SECRETO A VOCES SECRETO A VOCES
By Darla Asakura.
Capitulo 10
LA PELIRROJA EN LAS GRADAS
Una presencia bastante irregular captó la atención de la mayoría de los presentes, en aquella cancha deportiva. Las hermosas porristas eran las más sorprendidas, sin lugar a dudas; más que nada porque era totalmente fuera de lo común ver aparecerse por allí, a esa chica en especial. Matty Mc Clark entró sin dirigir la vista a ningún sitio en especifico, ella siempre caminaba como si los demás no existieran, sus compañeros de clase, así como cada uno de los alumnos de esa escuela, sabían que a esa muchacha no le importaba un ápice lo que pudieran pensar o decir de ella; la pelirroja en cuestión jamás tuvo intenciones verdaderas de socializar con nadie, era arrogante, orgullosa, altiva y hasta un poco agresiva, en pocas palabras Matty sabía darse a respetar y lo hacía muy bien, cosa que en secreto atraía a muchos, pero que también le hacían ser, incluso más inalcanzable que la mismísima Anna Kyouyamma.
-¿Qué hace ella aquí? - lanzó la pelirosa aquella pregunta al aire, para ver si alguien podía responderla.
-¿Quién? – preguntó a su vez Marion, quien se giró a mirar a su amiga, para ver si podía darle más pistas sobre la persona, de la que hablaba.
-Ella. – señaló Tamao, con uno de los pompones rojos que sostenía.
Tanto Anna como Mary, así como el resto del equipo de animadoras, quienes vestían los cortos uniformes de porristas, con los colores de la escuela, es decir rojo y negro, a juego con los de los jugadores, que corrían por toda la cancha, miraron hacia el lugar que señalaba la chica de ojos soñadores rosas, los cuales ahora refulgían llenos de desprecio.
-Ni idea. – musitó quedamente Anna, al ver como la susodicha chica vestida enteramente de negro, subía a las gradas para sentarse al lado de la hermana menor de Horokeu, quien esperaba que éste llegara a recogerla para llevarla a su casa.
-Hola Matty. – le saludó la muchacha de cabellos azules, los cuales lucía recogidos en una coleta alta aquella tarde, apenas vio que la pelirroja se sentaba a su lado.
-Hola pequeña. – correspondió el saludo Matty, con una media sonrisa, para luego volver la vista al frente, justo al lugar donde los chicos hacían unas cuantas corridas para mantenerse en buenas condiciones físicas y tener más resistencia.
-Mi nombre es... – comenzó Pilika a presentarse, asumiendo que la palabra "pequeña" utilizada por la muchacha sentada a su izquierda, era debido a que no recordaba su nombre.
-Pilika, lo sé. Entonces... ¿cómo estás? – le cortó de inmediato la pelirroja, mirando a la chica de reojo. La hermanita de Horo era una buena chica y ella lo sabía, también sabía que su hermano le protegía y cuidaba mucho, y tenía buenas razones para hacerlo, las personas solían aprovecharse de la gente como Pilika.
-Un poquito aburrida, aunque ver a chicos guapos, corriendo de aquí para allá, no es tan malo. – respondió la Usui, haciendo que la otra mirara hacia la cancha y pudiera comprobar con sus propios ojos lo que ella había querido decirle.
-Comprendo perfectamente lo que quieres decir. – terció la pelirroja clavando los ojos en los bien trabajados cuerpos de los jugadores de Basket y sonriendo maliciosamente.
Tanto Anna como las demás porristas no perdían detalle de lo que ocurría en las gradas, la intromisión de Matty era algo raro en demasía y es que, nadie pensaba que existiera un motivo para que la chica en cuestión asomara la cara por aquel lugar, bueno casi nadie… Liserg Diethel observaba la escena y los atónitos rostros de los presentes, sin poder esconder una sonrisita sardónica, pero decidió mantenerse al margen de los cuchicheos de todo el mundo y concentrarse en la práctica hasta que esta finalizara.
Marion se encogió de hombros, dejando de mirar como la pelirroja y Pilika hablaban confianzudamente, allá, en lo alto de las gradas y dirigió su verde mirada hacia la pelirosa, que había detenido todo tipo de movimiento ante la llegada de su "rival".
-Bueno... me atrevería a decir que está conquistando a tu cuñadita. – declaró con sorna, acomodando un poco su largo cabello rubio, y esperando la explosión que sabía de sobra, vendría de parte de Tamao.
-¿Qué?, ¿también es lesbiana? – Casi gritó la muchacha de cabellos rosas, y los ojos de Mary brillaron con malicia.
-No, Tamao... creo que Mary quiso decir que, al parecer se llevan bien. – Anna repuso, viéndose obligada a intervenir por la errada y extraña suposición, a la que luego de las palabras que dijera la otra rubia, había llegado su mejor amiga.
El comentario que hiciera Anna fue recibido por la pelirosa, de peor forma que el que había hecho Marion. Tamao parecía molesta y confundida, pues no le cabía en la cabeza que su "cuñadita" estuviera dispuesta a mantener una amistad con aquella odiosa pelirroja y que a ella, la tratara como suprema frialdad.
-Pero... Pilika, no debe... esto es inaudito, mírala... a mí no me habla de forma tan familiar. – declaró la hermosa pelirosa alternando la mirada entre las gradas y sus amigas, le enervaba sobremanera la situación, no era justo que Matty estuviese allí, empañándole la felicidad al poner en riesgo su relación con Horo… era imposible que el muchacho se fijara en ella, pero de todas formas era muy molesto que siempre esa chica encontrara la manera de rondarle como mosca a un pastel, y ahora esto… sabía que si Pilika se aliaba con ella, Matty dejaría de ser una simple molestia, para convertirse en un peligro.
-Olvídalo, Tam... ven, sigamos con la práctica. – trató de tranquilizarla en vano Anna, al ver como la mirada de Tamao se hacía más fría, lo cual realmente era anormal. La tomó por el brazo, llevándola hacia donde las otras chicas comenzaban una vez más su rutina de ese día.
Un nuevo pase de Yoh a Len, terminó como casi siempre en una nueva anotación por parte del capitán del equipo de Baloncesto de la "New Generation"; aquella combinación era genial, se entendían muy bien, por supuesto nunca mejor que cuando era Liserg quien asistía a Tao en la lejana época en que esos dos, eran los súper mejores amigos y el dúo dorado de los "Wild Cats".
-Oye Len, mira quién está en las gradas... – Le comentó el menor de los Asakura a su capitán, cuando este se acercó a felicitarlo por el éxitoso manejo de la pelota, tras la anotación.
-¿Qué estará haciendo aquí? – Le preguntó el chico de los ojos gateados al moreno, al mirar hacia el lugar indicado por éste y encontrarse con la gélida mirada de Matty, quien había sido espectadora de la última jugada.
-Si Horo estuviera aquí, ¿preguntarías lo mismo? – expuso el castaño de cabellos cortos con tranquilidad, pero sin dejar de lado la picardía y la burla que contenía esa frase, mirando fijamente hacia las gradas pero no precisamente a la chica de negro.
Len lo miró, con un brillo intenso en el mágico verde ambarino de sus ojos y su amigo captó de inmediato, la indirecta y silenciosa advertencia que estos le mostraban, pero no por eso borró su sonrisa.
-Conserva las esperanzas, quizá si vino a verte. – musitó suavemente antes de echar a correr, para tratar de interceptar un pase de Chocolove a Liserg.
Len Tao lo observó alejarse corriendo, antes de volver a mirar hacia las gradas por última vez, para retomar su posición en el juego, con el que darían por terminada la práctica de esa tarde.
-Son buenas, ¿no? – exclamó la peliazul, en un intento de trabar conversación con su silenciosa compañera, quien no había perdido detalle de la nueva rutina de las porristas de los "Wild Cats".
Matty la miró de reojo por un instante, antes de contestar. En su interior estaba agradecida con Pilika por traerla de nuevo a su realidad, porque unos minutos atrás al observar el juego y a todas esas lindas chicas vestidas de porristas, se había permitido abandonar Japón, esa escuela y las miradas de desprecio de todos sus estudiantes y regresar a su pasado, había vuelto a verse a ella misma con un par de pompones en las manos, mientras dirigía su propio equipo de animadoras para darle apoyo al equipo de su escuela, donde su novio era nada más y nada menos que el capitán, aquel chico que le dedicaba todas y cada una de las anotaciones que realizaba… el mismo chico al que por una fracción de segundo Len Tao, le hizo evocar al clavar en ella su verde mirada tras anotar.
-Por lo menos caen de pie. – murmuró ella, en un tono algo seco.
-Como los gatos. – complementó Pilika, provocando la risa en Matilda.
-Je je, sí. – concordó ésta dejando de mirar a los jugadores y a las porristas, para observar a la peliazul, quien también reía.
-Mc Clark! –un grito sobresaltó a las dos muchachas que reían en las gradas, la voz masculina solo denotaba seguridad, pero ningún rastro de sorpresa. Matty dejó de reír al reconocer la voz y se dirigió a Pilika.
-Te dejo, esa es mi señal... – le comunicó la muchacha levantándose.
-¿Sales con Liserg? – tal fue el asombro que Pilika imprimió a aquella pregunta, que la pelirroja no pudo hacer otra cosa que sonreír.
-¿Te digo un secreto...? – dijo la rebelde ex porrista, acompañando sus palabras de un gesto lleno de complicidad.
-Sí quieres. – contestó la otra brevemente, pero sumamente interesada en las palabras de la pelirroja.
-No estoy tan loca, como parezco. Aunque... – exclamó ella, esbozando una sonrisita pícara, para dirigir su mirada al apuesto muchacho de ojos y cabellos color verde esmeralda, que llevaba el torso descubierto y la camiseta empapada de sudor sobre un hombro, al tiempo que caminaba hacia las gradas.
-Debo admitir que a cualquiera se le antojaría al verlo así, sin camiseta y todo transpirado. ¡Que machote! – terminó de hablar luego de analizar objetivamente el aspecto de aquel muchacho.
-Estoy de acuerdo... y por cierto, tu secreto está a salvo conmigo. – afirmó la otra muchacha, luego de dirigirle ella también una rápida y evaluadora ojeada al inglés. Matty solo se limitó a sonreír, para luego bajar los escalones.
El chico alto y de ojos verdes esperaba a que la pelirroja descendiera, pues ella como siempre se tomaba todo el tiempo del mundo para hacer lo que quería, aun así Liserg se prometió que no lograría nada, pues esta vez se había propuesto mantenerse calmado ante cualquier provocación de la chica en cuestión. De por sí, Matty Mc Clark siempre le había parecido un enigma con un grado elevado de complejidad y sabía que él no era el más indicado para resolverlo.
-Bueno, aquí estoy Lis... ¿qué es lo que quieres? – espetó ella, dejando ver el desgano que le provocaba aquella situación. De hecho el único motivo que tenía para estar allí, era la curiosidad.
-¿Que te cuesta saludar? – preguntó secamente el otro, al ver el fastidio que dejaba ver las maneras de Matilda.
-Mucho. ¿Me vas a contar o qué? – sentenció la chica, cruzándose de brazos sin mirarlo, y notando como todas las miradas estaban fijas en ella por primera vez.
-Claro que sí. Pero primero, voy a las duchas... espérame. – ordenó Liserg, con voz que ella hallo demasiado autoritaria.
-No tengo tiempo. – dijo la muchacha y se dio vuelta de inmediato, con la clara intención de irse de aquel lugar.
-Vamos, Matty... – casi rogó el chico de los ojos verde esmeraldas, haciendo que a ella se le dibujara una sonrisita en el rostro, al percibir el tono de suplica en la voz del orgulloso inglés.
-Diez minutos. – declaró sin más Matty, sin olvidarse de borrar todo atisbo de sonrisa antes de darse la vuelta para enfrentar al hermano de Jeanne.
-Es todo lo que necesito. – Afirmó él con sorna.
-Bien. – asintió ella, para ver a Liserg alejarse luego en dirección a los vestidores.
El moreno y apuesto muchacho, miró hacia el lugar donde un Liserg se despedía enfáticamente de aquella muchacha antes de echar a andar. Con un brillo burlón en los castaños ojos, volteó a ver a quien fuese, uno de sus mejores amigos y le dio un par de golpecitos en la espalda a manera de consuelo, los que pusieron alerta al chino de ojos maravillosamente verdes.
-Bueno Len, ya puedes perderlas. – sugirió Yoh, en un tono de voz que era una mezcla de burla y pena.
-¿Perder qué? – Expresó su confusión el chico de cabellos negros azulados, que le acompañaba en esos momentos.
-Las esperanzas que te dije que conservaras... la cosa es con Liserg. – musitó Yoh con voz queda, aguardando con ansías la respuesta que su amigo le daría.
-¿Liserg? – Len exclamó algo perplejo, Yoh debía estar bromeando, dudaba mucho que una chica como Matty pudiera fijarse en su rival antes que en él.
-¿Será su próximo candidato? – la pregunta de Yoh lo tomó aun más por sorpresa, pues un minuto antes él estaba considerando aquella posibilidad, sin embargo Len sonrió con ironía, al mirar a los ojos a su amigo castaño.
-Con ella, nunca se sabe. – susurró al reiniciar su camino a las duchas, luego de encogerse de hombros tranquilamente.
Después de que Liserg se dirigiera hacia las duchas, para aprovechar los diez minutos que ella tan amablemente le había obsequiado, Matty se dirigió nuevamente hacia las gradas, guardándose las manos celosamente en los bolsillos del pantalón negro que usaba aquel día y el cual le arrastraba, pues era extremadamente largo.
-¿Qué sucedió? – le preguntó la hermanita de Horokeu, de una forma bastante casual.
-Lo de siempre... los hombres sólo te saben hacer esperar. – espetó crudamente y sin tapujos la pelirroja, quien en ese preciso momento comenzaba una lucha con su largo cabello.
-Sí, es cierto. – concordó la muchacha de cabello azul, fijando sus ojos celestes en el pequeño tatuaje que Matty tenía en la base del cuello y que quedó al descubierto, cuando la muchacha decidió echar su cabeza hacia delante, para recoger su cabello en una coleta alta.
-¿Te han dejado esperando? – preguntó la chica de negro, mirándola de reojo al terminar de recoger su cabello, puesto que el comentario de Pilika le dejó algo intrigada.
-Ahora mismo, lo estoy haciendo. – Recitó ésta, esbozando una pequeña y maliciosa sonrisa, que no encajaba en lo absoluto con su perfil del perfecto angelito.
-No me digas... ¿algún noviecito escondido? – se interesó más Matty, en la situación que Pilika le describía.
-Pues, verás... – comenzó la muchacha en voz baja, que denotaba cierta complicidad entre ella y la pelirroja, pero no pudo continuar pues la voz melodiosa de Tamao Tammamura se lo impidió.
-No creo que eso sea de tu incumbencia, tóxica. – Gruñó la bella chica de cabellos rosas, a lo que ambas ocupantes de las gradas giraron las cabezas para observarla llegar.
-Y yo creo que no estaba hablando contigo. – Le restregó de inmediato la pelirroja a la que la recién llegada se había dirigido anteriormente, con voz realmente ácida.
-No tienes porque responderle, Pili. – se concentró Tamao, en la hermana de su novio, ignorando lo mejor que pudo el comentario de su compañera de gradas.
-Pero quiero, Tamao. Porque no te vas a atender tus porras. – le invitó "amablemente" la chica de cabellos y ojos celestes.
-Ni yo lo hubiera dicho mejor. – aceptó Matty, cruzándose de brazos y riendo por lo bajo debido al comentario que hiciera Pilika.
-Eres una estúpida, Mc Clark, no te vas a salir con la tuya. – Gritó la muchacha vestida de porrista, al no soportar más la actitud de la pelirroja, quien se mantenía en la misma posición y con la misma sonrisita irónica dibujada en los labios.
Anna fue la primera persona en darse cuenta de que algo sucedía, al escuchar las palabras que gritara anteriormente su amiga y también fue la primera en reaccionar. Se dirigían hacia los vestidores y ella no supo en que momento Tamao se separó del grupo y se encaminó hacia el lugar donde Pilika y Matty conversaban tranquilamente… por lo que, ahora a Anna solo le quedaba intervenir, pues la extraña personalidad de la pelirroja no le permitía a nadie saber como reaccionaría, aquella chica era impredecible.
-Y según tú, ¿cuál es la mía, niña rosa? – le retó a responder Matty, mirándola fijamente y sin parpadear.
-No vas a poner a Pilika en mi contra. – soltó aceleradamente Tamao, en el momento justo en el que Anna llegaba a su lado.
-Ah... eso es lo que crees que vine a hacer. – Matty se llevó las manos a la cara, antes de contestar y se rió luego mofándose de la pelirosa.
-Por supuesto que sí. – Recalcó Tamao, al tiempo que le fulminaba con la mirada, lo que le hizo más gracias a la aludida.
-Deja de hablar incoherencias, Tamao. Ella no quiere eso, además no necesitas que nadie me ponga en tu contra, de eso te encargas tú solita. – se encargó de hacerle saber Pilika, sin nada de tacto, a lo que Matty sonrió aun más y Tamao la miró como si no la conociera. Anna por su parte prefirió callar, ella sabía perfectamente de la aversión que la Usui sentía por la actual novia de su hermano mayor… aquello no era nada nuevo, ni siquiera para Tamao, así que no lograba entender porque dejaba que le afectara tanto.
-Pilika... no puedo creerlo, no puedo creerlo. – repetía inconstantemente la bella pelirosa, con los soñadores ojos clavados en su "cuñadita".
-Creo que ya dijiste eso. – señaló Matty con un aire de inocencia, que ni ella misma se creía.
-Mc Clark, por favor... no hagas las cosas más difíciles. – le pidió la rubia de orbes oscuras con celeridad, tomando de un brazo a su mejor amiga, quien todavía no reaccionaba.
-No recuerdo haberte hablado a ti, Anna. – inquirió con voz seca y helada la chica de negro, y Anna supo que de ella podía esperarse cualquier cosa.
-¿Cómo te atreves a hablarle así a Anna? – se escuchó una voz femenina, justo a espaldas de la pelirosa y la rubia.
-Ya llegó la que faltaba. – rezó Matty con los dientes apretados, poniendo cara de total fastidio.
Anna suspiró, Matty tenía razón. La llegada de Marion en vez de aliviarla, le preocupaba, ya que ella sabía que su amiga gozaba restregándoles a los demás su supuesta superioridad y en este casi su intervención solo auguraba más problemas.
-Tú no tienes nada que hacer aquí, este no es tu lugar lunática. – afirmó la rubia de ojos verdes, luego de llegar al lugar.
Pilika suspiró fastidiada y posó su mirada al techo, deseando con todas sus fuerzas hallarse en otro lugar, para no oír las sandeces que las amiguitas de Anna decían a cada tanto.
-¿Según quien? – le interrogó Matty, con supremo desafío reflejado en sus ojos.
-Según yo... – no dudó en asegurarle Mary, mirándola fijamente como si quisiera desaparecerla de la faz de la tierra.
-Marion por favor... – trató de apaciguar los ánimos de su amiga rubia, ya que la pelirosa había caído en un mutismo sorprendente.
-Mejor llévatelas, Anna. – sugirió la pelirroja a la rubia de ojos negros, optando por dejar pasar el comentario de Marion y dejándose caer pesadamente en el sitio que anteriormente ocupara.
-¿Eso es una amenaza?... no te tengo miedo, sabes... – reaccionó finalmente Tamao, de una forma bastante inesperada.
-Y otra cosa si te digo, has lo que quieras con Pilika, pero... no te le acerques de nuevo a mi novio. Él es MIO... – expuso con resolución, la pelirosa.
-Si tienes tanta seguridad de eso, ¿qué es exactamente lo que te preocupa?– le preguntó astutamente la pelirroja, sin levantar la voz para nada a o que la chica a su lado sonrió.
-¿Qué podría preocuparme, ilusa? – recitó Tamao, de forma acelerada y visiblemente fuera de control.
-Que mi hermano se canse de ti, y se fije en alguien con neuronas, para variar. – Pilika respondió sin miramientos, volviéndose de repente el centro de atención.
-Esta chica cada vez, me cae mejor. – declaró alegremente Matty, como respuesta al comentario que hiciera Pilika.
-Mejor no ayudes, Pilika. – le pidió Anna, a la chica de cabello azul sin atreverse a soltar a Tamao quien estaba al borde de la histeria.
-Es la única verdad, Anna... mi hermano no pudo conseguir nada mejor, después de ti. Así que tuvo que conformarse, con "eso". – dijo Pilika con voz firme, poniéndose de pie para señalar a Tamao de forma tan despectiva, que la chica de cabellos rosas no pudo retener más el llanto.
-Eso no es cierto. – la voz de Horokeu Usui, se hizo escuchar resonando con fuerza en el casi desierto polideportivo, se notaba claramente que había escuchado el comentario de su hermanita, debido a la furia con la que espetó aquellas palabras.
-Horo Horo... – gimió Tamao enseguida, corriendo a escudarse entre sus brazos como si de una niña pequeña se tratara.
-Mi amor... no llores, yo sólo tengo ojos para ti. Para nadie más... – le susurró dulcemente el chico a su novia, mientras la abrazaba y parecía no importarle nada más que protegerla.
-Pero, tu hermana... – dijo aun entre sollozos Tamao, empapándole la camiseta negra que Horokeu llevaba puesta con sus lágrimas.
-Pilika es una niña malcriada y tonta, que no sabe de lo que habla. - terció Horo, al mismo tiempo que desafiaba a su hermanita a que le contradijera, con los ojos brillando peligrosamente como siempre ocurría cuando estaba a punto de perder los estribos y vaya que en esta ocasión lo estaba.
-Sí, por supuesto y tu novia es una lumbrera. – contrario a lo que todos estaban esperando, no fue Pilika la que contestó al comentario que hizo su hermano sino Matty.
-Tú no te metas. – sentenció Horo, alzando la vista para clavar en la silueta de la pelirroja sus oscuros ojos.
-He visto cosas en la vida, pero como esto, Jamás. – la chica sonrió de forma irónica, para luego apoyar su rostro en una de sus manos; gesto que demostraba lo tranquila que se mantenía, a pesar de lo pesada que era aquella situación y del agresivo tono del Usui.
-Ahora la vas a tomar con Matty, si ni siquiera sabes que ocurrió. – declaró Pilika, quien salió en defensa de la pelirroja.
-No lo sé y realmente no me interesa. Vas a tener que entender una cosa, Tamao es mi novia y la amo... y no voy a permitir que ni tú, ni "Matty"... – Horo se detuvo un instante para hacer el suficiente énfasis en el nombre de la otra chica, quien lo miraba sin disimular ni un poco su inmensa diversión, ante la intervención del muchacho originario de Hokkaido.
-Ni nadie, la ofenda o la haga sentir mal, si yo estoy presente. ¿me escuchas?– terminó de decir, con voz sumamente grave que llevaba una nota de advertencia bastante notable.
Los demás testigos de la discusión optaron prudentemente por el silencio, por lo que la tensión era casi insoportable. Tamao seguía abrazada a su novio, escondiendo el rostro en su pecho, pero su llanto había cesado y tanto Marion como Anna alternaban miradas entre la pareja y las chicas que ocupaban las gradas.
-Fuerte y claro, mi capitán... allá tú. – le soltó Pilika a su hermano, con mucha rudeza y acto seguido bajó los escalones con paso rápido pero decidido, pasando de largo a su lado y sin dignarse a mirar a ninguno de los presentes ni una sola vez más, dejándoles ver lo enfadada que se encontraba.
El nuevo silencio que se formó tras la partida de Pilika no duró demasiado, Matty se encargó de romperlo casi de inmediato, levantándose de golpe y llamando la atención de todos en aquel recinto.
-Fabuloso, me encantó todo, estuvo estupendo... – habló la muchacha a viva voz, al tiempo que aplaudía con fervor y una falsa admiración se dejaba ver en su agraciado rostro.
-Y ni que decir de la puesta en escena, simplemente fascinante. Pero no tenían que molestarse sólo por mí, tan considerados... – recitó ella con voz modulada, bajando lentamente los escalones sin quitarles la vista de encima a los demás, quienes parecían un poco perturbados.
-Ah, Tamao, déjame decirte que si sigues así, te prometo que hay un Oscar esperándote en la academia, como mejor actriz de drama. Hollywood te recibirá con los brazos abiertos. – acabó la pelirroja, justo cuando llegaba al frente de la pareja, extendiendo sus brazos al máximo pero sin dejar de lado aquella sonrisita sarcástica, que era lo único que desmentía sus palabras, para luego continuar su camino a la salida.
-Otra cosa... – dijo cuando ya se hallaba algo alejada del grupo, volviendo a convertirse en el centro total de su atención.
-Si prometen volver a divertirme tanto, les juro que volveré a honrarlos nuevamente con mi presencia. Bye bye. – terminó adoptando de repente una pose digna de un princesa que se despide de su pueblo, utilizando brevemente su mano, antes de cambiar el rumbo hacia los vestidores.
-Ahora sí, la mato. – casi gritó la rubia de centelleantes ojos verdes, para intentar salir tras ella, lo que Anna no permitió al rodearla fuertemente por la cintura con los dos brazos.
-Mary, no. No vale la pena. – Declaró fríamente la rubia, con toda la autoridad de un líder a quien se debe obedecer sin chistar, mientras la soltaba.
Matty entró al vestidor de hombres sin titubear, los primeros muchachos a los que encontró en su camino, no pudieron siquiera pronunciar palabra alguna y se limitaron a mirarla con extrañeza y a seguirla con la vista hasta que ella se dirigió a las duchas, lugar donde se encontraban la mayoría de los jugadores.
-Permiso. – dijo sin más, abriéndose camino cuando llegó hasta donde unos cinco chicos estaban cambiándose a la mitad del pasillo que llevaba a las regaderas.
-Oye... – gritó Yoh al verla, quitándole la toalla a uno de sus compañeros para usarla él, escondiéndose rápidamente y lo más que pudo tras la corta pieza de tela, al tiempo que dejaba al muchacho totalmente al descubierto.
-Ay, por favor. – siseó la pelirroja, rodando los ojos con desdén.
-Tapen lo que no quieren que se vea. – les recomendó la chica, mientras seguía firmemente hacia donde imaginaba que se hallaba la persona a la que buscaba.
-Mc Clark, ¿qué crees que haces? – preguntó en un tono algo tosco, Chocolove.
-Me aburría... – murmuró ella, deteniéndose a mirarlo.
-Y viniste a entretenerte, saciando tus bajos instintos. – escuchó decir a alguien tras ella, por lo que se dio la vuelta para enfrentarse con él.
-Mi querido emperador, siento decirte que he visto cosas mejores... apartando tus ojos verdes, no eres nada del otro mundo. – se encargó de hacerle ver, posando sus ojos primero en el torso descubierto de quien fuera el capitán del equipo de Basket, así como también el chico más popular de toda la escuela, para luego hacer un gesto despectivo con ellos.
-Te vas a arrepentir de esas palabras, Mc Clark... – dijo él, en tono amenazante.
-¿Me gustaría saber como? – le interrogó ella, con sumo interés.
-Vas a estar a mis pies. – declaró el otro con total arrogancia.
-Seguro, y la luna es de queso, Tamao tiene cerebro y los Tao no son la escoria de la sociedad. Creo que entiendes mi punto... – comentó ella, de forma muy casual.
-La única verdad es que este es el vestidor de hombres, pero supongo que debes estar algo "confundida". – aseveró el chino de ojos verdes, sin dejar de mirarla fijamente y con lentitud.
-Basta, Tao. – la firme voz de Liserg, se hizo escuchar por todo el recinto.
-Miren... si ya llegó Liserg, "el defensor"... – rezó Len con burla, para luego dirigirse a donde un Yoh con una toalla fuertemente enrollada a la cintura, le esperaba, no sin antes regalarle a la pelirroja una última y penetrante mirada llena de señales que advertían sobre el posible peligro que corría. Len Tao era de armas tomar.
-Creí haberte dicho, que me esperaras afuera. – recalcó el hermoso joven de ojos y cabello verde esmeralda, caminando hacia la salida junto a la chica, a quien asía del brazo.
-Deberías dar gracias, que todavía estoy aquí. ¿de qué querías hablarme? – gruñó la muchacha, soltándose tan rápido como pudo.
-De Jeanne. – soltó él, llegando hasta su casillero para tomar un morral pequeño color negro y volver a cerrarlo.
Matty no abrió la boca, hasta mucho después que salieran juntos de aquel lugar, luego de que el chico en cuestión se colocara una sudadera gris, por encima de la delgada franela blanca que usaba.
-¿Qué pasa con Jeanne? – preguntó sin preámbulos el inglés, deteniendo el paso d pronto, haciendo que la chica lo imitara.
-No sé a qué te refieres... – exclamó Matty.
-Mira... sé que estás enojada por lo sucedido el martes, y sé que nunca has tenido un buen concepto de mí, pero resulta que mi hermana es una de tus mejores amigas... y me preocupa. – le explicó él, sin dar rodeos. Si algo tenía Liserg, era la manía de ser supremamente directo.
-Puede que tengas razón, de hecho... no eres precisamente un caballero en armadura, y sí sé que eres un imbécil la mayor parte del tiempo. – comenzó ella a darle a conocer su opinión sobre él.
-¿A dónde quieres llegar? – le detuvo Liserg, quien sabía de sobra como le veía Matty, pero no por ello quería escucharlo de sus propios labios.
-Te estás equivocando... – afirmó ella, ganándose una mirada de confusión por parte de él.
-Eres un patán, un atarbán realmente y odio como tratas a Kanna, pero no me caes tan mal... porque por lo menos eres honesto. - le dijo ella con total franqueza, a lo que Liserg solo pudo corresponder con una ausencia total de palabras.
-Pero no entiendo que quieres conseguir viniendo a preguntarme sobre lo que bien sabrás, no estoy dispuesta a hablar... son cosas privadas de la princesa... – acabó de hacerle ver Matty. Con ella no iba a conseguir nada.
-Esas cosas... - Liserg se detuvo por un segundo, que utilizo para reordenar sus ideas.
-Matty, mi hermana sufrió mucho cuando Len la dejó por Anna, simplemente no quiero que vuelva a ocurrir algo parecido. – El chico optó por la total sinceridad, esperando que tal vez así Matty pudiera entenderle. Se preocupaba mucho por el bienestar de su hermana, eso era todo.
-Tus intenciones son buenas niño, pero Jeanne no es una bebé, ella debe aprender a defenderse, a afrontar la vida... tú no vas a estar a su lado para siempre. – objetó la muchacha que le acompañaba.
-Es que no confío en ese tal Hao... no me parece que quiera jugarla doble. – se explicó esta vez por completo, si alguien podía entenderle era Matty, de ese estaba seguro.
-¿Y?... Confiabas ciegamente en Len, y terminó adornándole la frente a tu hermanita con tremenda cornamenta.- se explayó ella, sin ninguna contemplación para con Liserg. Sabía que había dado en el clavo, pues el muchacho apartó la mirada en el acto.
-Que confíes en él, no es ninguna garantía. – le aseguró ella con tranquilidad exasperante.
-Pero eso fue diferente... – no tardó en replicar él.
-Claro que fue diferente, siempre es diferente. Escúchame, Lis... – musitó en voz baja la chica menuda al acercarse poco a poco a él.
-A tu hermana le gusta el chico Asakura y no vas a cambiar sus nacientes sentimientos. Es imposible hacerlo a la fuerza, pero con el tiempo y si no le opones resistencia, puede que estos varíen... – rezó ella, terminando un poco rezagada y en forma algo misteriosa.
-No sé... – admitió él, mientras movía la cabeza de lado a lado.
-Es que no tienes que saberlo. – terció Matty con suavidad.
-¿qué? – la partícula emitida por Liserg, dejaba claro que no entendía lo que la chica quería decirle.
-¿Alguna vez te has enamorado? – fue la pregunta que hizo Matty, entonces.
-Sí. – aceptó sin vacilar él.
-Entonces sabes lo que se siente... – espetó ella, para luego verlo asentir.
-No la presiones. – declaró por ultimo la muchacha, acercando mucho su rostro al de él mientras un atisbo de sonrisa se formaba en sus labios.
-De verdad te importa, ¿cierto? – atinó a preguntarle acertadamente Liserg, cuando ella hacia ademanes de alejarse.
-Es una buena chica, no se asusta con facilidad... – le recordó con celeridad.
-Deberías confiar más en ella, Liserg. Tu hermana no es ninguna bruta. – remató Matty, luego de poner cierta distancia entre los dos.
Notas de la Autora:
Bueno, primero que nada gracias por seguir leyendo esta historia, pues yo aquí voy lento pero seguro…
Itako no Nardi: Muchas gracias, bueno espero que la continuación sea de tu agrado y me alegra que te haya gustado la canción, a mi me encanta. ¿Cierto que es una pareja extraña?... nadie se la imaginaba. Jojojo… punto para mí.
Beautifly92: Pues si le gusta Jeanne… y Pilika es una niña muuuy mala. Jajaja… sino miré a ver como puso a berrear a la pobre de Tamao.
Viulda: Hola Naty, ¿Cómo estás?... ya habíamos hablado sobre este fic y este capitulo, por lo que no te sorprenderá mucho, pero espero que lo leas igual….
Yuki-inuzuka1: jajaja… que mente tan perversa, Hao y Anna por el momento solo estudian juntos… más adelante, uno no sabe lo que pueda pasar.
De nuevo muchas gracias por leer este fic, espero que les guste…
Un beso y sayonara,
Darla Asakura.
