Darius


Las despedidas no le gustaban. Es más, en su vida únicamente se había despedido de alguien una vez, y había sido una de las cosas más dolorosas que había vivido. Recordaba con claridad su mano tendida y una sonrisa. Luxanna, como última voluntad lo dejó todo donde ambos habían empezado, el apretón de manos que él le denegó a ella. Dolió mucho tiempo, sin embargo, aquel recuerdo resultó uno de los más lúcidos en su mente, de los más cálidos y al que recurría una y otra vez cuando estaba malhumorado o cansado de todo.

No era buen momento para partir, era la realidad, no veía a Swain con la entereza que siempre pretendía demostrar. Notaba su fuerza, pero había veces que se quedaba absorto en sus pensamientos, y otras tantas en las que su mirada desprendía una furia que no era propia de él. ¿Cuándo llegasen a Jonia sería capaz de dialogar con los demacianos y los jonianos que los esperasen?, esperaba que sí, nunca le gustó la política, pero ahora entendía que si Swain fallaba con su carisma particular, todo fallaría. Comenzaba a ver la verdadera fuerza de su líder.

Tampoco era buen momento para él mismo. Comenzaba a ser más y más cercano a Lou'Ara, y le hubiera gustado poder rectificar la orden y que ella fuera con él, mas sabía que su primera opción había sido la mejor, Ara debía de quedarse en Noxus un tiempo, empezaba a preocuparse por ella también, si las cosas salían mal en Jonia, tendría la suerte de no estar en medio de la reyerta. En su tierra natal ella estaba segura y eso era algo bueno.

Partieron bajo el crepúsculo, mares en calma y viento favorable, en un par de días llegarían a la isla sin problemas si todo se mantenía de esa manera.

Darius odiaba viajar en barco, a pesar de que el navío en el que iba era grande y estable, a veces tenía que bajar a su camarote hasta que se le pasase el mareo. Y luego estaba el hecho de que… el mar era peligroso, lo mejor que podían encontrar eran buques mercantes, pero no eran escasas las veces en las que los barcos llegaban a Noxus en el peor de los estados, habiendo sido asaltados por piratas, en su mayoría procedentes de Aguas Estancadas. Odiaba ese pozo de mierda. Si por él fuera borraría del mapa esa zona, lugar de traficantes, contrabandistas, ladrones y malhechores.

El punto positivo de todo era que, en unos días, si todo iba bien su chica partiría de Noxus hacia Jonia, reuniendo el resto de su escuadrón y parte de otros de los cuales Swain se había encargado. Ah, y lo más importante, que Sion no viajaba con ellos. Aguantar a esa mole destructiva gritar en el barco durante los viajes lo hubiera vuelto loco, tanto como para echarlo al mar a la mínima que abriera la bocaza.

Salió de su camarote para divisar las estrellas, en un par de horas llegaría a Jonia. Aunque no era lo normal en él, estaba nervioso, los cambios por los que había pasado durante los últimos meses habían sido muy bruscos y muy cuantiosos. Alzó su vista al cielo y le pareció que aquellas extrañas motas blancas que lo decoraban estaban más cerca de él que de costumbre a pesar de que el nivel del mar es el más bajo.

—Te ves completamente pálido. —Una voz grave le habló a las espaldas con un tono burlón. Darius no se giró para ver quién era, pues lo reconoció al instante. Dibujó una media sonrisa.

—Y tú te ves mil años más viejo. — Swain sonrió ante su brusca respuesta y se puso a su lado. Apoyó las manos en la cubierta y miró las mismas estrellas que su guerrero miraba.

—Bueno… es que soy viejo. —Siguió la broma. Ambos se quedaron un rato callados, disfrutando de la brisa marina de la noche. El calor de aquel paraje denotaba la cercanía a la isla, pues en Jonia el verano aún no acababa. — ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? —Darius lo miró mientras alzaba una ceja, el silencio de éste le dio pie al otro a pensar que sus memorias de aquel tiempo eran tan nítidas como las suyas. — Eras un muchacho de lo más inocente, con una meta clara. Mucha fuerza pero mucho desorden.

—No creo que inocencia sea la palabra más acertada para describir mi juventud. —Espetó el comandante mientras volvía a mirar al frente.

—Oh, pues lo eras, a tu manera, lo eres ahora también. —El General sonrió afable.

— ¿Qué quieres, Swain? — El guerrero sabía que si iniciaba conversación con él era para mandarle alguna tarea.

— ¿Esa es la imagen que tienes de mí?, ¿no puedo hablar contigo en una noche tranquila? — Darius sonrió hundiendo sus cejas.

—Muchas imágenes, para muchas caras. —Swain esbozó una expresión de malicia y se tocó su colmillo con la lengua.

—Tienes razón, ya te queda poca inocencia. — Le dio una palmada en el hombro. —Sólo quería decirte que tú te hospedarás fuera de los barracones. Hay una casa que espera en Jonia para ti, más alta, para que no tengas problemas pues las moradas allí son de techo bajo y a nuestros anfitriones no les ha molestado la idea de que te hospedes aparte.—Le sonrió con malicia otra vez. —Para que veas que este viejo aún cuida de ti. — Acto seguido se colocó su capa y dio media vuelta para volver a los camarotes.

—Y este guerrero aún lucha en tu nombre. —Le respondió Darius sin girarse.

Swain miró las estrellas una última vez. No, no estaba Beatrice, pero estaba Darius para él.


Tal y como le había dicho Swain, su estancia la pasaría en una casa en las tierras llanas que rodeaban El Placidium, a unos diez minutos de los barracones, era un lugar más que ideal. A pesar de ello, quizás le hubiera gustado más estar con sus hombres pues le gustaba llevar el control de lo que sucedía en aquella lejana tierra. Confiaba en Sid y fue a él a quien dejó al mando cuando él no estuviera.

El General ya le había advertido que los lugares allí eran de techo bajo, y tenía razón, incluso los lugares de encuentro como los bares y las posadas eran de medida más baja a la estándar. Normalmente para entrar debía de inclinarse y si quería estar de pie en aquellos lugares, permanecer encorvado. Era un hombre alto, lo sabía bien, su medida no era lo normal en Noxus, y menos en Jonia que parecían tener un gentío de media más bajo. En aquel momento deseó tener el cuerpo de su hermano, al final Draven sí que era perfecto, alto, pero no tan alto como para incomodarse en ciertos lugares, y también era ancho de espaldas, pero no tan ancho como para causar el terror y amedrentamiento que él causaba.

La morada donde pasaría él su estancia tenía una entrada algo más grande de lo normal, sin embargo, la casa no era nada espaciosa, únicamente constaba de una cocina un pequeño comedor pegado a ésta y un baño en la planta baja, la planta alta era únicamente una habitación algo pequeña, con una cama a su medida, un armario y un balcón, el cual no usaría pues para pasar al exterior tenía que agacharse bastante.

El suelo de toda la casa parecía recubrirse de una especie de moqueta blanda que acumulaba el calor de manera muy eficiente. En la cocina había una puerta a la parte trasera de la casa, donde había un tendal de cuerda y un pequeño patio de hierba recién segada. Aquella parte era la que más le gustaba de la casa, pues dentro se sentía un poco claustrofóbico, la casa era pequeña y en aquel ambiente él volvía a sentirse como una rareza del lugar.

Las gentes de Jonia a menudo lo miraban con terror, y muchas otras veces cuchicheaban a sus espaldas declarándolo un monstruo de guerra, mas con esto Darius sonreía, ¿qué habrían pensado si les hubiera acompañado Sion?, poca guerra habían visto aquellas personas.

La reunión con los "jefes" de aquel lugar tendría lugar en la mañana, aquellos llamados ancianos los esperaban impacientes a ellos y a Demacia. Hoy sería el día en el que todo se firmaría, se debatiría sobre los pactos comerciales y se abriría un nuevo camino poniendo inicio a lo que sería la primera paz entre Noxus y Demacia. El guerrero no estaba seguro de todo esto, su intuición le decía que Swain tenía más planes tras esta supuesta paz, pero si aquella estrategia conseguía expandir su nación no tendría problemas. Es cierto que su pasión por el combate era evidente, pero no le causaba júbilo tener que matar, tampoco sentía tristeza ni pena, así que siendo objetivos, si el General conseguía lo que ambos querían sin causar bajas debido a una guerra que menos que alabarlo.

Swain y Darius caminaban juntos y tras ellos los veintinueve hombres que habían pactado llevar, una medida preventiva que los jonianos habían pensado muy bien. Treinta guerreros para Noxus y treinta para Demacia, hasta que los acuerdos se firmasen los puertos permanecerían cerrados para todos los demás. Si al final todo llegaba a un punto favorable, los nobles de ambos bandos junto con una cantidad limitada de soldados podrían arribar al lugar.

Para ascender al Placidium había numerosas escaleras en piedra, mientras subían Darius se fijó en los ríos que descendían por la zona, formando pequeñas cascadas y dejando el lugar con numerosas humedades. Aunque las escaleras estaban cuidadas había que tener cuidado de no resbalar, algo que le parecía un soberano fastidio sin embargo a medida que ascendía comenzó a notar lo hermoso que era el lugar; lleno de verde, con las nubes bajas rozándolo y humedeciéndolo aún más, los farolillos que iluminaban la zona en tonos rojizos daban calidez a la frialdad de la roca.

Sus pensamientos fueron detenidos por el quejido del hombre que iba a su lado. Parecía realmente exhausto, no solo físicamente, mentalmente también. Últimamente algo extraño pasaba con Swain, él lo había notado también, Jonia era un tierra distinta, diferente a lo acostumbraba a ver en el continente, Jonia parecía tener… vida propia, pero al contrario que su superior, él se notaba a gusto, renovado, como si el peso de las miles de almas que había segado se hubiera perdido. Mas Swain parecía envejecer más y más a medida que pasaban los días. Tomó del brazo al General y lo hizo apoyarse en él, no le gustaba la debilidad, no le gustaba tener que lidiar con un viejo discapacitado, pero sin embargo por su superior sentía…condescendencia. Todo su ser parecía querer ayudarlo, parecía querer apiadarse de él, ¿qué pasaría si en algún momento Swain moría?, y la sola pregunta en su cabeza lo hizo estremecerse. Jamás le importó nadie una mierda, contadas personas eran sus excepciones, sin embargo no consideraba al viejo cuervo una de esas personas. Aquel hombre le había cubierto las espaldas muchas veces, habían liderado juntos, y habían liberado a Noxus juntos, lo consideró hasta el momento de la llegada de Lux un amigo… y casi un padre. Frenó sus pensamientos, no, aquel viejo, aquel astuto líder no era un padre para él.

Swain lo miró con fraternidad y Darius asintió con severidad, se ocuparía de que subiera bien el tramo que le faltaba, no por ello aquel anciano era… débil, o eso se decía él.

Llegado a la zona central del Placidium las vistas mejoraban aún más, la arquitectura parecía sacada de un sueño etéreo, incluso las gentes parecían moverse como el viento que se levantaba a rachas cálidas, o el gran edificio donde iba a tener lugar la reunión, en el cual parecía que humanidad y naturaleza se entremezclaban en perfecta harmonía para una convivencia pacífica. Se sintió optimista al ver todo desde aquella altura, quizás Jonia sí que podría ser lo que marcase un inicio favorable para aquellas naciones que llevaban siglos enfrentadas.

Un hombre de ojos rasgados y barba cana y larga la cual llevaba trenzada les dio la bienvenida al edificio del concilio, y allí les fue explicando cómo regentaban el lugar y las costumbres de los ancianos. También comenzó a enumerar los que serían partícipes en tal reunión; dio varios nombres de personas del lugar, nombres que para Darius sonaban bastante extraños, luego comenzó a dar apellidos demacianos y fue uno de ellos lo que lo hizo tensarse "Crownguard".

Solo escuchar esa palabra lo hizo desconectar de todo lo demás, era imposible que aquella mujer estuviera allí, lo más probable era que su hermano ocupase el lugar entre los treinta integrantes elegidos. Hasta dónde él creía recordar Lux no sabía luchar, era repudiada en su nación por portar su magia. Chascó la lengua disimuladamente, los demacianos eran gilipollas, si hubieran visto la fortaleza que había mostrado en Noxus no la repudiarían de la manera en que lo hacían.

Su corazón comenzó a agitarse desesperadamente a medida que se iba acercando a la gran sala, su mente le decía que era imposible, pero por dentro una extraña adrenalina recorría su cuerpo haciéndolo completamente feliz. Suspiró, tratando de calmarse de nuevo, y se autoconvenció, ver a Lux no le portaba ningún beneficio, aquella muchacha se había desligado de él meses atrás y ahora tenía una nueva vida. Quizás no era la mejor, quizás no era de lo más feliz, pero era buena, buena y estable, si aquella mocosa de Demacia estuviera allí le iba a dar olímpicamente igual.

Sus pensamientos se hicieron un ciclón que chocó contra su mente en cuanto la divisó en la lejanía. Su caminata se frenó en seco, con los ojos tan abiertos como platos apretó sus puños dejándolos completamente blancos. Tuvo que tragar saliva, la recordaba hermosa, ¿pero tan hermosa? joder, se había hecho más guapa en lo últimos meses, estaba seguro.

La muchacha portaba la misma armadura que el resto de soldados demacianos, sin embargo no se veía fiera, se veía angelical, como si un ángel de los cielos hubiera descendido para impartir justicia en aquellos reinos, como si fuera consejera leal a los Dioses. No portaba casco y se veía cómo su cascada de hilos dorados descendía a lo largo de su coraza. Le había crecido el pelo… y le quedaba perfecto.

Lux alzó su mirada y se encontró directamente con los ojos negros del guerrero, su cálida sonrisa derrumbó los muros que él mismo se había impuesto. Como si haber pasado meses separados no hubiera sido nada, como si el espacio y el tiempo se hubieran acortado en aquel mismo instante y en aquel mismo lugar. Lo mucho que le había molestado el que se encontrara con Talon, el hecho de que ella fuera demaciana, o que tuviera como hermano al estúpido de Garen, comenzó a darle todo igual, incluso que ella no aceptara su pasado.

— ¿Darius?— La voz de Swain lo hizo salir de su ensimismamiento. Recordando de nuevo que tenía una nueva vida. Asintió a su General y reanudó su caminata hacia la sala dónde aquella mujer esperaba. Y sin embargo sus sentimientos de favor hacia ella lo hicieron amargarse y resentirse. ¿Cómo se atrevía a mirarle siquiera?, ¿a sonreírle de esa manera después de todo?, no dejaría que aquella chiquilla lo controlase como había hecho tiempo atrás. Daba igual lo buena que fuera, o que sus intenciones fueran buenas, la había dejado atrás definitivamente, y con ello debía resultarle indiferente.

Con sus últimos pensamientos miró al frente volviéndose a encontrar con la mirada de océano observándolo de manera feliz, sin embargo él la miró hundiendo las cejas. "Por esta muralla no pasarás jamás"

Aquella sala tenía pocas sillas, y prácticamente la totalidad de los reunidos debían de estar de pie. Darius se paró junto a su superior el cual estaba sentado en uno de los pocos asientos y enfrente suyo estaba Jarvan III, escoltado por Garen y Jarvan IV, quien a su vez era escoltado por Luxanna. No tenía ni idea de que el príncipe la había aceptado bajo su custodia, y cuando Swain le fue contando ciertos detalles entre susurros no pudo evitar sino sentirse orgulloso de ella. Lux portaba poder y también fuerza y examinándola bien, toda ella era una virtud en sí misma.

Llegaron los últimos integrantes jonianos, pues a pesar de ser una reunión en su propia tierra parecía que uno de ellos siempre llegaba tarde, o eso se comentaba. Junto a Aran'tsú llegaron otro par de personas, una mujer que tenía aspecto de ser bastante joven, aunque no se podía apreciar muy bien, pues iba tapada de la cabeza a los pies, algo que le hizo recordar a Talon y por tanto perder la simpatía hacia ella, y junto con aquella mujer había entrado una criatura de lo más extraña. Tapada igual que su acompañante, solo dejaba entrever que tenía un morrillo abultado y unas orejas puntiagudas que sobresalían de su cabeza, lo más extraño de todo, aquellos ojos del color de la tormenta más fiera. Darius puso una mueca de desprecio, aquello debía de ser un yordle, en Noxus odiaban tales criaturas y únicamente eran tomadas para enviarlas a Zaun donde podrían experimentar con ellas.

Kennen pasó a su lado sin hacer sonido alguno mas cuando miró de refilón al gran guerrero entrecerró los ojos y se quedó rígido como un garrote, ¿qué narices le pasaba a aquella criatura?, sin decir palabra comenzó a mirar a Darius y parecía que seguía con la mirada a algo o a alguien que estaba detrás suyo, el hombre al notarlo se giró para ver si a sus espaldas había algo, sin embargo se encontró con el espacio vacío. Volvió a girarse y miró hacia el suelo ya que Kennen había dado unos cuantos pasos hacia él. Sacó de sus pequeñas mangas un par de shurikens y de manera amenazante los alzó, parecía listo para atacar.

Darius extrañado se echó hacía atrás, aquella pequeña rata tapada no parecía siquiera mirarlo a él directamente ¿acaso le había molestado que lo mirase de manera despectiva?

—Kennen, no es nuestro problema. —Su acompañante le advirtió de manera serena, y la criatura la miró con algo de furia contenida.

—Es una brecha en el velo. Hay que purgar. —La voz rasgada del ninja sonó totalmente amenazante.

— ¿Purgar?, ¿qué cojones dices? —Espetó Darius quien llamó la atención de Swain.

—Nosotros no nos ocupamos de eso. Es asunto de Shen. Kennen, ya basta. —La criatura soltó un bufido de desprecio y miró al guerrero mientras entrecerraba los ojos. La mujer que lo acompañaba se acercó a él y reverenció al noxiano. —Siento esta interrupción, no le causará problemas. —Acto seguido los vio alejarse para posicionarse en una esquina lejana y esperar, mientras el tal Kennen lo observaba con recelo.

La reunión fue larga y cansada y más cuando uno tenía que mantener la posición durante las pesadas horas. Lo que contaban allí poco le interesaba, pero las pocas veces que prestó atención se enteró de que en Jonia habría un cambio de divisas, para hacer las transacciones con el continente mucho más fáciles, que habría una ruta fija para barcos mercantes los cuales llevarían escolta por el problema de Aguas Estancadas. También habría un sistema de seguridad e identificación en los puertos, y dado que Noxus era la región más cercana a la isla debía, en ocasiones, permitir el paso de mercantes demacianos. Hablaron sobre política, interior y exterior, y sobre el problema que tenía Jonia con los denominados Vastaya, problema en el cual impedía que se involucrasen ambas naciones exteriores.

También hablaron de los festejos que iban a celebrarse ya que tanto Swain como Jarvan III estaban de acuerdo en todo lo expuesto. Serían tres semanas, para dar tiempo a los nobles a conocerse y establecer lazos allí, para seguir discutiendo ciertas cosas entre naciones; al finalizar la primera semana en sus dos últimos días comenzaría el festejo por Demacia, una fiesta dedicada únicamente a aquella nación, donde se expondrían sus costumbres y sus espectáculos, la siguiente semana sería en sus últimos días para Noxus, y la última sería dedicada al anfitrión que los acogía en ese momento.

Mandaron a Darius y a Lux dirigirse a una pequeña mesa de cristal donde unos documentos los esperaban para ser firmados. Garen y Katarina lo habían hecho previamente, dando testimonio y siendo testigos de aquellos pactos anteriores y los que estaban dando lugar como diplomáticos de sus naciones.

La gente se mostraba jubilosa, solo unos pocos seguían con su recelo. Sin embargo, Darius estaba tenso, por la pequeña mujer que ahora estaba a su lado y a la cual, sinceramente, no quería ni mirar, pues sabía de sobra que ella lo miraría con aquella hermosa sonrisa. Comenzó a firmar sin prestar atención al resto y cuando acababa le pasaba el documento a Luxanna. De reojo veía como la muchacha trazaba su firma de manera curva con trazos firmes y caligrafía bonita. Incluso la firma de ellos dos era dispar, no pudo evitar imaginarse a ambos en aquella misma situación mientras firmaban los votos de su compromiso. Aquel papel tendría ambas firmas parejas una al lado de la otra como en aquel momento estaban haciendo.

Terminaron y ella le tendió la mano. Solo tenía que estirar su mano y tendérsela, nada más. Pero por alguna extraña razón se quedó petrificado, no quería tocarla, no quería mirarla, no quería que le hablase, porque sentía que un acto, uno solo, sería su condenación más absoluta. ¿Por qué cojones tuvo que venir a Jonia? Desde su altura la miró de una manera tan despectiva que incluso el propio Swain le dio un toque de atención para que se controlara. Jarvan IV acudió para tomar a Lux del hombro y ordenarle que permaneciera a su lado, aquel gesto lo único que hizo fue enfadarle más. Veía el guantelete dorado del príncipe anclado en el hombro de la chica y tenía ganas de atravesarle la cabeza con los picos de su propia corona.

Concedieron un descanso de media hora, pues hasta los ancianos estaban cansados de estar concentrados en las cláusulas de los convenios. Darius lo agradeció en su interior, estar en aquella sala lo estaba malhumorando de sobremanera.

En los pasillos parte de sus soldados lo esperaban, parecían contentos, era normal, ellos no tenían que aguantar las pretensiones de aquellos soporíferos políticos. Sid fue el primero en darle cabida entre ellos, preguntándole con burla si lo estaba pasando en grande, la mirada iracunda del guerrero hizo que el resto soltaran un par de carcajadas, a ninguno les gustaba tales reuniones, el campo de batalla era su medio no lo que hoy estaban aguantando. Se sentaron en uno de los bancos de madera barnizada y sin respaldo colocados en los extremos del pasillo de aquel edificio. Cuando Darius se sentó resopló exhausto, aquel reposo le estaba sentando demasiado bien, y escuchar a sus hombres bromear con alegría lo hacía sentirse mucho más aliviado que en aquella sala, donde además de todo lo anterior, la tensión se notaba palpable.

—Las demacianas son unas frígidas. Y los ropajes que llevan, joder que espanto, ¿tendrán una ley que les prohíba enseñar piel? —Escuchó decir a Sid quien estaba sentado a su lado. —Cómo sería tirarse a una ¿imagináis? — El comandante miró hacia él con un gesto burlón. Cuando el capitán obtuvo la atención de quienes lo rodeaban, comenzó a poner una expresión de lo más extraña, cerrando sus ojos y apretando sendos labios entre sí comenzó a menear el banco con movimientos pélvicos. — ¡Oh!, ¡Oh!. —Se burlaba tratando de agudizar su voz para imitar a una chica. —Mi amado y querido Rey nunca nos enseñó tales cosas. ¡Oh, por los Dioses!—Cesó su burla y los de su alrededor estallaron en carcajadas. Darius resopló mientras sonreía y negaba con la cabeza.

—Ahora entiendo porque tú y mi hermano os lleváis tan bien. —Sentenció aún con una sonrisa el comandante.

Sonrisa que se despareció al instante cuando los hombres prestaron atención a una pequeña presencia que él tenía a su lado. Sid le hizo un gesto con la cabeza para que mirara y éste hizo caso. Una mujer de cabellos dorados le sonreía tan abiertamente que la paz que creía muerta hacía unos meses volvió a él como si las olas de una marejada furiosa lo abrazaran con fuerza. La chica comenzó a juguetear con su coleta algo nerviosa, y cuando por fin pareció lograr reunir el valor, sonrojándose habló de manera tan firme como podía.

— ¿Qué tal te va todo? —Y aquella voz que le sonaba tan lejana lo hizo tensarse de nuevo. Era el diablo en persona, simplemente su presencia lo perturbaba, y parecía que lo sabía yendo allí a hablar con él. ¿Qué más le daba como le iba?, ¿cómo se le ocurría preguntarle tal cosa y encima enfrente de sus hombres? Esperaba que le dijera ¿el qué?; estuve destrozado por tu puta culpa, eso es lo que tenía ganas de decir, me jodiste la vida, una vida que creía plena, vienes me haces quererte y te vas. Quiero que te vayas para siempre, quiero que desaparezcas. ¡Quizás sea verdad que no hay cabida para ti en este mundo! Aquel pensamiento lo hizo sentirse miserable, joder, repudiarla como hacían los propios demacianos ya era el colmo de todo.

—Bien. —Contestó el guerrero de manera seca con una mirada tan fría que hizo que la chica lo mirara con tristeza. Ella comenzó a sentirse incómoda, únicamente estaba preocupada por él debido a que Noxus era una nación peligrosa, pero de todos modos su preocupación le tocaba los cojones, no necesitaba nada eso.

Lux asintió con la cabeza y se forzó a sonreír, aquel gesto lo comenzó a desgarrar por dentro, él también quería preguntarle sobre su tiempo lejos de su lado, no lo hizo. En lugar de ello, se quedó mirándola con la mandíbula apretada y los ojos desafiantes.

—Yo soy Sid. —Dijo el capitán a sus espaldas quien le tendió la mano a la pequeña chiquilla. Ésta agradecida por la intervención del muchacho se la estrechó con alegría.

—Luxanna, un placer conocerte. —Su voz quebró, parecía realmente afligida por los actos del guerrero. Se dirigió al comandante de nuevo y esta vez él pareció ver desafío también en su mirada, con serenidad reverenció a los hombres allí presentes y con una confianza que nunca antes había visto en ella añadió. —Me alegro de que todo te vaya bien. Espero que nuestras naciones sean prósperas de aquí en adelante. —Y una sonrisa fue lo último que le dedicó al guerrero antes de dar media vuelta para irse.

Darius se sorprendió ante la entereza que pareció mostrar en tan solo unos segundos. Notó la esencia de aquella inocente mujer tal y como la recordaba, pero además pudo notar que… había cambiado, parte de ella, como si su voluntad fuera muchísimo más fuerte que antes. Y ante esto el guerrero sintió miedo, temía que si seguía descubriendo más facetas de ella pudiera caer aún más. Tan solo había cruzado un par de palabras y ya notaba como su férrea determinación comenzaba a ser más maleable. Detuvo sus pensamientos.

Se había propuesto tener su vida con Lou'Ara y eso es lo que haría.

Desvío su mirada y vio como el capitán de su escuadrón torcía la cabeza mientras miraba como Lux se iba junto a los suyos. La mirada bobalicona del joven hizo que Darius se crispara.

— ¿Qué coño haces?, enderézate hombre. —Espetó al chaval que sin hacerle caso seguía sonriendo como un imbécil.

—Nunca había visto que una armadura pudiera quedar tan adorable en una persona. Es el ejemplo perfecto de sumisa demaciana. —Sus camaradas rieron entre dientes, sin embargo, al comandante el comentario le molestó más de la cuenta. El carácter de Sid siempre había sido del tipo bromista, bastante más sociable que su superior pero completamente eficaz en su trabajo y ambicioso en la meta de expandir Noxus.

—Tiene pocas tetas. —Soltó uno de los muchachos.

—Perfecto que a ti no te guste, menos competencia. —Alegó Sid con picardía poniéndose los brazos tras la nuca.

—Callaos. —Darius trató de controlar su mal genio, comentarios así no debían de tener más transcendencia pero lo que estaba escuchando no le estaba gustando en absoluto. Y el mero hecho de imaginarse a su camarada tratando de ligar con Lux lo hacía enfurecerse sin poder controlarse.

Control. De eso se trataba, de calmarse, Ara se lo dijo una vez, respirar y tratar de evadirse, si necesitaba irse a dar una vuelta para ello debía hacerlo. Todo por intentar paliar aquella impulsividad.

—No he dicho que a mí no me guste, he matizado; tiene pocas tetas. — Siguieron su conversación. Si habían oído a su superior no parecieron prestarle atención.

—Callaos. —Volvió a repetir llevándose el dedo índice y el pulgar al puente de la nariz masajeándoselo. No había control cuando se trataba de aquella mujer. No quería escuchar aquellas gilipolleces y menos de sus hombres. Lux no estaba allí para deleitarles la vista. No lo estaba.

—Bueno pues te buscas a una que sí tenga más tetas, más a tu gusto. — Provocó Sid de nuevo.

— ¡He dicho que os calléis de una puta vez, joder!— Espetó levantándose de su asiento. Porque no tenían el derecho de hablar así de ella. Porque aquella mujer era… era…

Respiraba agitadamente, su calor corporal aumentaba a medida que su ira lo hacía. Era asqueroso escuchar esas mierdas, si los mandaba callarse debían de hacerlo. Y se acabó.

—Darius… solo estábamos de broma. Oye… las reuniones deben de ser pesadas…—Trató de calmar el capitán la situación, pues estaban llamando demasiado la atención.

— ¡Si os digo que os calléis os calláis no tengo porqué repetirlo dos veces! ¡Soy vuestro superior! ¡¿entendido?!— Sid apretó los dientes, el resto miraron afligidos hacia el suelo.

—Entendido. —Contestó el capitán.

Y tras la respuesta del muchacho Darius emprendió la marcha hacia exterior del edificio. Estar allí lo estaba perturbando demasiado, no, ELLA, lo estaba perturbando demasiado. La pesada losa que trataba de interponer entre sus sentimientos y su mente se estaba quebrando demasiado rápido. En Noxus lo había pasado fatal, no había sido él mismo hasta que formalizó las cosas con Lou'Ara, y ahora que ella no estaba y Lux sí todo volvía a ser como aquella vez. Se había excedido con sus hombres, lo tenía claro, aquellas bromas eran únicamente eso, bromas. Tenía la imagen en su mente de la mirada enfurecida de Sid, estaba claro que no había actuado bien. La bocanada de aire cálido que le llegó del exterior lo hizo sentirse más reconfortado. Bajó las escaleras y se hizo a un lado para no obstaculizar el paso al resto de personas que quisieran entrar en aquel edificio, se cruzó de brazos y observó el horizonte. Jonia era preciosa, realmente lo calmaba, el sereno y pacífico ambiente parecía querer acunarle y hacer que su ira desapareciera. Mas aun así no lo hacía. No se iba a preguntar qué quería hacer, sabía lo que quería; irse con Luxanna, dejarlo todo y rendirse a ella, de nuevo.

No era lo que debía hacer, sus consecuencias repercutirían de nuevo. Aquellas opciones parecían comenzar a volverle loco, ya comenzaba a notar como su carácter inestable se apoderaba de él, pidiéndole una sola cosa; ve a hablar con ella, lánzate al vacío, y si en él tocas tierra, sobrevive con ella o muere para siempre.

Alzó la vista al cielo, suspiró y se llevó una mano a la frente, joder, otra vez los dolores de cabeza no.

No sabía si existían los Dioses, era más que probable que si así fuera ya lo hubieran condenado hacía tiempo, pero si quedaba un mínimo de esperanza, les rogó que lo mantuvieran alejado de ella. Porque si las cosas seguían por el camino que parecían ir, su locura comenzaría de nuevo y esta vez, iba a ser el peor de los desastres.