"Siempre estaré allí para ti"

Disclaimer: Los personajes de la Saga Harry Potter son propiedad de J. K. Rowling, yo solo los he tomado prestados para complacer a mi corazoncito Harmony.

Summary: Hermione necesita ayuda y Harry esta allí para ella. Pero lo que parecía un plan perfecto se convierte en algo más cuando los mejores amigos, contra todo pronostico, se enamoran.


Capitulo diez

En primera plana

Cuando Harry llegó a recoger a Hermione, la señora Granger insistió en que se quedaran a cenar, su esposo no demoraría en llegar del trabajo y de seguro se sentiría muy triste si ambos no se quedaban y comían con ellos. Les fue imposible negarse. Ninguno de los dos menciono los incidentes de la noche anterior y la cena transcurrió de un modo mucho más normal que la ultima ocasión que los cuatro se habían sentado juntos entorno a la mesa.

Prometiéndoles que los visitarían más seguido, el joven matrimonio, que aun no podía creer que era uno, se despidió de los Granger y procedieron a aparecerse en las cercanías de Godric's Hollow. Era noche cerrada y a pesar de que el frío presagiaba que el invierno se encontraba cada día más cerca, aun eran visibles las estrellas en el firmamento, la luna llena se mantenía en lo alto del cielo iluminando la noche. Caminaron con lentitud, tomados de la mano y en silencio. Sin que ninguno de los dos se lo propusiera, sus pasos los llevaron hasta la pequeña iglesia del pueblo y el cementerio junto a esta. Se detuvieron conscientes de hasta donde habían llegado, Hermione observó a su amigo, sin saber que decir.

—¿Te importaría? —le preguntó él y ella sabía a que se refería. Negó y ambos ingresaron al antiguo cementerio.

En los años que habían transcurrido desde la primera vez que estuvo allí, Harry había ido en más de una ocasión a depositar flores en la tumba de sus padres, claro que nunca había logrado conjurar unas tan bellas como las que Hermione había depositado allí esa navidad hacía tanto tiempo ya. El ir hasta allí con ella, nuevamente, se le antojo necesario. Esta vez no hubo que buscar, él recordaba perfectamente donde estaba ubicada la tumba. Esta vez no había nieve que cubriera la lapida en la cual los nombres de sus padres se encontraban grabados. Harry no pudo evitar preguntarse que habrían dicho ellos de saber lo que había hecho. ¿Estarían de acuerdo? ¿Se habrían opuesto? Por algún motivo sabía que esto último era imposible. Estaba seguro de que a sus padres les habría encantado Hermione.

Quizá si ellos aun estuvieran con él las cosas habrían sido diferentes.

Sintió como Hermione apretaba con mayor fuerza su mano buscando darle ánimo. Él la miró y le sonrió, asintió a la pregunta tacita en los ojos de Hermione. Ella sacó su varita y conjuro una pequeña corona muy similar a la que había conjurado años atrás.

Se quedaron allí, quietos y en silencio, hasta que el frío comenzó a calarle los huesos y decidieron que ya era hora de volver a casa. Sin que ninguno de los dos tuviera que decirlo, caminaron fuera del cementerio y se encaminaron hacía la casa que compartían. Harry decidió entrar primero y ver que no hubiera nada fuera de lugar. Al parecer, todos los hechizos defensivos que había aplicado habían funcionado.

Camino hasta la chimenea y la encendió mientras Hermione guardaba su abrigo. Hacía frío pero el ambiente poco a poco comenzó a caldear.

—¿Te gustaría tomar un chocolate caliente? —preguntó ella.

Harry asintió, la mirada de él se encontraba fija en las llamas que bailaban en el hogar. La muchacha fue hasta la cocina y preparo todo lo necesario, encontró una carta apoyada en la encimera. Era para Harry y llevaba el sello del Ministerio. Le sorprendió que simplemente la hubieran dejado allí y la lechuza que había sido designada a entregarla no hubiera esperado al destinatario de la misma. Pensando aun en eso, se encaminó hacía la sala de estar con dos tazones de chocolate caliente y la misteriosa carta en su bolsillo.

Harry se encontraba en la misma posición que había adoptado antes de que ella abandonara la habitación.

—Harry…—él se volteo en dirección a ella y le sonrió de un modo para nada convincente. Le entrego la taza que había traído para él y se sentó en el sofá—. Lo olvidaba, dejaron esto para ti…—dijo entregándole la carta.

Él miró el sobre con suspicacia. Pero finalmente lo abrió, Hermione esperó ansiosa a que lo abriera.

—Es del ministerio, informándome que ya se realizaron los hechizos desmemorizadores correspondientes a los muggles que presenciaron el espectáculo de esta mañana.

Hermione asintió y dio un sorbo a su chocolate. Deseaba… deseaba profundamente preguntarle a Harry que era lo que verdaderamente estaba sucediendo y él le estaba ocultando. Pero no quería preguntar, no, quería que él se lo dijera como siempre acostumbraba a hacer.

Pero Harry no dijo nada y se limitó a beber el chocolate caliente.

—Harry…—tanteó, él levanto la mirada—. Si algo va mal, me lo dirás ¿cierto?

—Claro, ¿por qué preguntas eso, Hermione?

—Por nada—mintió.

Siguieron un buen rato así, sentados en silencio, con la luz de la lumbre en la chimenea como única iluminación. La castaña no quería confesar el pánico que le daba pensar en volver a dormir. Estar sola. Y pensar que él podría volver a aparecerse aun cuando esto pareciera completamente improbable.

Pero su cuerpo no parecía a por la labor de mantenerse despierto y el sueño comenzaba a apoderarse de ella, haciendo que sintiera sus parpados pesados y que a momentos cerrara los ojos por más tiempo del que duraría un simple parpadeo.

—Hermione, deberías irte a dormir—dijo Harry interrumpiendo el silencio imperante—. Te ves cansada.

La muchacha se incorporó algo confusa. Dejó la taza medio vacía en la mesa al centro de la sala, todo estaba inmerso en penumbras. Suspiró, se sentía incomoda y sumamente estúpida en esos momentos.

—¿Pasa algo? —inquirió el moreno mirándola interrogante.

—Ehh… no, nada—mintió. Pero permaneció sentada en el sillón, indecisa, incapaz de decir nada pero también incapaz de irse a su habitación.

Harry tampoco dijo nada y ambos se sumieron en el silencio.

—En realidad… si pasa algo—dijo de pronto. Harry se quedó mirándola, esperando que continuara—. Tengo miedo y… —suspiró—. No quiero dormir sola.

Bajo la mirada, una vez que las palabras salieron de su boca deseo no haberlas dicho nunca.

—Lo siento… yo… olvida lo que dije ¿si?—susurró antes de levantarse de su asiento.

Él la detuvo, posando su mano en el hombro de ella cuando ya llegaba al vestíbulo. Hermione lo miro por sobre su hombro. No pudo leer nada en la expresión en el rostro de su mejor amigo. Últimamente eso pasaba más seguido de lo que ella esperaba, era incapaz de saber que sucedía con él y eso no le gustaba. Harry subió su mano hasta acariciar su mejilla.

—Voy contigo—respondió.

—Harry… no quiero que pienses que…

—Shhh…—la silenció él—. Esta todo bien, Hermione—su mano seguía en la mejilla de ella—, vamos a dormir.

Hermione se sentía incomoda mientras subía la escalera con Harry a sus espaldas. Había algo demasiado… intimo en la idea de dormir juntos. Y aun así, se sentía incapaz de afrontarse a la noche sola, llevo una mano distraídamente a su vientre mientras avanzaba, debía intentar mantenerse calmada por el bien de su bebé, tanto estrés podría traerle problemas y eso no hacía más que preocuparla más.

—Iré a mi cuarto a cambiarme…—dijo Harry en cuanto alcanzaron la habitación principal de la casa. Ella simplemente asintió antes de entrar en la habitación.

Ella tomó su ropa de cama y se cambió con rapidez, indecisa entre meterse de una vez a la cama o no, caminó hasta la ventana, descorrió las cortinas para mirar hacía el exterior. Era noche cerrada y el viento soplaba con fuerza agitando las hojas de los arboles cercanos. Sin duda alguna el invierno estaba cerca, los últimos días de noviembre caían como las pocas hojas que quedaban en los arboles. La puerta se abrió a sus espaldas con un leve crujido haciéndola estremecer. Se dio la vuelta, pero solo era Harry quien entraba, vestía su pijama consistente en una camiseta blanca y pantalones de franela, le sorprendió ver que llevaba un libro de apariencia antigua entre sus manos.

—No sabía que ahora te habías aficionado a la lectura—no pudo evitar comentar.

Harry se encogió de hombros, antes de cerrar la puerta a sus espaldas.

—Estoy buscando algo de información…

Hermione asintió, esperando que él agregara algo más pero no lo hizo. Los dos se quedaron mirando, había unos cuantos metros de distancia entre las posiciones de ambos. Ella estaba por decirle que había hablado de más y que no tenían que hacer eso si no quería. Aunque sospechaba que esa noche no dormiría si se quedaba sola en aquella habitación.

—Será mejor que nos acostemos.

Ella volvió a asentir. Sin que ninguno de los dos se pusiera de acuerdo, Harry fue al lado derecho de la cama y Hermione al izquierdo, se metieron bajo las mantas en silencio. Ambos descansando en las orillas de la cama. Hermione miró alrededor, nerviosa, sin saber muy bien porque se sentía así. Era Harry quien se encontraba a su lado y allí no iba a pasar nada. Ellos simplemente iban a dormir y, bueno, si ella quería que su hijo o hija creciera pensando que él era su padre… debería acostumbrarse. Suspiró y se volteó dándole la espalda a Harry.

—Buenas noches—susurró.

—Buenas noches, Hermione—respondió él apagando las luces. Pero Hermione aun notaba el brillo de la varita a sus espaldas y el tenue ruido que las hojas hacían al pasar.

Al cabo de un rato, Harry sintió que las líneas del antiguo libro que intentaba leer comenzaban a bailar delante de sus ojos. Intentando reprimir un bostezo, cerró el libro y lo dejo en la mesita de noche junto a la cama. Se volteó a su izquierda para observar como Hermione dormía, acurrucada a su costado y abrazando tenuemente su almohada. Sonrió sin saber porque antes de sacarse los lentes, dejarlos junto al libro y acomodarse entre las mantas para dormir.

A la mañana siguiente los despertó el ruido de la lluvia al golpear contra las ventanas y el techo de la casa. Cuando Hermione despertó, descubrió que durante la noche se había movido hasta acabar casi abrazada a Harry, sonrojada e incomoda, se alejó de él. No pudo evitar que su mirada se detuviera en él más tiempo del que sería necesario. No recordaba haberlo visto dormir así de tranquilo… nunca. Sonrió, a pesar de los años aun podía ver al niño que él alguna vez había sido cuando estaba dormido. Un pensamiento, demasiado fugaz y demasiado peligroso lleno su mente. Sacudió la cabeza intentando no pensar en ello y salió de la cama. El ruido que hicieron los muelles de la cama fue lo que finalmente termino de despertar a Harry.

Él se restregó los ojos, aun somnoliento. Parpadeo intentando enfocar la vista y le sonrió a Hermione.

—Buenos días—le dijo.

—Bu-buenos días…—le respondió ella, sintiéndose terriblemente nerviosa—. Me voy a dar una ducha—agregó con rapidez antes de desaparecer en el cuarto de baño.

Harry se había sentado al borde de la cama y se estaba estirando para desperezarse cuando la puerta del baño se abrió. Él volteó hacía atrás. La cabeza de Hermione asomaba entre el espacio entre el umbral y la puerta.

—No se te ocurra acercarte a la cocina ¿de acuerdo? —comentó antes de cerrar la puerta. Aun así, pudo oír la carcajada que soltó Harry ante su comentario.

Hermione entró a la cocina justo en el instante en que la lechuza que les traía diariamente El Profeta entraba por la ventana entreabierta cerca de la mesa. Tomó el periódico sin verlo en realidad y le ofreció algo de agua a la exhausta lechuza antes de ponerse a preparar el desayuno. Esa mañana, durante la ducha, había sentido el irrefrenable deseo de comer waffles.

Aunque su madre le había enseñado a prepararlos del modo convencional, esa mañana decidió utilizar la ventaja que le daba la magia. Cuando Harry entró a la cocina, recién duchado y con el cabello aun húmedo, ella ya tenía el desayuno listo. El gran plato con waffles desprendía un dulce aroma que inundaba toda la estancia.

—¿Te había dicho ya lo bueno que es tenerte aquí en las mañanas, Hermione? —comentó él.

Ella solo sonrió antes de sentarse a la mesa.

Todo iba perfectamente bien hasta que Harry abrió el ejemplar de El Profeta que Hermione había dejado sobre la mesa minutos antes. Volvió a releer, pero sabía que no había cometido ningún error. Las grandes letras negras del titular no dejaban lugar a dudas: «El secreto mejor guardado de Harry Potter». Sobre una foto que reconoció como las que seguramente les habían tomado ayer. Pero lo que más le sorprendió fue ver quien firmaba el artículo. Rita Skeeter.

—Harry, ¿te pasa algo?

Él simplemente le tendió el periódico.

Hermione lo cogió y vio lo mismo que él. Sin embargo, ella no se detuvo allí y comenzó a leer:

«Desde hace semanas corría fuerte el rumor de que Harry Potter, había abandonado la lista del soltero más codiciado del mundo mágico. Queridos lectores ¡el rumor es cierto!

Pero lo más sorprendente de la noticia es quien es la afortunada "señora Potter", pues si bien todos pensaban que sería la señorita Ginevra Weasley, jugadora estrella de las Arpías de Holyhead, si no que la inseparable amiga del señor Potter, Hermione Granger. Quien, cabe destacar, mantenía una relación con el hermano de la —ahora ex— novia del señor Potter. Esta servidora se pregunta como habrán tomado la noticia los Weasley, quienes eran sumamente allegados a Potter, al que veían como "un hijo más".

Y si todo lo anterior ha sido sumamente sorprendente, aun más lo es el evidente estado de la ex señorita Granger. Si, porque el primer heredero del gran Harry Potter ya viene en camino...»

Hermione arrugo el periodo entre sus manos y lo dejó caer al piso. Repentinamente había perdido el apetito. La furia bullía dentro de ella, ¿cómo se atrevía esa mujer a escribir sobre ellos? Al parecer no había sido lo suficientemente clara con ella ocho años atrás.

—¿Hermione?

—Creo que ahora todo el mundo se acaba de enterar…

—Tarde o temprano iba a pasar. Lo que me molesta es que fuera Rita Skeeter quien contara la exclusiva. Ella siempre tiende a llenarlo todo con sus mentiras…

—No hay mucha mentira en lo que escribió.

—Lo sé.

—Pero lo hace sonar… lo hace sonar como si tú y yo…

—Era inevitable, Hermione.

Hermione se levantó con brusquedad de su asiento, Harry la imitó.

—Necesito un minuto, ¿si? No me siento bien—le dijo antes de salir de la cocina.

Se sentía mal. Expuesta y vulnerable. Sin pensarlo, sus pasos la dirigieron hasta la habitación que algún día ocuparía el bebé que esperaba y que de momento se mantenía vacía. Cerró la puerta a sus espaldas y se apoyó en ella hasta dejarse caer al frío piso de madera. Sus manos acunaron su vientre mientras sentía que las lágrimas pugnaban por escapar de sus ojos. Sabía que algún día todo el mundo tendría que enterarse de lo suyo con Harry, aun cuando aquello no fuera enteramente real, pero ella lo había decidido así. Y sin embargo, el hecho de que fuera un reportaje en El Profeta el que lo anunciara la hacía sentir nauseas nuevamente. Rita Skeeter tenía un modo retorcido de distorsionar la verdad hasta volverla algo sórdido.

—Lo siento—susurró, las manos acunando su vientre, su mirada fija en él—, pero esto lo estoy haciendo por tu bien. En verdad espero no haberme equivocado…—su voz se quebró y no pudo evitar que las lagrimas se deslizaran por sus mejillas.

—¿Hermione? —la voz de Harry se dejó oír, amortiguada por la madera de la puerta—¿Hermione? —insistió.

La castaña se levantó y se apartó para que él pudiera abrir la puerta. No lo dejo decir nada antes de dejarse caer en sus brazos y abrazarlo con fuerza. Harry no entendió muy bien lo que le sucedía a Hermione así que se limitó a abrazarla y acariciar su ahora despeinado cabello con movimientos suaves y pausados.

—¿Hermione? —tanteó.

—Estoy bien, Harry. Es solo que…—susurró junto a su pecho—, todo esto del periódico me afectó más de lo que alguna vez pensé que podría hacer.

—Pero sabíamos que era una posibilidad…

—Lo sé. Es solo…—ella soltó una carcajada que también podía haber pasado por un sollozo—. Han de ser las hormonas… no sé.

Él le dio un beso en la coronilla de la cabeza.

—Vamos a estar bien, Hermione. Los tres…

Ella sonrió sin poder evitarlo. Era la primera vez en mucho tiempo que él se refería a ellos, todos ellos, como una unidad. La idea la hizo sonreír aun más a pesar de las lágrimas que seguían resbalando por sus mejillas.


N/A 1: Ya es sábado (al menos donde yo vivo) así que hay un nuevo capitulo... confieso que ya se acerca mi parte favorita de la historia. Y eso significa que seguir avanzando porque pronto volveré a practicas (hola servicio de pediatría y mi tiempo se verá considerablemente reducido entre turnos, estudio, tareas y trabajos, pero tengo capítulos para un mes asegurados, al menos en este fic. Espero que les haya gustado este capitulo, no se olviden de comentar, cualquier duda, sugerencia o teoría sobre la historia será bienvenida y me encantaría discutirla.

Y como siempre, muchas gracias por leer, comentar y seguir esta historia.