10

Ciudad Plateada

El sol se estaba poniendo cuando finalmente Rojo y Azul se encontraron frente a un enorme cartel que daba la bienvenida a Ciudad Plateada, a lo lejos se extendían un puñado de casas y algunos establecimientos. El lugar no les pareció nada impresionante, apenas y lo notaban poco más grande que Ciudad Verde, sitio que a su vez no hacía mucha diferencia con su viejo Pueblo Paleta.

—Soy solo yo, o estas "ciudades" parecen más pequeñas que un pueblo promedio —rumió Rojo fastidiado.

—Creo que apenas y son aldeas —concordó su amiga.

Ambos estaban cansados y fastidiados. Pese al baño que se dieron juntos en la mañana en el bosque Verde, nuevamente se encontraban sucios, adoloridos de la espalda y con las plantas de los pies ardiéndoles por la intensa caminata. Salvo por Bulbasaur y Charmander, el resto de sus pokémons descansaban en sus pokéballs tras el largo viaje, que se vio interrumpido constantemente por la aparición de aquellos molestos caza bichos. Si algo bueno salió de eso, fue el dinero que lograron juntar de todos ellos tras vencerles en combates no muy éticos, por ello les permitieron a sus pokémons descansar, ellos eran quienes debían estar más agotados tras tantas peleas. A pesar del estado en que se sentía la pareja de entrenadores, optaron con que lo mejor sería darles prioridad a sus amigos e ir al centro Pokémon.

A pesar del agotamiento de los pokémons iniciales de los chicos, estos se hacían los importantes tratando de encabezar la marcha; nuevamente sus entrenadores sacaron sus pokéballs y las proyectaron contra ellos, sólo para que intuyendo lo que tramaban, ambos pokémons se volvieran hacia ellos mirándolos con disgusto.

—¡Por favor! —exclamó Azul tan malhumorada como preocupada por ellos—. Déjense de hacerse los fuertes. Se ve que apenas y pueden mantenerse en pie. No les hará mal descansar un poco aquí adentro.

Bulbasaur se acercó a la niña y le gruñó, después frotó su hocico contra su pierna. La niña suspiró agradecida por el gesto, intentando a la vez de ignorar que fue lo último que su pokémon había comido para no vomitar. Rojo miró con frustración a Charmander, éste le regresó la mirada y no parecía tan molesto, por el contrario sonreía mostrándole los dientes. Por supuesto que él no buscaría un mimo. Ambos chicos entendieron que a su manera, sus pokémons buscaban demostrar fortaleza por ellos. Sí, incluso quizá Charmander daba la cara por el chico pese a su actitud con el mismo.

Finalmente estaban a las puertas del centro Pokémon. Tras ingresar y entregar sus pokéballs, así también darles la indicación a sus iniciales que siguieran a la enfermera encargada sin hacerle daño (algo que recalcó Rojo con severidad a Charmander), ésta les señaló la sala de espera.

—Sus pokémons estarán repuestos en breve tiempo, primero terminaré con otros pacientes que llegaron primero. Pueden tomar asiento en lo que terminamos de atenderlos. Lamento que tengan que esperar.

Los sillones parecían acolchonados. El lugar tenía el aire acondicionado en un nivel agradable, en la esquina había un dispensador de agua con regulador de temperatura, enfrente estaban las entradas hacia los baños. Con el desagradable sabor del agua lodosa del lago en sus bocas, cierta incomodidad e irritación en zonas privadas, así como los huesos crujiéndoles entre sus adoloridos músculos, ambos le agradecieron su atención a la encargada confiándole que podía tardarse todo lo que quisiera en atender a sus pokémons, no llevaban en realidad ninguna prisa.

—Por nosotros está bien si necesita tomarse toda la noche —mencionó Rojo imaginando lo bien que sería dormir en aquellos sillones—. Seremos muy pacientes, ¿verdad, Azul?

Ella estaba de espaldas bebiendo agua del dispensador con la boca pegada a este. Rojo no podía culparla, quería que su amiga terminara pronto para poder hacer lo mismo. La chica levantó su pulgar en señal de conformidad tras escucharlo y mostrándole que le prestaba atención. Rojo volvió su atención hacia la encargada.

—Usted me parece un poco familiar —demasiado en realidad—. ¿No es usted la doctora encargada del centro Pokémon de Ciudad Verde?

—No, chico. Esa es mi prima hermana. Además, soy la enfermera encargada.

Más que parecida, la mujer en realidad lucía idéntica a la mencionada. El chico ladeó la cabeza desinteresándose pronto en el tema.

Minutos después, cuando la pareja salía del baño correspondiente sintiendo un gran alivio, se dirigieron hacia los cómodos sillones de la sala de espera. Dado que no había nadie más aparte de ellos, colocaron sus mochilas en medio del sillón más largo y las usaron a modo de almohadas para descansar un poco recostándose juntos a cada lado dándose la espalda dejando sus pies al aire.

—¿Y ahora qué sigue? —preguntó Azul comenzando a adormilarse.

—Francamente no lo sé. Por ahora sólo quiero descansar.

—Sí, igual yo. ¿Te importaría que nos quedemos un tiempo aquí?

—¿En el centro Pokémon?

—Me refiero a la ciudad en general. No llevamos ninguna prisa, además no tengo tantas ganas de alejarme de la civilización tan pronto de nuevo.

—Opino lo mismo. ¿Sabes si hay algo interesante en este sitio?

—No mucho. Hay un museo y también está uno de los gimnasios Pokémon de los que te conté. Como te lo dije antes, seguro obtendríamos más dinero si vencemos al líder.

El chico no estaba del todo seguro aún de entender los conceptos de gimnasio o líder. Salvo por el dinero que podrían conseguir si se las arreglaban para derrotarlo, no veía más utilidad que esa en aquellos establecimientos.

—Si no te importa, me gustaría conocer ese museo que mencionaste.

—Eres un nerd.

—Sí, lo sé.

Ambos cerraron sus ojos dispuestos a dormir.

—¡Oigan! —los llamó la enfermera sobresaltándolos—. Sus pokémons están listos y reestablecidos. Por favor, les pediré que los tomen y se retiren ya.

—¿No dijo que tardaría porque tenía mucho trabajo? —reclamó Azul.

—Y lo tenía, pero en realidad curar a los pokémons es rápido.

Rojo hizo el intento.

—¿No nos dejaría pasar la noche aquí?

—No es un hotel, joven. Por favor, márchense.

—¿Sabe dónde podemos encontrar un hotel?

—Por supuesto, en la región Kalos. Por favor, no me hagan llamar a seguridad.

Con fastidio, la pareja no le quedó de otra más que tomar sus cosas y dirigirse hacia la puerta, la cual se abrió para dejar entrar a un chico que entre sus brazos llevaba lo que parecía una peluda pelota rosa con orejas.

—¡Muy bien, todos al suelo! ¡Esto es un asalto!

Azul impresionada, tomó la mano de Rojo. El chiquillo miró consternado la escena, así como a las pocas personas que estaban en el centro Pokémon. La enfermera levantó las manos por inercia.

—¡Por favor no se lleve los pokémons!

—¿Qué dijo? ¡Tírese al suelo! ¡Tengo un Jigglypuff y pienso usarlo!

Rojo ya decía que algo estaba fallando en la escena para que se le pudiera considerar un verdadero asalto. Bajó las manos como su amiga, quien le hizo un asentimiento a Bulbasaur para que junto con Charmander se encargaran de la situación.

—¡Oye, tú! —lo retó la niña— ¿Es que no te da vergüenza usar a tus pokémons para aprovecharte de la gente?

Rojo sintió un extraño zumbido en su cabeza por las palabras de su amiga, el bandido ni siquiera pareció escucharla.

—¿Qué? ¡Ustedes entréguenme sus cosas!

—Lo que te daremos será una lección —respondió Rojo con convicción.

—¿Qué dijiste? ¡Oye, aleja a tus pokémons!

Bulbasaur y Charmander se acercaron gruñendo. Al ver que iba a tener ciertos obstáculos, el presunto asaltante retrocedió unos pasos y le dio con los brazos la vuelta al Pokémon que llevaba abrazado. Los presentes quedaron enternecidos, pues lejos de resultar intimidante, ese Pokémon de adorables facciones estaba lejos de parecer amenazante.

—¿Es en serio? —se burló Rojo mientras Azul miraba un tanto embobada al Jigglypuff— ¿Y que se supone que vas a hacer con eso? ¡Darnos diabetes!

—¿Qué? Lo que sea. ¡Jigglypuff, canta!

El Pokémon rosa abrió su hocico y un chillido suave y fino inundó el establecimiento. Rojo tenía que admitirlo, la tonada de su voz era muy agradable. Bostezó pues el sueño lo invadió. Su Pokémon y el de Azul de pronto cayeron al suelo, esto lo extrañó. Se sentía tan cansado. Estaba por acercarse a ellos para saber qué les había pasado, cuando de pronto un golpe seco ligeramente lo perturbó seguido de un golpe. Detrás de él, Azul se había desmayado sujetando su pierna. La melodía que musitaba el Pokémon rosado era relajante. Rojo ligeramente preocupado, trató de mover a su amiga logrando que se soltara, iba a ver cómo se encontraba, cuando el cansancio lo venció y cayó encima de ella.

En el mostrador del centro Pokémon, la enfermera estaba apoyada roncando ruidosamente, como el resto de los presentes. Jigglypuff no dejaba de cantar. El asaltante cabeceó ligeramente, pero consiguió a tiempo acomodar mejor los tapones insonorizantes especiales en sus oídos. No perdió tiempo y comenzó a hurgar en los bolsillos de todos para hurtar su dinero. Lo mejor sería apresurarse antes que la policía llegara. Se sentía ruin haciendo eso, pero la idea de usar a los pokémons para aprovecharse de las personas le surgió por un rumor del bosque Verde, sobre una pareja de entrenadores que haciendo trampas habían vaciado los bolsillos de muchos cazabichos en combates más que injustos. Miró al chico que le hizo frente y a la chica. La posición en que terminaron resultaba bastante divertida para pasarla por alto. Sacó su celular y tomó una foto rápida divertido de aquello. Tras terminar su fechoría sacó un plumón. Su Jigglypuff estaba terminando de cantar.


Al día siguiente la policía llegó a realizar la investigación en el centro Pokémon un tanto consternados por lo que sucedió.

—¿Habrá sido obra de algún miembro del equipo Rocket?

—No lo creo —opino otro oficial—. Se hubiera llevado a los pokémons también.

—¿Ya vieron a esos dos? Que estos niños están cada vez más precoces.

—Esta juventud tan descarriada.

—Y es por eso que un padre responsable no dejaría que su hijo se marchara a un viaje Pokémon.

—¡Ustedes, desvergonzados! ¡Que ya es de día!

Azul bizqueó amodorrada sintiendo un peso adicional en su espalda. Al girar un poco su cabeza, encontró a su amigo en una posición comprometedora encima de ella abrazándola por la cintura. ¿En qué momento su falda se le había levantado?

—¡Qué demonios crees que estás haciéndome!

Rojo amodorrado apretó más los muslos de Azul pensando que se trataba de la cómoda almohada de su habitación, pero tan pronto se dio cuenta de lo que sucedía se separó de ella.

—¡Lo siento, no quería…!

No completó la frase. Furiosa, la chica le pateó la entrepierna.

—Eso es para tu amigo vuelva a dormirse, ¡cochino!

Bulbasaur gruñó por la escena, mientras que los jadeos de Charmander indicaban que a su modo estaba destornillándose de la risa.

Sin embargo, después que Azul estuviera un poco más repuesta y aunque Rojo no tanto, notaron algo más fuera de lugar, o mejor dicho la falta de esto. ¿Dónde estaban sus mochilas?

—¡Nuestras cosas desaparecieron, Rojo!

—¡Seguramente el tipo del pokémon rosa se llevó todo!

Miraron a la policía quienes se encogieron de hombros. Uno de los oficiales se les acercó.

—¿Pero tienen a sus Pokémon todavía? —ambos asintieron a la vez tras comprobar que cargaban sus pokéballs—. Entonces no es tan grave.

—¿Cómo es que puede decir eso? —Azul estaba indignada— ¡Se llevaron nuestras cosas! ¡No creen que eso es importante!

—Los ladrones normalmente se roban pokémons, como el equipo Rocket. Ellos siempre salen en las noticias y nos dan problemas por eso. No es nada importante si éste era un simple ladrón ordinario.

Rojo no podía creer lo que escuchaba.

—Déjenme ver si entendí. Como no nos robaron los pokémons, ustedes no van a hacer absolutamente nada.

—Pues… tal vez si se hubiera llevado un Pokémon ajeno conseguiríamos una pista. ¿Estás seguro que no les robó siquiera uno?

Ni siquiera Azul podía creer que resultaran tan inútiles.

—¡Un robo sigue siendo un robo si te quitan las cosas! ¡Una injusticia es una injusticia! ¡Ustedes son la justicia! ¡Por tanto deberían castigar a quienes sean injustos, incluso si lo que le arrebataron a alguien fue su dinero y..! —interrumpe su regaño y comprueba sacando de entre su blusa y su falda dos billeteras, sintiéndose al menos un poco más aliviada—. Oh, bueno. Es una suerte que al menos tengamos nuestro dinero todavía. Ya es algo, ¿no crees, Rojo?

El chico aunque quería sentirse aliviado, en realidad estaba algo confundido.

—¿Por qué tenías mi billetera?

—Para cuidártela, torpe —regresa iracunda a encarar a la policía—. ¡Es su deber perseguir a los extraños que se aprovechan de los demás y hacerles pagar sus delitos!

Los policías parecían algo afectados por las palabras de la niña. Dándole la espalda a los chicos, el capitán se volvió a sus compañeros sintiendo un cierto cambio en sus convicciones.

—Saben, es verdad. Nos hemos concentrado tanto en proteger a los Pokémon, que hemos descuidado a la gente. Tal vez sea hora de que comencemos a expandir nuestra ayuda, en lugar de enfocarnos tanto en los pokémons y generalizar más nuestras prioridades.

Otro policía pensativo asintió.

—Es verdad, especialmente ahora que tenemos a un ladrón que sólo Arceus sabrá por qué le dio por robar las posesiones de los demás usando las habilidades de sus pokémons de forma injusta y convenenciera.

—Es verdad —opinó otro—. Es como el grupo de incidentes que todos esos cazabichos han estado reportándonos desde el bosque verde, sobre esa pareja de entrenadores que usa de forma incorrecta a sus pokémons en combates poco éticos, rompiendo las reglas sólo porque pueden y los dejaron secos de fondos.

—Ahí lo tienen —concluyó el capitán—. Comencemos en un principio con eso. Tal vez eso esté relacionado. Será más fácil atrapar a esa pareja de delincuentes si de verdad son entrenadores y de ahí seguir con los demás. Es un buen inicio. Empezaremos por detener a todos lo que lleguen del bosque Verde para interrogarlos —sí, era un buen modo de volver a ser policías de verdad—. Por cierto, chicos, ¿ustedes de dónde…?

Cuando se volvió, los dos chicos habían desaparecido con todo y sus pokémons.


La pareja se detuvo detrás del museo de la tienda principal de la ciudad para recuperar el aliento tras haber corrido tanto. Rojo se cercioró que no hubiera moros en la costa antes de darle el visto bueno a su amiga para que se relajara. Nerviosos, se pusieron de acuerdo que a la primera aparición de un oficial, pondrían los pies en polvorosa.

—Esto es relativamente reciente —opinó el chico—. Tal vez ni siquiera les dé todavía de poner una alerta sobre nosotros y quizá primero se topen con el tipo que nos quitó nuestras cosas.

—Sí, eso espero. ¿Aún quieres ir al museo?

—Sólo quería ver los fósiles que tenían, o las maquetas del primer alunizaje, pero creo que puedo sobrevivir sin conocerlos. Consigamos provisiones y vámonos de esta ciudad.

—Estoy de acuerdo, pero aunque les sacamos mucho a esos perdedores en el bosque, tampoco tenemos el suficiente dinero para recuperar lo que perdimos.

Su amigo pensativo se rascó la cabeza.

—¿No habías dicho que podríamos sacar dinero de los gimnasios Pokémon?

Entendiendo hacia donde iba, Azul proyectó su pokéball principal a un lado y Rojo la imitó. Iracundos, Charmander y Bulbasaur les rumiaron a ambos.

—Pues lo lamento —les explicó Azul disgustada—. Pero era llevárnoslos así o abandonarlos. No podíamos esperarlos a su paso para que la policía terminara de atar los cabos de lo que hicimos en el bosque Verde.

Eso no pareció valerles de mucho a ambos Pokémon. Bulbasaur con su liana golpeó el trasero de Rojo y Charmander estaba por expeler su fuego hacia Azul, cuando Rojo lo detuvo.

–¡Ni se te ocurra! Además ustedes dos mejor ahorren sus energías. Las necesitarán cuando enfrentemos al líder de gimnasio de esta ciudad.

Todo lo que entendieron fue la palabra "enfrentamiento", motivo por el que interesados, ambos cesaron sus ataques.

—Perfecto. Entonces vamos, Azul. Cuando enfrentemos al líder…

—Cuando enfrentes al líder —masculló con molestia—. Sólo los verdaderos entrenadores Pokémon pueden retarlo. Para comprobar que eres un entrenador, necesitas una identificación que en este caso, mi abuelo te dio a ti, pero no a mí.

Rojo estaba por decirle que no recordaba que el viejo le diera nada más aparte de Charmander y de…

—¿El pokedéx?

—Sí, precisamente. El líder del gimnasio querrá ver dos pokedéx para aceptar pelear contra los dos.

—Lo siento, me hubiera gustado que peleáramos juntos. Nos ha ido bien haciéndolo así hasta ahora —de verdad parecía lamentarlo. A Azul le costaba admitir que su actitud la enternecía—. ¿Crees que tengo alguna oportunidad contra el líder del gimnasio?

—No lo sé. Tú tampoco lo haces tan mal para ser algo torpe —dado que se lo dijo con una sonrisa, Rojo fuera de sentirse ofendido, lo tomó como un halago—. Supongo que vamos a tener que averiguarlo. Vamos pronto, antes de que la policía ponga de sobre aviso al gimnasio de la ciudad.

Iban caminando, cuando un chico les salió al paso.

—¡Oigan! Hay unos fósiles geniales en el museo. Hay que pagar para entrar, pero vale la pena ir a verlos, ¿quieren ir?

La pareja se miró entre sí confundida. Azul lo pasó de largo ignorándolo.

—¿Y a ese le pagan por publicitar el museo o qué cosa?

—Yo creo.

En el camino, cruzaron un jardín donde un sujeto estaba vaciando al aire un spray de lata que incomodó a los pokémons de los chicos, por lo que se pegaron más a las piernas de sus entrenadores palpándose sus hocicos y fosas nasales. El sujeto se disculpó.

—Lo siento, jóvenes. ¿Quieren saber lo que estoy haciendo?

—En realidad, no. —Le contestó Azul secamente.

—Hecho repelente para mantener alejados a los Pokémon salvajes.

—Gracias por decirnos —Contestó Rojo con sarcasmo—. Ahora podremos dormir tranquilos.

Se sintió un tanto culpable por haber sido tan grosero, aunque si algo bueno salió de eso, es que hizo sonreír a Azul quien lo miró de manera provocativa, provocándole sentir algo curioso en el estómago. Sin embargo, el tipo no dejó las cosas ahí, ahora miraba con curiosidad los Pokémon iniciales que llevaban.

—¿Ustedes son entrenadores Pokémon? ¿Piensan retar a Brock, el líder de gimnasio?

Aunque hubieran preferido seguir ignorándolo, ambos se detuvieron interesados por escucharlo ahora.

—Sí, ese es nuestro plan.

—Pues les voy diciendo que ese Charmander no valdrá nada contra los pokémons de Brock.

El reptil naranja gruñó molesto, Rojo lo contuvo apoyando su mano sobre su cabeza.

—¿Por qué dice eso?

—Los pokémons de Brock son del tipo piedra. El fuego no les hace ni un rasguño. Mejor usa al Bulbasaur, el tipo planta es efectivo contra todos los del tipo roca, especialmente con sus hojas navajas y el látigo cepa, aunque no es lo único que podría derrotar a los del líder. ¿Qué más tienen?

Aunque algo dudoso, Rojo terminó hablándose de su rattata y su nidoran, aunque Azul no podría pelear, también le contó que tenía otro nidoran junto con un pidgey.

—Usen a sus nidorans —reflexionó el hombre—. Eso si ya saben usar sus patadas dobles, son muy efectivas también contra cualquier tipo roca. Solo no usen al charmander y al pidgey. Contra los pokémons de Brock, esos pokémons son tan inútiles como un pikachu recargado.

—Bien, gracias. Lo tomaremos en cuenta —ahora sí que se sentía culpable por haber sido tan grosero con él como Azul lo hubiera sido—. ¿Puedo preguntarle por qué nos ayuda?

—Por que una de mis metas que no pude cumplir en la vida fue el ser un entrenador Pokémon, así que los pocos conocimientos que tengo, me gusta compartirlos con los novatos. Tal vez luego me de una vuelta y vaya a ver qué tal les fue en la pelea.

—Pues, muchas gracias. —Se despidió la chica no muy convencida de lo que acababa de suceder.

Ya de vuelta a su camino, la pareja meditó al respecto.

—Es una pena que no puedas participar, Azul. Tienes doble ventaja tanto con nidoran como con Bulbasaur.

—Te lo presto.

Tanto Rojo como los Pokémon la miraron, no parecía ser el comienzo de sus típicos sarcasmos.

—¿Cómo que me lo prestas?

—Bueno, no sé cuántos pokémons Brock utilice. Es mejor que tengas todas las ventajas posibles por el bien de los dos —se inclina hacia a Bulbasaur frotándole la cabeza—. ¿Qué me dices, amigo? ¿Podrías obedecer las órdenes de Rojo sólo por una pelea? Te lo compensaría después de algún modo.

Bulbasaur suspiró. Azul le entregó su pokéball a Rojo quien estaba impresionado y conmovido.

—¿De verdad me confiarás a tu Pokémon?

—Tú ya me confiaste tu cartera, es lo menos que puedo hacer.

—Sí, sobre eso, no recuerdo haber…

Interrumpiéndolos, Charmander gruñó disgustado. Nada contento que estuviesen decidiendo dejarlo de lado en aquél combate.

—También a ti te lo compensaremos, ¿satisfecho?

No parecía estarlo, pero al menos dejó de quejarse.


Finalmente estaban frente al edificio que se anunciaba así mismo como el gimnasio de Ciudad Verde, cuyo liderazgo estaba a cargo de Brock, un entrenador de pokémons tipo roca.

El sitio tan amplio intimidó a ambos por igual. La niña le dio la mano a su amigo durante el trayecto a la puerta para darle ánimos. En la entrada encontraron algo que terminó llamando su atención con cierto desaire, se trataba de una lista de los entrenadores que habían enfrentado al líder y vencido, siendo el último de estos quien los impresionó.

—Parece que a tu hermano le fue bien enfrentándose al tal Brock.

—Sí, quien lo diría. Pensaba que quizá Verde estaba atrapado aún en el bosque. No imaginé que nos llevara la ventaja.

El recepcionista apareció jovialmente dirigiéndose directamente hacia la pareja ajustándose los anteojos.

—¡Hola, futuras promesas! ¿Vienen a retar al líder Brock? Por favor, muéstrenme sus pokedéx y anoten sus nombres aquí si esas son sus intenciones.

Rojo le entregó el aparato mientras llenaba el formulario. El recepcionista parecía disfrutar de su trabajo.

—¿Ustedes saben qué es lo que el líder tiene más duro que una roca? —el chico por la impresión casi rompe el formulario con la pluma. Sorprendida, también Azul miró con miedo al sujeto temiendo la respuesta—. Su determinación, naturalmente.

Los dos chicos suspiraron ante el pésimo chiste. El hombrecillo los condujo hasta la arena de combate, donde los dejó mientras iba a buscar al líder de gimnasio para avisarle. Rojo miró las gradas que rodeaban el recinto, así como el espacio que usarían para pelear. Dos chicos estaban haciendo que sus pokémons: un sandlash y un geodude, se pelearan dándose golpes leves.

—Sabes, Azul. Cuando dijiste que esto era un gimnasio, me imaginé un montón de aparatos de ejercicio donde los entrenadores y sus pokémons estarían ejercitándose juntos.

La niña bostezó dirigiéndose hacia las gradas.

—No sabes nada, Rojo Cátsup.

—¿Es que piensas enfrentarte a Brock? —exclamó uno de los otros chicos interesado en el retador—. El líder es muy bueno, por lo que siento decírtelo, estás a años luz de vencerlo.

—Hmm… ¿sabes que los años luz miden distancia y no tiempo?

El chico perplejo volteó hacia su compañero quien asintió con desgano, después a Azul que repitió la acción confirmándole aquello. Tosiendo con indiferencia, trató de zafarse del tema.

—Por supuesto que lo sabía.

—¿En serio? Entonces qué sentido tenía que lo dijeras.

Salió del aprieto cuando las luces se apagaron y los reflectores inundaron el lugar. Ambos chicos se apresuraron a retirarse enseguida a otro espacio de las gradas para ver el encuentro. Rojo se mantuvo en su sitio, mientras que del otro extremo apareció un chico no mayor de dieciséis años moreno, con el cabello en punta y el torso desnudo. Era alto y su musculatura se evidenciaba. Su expresión se mantenía bastante seria y solemne.

—¿Tú eres Rojo? ¿Eres quien ha venido a retarme?

—¿Tú eres Brock?

—Así es. ¿Es que esperabas a alguien distinto? ¿No soy lo que imaginabas?

—Pues… creí que serías un adulto.

—Prácticamente lo soy, no sólo físicamente. Mi madurez, mi perseverancia mi… —al voltear a las gradas ve a Azul, por lo que olvidándose de Rojo caminó hacia ella. La chiquilla se incomodó por la extraña expresión lasciva que de pronto adoptó—. Vaya, es poco común ver a bellezas como tú en este lugar.

Rojo gruñó molesto, pero para su suerte, su amiga no parecía impresionada por el líder.

—Sí, imagino que este lugar sabe funcionar como repelente de chicas.

—Y aun así viniste a verme, preciosa.

—Vine a verlo a él.

—Eres una muy buena hermana mayor. Tal vez lo deje jugar más tarde por ahí mientras aquí los adultos nos conocemos mejor.

—Tengo doce años, tarado.

—Está bien, yo también soy menor, por lo que no es ilegal.

Azul estaba por abofetearlo, cuando una pequeña piedra le dio de lleno en la cabeza a Brock por la espalda. Molesto, se dio la vuelta.

—¿Qué acabas de hacer, niño?

—Recordarte que vamos a tener un combate pokémon, así que deja de molestar a mi amiga y préstame atención.

—Bien, entonces acabemos esto rápido para conocer mejor a tu chica. ¿Qué dices? El dinero y la medalla por una cita con ella.

—¡Vete al diablo! —gritaron ambos a la vez, pero lo único que consiguieron fue hacerlo reír.

—Como sea, sólo esperemos al resto de los espectadores.

—¿Es que esperas que alguien más venga a vernos?

Un grupo de diez niños y niñas de distintas edades menores que Brock, pero muy parecidos a él, aparecieron de pronto apelotonándose cinco a cada lado de una sorprendida Azul.

—¿Y tu quién eres? —preguntó uno de ellos mirándola.

—Su futura tía —le contestó Brock antes de regresar su atención a Rojo—. Mis hermanitos. ¿Qué opinas?

—Que no tienes nada que envidiarle a Lincoln Loud.

Ni siquiera pareció escucharlo, de nuevo se interesó más en su amiga.

—¡Oye, preciosa!

—¿Qué? —Azul ya estaba fastidiándose de él.

—¿Te han contado que es lo que tengo tan duro como una roca?

—Ya me contaron esa tontería. Es tu determinación.

—Entre otras cosas.

—¿Sabes que tus hermanitos pueden oírte?

Uno de los niños parecía confundido.

—Creí que iba decir que se tratada de su p*n*.

Avergonzado y entendiendo a lo que se refería, Brock decidió concentrarse en el chico finalmente.

—Bien, ahora si empecemos. Será una batalla de tres contra tres. Así que yo elijo a… ¡Geodude!

La batalla empezó y en el campo se manifestó una roca de casi medio metro de altura con brazos, ojos y boca. Rojo mandó a su Nidoran, quien esquivó a Geodude y con su técnica de patada doble lo dejó fuera de combate casi al instante.

Mientras el abucheo para Rojo fue grande, se sintió motivado pues en medio de todos, Azul vitoreó su hazaña. Brock envió otro Geodude, pero el resultado fue mismo.

Alguien más entró, se trataba del sujeto que les había dado los consejos sobre cómo enfrentar a Brock. Decidió quedarse al fondo, en el rincón más oscuro del recinto, por lo que apenas y se podía distinguir.

Brock molesto masculló algo analizando los avances de su rival durante el combate.

—Bien, no lo haces mal, pero hasta aquí se te acaba de la suerte. ¡Ve, Onix!

Una inmensa serpiente de roca gigantesca se manifestó de la última pokéball que Brock arrojaría. Era tan grande como el recinto, Rojo y Azul tragaron saliva. Ciertamente esa cosa resultaba intimidante.

—Como que sea, sigue siendo un pokémon tipo roca. ¡Nidoran, patada doble!

La creatura de menos de medio metro corrió hacia el Onix y saltó contra ella propinándole dos patadas que… no le hicieron nada. Rojo quedó boquiabierto.

—¡Pero si eso funcionó con los otros geodudes!

—¿Hablas de mis geodudes que tenían casi el tamaño que tu nidoran? —le señaló Brock con sarcasmo—. Sí, que extraño eso no funcionara con un Pokémon gigante que pesa toneladas. Cielos, chico. Vaya que te hace falta el sentido común.

"Auch". Pensó Azul al escucharlo, a sabiendas que su amigo estaba orgulloso de su molesto y práctico sentido común. Con un simple golpe de su cola, Onix mandó a volar a la nidoran, por lo que derrotada, Rojo tuvo que llamarla.

—Muy bien. No importa. Ya sólo te queda ese Pokémon y mí me quedan otros dos.

Había dicho eso tratando de sonar amenazante, pero Brock ni lo escuchaba, se había dado la vuelta para mandarle un beso al aire a Azul, que por respuesta le mostró el dedo medio asustando a los hermanitos de Brock al hacerlo. A Rojo también continuaba molestándole que no dejara de coquetearle. No lo pensó, tan sólo lo gritó sin pensar para no quedarse atrás.

—¡Esta victoria te la dedico a ti, Azul!

La niña se cubrió la cara abochornada por los evidentes celos que Rojo estaba mostrando ante Brock, los niños haciendo ruiditos y canturreando bromas acerca de enamorados no le ayudaban. Bulbasaur apareció en el campo.

—¿Y qué es lo que esa lechuga con patas puede hacer?

Azul se indignó por eso, mas se mantuvo callada.

—Ya verás. ¡Usa látigo cepa!

Con potencia, Bulbasaur usó el látigo que brotó de su cuerpo asestándolo de lleno contra el costado del Onix y… no pasó nada. Al fondo de las gradas, el viejo quedó boquiabierto como los chicos.

—¿Es en serio, niño? —Brock estaba experimentando aquello de la "vergüenza ajena"—. Déjame que te lo explique —señala a Bulbasaur—. Una liana vegetal que quizá no es ni tan dolorosa como un látigo de cuero o una cadena —señala a Onix—. Cuerpo de piedra sólida al que quizá una explosión tal vez le haría cosquillas. ¿Entiendes la diferencia? Sabes, te concederé otro golpe, sólo porque no puedo llamar ataque a esa cosa tan patética que hiciste.

El chico lo pensó intensamente. ¿Qué más les había recomendado el viejo?

—¡Bulbasaur, usa hojas navajas!

El Pokémon expulsó de su cuerpo una serie de hojas que a gran velocidad se encontraron contra ónix y… se destruyeron sin hacerle nada.

Todos los presentes en el estadio se dieron un golpe contra la cara. Brock se acercó y recogió el resto de una de las hojas para examinarla.

—Los bordes de estas hojas de verdad se ven filosos, pero siguen siendo, ya sabes, simples hojas. Te lo digo por si no te habías dado cuenta —se vuelve de nuevo hacia Azul—. Perdona, ¿Me puedes decir qué le viste a él? —su única respuesta fue un gruñido semejante al que hizo Bulbasaur—. En fin. Onix, deshazte de él.

Cuando el Pokémon salió volando de la arena de un coletazo, Azul no pudo tolerarlo más. Se puso de pie y le gritó al tipo del fondo.

—¡Nos mintió! ¡Dijo que todos esos ataques de Bulbasaur podrían contra cualquier pokémon de tipo roca, lo mismo la técnica de la doble patada!

Brock y el resto centraron su atención en aquél hombre gracias a la chica. Curioso, con un gesto hacia donde estaba la sala de mandos, el líder del gimnasio consiguió que alguien iluminara al tipo. Sintiéndose acorralado, éste balbuceó nervioso.

—Bueno, en mi defensa también les dije que fracasé en mi intento de convertirme en un entrenador Pokémon. Creo que esto les puede dar una idea del por qué.

—¡Viejo tonto, deberíamos darte una paliza!

Pero más que por Azul, el hombre parecía más intimidado por el modo en que Brock lo miraba.

—¿Papá eres tú?

—Ah… hola Brock. ¿Cómo está tu madre?

—Nos abandonó hace un par de años.

—Ah, lo siento. ¿No quieres saber cómo he estado?

—¿De verdad crees que me importa? —señaló a sus hermanos sin dejar de verlo— Eso mismo tal vez debiste primero de preguntárnoslo a nosotros.

La situación de pronto se volvió bastante incómoda. Lentamente el hombre volvió a su lugar sin saber qué decir.

Fastidiado, Rojo llamó Charmander aprovechando la distracción.

—¡Vamos, amigo! ¡Llena de fuego esa cosa de piedra!

Feliz por ser de utilidad, el Pokémon abrió sus fauces y disparó un tiro de fuego contra Onix que lo hizo gemir. Brock había perdido la concentración a causa de su padre, pero tan pronto se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, alertó a su Pokémon.

—¡Onix, sacúdete!

El pokémon obedeció tratando de moverse de lado al lado, aunque lo único que consiguió fue que los dispersores de agua contra incendios se activaran y lanzaran contra la arena el agua para pagar el presunto incendio. Charmander retrocedió protegiendo su cola, mientras Onix comenzó a rugir de dolor, pues aunque las llamas de su cuerpo se apagaron, el agua parecía estarlo lastimando considerablemente mucho más de lo que lo hizo el fuego, hasta que terminó tirado cuando largo era sobre la arena convulsionándose.

—¡Onix, regresa!

Brock alarmado hizo que regresara a su pokéball. Azul se puso de pie contenta y sin importarle que como todos estuviese empapándose, comenzó a gritar emocionada.

—¡Ganamos, Rojo! ¡Ganamos!

El líder finalmente dejó de verla con simpatía mostrándose con ella tan duro como con Rojo.

—¿De qué hablas, mujer? Esta batalla no fue válida por culpa del dispersor de incendios —se vuelve hacia la sala de controles—. ¡Alguien podría cortar el agua de una vez!

—Pues como lo veo yo, tu pokémon ya no podía luchar e incluso lo llamaste —al gua cesó su caída y Charmander se irguió sintiéndose más seguro. Azul lo señaló—. Por tanto quien ganó fue él.

—Es verdad —corroboró Rojo—. Tres de dos a mi favor.

Brock molesto lo encaró.

—Ni tú ni tu charmander derrotaron a Onix. El fuego activó los dispersores que lo debilitaron.

—Y el fuego lo causó Charmander, así que por tanto…

—¡Por tanto esta batalla no es válida! ¡No pienso darte la medalla roca!

—¿Puedes al menos darnos el dinero?

Rojo podía comprender el punto de Brock. Técnicamente no había sido justo el modo en que Onix perdió, pero ya sea que se estuviese dejando influenciar por Azul, o porque de verdad quería irse pronto de ciudad Verde, no sin antes recuperar algo de lo que les robaron, se puso pesado.

—Vi el nombre de Verde Oak en la lista de vencedores. ¿Cómo es que te venció él?

—Con un Squirtle, roció de agua a mis pokémons y los debilitó.

—Y por tanto…

—¡El agua que sale de un pokémon es válida! ¡La de los dispersores, no!

El padre de Brock parecía querer alejarse, pero pronto los otros dos entrenadores que ya estaban desde el principio le cerraron el paso, seguido de los niños quienes confundidos miraban al hombre al que la mitad de ellos vagamente recordaban.

Dado que lo estaban acercando a la arena de combate, Brock sentía que debía establecer sus prioridades.

—Oye, que tú tienes asuntos que atender —continuó presionándolo Azul—. ¿Por qué no nos pagas y ya?

—¡Al demonio con esto! —Con una seña hizo que uno de sus asistentes se acercara con un sobre con dinero y una presea que les entregó a los chicos—. No te la mereces, mocoso. Ni por lástima te estoy dando la medalla, sólo váyanse de aquí.

El padre no parecía muy convencido por lo que su chico estaba haciendo.

—Eso no es muy ético como líder de gimnasio.

—¿En serio tú vas a enseñarme ética? Además, no es que fuera mi vocación ser líder de gimnasio. Lo hice para que la familia tuviera comida en la mesa y un techo sobre sus cabezas. Siéndote sincero, hubiera querido ser un criador pokémon que viaja por el mundo en lugar de un entrenador.

El padre de pronto tuvo una idea.

—Todavía puedes salir a cumplir tus sueños ¿Por qué no te vas con estos chicos acompañándolos en su viaje pokémon para que aprendas a ser un gran criador?

—Y un demonio que dejaríamos que nos acompañara.

Soltó Rojo al notar un tic en el ojo de Azul. Una cosa era darle su confianza a un chico apenas un par de años menor que ella, pero Brock le parecía algo mañoso. De cualquier forma el líder del gimnasio fuera de parecer entusiasmado con la idea, estaba estupefacto.

—¡Abandonaste a la familia! ¡Qué tan egoísta, estúpido e irresponsable me consideras para que de buenas a primeras decida abandonar a los hermanos que he tenido que criar yo sólo, para largarme dejándolos en tus manos, siendo que has demostrado no ser nada confiable y técnicamente eres un desconocido para ellos!

—Ah… nunca me fui muy lejos. Te apoyaba aunque no te dieras cuenta.

—¡Y por eso intentaste ayudar a este tonto para que me venciera! ¡Por que demuestras tu apoyo buscando que alguien me derrote! Algo que además ni siquiera supiste hacer bien.

El hombre aterrado se quedó sin argumentos.

Rojo se dio la libertad de tomar la mano de Azul indicándole con un gesto que se marcharan sin esperar permiso, después de todo ya tenían lo que habían ido a buscar.

Mientras padre e hijo seguían discutiendo, la pareja dejó el gimnasio. Azul contaba el dinero que obtuvieron. Ciertamente vencer a un líder de gimnasio dejaba bastante en comparación a un entrenador común. El chico por su parte miraba intrigado la medalla.

—¿Qué vas a hacer con eso, Rojo? ¿Colgarla en la parte interna de tu chaqueta?

—Eso suena muy egocéntrico. Junto con la mochila nueva, compraré un estuche para guardarla.

—Pues vámonos de compras, pero primero vayamos de prisa al centro pokémon para curar a nuestros amigos. Seguramente la policía se habrá ido ya y quiero que Bulbasaur se reponga de lo que le hizo el estúpido Onix, lo mismo tu Nidoran.

—Bien, de hecho para evitarlos será mejor que busquemos un atajo que no involucre los caminos.

Azul lo meditó apenas un par de minutos.

—Podemos cruzar por debajo del monte Luna para atajar a ciudad Celeste, de ahí retomar la ruta hacia Ciudad Carmín. ¿Qué dices?

—Digo que nos pongamos en marcha.

—Bien. Hay que ser cuidadosos con lo que vayamos a comprar. Estaremos limitados y debemos vigilar muy bien lo que gastaremos. Sólo cosas prácticas, como papel, comida, agua, medicina y… —se dio cuenta que Rojo la miraba sonriendo y eso la puso un tanto nerviosa, aunque de una manera a la vez placentera—. ¿Qué?

—No, nada. Eres linda.

El cumplido la sonrojó, pero trató de fingir que no le importaba.

—Yo siempre.

En realidad, lo que a Rojo le agradó, es que así como ella estaba en parte influenciando su carácter, tal vez Azul no se daba cuenta que se estaba también dejando influenciar por el suyo.


—¡He venido a retar al líder de este gimnasio!

—Ven mañana, chico. Estamos ocupados en este momento.

Fue la respuesta cortante que le dio Brock a Amarillo, que acababa de llegar con su fiel pikachu a su lado. El padre del líder trató de excusarse utilizando la distracción.

—Vamos, atiende al pobre niño que seguro viene de muy lejos.

—Como sea, pero tú y yo no hemos acabado —hace que todos se alejen a las gradas nuevamente y analiza a su contrincante—. Dime que no vas a usar a ese Pokémon eléctrico.

—Pues sí. Irá primero.

Brock chasqueó la lengua con fastidio. Al menos esto iba a ser rápido


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Si alguien existe por ahí que por algún motivo continuaba esperando la continuación de esta historia, pues gracias y lo siento. Aunque es muy divertida escribirla, algo que había olvidado hasta que la retomé, pues entre mis otros proyectos, falta de tiempo por mi trabajo, un pequeño bloqueo y algo que me traba de escribir repetidas veces el "poké" me hicieron interrumpir por un muy largo tiempo esta historia que aquí viene de regreso. Gracias por su espera, espero les haya agradado este capítulo, donde no pude evitar señalar todas las inconsistencias que me dejó el Brock de la serie, quien en pocas ocasiones se fijó en lolis, pero nunca en Misty, May o Dawn. Curioso. Además de la excusa con la que comenzó a acompañar a Ash y compañía se me hacía floja. ¿En serio, brockas? Saludos a todos, en especial a:

Neverdie hola, saludos. Eso con el tiempo lo veremos, aunque aquí no hubo muchos conflictos entre ambos, a la larga aparecerán.

TEIET gracias, espero siga siendo de tu agrado.

Pirata gracias por tus atractivos comentarios. Me gusta la originalidad con que los haces y tu sentido del humor. Amarillo tal vez nos dé algunas sorpresas (lo de Tibetano me mató XD). Saludos.

Giuseppe gracias, espero te haya agradado el capítulo, con todo y que he jugado con la lógica incluso del juego, ahora con el mismísimo Brock. El equipo Rocket también aparecerá a la larga, aun me pienso si poner a sus más emblemáticos integrantes del Anime o una referencia como con el Brockas, je. Saludos.