No entendía muy bien por qué Orochi le encargó investigar el estado mental de la humanidad, creía que quizás podía hacer un análisis de cómo atacarlos en un futuro próximo o ver lo tan jodidos que estaban como para eliminarlos sin compasión alguna.

Los espiaba de dos modos: Su espíritu pasaba desapercibido entre muchos lugares, nadie parecía notar su presencia. Gustaba vigilar con tranquilidad lo que hacían las personas, de cómo trataban su alrededor y las interacciones que había entre ellos. Para el sacerdote no era otra cosa mas que una pérdida de tiempo, todos eran la misma porquería sólo que de un color diferente.

Vio en su recorrido a gente borracha, constantes peleas entre varios individuos, algunos sacando sus teléfonos celulares para grabar lo que acontecía. se preguntaba si ellos disfrutaban ver a los suyos hacerse daño, no los bajó de sádicos. Él podía serlo también, pero nacido en épocas distantes con una mentalidad inusual... era obvio que tendría esa clase de pensamientos y acciones.

Visitó distintos lugares que podrían ser un fuerte punto de interés.

Estaba harto de siempre vigilar a individuos con una edad mayor, entre decrépitos ancianos cascarrabias hasta adultos que parecían no estar agradecidos de estar vivos. Quería ver la vida desde otro punto de vista: La de un infante.

Fue a un parque de atracciones, sabía que ahí era obvio que habría una gran cantidad de criaturas de bajo tamaño. Al flotar por el aire buscando alguien interesante, sus oídos fueron violados por el sonido de distintos juegos o atracciones, los gritos de otras personas o de gente en puestos ambulantes vendiendo algo.

No encontró lo que buscaba, en su caso todos los niños a los que alcanzó a ver los catalogó como "Pequeños bastardos", no paraban de quejarse, de llorar o revelarse contra sus padres llegando incluso a golpearlos o escupirles en la cara. No podía creer que esa clase de bestias estaban creando los humanos, tenía otro motivo para más que gustoso liberar a Orochi para destruir a sus enemigos.

Recordó que de pequeño nunca fue así, siempre le apasionaba la literatura, el gusto por permanecer en soledad disfrutando del paisaje, la naturaleza y áreas donde podía ser el dueño. Crear pequeñas ráfagas de viento sin saberlo. Nunca aprovechar cualquier oportunidad para arruinar la vida de los demás.

A cualquier lugar al que se dirigía sólo veía motivos para odiar a los humanos una y otra y otra y otra vez. ¿Acaso lo estarían castigando con convivir con aquellos a los que despreció desde que supo de su verdadera identidad?

Caminaba por los parques cuando sólo habían pocas personas, se materializaba para entablar conversaciones con ellas -Si es que éstas no lo miraban mal o de plano huían o evadían cualquier tipo de contacto-. Quería investigar por partes, Tal vez ni siquiera fue buena idea comenzar por la población más joven, quizás debía irse con gente que estuviera en la mitad de la experiencia e inexperiencia. Iba con adultos jóvenes, personas que no pasaban de los treinta.

Gustaba mucho que la conversación fuese con una persona dispuesta a platicar, a abrirse un poco ante un desconocido. Los temas variaban, desde religión a política, las costumbres y creencias de las comunidades, la forma de ver la vida.

Empezaba a hacerlo con regularidad, era un experimento social que parecía dar frutos. El desprecio a la gente a pesar de no cambiar, se mantenía menos latente como lo fue en su primera vez. No había frontera que le impidiera estar libre por el mundo de los mortales y solamente hablar con ellos. No iban a ser tan obvias sus verdaderas intenciones, guardaba su túnica, dejando que sólo unos pantalones negros con una camisa del mismo color cubrieran su cuerpo. Vio que por su apariencia algunas personas decidían no acercársele o cuando lograba entablar una conversación con un humano, éste preguntaba que si iba a compartir su religión, que mejor se lo guardara ya que no les interesaba o de plano creían en otra cosa.

Con asco decía que "estaba bien", le pedía perdón a Orochi por sus palabras y su insolencia.

Aprendió algunas cosas de los humanos, como lo fue que para lograr algo se necesitaba tener buen cuerpo o buena cara, algunas veces podían ser descarados y liberaban por accidente o con total intención sus sentimientos, dándole bastantes piropos al sacerdote que no vestía de aguamarina. Le daba gracia cómo pocos se mantenían optimistas, diciendo parte de su pasado, ya sea por la enfermedad, la apatía o el desamor, hacían cualquier cosa para mantener una sonrisa a las personas.

Se perdía, a veces quedaba tan atraído por la poesía que ciertos individuos expresaban que llegaba a quedarse atónito, se enamoraba de las palabras, la forma en que ellos las utilizaban para darles vida, expresar cómo se sentían sin la necesidad de recurrir a algo violento o a los lazos de la carne.

Se cruzó con gente de todo tipo, alimentando más sus conocimientos sobre la humanidad aún si habían días en los que hubiera deseado que las sombras se lo tragaran para tener un momento de paz.


Los días se convirtieron en semanas, posteriormente en meses y hubo cosas que cambiaron en Goenitz, siempre mantuvo su firme postura hacia su lealtad a Orochi, pero dudó de algunos actos del pasado que dejaban en claro la susceptibilidad de sus consecuencias.

Nunca creyó que la misma pregunta que afectaba a Yashiro ahora lo estaba azotando, como las corrientes de aire que solía crear cuando se enfurecía y el disturbio se hacía presente.

"¿Está bien?"

Reflexionó mucho.

En un último encuentro con Yashiro al molestarlo en sus dominios dejó caer su libro, ahí habían distintos conjuros, unos más fuertes que otros. Quería crear un pequeño desastre para ver cómo reaccionaban las personas. Se dirigió a un centro comercial, en voz baja dictó aquello que tanto apreciaba cuando sus oponentes se acercaban a atacarlo y, un potente tornado los absorbía. Lo mismo pasó con el sitio cuando sus plantas superiores caían una a una con personas encima de ellas,

No estaba materializado, por lo tanto nadie podría verlo.

Notó que entre ellos trataban de ayudarse, habían personas que colgaban de pequeñas extremidades aferrándose a la vida para no caer desde una gran altura, siendo arrastradas por otras salvándoles la vida. Otros sacaban cuerpos de los escombros, los servicios de emergencia atendieron rápido, le parecía bello ver cómo los paramédicos trataban de revivir a alguien muerto o subían a distintas camillas a aquellos que eran cubiertos por bolsas negras o estaban en grave estado de salud.

Los policías llegaron al área y la acordonaron con cintas amarillas, creían que se trató de algún ataque terrorista debido a la inusual forma que tuvieron las instalaciones para destruirse. Le impresionó bastante la rapidez con la que actuaban si aún no llegaban personas con conocimientos suficientes.

¿Eso era lo que llamaban "Humanidad"?

Entendía por qué Yashiro se apiadó de ellos.

Goenitz miró fijamente los rostros de cada uno, las emociones que desprendían, el dolor, el miedo y la necesidad de buscar alguien que les atendiera, que los ayudara.

Quería volver a ver a Nanakase y comentarle sus descubrimientos, si bien no era la mejor decisión, necesitaba saber qué opinaba Yashiro al ver que podían al menos compartir una idea similar.


Con pasos ligeros se acercó, el tronar de las ramas y las hojas alertaron a Yashiro quien se sorprendió de volverlo a ver, era notoria una facción de desprecio, se posicionó en forma de pelea, preparándose para lo peor.

—¿No te cansas de seguirnos? Intentaste matarnos —El Rey Celestial comentó enfadado, no había motivo alguno para aquél intento de homicidio, lo catalogó como el acto de una mente perturbada, aquella que teme que sus planes no salgan como desea.

—Quería tener frente a mis ojos al hombre que se cegó por una especie. Además, necesito que me des de vuelta mi libro —Ligeras corrientes de aire se avecinaban, parecía que tenían vida propia y, lo seguían a todos lados. Yashiro miró al cielo, a la luna llena y las estrellas, estaba tentado a lanzar el primer golpe, pero sabía que sería inútil.

Fiu, al principio no pensaba darle un mayor peso a Goenitz en esta historia, sin embargo me pareció necesario usarlo como obstáculo en la aventura de Yashiro. Así mismo como he dicho antes, me gusta ver a estos dos en cualquier modo (7u7).

Lo acontecido aquí fue algo que sucedió antes del noveno capítulo, por eso hay sucesos pasados.