Hola a todas/os!
Ya estoy de regreso con una nueva actualización, escrita con cariño como siempre. Agradezco sus preciosos reviews! me animan bastante! veo que les tomó por sorpresa la actitud del ahora no tan buen Houyo jaja.
Kisuke me mataste de la risa, interesante lo de la analogía de los capis 6 y 9. Y por cierto estuve a punto de llamarle "Wonderland" al parque de atracciones pero no, no fui capaz. XD había que tener algo de creatividad no?
Kuroneko T.T no hagan huelga plis, prometo apurarme en la actualización, estoy un poco malita ultimamente asi que no podre salir mucho...por lo tanto supongo que tendre mas tiempo para escribir...pero ¡coman algo! jajajaja xd
No tengo mucho más que decir salvo que se les quiere y gracias por seguirme en este humilde fic...y bueno espero que me digan que tal este cap...a mi me encata *.*
Capítulo 10: Bajo un cielo poblado de estrellas
El sol brillaba radiante en lo alto, la suave brisa mecía las hojas de los árboles mientras los niños jugaban y corrían y sus risas se fundían con el trinar de las aves que a esa hora volaban alrededor del parque. Ayumi se meció ligeramente y resopló, sin duda todo emanaba paz y tranquilidad...todo excepto su mejor amiga, que no paraba de llorar en el columpio de al lado con la cabeza gacha mientras el helado intacto en sus manos comenzaba a derretirse. Ayumi la miró con pesar y le pasó una mano conciliatoria por la cabeza. Kagome le había contado todo y había quedado con la boca abierta, se le hacía difícil creer que aquel tímido y retraído Houyo le había robado el tan esperado primer beso de esa manera...
- Kagome, tu helado...
Kagome observó su mano que comenzaba a llenarse de mantecado y finalmente se llevó el helado a la boca, lamiendo los bordes sin muchos ánimos.
- Pero no logro entender. ¿No era eso lo que tú querías? Ser besada por tu príncipe azul Houyo...
La otra hizo una mueca, "Príncipe azul" de pronto le parecía un adjetivo desatinado para Houyo. Guardó silencio y entonces Ayumi pensó que quizás era mala idea seguir hablando del tema.
- No es como lo esperaba – Dijo Kagome de pronto – Definitivamente no...- Recordó el desconocido rostro de Houyo, la manera ruda en que se había acercado de improvisto a ella, sus fríos labios encajándose de golpe en los suyos... arrugó el entrecejo cuando una lágrima se empeñaba en salir otra vez, bajó la mirada – Me siento tan infantil, ponerme así solo por un beso sin sentido. Pero no puedo evitarlo, nunca imaginé que definiría mi primer beso como una experiencia desastrosa...
Ayumi apretó los labios sin saber qué decir para animarla. La comprendía, tanto tiempo esperando el gran primer beso para que este terminara por ser...así. Esa experiencia sin duda no era como la de los cuentos que su amiga leía.
- Un beso es un beso, pero yo no sentí absolutamente nada, nada excepto desilusión.
- Pero Kagome, quizás no fue el momento indicado, él estaba afligido y se precipitó, sólo debes darle tiempo a Houyo...
Kagome negó – No quiero verlo.
- ¿Qué? – Ayumi abrió los ojos – ¿Pasaste del amor al odio tan pronto?
- Yo nunca lo amé – Sentenció la otra – Amar y estar ilusionada son dos cosas muy distintas. Mi ilusión por Houyo se estaba apagando de todos modos, sólo que antes no quería aceptarlo.
Ayumi sonrió - ¿Ves? Tú misma estás diciendo que no sentías lo mismo por él, es normal que aquel beso no fuera como querías – Lamió su propio helado, algo pensativa – Eres algo rara, hasta hace poco querías salir de la "trampa" de Inuyasha para estar con él, y ahora no quieres verlo. – Kagome la miró al escuchar aquel nombre. Ayame adoptó una expresión pícara y levantó una ceja – Por cierto, ¿cómo está el insistente Inuyasha?
Kagome sonrió de medio lado. Las imágenes de él en el parque de diversiones llegaron a su mente, su sonrisa cálida, su voz llamándola, las extrañas sensaciones que le estaba despertando. ¿Qué más podrían significar? – El esta bien...- Dejó su vista sobre una pacífica anciana sentada en una banca de madera que le lanzaba maíz a las palomas y habló tranquilamente – ¿Sabes? Antes pensaba que Houyo era el único al que podía mirar, el único para mí. Pero de la nada apareció Inuyasha – Sonrió levemente – No se como ni cuando, pero se convirtió en alguien muy especial para mi. Me gusta estar con él.
Ayumi rió abiertamente y le arrebató el helado de las manos, Kagome no protestó demasiado. – Quizás él pueda sacarte de tu tristeza – Dijo y se levantó lamiendo el helado, la otra percibió un tenue sonrojo en sus mejillas y esbozó una pequeña sonrisa esperanzada. Si...tal vez...él podía...
...
Houyo caminaba por las aceras con la vista perdida. Tsubaki hablaba animada a su lado, observando los ventanales de exhibición de algunas tiendas, pero su voz sólo era un murmullo distante para él desde que no le estaba prestando mucha atención. No tenía deseos de hacer nada, sólo quería encerrarse en su alcoba y de hecho ese era el plan hasta que ella se apareció en su casa prácticamente obligándolo a acompañarla de compras. Obviamente intentaba distraerlo para hacerlo sentir mejor, y él agradecía ese gesto de compasión, pero su mal trago no pasaría tan fácilmente. Tembló al recordar la mirada que le había propinado Inuyasha aquella noche, pensaba que quizás lo golpearía o lo amenazaría, pero para su consternación el chico no se había ni acercado, manteniéndolo a la expectativa.
Tsubaki lo llamó divertida y se detuvo a admirar la ventana de una tienda de música.
- ¡Ya salió el nuevo CD de Reika! – Exclamó con entusiasmo colocando ambas manos en el cristal. Houyo sólo asintió - ¿No te gusta su música? – Preguntó Tsubaki en un intento de alargar la conversación – Es la cantante de moda en Japón.
- Si, lo se – Respondió él simplemente para otra vez quedar en silencio, mirando con pereza el resto de CD´s en exhibición. Tsubaki arrugó el entrecejo con frustración. Hiciera lo que hiciera Houyo parecía estar en otro planeta. Kentaro la había llamado preocupado, diciendo que Houyo estaba realmente mal y que la única persona que podía animarlo era ella, pero al parecer incluso se le hacía difícil lograr que dejara de responder con monosílabos. ¿Qué tanto le había podido hacer esa muchacha? Aquello le molestaba en demasía, tantos años siendo su amiga, estando a su lado, para que él viniera a fijarse en esa chiquilla insulsa, no lo comprendía. Pero sentía que ya había llegado la hora, le abriría los ojos a Houyo como fuera.
Se acercó y recostó su cabeza en el hombro del muchacho, por fin sintió que él volvía en sí y la miraba.
- Houyo, quiero que dejes de pensar en ella – Murmuró de pronto. El joven abrió los ojos con turbación al escuchar ese tono en ella, que usualmente era extrovertida y osada pero que ahora parecía triste, casi suplicante. Tsubaki levantó el rostro para fijar sus ojos en los de él – Quiero que al menos mientras estás conmigo, no pienses más en ella...
El chico extrañado tragó con fuerza, percatándose de la cercanía de sus rostros. Tsubaki sonrió y él no supo por qué de pronto sentía nervios – Tengo hambre, busquemos un lugar para comer – Propuso tomando su mano.
- Esta...bien.- Respondió Houyo siendo llevado suavemente por ella, dirigió su vista a sus manos tomadas, parpadeó un poco con confusión, pero luego una diminuta sonrisa se formó en sus labios, cerró su mano en torno a la de ella.
...
- Oh, que hermosa película – La señora Higurashi se enjugó una lágrima sin apartar la vista de la pantalla. El abuelo y Souta también se encontraban absortos mientras la película llegaba a su fin, mostrando la clásica escena de los dos protagonistas besándose apasionadamente luego de haber vencido todas las adversidades del universo que conspiraba para que nunca pudieran estar juntos. Era una escena realmente romántica, de esas que en otro momento hubieran dejado a Kagome admirada y maravillada, soñando con el momento en que le tocara a ella entregarse en un beso como ese, pero en ese instante en particular más que prestarle atención a la pantalla ella sólo tomó un puñado de palomitas y se las llevó todas a la boca de una sola vez. No quería saber nada de cursilerías por ahora.
Rato después de que la película terminara Kagome le dio las buenas noches a su familia y subió las escaleras hacia su recámara. Apagó todo y se tiró boca abajo a su cama, cerrando los ojos con fuerza. El incómodo recuerdo de Houyo quería llegar a su mente y hacerla sentir mal de nuevo, pero lo reprimió. Ya había llorado, ya se había lamentado, ya no quedaba más que dejar trabajar al tiempo y olvidar aquel vergonzoso suceso. Se volteó y dejó la vista en el techo, sin mirarlo realmente. Trató de que su mente se llenara esta vez de Inuyasha...aquel tenaz muchacho que la había sorprendido una vez, que había deseado no volver a ver, que había detestado, y que ahora era dueño de fuertes sentimientos en ella. Rememoró el instante en que la abrazó en la rueda de la fortuna, pensando que incluso ese momento habría sido potencialmente perfecto para un primer beso...
Suspiró hondamente, miró el reloj que colgaba en la pared e hizo una mueca, era pasada la media noche y ella sin una pizca de sueño. Se sentó lentamente en la cama observando la ventana abierta que dejaba pasar el aire fresco de la noche y ventilaba agradablemente su recámara. Se preguntó si Inuyasha estaría dormido ya, tenía unas ganas inmensas de hablar con alguien. Fue hasta su ventana a paso lento con la vaga esperanza de que su vecino tuviera su luz encendida, pero al mirar se desilusionó. Luego de pensarlo decidió que al menos lo intentaría. Se relamió los labios y lo llamó, no obtuvo respuesta, así que volvió a llamar con cuidado de no elevar demasiado su tono y despertar a quien no debía. De pronto la luz de la lámpara amarilla se encendió ante sus ojos, Kagome sonrió algo nerviosa al ver que Inuyasha se asomaba con expresión incrédula.
- ¿Kagome? ¿Qué sucede?
Ella jugó nerviosa con sus manos – Dis...discúlpame ¿Te desperté?
Inuyasha bostezó dando unas cuantas palmaditas en su boca – No, aun no estaba dormido. ¿Tienes problemas para conciliar el sueño?
La chica asintió – Solo quería hablar con alguien, pero si tienes sueño esta bien, puedes irte a dormir...
- Estoy bien, espera un segundo – Se adentró en su habitación, la luz se apagó y poco después regresó para sacar las piernas fuera de la ventana, la chica abrió los ojos.
- ¿Qué haces? ¡Esas ramas no son muy fuertes! ¿Recuerdas?
- Tranquila – Inuyasha se encogió de hombros – Soportan el peso de una sola persona.
En poco tiempo llegó a la ventana de Kagome y con un pequeño esfuerzo se sentó en el marco. Le tendió un cartoncillo cuadrado que la joven no reconoció, por lo que tuvo que ir a encender su lámpara, luego sonrió. Era una fotografía. Inuyasha y ella sonrientes y a sus espaldas la hermosa e imponente montaña rusa del parque.
- Copie esa para ti, yo también tengo una... – Dijo él mirándola desde donde estaba. Ella la guardo con cuidado en un cajón sin quitar su sonrisa y apagó la luz, caminando hasta reposar los brazos en el marco, al lado de Inuyasha. - ¿sabes? Souta ahora me llama hermano mayor...- Comentó el joven de pronto, Kagome alzo ambas cejas.
- ¿De veras?
- Si...Siempre quise ser el hermano mayor, crecí como el menor por 3 años – Volteó los ojos – Créeme que es una maldición si tienes un hermano como Sesshomaru.
- ¿Era malo contigo?
- Cuando era pequeño tenía que hacer lo que él me decía, cuando crecí me le enfrente más de una vez y terminábamos golpeándonos...Mi padre siempre a sentido una preferencia por él. Dice que es más maduro y responsable.
- Pero es lógico, es el mayor ¿o no?
- Su carácter ha sido igual desde que tengo memoria. Es una persona seria y severa, al tipo hasta le falta el sentido del humor. Papa dice que él será el heredero de su empresa en unos años.
- ¿Tienen una empresa en Nagata?
- Así es. Mi padre ha logrado expandirla por el país, nos mudamos porque le interesaba estar al pendiente de los procesos comerciales de su empresa desde la capital, pero ahora mamá se encarga de eso ya que él tuvo que regresar por un tiempo.
Kagome asintió – Ya veo... ¿Entonces no te llevas bien con tu padre? – Inuyasha hizo una mueca.
- Digamos que siempre ha sido algo frío, se identifica más con su hijo mayor.
La joven lo miró con pesar y luego se fijó en las hojas del árbol, que se mecía suavemente con el murmullo del viento – Yo no recuerdo mucho a mi padre – Murmuró con melancolía, Inuyasha la miró atento – Murió en un accidente automovilístico cuando yo tenía 4 años, pero recuerdo que era una persona cándida y amorosa, todos lo dicen...
- Oh...- El chico apretó los labios – Lo siento mucho.
- No te preocupes...- Kagome levantó la cabeza y miró al cielo nocturno, abrió los ojos con sorpresa – No había visto la luna.
Inuyasha también observó la hermosa y radiante luna menguante de allá arriba. Las hojas de las ramas más altas del árbol dificultaban un poco la visión, por lo que se le ocurrió algo y sonrió volviéndose a Kagome.
- Vamos al techo.
- ¿Qué? – Preguntó ella consternada, pero luego no pudo evitar reír, ya a estas alturas se estaba acostumbrando a las repentinas y locas ideas de Inuyasha.
- No se ve tan complicado – Examinó el panorama y la dificultad y asintió con seguridad – Mírame, después has lo mismo que yo.
Kagome tragó – Esta bien...
Inuyasha se sostuvo de las ramas, trepó un poco y colocó el pie en la parte superior que sobresalía del marco de la ventana para tomar impulso. Kagome solo vio como él se sostenía con ambos brazos y luego se escabullía al techo - ¿Inuyasha? – Preguntó mirando hacia arriba hasta que él se asomó y le extendió una mano. Kagome tembló con algo de temor antes de encaminarse en las ramas mientras tomaba su brazo y no paso mucho hasta que pudo caminar tambaleante por el techo. – Se ve hermoso...- Murmuró observando maravillada el firmamento poblado de estrellas.
El joven se recostó en posición relajada admirándolo también, con las manos tras su nuca y con sus pies cruzados mientras uno botaba ligeramente en el aire. La chica se acostó a su lado, descansando las manos sobre su estomago.
- Me gustaría encontrar las constelaciones de los signos zodiacales – Dijo Inuyasha señalando hacia arriba - ¿Ves algún león?
Kagome rió divertida y negó - ¿Y tú ves alguna mujer con alas sosteniendo una espiga de trigo?
- ¿Virgo? No...Sólo veo estrellas titilando...
- Oye, recuerdo al astrólogo que tenía un programa de televisión matutino y leía las cartas... ¿Como era su nombre?
- ¿Jakotsu? Mamá veía el programa todas las mañanas, era un absoluto homosexual...
La chica golpeó suavemente su hombro al tiempo que dejaba escapar unas carcajadas. Inuyasha la miró con suma detención, ella al percatarse aminoró su risa - ¿Qué?
- Nada – Se encogió de hombros – Sólo que me gusta verte así, últimamente estabas algo decaída.
El viento sopló meciendo los cabellos de Kagome que se frotó los brazos, desviando la mirada. Era cierto, desde aquel día había estado algo distante y deprimida, sentía que le debía algún tipo de explicación a Inuyasha, pues él no sabía nada de su repentino cambio...pero no quería contarle el incidente con Houyo.
Inuyasha suspiró mirando el cielo – ¿Ya no te sientes mal? – Ella negó y él ladeó el rostro para observarla – Te pusiste así desde que fuimos al parque... allá lloraste... ¿Por qué?
Kagome se sentó lentamente, colocó su mentón entre sus rodillas – No es por nada...
- ¿Fue por Houyo?
Abrió de par en par los ojos y lo miró pasmada - ¿C..cómo es que sabes?
- Lo vi...- Kagome apretó los labios y bajó la mirada – No quise preguntarte nada, hasta que tú quisieras contármelo...
- Lo siento, no quería hablar de eso...quería olvidarlo...
Inuyasha acercó su mano y la enredó en sus sedosos bucles, demasiado suaves...- ¿Qué fue lo que paso Kagome? ¿Qué hizo Houyo?
La joven lo miró con sus expresivos ojos almendrados, debatiéndose entre decírselo o guardárselo para ella, pero finalmente botó el aire retenido en sus pulmones y confesó – El me beso...- Dijo en forma de lamento y no se percató de la mueca de dolor de Inuyasha – No quería que pasara...fue todo muy rápido, ni siquiera pude empujarlo...pero...fue mi primer beso...
- Ya veo...
Kagome tragó preocupada – Inuyasha, no vayas a hacerle nada a Houyo, te conozco, se que de seguro lo vas a golpear...- El rió sin muchas ganas y se sentó.
- No te preocupes, creo que tu reacción fue suficiente escarmiento para él.
– Si pudiera borrar ese instante lo haría sin pensarlo, simplemente no debió pasar...- Ella sabía que el muchacho estaba conciente de que aquel beso no le había agradado, pero sentía la necesidad de dejarlo más en claro. Inuyasha sonrió.
- ¿Estabas triste porque tu primer beso había sido robado?
- Si...- Contestó ella perdiendo la vista en el firmamento – Es patético...
- Tonta, eso no fue un beso...- Dijo y Kagome lo miró con atención.
- ¿No?
- No estuve ahí, no lo vi...pero te puedo jurar que eso no puede llamarse un beso de verdad. - El viento sopló otra vez, las mejillas de Kagome se encendieron cuando Inuyasha acercó su rostro al de ella y la miró con sus profundas obres ambarinas –Kagome...
Ella tragó fuerte, atenta a su cercanía. Entrecerró los ojos cuando percibió su aliento cálido chocando en su cara como si fuera un somnífero, una sensación agradable se disparó en su estómago – Qué...
- Si tú quieres...sólo si quieres...- Tragó y se acercó más – yo puedo... mostrarte lo que es...- Sus narices casi se rozaban - un...beso...real...- Ella no pudo decir nada. Estaba inmóvil. Sus bocas entreabiertas sólo a centímetros de distancia, los latidos de sus corazones retumbando como tambores en sus cabezas. Inuyasha, impaciente, tomó esa actitud sumisa y dócil como una positiva – Si quieres...- Murmuró.
Entonces, bajo aquel cielo poblado de estrellas, mientras el viento soplaba con delicadeza y todos dormían, Inuyasha terminó con la poca distancia que los separaba y atrapó por fin aquellos labios que para él eran castos y puros, y con los que había soñado tantas veces, encantándose de su dulce sabor, su suave textura, sus movimientos inexpertos...ya no podía contenerse un minuto más. Su sangre fluía vertiginosa por su cuerpo, su cara ardía, perdía el aliento. Alzó una mano temblorosa y tomó el mentón de la joven, como una caricia, instándola a abrir la boca y besándola esta vez con vehemencia mientras la otra mano se afirmaba en su cintura, casi perdiendo el control de sus actos. Kagome dejó de pensar, salvo en responderle con el mismo ímpetu con el que él lo hacía. Sus respiraciones se hicieron agitadas, formándose un intenso calor entre los dos.
Se separaron para poder tomar aire. Kagome aun con los ojos cerrados, pensando que de un momento a otro desfallecería. Todo le daba vueltas, su taquicardia dificultaba su respiración, se sentía afiebrada. ¿Qué le estaba pasando? Lo miró algo confusa, sin recobrarse del todo y tomó una mano de él que dirigió hacia su corazón, que golpeaba su pecho sin piedad - ¿Qué es esto? – Susurró perdida - ¿Estoy enferma?
El joven muchacho le sonrió abiertamente. Como ella había hecho, le tomó una mano y la colocó sobre su propio pecho. Kagome abrió grande los ojos al sentir aquel fuerte golpeteo contra su palma.
- No estas enferma, Kagome...eso es lo que pasa cuando te enamoras. Eso, es un beso de verdad.
Ella se estremeció no precisamente por la ráfaga de viento que meció su cabello. ¿Acaso eso que sentía era un sueño? ¿Acaso estaba dormida y en cualquier momento iba a abrir los ojos? Tragó con fuerza. Era como si hubiera pasado días sin comer y de pronto le dejaban probar una hamburguesa. Quería más.
- Otra vez – Pidió y lo besó con ansias, dejando que un suspiro se escapara contra su boca. Sintió la sonrisa de Inuyasha.
"Por fin...Kami-Sama..." – Pensó el chico antes de dejarse llevar una vez más.
Continuará...
