Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de CAPCOM y sus respectivos creadores. Únicamente la trama es mía.
Yuxtaposición de soledades
Reconstrucción.
Capítulo 10: Justos y pecadores.
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– ¿Cumplirás el trato? – Preguntó Jill tomando su brazo izquierdo. Ambos se encontraban en la pista de baile a regañadientes pues deducía, había sido obra de Barry totalmente al haberlos hecho bailar nuevamente. El ambiente, las personas y el estrés parecían ya no afectarle tanto.
Y si lo pensaba un poco le ponía de mal humor las miradas curiosas tras su espalda.
– No lo sé. – Le respondió desplazándose lentamente junto con ella en un intento de no mostrar lo tonto que veía dichas acciones. Barry por el contrario se divertía dejando atrás los malos momentos y Rebecca al fondo al fin tenía su privacidad conversando con quien unía su vida de por vida. Chris frunció el ceño asqueado, le irritaba pensar que se estaban descuidando cuando podría suceder algo importante. Bajar la guardia no estaba contemplado para nadie
– No es solo saberlo, Chris. –La rubia lo miró unos segundos, él la miró y ella no apartó el rostro. Chris no podía intentarlo, por mucho que se esforzaran su nueva personalidad lo reducía a un hombre sin condiciones para mejorar o desgarrar, una patología dañina que aún no tenía cura. Quizás, los únicos esperanzados eran ellos cuando la realidad ya había sido dictada. Él no hacía nada por recuperarse, la brecha abierta no se parchaba fácilmente.
– Lo sé. – El mayor acercó su boca al oído femenino. El castaño contuvo una maldición silenciosa testigo del mal humor. – Es el precio que pagan los justos y los pecadores.
Jill abrió los ojos incrédulos, sorprendidos. Chris no aparentaba rememorar nada e irónicamente poseía una memoria actual intachable producto de su autodestrucción. Los retazos del subconsciente perdido le estaban jugando una mala jugada y las personas lo alimentaban día a día, volviendo su esfuerzo añicos.
Trabajando sin saber si algún día tendría resultados.
– El precio de los justos es el dolor causado por los pecadores. – Susurró apretando levemente el hombro de su compañero. Chris acertaba como siempre. Y se odio por no cambiar el destino maldito.
Christopher detuvo sus movimientos. La música se le antojó tediosa. Esa felicidad escondía escenarios disfrazados repletos de mentiras.
– El precio de los pecadores es la soledad del justo Jill, así de simple… una vez que el lazo se rompe es difícil volver a unirlo si rozas la barrera. – La música terminó y ambos caminaron hasta un lugar donde ni Rebecca y Barry pudieran interrumpir aquella conversación importante.
Se refugiaron en la columna principal del local. El cielo nocturno se alzaba imponente marcando la obscuridad que representaba. Jill suspiró. ¿Cómo batallar cuando el camino estaba lleno de huecos y espinas?
– No lo haremos – Soltó ella. No estaba del todo convencida pero nunca dejaría la inseguridad cuando Chris la odiaba.
– Algún día será y cuando eso suceda verás que es imposible cambiarlo.- Cerró la distancia entre los dos mirándose con furia e indignación.
– ¿Se puede tomar otro camino? – Preguntó creando menos espacio. El negó.
Jill lo tomó bruscamente. El enojo, estrés, la tensión y todas esas cosas dejaron de tener sentido cuando presionó sus labios con rudeza.
Su cabeza martilleaba recordándole el error.
Cerró los ojos pensado las consecuencias pero ya no tenía sentido hacerlo. Ese también era el pago de los pecadores.
Jake Muller arqueó la ceja asqueado al sentir los electrodos formar parte de su cuerpo junto a el monitor cardíaco. Miles de aparatos tecnológicos palpitaban resonando entre las cuatro paredes marcando los signos, algunos vigilaban la velocidad de la sangre y encontraba idiota permanecer ahí a órdenes médicas cuando a él le no le interesaban. Según los médicos debían experimentar su cuerpo buscando un antídoto para un suero inexistente, en pocas palabras, volvían a su estúpido juego de experimentación.
– Bien Jake, necesito que muevas los dedos. – El pelirrojo bufó flexionando los brazos de un lado a otro abriendo las palmas, odiaba las pulsaciones que el aparato emitía en cada contracción de sus músculos y más al doctor rubio quien le dabas las indicaciones. De cabello rubio, ojos azules con carácter pasivo, bata de laboratorio junto a una corbata azul Robert Jones llevaba a cabo el mejoramiento de su salud.
Y nadie le irritaba de sobremanera como él.
– Eso es todo ¿O quieres un baile? – Soltó fastidiado. Robert apuntó los resultados de la primera prueba intentando ignorarlo sin éxito. Tratar con el Muller había sido la peor intervención médica en meses de servicio. El temperamento rudo del ex mercenario no le agradaba. Jake se movió bruscamente alzando el rostro haciendo notar su altura.
– No Muller, pero si sigues así podríamos tomar más tiempo para tener listo ese suero. – Habló pausadamente el rubio mientras buscaba una jeringa sobre la mesa metálica. – Y no puedes ver a Sherry mientras no cooperes.
Jake respiró profundamente apoyando ambas manos sobre la vara metálica preparándose para mandarlo al diablo. Sherry solo era una pieza más donde conseguir dinero a manos llenas, una víctima del lazo infernal que William Birkin le había dejado testigo de sus atroces hechos. La pieza de ajedrez usable en esa institución.
Estúpido doctor. Jodida institución enferma.
Jake contó mentalmente hasta diez, ellos sabían cabrearle.
– Birkin ya es mayor, mucho mayor. – Soltó mordiéndose la lengua. – Ella sabe cuidarse a sí misma.
Y lo había comprobado desde la primea instancia de su primer encuentro. Birkin era decidida al punto de llevarle la contraria sin conocer sus acciones o pasado, siendo una especie de niñera molesta que se metía en problemas cada dos por tres exponiéndose a la muerte. Testaruda en exceso que colmaba su poca paciencia.
Ella definitivamente no requería ayuda.
– No siempre tendrá alguien a sus espaldas, Jake – El joven médico se acercó hasta él con el ámpula preparada y colocó la ligadura en el lugar correspondiente preparándose para puncionar. A Jake, La idea de una experimentación extensa le hacía querer salir y dispararle al idiota castaño con mal carácter culpable del embrollo. Pero debía serenarse, lo único importante era no verlo si quería recibir su paga, después no volverían a verlo ni conseguir algún rastro.
El líquido rojo atravesó la jeringa llenándola, Robert aferró entre sus manos un tubo de ensaye vaciando un segundo contenido sanguíneo, solo entonces el pelirrojo prestó atención en las palabras del rubio, la seguridad en los propósitos del joven médico le rompían los oídos provocándole náuseas.
– ¿Por qué te interesa tanto? ¿Quieres algo con la Birkin?–Preguntó cínico una vez que el hombre terminó de sacar las muestras recargándose contra la varilla y sintió al rubio médico tensarse. Era demasiado fácil el leerle los pensamientos ajenos, demasiado obvio y meloso para alguien que era controlado por un destruidor como lo era Chris Redfield.
Patético.
– ¿Hay algún problema con ello? – Cuestionó el joven rubio y arqueó la ceja esperando la contestación por parte del ex mercenario consciente de que estaba tentando al ser cruel proveniente de un legado infernal.
Jake bufó ante lo tonto que sonaba su pregunta.
¿Si lo había?
– Para nada, puedes hacer lo que te plazca. – El rubio miró a Jake sonreír. Sus labios curveados sádicamente, llegando a la conclusión de que Jake no bromeaba, lo conocía en una mínima cantidad y los expedientes se confirmaban en cada plática. El pelirrojo no conocía sentimiento alguno con nadie. Jake Muller desprendía arrogancia, malos tratos, un ser que calificaba al cien como un hijo del fallecido Albert Wesker.
– Si tú lo dices. – Robert tocó el estetoscopio sobre su pecho. Con Muller nunca se debía tomar nada a la ligera, Chris les había mencionado la capacidad innata del chico y su habilidad de manipulación idénticas a su progenitor.
Quizá Jake no podía verlo, pero eran mayor parecidos de lo que se imaginaban.
– ¿Doctor Jones? – El doctor dio la espalda. – Las muestras.
Un hombre castaño apareció demandando atención y Jake aprovechó la distracción quitándose los electrodos con la mano dejándole marcas, se bajó de la varilla y haciendo una seña con su mano izquierda salió de la habitación dejando al doctor intrigado. Caminó por los pasillos de la B.S.A.A con el sonido de balas impactando contra madera y no se necesitaba esforzarse para deducir donde se hallaba el área de tiro cuando toda esa compañía se enfrascaba en perfección.
Era irónico que tanta matanza les llevara hasta sus lugares en un intento de cambiar al mundo. Y. pensarlo le llevaba al pasado ocurrido años atrás cuando había trabajado como mercenario buscando salvación para su figura materna dejando una marca taladrante al haber confiado en un idiota que quería venderlo pero decidió no indagar más en ello por lo que siguió avanzando. Dos soldados se atravesaron en su camino cortándole el paso.
– Jake Muller – El pelirrojo se detuvo y detalló al grupo que impedía su caminata; cuatro hombres castaños del escuadrón de rastreo, con chalecos tácticos verdes, camisas cortas azules e insignia gris correspondiente al rango. La mayoría parecía pasar los veinticinco años a excepción del líder que tenía insignia negra al centro.
– ¿Vienen por algún autógrafo? – Cuestionó mordaz alzando una ceja. James Lucciani negó.
– Queremos hacerle unas preguntas sobre el atentado de China – El castaño tanteó sus bolsillos y sacó un mapa mostrándoselo. Muller rodó los ojos al distinguir el mismo mapa usado por Sherry durante el atentado. – Dicen que esta misión está dirigida por Neo- Umbrella, eso lleva a que tienen un mismo parámetro, me llamo James Lucciani y seré el subcomandante.
– No me interesa quien seas. – Respondió Muller. Sonrió ladinamente, satisfecho por los rostros enfrascados en molestia. Lo notó, aquellos eran simples novatos intentando mejorar por ellos mismos, sin órdenes directas, inconscientes del daño y terror. Bajarlos de la nube no le correspondía si no al tipo lleno de esteroides – La vida no solo se consiste en planes niñatos, pero les daré lo que quieren si me dejan en paz.
– Solo será por esta ocasión. – Dijo un soldado mayor al pelirrojo.
– No me distraigas o los dejaré varados hasta su muerte.
El joven castaño sobrino de Parker amplió sus labios dejando su respecto material mientras el pelirrojo señalaba los lugares donde la infección había dejado bajas. Miró de soslayo al Muller que se mantenía a lo lejos sin entablar más palabras de las necesarias justo como lo describía Sherry Birkin. Ellos habían interrumpido apropósito ya que ella permanecía oculta al costado derecho de la pared.
Extrañamente, para James, Jake Muller podía ser agradable. Tal vez, ese fuera el motivo por el cual Sherry Birkin siempre vigilaba sus pasos.
– Ya saben ahora váyanse de mi vista. – Les dejó el mapa sobre la mesa suspirando irritadamente.
– Gracias, Jake – Tuteó James y se giró contrario al ex mercenario. – Agente Birkin, ya puede salir.
Sherry rió nerviosamente. Salió de su lugar y relajó los brazos descansando contra la pared de concreto. Ningún individuo habló ante el ambiente tenso. Sherry frunció las cejas al ver marcas moradas recorrer el pecho masculino y, se dio cuenta, eran las marcas de experimentos no deseados. Ella los conocía mejor a que nadie.
– Ya era hora Birkin. – Jake avanzó dos pasos hacia adelante. El subcomandante castaño comprendió que debían marcharse cuanto antes. Jake estaba cabreado, podía verlo en sus orbes azules
– Jake. – Comenzó Sherry. Había muchas cosas para interrogar. Según entendía, llevaba alrededor de cuatro días en coma desde el suceso ocurrido. Jake estaba con mayor vigilancia para monitoreo de su propia seguridad al punto de tener vigilancia las veinticuatro horas evitando otro segundo escape.
– Te ves terrible. – La vestimenta de Sherry había cambiado, lucía una blusa azul pantalones cafés sencillos y el cabello rubio parecía ser más largo. Nada inusual para alguien común como ella, también en esa temporada, llevar abrigo sería loco.
– Tenemos que hablar. – Le cortó la Birkin frunciendo los labios. – Ahora.
Una voz gruesa interrumpió el momento. Sherry gruñó.
– Los dejamos un momento. – Jiménez, francotirador se hizo resonar antes del castaño menor. Y Lucciani respiró aliviado al no ser él quien se enfrentara a Jake. – Cuando sea el momento deberán alistarse para el evento de esta noche.
– ¿Evento? – La Birkin no comprendía sus palabras.
– La cena de ensayo organizada para Claire Redfield, agente Birkin. – Le aclaró. – Hoy es el día, no puede dejarla en algo tan importante.
Y la rubia, por primera vez en mucho rato les dio la razón a los jóvenes. Claire era lo primordial en su vida para dejarla abandonada. No la dejaría cuando las heridas parecían estar a la orden del tiempo. Ella, merecía ser feliz después de haberse perdido a si misma durante el mayor dolor de su vida. Claire ya había querido a una persona sin conocerla del todo, fue su apoyo a pesar de ser solo un chico queriendo salir con vida de un infierno quedando solo ella y sus pesadillas.
Estaba bien si quería avanzar hacia adelante, todos lo hacía algún día. Y, con Adam Bemford cuidando de ella la dejaban en buenas manos.
– Tienen razón chicos, nos veremos dentro de un rato. – Sonrió despidiéndose de los agentes y se giró hacia Jake. – ¿Quieres ir conmigo?
La confrontación había quedado en segundo plano y Sherry respiró aliviada.
– Me niego. – Jake se cruzó de brazos. – No pienso ir cuando el héroe mediocre ande rondando por ahí.
Cierto, Chris Redfield no podía perderse dicho evento, era el hermano y figura paterna que Claire defendía.
– Es su hermana. – Y solo por eso Jake no entendía los lazos entre hermanos al igual que ella. Eso, lo tenían en común. La soledad además de ser usados como herramientas para el sufrimiento, una semilla del terror implantado tanto en su sangre como en sus cuerpos.
– Eso no hace cambiar de opinión. – Gruñó fastidiado apoyándose contra la pared – No me harás cambiar de opinión Sherry Birkin.
– ¿Seguro?– Sherry sonrió y cerró los ojos.
– Completamente.
A una distancia prudente, el subcomandante miró de soslayo a los mayores discutir. Sherry y Jake debían ser un par de años mayores a él, al menos ella más que el mismo Jake Muller pero parecía haber algo extraño, Sherry estaba tentando al infierno sin demostrar índice de temor, parecía disfrutar el molestarlo.
Le recordaba a alguien más que también podía dejar su brazo a torcer por una mujer. Indirectamente, parecía estar haciendo lo mismo y eso había resultado cruel.
– No es lo que piensas. – Jiménez posó una mano en el hombro masculino del subcomandante. – Son cosas diferentes.
– Resulta similar, solo que él no está tan roto como nuestro líder. – James alzó el rostro perplejo ente el descubrimiento obtenido. – Maldición John, no superaré que Chris Redfield odia al niño que Jill llevaba en brazos.
– No creo que lo odie. – Sentenció el adulto. Los ojos azules de Lucciani se posaron en los verdes del soldado. – Si de verdad es hijo de la agente Valentine no podrá hacerlo.
– ¿Cómo puedes estar seguro? – El castaño sonrió.
– Porque él no puede odiarla, seguirá cometiendo errores y aun así no podrá cambiar nada, ese es el precio de vivir en esta época.
Chris Redfield, solo torcía sus creencias enfermas por tres personas: Jill, Rebecca y Barry. Nunca por otra, ese niño no cambiaría las cosas. Si lo hacía, las posibilidades de tener una vida tranquila desaparecía.
Neo- Umbrella sabía jugar bien sus cartas.
Permaneció con ojos fijos en la cara femenina incrédula. Habían pasado unos minutos en los cuales se mantenían sin hacer movimiento alguno. Frente a ellos Claire Redfield permanecía rígida, los puños levemente apretados y el rostro desencajado mirando la escena creyéndola irreal. Tal vez lo fuera. Jill aclaró la garganta, levantando una mano creando separación entre ambos hermanos. Chris estaba casi en peor estado que Claire por lo tanto debían barajar con cuidado sus opciones.
La pelirroja parpadeó enfocando la atención en su hermano mayor tratando de buscarle coherencia más nada en su cabeza formulaba una explicación. Claire respiró aire antes de encararlo.
– Chris, estoy esperando. – La voz de Claire era tosca. Jill se tocó la frente. – Nunca he sido paciente.
– Ya te lo dije, Claire. – Redfield disminuyó la distancia entre su hermana menor. El viento revolvió sus cabellos nuevamente con fuerza tornando el clima frio. Algunas personas los miraban pero ninguno les prestaba importancia, el cuarto integrante tomó lugar a un lado de la pelirroja creando la separación.
– Cariño, no obligues a Chris. – Adam aferró el brazo de Claire y Jill deseó que Adam Bemford no se apartara nunca. Él era una pieza esencial en la vida de Claire, el pedazo de cordura. Agradecía su ayuda, sin él los hermanos se retornarían al odio. La pelirroja aflojó el agarre confundida, nada le incomodaba salvo no saber los sucesos. Solo había visto a Chris dos días antes y, cuando lo veía peleaban.
– Es hijo de Jill – Soltó la bomba el de los ojos azules. La rubia sintió el peso de la oración caer bajo sus hombros.
Chris no recordaba casi nada antes del atentado. Todos lo sabían. El único recuerdo que siempre estaría grabado sería el rostro desesperanzado de Piers mutando antes de morir pero también tenía una idea de quien era Albert Wesker, conocimientos básicos, anécdotas y sus actos como pecador. Entre ellos estaba Jake, África y supuestamente una Jill acabando vidas ajenas sin piedad alguna. Y le habían dicho que él no perdonaba fácilmente las traiciones, por lo tanto Jill era tan pecadora como él o Wesker.
Odiarse mutuamente debía ser habitual.
– ¿Qué? – Parpadeó la pelirroja y se alzó los lentes los cuales se bajaron al agachar la cabeza.
Alzó el rostro y contempló a rubia cargar en brazos al infante quien lloraba fuertemente en consecuencia al disturbio. Lo observó cuidadosamente, parecía ser solo un bebé normal.
Y no lo era.
– No sabemos cómo es que está vivo, pero genéticamente es hijo de Wesker. – Intervino Jill. De ellos, era la más indicada para hablar sobre ello al ser la madre en cuestión. Lo encontraba extraño e imposible. Wesker estaba muerto y el niño no debía tener salvo unos cinco meses estimados – Ya está aquí pero verán si le hacen unas pruebas.
Claire frunció los labios. Adam se llevó una mano a la sien. Ahí venían los problemas.
– No puedes usarlo como tu conejillo de indias. – Masculló Claire irritada. - ¡Es tu hijo maldición! Es una persona inocente pagando pecados.
– Claire. – La rubia soltó el aire contenido. – Estamos igual de desconcertados.
– Solo es un niño Valentine. – Resopló Claire. – Demasiado pequeño para que sufra lo mismo.
Jill lo meditó. Se dejó caer contra el verde pasto y acarició con las yemas de los dedos la cobija azul claro que Rebecca les había dado para protegerlo del clima. Claire tenía razón, era un justo pagando el precio del pecado como Chris solía decirle aquella vez en la boda de Rebecca antes de abalanzarse sobre él besándolo una noche llena de dudas. Ante su furia y la de él, aquel roce fuera inevitable.
No quería evocar el recuerdo, le llevaría a los sucesos ocurridos los cuales quería borrar de sus memorias. Si Chris estaba conforme así lo respetaría, era su pacto silencioso aquella noche. Los errores entre ellos estaban rompiendo la barrera ahora que Barry no estaba, el límite no tenía donde iniciaba o terminaba.
Él les hacía falta.
– Hare lo que pueda Claire. – Respondió sonriendo forzadamente. – Es difícil.
– Cuenta con nuestro apoyo. – Ofreció Adam sonriendo tenue. – Contactaré con Hunnigan para tener un análisis completo en caso de que Rebecca no pueda proceder.
Aunque lo dudaba. Rebecca era lista, sobreviviente a la catástrofe. Líder del departamento bioquímico además de esposa del sargento general comandante de toda la D.S.O; sería pan comido para ella maniobrar un examen de ADN.
– Ahora, si nos disculpan. – Claire le quitó el bebé a la rubia buscando el brazo masculino. – ¡Iremos a darle un paseo! No lo regresaremos en unas horas ¡Te vemos en la cena de ensayo Chris!
Claire se alejó con el bebé en brazos seguido de un Adam estupefacto.
Chris se apretó la mandíbula y Jill desencajó el rostro.
¿Qué diablos había ocurrido?
– Tu hermana no ha cambiado nada. – Murmuró la rubia procesando la información. Claire podía ser mayor pero la actitud infantil nunca saldría de su sistema.
– Imprudente querrás decir. – Chris se dejó caer contra el pasto cerrando los ojos conteniendo su rabia. Claire pertenecía a su único círculo familiar, no podía cortar el lazo, la apreciaba aunque a veces fuera extraña.
– Y pensar que va a casarse dentro de unos días. – Lo imitó sintiendo el sol calentar su piel. Ella se giró. Ver al soldado sin ataduras solo se podía ver en momentos limitados. Por un momento la idea de volver a verlo como el chico que conoció una tarde lluvia parecía volver imperceptiblemente.
Mientras estaban en ese lugar podía deducir algo diferente. Una extraña paz que hacía mucho tiempo no tenían entre ambos, no desde su entrenamiento cuando lo había derribado y golpeado. Los dos por azares del destino eran personas rotas. Aunque quizá si pudieran reconstruirse y levantarse como aquella vez hacía cuatro años.
Lo creía. En verdad lo hacía.
– Hasta que Rebecca no muestra los resultados de la decodificación Claire estará en primer plano, hoy es su cena de ensayo. – El castaño abrió los ojos de golpe reincorporándose. – No puedo faltar a dicho evento y tú vendrás conmigo quieras o no.
Él le tendió la mano.
Jill abrió la boca. Claire y Chris sin suda habían nacido con un cinismo innato.
Rebecca se abrió paso por los pasillos del cuartel caminando hasta el área de análisis donde Billy había hablado con ella antes de marcharse. No entendía del todo los motivos generales por los cuales se enviaba de emergencia conjunto a Márquez. Algo no calzaba, el otro soldado pertenecía al escuadrón, Billy solo era un aliado de otra compañía experta ¿Qué motivo tenía enviarlo cuando no pertenecía a la institución?
Sentía el dolor de su cabeza incrementar al divisar la puerta. Entró a pasos cortos colocándose una bata, cubre bocas y guantes preparándose para la experimentación masiva del virus prototipo. El PS30 no podía ser tomado a la ligera, no cuando un segundo individuo pequeño se creaba en base a ellos. No era tonta, Chris tampoco.
El niño contenía la cepa de lo contrario todo el material genético contenido no se efectuaría con precisión.
– ¿Agente Chambers? – La castaña giró su cabeza hacia la puerta donde estaba una persona castaña apoyada la cual reconoció como el motivo principal por el cual sus compañeros se herían tiempo atrás.
– Carlos Oliveira, Hola. – Saludó extendiendo una mano indicándole paso. El soldado atravesó la puerta y tomó asiento a un lado. La señora Coen lo miró juntar sus manos. – ¿Necesitas algo?
– Sí, el agente Leon Kennedy ha estado investigando y parece que la infección tuvo su origen mediante una plaga.
– Tiene sentido, Jill también fue manipulada por medido de una. – Soltó sin meditación. Carlos la miró anonadado y Rebecca sintió que había hablado de más. Todo lo relacionado a la rubia era confidencial o Chris Redfield tomaba reparo. Él no estaba presente por ese momento y lo agradecía, por otro lado no estaba mal, Jill le tenía confianza ciega.
– Hunnigan opina que deben realizar el decodificado rápido si queremos sintetizar una cura para el nuevo virus.- Le sonrió dándole un trozo de papel arrugado. – Siento que el sargento Coen haya ido en su lugar a identificar el cadáver de Burton, eso alentará la investigación.
Rebecca lo vio y por un segundo todo cobró sentido; las disputas, la necesidad rara de Billy al asistir en una misión que no le correspondía…
Una lágrima cayó rodando por sus mejillas.
– Rebecca – Carlos entendió que, acababa de cometer el peor error de todos.
– ¿Chris y Jill lo saben? – El soldado negó y Rebecca lo entendía. Si Chris se enteraba armaría alboroto por algo que ella debía haber asumido. Él odiaba ser débil y se esforzaba hasta el cansancio exigiéndolo a toda persona con quien tuviera compañía amistosa.
– No hay nada más que hacer. – Carlos extendió la mano posándola sobre el hombro femenino brindándole apoyo. La señora Coen se dio cuenta cual fue la razón por la cual Jill llegó a sentir algo hacia él. Carlos Oliveira era completamente diferente al soldado amigo.
– Salir adelante. – Y quizá solo había hablado para apaciguar el nudo en su estómago, confiaba en que Billy regresaría sonriendo burlón y engreído.
– Exacto, sin dejarse estancar, tienes a tus compañeros para eso. – Rebecca sonrió apartando las lágrimas amargas. Él se parecía como Barry.
– Gracias, tú también eres un gran soporte para Jill. – Confesó y Carlos movió la cabeza en gesto de negación.
– Él único soporte son ustedes, pero más ese idiota.
Nuevamente él concordaba. Rebecca intentó pasar desapercibido el tono de desprecio hacia el castaño Redfield y justo como Barry decía, le tocaba a ella ser la balanza que los equilibrara.
Tendría trabajo para conseguirlo, si Jill tenía esperanzas ella también pondría las manos al fuego ante lo evidente. Esperaba que, en la cena de ensayo todo fuera tranquilo.
Tomaría el papel de pilar que Barry había dejado vacante.
Se miró al espejo contemplando el vestido azul claro corto. Definía parte de sus curvas y no portaba escote dado al problema de la gran cicatriz en su pecho. El cabello recogido en un moño con dos mechones a cada lado le daba un toque elegante digno de una cena matrimonial. No todos los días un agente contraía matrimonio, el último era de Rebecca y llevaba alrededor de cuatro años los cuales ningún otro miembro se atrevía. Barry cuando vivía solía decirles que era un asunto serio, como tal, toda la compañía se aferraba a sus palabras.
– Barry. – susurró. La foto aún permanecía junto al buró de su habitación como testigo de una época calma, antes de pisar el terreno que los llevaría a la muerte y justo el día del fallecimiento de Barry Burton la imagen estaba presente.
– No volverá. – Resonó alguien a sus espaldas. Jill contuvo una mueca volteando el rostro hacia Chris Redfield y lo detalló en silencio; una camisa azul obscuro le vestía el cuerpo conjunto a unos pantalones negros. Fuera de trajes tácticos y chalecos protectores por primera se dejaban las armas exponiéndose. Claire había sido cautelosa en la preparación siendo la primera regla no llevar arma de fuego alguna y si ella lo requería media compañía se estaba volviendo blanco fácil.
– Queda su recuerdo y sus buenos momentos. – Sonrió suavemente dejando la foto en el buró. Chris curveó los labios sutilmente.
– Era excesivamente alegre. – Negó con la cabeza– Y un buen agente.
– Lo que tanto había esperado, al final no podrá verlo, - Le dijo a Jill. Era verdad, Barry esperaba paciente la fecha cuando Claire se casara, inclusive más que él mismo quien era el hermano.
Él ya estaba muerto. Nada podía hacerse.
– Lo disfrutaremos por él, Chris. – Solucionó la Valentine extendiendo su brazo. – ¿Vamos? Solo por esta noche dejaremos el malestar, es importante para Claire. – El castaño aceptó la mano y Jill intentó pensar que era una buena señal.
Una tregua silenciosa no caía nada mal.
Sherry curveó los labios insatisfecha mientras se colocaba un broche negro en su cabello. Por el largo le había resultado complicado al acostumbrarse varios años a mantenerlo corto. Vio de soslayo la silueta enfrascada en negro y sintió la ira apoderarse de la habitación.
– Quieres apurarte o te dejo. – Jake golpeó el metal contra la frente masculina. Se sentía enfermo vistiendo ropas elegantes de acuerdo al protocolo cuando él ni conocía a la famosa pareja. Odiaba a Sherry.
– No me apresures, si quieres tu dinero tendrás que acompañarme al evento hasta su término. – Soltó con burla. Jake Muller nunca le decía que no al dinero fácil. – Así que espera.
– Demonios. – El pelirrojo apretó los dientes y se desajustó la corbata color rojo que Birkin insistía debía llevar. Contó mentalmente hasta diez pensando el salir de ahí lo más pronto posible y dejarla plantada.
– Listo, Jake. – La rubia salió con un vestido rojo vino que el pelirrojo le desagradó. No coincidía con la imagen que Sherry Birkin solía mostrar al mundo ¿Tanto tiempo esperando para ello? Bufó, el vestido corto parecía una pérdida de tiempo.
– Como sea, vámonos. – Farfulló jalando a Birkin con rudeza. Atravesaron el pasillo de la institución y sonrió con malicia al ver el semblante desconcertado del médico.
Idiota. Se las pagaría por usarlo como conejillo de indias.
Marcus inspeccionó el lugar al ser la cuarta vez que vagaba por las instalaciones de Neo- Umbrella encontrando diferentes cambios. La compañía seguía el mismo prototipo que la antigua Umbrella, aun así no tenía el mismo valor calificativo a niveles, la otra era comandada a manos de un tirano que se había creado una fama de dios buscando inmortalidad. Wesker, en cada faceta contaba una historia narrada hasta el punto donde el único individúo sin haberlo enfrentado era Leon Kennedy.
Había un monitor que daba cuatro vistas frontales, todas ellas hacia capsulas contenedoras de las cuales ya revidaba el expediente. El proyecto H partía de una cámara de vigilancia y las otras les significaban el progreso lento de los altos mandos. Dos figuras que envenenaban el mundo al fin podrían contemplar sus creaciones.
– Marcus, has llegado. – Marcus odiaba el tono de voz aplicado perteneciente a la segunda aliada del proyecto. – Ven, contempla con tus propios ojos la belleza de la criogenia.
El rubio la siguió revisando instintivamente. La mujer destilaba arrogancia arropada en un vestido corto color rosa, una científica prodigiosa de rango élite, la última ejemplar contaminadora del mundo. Se detuvo en seco al distinguir una cabellera rubia tendida aquella camilla especial. El hombre permanecía con máscara de oxígeno y varias intravenosas.
– Fascinante. – Exclamó. – Lo has traído.
– William dejó demasiado material genético en Raccoon City. – Se explicó la fémina recorriendo con los dedos la frente del Birkin. – Fue fácil hacer una recreación basándonos en ese material. Tiene los mismos recuerdos y experiencias en el cerebro, es como si él fuera verdaderamente William Birkin.
El rubio mayor abrió los ojos suavemente dejando entrever ojos de un azul claro que se le antojó demasiado familiar al líder de aeronáutica. Sherry Birkin era su copia literal y Jake Muller a Albert Wesker.
Irónico destino.
– Tu fase dos está a punto de culminar. – Le recordó el rubio. – La cámara dos casi termina su incubación.
Ella rio con malicia.
– Es un perfecto regalo de bodas, la infección de cuatro ciudades. – Se excusó alejándose del Birkin y fijó su atención en él. – Es la ahora Marcus cuando puedes ver la debilidad y mancillar con ella.
Marcus asintió de acuerdo. Era lo único en lo cual tenía en común con aquella mujer tediosa. La mano derecha del primer líder máximo. – ¿Aplastar los sueños de Claire Redfield que te motiva? – La castaña lo miró.
– Solo devuelvo los errores, Marcus. Las cicatrices pueden ser abiertas con la herramienta adecuada. Es el castigo de ser hermana del gran héroe de antaño.
Marcus concordó con ella. La debilidad de Claire no era conocida y alguien tan perfecta como la pelirroja debía tener un punto débil el cual esa mujer parecía conocer a la perfección.
Estaba más que deseoso. Los indiferentes Redfield volverían al infierno que habían desatado.
Un espectáculo el cual solo faltaba muy poco.
Sherry Birkin y Jake Muller no serán la excepción. Ellos eran los héroes del mundo, personas que se esforzaban por el bienestar ignorando que estaban buscando algo que los salvara de la soledad.
Tristemente habían fallado. Y lo habían hecho terriblemente.
El lugar frente a ellos se mostraban calmo. Dos guardias de seguridad a cada lado le indicaron que alguien como el novio no podía estar merodeando sin seguridad. Adam era una figura pública de alto prestigio al ser hijo del antiguo presidente de estados unidos y protegido oficial por Leon Kennedy además de lograr obtener el título líder del departamento de investigación en Terra Save, colaborador directo con la B.S.A.A; una figura importante y sin embargo Adam odiaba ser comparado o exagerado en su manera de hablar sobre él. El rubio era justo, decidido y amable, todo lo que Claire necesitaba después del dolor.
Chris lo había aceptado como el compañero de por vida que acompañaría a Claire y Jill no podía evitar contentarse solo un poco. El mayor dejaba su mal carisma si la pelirroja era el motivo, aunque fuera solo una pequeña cantidad. La patología no desaparecía y algunos se cansaban de luchar.
– Es agradable. – Murmuró observando las mesas redondas distribuidas estratégicamente con fondo blanco y arreglos florales rojos. Un evento sencillo donde toda la compañía se encontraba presente, algunos de la D.S.O se hallaban platicando junto a su líder intentado disfrutar el rato.
– Claire se esfuerza demasiado. – Respondió el soldado y Jill se contuvo de decirle que él hacía lo mismo dejándose llevar por la multitud. – Creo que por ahora lo dejaré pasar.
– Una vez en la vida se logra ver esto. – Repitió las mismas palabras de su pilar. – Después la vida continúa.
– Cierto, es el precio de vivir. – Jill le sonrió sentándose en su silla correspondiente teniendo un vasto recuerdo como la boda de Rebecca. Había asistido con el propósito de olvidar el mal sabor que provocaba un matrimonio doloroso al cual había sido invitada. Y aún dolía brevemente, la herida permanecía palpitando contra su oído.
– Como sea, esta velada es para pasarla bien. – Chris asintió destensando sus hombros. La silueta delgada castaña apareció en su campo de visión y tomó lugar en su respectivo asiento. La ceremonia se clasificaba por compañías y, la B.S.A.A era la mesa de mayor tamaño, después de todo Claire era miembro activo de Terra Save que era institución aliada en grande.
Rebecca los miró curiosa. Sus orbes claros examinaron ambos individuos.
– Se divierten sin mí. – Aunque, Chris no se divertía con nada, la ocasión merecía unos instantes para bromear, Claire contaminaba el ambiente con su liberal actitud que casi se le olvidaba el malestar estomacal ante la abrupta partido de su esposo. – Creí que éramos amigos.
– No digas cosas innecesarias, Rebecca. – El castaño le indicó su lugar. – Solo siéntate, seguimos siendo compañeros.
– Ya, ya. – Le restó importancia la Valentine. El salón apagó las luces dejando el lugar en silencio. Los flashes indicaban que había figuras públicas de alto prestigio, y lo había toda una compañía reunida junto a otras de alto rango tomarían alto nivel de noticiario. El hijo de un ex presidente fallecido podía tomar el liderazgo al formar pacto directo con una salvadora del mundo.
Al fondo, podía distinguir una silueta rubia sentada incómodamente. Leon Kennedy seguía siendo un gran enigma., uno de los factores autodestructivos de su compañero castaño. Tenerlo ahí, significaba tensión absoluta. Las luces se apagaron y se enfocó una única fuente de iluminación al centro dando la introducción.
– Agradecemos que hayan asistido. – La voz de Claire resonó entre las cuatro paredes del lugar. – Por estar con nosotros apoyando esta última etapa.
Jill sonrió satisfecha. Aun así su ceño se marcó al ver el semblante disgustado de Claire, algo le perturbaba los pensamientos. Y creerlo le dejaba una sensación de frustración. La pelirroja no podía estar volviendo al pasado, la oportunidad de cerrar las heridas estaba a un sí y pocos días.
Lo comprendía. Los fantasmas dolían, lastimaban y dañaban.
– Brindo por este día. – Claire alzó su copa con Adam a un lado. – Por un nuevo comienzo.
Rebecca sonrió. Casi se olvidaba del día en que hicieron un pacto silencioso los cuatro en su matrimonio. Pensó un momento las palabras de Carlos dándose cuenta en lo verídica que eran sus comentarios. Chris confiaba en ellos, se aferraba sin mayor problema. Casi no lo recordaba por su patología pero lo intentaban cada año hasta su actual confianza mutua.
Se extrañó al distinguir en los brazos del Bemford un pequeño bebé gorgojando palabras inentendibles. Les dio las gracias en silencio. El Bemford vestía un traje verde obscuro el cual asentaba su rubio cabello. Y Claire, en vestido rojo realzaba su pálida piel.
Estaba feliz como hacía tiempo no lo estaba. Quería llorar por igual, había alguien ahí que no vería a su compañera ser feliz.
– Debemos ir por él – Jill se paró de su asiento, Adam no se merecía ser niñero cuando debía sentirse pleno por lo cual salió en la búsqueda del mayor. La obscuridad reinaba el ambiente. Se abrió paso por los pasillos hasta detenerse. – ¿Chris?
– Me temo que no. – La persona sonrió. – ¿Acaso solo piensas en él?
– Carlos – susurró la rubia deteniendo su movimiento. El ambiente pesó incómodo y no sabía cómo proceder. Sentía rabia, molestia, enojo para desquitarse en cuestión de segundos. Respiró aire, necesitaba calmarse o de lo contrario crearía un ambiente tóxico para Claire y Chris odiaría verse involucrado en cosas estúpidas.
– Jill. – El ex miembro de Umbrella pasó la mano por sus cabellos. – Me alegra verte separada de él.
– Chris es mi compañero. – Alegó. – No voy a dejarlo.
Carlos se preguntó qué tan ciertas eran sus palabras. Jill destilaba seguridad. Demasiada para tener confianza en ella. Si, los había visto interactuar a lo largo de los años, no había nada más que la camarería y buenos tratos. Valentine solo se esforzaba por recuperar a su compañero perdido del camino. No le importaba del todo, él se encontraba casado y quería a Ingrid, ella había sido la primera persona en sacarlo del pozo. Aun así la amistad con Jill en Raccoon City merecía ser recuperada.
Alzó el rostro y le tomó el mentón. Si Hunnigan lo veía no había problema, comprendería sus intenciones de retomar lazos. Estaba pasando la barrera, lo reconocía, pero debía hacerlo.
– Deberías pensar en ti, Jill. – terminó por cerrar la distancia. La rubia sintió la ira recorrer su sistema. Inconexo, irreal, palabras que describían bastante bien la situación. Carlos nunca había hecho tales acciones en su tiempo de conocidos. Casi podía escuchar las maldiciones provenientes de los labios masculinos recalcándole su debilidad.
– No lo suficiente. – Si lo hacía, el Redfield caería, y le había prometido a Barry salir adelante.
– Jill – Carlos desvió el rostro. – yo…
– ¿Qué haces, Jill? – Los ojos grises contemplaron la silueta colérica del Redfield. Lo que menos quería al fin le pasaba factura. – Me voy.
Él avanzó hacia adelante. Frunció los puños. Jill no podía ser tan estúpida para volver a lo mismo. Ya habían peleado una vez, una segunda significaba el abrir de la grieta. El precio del pecador se pagaba con creces.
Se giró al sentir presión sobre su brazo izquierdo.
Jill cerró los ojos y estampó sus labios. Las bodas al parecer tenían ese efecto, la sensación de furia disminuía. El beso era tosco, poco hostil pero y se dedicó a no darle importancia cuando estaban podridos hasta el corazón
Las grietas al fin se habían roto completamente.
– Algo no está bien. – Sherry arqueó la ceja disgustada pero comprendió las palabras de Jake. Él seguía enojado al punto de no hablarle durante la recepción pero sus palabras sugerían algo. También comprendía, demasiada felicidad no significaba algo bueno.
– No lo está… Sorpresa. – Susurró una voz tras sus espaldas. Jake se giró antes de reconocer la silueta. La voz era idéntica, la maldita mujer responsable del fallecimiento de Barry Burton estaba en el lugar. Un objeto cayó sobre su cabeza perforándola, haciéndola sangrar.
Lo único que logró distinguir antes de caer en la obscuridad, fue el rostro de la Birkin preso en histeria.
Al fin lograban atraparlos.
La mujer sonrió sacando su móvil y tecleando unos números.
– Objetivo conseguido.
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– Es hora. – Murmuró detallando el cielo nocturno, avanzó entre las calles hasta llegar a la reunión matrimonial y al distinguir la seguridad sonrió con arrogancia sacando una pistola. Su segundo líder debía haber hecho su trabajo y era su turno de ajustar cuentas – Volveremos a vernos Redfield, Valentine.
Les disparó a los guardias.
Era su momento de presentarse.
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¡Hola! Si, sigo viva.
Lamento no haber publicado con anterioridad. Esta historia es una de mis favoritas y no pienso dejarla inconclusa, me demoré mucho tiempo en continuarla pero aquí la tienen, solo espero que no se hayan olvidado de ella. Intentaré seguir con el otro YDS.
Por otro lado, ahora se sabe por qué Jill y Chris odian las bodas XD todo parece calzar un poco de por qué hay tensión entre ellos y eso que aún falta….
¿Qué opinan de este capítulo? ¿Bueno? ¿Malo?
Comentarios, críticas y/o amenazas de muerte serán recibidas.
Por cierto, estoy editando los YDS así que no se sorprendan si hay alguna que otra cosa rara. Me decidí algo tarde, pero quiero darle algo de protagonismo al Shake.
Bien eso es todo, nos vemos en el siguiente.
Se me cuidan.
Fatty Rose Malfoy.
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