Capítulo 10: Bailes y Descubrimientos
Iason miraba fijamente a la terminal de su computadora, pero no estaba realmente concentrado en ella, sus pensamientos estaban junto a Riki. Había pasado casi una semana desde que habían vuelto de la playa y las cosas entre él y el mestizo continuaban muy tensas. Incluso había salido a otro viaje de negocios que lo mantuvo alejado por los últimos cuatro días y había retornado a su oficina de Eos para trabajar en lugar de volver a casa cuando regresó esta mañana. Podía admitir que había perdido la paciencia con su mascota esa noche, sabía que había herido seriamente a Riki debido a sus propios celos egoístas e irrazonables.
Su mascota se había mantenido firme, a través de la humillación, el dolor y las horas de sexo brutal. Había pedido la liberación, rogado que Iason se detuviera, lo maldijo y lo amenazó, pero nunca admitió la verdad de lo que había sucedido en el casino. Había protegido a Mimea durante todo el sufrimiento que el Blondie quiso causarle y eso aún irritaba a Iason.
Le había dado dos días para recuperarse porque realmente lamentaba haber herido a Riki, pero una vez pasados esperaba poder hacer el amor con su mascota de nuevo. Sospechaba que todavía podría enfrentar algún tipo de batalla con el mestizo, dadas las amenazas que su mascota había lanzado ese día, pero esperaba que Riki se diera cuenta de que estaba equivocado al mentir sobre Mimea y que las cosas volverían a la normalidad.
En cambio, cada vez que Iason regresaba a casa, encontraba a Riki horriblemente intoxicado, bebiendo y empalmando cigarrillos. Su mascota estaba de acuerdo con las exigencias de su amo, pero el alcohol atontaba sus reacciones hasta tal punto que Iason bien podía estar follándose a un muñeco. Después de dos días de eso, hizo que Cal cerrara con llave el alcohol y se llevó el tabaco de Riki. Esperaba que su rabieta empeorara hasta llegar a negarse a comer o a bañarse, como lo había hecho varios años antes, pero su mascota ya aprendió la lección entonces. Sabía que el furniture sería castigado si no era capaz de cuidarle adecuadamente, por lo que comía y se bañaba, pero sus comidas juntos eran silenciosas como una tumba. Nada hacía al mestizo pronunciar una palabra, incluso cuando Iason trató de provocar su ira.
Primero Mimea y ahora Cal, Iason no entendía por qué Riki tenía tanta consideración y lealtad para una mascota o un mueble y nada de eso mismo para él. Era extremadamente frustrante. ¿Por qué Riki no le pertenecía? ¿Por qué Riki no podía amarlo y aceptarlo? Después de todo, el Blondie había hecho muchos ajustes para que el mestizo pudiera ser su mascota. Había roto numerosas reglas de su propia gente y sin embargo Riki no mostraba ni pizca de gratitud por ese sacrificio.
Haría cualquier cosa para hacer feliz a Riki, bueno, cualquier cosa razonable, claro. Riki había aceptado su vida como mascota, había vuelto a Eos y comprendido que ahora pertenecía a su amo. Pero por culpa de ese estúpido incidente estaba actuando de un modo casi tan beligerante como el que tenía antes de su domesticación. ¡Honestamente, Iason tenía ganas de arrancarse los pelos de la cabeza!
Recogiendo varios mechones de los rubios cabellos que se le derramaban sobre los hombros, se preguntó si realmente podría arrancarlos. Suponía que podría, pero ¿volverían a crecer? El pelo del Blondie estaba simplemente allí, nunca crecía ni se lo recortaba. No, no se lo arrancaría, le gustaba su cabello. A Riki también le gustaba, le gustaba jugar con él cuando estaba perdido en la agonía de la pasión. Iason sonrió burlonamente recordando los casos en que Riki hizo exactamente eso, jugar rizando los bucles de su amo entre los dedos, con una dulzura que contradecía la urgencia de sus otras respuestas durante esos momentos.
Iason suspiró. ¿Por qué las cosas no podían ser así todo el tiempo?
— Te ves muy contemplativo.
Iason ni siquiera se molestó en mirar a Raoul cuando su amigo entró en la oficina.
— Es mi trabajo contemplar, considerar y escoger.
— Esa mirada es muy diferente a tu mirada de trabajo. — Raoul se acomodó en una silla frente al escritorio, cruzando una larga pierna sobre la otra. — ¿Problemas con tu mestizo otra vez?
— No.
— ¿No? Normalmente eso es lo único que te pone en ese estado.
— ¿Y qué estado es ese, Raoul?
— Has estado mirando a la misma información durante casi quince minutos y no has hecho ningún movimiento para ajustarla o aceptarla.
— Ya la he ajustado. Simplemente no he enviado los resultados todavía.
— ¿Por qué no?
Iason tocó un botón en su terminal y los datos se cerraron.
— Listo, ya está enviada
— No has respondido a mi pregunta, Iason.
— Tu pregunta es inválida, Raoul.
Iason se levantó y se puso la capa. Quería volver a casa, pero no quería enfrentarse a otra noche con una mascota malhumorada. Además, si se iba a casa y Riki seguía en ese estado de ánimo terrible, su temperamento podría estallar y las cosas podrían empeorar.
— ¿Vamos a tomar un trago?
Raoul parpadeó y se levantó.
— Hace mucho que no me lo pedías.
— ¿No te apetece?
— No he dicho eso.
Los dos Blondies salieron juntos de la oficina y se dirigieron a los ascensores.
— Simplemente estoy sorprendido. Esperaba que quisieras volver rápidamente donde tu mascota.
— Me gustaría relajarme primero, ¿es tan difícil de creer?
— No. Siempre es un placer tomar una copa contigo, Iason.
Riki se despertó de otra pesadilla que involucraba a su antiguo pairing partner. Era muy similar a la última, incluyendo la parte de Guy convirtiéndose en Iason durante el sexo, solo que esta vez no terminaba con ellos ardiendo. Esta vez Riki sintió como si estuvieran cayendo, él y Iason, en un largo pozo sin fondo. Había sido tan oscuro y frío. Continuaba llamando a Iason desesperadamente, pero el Blondie no le respondía. Podía sentirle en sus brazos cuando cayeron, pero el Blondie se negó a responderle y eso lo asustó aún más que lo del fuego. La culpa, el miedo y la tristeza lo habían engullido, ¿por qué Iason no contestaba? ¿Por qué no respondería a sus gritos?
Se sentó, se frotó el cuello y miró las sábanas azul pálido de su cama. Iason llevaba fuera ya cuatro días. Debería sentirse contento, pero no lo estaba. Las cosas habían estado tensas entre ellos desde lo de la casa de la playa y todavía seguía muy cabreado con el Blondie. ¿Fue por eso que su sueño tuvo un final diferente?
Había intentado rebelarse al principio bebiendo varias botellas de licor al día, tratando de ahogar sus penas. También fumaba tantos cigarrillos como podía, ignorando la regla de Iason de sólo uno o dos al día, sabiendo que el Blondie encontraría el olor en él desagradable. Cuando Iason regresaba a casa, normalmente estaba en un estado tan deplorable que ni le importaba lo que le hacía el Blondie. El alcohol siempre embotaba sus sentidos, haciéndolo lento y complaciente. Demasiado al parecer, ya que le cortaba el rollo a Iason completamente.
Su amo ordenó a Cal poner bajo llave el licor y se llevó sus cigarrillos, pero Riki simplemente salió del apartamento en una de sus rarísimas excursiones a la zona comercial, se compró otro paquete y lo escondió. Era fácil fumar en el cuarto de baño con la ventana abierta, pero sospechaba que Cal sabía que lo estaba haciendo. Cal sabía todo lo que sucedía en la casa de su amo, pero el furniture no lo había reportado a Iason, porque de lo contrario le habrían quitado de nuevo el tabaco.
Tornó su mirada hacia la pared, ya que no había ventanas en esta habitación. La sala de mascotas... Dejó que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad hasta que pudo distinguir los muebles de la habitación. Estaba durmiendo aquí de nuevo porque no había manera de que quisiera dormir en la habitación de Iason. Ese bastardo lo había herido de nuevo y esta vez no lo perdonaría. Por supuesto que había mentido sobre Mimea, pero eso no era excusa para lo que Iason hizo. Tendría que haber confiado en él, creído en él, pero en lugar de eso lo sacó todo de quicio, como de costumbre.
¡Cabrón! ¡Puta mierda de situación!
Riki se sentó, enojado, y echó hacia atrás las sábanas.
¿Por qué estaba pensando en ese frío capullo de todos modos? Se alegraba de que Iason no estuviera en casa. No era como si lo echara de menos o algo, por el amor de Dios. Su cuerpo lo extrañaba, claro, pero se había ido por más tiempo otras veces. Había aguantado un año entero sin el toque del Blondie, podría ciertamente sobrevivir unos días más. Iason lo tomaría cuando regresara, estaba seguro de eso porque tendría que reafirmar el control sobre su preciosa mascota, ¿verdad? No tenía nada que ver con quererlo o preocuparse por él. Todo consistía en control y satisfacción de las perversas necesidades de un androide. Riki no era nada más que un complemento para el sexo.
No le gustaba ni pizca dónde le llevaban sus pensamientos. Riki sacó lo primero que pilló de su armario, un par de pantalones vaqueros negros de talle bajo y se deslizó en ellos. Se subió la cremallera pero no se molestó en abrochar el botón superior, ya que eran lo suficientemente apretados para que no se le cayeran.
Al salir de su habitación, se detuvo un instante recordando cómo tenía que llamar a Daryl para que lo dejara salir cuando Iason lo encerraba en el pasado en esa misma habitación cada noche. Sabía que Daryl había sido "descontinuado", como las otras mascotas llamaban al proceso de deshecho de los muebles, y eso todavía lo molestaba. Iason nunca le contó lo que le sucedió a Daryl después de que hubo abierto las puertas de Eos para él.
Cuando regresó y se encontró con que Cal era el nuevo furniture de Iason, se había prometido a si mismo no volverse demasiado cercano al muchacho, pero eso había sido difícil porque a menudo sólo estaban ellos dos conviviendo en el apartamento y hubo un progreso natural de camaradería después de un tiempo. Tras oír hablar de Daryl cambió de opinión acerca de mantener la distancia y comenzó a ser más agradable con Cal. No sabía qué podía hacer que Iason tomara la decisión de deshacerse del mueble, por lo que trataría de ser considerado con la posición y obligaciones de Cal, dentro del límite de lo razonable. Aunque todavía insistía limpiarse su propio trasero.
No comprendía completamente por qué Daryl hizo lo que hizo. Se dirigió al salón y miró a través de los ventanales del piso al balcón. Era muy tarde, el cielo era de un profundo negro cuervo, pero las brillantes luces de la ciudad le deslumbraban a través de las ventanas, proyectando un sutil resplandor azulado sobre el blanco mobiliario. La oscuridad le recordó al pozo de su sueño y trató de sacudir la imagen de su mente.
Necesito un trago.
Entró en el comedor y se dirigió a la pared opuesta a la mesa. Presionando los dedos en la terminal justo a la izquierda, sonrió cuando la luz del indicador brilló en rojo. Oh sí, Iason le dijo a Cal que cerrase la alacena con el licor.
— Muy bien entonces…
Dirigiéndose a su habitación, recogió su pequeña navaja multi-herramientas y regresó al comedor. Tarareando, desatornilló el frontal de la consola y agarró la fina herramienta con los dientes mientras decodificaba la secuencia de números, cruzaba dos cables y codificaba una segunda contraseña. Tras pocos minutos, el panel de la pared del mueble bar se abría, revelando el gran surtido de licores de su interior.
— ¡Encantador!
Riki sonrió mientras atornillaba el panel a la pared de nuevo. Echó un rápido vistazo a las botellas de múltiples tamaños y colores. No estaba de humor para el sake o para el whisky así que escogió una delgada y muy decorada botella de la parte superior de la estantería. Le quitó el tapón, olisqueó el contenido y asintió.
Cal apareció en el comedor justo cuando el panel del mueble bar se deslizaba de vuelta a su sitio.
— Riki.
Riki casi sonrió ante el tono desaprobatorio del joven.
— Vuelve a la cama, Cal.
— El amo Iason dijo no más licor.
— El amo Iason no está aquí.
— Por favor, póngala en su sitio.
— No.
Cal suspiró.
— No le conté nada al amo sobre el tabaco, pero tendré que decírselo.
Cal se había permitido esa pequeña indiscreción porque su amo no volvería hasta mañana, y en todo caso tendría tiempo de llevarse los cigarrillos de Riki por la mañana y de asegurarse que el mestizo se bañaría para borrar el olor. No vio daño alguno en dejar que Riki fumara mientras Iason no estaba allí y esa fue una pequeña concesión para agradecerle que por lo menos tratase de enseñarle a nadar.
Fulminó con una firme mirada al mestizo.
— No deseo que ninguno de los dos sea castigado, así que por favor, vuelva a guardar la botella.
— Sólo voy a tomar una copa. No puedo dormir ...
— Le daré un sedante.
— No me gusta cómo me hacen sentir.
— ¿Un té o leche caliente?
— No, quiero ésto.
— ¡No puedo permitir que se lo tome, amo Riki! — Cal se puso de pie, decidido a conseguir el licor, sin importar lo que le costara. Debía obedecer a su amo. — Insisto en que me de la botella ahora.
Riki frunció el ceño y le tendió la botella.
— ¡De acuerdo! ¡Llévatela!.
El alivio del joven mueble era palpable. Realmente no quería recurrir a la vara eléctrica que llevaba en el bolsillo. No podría vencer a Riki físicamente, pero tenía que obedecer la orden de su amo y usar todo lo que estuviera en su mano para intentarlo.
— Gracias. — Se llevaría el licor a su habitación y lo guardaría hasta por la mañana. Mejor mantener el mueble bar cerrado y a Riki lejos del mismo por el momento. — ¿Quiere que le haga un poco de té?
— No. Voy a poner algo de música y a tratar de relajarme.
— ¿Está seguro? No volverá a forzar el mueble bar, ¿verdad?
— No.
— ¿Lo promete?
— Sí, te prometo que no volveré a abrirlo.
Cal asintió.
— Está bien entonces. Buenas noches.
— Buenas noches.
Riki esperó hasta que oyó el chasquido sutil de la puerta del dormitorio de Cal de detrás de la cocina cerrarse, luego se agachó debajo de la mesa junto al sillón y sacó la botella de alto cuello que ya había elegido. Había escuchado a Cal acercarse, así que había agarrado la primera de ellas como un señuelo. No quería que el chico se metiera en problemas, pero también necesitaba algo que le ayudara a dejar de pensar tanto.
Regresó a la sala, se sirvió una generosa cantidad del fino líquido dorado y se la tomó de un trago. ¡Guau! Esa mierda sabía muy bien! Era un poco dulce, casi como un caramelo y no parecía alcohol regular.
Tomó el control remoto y programó algo de música en la cadena, luego tomó la botella y su vaso y salió al balcón. Rellenando de nuevo su copa, encendió un cigarrillo e inhaló profundamente. Exhalando el humo con un lento y profundo suspiro, se sirvió un tercer trago y lo tomó esta vez en pequeños sorbos mientras sus pensamientos volvían a su sueño.
Había dejado que Guy lo golpeara antes de marcharse de Ceres, y provocó a su amigo lo suficiente como para que la ira se apoderase de él. Iason le había dicho que rompiera todo contacto y se asegurara de que se quedara roto. La única manera de conseguirlo era hacer que Guy lo odiara. Había dicho cosas horribles esa noche y lamentaba cada una de ellas, pero lo hizo para mantener a Guy a salvo.
No había razones para que volviera a soñar con Guy, se había reconciliado con su decisión de regresar a Iason y, por lo general, una vez que asumía algo, no permitía que lo molestara de nuevo. ¿Fue sólo porque se sintió traicionado cuando Iason lo castigó por Mimea? Ciertamente se sintió engañado cuando el Blondie apareció en Ceres un año después de liberarlo y lo obligó a regresar. Y sabía que Guy se sentiría traicionado por sus acciones antes de irse. ¿Había sido eso lo que provocó el sueño?
La luz de las lunas resplandeció sobre el metal de su pulsera. ¿Por qué llevaba todavía puesta esa cosa? Estaba cabreado con Iason, ¿verdad? Entonces, ¿por qué llevaba todavía algo que ese bastardo le dio? ¿Qué pasaba con eso? ¿Por qué Iason se molestaba en comprarle regalos y demás mierda? ¿Estaba tratando de comprar su afecto o algo así? Bueno, no iba a funcionar. Nunca podría sentir afecto por Iason. No podía sentir más que resentimiento hacia el ser que había arruinado su vida. Sin embargo, le había sorprendido que las manos de Iason temblaran un poco cuando le había pedido que le pusiera la pulsera. Por lo general era siempre tan tranquilo y frío. No podía haber sido a causa de la ira, Iason parecía contento de que aceptase el regalo.
Dios, era tan difícil tratar de leer al Blondie. Riki tocó la cadena de su muñeca. ¿Por qué la había guardado? ¿Por qué no la puso en el armario con las demás cosas que le daba Iason, después de que Diman y Aleia se fueran? Quizás porque el Blondie había sido especialmente amable con él cuando pilló a Aleia acercándosele en el balcón. Había estado convencido de que iba malinterpretar la situación y castigarlo. Pero en lugar de eso había creído a Riki, lo había llevado a su habitación para calmarse e incluso le dejó fumar. Ese había sido un lado que no había visto antes en Iason y le había confundido muchísimo.
Toda la cena en el balcón lo dejó a cuadros, y luego lo de ir a la playa ... ¿Qué estaba tratando de hacer el Blondie? ¿Qué podría estar pasando con el élite para que se molestase en ser amable con su mascota? No es que Iason fuera siempre cruel, de hecho la mayor parte del tiempo era un poco indulgente, casi tierno. Era sólo cuando Riki se negaba a decirle la verdad que la crueldad salía a la luz. Pero no, tenía que haber más que eso.
Iason lo había provocado deliberadamente dejando que Diman lo tocara y lo tratara como a un animal. Iason tenía que saber que ese era un punto de ruptura para él, y aún así lo hizo y luego lo castigó por ello. Iason era un bastardo enfermo, eso era todo. No tenía otra explicación.
Al ver que su copa estaba vacía, volvió a llenarla y dejó la botella lejos de su alcance. Podría acabársela en breve si seguía bebiendo a esta velocidad, ¿y qué es lo que su querido maestro pensaría de eso? ¿Le importaba realmente? No, en este preciso momento no. Tanagura puede ser considerada el centro de la cultura y el refinamiento, pero era sólo otro pozo de mierda para él, lleno de gilipollas, snobs y personas demasiado dispuestas a hacer su vida miserable.
Odiaba estar aquí, pero también odiaba vivir en Ceres. Al menos tenía cierto nivel de respeto en el Ghetto, aquí no tenía nada, no era nada. Pudo comprobar eso después de su noche en el casino.
Iason llevaba fuera cuatro días y Riki no tenía ni idea de cuándo regresaría. Se sentía en conflicto, porque una gran parte de él disfrutaba del descanso del sexo y de las manipulaciones del androide y sin embargo ... también lo echaba de menos.
Había sido muy difícil para él acostumbrarse a la falta de estímulo durante ese año que fue libre. Cada vez que se despertaba, esperaba que Iason se lo llevara o lo tocara, y sus sueños habían sido una mezcla de escenas eróticas y pesadillas brutales. Guy probablemente habría estado más que dispuesto a tener relaciones sexuales, pero Riki no había sido capaz de cruzar esa línea. Sabía que Guy no podía provocarle las sensaciones de las que Iason era capaz y eso lo hacía sentirse avergonzado y culpable. Su cuerpo pertenecía a Iason Mink, tanto si llevaba un anillo, un collar, o si vivía libremente en los barrios bajos. Eso se había convertido en un hecho que no podía cambiar.
Y ese era el verdadero problema, ese hecho era realmente por lo que se sentía tan en conflicto. Él pertenecía a Iason, lo sabía, su cuerpo y su corazón lo sabían, y esa era la verdadera razón por la que había regresado. No era para salvar a Guy o a sus amigos. No era por miedo o por sentirse atrapado. Regresó porque no había ningún otro lugar en el que pudiera estar, ningún otro lugar donde deseara estar.
Iason Mink no era humano y no era amable. Era un amo despiadado con tendencias perversas y demandas egoístas. Riki era un mestizo de los tugurios con demasiado orgullo y poca energía para romper los lazos que lo encadenaban a un Blondie de Tanagura. Él quería, necesitaba la libertad, pero había dejado de correr.
¿Cómo podía odiar a Iason, y aún así ansiar su toque? ¿Cómo podía extrañar a alguien que lo hería y humillaba constantemente? ¿Por qué sentía la necesidad de rebelarse contra Iason y luego de acurrucarse en su regazo al minuto siguiente? Estaba atrapado en una jaula de su propia fabricación y eso lo estaba volviendo loco. Sentía que se estaba hundiendo en arenas movedizas y se negaba a buscar una rama para liberarse.
— Tan jodido, — murmuró. — Estoy tan jodido…
La canción cambió a un ritmo duro de jazz y recordó a Riki a las que sonaban en el club que él y su banda frecuentaban. Se acordó de Guy molestándolo para bailar todo el tiempo, y siendo tan adorablemente ansioso que Riki siempre cediera. No afectaba a su reputación el bailar con su pareja, al menos nadie le diría nada en la cara al respecto, por lo que bailaban a menudo y se había sentido realmente bien haciéndolo.
Necesitaba algo para sacarlo del agujero negro emocional en el que se estaba metiendo. Terminó su tercera copa, ignoró la forma en que hacía girar su cabeza, arrojó su cigarrillo por encima del borde de la terraza y se deslizó hasta el suelo. Puso el vaso en la repisa, cerró los ojos y se balanceó con la música tratando de imaginar a Guy en sus brazos, moviendo sus cuerpos uno contra el otro a un ritmo lento y sensual.
En realidad le encantaba bailar, aunque siempre se resistía cuando Guy se lo pedía, pero le gustaba perderse en la música y dejar que lo llevara lejos, a un lugar mejor. Se preguntó si Iason alguna vez había bailado, pero entonces la música lo hizo flotar, a través de nubes de azules brumosos y suaves grises, y comenzó a tararear.
Cal observaba a Riki moviéndose lenta y sensualmente a lo largo del balcón, no tan diferente de lo que había visto hacer a otras mascotas en las actividades sociales de entretenimiento, pero sus bailes eran específicamente destinadas a excitar, mientras que la danza de Riki era diferente de alguna manera. Había sospechado que el mestizo había regresado al gabinete a pesar de su promesa y estaba seguro de que tenía otra botella de licor. Cal había querido quitársela, pero había quedado hipnotizado por la vista frente a sus ojos.
Los ojos del mestizo estaban cerrados y lucía una expresión que no era en absoluto seductora ni coqueta, como la que una mascota usaría. ¿Qué podría provocar tal expresión en su cara y por qué Riki no podía verse así más a menudo? Sabía que el mestizo no era feliz aquí, y en este momento se veía ... bueno, tal vez no feliz pero ... ¿sereno? ¿Pacífico? Riki era tan hermoso, su rostro traicionaba todas sus emociones y Cal envidiaba esa habilidad.
Con una voz rota y ahumada como los cigarrillos que fumaba, Riki empezó a cantar y el corazón de Cal casi dejó de latir. ¡Qué sonido tan maravilloso! Había oído a otras mascotas cantar, a veces aumentaba el precio si una podía entretener más allá del aspecto sexual a sus amos, y para ello eran entrenadas profesionalmente, pero esto ... Riki era mucho mejor que cualquiera de las mascotas que había oído cantar. Su tono cálido hizo a Cal pensar en caramelo derretido, rico, aterciopelado, tranquilo y con tanta profundidad y color que no podías evitar meter el dedo y lamer, aunque te quemara.
— Es la luz de la luna a través de los pinos, otros brazos se extienden hacia mí, otros ojos sonríen tiernamente. Todavía en los pacíficos sueños que veo, el camino me lleva de regreso a ti… *
Cal trató de comprender las palabras, pero eran totalmente ajenas a las canciones que conocía, y justo cuando empezaba a entender, la canción cambió. Miró hacia la puerta cuando ésta se abrió y retrocedió cuidadosamente entre las sombras contra la pared cuando Iason entró. El Blondie se sorprendió al oír música tan tarde por la noche y cuando entró a la sala de estar pudo ver la razón.
**El amor puede ser algo esplendoroso.
No puedo negar la alegría que trae.
Una docena de rosas, anillos de diamantes.
Sueños en venta y cuentos de hadas.
Cal nunca había visto a su maestro tan conmocionado, nunca había visto esa expresión en ningún Blondie y estaba intrigado por lo que su amo haría a continuación con Riki. Pero cuando Iason se acercó a su mascota, decidió que sería lo mejor para él volver a su habitación. Algunas cosas necesitaban ser privadas.
Riki todavía andaba perdido en la música cuando sintió dos fuertes brazos rodearlo desde atrás, y porque estaba completamente relajado y de buen humor por la música, por el alcohol, o simplemente por el hecho de que estaba siendo tocado de nuevo, se inclinó contra el duro pecho de Iason y levantó los brazos para enlazar sus dedos alrededor del cuello del Blondie.
— Hey. — Murmuró, más que satisfecho cuando el cuerpo de Iason empezó a balancearse junto al suyo. — Has vuelto…
Te hará escuchar una sinfonía
Y solo querrás que el mundo lo vea.
Pero como una droga que te vuelve ciego
te engañará una y otra vez.
Iason miró la botella de su mejor licor y parpadeó. El contenido de alcohol alcanzaba casi los cien grados y se esperaba que no se tomara más de un sorbo del mismo, ya que sus efectos podrían ser letales. Riki obviamente llevaba más de una copa encima y el Blondie estaba en estado de shock porque su mascota todavía continuaba en posición vertical. Obviamente Riki tenía una tolerancia muy alta al alcohol.
— He vuelto... —- Murmuró mientras acariciaba el cuello de su mascota, encantado cuando el mestizo inclinó la cabeza hacia un lado para permitirle un mejor acceso. Sí, su mascota estaba bastante borracha, pero de un modo diferente a como lo estuvo a principios de semana. Riki estaba más relajado que embotado.
El problema con el amor es
que puede desgarrarte desde dentro
Hacer que tu corazón crea una mentira.
Es más fuerte que tu orgullo.
Riki se sentía tan bien, tan cómodo… Finalmente Iason estaba en casa y lo estaba tocando otra vez. Olvidó que estaba enojado, olvidó que se sentía herido. Era tan agradable, sólo estar así con Iason... Era tan agradable...
Se giró en los brazos de su amo y dejó que su mano se deslizara hacia abajo para agarrar los costados de la chaqueta del Blondie. Después apoyó la cabeza contra su pecho y presionó sus caderas contra él, pero no en necesidad, simplemente en esa dirección.
El problema con el amor es
que no importa cuan rápido caes.
Y no puedes rechazar la llamada.
Mira, no tienes nada que decir.
Iason colocó las manos en las caderas de Riki y se dejó guiar por su mascota, contento de que Riki parecía haberle perdonado, al menos por ahora. Ambos cuerpos giraron lentamente a lo largo de la terraza. Así que esto era bailar, pensó intrigado. No parecía gran cosa pero debía admitir que era muy relajante.
— ¿Te gusta esto, Riki?
— Hmmmm...
— ¿Te gustaría hacerlo más a menudo?
— Shhh… — La mano de Riki se movió para cubrir la boca de Iason. — Escucha la música…
Ahora, yo fui tonto una vez.
Cierto que jugué según las reglas
Pero ahora mi mundo es de un azul más profundo
Estoy más triste, pero soy más sabio también.
Las cejas de Iason se elevaron a causa de la letra. ¿Estaba Riki tratando de decirle algo con tales palabras? El baile y la música eran obviamente algo que el mestizo disfrutaba, así que se cercioraría que lo hicieran más a menudo. Tenía que admitirlo, se sentía increíble simplemente abrazar así a su mascota y sentir a Riki devolverle el abrazo, mientras se movían juntos en fácil sincronía.
No es que esto hiciera algo para amortiguar su ardor. El ver a Riki balancearse tan seductoramente en el balcón cuando entró en el apartamento lo puso duro al instante y tenía toda la intención de llevar a su mascota inmediatamente al dormitorio para tomarla brutal y rápidamente, especialmente porque le habían negado tal placer durante varios días. Entonces Riki lo había tocado, se inclinó hacia él de buena gana, y Iason estaba tan emocionado que había tenido miedo de hacer cualquier cosa que rompiera el hechizo.
Juré que nunca amaría de nuevo.
Juré que mi corazón nunca se enmendaría.
Dije que el amor no valía la pena
pero entonces lo escuché decir mi nombre.
— Entonces, ¿ya no estás enfadado conmigo?
— Sí lo estoy. — Riki se retiró para mirar a Iason a la cara, maravillado de cómo un demonio podría parecerse tanto a un ángel. Todavía estaba enojado pero no quería dejar de bailar, no quería arruinar este momento perfecto. Apoyando la cabeza contra el pecho del Blondie, volvió a enredar los dedos entre sus cabellos. — Mañana seguiré con mi enfado.
El problema con el amor es
que puede desgarrarte desde dentro.
Hacer que tu corazón crea una mentira.
Es más fuerte que tu orgullo.
Iason se resistió a la urgencia de aplastar a Riki contra él, las palabras de su mascota tuvieron un efecto fulminante y no estaba seguro de qué hacer, luego recordó el sonido de la voz de Riki cuando entró en el apartamento.
— Canta para mí, mascota.
— Di "por favor".
Iason levantó una ceja.
— Por favor...
Y Riki empezó a cantar de nuevo.
El problema con el amor es
que no importa cuan rápido caes.
Y no puedes rechazar la llamada.
Mira, no tienes nada que decir.
Iason se sacudió como si un impulso eléctrico explotara en su cerebro, pero incluso con un diagnóstico exhaustivo no pudo encontrar la causa. No tenía corazón pero sintió ese extraño y doloroso apretón en su pecho otra vez. ¿Qué lo estaba causando? ¿Qué le estaba ocurriendo? Probablemente debería hacerse un chequeo con Raoul, asegurarse de que todo funcionaba correctamente.
Cada vez que me doy la vuelta
creo haberlo entendido todo.
Mi corazón sigue llamando y yo sigo cayendo.
Una y otra vez.
— ¡Hey!
Riki dejó de cantar cuando se dio cuenta de que Iason había dejado de moverse. En el proceso de diagnosticar su problema, el Blondie se había quedado momentáneamente parado sin darse cuenta.
— Oh disculpa, mascota.
Iason empezó a moverse de nuevo con la música, deslizando sus manos sobre la piel desnuda de Riki, llevando el ritmo con su caricia.
— Hmmmm ... se siente bien…
Iason no pudo soportarlo más, aplastó sus labios contra los de Riki en un beso urgente y exigente. Estaba muy excitado, por sentir a su mascota pegada contra su cuerpo, escuchando la suavidad de su voz. La tentación del toque de Riki era simplemente demasiado.
Esta triste historia siempre termina igual.
Conmigo de pie bajo la lluvia.
Parece que no importa lo que haga.
Siempre me parte el corazón en dos.
Los brazos de Riki se arremolinaron alrededor del cuello de Iason mientras la lengua del Blondie se deslizaba y violaba los confines de su boca.
— Se amable …, — gimió. — Sé bueno ... suave … como la música …
Iason se conformó. Era la primera vez que Riki le hacía este tipo de petición por lo que suavizó el beso, lo hizo más sensual y lento, para después observar, atónito, como los ojos de Riki se cerraban. Continuó balanceando sus cuerpos con la música y mantuvo el beso al mismo ritmo suave, observando para ver si Riki los abría de nuevo. Cuando no lo hizo, Iason cerró por fin los suyos con un suave suspiro.
El problema con el amor es
que puede desgarrarte desde dentro.
Hacer que tu corazón crea una mentira.
Es más fuerte que tu orgullo.
Se besaron y bailaron hasta el final de la canción y al terminar, de repente Riki se congeló, como si de pronto se diera cuenta de con quién estaba bailando. Sus ojos se abrieron y se alejó de Iason, sonrojado.
¡Mierda! ¿Qué diablos estaba haciendo? ¿En qué estaba pensando? Su cabeza daba vueltas y todo su cuerpo hormigueaba. Echó un vistazo a la botella de licor medio vacía, ¿llevaría algún tipo de droga? ¿Era por eso que se estaba colgando de Iason como una puta en celo?
Detectando el conflicto interno de su mascota, el Blondie se explicó.
— Esa marca en particular de licor tiene un alto contenido de alcohol, Riki. Se supone que se beba en dosis muy pequeñas.
— Yo ... yo no lo sabía. — Riki se ruborizó de nuevo, se había tomado cuántos ... ¿tres, cuatro vasos? Menudo idiota. — Supongo que ahora estás enojado.
Cierto, Iason había prohibido el alcohol y Riki obviamente había forzado el mueble bar, ya que sabía que Cal nunca lo habría abierto para él. También había visto los cigarrillos en la cornisa, por lo que su mascota había roto varias reglas, pero ¿cómo podía estar molesto por eso cuando había podido ver un lado nuevo e intrigante de Riki gracias a eso?
— No.
— ¿De... veras?
Iason se acercó de nuevo, extrañando el calor del joven, cogió la barbilla de Riki y la levantó para que sus ojos se encontraran.
— El dolor de cabeza que tendrás sin duda mañana será suficiente castigo.
— He tenido resaca antes.
Iason bajó la cabeza y besó a Riki de nuevo, lenta y deliberadamente, luego levantó su cabeza lo suficiente para poder ver su rostro.
— Gracias por el baile.
La cara de Riki estalló en llamas mientras trataba de alejarse, pero Iason simplemente deslizó su brazo libre alrededor de su cintura y lo acercó más.
— ¿Me has echado de menos?
— No.
— ¿Ni siquiera un poquito?
— No.
Iason sonrió burlonamente ante la terquedad de su mascota, porque incluso ahora, su cuerpo se arqueaba inconscientemente hacia él.
— ¿Sólo mi toque, entonces? — Deslizó su mano por el oscuro y liso pecho para escuchar el jadeo de Riki. — Me conformo con eso por ahora. — Se inclinó y tomó uno de los pezones del mestizo en su boca. — Yo sí te extrañé…
— ¡Tú... ahhh ... cabrón …!
— A veces…¿Te lo muestro?
Riki se estremeció ante su pobre elección de palabras, y luego gritó cuando Iason lo levantó y arrojó sobre su hombro como un saco de patatas.
— ¿Qué? ¡Oye! ¡Bájame, carajo!
— Dudo seriamente que puedas llegar al dormitorio por tu cuenta después de todo lo que has bebido, así que esto es mucho más rápido.
— ¡No estoy tan borracho!
— Estabas bailando solo y cantando en nuestro balcón, Riki.
¿Nuestro balcón? Los ojos de Riki se ensancharon, cuando Iason abrió la puerta de su habitación y entró.
— Está bien, yo ... podría estar ... un poco borracho, pero puedo ... ¡oooh! — El aliento se le escapó cuando Iason lo arrojó sobre la cama. — ¿Cuál…? — Comenzó a levantarse sobre los codos y a apartarse el pelo de la cara. — ¿...es tu problema?
— No tengo ningún problema en este momento. — Aseguró Iason mientras comenzaba a desnudarse metódicamente. — Quítate la ropa, Riki.
Había una advertencia en el fondo de su mente en alguna parte, una luz roja que parpadeaba "peligro, peligro", y sin embargo su cuerpo estaba demasiado relajado para preocuparse. En su lugar, Riki rodó.
— No estoy de humor.
Iason se dirigió hacia él, claramente sobresaltado, y luego lentamente sonrió. Interesante. Riki se había fundido muchas botellas de alcohol durante sus primeros tres años en Eos, y todo lo que hacían era convertirlo en un ser deprimido y desagradable. Evitaba la mayoría de los vinos o combinados porque temía que llevaran drogas, pero parece que había encontrado algo que lo volvía ... ¿coqueto?
Se arrastró hasta la cama y se subió encima del mestizo.
— Sabes que puedo ponerte de humor, con bastante facilidad…
Le recordó susurrando en su oído.
— ¡Dios ... eres muy pesado! ¿De qué te hizo Júpiter? ¿De puto osmium?
Iason rió entre dientes. Se sentó y quitó los vaqueros de Riki, encantado de que su mascota no se resistiera. Riki se volvió y miró a Iason, tratando de concentrarse.
— ¿Es por eso que no quieres nadar? ¿Porque te hundirías directamente en el fondo?
— Bueno, ciertamente no flotaría, pero tampoco me ahogaría. Puedo moverme bajo el agua aunque sea incómodo. — Iason acarició la mejilla de Riki. — Sin embargo, tú nadas como si hubieras nacido para ello. Disfruté tanto observándote.
— Disfruté mucho nadando. — Riki parpadeó cuando sus ojos se humedecieron repentinamente, y luego recordó lo ocurrido en la casa de la playa. Volvió la cabeza, alarmado por encontrarse cerca de las lágrimas. — Eres un imbécil.
— ¿Perdona?
— ¿Por qué me tuviste que hacer eso, Iason?
Riki sintió un nudo en la garganta, trató de evitar que salieran más palabras, pero el alcohol le había aflojado la lengua. Se dio cuenta de que no estaba tan enfadado por ser castigado como por lo extremo que había sido Iason con él.
— Me mentiste, Riki.
Iason no quería hablar de eso ahora. No quería arruinar su buen humor.
— ¡No estaba mintiendo!
— Entonces, ¿por qué no me contaste lo de Mimea?
Riki palideció y se sentó, apartándose de Iason y apoyándose contra la cabecera de la cama.
— ¿Cómo…?
— Pedí las imágenes de la cámara de seguridad y hablé con ella.
— ¿Cuándo?
— Después… — Iason dejó caer sus piernas a un lado de la cama y se sentó allí, sintiendo la frustración creciendo de nuevo. Después de haber herido a Riki, después de haberlo castigado con demasiada dureza. Después de que empezara a sentir remordimientos.
— Me dijo que tratabas de protegerla. ¿Es eso cierto?
— ¿Qué ... qué le hiciste?
— No hice nada. Ahora pertenece a Marjan. ¿Por qué pensaste que le haría algo? Ella afirma que no pasó nada, ¿acaso no es verdad?
Riki bajó los ojos y pasó un largo momento antes de que pudiera hablar.
— Yo ... nunca sé lo que vas a hacer. Estabas tan enojado antes y tú ... pareces odiar cada vez que menciono o pienso en Guy o ... o cada vez que alguien se acerca a mí. Nunca sé lo qué harás, Iason. Simplemente no lo sé.
— Entonces, en lugar de simplemente decirme la verdad, ¿pasaste por todo eso sólo por la posibilidad de que pudiera lastimar a Mimea?
El silencio de Riki fue su respuesta.
— Quizá debería recordarte que no fue por orden mía que Raoul decidió venderla, esa fue su elección, su derecho. No le dije nada para instigar tal decisión. Te castigué, me aseguré de que nunca hicieras algo así de nuevo y eso fue suficiente para mí.
Riki se dio cuenta de la verdad en las palabras del Blondie y que si realmente había estado tan molesto con Mimea, podría fácilmente haberla matado. Entonces, ¿por qué había temido tanto su reacción al ver a Mimea por segunda vez? ¿Había reaccionado exageradamente? ¿Se buscó el mismo su castigo? Tal vez…
— Yo ... ¡No tenías que hacerme tanto daño!
Riki se obligó a murmurar ya que una disculpa estaba a punto de escapar de sus labios.
— Me enojaste, Riki. Pensé que habíamos superado esas cosas.
— Sí. — Riki había pensado lo mismo y por eso estaba tan molesto. — Yo ... no lo haré de nuevo.
Iason comprendió que eso era lo más cercano a una disculpa que obtendría del orgulloso mestizo, se acercó y atrapó de nuevo su barbilla.
— No me gusta lastimarte, Riki. Lo sabes, ¿verdad?
Después de un largo momento, el mestizo asintió con la cabeza. Lo sabía. Iason prefería que se comportara, parecía más feliz cuando todo iba bien y aunque mostraba muy poca empatía o remordimientos al castigarlo, Riki ya no pensaba que Iason disfrutara haciéndolo. Tal vez lo hizo en el pasado, pero no creía que eso siguiera ocurriendo.
Debido a que la conversación se había vuelto demasiado pesada y personal, el siguiente comentario de Riki buscaba claramente relajar la tensión.
— Creo que tal vez estoy borracho...
— ¿Crees que eso te librará de ofrecerme el placer que me debes?
— No, sólo lo decía... — Riki se llevó la mano a la cara. — ¡Aaah! ¡Mi cabeza da vueltas!
— Entonces vamos a buscar una manera de detenerla. — Iason se inclinó hacia delante y capturó la boca de Riki, casi maldiciendo cuando esta vez el mestizo no cerró los ojos. — Usted me ha excitado exponencialmente, mascota. Me temo que no dormirá mucho esta noche.
Riki suspiró, alzó los brazos y apoyó la cabeza entre ellos.
— Misma mierda, diferente día… — Se estremeció cuando Iason atrapó sus piernas y tiró de su cuerpo hacia abajo sobre la cama. — ¡Haz tu peor jugada, tú, bastardo pervertido!
Una vez más Iason asintió y decidió hacer precisamente eso.
* Georgia on my mind - Ray Charles
**The Trouble With Love Is - Kelly Clarkson
