—Maldito bicho escurridizo —gimió Tom recargándose a una pared después del ejercicio que hizo— ¡Maldición!
Tomando una bocanada de aire decidió volver a su habitación para poder descansar un poco, después de todo había pasado una semana sin poder descansar por la pequeña estrella brillante de Slytherin, quien de escabullía y desaparecía con tanta facilidad que le hacía imposible la tarea de ir tras él y explicarle lo que había pasado.
Caminó fingiendo no estar totalmente cansado y, en partes, derrotado. Armus había estado huyendo de él cada vez que se veían, hasta comía en su habitación para no verlo en el Gran Comedor, y ni Draco o alguno de los Slytherin le habían servido de mucha ayuda. Era jodidamente estresante.
Se dirigió a la Sala Común de Slytherin, necesitaba un descanso después de haber corrido por todos los pasillo de Hogwarts para atrapar al príncipe de las serpientes, el cual hacia honor a su nombre con tan solo una cosa tan pequeña como huir de Tom Riddle. Lo más sorprendete es que todo Hogwarts parecía no estar enterado -por primera vez- de la persecución de los dos chicos, era de extrañar, y de dar miedo, el hecho que algo tan obvio pasara desapercibido por los estudiantes, ¡hasta Dumbledore parecía no enterarse de su loco comportamiento!
Entro a la Sala Común sin mirar nada más que la entrada a las habitaciones de los chicos, tal vez, si se acostaba y descansaba lo suficiente es día, mañana podría atrapar a Armus sin ningún problema. Entró a su habitación dejándose caer a su cama con cansancio, era más molesto que las veces que veía a Chang en los pasillos y ésta salía corriendo sin ninguna discreción. Aunque, si lo pensaba bien, lo único positivo de esa situación es que los alumnos pensaban que se estaba volviendo loca con toda la carga que tenía en sus hombros, tanto académicas como familiares.
—¿Entonces sí me pasas el ensayo de Pociones?—la voz de Draco sólo lo hizo bufar. Tal parecía que no iba a poder descansar.
—Lucius se enojará si se entera que te paso las tareas, a parte de...
Tom levantó la cabeza rápidamente y miró a Armus, quien le miró como si fuera un ciervo en la mira de un cazador, y esta vez el cazador fue más rápido que el ciervo.
—¡Petrificus totalus!—gritó segundos después que el ojiverde empujara a sus amigos para poder salir lo más rápido de la habitación, meta que no cumplió por el hechizo que impactó en su espalda.
Thomas miró a sus compañeros de cuarto con una sonrisa que, si bien era sádica y prometía dolor a quien se quedara, los invitaba a salir con una cordialidad digna de el heredero de Slytherin.
—Entonces—murmuró Theo sonriendo alegre—, ¿vamos a la Biblioteca para hacer el ensayo de Pociones?—Zabini asintió pasando por encima de su amigo paralizado sin preocuparse de nada.
—¿Qué? Pero Harry...
—Draco, por lo que veo, Harry no va a estar disponible para pasarte su ensayo, y sólo tienes una horas antes que Madame Pince nos saque a hechizos de la Biblioteca, te podrías quedar despierto toda la noche terminando el ensayo y perder un poco de tu preciada siesta—mientras Theo iba diciendo, la cara del heredero Malfoy se hacía más pálida—... ¡Oh! Y sin contar que mañana nos toca a primera hora Pociones. El profesor Snape se sentirá decepcionado de que su pequeño dragón no haya hecho una tarea tan simple como lo son sólo tres pequeños metros de...
—¿Qué haces ahí parado?—preguntó Draco gritando desde las escaleras de las habitaciones— ¡Si nos cierran la Biblioteca te mato!—gritó haciendo sonreír a Theo.
—Lo siento, Harry—se despidió saliendo detrás de Zabini de sus habitaciones.
La puerta se cerró tras Nott, quien puso unos ligeros hechizos para que su querido amigo Harry no saliera de la habitación como alma que se la lleva el diablo, ¡ah, sí! Y que su tan adorada amiga Pansy no llegase a molestar.
—¡Una semana!—explotó Tom sin más— ¡Una puta semana sin hablarte! ¿Qué querías conseguir con eso? ¿Matarme? ¡Pues casi lo cumples, joder!—gritó/siseó molesto mientras hacía un hechizo para colocar a Armus en una silla—... ¡No fue mi puta culpa!
Harry cerró los ojos tratando de luchar contra el hechizo, tratando de liberarse de esa magia que oprimía todo su cuerpo hasta dejarlo inmóvil. Tom se jaló con suavidad su cabello.
—Ella me besó a mí—dijo mirando a su chico, quien pudo mover la cabeza con libertad, lamentablemente era la única arte que pudo sacar del hechizo.
—No me importa—siseó.
—¿Por eso huiste estos siete días? Déjame dudarlo.
—Yo... No... No quería estropear su relación—mintió/declaró mirando el piso—. De todas maneras, sólo era una duda...
—¿Cuál era tu pregunta?—cuestionó sonriendo, claro que sabía lo que le iba a decir, lo había estado esperando desde la navidad que le obsequió el libro.
—Ya no importa...
Lord Voldemort negó con la cabeza, el chico también era la personificación de un Gryffindor.
—Los sanctus suelen dejarse llevar por su magia cuando encuentran a su pareja—comentó—: Tú pudiste ignorarme por una semana y guardar tu magia dentro tuyo todo el tiempo. Hasta dentro de nuestra categoría eres especial...
—Tom...
—Debes confiar en que te pertenezco sólo a ti, Armus...
Harry abrió los ojos sorprendido, haciendo que un ligero rubor cubriera sus mejillas, fascinando a Tom de sobre manera.
—Anda, déjala fluir —dijo Tom acercándose al joven paralizado—. Como lo hicimos en la Torre de Astronomía, vamos, Armus, yo sé que quieres.
La cara del castaño ya se encontraba en frente de los ojos verdes. Sabía que estaba diciendo cosas sin conexión alguna, pero, joder, era un gran logro mantenerse cuerdo después de una semana sin poder estar cerca de su pareja. Había veces que Armus le ignoraba tan bien que dudaba de su propia existencia.
Tom dejó su magia salir y acarició al pelinegro con ésta, provocando que una especie de gemido saliera de los labios de Harry. Poco a poco, como si se tratara de una serpiente temerosa, la segunda magia llenó el lugar, juntándose con la del Señor Oscuro.
Dos nuevos gemidos llenaron el lugar, esa vez se sentía diferente a las otras, puesto que las otras habían sido sólo fragmentos de magia. La sensación que estaban sintiendo en ese momento era totalmente diferente, como si hubieran completado un rompecabeza, o si el Yang se hubiera fundido con el Ying. Era un tsunami dentro de su interior, recorriendo poco a poco los dos cuerpos hasta instalarse en un punto de su pecho, llenándolos de calor.
Tom quitó el hechizo que reinaba sobre Armus y se acercó a él dispuesto a abrazarlo, pero, viendo las lágrimas cayendo por las mejillas del menor, se detuvo.
—¿Armus? —preguntó con suavidad mientras limpiaba con cariño las lágrimas— ¿Estás bien, amor?
El color rosa llenó las mejillas del menor ante el nombre usado.
—Yo... No... Eh...
—No puedo creerlo —dijo el castaño mirando a su pareja con incredulidad—, ¿tienes filofobia¹? —preguntó riéndose.
—¡Calla! —siseó Harry molesto— No es mi culpa...
—Oh, Armus...
—Siempre uno termina lastimado —interrumpió—. Un día Theo se enamoró, pero las cosas no salieron bien y terminó encerrado en la habitación por dos semanas —contó jugando con sus dedos—. Yo quería que ya saliera de eso, así que investigué un hechizo para que se sintiera mejor, sólo que había algo que no especificó el libro —murmuró mirando hacia el piso con nerviosismo—. Se suponía que cuando le lanzas en hechizo a la persona, ésta dejaría de sentir el dolor... Lo que no decía era que tú recibirías todo el sufrimiento...
—Armus, no deb...
—Dolió mucho —completó convirtiendo sus mejillas en dos hermosas cascadas—, no podía respirar, el dolor se instaló en mi pecho y dolía el doble cuando veía algo relacionado con ella. Había momentos que mi cuerpo era tan pesado que no podía moverme, las lágrimas salían solas y... Joder, no era consciente de muchas cosas —gruñó agarrando su cabello y jalándolo—. El señor Malfoy decidió sacarme de la escuela hasta que me sintiera mejor. Nadie sabía lo que me había pasado, nadie excepto Theo y yo... y aún así no encontramos un contra maleficio.
Tom miró a su chico y limpió con suavidad las gotas saladas que salían de su ojos y recorrían sin piedad por la hermosa piel de porcelana.
—Ese dolor lo volví a sentí cuando te ví besándote con Chang —declaró.
Tom miró a su chico y sonrió de lado, por más sádico que se viera. No podía dejar de sonreír al ver la firme declaración escondida en esa frase.
—También estoy enamorado de ti —aclaró—, no te sabría decir porqué, pero lo hago, y no dejaré de estarlo hasta la extinción de la raza humana.
—¿Extinción de la raza humana? ¿No será: "Hasta que muera"?
—Bah, morir no va en nosotros —argumentó moviendo su mano para desechar la idea—: ¿Qué te parece la inmortalidad? ¿No envejecer? ¿Estar juntos tú y yo hasta el fin de todos los universos?
—¿Estar contigo? —preguntó burlonamente— Tom, sólo te falta pedirme matrimonio.
—Entonces... ¿Te casarías conmigo?
Armus parpadeó perplejo antes de reír todo lo que sus pulmones le permitían. Sayre era la persona más rara que había conocido en toda su vida, claro, después de sus padres.
—¿No casarme con mi pareja? ¿Qué clase de persona sería si hiciera eso? —preguntó— Más cuando mi pareja es el increíble Thomas Sayre, el segundo príncipe de Slytherin y mi querido sanctus. Estaría totalmente loco si no aceptara esa gran oportunidad...
El Señor Oscuro sonrió y negó con la cabeza, era claro que Armus era el vivo ejemplo de cordura en una vida llena de locura, como aquel ser que vive en tormentas y camina con libertad, como si fuera su territorio.
El castaño jaló al heredero Black con suavidad y se acuestan en la cama del mayor para poder descansar para el siguiente día, día en el cual todo el mundo se enteraría que el jodido-niño-que-vivió tenía dueño, aunque, por bien ajeno, no revelaría su identidad hasta que todo estuviera seguro. Armus se acurrucó en el pecho de Tom con alegría, casi como si fuera un gato que amaba estar con su dueño, una nueva faceta que conocía el ojimiel.
—¿Ya no va a haber coqueteos? —preguntó el Señor Oscuro refiriéndose a todos los estúpidos chicos que se acercaban a su pareja, y deseando que éste ya no le pidiera salir con gente molesta sólo para estar con alguien más.
—Oh, claro que habrá coqueteos —dijo Harry mientras se levantaba y miraba a Tom sonriendo, empezando a gatear para quedar sobre él—, sólo que ahora estarán dirigidos a una persona —ronroneó sobre sus labios, antes de besarlos con cariño y devoción.
—Mío —siseó Sayre estrujando las caderas del chico.
—Tuyo —respondió Harry sonriendo de lado—... sólo si tú también eres mío.
—Soy tuyo desde el momento que naciste —murmuró Tom cerrando los ojos y buscando con sus labios la suave puerta a la perdición.
¹Miedo a enamorarse.
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