NUEVE.
En la profundidad de mis sueños aún la oigo llamar,
si estás sola, volveré a casa.
Sant Tropez/ Pink Floyd
57.- Una gotita de alivio.
- ¿Listo? – la cabeza de Harry se asomó por entre la puerta. Ron echó el último par de zapatos en el baúl para después cerrarlo y responder indiferente "listo".
- Bien... – Harry no sabía como actuar. Suponía que debía ser más severo con Ron, pero por alguna extraña razón, no podía. Aunque a decir verdad, tampoco podía ser tan amable. – Hermione estuvo estupenda, ¿no te parece? – quizás martirizarlo un poquito serviría como desahogo a su rabia contra él. – Durante su ponencia dejó a todos con la boca abierta.
- Eso no tiene nada de sorprendente, siempre ha sido muy lista.
- Si, pero no fue únicamente por eso que llamó la atención de todos... debemos reconocer que lucía preciosa.
Ron lo miró de reojo, con el ceño fruncido, pero no dijo nada.
- Ese tal Antoine será un reverendo idiota si la deja escapar... yo no lo haría – era una vileza disfrutar del mal rato que le estaba haciendo pasar a ese mal amigo, pero tenía que hacerle pagar por todo. Era una forma infantil de sacarse una espina del dedo – pero por fortuna el no es tan tonto.
Remarcó la última frase y Ron respingó con furia, farfullando algo incomprensible.
- Ayer hablaron, al parecer Antoine quiere casarse...
- ¿Casarse? Si será imbécil... Hermione nunca aceptaría casarse con él. – Estalló Ron con algo de inseguridad.
- ¿Porqué no? Yo creo que es un buen partido...
- Si, y también crees que Malfoy es maravilloso.
Guardaron silencio. Harry evaluó la molestia que le estaba causando a Ron. Por el color de las orejas supuso que era lo suficiente como para después esperar una batalla campal entre él y Hermione. Aspiró aire. Era un idiota, pero al final de cuentas no podía ser tan malo con él.
- Así que tú crees que Hermione no se casará.
- No, no lo hará – dijo Ron y parecía esperarlo de verdad. – No importa que haya pasado con él toda la noche. No importa.
Harry negó resignado. Por lo visto, Ron había dado otra interpretación a la tardanza de Hermione el día anterior. Era un idiota pero qué más daba. Tal vez el darle un poco de alivio podría contarse como una buena acción. - ¿Qué te hace pensar eso? Hermione llegó a buena hora...
La cabeza de Ron giró con la velocidad de un relámpago - ¿cómo lo sabes?
- Estuvo platicando conmigo hasta muy tarde, recordando viejos tiempos.
- No me estás mintiendo ¿verdad?
- ¿Porqué habría de hacerlo?
Ron no respondió, pero al volverse no pudo ocultar una enorme sonrisa.
58.- Si se complican las cosas sólo es por culpa de él.
- ¿Me estás diciendo que prefieres viajar a Londres con tus dos "amiguitos" antes que regresar conmigo que soy tu prometido, a Marsella, y que este viaje no estaba previsto pero por razones que no puedes explicar es de vida o muerte? ¿Me crees un imbécil?
- No tienes porqué ponerte así Antoine, tal vez, llegado el momento, yo pueda explicarte...
- ¿Qué no tengo porqué ponerme así? ¿Cómo quieres que me ponga cuando un día me dices que te irás conmigo para arreglar lo de nuestra boda y al otro me dices que te vas a Londres con dos amigos de la infancia? ¿Y de cuánto tiempo estamos hablando, Hermione? ¿Cuánto durará tu viaje? ¿Una semana, dos?
Hermione trató de parecer lo más razonable posible, pero dijera lo que dijera, sabía que sonaría absurdo y eso contrariaría más a Antoine – no lo sé, no puedo darte un tiempo exacto, quizá sea un mes, quizás más, a lo mejor, si marchan bien las cosas...
- ¡Pues no! ¡No acepto! ¡O me explicas detalladamente que es eso tan urgente que tienes que hacer con esos dos tipos en Londres o puedo asegurarte que lo nuestro queda terminado!
Hermione iba a replicar algo, pero una voz desagradablemente dulzona, la interrumpió – Creo que llego en un mal momento... – Draco Malfoy, deslizándose subrepticiamente al interior de la habitación sin molestarse en pedir permiso.
- Así es Malfoy, si nos disculpas – respondió Antoine brusco, enrojecido de furia.
- No fue mi intención oír su discusión – aunque Hermione sabía que era todo lo contrario, maldito Malfoy, a saber cuanto habría escuchado – y ¿sabes? Creo que deberías confiar más en tu novia, si ella te dice que es un asunto importante, así debe de ser... ¿ahora quién está en problemas Granger? – Preguntó Draco en un tono torcidamente conciliador - ¿Tú amiga Weasley? ¿Longbottom? ¿O quizás Lovegood? ¿O intentas salvar de nuevo al mundo?
- Malfoy, vete, esto no te incumbe a ti... – previno Hermione sin ganas de tolerar al Slytherin.
- Yo sólo pasaba para saludar a Moriarty, pero bueno, puesto que no soy bienvenido... – sus ojos brillaron astutos – pero toma un consejo Granger, no eches por la borda una hermosa relación, ¿por qué no llevas a Antoine contigo? No creo que él tenga ningún inconveniente, ¿o tú si?
Merlín, ¿porqué no podía lanzarle una maldición en esos momentos? Antoine sopesó las palabras, y después asintió con un gesto torcido – pues no es tan mala idea, puedo hablar a la galería, posponer la exposición y pedir mis vacaciones.
- Antoine, no creo que sea prudente...
- ¿Porqué? No te molestaré, tú harás lo que tengas que hacer sin temer una obsesiva vigilancia de parte mía, sólo quiero estar a tu lado, que en tus ratos libres podamos salir, tomar un tiempo para nosotros, claro, si tú no quieres...
Tal vez fue la sensación de sentirse acorralada. Tal vez porqué sentía que sería injusto terminar así como así con Antoine. O quizás simplemente era que estaba muy confundida. El caso fue que Hermione dio la peor respuesta que podía dar – no, por supuesto que quiero... es... bien, si tú quieres venir y no hay problema...- farfulló.
- Bueno, ¿ya tienes los boletos? Puedes cambiar el tuyo y nos vamos juntos...
Hermione, desarmada, sólo pudo decir – no, todo fue tan imprevisto... comprémoslos por la tarde ¿de acuerdo?
Estaba en un lío del tamaño del mundo ¿qué iba a hacer con Antoine en Londres? Se despidió con la excusa de ir a arreglar sus maletas, y Malfoy fue tras ella.
- Agradece que te quedas aquí y que no puedo usar la varita. – Masculló tratando de controlarse.
Draco se regodeó siseándole con todo el veneno posible – eso te pasa por ocultarle cosas a tu querido novio... ¿Ya le dijiste que llorabas por los rincones cuando Weasley te dejó?
Hermione apretó los puños y lanzándole una última mirada incendiaria, se marchó deprisa sin volver la vista atrás.
59.- Los estragos resultantes de una tremenda explosión.
Al fin la vieron llegar. Ron, todavía con la felicidad desbordándose por cada parte de él, fue a recibirla. - Vaya, pensé que te habrías arrepentido, ¿ya tienes tú baúl listo? Podemos ir en busca del traslador e irnos cuanto...
- No voy a usar el traslador – atajó Hermione todavía confundida.
Harry y Ron la vieron con inquietud.
- ¿No te habrás arrepentido de...?
Negó – no, no es eso, viajaré al estilo muggle, en avión.
- ¿Por qué? ¡Si es horrible! – aseguró Ron.
- Porqué Antoine va conmigo.
Silencio. Hermione evitaba a toda costa mirar a Ron, aunque tanto él como Harry tenían la vista clavada en ella. Sin poder creérselo. Sería más fácil si Hermione llegara y lo atacara con otra bandada de canarios asesinos, pero ¿por qué todo aquello?
Si era una venganza y lo que Hermione quería era hacerle sentir mal, lo estaba logrando.
- Bromeas – le dijo Ron intentando sonreír – debes estar bromeando...
- No Ron, no bromeo – aseguró Hermione todavía sin verlo – tuvimos... tuvimos una pequeña... charla y él pidió ir conmigo, para estar juntos y... y no pude negarme...
- Pero... ¿te has vuelto loca? – estalló Ron ya sin aparentar sonrisas, siguiendo a Hermione que trataba a toda costa de evitarlo. - ¿Se puede saber que rayos vamos a hacer con tu querido novio muggle en Londres? ¡Será un estorbo!
- Pues lo será para ti, porque a los demás no creo que les importe, ¿no es así Harry? – preguntó buscando el apoyo de su amigo, pero Harry contestó preocupado.
- Lamento decirte esto, pero estoy de acuerdo con Ron, actuaste con insensatez y sabes a lo que me refiero.
Eso, aunque cierto, fue como dejar caer una bomba dentro de la habitación. - ¡Lo sabía! ¡Sabía que te pondrías de su lado! ¡Siempre lo haces! ¡Desde que estábamos en Hogwarts! ¡Tratándose de Ron, yo siempre termino en segundo plano...!
- ¡Claro que no!
- ¡Claro que si!
- Pues mira – irrumpió Ron con voz contenida, pero el rostro tenso – si eso es lo que te molesta, yo bien puedo hacerme a un lado...
Era una discusión que estaba cayendo en lo absurdo. Harry no iba a soportar una escena de celos y menos por cuestiones ya zanjadas – ya aclaré eso una vez, advierto que no volveré a hacerlo. – Tomó aire, la idea era arreglar las cosas, no empeorarlas – lo hecho, hecho está... entiendo Hermione, y se que estás en medio de una gran presión, Ron, también lo sabe, ¿no es así?
- No – respondió Ron brutalmente – no soy tan comprensivo como tú...
Harry rodó los ojos tratando de controlar su exasperación. Interrumpió a Hermione quién seguramente iba a decir algo nada agradable – oigan, saben bien, pese a todo, que los dos han sido para mi como hermanos, por lo tanto no creo necesario aclarar nada más. Ron, te guste o no voy a apoyar a Hermione y si tiene que llevar a Antoine consigo por los motivos que sean, lo entenderé, pero, y lo diré antes de que repliques – adujo interrumpiendo una protesta del pelirrojo – que si llegáramos a suponer que la vida de Moriarty corre algún peligro, inmediatamente lo despacharemos de regreso a casa sin importar consecuencias, pero mientras pase una cosa u otra, no quiero, y entiéndalo bien, no quiero ninguna estúpida pelea, ¿está claro para los dos?
Seguramente no estaba claro, y nada en el mundo impediría que esos dos tuvieran más discusiones, pero asintieron levemente y eso ya era un avance. - Bien, entonces tú tomarás el avión y nosotros...
- Nosotros también – murmuró Ron decidido – viajaremos todos juntos... eh – continuó sin dejar protestar a Hermione – somos un equipo, y a donde vaya uno, iremos los otros, así que ve comprando los boletos para todos.
- ¿Y si no lo hago? – preguntó Hermione con desafío.
- Entonces no voy a ningún lado.
Antes de que Hermione replicara, Harry puso una mano en su hombro y asintió imperceptiblemente.
- Está bien, si no hay otra opción. – Dijo y salió echa un basilisco. En tanto Ron la miraba irse con ojos entrecerrados.
No se daría por vencido.
60.- Compañero de viaje.
La gente caminaba presurosa de un lado a otro. El aeropuerto, aunque casi vacío, resultaba un refugio, pues entre el trajín de los pormenores del viaje, no era necesario hablar. Por lo pronto se contentaba con escuchar las charlas de los diversos viajeros. Y eso era un alivio porque de lo contrario tendría que soportar los constantes bufidos por parte de Ron, así como sus murmullos incomprensibles y malhumorados. No era posible aguantar todo aquello. Era como si el tiempo no hubiese transcurrido. Vaya cosa. Tanto tiempo para encontrarse y descubrir que ninguno había cambiado. Al menos Ron no.
- Bien, creo que ya es hora de irnos – murmuró Hermione agobiada, ese viaje tampoco le estaba sentando tan bien a ella – pude sacar el boleto extra que pediste pero no entiendo...
- Espera un poco – pidió Antoine y Hermione se volvió curiosa – sólo estoy esperando...
- ¿Esperando qué? – preguntó Hermione recelosa, ese boleto extra seguro no le daba buena espina como tampoco a Harry, pero no pensó demasiado en ello, gracias a las miradas hoscas de Ron.
- ¡Eh! ¡Acá! – Gritó alguien. Antes de mirar a Malfoy, Harry pudo ver claramente la expresión de sus amigos que era un claro reflejo de la suya: una mezcla de sorpresa y desagrado.
- Pero ¿qué rayos…? – alcanzó a murmurar Ron, en tanto Moriarty se dirigía a Malfoy saludándolo con un apretón de manos. Al ver las caras de todos se dirigió a ellos con un gesto nada agradable.
- Ah, espero que no les moleste, Malfoy necesita ir a Londres y lo invité a que viajara con nosotros. Ahora estamos completos. – Dijo y echó a andar mientras Malfoy lo seguía lanzándoles una sonrisa socarrona como saludo.
Valiente cosa. Lo que faltaba para completar el cuadro. Ese viaje iba a ser más problemático de lo que esperaba. Ya no sabía si preocuparse más por el problema en el mundo mágico, o por lo que fuera a suceder con todos ellos en constante tensión.
Iban a ocasionarle más de un dolor de cabeza. Ni dudarlo.
61.- En la profundidad de los sueños.
Era muy infantil, seguro, y seguro Hermione, a través de esa mirada de pocos amigos, intentaba decirle "¡madura!". No le importaba. Ni eso, ni la evidente molestia del idiota muggle y el regocijo evidente del idiota de Malfoy. Ni que Harry pusiera una mano en su frente fingiendo no conocerlos. Ante todo, tomar la precaución de sentarse junto a Hermione, era eso, precaución, además, nadie tenía porque decir nada, puesto que, a pesar de todo, entre él y Hermione existían lazos que nadie, ni siquiera el estúpido de Moriarty, podían deshacer. Y lo iba a demostrar,
Se acomodó en el asiento refunfuñando cada vez que Moriarty se dirigía a Hermione con extremada cortesía. Él también podía ser cortés. Seguro. Intento recordar alguna vez que lo hubiera sido, pero desafortunadamente no recordó ninguna.
Poco a poco se fue quedando dormido. Era el resultado de la mala noche pasada. Las voces poco a poco se fueron extinguiendo y en su lugar fueron apareciendo otras… "¡Ronald Weasley! ¿Puedes decirme en que momento harás tus deberes? ¡Merlín! ¡Sólo él sabe porque te dio una cabeza tan dura!"
Despertó sobresaltado y Hermione sólo le dirigió una mirada de ligera extrañeza pero no le hizo más caso. Su corazón, sin razón alguna, retumbaba en sus adentros y sus manos estaban empapadas de sudor.
Casi lo había olvidado. Y jamás, que recordara, desde su partida, se había colado en sus sueños.
Molly Weasley. Había soñado con Molly Weasley. Llamándole para que hiciera sus deberes.
El corazón de Ron se estrujó con la certeza de las cosas que jamás iba a recuperar.
62.- Primer destino.
Fue difícil explicarle a Moriarty porque no podría acompañarlo al hotel donde, para molestia de Ron, ambos se hospedarían. Harry, a hurtadillas, había recalcado el hecho de que eran dos cuartos por reservar. Nada. Ante todo estaba la enorme desconfianza e inseguridad del pelirrojo. Después de intentar que Ron no estallara en comentarios agrios hacia el prometido de Hermione, Harry decidió cortar por lo sano prometiendo a aquél tipo regresarle a su novia sana y salva.
- Prometo que estará ahí para la boda – dijo con una sonrisa dando con el codo a Ron para que guardara silencio.
Moriarty no respondió la sonrisa. Miró a Ron con tanta desconfianza como la que le prodigaba el pelirrojo, y dando media vuelta, seguido de Malfoy, echó a andar. Harry entonces decidió llevarlos al primer destino de ese viaje.
- ¿Éste es el sitio? – preguntó Hermione viendo la pintura vieja y la madera destartalada de la puerta. Harry asintió y tocó suavemente. Casi al instante la puerta se abrió. Una enorme figura se interpuso entre la puerta y la luz de la casa.
- Lo logré Kingsley. Los encontré.
Kinsley respondió radiante haciéndose a un lado para dejar pasar a los recién llegados. Abrazó a Ron y a Hermione al tiempo que los evaluaba y les decía muy satisfecho – nunca dudé de Harry, sabía que lo lograría – luego puso especial atención en Ron – vaya, me alegra volver a verte Ronald Weasley, y a tu familia también le alegrará. - El rostro de Ron se ensombreció, pero Kingsley le dijo para tranquilizarlo – no te preocupes, el cariño que te tienen será más grande que sus reproches. Y eso ya lo habrás comprobado. – Miró a Harry y a Hermione pero esta última volvió el rostro con enfado, entonces Kingsley lo arrastró tras de sí con el pretexto de preparar algo con que brindar por ese momento, tiempo que aprovechó para susurrarle – ya te perdonará, de hecho, por su enfado, creo que no tardara mucho en hacerlo.
Las mejillas de Ron se colorearon, pero parecía contento en que alguien lo apoyara por fin. Después de brindar y comentar a grandes rasgos pormenores de lo que hacía cada uno (Kingsley no pudo evitar una sonrisa al saber sobre las clases que ahora impartía Ron), se habló sobre la amenaza del mundo mágico. El enorme mago les detalló las últimas novedades que parecían reducirse sólo a malas noticias. La cantidad de casos habían aumentado y ninguno de ellos había podido averiguar algo útil.
Estaban como al principio.
- Bien, pues entonces, lo primero será reunirnos todos y empezar a buscar un plan más efectivo, hemos andado en la nada y así no lograremos mucho.
- Si, es cierto – apoyó Kingsley, pero era necesario aclararle a Harry un punto – sólo que las reuniones no se harán aquí…
Los chicos lo miraron curiosos - ¿no? ¿Entonces? – quiso saber Harry.
Kingsley miró a Ron de reojo y luego soltó – serán en la Madriguera.
El pelirrojo lo miró boquiabierto, sin saber que decir. Parecía que una bomba hubiera estallado a sus pies. Tragó saliva y preguntó - ¿por qué ahí?
A Kingsley no le quedó otra que hablar con sinceridad, buscando por todos los medios ser lo más sutil posible y no abrir viejas heridas, pero sabía que era imposible. – Si hay un mago oscuro detrás de todo esto, sería el último lugar en el que buscaría. La Madriguera ha estado abandonada por mucho tiempo y sabemos por qué. El recuerdo de los ataques que ahí sucedieron y sus secuelas, aún son muy dolorosas para quienes fueron sus habitantes, entonces sería difícil pensar en que quisieran regresar ahí.
Ron agachó la cabeza. Kingsley pudo ver la mirada conmovida de Hermione dirigida al pelirrojo, que duró casi nada, pues casi al instante Ron levantó la cabeza - ¿cuándo será la primera reunión?
- Bueno, quedamos en que sería al día siguiente de la llegada de Harry y Hermione. A ti no te esperábamos oficialmente, pero seguro se alegrarán. Avisaré de inmediato y…
- No les digas de mi llegada Kingsley, mejor que sea sorpresa… buena o mala.
- Bien, entonces avisaré la hora, creo que a las siete de la noche estará bien.
- Muy bien, ahora, si me permiten, tengo una visita que hacer.
Ron se levantó yendo al centro de la sala, y ante la mirada expectante de los presentes, giró sobre si mismo y desapareció.
63.- Regreso a casa.
Definitivamente no entendía porque Kingsley había optado por sugerir la Madriguera como cuartel general, pero la noticia le había agarrado desprevenida al igual que a sus hermanos y no habían tenido el modo de negarse. Miró la puerta, sin decidirse a abrir, aún no sabía porque se había adelantado con el pretexto para sí misma de limpiarla. Era tan doloroso estar ahí, antes que nadie, enfrentando a los recuerdos sola. Suspiró. Tomó el pomo de la puerta tratando de alejar todo lo malo que venía a su memoria. De nuevo estaba ahí.
- Alohomora – susurró y la puerta cedió invitándola a regresar por el tiempo, a verse de nuevo corriendo detrás de los gemelos o del idiota de Ron. No pudo evitar que sus ojos se anegaran. La casa estaba oscura, silenciosa. Ya sin risas, gritos o estallidos.
- Ginny, contrólate – se recriminó a sí misma. Armándose de valor ahuyentó esa punzada en su pecho y se adentró en la casa. - Lumus – al iluminarse el interior se dio cuenta del estado de abandono en el que se hallaba el que alguna vez fuera su hogar. Por lo visto, no sería un trabajo sencillo. – Haré lo que pueda, que los demás me ayuden a terminar.
Hablaba en voz alta para alejar un poco el silencio. Puso la radio que fuera de su madre y la voz de Celestina Warbeck inundó la casa. Ginny sonrió con nostalgia. Tenía que sacar fuerzas para estar ahí porque era necesario. Y era tan difícil. Para alejar las ideas pesimistas decidió comenzar por la cocina. Limpiando aquí y allá poco a poco se fue tranquilizando.
El toquido en la puerta la tomó desprevenida. No le había avisado a nadie que iría ahí. Tal vez fuera Harry buscándola. Tal vez fueran Bill o George. Se sacudió la ropa y se dirigió a abrir.
- ¿Ginny?
Era Ron. Ginny se fue de espaldas.
