Determinación
La oscuridad inunda el pasillo del aula de Transformaciones y una quietud difícil de romper. Excepto por unas risas que se oyen al fondo.
-Calla –susurra George mientras asoma la cabeza por enésima vez por si alguien les ha visto
Fred lo intenta pero es que, es tan nuevo, tan divertido que no puede evitarlo.
-Y ahora… ¿por dónde?
-Creo que era atravesar este pasillo y bajar las escaleras hasta el cuadro de frutas.
-Pues como no te hayas enterado bien… -se queja Fred jocoso
-Oye, que sino fuera por mí ni te hubieras enterado de que había una cocina. –le reprocha George
-Y ¿qué crees? Que la comida surge por si sola…
-Shh –le manda callar su hermana colocándose un dedo en los labios. Ha oído algo detrás de ellos.
-Sí, señora Norris, yo también lo oigo
La voz rota de Filch les llega de un punto no muy lejano y por ahí no hay sitio donde esconderse. Sólo se puede correr.
-Corre –le anima George a Fred y los dos parten en carrera.
Atraviesan el pasillo, bajan las escaleras y al final entre risas y empujones ya no distinguen los maullidos de la gata de Filch.
-¡Eh! Para, que es por aquí. –le detiene George a Fred que se ha detenido justo a un lado de una armadura.
Su hermano no le hace caso pero el tiempo corre y no pueden ser encontrados por Filch. Observa el cuadro sin saber muy bien qué hacer. No recuerda lo que oyó mas no puede quedarse como un pasmarote ante él. Se muerde el labio inferior y mira de soslayo a Fred que está jugando con el casco de la armadura.
-Miauu
El sonido le sobresalta. Mierda, ya ha llegado la señora Norris. Mira de nuevo el cuadro, aunque ya no tiene tiempo de dudar. Necesita determinación; la misma que han usado para abrir el cuadro de la Señora Gorda a las doce de la noche, y para correr cuando tenían al conserje detrás. Desliza el dedo hacia la pera y lo mueve, como si le hiciera cosquillas. Sí, ya lo recuerda: si le haces cosquillas a la pera del cuadro la puerta de las cocinas se abrirá.
-¡¡Fred!! –lo llama y mira a su hermano que está haciendo algo muy raro. George necesita unos segundos para saber qué es y cuando lo consigue se le escapa la risa. Fred también está usando la determinación: un solo golpe y la señora Norris se habrá quedado atrapada en el casco de la armadura.
-Plaf
-Corre
-Venga
-¿Señora Norris?
-Miau
No se necesita nada más. Entran los dos en las cocinas y se ven rodeados, en seguida, de elfos domésticos que se sienten honrados en servirles. Afuera ninguno de los dos sabe qué está pasando pero no importa, al fin y al cabo ellos ya han conseguido saltarse su primera norma.
