-Deja de hacer eso.-Kurt se mordió el labio, moviéndose para huir de la mano que acariciaba su cuello, con el firme propósito de distraerle de sus estudios.-Tengo este examen en dos días, Blaine.

El más bajo bufó, dejándose caer en la mesa de la biblioteca, mientras observaba al ojiazul estudiar con ahínco. Era una imagen preciosa. El cabello castaño se había despeinado por los continuos tirones que le propinaba para concentrarse, las mejillas estaban levemente sonrojadas, y su labio inferior se comenzaba a hinchar allí donde el chico lo mordía y chupaba cada cierto tiempo.

Blaine deslizó los pies hasta rozar los del otro y les dio un pequeño golpe, incitándole a jugar. Una sonrisa escapó de la boca de Kurt, quien devolvió el golpecito, mientras su mano se movía velozmente por el papel.

El de rizos sintió un vuelco al corazón. Era la primera vez que respondía a una de sus atenciones, así que decidió ir más allá.

-Me preguntaba si te apetecería...No sé. Puedo...¿Ayudarte con ese examen? Se me da bien la asignatura, y cuando ayudo a Nick suele darle buen resultado...

-Blaine, yo...-el chico inspiró hondo, sopesando las opciones.-Supongo que sí, pero...

-Puedo ir a tu casa. Te prometo que aprobarás. Y seré bueno.

-Está bien...-suspiró y cerró su carpeta.-Bas no vuelve hasta la cena, tiene entrenamiento...Así no os mataréis.

-Es una cita.-le guiñó un ojo levantándose.-Estaré allí a las siete.-dejó un beso suave contra su pelo antes de salir de allí.

Kurt dejó caer la cabeza en sus manos, suspirando de nuevo. Parecía que el menor había cambiado de táctica, pero aún así no iba a conseguirlo. El ojiazul sabía muy bien a quien le pertenecía su corazón.


Blaine miró a su alrededor mientras el castaño terminaba de hacer un ejercicio que le había puesto. Había estado antes en la casa de los Smythe, antes de su gran pelea con Sebastian, pero sin duda, había cambiado mucho. La decoración y el papel de las paredes seguían siendo los mismos, pero había algo diferente. Quizás era la presencia de Kurt, o las nuevas fotos en las paredes, pero se sentía mucho más cálido.

Le sonrió a un marco en el que se veían una serie de fotos tipo fotomatón, ampliadas, de los hermanastros. En la última, se podía ver a Kurt sentado encima de su hermano, sonriendo tontamente mientras el otro hacía una cara estúpida, con la cabeza apoyada en la del ojiazul.

-Eres su primero.-murmuró antes de poder callarse.-Su primer novio, ¿Lo sabías?

-¿Uh?-Kurt levantó la mirada del papel y le miró confuso, antes de mirar las fotos de la pared y sonreír suavemente.-Él es mi primero, también.

Asintió, dejando morir la conversación, y el castaño volvió su atención al cuaderno, sacando la lengua, concentrado. Un par de minutos después, el chico llegó al final y le tendió la hoja, algo inseguro del resultado. Blaine comenzó a corregirlo, mientras el otro iba a la cocina a por un vaso de agua. Un sonido de llaves se escuchó como preludio a la apertura de la puerta principal.

-Kurt, estoy en casa.

El castaño corrió desde la cocina a la entrada, abrazando a su hermano con fuerza, inhalando su olor. Los brazos de Sebastian lo estrecharon por la cintura, dejando un pequeño beso contra sus labios.

-¿Me has echado de menos?-el ojiazul habló contra su boca, mirándole pícaramente.

-Mucho...¿Me dejas ducharme y luego te demuestro cuanto te he echado de menos durante todo el entrenamiento?

Blaine carraspeó desde el salón, los celos corriendo por sus venas mientras les observaba indiscretamente. El ojiazul se ruborizó inmediatamente, escondiendo su cara en el hombro del mayor, el cual gruñó suavemente.

-Cabeza de gel, ¿Qué haces aún aquí?

-Estábamos estudiando, Smythe.

-Ya puedes irte, Anderson.-pasaron al salón, donde Sebastian miró directamente al otro chico, mientras presionaba a Kurt contra su costado.-Es tarde, Kurt tiene que descansar. Nos veremos en el instituto.

-Hasta mañana, Kurt.-el de rizos se levantó, sus cosas ya recogidas, y se acercó a la pareja, tratando de dejar un beso en su cabeza, pero el hermano de este le alejó suavemente.-Adios, Smythe.

Salió como un vendaval de la casa, mientras el ojiverde sonreía, perdido en los ojos del castaño.

-Ve a relajarte, cariño...Haré la cena.-y con un suave beso, le soltó.