Zero no tsukaima

(El viaje de saito parte 9)

-espera un momento tienes que explicarme un poco mejor porque repaso una y otra vez en mi mente lo que me dices y no logro comprender muy bien-

-bueno compañero la verdad me parece muy difícil que alguien aquí se ofrezca a ayudarte, no solo por el hecho que nuestro dinero es muy reducido sino también debes sumarle que la chica se encuentra en medio de la montaña-

-mmm… eso está claro Derf, pero no es lo que me preocupaba- Saito viene bajan la montaña a paso rápido, en un principio cuando descubrió que la salud de la chica estaba peor, el joven salió disparado sin aguardar nada pero la verdad su estado físico no fue lo suficientemente bueno como para que alcanzara a llegar al pueblo con ese paso-… en realidad me da mucha más curiosidad lo de los médicos-

- bueno compañero, la medicina es un poco complicada aquí por lo que te aseguro que lo mejor es encontrar a un hechicero con habilidades en hechizos de agua… estos tienen propiedades curativas-

- vaya, por mucho que lo escucho suena raro para mí-

-jajaja… lo extraño es que en el pasado haz recurrido a ellos mucho, de hecho la reina de Tristan es especialista en ellos-

-¡de verdad!, no puede ser-

-en el pasado uno de sus hechizos te salvó la vida-

-¡rayos! Ahora creo que debí haberla hecho venir conmigo-

-tienes razón compañero pero la verdad creo que es un poco difícil que ella hubiera aceptado, sabes que no me gusta mucho meterme en tus decisiones y tus experiencias pero ella no es una chica que se deje llevar por lo que siente-

-explícate mejor- ahora el par de compañeros atravesaba un pequeño matorral, la entrada principal del pueblo estaba muy cerca. La ciudad en realidad no estaba rodeada por murallas pero en las inmediaciones de los bosques tenían algunos muros de pronto usados para evitar los animales salvajes.

-bueno ella ha demostrado algo por ti desde que su prometido murió, pero solo cuando están solos se deja llevar por ello… en público es seca y fría, como debe ser una reina-

-bueno es verdad que no entiendo mucho eso de la nobleza, pero tal vez le da pena andar con un plebeyo como yo-

-…- la primera casa estaba a unos 100 metros de distancia, el sol por su parte ya había salido completamente y la vida de la ciudad, cosa que en la noche pasada fue extraño, había regresado – puede que tengas razón compañero, pero la chica en cuestión es complicada-

-la verdad no creo que una espada sea capaz de entender la mente de una persona y menos de una reina-

-en eso tienes razón, he tenido muchos compañeros pero a ti es al que menos entiendo-

-cállate, llegamos a la ciudad-

Saito vuelve a recorrer las calles de Bern, el día anterior casi logra buscar en la mitad de todo el lugar pero la verdad para ser un pueblo fronterizo su tamaño es un poco grande. La ciudad tiene lugares específicos como el mercado en donde puedes encontrar alimento fresco, o las tabernas para embriagarse, los estaderos para pasar la noche. Todos ellos divididos y ubicados en lugares específicos por lo que Saito imagino que los hospitales o como sea que le dijeran en ese mundo debían estar en un lugar parecido.

-buenos días señor, disculpe necesito un médico-

-no sé de qué me habla- el hombre de edad mediana se aleja.

-señorita podría ayudarme-

-no tengo tiempo- la linda chica al verlo como que apresura el paso y desaparece.

-oiga usted puede darme un minuto-

-aléjese de mí, no me moleste-

La escena de la vez anterior se repite, en un principio Saito pensó que era su mala suerte actuando pero la verdad es muy extraño que la gente se comporte de esa manera.

-no creo que tengan muchas visitas, mira como tratan a los extranjeros que buscan ayuda-

-…- Derf ahora solo permanecía en su funda escuchando lo que pasaba, la verdad a la espada le daba un poco de sueño lo monótono del asunto.

-bueno debo seguir intentando…- Saito se levanta, no puede perder la esperanza ya que la chica y una posible pista para salir de ese mundo están en grave peligro- pero a decir verdad el lenguaje es un problema, puede entender lo que dicen pero no puedo leer los anuncios… que mala suerte-

-mira mami… mira allí-

-¡espera no te acerques!-

-pero mami mira a ese, es raro-

-ven aquí ahora-

-pero yo quiero…- la mujer toma a la pequeña niña y con brusquedad la aleja, a lo que Saito reacciona levantando las manos en señal de paz.

-oiga señora espere… espere-

-no se me acerque o gritaré-

-pero…-

-¡auxilio!- no fue mentira la amenaza, sin esperar ella solo gritó. Saito asustado por la reacción salió corriendo del lugar, sin darse cuenta regresó a la plaza principal.

-¿pero qué?... oye Derf tienes idea que ocurre-

-no compañero, no puedo ayudarte-

-…- Saito ve un poco la plaza principal, una gran fuente, algunos edificios d pisos y lo que parece la iglesia principal del lugar. Saito mira a los alrededores pero no hay mucha gente, o mejor la gente no se acerca mucho a él, es la primera vez que siente como si tuviera una enfermedad contagiosa y todos quisieran evitarlo.

-¡oye chico!-

-ehh-

-si tú el que tiene los rasgos de extranjero-

-…- es la primera vez que le dicen eso, pero al mirar a los demás se da cuenta que tiene razón sin lugar a dudas el parece que viene de otro mundo, lo cual es verdad.

-es extraño ver a un extranjero como tú, de hecho… nunca había visto tus rasgos, de casualidad ¿no eres un demonio?-

-… no sé cómo responder a eso-

-jajaja, el hecho que hables mi idioma me dice que no… pero que haces chico no es prudente que estés aquí, en esta ciudad-

-…- Saito no entiende lo que el sujeto intenta decirle pero es una oportunidad, alguien le habla y debe aprovecharlo –no importa eso, disculpe puede ayudarme… busco a alguien que sea médico o que pueda curar a alguien-

-mmm… la verdad vengo de visita a la ciudad y puede que sepa a donde debes ir… pero no creo que te ayuden-

-no importa- es una luz al final del camino, la chica puede salvarse – dígame donde-

Saito mira al sujeto con una mirada seria y dependiente por lo que el hombre solo puede acceder y señalarle con su dedo a una calle en particular.

-¡gracias!- Saito mueve sus manos mientras se aleja corriendo luego de recibir las indicaciones.

-que chico, espero que este bien- el sujeto regresa a su carruaje y sale de la ciudad, la chica que venía a traer hace algún tiempo que se fue por lo que su trabajo está hecho.

-!Saito!- Louise se levanta luego del terrible sueño, pero la verdad la realidad no está lejos de él. La posada que eligieron es un poco humilde pero al no saber cuánto podrían demorarse en la búsqueda lo mejor es ahorrar el dinero. Louise recuerda un poco donde se encuentra y recupera la calma, busca su ropa y se prepara para salir. Las fuerzas de la chica desaparecieron, todos sus preparativos matutinos lo hace como un robot, como si no tuviera intención de hacer nada… solo por hacerlo.

-señorita valliere, ¿está bien?-

-si tranquila Siesta, solo tuve un mala pesadilla-

-… estoy segura que Saito… Saito-san está bien, yo estoy segura… siempre ruego por eso- la joven Maid se agarra las manos y aprieta con fuerza, con todas sus esperanzas puestas en sus palabras. Louise ve la reacción de la chica y recuerda que no solo ella está sufriendo.

-gracias… lo lamento-

-no hay problema señorita Valliere, sus compañeros la esperan abajo para desayunar-

-en un par de minutos estaré lista- Siesta deja la habitación y luego baja las escaleras, gracias al servicio de la posada no debe ayudar con el desayuno pero ella se ofreció a atenderlos a todos, no puede dejar atrás sus hábitos.

-Louise todos te estamos esperándote-

-ven aquí, tenemos el desayuno listo-

-Motmorency luces muy bella en las mañanas-

-Tabitha toma un poco de leche eso te ayudará… mírame a mí-

Sus amigos son tan felices como siempre, Louise sabe que lo hacen por ella para animarla un poco por lo que ser indiferente seria rudo contra ellos. Louise cambia su cara y con una sonrisa baja corriendo los últimos escalones.

-¡esperen no se acaben todo!-

-ehhh- los amigos que salieron a buscar al familiar disfrutan de un buen tiempo juntos mientras otras cosas pasan en muchos lugares.

-Adler, hermano… tengo miedo-

-tranquila, debemos mantener la calma-

-pero este sujeto nos secuestró y ahora nos está llevando quien sabe a que lugar-

-mmmm… tienes razón hermana pero asustarnos no nos llevará a ningún lugar, ahora mismo tengo a mi familiar ayudándome con las cadenas-

-¡ehhh! Pero ese familiar tuyo es inútil-

-no te atrevas hermana, él esta haciendo su mejor esfuerzo… además no veo al tuyo en ningún lado-

-sabes que es un poco tímido, ni siquiera se dejó ver cuando estuvimos con Saito-san-

-que inútil, no debiste invocarlo-

-¡cállense! Dejen los llantos- el hombre que los tenia retenidos manejaba las riendas de una carreta mientras el par de hermanos iba encadenados en la parte de atrás sin sus varitas o la posibilidad de buscar ayuda.

-Saito-san me pregunto si está preocupado por nosotros-

-la verdad, nos separamos sin decirle nada… ojala que pudiera estar buscándonos pero no lo creo-

-señorita Agnes quisiera que me explicara detenidamente que sucede con el familiar de mi hermana ya que se me informa que ese insolente estuvo aquí y sin siquiera identificarse o presentar sus respetos desapareció de la propiedad-

-pues la verdad-

-también quisiéramos saber ¿Por qué mi hermana aun no llega luego de nuestra invitación?-

-ehh eso quiere decir-

-y antes que nada dígame que hace un mosquetero real, cercano a la reina atendiendo los asuntos de mi hija menor-

-si me permite…-

-pero puede darse prisa-

-…- la verdad Agnes entiende un poco la situación de Louise, su familia es muy complicada y luego que escucharon todo exigieron respuestas pero nadie la deja hablar. Que incomoda situación.

Hace 10 minutos en Bern.

-vaya el Sol ya salió completamente, se supone que esta es la primera ciudad de Germania, justo en la frontera con Tristan- la joven reina ve como el carruaje entra en la ciudad, un gran ciudad llena de vida con mucha gente corriendo a hacer sus obligaciones. Casi no se nota que las historias de su conductor sean verdad, no parecen del todo cierto.

-bueno señorita hemos llegado, para mí es todo un placer haberla traído-

-muchas gracias es usted muy amable, gracias por cuidarme todo este tiempo-

-no, no se preocupe… su majestad pidió que la cuidara y que la trajera a salvo por lo que espero que su viaje continúe igual de seguro y le pido que tenga mucho cuidado… las historias que le conté, son reales-

-gracias señor- la princesa de Tristan hace una pequeña reverencia, al parecer su madre engaño al conductor firmando en su nombre y pidiéndole que la llevara a salvo. Su mamá suele ser así, por lo que no tiene mucho que preocuparse.

-bueno, tengo un poco de hambre por lo que me apetece algo de comer… miraré por aquí a ver un buen lugar para desayunar-

Henrietta sale de la plaza principal y sigue los letreros mirando el menú de cada lugar. Ella busca cuidadosamente, siendo la reina es un poco consentida en la comida… no le gusta mucho las opciones de Germania, en parte por el rey de ese país que en un tiempo fue su prometido para un matrimonio político.

-mmm… esto no suena bien- ella sigue su búsqueda lejos de la plaza principal, pero sin darse cuenta no se quita la capucha que cubre la mitad de su cara. En un principio la usó para que nadie la reconociera pero ahora en otro país no tiene mucho sentido usarla.

-suena un poco extraño- platos extraños con combinaciones nada agradables, al final se decide por uno de ellos y entra al lugar.

Un pequeño restaurante con algunos clientes, Henrrieta elige una mesa vacía en una esquina y se sienta esperando por el servicio, pero el tiempo pasa y nada viene a tomar su orden.

-tal vez… su cultura es muy diferente, de pronto debo ir a pedir a la barra…- ella con el estómago crujiéndolo se levanta y habla con un mesero –disculpe… disculpe… podría tomar mi orden, quisiera…-

-monstruo… no me hables-

-ehhh…- como se atreve a llamarla de esa manera, es una reina… aunque ella piense que no es una buena gobernante de vez en cuando, no es motivo para que a una chica le digan eso – discúlpeme-

-¡no me toques!-

-espere…- el mesero toma distancia, deja caer un par de vasos que se estallan al chocar con el piso y la ve con ojos de furia.

-vuelve al lugar de donde provienes- la señala con ojos de furia-

Henrrieta da algunos pasos a la puerta y al ver a los demás clientes en busca de ayuda se da cuenta que todos la miran a ella, a nadie le importa la actitud del mesero o los vasos rotos… no, todos la miran a ella, y sus rostros no lucen muy amigables.

-pero… - sin esperar nada más ella sale del lugar, camina a paso rápido pero a cada uno de ellos y al ver a los alrededores se da cuenta que todos la está mirando… todos la miran a ella. Los clientes del lugar donde estuvo ahora salen y gritan por la calle.

-¡monstruo!-

-¡a ella!-

Su sangre se congela, la verdad su cuerpo y mente están asustados. Lo único que se le ocurre es regresar a la plaza y abordar el carruaje, de pronto no eligió un buen pueblo para venir.

-debo… debo salir…- sus pasos se convierten en una carrera por su vida. Lentamente más y más gente se le une a la muchedumbre.

Al llegar a la plaza se da cuenta que el hombre ya no está, ella fue dejada sola. Las personas se reúnen a su alrededor y ahora algunos de ellos traen espadas y palos, parece que la quieren ajusticiar en frente de todos.

-¡monstruo!-

-yo… yo no soy un monstruo-

-¡elimínenla antes que contagie a alguien-

-esperen… yo no soy-

-¡mosntruo!-

-pero yo- Henrrieta asustada cae de rodillas y se coge la cabeza esperando lo peor.

-mmmm… no puedo creer que nadie me ayude, ni siquiera se dignaron en escucharme-

-compañero deberíamos regresar con la chica y traerla aquí-

-Derf, pensé en eso pero la verdad no me parece correcto, mira como me tratan a mí… imagínate a ella con sus ojos azules, no me parece una buena idea-

-si lo vez de cierta manera parece que no les gusta los extranjeros-

-eso mismo estaba pensando, tal vez tiene que ver con el ataque hacia la chica o…- Saito se detiene a ver, mucha gente corre en una dirección y al final de la calle se escuchan algunos gritos. Por curiosidad Saito sigue a la multitud y al llegar a la plaza ve a las cerca de 60 personas rodeando a alguien.

-compañero, lo mejor es que nos retiremos… no parece ser muy amigable-

-espera Derf, se ve cómo lo mismo que ayer… puede ser que sea otro extranjero, alguien de mi mundo… una pista para mí-

-pero no puedes enfrentarte a todas estas personas-

-no puedo alejarme como si nada pasara, entrare-

Saito atraviesa rápidamente la multitud y al llegar al centro ve a una persona de rodillas con sus manos en la cabeza, sin pensarlo dos veces se acerca a ella. La multitud la había rodeado pero nadie se atrevía a dar el primer golpe, al parecer conservaban algo de humanidad o la persona les producía más miedo de lo que él se imaginaba.

-¡atrás! Aléjense de ella- esa voz.

-miren su rostro, es el cómplice-

-dos infectados-

-dos monstruos-

-rayos… ¡no se acerquen!- saito desenvaina su espada por lo que la multitud toma un poco de distancia.

-compañero, que vas a hacer no puedes simplemente matarlos-

-… Derf debes ayudarme con algo…-"esa voz... no puede ser él".

Henrrieta levanta su cara y ve al chico que estaba buscando al frente de ella con la espada en la mano.

-¿Saito-san?-

-ehh…- la persona que protege sabe su nombre, Saito voltea a ver y ve a la chica, a la que se supone que es su novia, a la reina, a la chica de la que se despidió.

-¡Henrrieta!-

Un momento de silencio.

-¡atrápenlos!-