Discleimer: Estos personajes no son míos. Son de la magnífica Stephanie Meyer

Capitulo dedicado a

¡Espero que sea de su agrado!

¡Nos vemos abajo!

¡Maru!


Capitulo 9: Aclarando asuntos


Todos se quedaron callados luego de que Edward saliera de la casa, yo estaba sentada pensando que podía hacer mientras esperaba que Edward llegara, porque sí, lo iba a esperar despierta para saber la decisión que había tomado. Rosalie y Emmett se marcharon poco tiempo después, Carlisle se marchó a su despacho para ver unos expedientes del hospital no sin antes pedirme disculpas por la actitud de Edward, Esme le siguió y me dijo que me sintiera como en casa. Solo quedábamos Alice, Jasper y yo; ellos estaban sumidos en su propio mundo con las manos unidas y mirándose con un amor extremo, en ese momento supe lo que haría. Me levanté del sofá y Alice me miró con una sonrisa, confirmando que podía hacer lo que tenía en mente.

Subí las escaleras y fui a la habitación de Alice donde tenía mis instrumentos de dibujo, busqué un blog de hojas blancas, lápiz y goma de borrar. Bajé y los encontré en la misma posición, suponía que Alice ya le había dicho a Jasper mi plan y se había quedado tal y como estaban antes de marcharme.

Empecé a hacer rápidos bocetos y me concentré en hacerlo lo más perfecto posible, aunque no se pueda apreciar todo el amor que ellos desprendían quería trasmitir por lo menos la milésima parte. Los miraba de vez en cuando para verificar si lo estaba haciendo bien. Sentí como alguien entraba en la sala y se ponía a mis espaldas pero yo seguía dibujándolos con mucho esmero ya que faltaba muy poco para terminarlo hasta que por fin lo terminé.

— ¿Qué les parece? —les pregunté mostrándoles mi dibujo.

— Bella, es hermoso —me respondió Alice con una sonrisa enorme, Jasper no dijo nada pero me regaló una pequeña sonrisa.

— Y a ti Edward, ¿Qué te parece? —pregunté sin darme la vuelta.

— Es muy bello, Bella —respondió luego de unos instantes. — ¿Nos podrían dejar solos, por favor?

— Por supuesto —respondió Jasper y se marcharon a velocidad sobre-humana

Edward entró en mi campo de visión y se posicionó al frente mío.

— ¿Es verdad que no me tienes miedo?

— Si te tuviera miedo no estaría junto a ti hablando ¿No te parece? —le sonreí.

— Bella, no te comprendo ¿Cómo haces para estar con nosotros sabiendo lo que somos? Somos monstruos y tu estas aquí como si eso no fuera cierto.

— Stephen King dijo: 'Los monstruos son reales y los fantasmas también. Viven dentro de nosotros y a veces ellos ganan'. Todos tenemos monstruos dentro Edward no por eso los hace peores que alguien. Y también está que ustedes hacen todo lo posible por reprimir aquel monstruo.

— Esto está mal Bella, nos tienes que temer, no somos humanos. Solo somos parte de los mitos que utilizan para causar terror.

— Edward, tienes que dejar de temer a tu condición. Eres lo que eres y yo así te quiero —le dije con tono firme.

— Con solo tocarte puedo romperte un hueso —dijo y para demostrarlo quebró un sillón con un solo toque.

— Esme se molestará por lo que acabas de hacer —dije mirando con el seño fruncido el mueble que acababa de destruir.

En un parpadeo lo tenía enfrente agachado para mirarme a los ojos.

— ¿Cómo puedes pensar en eso mientras hablamos de un tema tan delicado?

— Para ti lo es Edward, no para mí —le contesté.

— Tengo que hacerte una pregunta.

Yo lo miré tratando de infundirle ánimos, esperando ansiosa lo que quería decirme.

— ¿Todavía quieres estar conmigo? —yo rodé los ojos.

— ¿Tienes que preguntarlo?

— Limítate a contestar, Bella

— Claro que sí, Edward. Nada me va a hacer cambiar de parecer, ni siquiera tú lo harás —sonreí.

— Sabes que esto podría terminar mal ¿cierto? Trato de no escuchar al monstruo que vive en mí pero él sigue ahí, esperando que algo suceda.

— Edward, sé que no me lastimaras. —le respondí.

— ¿Cómo estás tan segura de ello, Bella? ¿Cómo puedes saber que esto no terminará en tragedia?

No le podía decir que yo sabía nuestra historia, sabía que el trataría de que aquello no sucediera; él pensaría que era lo mejor para mí, cambiaria toda la historia y yo no iba dejar que eso sucediese, nosotros debíamos estar juntos, era nuestro destino y nadie iba a cambiarlo, yo solamente iba a modificar el camino pero el resultado sería el mismo, nosotros juntos por toda la eternidad con nuestra familia y amigos.

— Lo siento aquí, Edward —respondí tocando donde estaba mi corazón. — Esto funcionará si ambos lo queremos y no tengas dudas de mi amor hacía ti pero ahora la pregunta aquí es ¿Me quieres lo suficiente como para tratar de que esto funcione?

El me miró con los ojos bien abiertos, como si no pudiera dar crédito a mis palabras pero yo estaba mirándolo fijamente esperando su respuesta.

— Isabella, eres lo mejor que me ha pasado en toda mi existencia. Te amo y te quiero lo suficiente como para tratar de que esto funcione. —me respondió firmemente y yo le sonreí.

El me sonrió de vuelta y se quedo mirando mis labios por un momento, luego levanto la mirada y la clavó en mis ojos.

— ¿Puedo intentar algo, Bella?

— Claro—me limité a contestarle.

Se acerco lentamente y se quedo a varios centímetros de mí, él trataba de verificar si era seguro para mí. Después de que pasara unos segundos que para mí fueron una eternidad juntó sus fríos labios de mármol con los míos. Me quedé quieta ya que sabía que si hacía lo que quería le complicaría las cosas a Edward. Me besó lentamente, trató de probarse, ver si podía enfrentar mi aroma. Cuando se separó en su rostro había una gran sonrisa que yo le correspondí. Involuntariamente bostecé y él me miro con culpa.

— Lo siento, nunca pasé tanto tiempo con alguien que necesitara dormir.

— Está bien, Edward. Solo tengo que ir a la habitación de Alice para acostarme —dije restándole importancia.

— Tu dormirás en mi habitación, Bella —rebatió.

— ¿Qué?

— Lo que has escuchado. Ahora ve a cambiarte a la habitación de Alice y luego llámame para que te muestre donde esta mi habitación.

No traté de discutir más sobre ello, no llegaríamos a ninguna parte y en cierto modo me gustaba la idea de dormir en la habitación de Edward. Una vez lista para dormir lo llame como si estuviera a pocos centímetros de distancia pero aunque lo haya dicho en tono bajo sabía que todos los habitantes de la casa me habían oído. Edward me condujo a su habitación. Estaba demasiado cansada como para prestarle atención a lo que me rodeaba. Subimos las escaleras y llegamos a nuestro destino. Pude apreciar una enorme cama de dos plazas con sabanas doradas y su cobertor era del mismo color. Tímidamente me fui acercando a la cama, me giré y mire a Edward con culpabilidad.

— ¿Qué sucede? ¿No te gusta? Pensé que esto te gustaría pero…—hablaba demasiado rápido para que yo pudiese entenderlo pero no había duda que había malinterpretado mi mirada.

— Edward, es hermoso el detalle que tuviste pero no tienen porqué comprar cosas innecesarias, quiero decir, ustedes ni siquiera duermen —dije mirando con pena la enorme cama. — Podría haber dormido en un sofá, este fue un gasto definitivamente innecesario.

Edward relajó su semblante y pronto escuché su hermosa risa, yo lo miré preguntándome que le causaba tanta gracia. Una vez paró su risa me explicó.

— Comprar esto no causa ningún problema para nosotros, cuando tienes décadas ganando dinero no prestamos atención a los gastos. Pero aun así ¿Qué pensaría Esme de mí si permitiera que mi novia durmiera en un incomodo sofá? La decepcionaría mucho y tú no quieres ver a Esme decepcionada ¿No es cierto?

— No es justo que uses el chantaje emocional conmigo, sabes que no quiero que Esme se sienta decepcionada.

— Entonces acuéstate en la cama, cierra tus hermosos ojos y no pienses cuanto gastamos en ella.

— Fanfarrón —murmuré acostándome en la gran cama.

— Pero así me quieres —replicó con una sonrisa en sus labios.

Palmee el lugar vacio que estaba junto a mí. Él pareció dudar unos momentos pero luego se acostó a mi lado. Empezó a tararear una bella nana, mi nana. Mis ojos empezaron a cerrarse pero en mi estado lo escuché susurrarme en mi oído.

— Y de ese modo el león se enamoró de la oveja…

— ¡Que oveja tan estúpida! —mascullé adormilada y él rió por lo distorsionada que sonaba mi voz.

— ¡Que león tan morboso y masoquista!

Esa frase fue lo último que escuché antes de caer en un profundo sueño. A la mañana siguiente me levanté con gran entusiasmo, al ver alrededor pude notar que la habitación estaba vacía. Fui al cuarto de baño que me había indicado Alice la tarde del día anterior. Entré allí y tome una corta ducha. Me vestí con unos vaqueros y una camisa. Pude sentir que los Cullen estaban dispersos por toda la casa pero tres de ellos se encontraban en un lugar en específico. Caminé hacía había más personas y me di cuenta de que era la cocina. En ella se encontraba Esme, Alice y Edward; los tres estaban viendo un programa de cocina, Esme y Alice hacían todo tal cual la televisión lo mostraba, Edward, en cambio, miraba al chef fijamente.

Alice fue la primera en notar mi presencia, me sonrió y siguió haciendo su labor. Poco después estaba sentada con Edward a mi lado sonriéndome apenado.

— Traté de pararlas pero no lo logré. Esme está emocionada de poder estrenar la cocina.

Al terminar de decir aquello entraron Esme y Alice, la primera traía un vaso de jugo de naranja en una de sus manos y en la otra traía un plato con tocino. Alice traía un tazón de cereales en una mano y en la otra llevaba un cartón de leche. Mis ojos se abrieron de la impresión.

— No creo que pueda terminar todo esto yo sola —dije todavía mirando el desayuno.

— Come hasta donde quieras, Bella —me respondió Esme.

Comí un poco de todo lo que habían preparado. Edward me miraba como si no pudiese entender cómo podía comer aquello.

— Entiendo que no sea un puma pero me gusta —dije burlonamente, él se disculpó con la mirada.

— ¿Ya has terminado?

— Claro

Tomó todos los platos sucios con destreza y desapreció de mi vista, yo me quede en mi lugar al no saber qué hacer. Pasaron unos segundo y Edward apareció nuevamente, sonrió y me tomó la mano, me guió hasta donde se encontraba el hermoso piano de cola negro, se sentó en el taburete y me hizo un lugar para que me sentara a su lado. Empezó a tocar y rápidamente identifiqué la música, era Claro de Luna de Debussy. Después de tocar varias canciones más empezó a sonar una nana, era la misma que me había tarareado la noche anterior antes de dormirme. Mis ojos se llenaron de lágrimas y no tardaron en desbordarse.

— ¿Te ha gustado? —preguntó una vez que terminó de tocarla.

— Es hermosa —susurré.

— La inspiraste tú, Bella —dijo y me besó. Al alejarse vimos que alguien nos estaba mirando con una gran sonrisa.

— Disculpen por la interrupción.

— No importa Alice, ¿Qué se te ofrece? —preguntó Alice.

— He visto una gran tormenta para esta noche y Emmett quiere jugar a la pelota ¿Te apuntas?

El me miró a mí — ¿Quieres ir Bella?

En el momento que iba a contestar que sí recordé que pasaría si iba.

— ¡No! —dije sobresaltando a Edward y a Alice.

— ¿Sucede algo, Bella? —preguntó Edward.

— No…yo no puedo ir porque… porque tengo que ir a La Push ¡Si! Tengo que ir a ver a Sam —al decir eso Edward tensó su mandíbula.

— Está bien pero ten mucho cuidado Bella. —me pidió o más bien me suplico.

— Lo tendré. Me podrías llevar a mi casa por favor.

— Claro.

Alice desapareció y apareció nuevamente pocos momentos después, llevaba mis cosas. Edward las tomó y después de despedirnos de toda la familia, a excepción de Emmett y Rosalie que no estaban en la casa. El camino a casa la pasamos platicando de cosas triviales. No tardamos mucho en llegar gracias a la loca conducción de Edward.

— Prométeme que te cuidaras cuando vayas a La Push —me pidió otra vez.

— Lo prometo, tu también ten cuidado

— ¿Cuidado de qué? —preguntó y ahí caí en cuenta de mi error.

— De… Emmett, no parece muy inofensivo cuando hay una competencia de por medio —dije lo primero que se me vino a la cabeza.

— Estará todo bien, Bella. Nos vemos mañana —rozó sus labios con los míos y se separó.

Tomé mis cosas de la parte trasera del volvo y descendí de vehículo. Caminé hasta la entrada de mi casa y me giré para saludarle, él bajó la ventanilla y me devolvió el gesto. Cuando estaba abriendo la puerta sentí el ruido de las ruedas en el pavimento. Allí me quedé mirando el lugar por donde se había marchado, rogando que esta pequeña intervención cambiara las cosas.


!Hola chicas!

Si aca les dejo este cap!

Estoy ewn la casa de una amiga de la familia que gracias a dios tenia internet!

Tenia todo el capitulo escrito en un par de hojas!

Espero que les guste!

Bueno sin nada más que decir!

Me despido hasta la proxima!

Kisses

!Maru!