a ser suya y no importaba si era sólo por una noche. Y así se fue a dormir, pensando en lo poco que faltaba para eso.

La señora Okami se levantó muy temprano ese día. Preparó un poco de té y empezó a beber sola. Unos minutos después, la señora Omake apareció en la cocina, sorprendida de verla ahí.

-¿Que pasó? - le preguntó - Nunca te levantas más temprano que yo, excepto cuando estás preocupada o quieres ir al baño-

Okami no respondió, centrada en su té. Omake posó sus manos en sus caderas y caminó hacia ella.

-Hey, estás vieja pero no eres sorda ¿Qué tienes?- la señora Okami parpadeó y miró a su compañera

-Esta anciana simplemente tiene cosas que pensar-

-No será por Battousai y Kaoru ¿No?- la señora Omake puso ojos soñadores al hablar sobre eso, lo que contrastaba con la mirada sombría de Okami - Ninguno llegó ayer a la posada, y hasta ahora no veo que alguno haya llegado. Tal vez están por ahí, como tortolitos enamorados, ya quiero verlos llegar…-

-O ver llegar solo a Battousai-

-¿Por qué dices eso, anciana malhumorada? Un poco de romance en esta guerra no hace daño a nadie. Tal vez Himura pueda llegar solo, pero Kaoru vendría un tiempo después ¿No? Aunque eso pasaría si se hubieran peleado o algo…-

-No, Omake, no me refería eso-

-¿Entonces a que te referías?-

"Un espía merece morir"

Okami miró a la anciana soñadora y luego volvió a ver su té, ignorándola.

-Ya, ya. Deja que yo descifre tus acertijos, son tan divertidos- respondió sarcásticamente Omake, alejándose para prepararse un té - ¿Sabes? No es malo pensar en una compañera para Himura- volvió a hablar Omake - Después de todo, todo lo que él debe estar cargando podrá compartirlo con alguien- agregó soltando un suspiro.

-No si es una espía- murmuró Okami por lo bajo. Omake la vio con curiosidad, pues no escuchó lo que dijo - Pero tienes razón, él debería tener una compañera-

-¡Buenos días, señoras! - saludó Sakode desde la entrada a la cocina mientras sostenía unos bolsos en sus manos.

-¡Hola jovencito!- saludó Omake radiante - ¿Qué te trae por aquí?-

- Quería saber si tenían algún panecillo para invitarme. Recién vuelvo de hacer unos encargos por parte del señor Katsura-

-Claro, hijo. En esa canasta hay varios que sobraron ayer- Sakode tomó la canasta con una sonrisa

- ¡Gracias, señora Omake!- dicho esto, se dio media vuelta para irse, pero casi al instante volvió a girarse - Por cierto, tengo un mensaje para ustedes, señoras - agregó aún con canastilla en mano - Himura me dijo que no vendría a desayunar.-

-¿Qué?¿Cuándo te dijo eso?- intervino Okami.

-Hoy. Me lo crucé camino a aquí. Venía con Kaoru, ambos dijeron que irían a otro lugar a desayunar-

Okami se quedó tiesa, y luego suspiró aliviada.

-¡Menos desayunos que preparar! Gracias por decirlo, Sakode- luego de decir eso, Omake se dirigió a Okami - Y tú estabas diciendo que Battousai vendría solo-

Sakode rió ante el comentario.

-Bueno, gracias nuevamente, señoras- se despidió Sakode antes de desaparecer definitivamente. Okami sonrió levemente.

Battousai no tuvo problemas con la confesión de Kaoru. Era cierto que tenía sus dudas, pero bastaba con saber que ambos iban a desayunar juntos para estar más segura. Ojalá todo vaya bien a partir de entonces.

-¿Qué te pareció la comida, Kenshin?- preguntó Kaoru al levantarse de la mesa donde ambos estaban desayunando.

-Estuvo buena- respondió Kenshin. Kaoru se puso tras él y ambos abandonaron el puesto de comida donde estaban. Al salir, decidieron ir a caminar por allí un momento, aún existían algunos cabos sueltos respecto a la situación de Kaoru que debían ser resueltos.

-¿Tengo que ir a hablar con el señor Katsura?- preguntó Kaoru tomándose las manos fuertemente - No quiero meterte en problemas, porque no creo que debas ocultar que sabes algo como que soy una espía a alguien como Katsura…-

Kenshin la observó con los ojos muy abiertos. Él podía ser juzgado como traidor por ocultar información como esa. Aún así, la promesa que tenía con Kaoru era más importante.

-No te voy a entregar a Katsura-

- Se supone que ustedes tiene toda una red para averiguar información sobre las nuevas personas que llegan. Es posible que encuentren algo sospechoso conmigo-

-Mientras no haya alguna amenaza o indicio de que exista algún traidor, todo está bien-

-Aún así…-

Kenshin se posicionó delante de Kaoru y la tomó por los hombros.

-Si algo llegara a pasar, yo te protegeré- le dijo firmemente - No dejaré que te hagan daño- remarcó, quitando sus manos de los hombros de Kaoru. Ella le sonrió con pesar.

- Gracias-

Kenshin le sonrió y emprendió el camino de vuelta la posada junto a ella. Kaoru sentía que la suerte le sonreía por haber conocido al pelirrojo. Pero estaba segura de que no iba a depender de él, ella tenía que ser más fuerte para poder volver a Edo.

-Kenshin ¿Podremos entrenar, cierto?-

Con ayuda del pelirrojo, ella podría recuperar su vida y su dojo.

-Claro-

-En la tarde ¿Sí?-

-Sí-

Tras una larga caminata, ambos divisaron la posada a lo lejos. En la puerta, estaba la señora Okami comprando unas flores para adornar el lugar. Al ver a Kaoru y a Kenshin acercarse, alzó la mano para saludarlos.

-Buenos días, señora Okami- saludó Kaoru sonriente.

-Buenos días- respondió la anciana.

-Las chicas ya deben estar trabajando ¿No? Voy a pasar a ver en que puedo ayudar. Con permiso- dijo Kaoru, entrando rápidamente a la posada, dejando a Kenshin detrás. Kenshin se inclinó a modo de saludo ante la anciana antes de ingresar a la posada.

-Himura- lo llamó, deteniéndolo - Creo que Kaoru ya habló contigo sobre su verdadero propósito aquí- Kenshin miró con sorpresa a la anciana, y luego asintió. - Bien. Tal vez te preguntes como lo sé y si pienso decirle algo a Katsura, pero no, eso se queda conmigo -

-Gracias - respondió Kenshin, inclinándose en forma de expresar gratitud, antes de entrar a la posada. Justo al entrar, Lisuka lo estaba esperando.

-Hola, Himura- saludó con una sonrisa gigante- ¿Qué tal estuvo la noche con Kaoru?-

-No fastidies, Lisuka-

-Bueno, bueno- respondió el de bigote. Kenshin se iba a ir, pero Lisuka lo tomó por el hombro- Tienes un nuevo encargo- le dijo cambiando su expresión sonriente a una seria.

-¿Cuándo?-

-Hoy, en la noche.-

Extendió su mano con el sobre, y Kenshin lo tomó. Le dio una palmada en la espalda al pelirrojo y luego se fue. Pensó en donde estaría su mensaje en ese momento.

Un niño miraba de lado a lado, cautelosamente, mientras se internaba en el bosque. Sostenía una carta, la que protegía. Buscaba una cabaña deteriorada, donde debían estar los destinatarios de ese mensaje. Al verla, apresuró el paso. Estando frente a la puerta, miró contrariado el aspecto de la cabaña: madera carcomida, vigas a punto de caer y moho en todos lados. Se encogió de hombros, restándole importancia y tocó la puerta. Nadie abrió. Volvió a tocar un poco más fuerte hasta que un sonido extraño detrás suyo hizo que mirara de reojo. Antes de darse cuenta, un hombre lo golpeó, haciendo que cayera de bruces al suelo.

"Nunca habló sobre ser recibido de esta manera" pensó el niño al sentir un fuerte dolor en su abdomen. Cuando intentó ponerse de pie sintió el filo de un arma en su nuca. Giró lentamente el rostro hasta ver a un hombre robusto sostener un hacha sobre él. Tembló, pensando que moriría.

-¿Qué hacemos con este niño?- preguntó el hombre robusto a su compañero, un hombre de brazos largos en comparación a su cuerpo.

-Mátalo, nadie debe saber que estamos aquí-

Al ver como el hombre robusto levantaba su arma para decapitarlo, extendió el brazo, mostrando la carta que tenía.

-¡Me envía un tal Lisuka!- gritó, haciendo que los dos hombres se miren entre sí - Tengo un mensaje para ustedes de parte suya - volvió a hablar, moviendo la carta constantemente para que la noten. El hombre de largos brazos le quitó la carta y la leyó.

-¿Qué dice, Yatsume?- preguntó el hombre del hacha. Yatsume, en respuesta, lanzó la carta al suelo, furioso.

-¡Usar a esa mujer fue un grave error, mierda!-

-¿Qué pasó?- volvió a preguntar el hombre.

-Léelo por ti mismo, Sumita- dijo recogiendo la carta para que Sumita la leyera. Su reacción fue la misma.

-Tenemos que llevar esto a Tatsumi- dicho esto, Yatsume miró al niño y sonrió - Tú también vienes, niño -

Sumita tomó al niño por su haori y siguió a Yatsume, quien rápidamente ingresó en la cabaña y bajó por un pequeño hueco que habían hecho para llegar a la verdadera guarida. Allí estaba el jefe, Tatsumi, a espaldas de los recién llegados.

-¿Qué pasó afuera?- preguntó el jefe.

-Señor, Lisuka mandó una carta- respondió Yatsume -Tiene que leerla- dijo mientras se acercaba al jefe. Sumita esperaba detrás, con el niño tratando de golpearlo para que lo suelte. Tatsumi miró con extrañeza al niño.

-¿Y el niño?-

-Es el mensajero- dijo Sumita soltando al niño.

-Señor, lea la carta- pidió Yatsume, acercándo la carta a Tatsumi. El jefe la tomó. Y a medida que avanzaba en lo que leía, su mirada empezaba a tornarse más y más furiosa.

" Tatsumi:

La mujer que mandaste ya los delató. Quería que el Ishin Shishi la devolviera a Edo.

Ahora está recluida como prisionera. No puedo hacer nada, pero te iré avisando si

es que habla de más y sobre las decisiones que se tomen respecto a ella."

Lisuka.

Al terminar de leerla, arrugó el papel y lo lanzó contra una pared. Luego golpeó el suelo, totalmente furioso.

-¡Ahora sí que se nos acabaron las ideas para matar al hitokiri!- exclamó Tatsumi, soltando cada palabra al ritmo de los golpes que propinaba al suelo.

-Pero señor- habló Sumita ante la furia de Tatsumi- ¿Por qué no enviamos a otra mujer? Existen varias que…-

-¡Acaso no te das cuenta que esa mujer ya habló sobre nuestro plan!- le gritó Yatsume -¡La única manera que teníamos para infiltrarnos era usar a una mujer que no conociera nada de nosotros y ellos ya debieron deducir eso a estas alturas!-

-Tenemos que sacar ventaja de esta situación…-

-¡Deja de hablar sin…!-

-Calla Yatsume- ordenó Tatsumi. El nombrado miró molesto a Sumita y luego bajó la cabeza ante Tatsumi - Sólo veamos como se desarrolla esta situación, y procuren no hablar sobre esto con Nakajou, que ese idiota podría hacer algo sin pensar-

-Está bien- respondieron al unísono los ninjas. Escucharon un ruido, y se giraron, observando al niño tratando de huir al tratar de escalar hasta el hueco por donde habían entrado. Resoplando, Sumita lo volvió a sostenerlo por el cuello del haori.

-¿Ahora que hacemos con él?- preguntó. Tatsumi miró un momento al niño, y sonrió. Se acercó y miró al niño fijamente a los ojos, notando que el niño hacía lo mismo, sin mostrar temor, o al menos intentando no demostrarlo.

-Matarlo sería un desperdicio, este niño tiene los ojos de un verdadero guerrero. Pero bueno, tampoco puedo dejarle andar por allí a tus anchas…-

-Tengo mejores cosas que hacer antes que escuchar sus halagos- el niño habló por primera vez. Tatsumi rió. Se acercó al oído del niño y le susurró:

-Dile a Lisuka que haga lo que crea conveniente con la chica. Y no se te ocurra irte por allí una vez dado el mensaje, regresarás aquí si no quieres que te mate - luego miró a Sumita - Asegúrate de que llegue a salvo a Kyoto y de que vuelva aquí. Haz lo que creas necesario si trata de escapar-

Sumita asintió y desapareció junto al niño.

-¡Más fuerte!-

-¡Eso intento!-

-¡No es suficiente!-

-¡Al menos deja de moverte tanto para poderte golpearte!-

Kaoru alzó su shinai por sobre su cabeza, tratando de estabilizarse tras el enésimo ataque fallido que había realizado contra Kenshin, que sólo la veía divertido. Lo que él le propuso como entrenamiento ese día era simple: darle un golpe mientras él se movía. Pero Kenshin era condenadamente hábil y rápido. Cuando estaba delante de ella, antes de siquiera poder posicionarse para darle un golpe, de la nada aparecía tras suyo. Y para divertirse, le tocaba el hombro, haciendo que mueva su cara lado a lado tratando de ver donde estaba, mientras él, estando delante suyo, se reía.

-¡No puedo tocarte!- le reclamó tratando de golpearlo -¡Eres rápido!¡Demasiado!-

No obtuvo ninguna respuesta de parte de Kenshin mas que un toque en su hombro. Gruñendo, sostuvo con sus dos manos la shinai y se giró bruscamente esperando golpearlo, pero lo único que consiguió fue perder el equilibrio y caerse.

-¡Auch!- en el suelo, frotó su brazo derecho, pues había caído encima de ese brazo. Se levantó, aún adolorida, encontrándose con la mirada reprobatoria de Kenshin.

-Nunca actúes por impulso- le dijo fríamente. Kaoru se encogió de hombros ante sus palabras - En una pelea, mantener la calma es lo más importante para que no seas predecible-

-Si lo sé, soy una kendoka ¿Lo olvidas?-

-Entonces demuéstralo- la animó Kenshin, volviendo a desaparecer. Kaoru soltó aire lentamente, mientras cerraba los ojos. Recordó un consejo que su padre le dijo, en una situación parecida, cuando la estaba entrenando….

Flashback

-¡Papá, no me sale!- exclamó Kaoru al tratar de realizar un ejercicio con la shinai que su padre le estaba enseñando.

-Vamos, Kaoru. Cualquier niña de tu edad puede hacer esto-

-¡Pero no todas las niñas de 9 años practican kendo con su padre!-

-No te quejes e inténtalo otra vez-

Después de varios intentos, Kaoru seguía sin poder hacerlo. Ante la frustración de su hija, Koujirou se acercó a ella, corrigió su postura y le dijo:

-No pienses mucho en lo que haces, sólo hazlo. El cuerpo a veces sabe mejor que la mente lo que debes hacer-

Kaoru pensó en ese un momento, y luego cerró los ojos, dejando de pensar en lo que debía de hacer…

Fin del flashback

En posición de defensa, Kaoru se quedó quieta unos segundos, hasta que dio un paso hacia adelante y atacó con su shinai, deteniendo a Kenshin en sus huidas.

-Bien- murmuró él un tanto sorprendido y a la vez satisfecho. Repitió el mismo ejercicio con Kaoru, varias veces hasta que ella terminó agotada.

-Rayos, Kenshin. Eres demasiado rápido para mí- reiteró ella acostada en una pared, al lado de Kenshin. Nunca pensó volver a cansarse tanto en algún entrenamiento mientras su padre no fuera el instructor. Los entrenamientos con su padre eran iguales a este: agotadores, pero relajantes y, por sobre todo, le brindaban calma. No recordaba la última vez que se sintió así, pues desde que salió de Edo lo único que recordaba era como vivía con miedo a que Kotaro la encuentre. Pensaba que tendría que ocultarse de él mucho tiempo o que tendría que forzar a alguien a casarse con ella para zanjar el asunto. Sin embargo, eso sería crearse un nuevo problema, ningún esposo soportaría que ella esté impartiendo clases de kendo a otras personas ni soportaría lo mal que cocinaba o su actitud poco femenina. Detestaba ese pensamiento que por suerte su padre nunca compartió a pesar de ser criado así. Su corazón le dolió al pensar en Kotaro. Él era su modelo de buen marido, hasta que sacó a la luz su verdadero sentir. Aunque quisiera negarlo, aún le dolía: un amorío de infancia no se olvida de la noche a la mañana. Ella sólo quería a alguien que pudiera comprenderla, que no quisiera tener sólo una "esposa ideal, sino que la quisiera a ella, sin importar si sabía cocinar, si practicaba kendo… De pronto, se vio en su casa, y ella estaba vestida con un kimono azul. Estaba apoyada en la pared de la cocina, mientras veía a un hombre delante suyo cocinar. Esta persona se giraba y le sonreía. Ella, ruborizada, bajó sus manos hasta su vientre y lo sintió abultado. Estaba embarazada. El hombre se acercaba y la abrazaba.

-Te amo Kaoru- le dijo. Esa voz…

-Yo también, ….-

Abrió los ojos, encontrándose con Kenshin. Sacudió su cabeza, confundida. Por un momento vio al hombre del sueño delante suyo y no a Kenshin.

-Te quedaste dormida-

-¿Cuánto… tiempo?- preguntó aún adormilada.

-Recién- le ofreció una mano para levantarse, que ella aceptó - Ya deberías ir a lavarte. Pronto será de noche y será hora de cenar-

-¡Oh, cierto!- exclamó Kaoru saliendo de su estado aletargado- Bueno, iré a asearme, Kenshin. Hoy voy a ir a tu cuarto en la noche, por si acaso- dijo a modo de aviso.

-No puedes, hoy voy a salir-

Kaoru bajó la mirada, desilusionada. No le agradaba la idea de que mate, la única manera de parar eso sería deteniendo esa guerra, lo que era imposible. Sólo podía estar ahí para él cuando la necesite.

-Bueno, pero estaré esperándote cuando regreses ¿Sí?- le sugirió volviendo a sonar animada - Tal vez resultes herido-

-Está bien-

-¿Te veo en la cena?-

-Sí, estaré ahí. Luego me iré-

-Entonces ve a descansar- lo empujó por la espalda hasta la salida de la sala de entrenamiento - Yo me quedaré ordenando aquí- agregó juntando sus manos para demostrar determinación.

-Si tú quieres- Kenshin la miró un momento - Gracias -

-De nada, ahora ve a descansar- respondió Kaoru dándose vuelta para ir a ordenar. Al escuchar los pasos de Kenshin alejándose, giró un momento su rostro para verlo. En el sueño, la voz del hombre era muy parecida a la de Kenshin. Se sonrojó tan sólo de pensar en eso: estar casada con Kenshin. Tal vez su cabeza creaba esas imágenes para confundirla.

Oculto entre unos arbustos, el hitokiri pelirrojo esperaba pacientemente que sus nuevos objetivos aparezcan. Según Lisuka, ambos caminaban por ahí en dirección a algún prostíbulo. Escuchó unos pasos, y por reflejo posicionó su mano sobre la empuñadura de su katana. Controló su respiración para que no lo delatara. Si alguien lo hubiera visto, diría que era igual que un gato cuando acechaba a alguna paloma. Quieto, aparentemente de piedra, pues nada lo perturbaba. Al igual que él, los hombres que se acercaban también eran muy sigilosos, el sonido casi sordo de sus pisadas. Eso era extraño, normalmente sus blancos caminan despreocupados por todos los guardaespaldas que los acompañan. Tal vez el hecho de que la eficacia de Battousai fuera tan famosa provocara que cualquiera tema caminar por la noche en Kyoto, incluso teniendo un gran número de guardaespaldas.

Esa situación lo estaba estresando, quería ver a esos hombres, acabar su misión y volver a la posada con Kaoru. Cuando los hombres aparecieron, Kenshin dejó de respirar por un momento. No eran hombres comunes, eran dos Shinsengumi; su uniforme celeste y las vendas blancas que estaban atadas a sus frentes los delataban. Lo peor es que no eran 2, era cerca de 5.

¿Acaso esa era una emboscada?¿Cómo ellos pudieron enterarse de que Battousai tenía una misión esa noche si se suponía que su existencia la sabía sólo el Ishin Shishi? Maldiciendo, salió de su escondite. No podía evitar esa pelea.

-¡Hey, es… !- exclamó uno que parecía ser el más joven. Los otros desenfundaron sus katanas. Al hacerlo, sólo vieron al que gritó caer muerto en el suelo, y a otro, más pequeño, quitar la katana del cuerpo muerto.

-¡Battousai!- gritaron, lanzándose al ataque. Kenshin sólo los miró fríamente, lanzándose al ataque. Uno de los Shinsengumi lanzó un ataque frontal, decidido a atravesar el tórax de Kenshin, pero el pelirrojo fue más rápido, evitó el ataque y atravesó con su espada el pecho del atacante. Otro lo atacó por la espalda, pero usó el cadáver que permanecía en su katana como escudo. La espada del Shinsengumi se quedó atorada en el cuerpo y Kenshin aprovechó el momento para atravesar el cuello del hombre. Ahora sólo quedaban dos. Ambos se lanzaron al ataque al mismo tiempo, pero cubriendo tanto la parte frontal como trasera de Kenshin. Él, al verse acorralado, detuvo el ataque del que estaba delante suyo, pero no pudo evitar el corte del que vino por detrás. Sintió como de un tajo le abrían la espalda. Ignorando el ardor de la herida, degolló al que tenía de un corte perfecto y luego cruzó espadas con el que había lastimado su espalda. El chico lo miraba con miedo, pues sabía que iba a morir. Kenshin, sin miramientos, arremetió contra la espada del hombre, haciendo que se partiera por la mitad, y mientras el pedazo del arma salía volando, clavándose en un árbol, Kenshin cortó desde el hombro del hombre hasta su estómago, provocando, al igual que a los demás, una muerte rápida.

-Maldita sea, vámonos ya, Himura- Kenshin se giró sorprendido, hasta ver a Lisuka correr hacia él -¡Los Shinsengumi ya se acercan!¡Vámonos!- volvió a insistir, corriendo hacia las escaleras que tenía delante suyo. Kenshin miró los cadáveres, cerró los ojos deseando que pudieran descansar en paz, y partió tras Lisuka.

-¿Cómo es que ellos aparecieron aquí?- preguntó Kenshin mientras corrían.

-No lo sé. Se supone que tenía que venir el hombre que decía en la carta más 2 guardaespaldas-

-¡Pero vinieron los Shinsen!-

-¡Ya lo sé, Himura!- Lisuka se giró a ver al hitokiri, y sus ojos quedaron como platos al ver la herida que el más pequeño tenía en su espalda. Aún sangraba - Himura, mañana tienes otro encargo ¿Podrás con esa herida?-

-Sí, esto no es nada-

Ambos redujeron la velocidad al divisar la posada de lejos. Lisuka miró nuevamente la herida de Kenshin.

-Voy a adelantarme. Avisaré que preparen agua tibia para curar esa herida-

-Gracias-

Así, Lisuka salió corriendo, aporreando fuertemente la puerta para que abrieran. La anciana Omake fue quien lo hizo.

-¡Pero que pasa, Lisuka!¡Todos están durmie…-

-Señora, Himura viene herido. Prepare lo que sea necesario y llévelo a su cuarto- ordenó Lisuka, regresando para ver como estaba el pelirrojo. Omake no dijo nada, sólo se apresuró en conseguir las vendas, el agua y paños limpios. Era la segunda vez que Himura regresaba con alguna herida después de la de su mejilla, aunque estaba vez la herida era mucho más considerable. Entró al cuarto que compartía a su cuarto y sustrajo todo lo que pudo encontrar de sus muebles para Himura. Una vez ahí, pensó que alguien debía ayudarlo a curar la herida, y sólo una persona se le vino a la mente.

Tras juntar todo en una cesta, se encontró con Himura en el pasillo, apoyándose en una pared, pues la herida le ardía demasiado, sin contar con el hecho de que tuvo que correr para huir de la escena.

-Hijo, ven acá- lo llamó la anciana- Deja que te ayude a caminar- Kenshin señaló la canasta que Omake tenía en sus manos. Ella subió las mangas de su kimono hasta el codo y sostuvo la canasta con una mano. Con la que estaba libre invitó all pelirrojo a ir con ella . Él no se quejó, dejando que la anciana lo tomara por la cintura para que el hiciera lo mismo con sus hombros. Así se apoyaría en alguien para caminar.

-Gracias- murmuró a la anciana. Ella le sonrió.

-Te dejaré en tu habitación y luego llamaré a Kaoru. Necesitarás ayuda con esa herida-

-No es necesario-

-Si que lo es, no creo que puedas hacerlo solo-

- No es eso, sino que…-

La señora Omake corrió el shoji de la habitación de Kenshin, sorprendiéndose de ver a Kaoru cosiendo.

-...Kaoru ya está ahí- completó Kenshin. Ante su voz, Kaoru se giró con una sonrisa que se borró al ver a Kenshin siendo sostenido por la anciana. Se paró de un salto, caminando torpemente al no poder acomodarse el kimono.

-¿Qué pasó?- preguntó preocupada, estirando sus brazos para recibir a Kenshin.

-Sufrió un ataque- respondió la señora Omake soltando a Kenshin- No toques su espalda, es ahí donde está la herida- ante la advertencia, Kaoru dejó quietas sus manos y sólo dejó que Kenshin cayera en sus brazos. Ella retrocedió con Kenshin aún en brazos. Por suerte tenía preparado un futón para Kenshin, así que jaló el futón y guió a Kenshin para que se acueste boca abajo. Una vez echado en el futón, Kaoru recibió la canasta de Omake.

-Ya vuelvo, voy por el agua- dijo la anciana, dejando a Kaoru y Kenshin solos. Ella empezó a ordenar los objetos a un lado, observando al herida de vez en cuando. Terminado eso, miró a Kenshin.

-Kenshin, te voy a quitar el haori y el gi*, para eso necesito que estires tus brazos hacia atrás-

Kenshin hizo como Kaoru dijo, suspirando entrecortadamente por el ardor de la herida. Kaoru jaló las ropas hasta que la espalda de Kenshin quedó descubierta. Al ver la herida, se llevó las manos hacia la boca, reprimiendo un grito.

-No te preocupes- le dijo Kenshin al notar la reacción de Kaoru - Algo así siempre debe pasar-

-Pero ¿Y si morías?-

-Es imposible que un corte superficial como este me mate-

-Kenshin…-

-Aquí está el agua tibia, Kaoru- interrumpió la señora Omake, entrando con un jarrón lleno de agua- Está tibia-

-Gracias-

Kaoru tomó uno de los paños, lo sumergió en el agua, luego exprimió y lo usó para limpiar la herida de Kenshin. Él sólo fruncía el ceño ante el contacto del agua con su piel. Kaoru trataba de ser lo más cuidadosa posible.

-Por favor dime que mañana no tienes que salir otra vez- el silencio de Kenshin fue respuesta suficiente para ella- Tu herida puede abrirse, Kenshin, y no pienso ayudarte si eso pasa-

-Kaoru, no es algo que dependa de mí-

-¿Entonces, de quién?-

-Sólo recibo órdenes-

-Órdenes, órdenes- masculló Kaoru evidentemente molesta. Repitió el proceso anterior con un paño limpio- Hablas como si no tuvieras opción-

-No puedo negarme-

-Por favor Kenshin- exclamó Kaoru exprimiendo el paño con mayor fuerza- Claro que sí puedes. No eres un títere que ellos mueven a su voluntad, tú eres un ser humano, como ellos, que siente y no siempre está en su máxima capacidad. No pueden obligarte a ir a pelear en este estado- retiró el paño ensangrentado de la espalda del hitokiri, reemplazándolo por uno nuevo- Tú puedes decidir, Kenshin-

Kenshin no dijo nada, pues no dejaba de pensar en lo que acababa de escuchar. Estaba seguro que Katsura nunca le impondría algo sin preguntarle antes, pero él siempre había pensado que, como hitokiri, como un asesino, sólo tenía que escuchar y realizar cada misión. Nunca pensó en si mismo.

-Lo intentaré-

-¿Qué?-

-Intentaré no ir mañana- le dijo Kenshin- No puedo prometerte que no lo haré. Cada muerte que provoco es importante, Kaoru- Kaoru reconoció el pesar en la voz de Kenshin al decir eso- Yo elegí este camino, y tengo que seguirlo-

Kaoru no pudo rebatir a eso, así que aceptó lo que Kenshin dijo.

-Bien, pero… por favor, cuídate, no quiero tener que hacer esto repetidas veces-

-Lo haré-

Lisuka miraba seriamente al jefe de los Ishin Shishi de Choushou, Katsura Kotaro. La noticia que le había dado provocó que el rostro amable del jefe de la facción Choushou cambiara a uno atónito.

-Señor, le repito: tenemos un espía entre nosotros-

Para sus adentros, decir eso lo llenó de emoción. Katsura seguía pensando, notándose la preocupación en su rostro.

-Es por la emboscada que sufrió Battousai hoy ¿No?-

-Y no es la primera vez, señor ¿Recuerda la noche en la que Battousai trajo a Kaoru a la posada? Pues esa misma noche, Battousai fue emboscado al salir de un bar-

-Sí, me lo comentaste-

-Fue un descuido no pensar en esa posibilidad desde ese ataque-

-Tenemos que avisarle a Himura de esto. No podemos dejarle sin aviso sobre un espía sin nombre-

Lisuka sonrió.

-De hecho, tiene nombre-

Katsura entreabrió sus labios de la sorpresa.

-¿Quién es, Lisuka?-

-¿Quién es la última persona que ha llegado a la posada?- Katsura cerró los ojos, pensando en eso. Al evocar el rostro de esa persona, miró con preocupación a Lisuka - Señor, la noche en que ella llegó, Battousai sufrió una emboscada. Ahora, otra ¿No es mucha coincidencia?¿Espera que suceda una tercera vez para comprobarlo?- ante el silencio de Katsura, Lisuka siguió- Recopilé un poco de información. Su padre era Koujiro Kamiya, un guardaespaldas de Shigekura Jubei, blanco de Battousai.-

-Ella no tiene manera de saber eso-

-Una mujer herida volcaría su culpa en cualquiera-

-No es posible que ella filtrara información, si tú mismo me dijiste que no salía sola del dojo-

-Lamento decirle que ese fue un error mío. No es necesario salir para mantener informados a sus secuaces-

-¿Entonces, cómo?-

-Señor, ellos pueden ser muy creativos. Además ¿No es extraño que desde que Kaoru llegó la primera persona con la que buscó contacto fue con Battousai? Es obvio que a él, maravillado por esa mujer, se le escapara una que otra palabra de más sobre sus misiones-

Katsura tenía la mirada perdida. Kaoru, la funda que quería para Himura, resultaba ser una traidora. Las pruebas que Lisuka daba no lo convencían del todo, pero no quitaba que fueran importantes y que no podía, ni debía ignorarlas. Frunció el ceño, lamentando todo lo que estaba sucediendo.

-¿Qué hago, señor?-

Ya sentía la orden de "Deténla" cerca. Ya podía verse con Kaoru en el futón.

-Lisuka…-

-¿Sí?-

-Mañana, cuando Himura salga en la noche...-

Dilo ya, sólo dilo.

Katsura suspiró cansado. Battousai no dejaría que tocaran a Kaoru.

-...cuando Battousai se vaya, tienes mi autorización para detener a Kaoru y llevarla a la sala de interrogatorios.-

Lisuka asintió, ocultando una sonrisa macabra, que reflejaba sus deseos más profundos. Al fin, algo le salía bien.

(Editado)

Me disculpo por el retraso en subir el capítulo, es que he estado realmente ocupada y, bueno, desde agosto hasta diciembre he estado yendo y viniendo por distintos proyectos que se me encargaron y no tenía cabeza para nada. Aunque si me ayudó a pensar mejor en como continuar la historia, pues la idea original para este capítulo dista MUCHOOO de la idea original. Creo que valió la pena, la historia (a mi parecer) es más interesante de esta manera.

Gracias por los reviews!

Serena tsukino chiba: Gracias por el review y me parece genial que la historia te guste :D lizuka tendrá su merecido, pero no ahora. Por el momento será el obsesionado que cree que todo le saldrá bien, pero no sabe que lo que planea le saldrá al reves. Feliz navidad y año nuevo atrasado y te devuelvo el abrazo de oso! Bendiciones para este nuevo año!

DULCECITO311: Que tal! Bueno, creo que el principal obstáculo que tenía la relación entre Kenshin y Tomoe eran esos secretos y el rencor que ella le podía guardar por asesinar a Kiyosato; no se si se notará, pero son justos esos obstáculos los que quiero corregir en esta historia. Gracias por el review y las buenas vibras, trataré actualizar lo más rápido posible, porque las ideas están en mi cabeza, sólo falta ordenarlas en un texto xD feliz año nuevo y navidad atrasados! Éxitos en este nuevo año!

Ceres Ryu: Maravillosa historia? Me sonrojas! No la considero así, pero de verdad me alegra que tú pienses así. Muchas gracias por tu review :D trataré de mejor el ritmo de actualización ahora que estoy más libre. Feliz año nuevo y navidad atrasados! Que todo te resulte sumamente bien este año!

Atarashii Hajimari: De verdad?! :0 es la maldición de los fanfics: están tan buenos que cuando llegas al último capítulo ya estás sufriendo por una actualización XD Lizuka pronto dejará de ser el tercero en discordia, porque él solito cavará su tumba... sobre Kaoru, en este fanfic quiero que ella deje de depender de Kenshin como en el manga; se supone que ella es una kendoka y es muy hábil con la espada, pero termina siendo reducida a una dama en peligro, cuando tiene mucho más potencial para pelear (incluso, para Watsuki, Yahiko es más fuerte que ella siendo un chiquillo!) y bueno ¿Por qué no aprovechar al pelirrojo para que le enseñe? jejeje. El ex prometido de Kaoru aún no tiene como aparecer, pero lo hará cuando menos se lo esperen (tal vez como alguien que llegue a malograr la felicidad, como Lizuka...) Gracias por el review y no te preocupes que subiré más seguido los capítulos para que la intriga no te carcoma. Feliz fiestas y éxitos para este año!

También felices fiestas para todos los que leen este fanfic! Gracias por los follows y favs! Feliz 2019 para todos!