DESPISTES DE SABUESOS

DISCLAIMER: Los personajes y demás cosas del Potterverso son de JK Rowling.

CAPÍTULO 10

ECOS DEL PASADO

Mayo de 2008

-¿Puedo ver la tele un ratito, mamá?

-Ya es muy tarde, cielo.

-Por favor.

Audrey se dispone a denegar nuevamente la petición cuando Percy, que acaba de cerrar la puerta del piso y tiene en brazos a una Lucy durmiente, interviene en la breve conversación.

-Dejemos que se quede hasta las diez y media, Audrey.

Es muy raro que Percy se muestre tan flexible y su esposa, que lo conoce lo suficientemente bien como para saber qué le pasa, intercambia con él una breve mirada de compresión. Aunque su rostro no refleja emoción alguna, Audrey sabe que lo ocurrido en La Madriguera le afecta muchísimo.

-Ya has oído a tu padre.

Molly sonríe con satisfacción y se va a directa a la sala de estar. El ruido amortiguado de la televisión no tarda en inundar los oídos de los dos adultos, que vuelven a mirarse. Audrey quiere decirle algo, pero Percy acomoda un poco mejor a Lucy entre sus brazos y suspira.

-Voy a acostar a la niña. ¿Haces palomitas?

-Claro.

Percy desaparece por el largo pasillo en dirección al cuarto de sus hijas y Audrey permanece quieta en la entrada durante un momento. Después, va a la cocina, hace las palomitas y va a reunirse con Molly, que está descalza y sujeta el mando a distancia con una fuerza que podría calificarse de sobrehumana. Percy aún no está con ellas y su esposa supone que se está tomando su tiempo para tranquilizarse y mimar a las niñas es su método favorito para conseguirlo.

-¿Crees que a papá le molestará que ponga los dibujos animados? –Pregunta Molly entonces, atrayendo su atención.

-Seguro que no.

-Guay.

Molly selecciona su canal de televisión favorito, se apodera del bol de las palomitas y permanece medio arrodillada en el sofá con los ojos oscuros clavados en la pantalla. Percy aparece entonces y se sienta al lado de su hija. Se ha quitado la chaqueta, la corbata y los zapatos y tiene ese aspecto informal que a Audrey siempre le ha gustado tanto. En cuanto se acomoda, hace que Molly se siente en sus piernas y empieza a dar buena cuenta de las palomitas de maíz.

-¿Qué tienes puesto, Molly?

-"Phineas y Ferb". Va de dos niños que inventan cosas geniales durante sus vacaciones de verano y que tienen una hermana mayor que siempre quiere pillarles pero que nunca puede. Y de Perry el Ornitorrinco, un súper detective secreto que tiene que detener a un malvado científico que pretende sembrar el caos en el área de los tres estados.

-¡Oh! Suena bien.

Audrey sonríe porque Percy ha parecido momentáneamente confundido ante la explicación, pero el brujo no hace más preguntas y se limita a ver la serie de dibujos animados. Molly la ha visto tantas veces que se sabe los diálogos de memoria y Audrey debe reconocer que la encuentra bastante divertida. Aunque, claro, viniendo de ella no es de extrañar, porque siempre ha disfrutado un montón con los dibujos. Percy es otro cantar y sin embargo no contiene la risa mientras ve la serie. Intercambia opiniones con Molly y a Audrey le parece estar viviendo un instante sumamente surrealista.

Cuando llegan las diez y media, Molly protesta un poco para no tener que irse a la cama, pero finalmente obedece a su madre y la sigue mansamente hasta su dormitorio. Comparte habitación con Lucy, que está tumbada boca abajo, con el pelo alborotado y absolutamente ajena al mundo que le rodea.

-¿Sabes qué, mamá? –Dice Molly mientras se mete en la cama y le da a su madre un beso de buenas noches- Creo que papá es Candance.

-¿Quién?

-La hermana de Phineas y Ferb –Audrey alza una ceja sin entender a dónde quiere ir a parar su hija- El tío George dice que cuando eran pequeños papá siempre estaba intentando evitar que no hicieran travesuras y que siempre se chivaba cuando no los podía detener. Es como Candance.

Audrey resopla de risa, maravillada por las ocurrencias que a veces tiene esa niña. La insta a dormirse y sale de la habitación apagando la luz y dejando la puerta entre abierta. Mientras se dirige de vuelta al salón piensa en lo que Molly acaba de decirle y sabe que tiene razón. Percy había sido un niño muy serio y responsable que no soportaba que sus hermanos gemelos se pasaran la vida haciendo trastadas y que, a pesar de todo y al igual que la Candance de los dibujos, los quería un montón.

Percy ya ha apagado la tele y tiene la cabeza apoyada en el respaldo del sofá. A pesar de tener los ojos cerrados, Audrey sabe que no está durmiendo. Se acerca a él y le pone las manos en los hombros, sintiendo cómo da un respingo ante el contacto.

-Molly no tardará en dormirse. Está agotada.

-Ha pasado toda la tarde jugando con sus primos. ¿Qué esperabas?

-Se divierten a lo grande cuando están juntos. ¿No te parece? Hasta que Lucy no crezca un poco más, Molly no podrá jugar con ella como lo hace con sus primos.

-Trata a su hermana como si fuera una muñeca más.

-Sí. Aunque le molesta un poco que se queje tanto mientras la está peinando.

Percy sonríe y Audrey aprovecha el momento para inclinarse y besarle el cuello.

-¿Quieres que hablemos de lo que ha pasado?

Sabe que Percy lo está pasando fatal y que necesita desahogarse, pero también sabe que tendrá que ser ella la que dé el primer paso si quiere obtener de su marido algo más que evasivas. A pesar de todo el tiempo que llevan juntos, Percy sigue siendo muy reservado para algunas cosas. Odia preocupar a Audrey, aunque siente un alivio inmenso cuando puede apoyarse en ella.

-No estoy seguro de que me apetezca mucho ahora mismo. ¿Sabes?

Audrey suspira, rodea el sillón y se sienta con él, abrazándose a su pecho. Se concentra en los latidos del corazón de Percy durante un par de minutos y después retoma la conversación.

-George estaba borracho como una cuba, Percy,

No necesita mirarlo para saber que ha apretado los dientes. Audrey le acaricia el cuello con un dedo, lo escucha suspirar una vez más y sabe que va a explotar.

-¿Cómo ha podido decirme algo así?

-Estoy segura de que no hablaba en serio.

-No sé qué decirte.

-Percy –Audrey se incorpora y lo mira a los ojos- No hablaba en serio.

Audrey recuerda el incidente. Habían acudido a la reunión dominical de La Madriguera como siempre hacían, cargados con las niñas y de bastante animados. Toda la familia estaba allí a excepción de George. Angelina, que había llegado la última y con cara de preocupación, les había dicho que su marido no estaba de humor y entonces Percy parecía haber recordado algo que hizo que su rostro cambiara por completo.

Aquel día habían estado tan liados con sus cosas que no se habían acordado de que diez años antes se había producido la derrota de lord Voldemort. Y la muerte de Fred. Era una fecha importante en el calendario de los Weasley y sólo Molly había parecido taciturna durante todo el rato.

Después de la llegada de Angelina, el ambiente se había ensombrecido un poco. Tan solo los niños habían seguido jugando como siempre. Y entonces, a eso de las cinco, George había llegado a La Madriguera, borracho y haciendo un escándalo impresionante. Había dicho algo de hacer una fiesta por los caídos y Percy se había atrevido a reclamarle su actitud. Y había pasado.

George se había vuelto hacia él, el rostro cargado de furia y dolor, le había dado un empujón y le había dicho un montón de barbaridades. Todos se habían quedado mudos, hasta que Percy llamó a Molly, fue a buscar a Lucy y se marchó de La Madriguera sin decir nada. Nadie había reaccionado a tiempo para detenerle.

Audrey sabe que Percy se había alejado de la familia un día, mucho tiempo atrás, y sabe que aún se arrepiente por ello. Sabe que todavía sigue luchando por ganarse la confianza de aquellos a los que traicionó un día y es plenamente consciente del daño que le han hecho las palabras de George.

-¿Y si tiene razón? Yo me porté fatal con ellos. Tal vez…

-No, Percy. Escúchame –Audrey le obliga de nuevo a mirarla- George estaba borracho y dolido y no piensa nada de lo que te ha dicho porque te quiere. ¿Entendido?

Percy aprieta más aún los dientes, cierra los ojos y niega con la cabeza antes de ponerse a llorar. A Audrey le sorprende un poco porque realmente no esperaba que la herida sea tan profunda, pero no tarda nada en abrazarlo mientras intenta encontrar palabras que le sirvan de consuelo. Percy parece un niño pequeño, tembloroso y entregado a sus brazos, y Audrey no recuerda haberlo visto así nunca antes.

-Cometiste un error cuando eras un crío, Percy –Le dice al cabo de un rato. El brujo está recostado en su regazo y Audrey sigue intentando encontrar las palabras adecuadas para ayudarle- Te diste cuenta a tiempo y rectificaste. No puedes pagar eternamente por ello.

Percy va a decir algo, pero la pequeña Lucy los interrumpe. Tienes los ojos pegados de sueño y bosteza sonoramente. El brujo se incorpora rápidamente, se seca los ojos y sonríe cuando ve a su hija.

-Teno se, papi –Dice con su lengua de trapo, ignorando el bien que le está haciendo a su padre. Porque cuando ve a sus dos niñas, Percy siempre siente que ha hecho con su vida algo que realmente merece la pena.

-Pues vamos a por agua, brujita.

Percy coge a Lucy en brazos y se la lleva a la cocina. Audrey supone acertadamente que ya no hay nada más que decir y se va a la cama. Ha sido un día muy largo.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

-¡Mamá! Lucy ha cogido el cuchillo del pan.

-¡No! –Audrey, que hasta ese instante ha estado peleándose con el exprimidor de naranjas, se arroja velozmente contra su hija menor –Es pupa, Lucy. No es para jugar.

-Eso ya se lo he dicho yo, pero no hace caso la muy tonta.

-¡Molly! No llames tonta a tu hermana. Sólo es pequeña.

-¿Sí? Pues a ver si crece de una vez.

Percy sonríe desde el otro lado de la mesa. Tiene una taza de café en una mano y el periódico en otra y disfruta enormemente del desayuno. Parece haberse olvidado de lo ocurrido el día anterior, aunque Audrey sabe perfectamente que no es así.

-Y tú podías echarme una mano. ¿No? –Audrey, que ha decidido que todo debe volver a la normalidad si es que Percy lo quiere así, coge a Lucy en brazos y la sienta en las piernas de su padre- Encárgate de la niña, que me va a volver loca.

-¡Papi! –Exclama Lucy con alegría, pasándole las manos por el cuello.

-Hola, brujita.

-¿Jugas? –Pregunta, cogiendo un avión de juguete que lleva toda la mañana rondando por la mesa de la cocina.

-Primero hay que tomar el desayuno, vestirse y lavarse los dientes. Después iremos al parque y jugaremos mucho. ¿Vale?

Chi!

Lucy se revuelve, pero Percy logra mantenerla en su regazo y le coloca un biberón de leche con cacao en la boca. La niña se resiste un instante, pero luego se deja hacer como si nada.

El resto del desayuno transcurre sin incidentes, hasta que alguien llama a la puerta y Audrey va a abrir. Al regresar acompañada por George, mira a Percy con algo de ansiedad.

-¡Tío George!

Molly es la primera en recibirle, seguida de inmediato por Lucy. Ambas saben que con el tío George todos son bromas y que nunca hay reglas aburridas que cumplir y por eso se rinden a él cada vez que lo ven.

-Hola, enanas. ¿Qué hacéis?

-Papá y mamá van a llevarnos al parque.

-¿En serio?

-Sí –Audrey recupera el control de Lucy y coge a Molly de la mano- Pero antes tenemos que ponernos guapas. Vamos.

Audrey se lleva a las niñas. George se queda plantado en mitad de la cocina sin saber muy bien qué hacer y Percy sigue sentado en la silla con expresión seria. Sabe que su hermano menor está nervioso y le alegra darse cuenta de que debe estar pasando una resaca poco agradable.

-¿Qué pasa, Percy?

-Tómate un café, anda. Tienes una pinta horrible.

George afirma con la cabeza y se sirve él mismo. Audrey siempre dice que su cocina es la cocina de todo el mundo, así que lo hace con total confianza. A pesar de Percy y su cara de póker.

-Casi había olvidado lo espantoso que es el día después de la borrachera –Suspira mientras se deja caer en una silla.

-Ya –Percy chasque la lengua. Está tenso como un gato cerca del agua y George no necesita ser muy observador para comprender que está a la defensiva- ¿Ha pasado algo?

George se lo piensa un instante y se bebe el café de un trago. Sigue teniendo muy mala cara.

-Creo que ayer no hice un buen papel en casa. ¿Verdad?

Percy va a decirle que no tiene importancia, que estaba borracho, pero se descubre no pudiendo abrir la boca. El amargo sabor del resentimiento y el dolor le escuece en la garganta.

-No tenía ningún derecho a decirte lo que te dije –George suena suave y evita su mirada. Avergonzado, tal vez.

-No.

-Estaba muy borracho. Sé que fue una estupidez ponerme así, pero hace diez años que Fred se fue y todavía lo echo de menos.

-Yo también lo echo de menos –Percy traga saliva. Le han dado ganas de llorar de pronto y no quiere hacerlo delante de su hermano.

-Por eso yo… -George agita la cabeza y acerca un poco la silla a él- Lo siento, Percy. Fui un imbécil.

Percy agacha la mirada y suspira. No le parece correcto no aceptar las disculpas, pero no puede hacerlo. Algo sigue agitándose en su interior y George se da cuenta. Enrojece un poco y le pone una mano en el hombro.

-Han pasado muchos años desde que te alejaste de la familia y no debí echártelo en cara. Sé que te arrepientes de aquello y no hice bien en utilizarlo en tu contra –George resopla y agita la cabeza- Mamá lo ha dejado bien claro esta mañana, cuando vino a casa y se puso a gritarme como una loca.

-¿En serio? –Percy alza una ceja y no logra contener una risita.

-Es terrible, en serio. Se piensa que todavía somos niños.

-Casi siempre te portas como un niño, George.

-Ya, bueno.

Se miran un instante y George sonríe con la certeza de que ha conseguido ablandar un poco a su hermano. Pero el dolor sigue presente en los ojos de Percy porque echarle en cara su traición pasada no fue lo peor que le dijo el día anterior.

-Echo de menos a Fred, pero si te hubiéramos perdido a ti me sentiría exactamente igual –Percy vuelve a ponerse tenso y George aprieta la mano que aún descansa en el hombro de su hermano- No sé qué se me pasó por la cabeza para decirte algo tan horrible, pero te juro que no es ni lo que pienso ni lo que siento.

Percy niega con la cabeza, su mente revuelta en un torbellino de ideas que le producen cierta sensación de mareo. La verdad es que podría haber soportado perfectamente que un George borracho le acusara de querer más al Ministerio que a su familia, pero cuando le dijo que hubiera sido mejor perderlo a él que a Fred algo se rompió en su interior. Porque algunas veces él mismo había pensado en eso y una parte de sí mismo creía que su muerte hubiera sido menos dolorosa en el seno de los Weasley que la de Fred.

-¡Joder, Percy! –George alza un poco la voz y ahora lo sujeta con ambas manos. Prácticamente lo está zarandeando- Lo siento.

En ese momento Lucy llega corriendo, vestida con un bonito vestido veraniego de color blanco con flores estampadas que terminará el día manchado de barro. Audrey le ha recogido el pelo en dos coletas y luce una sonrisa entusiasmada a la que ninguno de los dos hombres puede resistirse.

-¿Toy gapa, papi?

-Estás guapísima, Lucy.

La niña afirma con la cabeza y se va de nuevo dando saltitos.

-Olvídalo, George.

A Percy aún le ha costado un poco decir esas palabras, pero le salen de corazón. Cuando piensa en que su muerte hubiera sido mejor que la de Fred, recuerda a Lucy y a Molly. Si él no hubiera sobrevivido a la guerra, ninguna de las dos estaría en este mundo y eso sería lo peor que podría pasarle. Y si George de vez en cuando dice tonterías, Percy sólo tiene que hacer el esfuerzo de perdonarle porque todo el mundo comete errores alguna vez. Especialmente si eres uno de los terribles gemelos Weasley.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Y una nueva actualización. No os quejaréis. ¿Verdad?

Hasta pronto

Cris Snape