Silent Scream 2 : Diez años.
Diez años han pasado, diez años en los que no solo el tiempo ha cambiado de sitio.
Tetsu-chan ya es un hombrecito de doce años, y Kuroko vive en familia con Makoto y sus dos hijos.
Aunque no hay día que no se pregunte si tomó la decisión correcta al volver a los brazos de su esposo.
Kagami sin embargo lleva diez años, sin pensar en él, sin querer saber, odiando a todos y a todo, castigándose por algo que el tiempo y la desidia, ha borrado de su mente hasta dejarlo en una simple y lejana amalgama borrosa de recuerdos.
Aunque aún puede asegurar algo; En algún lugar en mitad de todo ese resentimiento, queda la idea de que una vez, no sabe cuando, llegó a amar a alguien con todo su ser; y eso le hace odiarse mas.
Sabe que si vuelve a verle, su fachada de piedra se vendrá abajo...
Y entonces, el destino lanza la bola... hagan sus apuestas...
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Silent Scream 2 : Diez años.
Capítulo diez: No es una coma, es un punto.
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Florencia le recibió con un cálido clima.
Makoto bajó del avión privado un poco molesto. El traje que vestía daba demasiado calor, la verdad es que no esperaba que hiciera tanto.
Normalmente solía consultar ese tipo de cosas antes de un viaje, demasiado meticuloso en todo lo referente a su trabajo, pero lo cierto es que esta vez estaba un poco desubicado.
La preocupación por Kuroko iba en aumento.
Su siempre hierática y seria fachada parecía desmoronarse sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. Trataba de mantener todo a su alrededor con un cierto orden y lógica, pero empezaba a tener serios problemas para hallar una solución a su problema de comunicación.
Estaba perdiendo a Kuroko, lo sabía, lo notaba en lo mas profundo de sus entrañas, y también sabía que todo, o la mayor parte, era culpa suya.
Había abarcado demasiados proyectos al mismo tiempo que consumían su atención por completo. Incluso empezaba a tener serios problemas para conciliar su vida familiar de modo que ninguno de sus hijos se sintiera abandonado; y no lo estaba consiguiendo.
Era consciente de eso, del mismo modo que esperaba que todo el trabajo que estaba acumulando fuera del todo temporal, y en algún momento comenzara a tener tiempo libre para su familia.
Añoraba estar con sus hijos mucho mas que los pocos minutos del desayuno diario o algún que otro momento aislado. La última vez que estuvo con los dos divirtiéndose tenían seis o siete años... ni siquiera estaba seguro de ese dato.
Imperdonable.
Suspiró profundamente en el asiento trasero del coche que le trasladaba al hotel. Fuera del vehículo el paisaje era del todo idílico. Le gustaba Florencia y había decidido mostrársela a Tetsuya; una lástima que el profesor no aceptara su oferta.
El país tenía algo mágico que siempre le atrapaba en cada visita. Parecía que el sol, la comida, los aromas de la tierra, la vida en si misma, se movía a un ritmo completamente diferente a lo que conocía como habitual, aunque en esta visita no lo haría del mismo modo.
Sasaki posaba su mirada en él cada poco tiempo por el retrovisor. Lleva mas de cuarenta años al servicio de la familia y se comportaba de un modo solícito y profesional en cada momento, aunque eso no quitaba que se preocupara por su protegido y sus pensamientos de la misma manera. Un hombre correcto y preparado que hacía las labores de chófer, secretario y jefe de seguridad en todos sus viajes al extranjero. Podía conseguir casi cualquier cosa, en todas partes del mundo sin problema.
– No se preocupe Señor. – Su voz profunda saca a Makoto de sus pensamientos y le hace mirarle. –Seguro que puede venir con su familia en otra ocasión.
– Gracias por preocuparte, es como dices. Traeré a los chicos la próxima vez. – Desvía su mirada al exterior; ese hombre le conoce lo suficiente como para saber cuando miente, y tiene el tacto adecuado para no hacerle sentir mal. – De todos modos, Tetsuya tenía razón, no tendré tiempo para dedicárselo y habría sido imperdonable por mi parte traerle hasta aquí para luego no estar con él... lo mismo que en casa pero a miles de kilómetros del hogar.
– Su esposo no se lo tiene en cuenta. – Hace una pausa esperando una respuesta que no llega. – Comprende perfectamente las circunstancias de su trabajo y sabe mantenerse en el lugar que le corresponde.
Makoto no contesta, aunque no deja que sorprenderle la respuesta que escucha; no es la primera vez que nota esos matices en la gente que le rodea cuando se refieren a Tetsuya.
Y aunque no quiere darse cuenta, parece que la realidad se muestra ante él de un modo claro; Tetsuya no es bien recibido entre los suyos. Y le molesta darse cuenta tarde de todo lo que rodea a su familia.
…...
Demasiadas horas en el avión, no sabe cuantas, no tuvo el detalle de mirar el reloj al subir, aunque ahora al parar si puede notar en su cuerpo el entumecimiento típico de una larga temporada en, mas o menos, la misma postura.
Mientras espera que el personal de vuelo abra completamente las puertas mira por la pequeña ventanilla a su lado.
Florencia se muestra por primera vez a sus ojos como un mundo paralelo y alejado de lo que conoce.
Kuroko bosteza, estira los brazos hasta donde puede teniendo en cuenta la postura en la que está y vuelve su mirada al exterior.
Puede ver el cielo, la línea lejana de la ciudad, la vida mas lenta que se intuye en los pequeños puntos que parecen personas, nada que ver con lo que conoce y vive a diario. Pero no quiere perder de vista el motivo por el que ha cruzado el mundo; salvar su matrimonio a como de lugar.
Para él está perdido, muerto y enterrado. Se empeña inútilmente en negar lo evidente; hace meses, quizá años, que no siente absolutamente nada por Makoto. Tampoco es como si hubiera buscado la razón para tal abandono, simplemente se ha conformado con los cambios en su vida con una pasividad que, ahora al darse cuenta de la realidad, es aterradora.
De algún modo ese viaje tan espontáneo se presenta ante él como una improvisada aventura.
No lleva equipaje pesado, ni tiene horario de ningún tipo que le obligue a seguir un itinerario completo. Es perfecto, sin mas.
Por fin las comprobaciones de rigor terminan, y baja del avión con una tremenda sonrisa en su rostro. Se las ingenia para conseguir un mapa y marca el lugar en el que se ubica el hotel que aloja a su esposo.
Está alejado del aeropuerto pero lejos de verlo como un inconveniente, para Kuroko es una gran oportunidad de conocer Florencia del modo en el que se debe visitar una ciudad para amarla; caminando.
La primera sensación que le asalta es la de llamar a sus hijos. Necesita comunicarle a sus pequeños lo que estaba viendo, oír sus voces reclamándole por su marcha tan repentina... necesita como el respirar que sus dos bebés le hablen desde la lejanía, oír sus "te quiero" en lo mas profundo de su oreja, sentirles cerca aunque no fuera así.
Solo al colgar, consciente de que está a punto de llorar, siente la absoluta necesidad de caminar, siguiendo la línea marcada en su mapa, y absorber todo lo que esa nueva ciudad podía ofrecerle; ahora sí, completamente recargado del amor de sus niños.
Los primeros pasos fuera del aeropuerto le recuerdan que está cansado, hambriento y no huele especialmente limpio. Tiene hambre, y una buena y larga ducha le vendría estupendamente... y esa mención al agua le recuerda sus últimas horas junto a Kagami, y lo que han hecho juntos.
Aprieta el paso, mas de lo que le gustaría. La simple mención del pelirrojo, aunque sea en lo mas profundo de su mente, le hace tener mas prisa de la que está dispuesto a admitir.
No sabe muy bien que siente hacia él, si debe creer que todo fue un malentendido, dejarle volver a su vida con un poco mas de asiduidad y no solo como un compañero furtivo de intimidades; contar con él para algo mas que el sexo.
Pero Kagami le ha dejado muy claro su postura; le quiere lejos, lo mas lejos posible de su existencia.
Y justo eso es lo que le desconcierta. Kuroko siente que sus palabras y sus actos no concuerdan, pero por el bien de su matrimonio, lo mejor que puede hacer es seguir sus palabras y no acercarse mas a él... aunque su voluntad de alejarse no sea muy firme...
Fija su vista en la lejanía, en una torre cuadrada que sobresale de la línea del paisaje y se pone como meta ese punto. Cuando llegue averiguará donde está y cuanto le queda para encontrarse con Makoto; ahora solo quiere caminar y hacerlo sin pensar en nada.
…...
Aprovechó un momento entre turnos para acudir a la llamada que Midorima le había hecho un par de días antes.
Normalmente solía darse prisa en esas cosas, pero esta vez decidió hacer caso a las palabras del médico y tomárselo con un poco mas de calma; aún así no se lo había quitado de la cabeza ni un instante.
Una sonrisa se instaló en sus labios cuando, casi de casualidad, encontró un lugar en el que aparcar su coche patrulla en la mismísima puerta del centro médico.
Le entró una especie de nostalgia al cruzar las puertas de cristal de la entrada, y no se paró a comunicarle a la enfermera de recepción cual era el motivo de su visita; se encaminó directamente a la consulta con la intención de entrar directamente.
Aunque su uniforme de policía solía abrirle muchas mas puertas de las que estaba dispuesto a admitir por las buenas, los centros médicos le daban el suficiente respeto como para tener el detalle de llamar primero... pero solo por si acaso había alguien dentro en una postura "incómoda".
Recordó en ese momento sus visitas junto a Akashi, apenas unos pocos meses atrás, y lo que le divertía verle en esa camilla, piernas abiertas, ceño fruncido, mirada con una promesa de venganza cercana en el tiempo... estaba tan hermoso, tanto. Y era tan divertido comprobar que él no se daba cuenta del poder que ya tenía sobre el policía...
Dos golpes en la madera de la puerta con los nudillos y una breve espera junto a ella.
Sin pretenderlo, el agente de la ley uniformado se convierte en el punto de interés de la sala de espera junto a la consulta. Una docena de ojos se posan en él, escudriñando cada uno de los detalles que le visten hasta el punto de hacerle sentir un pelín incómodo.
Aomine devuelve las miradas. Apenas unos pocos segundos le hacen falta para darse cuenta de la situación de cada paciente, aunque le llama poderosamente la atención la pareja mas alejada de él. Un jovencito con evidente pánico a la situación, vientre hinchado, quizá cinco o seis meses de gestación; a su lado un progenitor hastiado.
Aunque le asaltan una docena de dudas sobre ellos, la oportuna aparición del médico desvía el grueso de sus pensamientos en otra dirección.
Se aparta gentilmente para que pueda salir los padres de la consulta y tiene la esperanza de que el doctor pueda atenderle sin causarle perjuicio alguno a las personas que esperan pacientemente.
– Gracias por venir. – Le mira apenas un segundo para dirigirse de nuevo a los padres. – Os espero en unos días; todo va estupendamente, no hay que preocuparse. – Pasa por favor, espera dentro.
Aomine se acomoda sin ninguna vergüenza y husmea los papeles sobre la mesa mientras el doctor se disculpa con los pacientes que esperan fuera por su visita; alega asuntos importantes y cierra la puerta tras él casi en el mismo gesto.
– Mira. – Pone la carpeta sobre la mesa, a su alcance, pasando las páginas hasta las conclusiones de la exploración y las muestras tomadas.
Aomine lee cada palabra con atención. Las lesiones son claramente una agresión aunque un buen abogado podría darle la vuelta sin ningún esfuerzo. Estaba mas que seguro de que Midorima no le había llamado para ver ese informe, tenía que haber algo mas.
– ¿Vino solo o acompañado? – Ese tipo de información era importante aunque obviamente no aparecía en los informes médicos.
–Acudió con su esposo, aunque pareció muy sorprendido ante las lesiones. Lo descarté de inmediato. – Sacudió la mano en el aire dando por zanjada la cuestión. – Incluso él salió en su defensa; me pareció que simplemente trataba de desviar la atención a otro punto, pero no parecía tenerle miedo ni nada de eso.
–Y si no es una agresión denunciada, ¿qué hago aquí?, ¿para qué me necesitas?.
Midorima tomó la primera hoja del informe y la giró para posarla arriba del todo.
En cuanto leyó el nombre del paciente todo cobró sentido.
– ¿Tetsuya? – Releyó de nuevo todas la hojas, aunque ahora se había instalado una pequeña arruga en lo mas alto de su nariz, frunciendo su ceño . – ¿Makoto vino con él?
– Solo quería asegurarse de que Tetsuya estaría bien en caso de un nuevo embarazo, aunque se sorprendió mucho cuando le regañé por hacerle los hematomas y roces. – Midorima señaló a una parte en concreto. – Lo mas extraño de todo es que … te vas a reír, pero creí que esos dos ya no tenían relaciones...
– A lo mejor solo quería asegurarse de que Kuroko no se fuera de la lengua delante tuya. –Aomine parecía sumido en los papeles, siempre con esa impresión de que se le escapa algo importante. –¿Qué quieres que haga? Si no quiere denunciarle no puedo hacer nada...
– Sé que no te gusta Makoto, pero de verdad parecía ajeno a todo... de hecho Kuroko no estaba contento con la atención médica, no lo veía necesario...
– Nunca me ha gustado ese gilipollas. Puedo oler el mal en las personas y toda su familia huele a podrido desde un par de generaciones... – Pasa de nuevo las páginas, adelante, atrás, se toma su tiempo en cada párrafo... frunce el ceño. – ¿Hiciste fotos de los hematomas?
– No, pero anoté las medidas en un lado. – Señala el lugar justo, a un lateral de la segunda hoja. – Te puedo asegurar que eran claramente marcas de presión, unos dedos.
El policía toma su mano y la levanta de un tirón, viendo las medidas en las manos del médico. Desvía la mirada a sus propios dedos y de nuevo a la hoja.
Estalla en carcajadas, sin mas.
Midorima no entiende nada.
– ¿Qué es tan gracioso?, ¿qué pasa?
–Nada, nada. –No puede parar de reír, de verdad. Un solo detalle y todo para él tiene sentido. – Lo siento... escucha. Tetsuya tiene que volver por sus resultados, intenta hablar de nuevo con él, a solas, pero no creo que quiera denunciar nada.
– No entiendo nada, pero me fio de tu criterio. – Unos golpes en la puerta dan por terminada la conversación. – Ya te aviso cuando vuelva y te cuento que me dice, aunque me parece que tu ya tienes la respuesta, ¿o me equivoco?
– No te equivocas y … en serio, tiene su gracia. – Le estrecha la mano para despedirse aunque termina tirando de él y plantándole un beso en lo morros que le pilla desprevenido del todo. El médico sigue sin entender nada, y la enfermera que acaba de verlo mucho menos. –Tengo que irme, sigo de servicio. ¡Ah! Tu hija es leche...
– Igualita que Kazunari. – Guarda el informe lejos de los ojos curiosos de la enfermera y vuelve su vista al policía. – Te tendré al corriente de todo.
Una sonrisita se dibuja en sus labios y no tiene tiempo para nada mas. El flujo de la consulta se reanuda y la siguiente mamá pide permiso para ser atendida.
De vuelta al coche patrulla sigue sonriendo, tanto y tan abiertamente que las personas a su alrededor le miran extrañado.
– En serio, tiene mucha gracia. – Murmura para si mismo al tiempo que gira la llave del contacto y consulta la hora en el salpicadero del coche.
Decide desviar ligeramente su itinerario de patrulla y visitar un sitio infinitamente mas divertido antes de terminar su turno y volver a casa.
…...
No sabe cuando se ha ido, ni cuanto tiempo lleva ahí plantado, mirando la cama como si fuera la respuesta a algún enigma ancestral que debe ser resuelto, soñando con los ojos abiertos las líneas, formas, valles, suspiros que ha vivido ahí.
Las arrugas de la sábana se le hacen lógicas, reconocibles, pero no es eso lo que le tiene frustrado.
Quiere engañarse a sí mismo, lleva años construyendo esa fachada con la que se protege de todo, con la que casi consigue olvidarse de él y del chico, pero no, por supuesto que no, tenían que enviarle ahí, y Tetsuya tenía que plantarse en su casa, en su terreno, como si no tuviera suficiente...
En este punto las arrugas en la tela le muestran lo que se empeña en olvidar, el rostro de Tetsuya, el azul claro de su mirada, sus labios; malditos labios...
Pagaría por estar en cualquier lugar lejos de ahí, pero no...
Alarga la mano dispuesto a tocar de nuevo la cama, a castigarse un poco mas con su recuerdo, con la calidez que ha quedado impregnada junto a su aroma por toda la estancia, incluso podía jurar que por toda la casa.
Aunque quizá lo mas reseñable de toda la experiencia había sido conocer al chico de cerca. Eso había sido maravilloso, peligroso pero bueno en todos sus segundos; y la muchacha del médico también le había hecho mucha gracia.
Tiene un largo día por delante, y quiere pasarse por el hospital para ver como está la pequeña princesa y su mamá antes de empezar su gratificante trabajo, que gustoso cambiaría por una nueva y corrosiva visita de Tetsuya sin pensarlo ni un segundo.
A la mierda, se acabó.
Quita las sábanas de un tirón y van directamente a la lavadora. Incluso deja el sofá del salón sin las fundas de los cojines y dedica el tiempo en el que la lavadora se carga de agua para dar la vuelta al colchón y verter encima un frasco entero de colonia, como el que inaugura un bote en el puerto.
Espera que al final del día, cuando regrese a su soledad dulce y merecida su hogar no tenga ni un solo indicio de Kuroko.
O si no tendrá que comprar otra cama...y otro sofá.
…...
Aomine mira como el coche patrulla se aleja de su posición serio, aunque no hace ni un solo gesto para entrar en casa.
Necesita unos segundos para ordenar sus pensamientos y ver como las piezas van tomando orden y lógica para él.
Aún lleva el uniforme puesto, no se ha cambiado y no es que le importe mucho.
Hasta que no se ve reflejado en el espejo de la entrada no es consciente de que incluso ha olvidado el peso en su cintura. Apaga la radio y descarga el arma antes de depositarla en una pequeña caja fuerte que instaló en la entrada; un lugar seguro lejos de los niños. Libera el cinto de su cuerpo y lo dobla para guardarlo también, excepto las fundas que van cosidas directamente en el pantalón.
Por un momento el silencio en la estancia le hace creer que no hay nadie, y es cuando escucha una pequeña palabrota.
Sonríe y dirige sus pasos al despacho al final del pasillo.
Todas las lámparas de la habitación están encendidas, y la cortina abierta de par en par, dejando entrar toda la luz posible.
Akashi está tan concentrado en los papeles sobre la mesa que ni le toma en cuenta, por lo que el policía se sitúa a su espalda con total comodidad y se dedica a husmear sin vergüenza alguna lo que le tiene tan entretenido.
Normalmente suele pedir permiso antes. A veces, pocas, Akashi defiende a criminales que él detiene, lo que suele ocasionar que Daiki duerma en el sofá hasta que finaliza el juicio... y un par de días mas...
La primera de las hojas le hace parpadear, y la siguiente fruncir el ceño.
–¿ Ya estás aquí?. – Le besa en el cuello, de un modo extraño y despistado, sin dejar de mirar la documentación frente a él. – No te he oído llegar...
–¿Y los niños? – Acaba a su lado, siguiendo las líneas de texto que el abogado va marcando con la punta del dedo.
– Atsushi vino a buscar a Muraki para que le ayudara y Tatsuya se empeñó en llevarse a Noa con ellos. – Le sonríe directamente. – Volverán para la cena, tranquilo.
Aomine no se siente preocupado por eso. Sabe que cuidarán de sus hijos muy bien, por eso no tiene ningún problema, aunque si le ha sorprendido un poco que quisieran contar con la niña también. Es un buen primer paso para hacer vida familiar, teniendo en cuenta lo extraña y bizarra que es su familia en la práctica.
– Voy a fingir que no estoy viendo documentación privada y confidencial de carácter bancario sobre la mesa si me dices que no has hecho nada ilegal para conseguirla. – Aomine le susurra directamente en la oreja, su mano posada casual en las caderas de su esposo, aún en pijama.
– No es privada, solo hay que buscarla en el lugar adecuado. – Le acaricia la mano con los dedos, sin apartar la mirada de los papeles. – ¿Cómo crees que haría algo ilegal?... Estoy casado con un agente de policía... uno muy, pero que muy bueno. ¡Imagínate! sería un terrible esposo si metiera en aprietos a mi amorcito.
Suena tan meloso que no parece él mismo. Le ignora a propósito, sigue en su empeño de memorizar cada una de las palabras de toda esa documentación; o esa es la idea hasta que escucha un sonido metálico característico y cae en la cuenta de que sus dos manos están en su espalda, esposadas.
Sonríe.
–¿Me estás deteniendo? – Mueve las caderas hacia atrás, apenas unos pocos centímetros pero suficiente como para toparse con la entrepierna del policía.
–Solo me aseguro de que no escaparás mientras compruebo que me has dicho la verdad.
– ¿Y si no quiero? –Incitante vuelve a moverse hacia atrás, juguetón.
– Se podría considerar resistencia a la autoridad... –Usa la fuerza opuesta para empujarle levemente hacia delante. En ese punto de la detención fingida está claro como va a terminar todo. – Solo tengo una pregunta mas, ¿a que hora se cena aquí?
– No se si responder a eso señor agente. – Se gira, un poco, para besarle en la barbilla, un suspiro en su piel... un gemido lejano, interno, muy profundo. – No me ha leído mis derechos... podría pensar que luego lo usará en mi contra. Creo que me gusta como suena eso de la resistencia a la autoridad.
– mmm … entonces me veo en la obligación de cachearle muy concienzudamente. – Estira el brazo lo suficiente como para cerrar la cortina y evitar miradas indiscretas desde el exterior. Para lo que tiene pensado prefiere que no haya espectadores.
Un sonido metálico y lo siguiente que ve es una de las esposas abierta y colgando de la muñeca del pelirrojo.
– Vamos... – La mirada de sorpresa de Aomine le dibuja una preciosa sonrisa en los labios. –Ya le he dicho que estoy casado con un poli... conozco uno o dos truquitos del oficio... unas esposas no son nada del otro mundo. – Akashi se acomoda en la mesa, atrae a su marido aferrando su pantalón del uniforme con las dos manos y de un tirón. – ¿No iba a registrarme, señor agente?... tenemos hasta las nueve y apenas son las seis...
– Los papeles, se estropearán... – Un beso demasiado candente como para pensar en nada mas allá de esa mesa deshace su preocupación en un par de segundos.
–Solo son papelajos; tu eres mas interesante. – Batalla con la hebilla del cinturón hasta que lo libra de esa presa, tironeando justo después de su camisa azul, sacándola de sus pantalones para deleitarse en esa piel morena que ya se muere por saborear hasta los huesos.
– Después no quiero quejas. – Por un momento le tienta la idea de abrir la camisa del pijama de un tirón y mandar a la porra los botoncitos, pero después recuerda que Akashi tiene cierto cariño por su ropa, y aprecia bastante que siga de una pieza y en buen estado mucho, mucho tiempo, por lo que dedica unos segundos a desabotonarlo con la poca consciencia que le dejan esos malignos besos en su cuello y esas diabólicas manos de abogado acariciando sus costillas bajo la camisa.
Parte de los documentos que con tanto mimo había ordenado sobre la mesa se desbordan y caen al suelo mientras Aomine acomoda a su marido sobre ella.
Siempre le fascina sobremanera el contraste de su piel, su tersura, la calidez cotidiana de cada centímetro que toca. Es tan habitual que casi parece una extensión de si mismo, algo que para él es casi tan involuntario como el latido del corazón que le da la vida.
Aomine detiene su avance, solo un breve momento para mirarle. Siempre lo hace, desde esa primera mirada, esa sensación de alas en el estómago, ese primer pellizco en las entrañas mostrándole la certeza de algo que aún no comprendía, que ni siquiera es capaz de comprender aún.
Sei era y es el amor de su vida.
La intimidad entre ellos es deliciosa, sugerente, dulce y amorosa. A veces le cuesta contenerse, mucho mas de lo que está dispuesto a confesar. Sei es una criatura puramente delicada. Tras su aparente fachada de hombre duro hecho a si mismo, hay un ser humano que reclama cariño con cada uno de sus suspiros; suerte que Daiki comprende sus señales sin apenas prestar atención.
El ligero rubor en sus mejillas, su esquiva mirada de incomodidad, la pequeña tensión en sus facciones… Daiki sabe que significa todo eso, lo comprende.
Sei muestra su pudor al ser expuesto de ese modo. No tiene problemas con juguetear con su marido a esas cosas, pero eso no quita que le de cierto apuro cuando le mira tan fijamente, con tanta intensidad.
–Vamos a la cama. – Aomine hace ademán de alejarse, pero el talón del pelirrojo en su trasero le indica que no tiene intención alguna de moverse mas allá de la mesa. – No voy a poder registrarte bien si tengo en mi conciencia estropear todo tu trabajo. – Atrae los papeles que puede entre los dedos para afianzar su argumento.
– Creo que voy a ejercer mi derecho a la resistencia pacífica a la autoridad como se te ocurra poner un pie fuera de aquí.
–Como quieras. – Movido por la "invitación" va deslizando prendas fuera del cuerpo.
Tarda un rato en desabotonar la camisa del uniforme, ya fuera de la cintura del pantalón desde hace un rato, y escucha el siseo que emite el pelirrojo al contemplarle ya sin la prenda.
Hay un momento de excitación consciente, donde ambos saben lo que ocurre y lo que desean del otro solo con mirarse.
Quizá por la cantidad de años juntos o puede que por las ganas acumuladas de un poco de tiempo para ellos, pero lo cierto es que, secretamente los dos quieren mucha mas pasión que cariño en ese momento.
–Voy a tener que explorar a fondo cualquier escondite. –Sus palabras surgen profundas, mientras rodea el ombligo con el índice. – Si quieres llamar a un abogado… –Akashi niega, mordiendo el labio inferior de un modo tan sensual que Aomine tiene verdaderos problemas para no echarse encima de él y deshacer la fantasía como un niño que explota una pompa de jabón con la punta del dedo. –Tienes derecho a permanecer en silencio… – Se inclina sobre su vientre, roza los labios que le están provocando desde hace un rato con la punta de la lengua y susurra casi mas para si mismo un "solo si puedes estar en silencio".
Todo lo serio que imprimía el despacho dejaba de ser importante mientras Akashi acogía a su esposo entre las piernas, la mesa que tantos casos ha conocido ahora toca su espalda libre de tela, incluso suena un poco ante el peso de los dos sobre ella.
– … cualquier cosa que digas… – besa su cuello y vuelve a bajar al ombligo. – .. o hagas, será utilizada en tu contra ante un tribunal. – un enorme gemido surge de sus entrañas llenando por completo la estancia. – … si, eso también lo usaré en tu contra…
– ¿Me estás leyendo mis derechos? – Levanta el culo lo justo para que Aomine le saque los pantalones y la ropa interior de un movimiento y regrese casi al instante a su lugar . – Creí que me ibas a registrar primero… pero parece que me estás deteniendo… ¿Puedo saber con que cargos, agente?
– No tengo ni la menor idea. – Le recorre con la mirada y es mas que obvio que le gusta, y mucho, lo que está viendo. –Me vuelves loco, mírate… eres tan sexy que ya no se ni lo que hago; te detengo, te registro y todo lo que me pidas, pero ya…
– Renuncio a un abogado… –Akashi da un respingo cuando siente esos largos dedos acariciar su vientre, el hueso de sus caderas y deslizarse por el interior de sus muslos hasta el tan ansiado centro de su deseo. Casi con prisa se mueve en su búsqueda, girando y alzando la parte del cuerpo que mas le conviene con tal que sentirle dentro lo mas rápido posible. – Renuncio a la llamada, a todo…
– En ese caso… – Prescinde de acariciarle con los dedos y se aventura directamente a su interior. Una suave embestida, lenta y profunda en la que se toma su tiempo, le mira, observa, pendiente de cualquier reacción que no sea placentera.
Akashi gime, le incita… sonríe, aún así se detiene. Sus movimientos parecen pensados al milímetro, buscando no solo el placer propio, si no el contrario.
Tal parece que le resulta mas interesante mirar como se retuerce bajo él, expuesto, desnudo y excitado, que el mero hecho de tener que moverse para obtener su propia liberación.
Solo cuando están unidos hasta el límite físico de sus cuerpos es cuando Daiki parece perder su seria fachada para transformarse en una criatura puramente sexual.
Akashi conoce ese rostro, lo ha visto infinidad de veces. Es curioso como puede ser tan atrayente aún con la ropa medio puesta. De repente el hecho de estar completamente desnudo mientras su marido sigue con ropa, demasiada para su gusto, no le parece de lo mas importante.
Ese calor que le invade las entrañas hasta el último de sus pensamientos es su prioridad mas absulta.
El vaivén se inicia y escucha con la esposa que cuelga de su muñeca golpeando el borde de la mesa en cada embestida. Busca sus labios, cierra las piernas tratando de tocarle con la mayor porción de piel posible.
Ama sus jadeos contenidos, el modo en el que aprieta los labios para no hacerlo abiertamente, sus ojos opacados por el deseo que ven mas allá de su cuerpo, de su desesperación romántica.
Algo en el modo en el que hacen el amor le recuerda que están en mitad de una detención, y dispuesto a seguir con la farsa un poco mas se dispone a darle la vuelta.
Por supuesto Akashi no tiene intención alguna de moverse de esa postura, y mucho menos ahora que está a punto de alcanzar el cielo; se lo hace saber clavando con saña sus muslos en las caderas contrarias, alzando el trasero para encontrarse con él, para hacerlo mas profundo e intenso.
Suerte que Aomine le conoce lo suficente como para saber leer entre líneas.
Bien, por esta vez dará por zanjada la detención; él también está a punto de correrse y no tiene intención alguna de dejar a su esposo a medias.
Afianza sus manos con la delicadeza que puede recordar entre la bruma del extasis y observa con interés la recompensa blanquecina que surge del cuerpo libidinoso de su marido.
Reconoce que es una maravillosa recompensa por un poco de teatrillo.
Tiene la consideración de no caer a plomo sobre él, en su lugar lo que hace es abrazarle y levantarle hasta que queda sentado en el borde, aún unidos, jadeantes, satisfechos.
– ¿Tenemos tiempo para una ducha? –Aomine pregunta. Desde su sitio no puede ver la hora.
– Una muy rápida… y por favor, quítate el uniforme o tendremos un problema para salir de este cuarto…
– Yo no tengo problema con quedarme aquí, si te quedas conmigo. – Intenta besarle pero Akashi le esquiva y consigue bajar de la mesa sin que pueda detenerle.
Se queda en el sitio, de pie, mirando el hueco libre de papeles que ocupaba el cuerpo de su marido. Toma una de las hojas y lee.
A su espalda Akashi prepara la ducha, las toallas, la ropa que se pondrán los dos antes de que sus hijos vuelvan a casa…
Hay dos cosas en esa hoja que le llaman la atención: el nombre de su amigo Kagami junto al membrete de un lujoso banco extranjero, y la cantidad que figura en el saldo final.
– Llevo mirando todo un buen rato y no le encuentro el sentido. – Akashi a su lado le quita la hoja, la deja sobre la mesa. Ha venido a buscarle para ducharse juntos, pero Aomine se resiste a dar un paso lejos del sitio. – Ha estado desviando la mitad de todos sus ingresos a una cuenta que no figura en ningún sitio… y tiene unos pagos astronómicos con códigos bancarios que no entiendo… y todo para que, a día de hoy, apenas tenga nueve cochinos billetes… con un montón de decimales detrás… Bah, venga, vamos al agua…
– No es una coma. – Aomine comprende la dimensión de lo que ha dicho su esposo mucho antes de que él mismo se de cuenta de ello. – Lo que hay detrás del nueve es un punto… mas de novecientos millones…
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Bieeeeennnnnn, capi neeeewwwww…
Ey, que tal? Bien? Mal? ( ajemmmm) bueeenooo, pues aquí estamos, capi nuevo, montón de cosas que han pasado y yeihhh, Kuroko ya está en Florencia…
Nos leemos en el siguiente, ( si es que Akashi se recupera del bombazo jajaja)
Besitos y mordiskitos
Shiga san
