Fandom: Voltron: Legendary Defender

Pareja: Lotor x Keith (Keithor)

Clasificación: T (Adolescentes y Adultos)


La primera vez que lo vio en persona, bajaba de su nave mostrando las manos en un signo de rendición, justo antes de que Shiro esposara sus muñecas y fuera guiado por entre la gente, sus ojos, increíblemente azules y rodeados de un amarillo claro, encontrándolo en la numerosa multitud y manteniéndose en su rostro por un par de segundos innecesarios.

La segunda vez que se lo encontró, y que hubo algo más que contacto visual llevándose a cabo, fue cuando se estrelló con él en el Kral Zera después de intentar en vano desactivar todos los explosivos que él mismo había activado antes de saber que Shiro estaba ahí arriba.

Se había estrellado con él cuando su cuerpo había sido lanzado frente a la única salida que tenía al alcance, ambos rodando dolorosamente por el suelo y escaleras abajo.

No fue la mejor manera de acercarse, era claro. Pero tampoco fue como si hubiera querido acercarse en un principio.

—Estás mintiéndote, ¿sabes?—repetía la voz en su cabeza, la cual alejaba con una sacudida y un suspiro- En realidad quisieras tener las habilidades sociales para acercarte sin sentirte un inadaptado.

—Cállate.

—No recuerdo haber dicho algo.

Saltó de su lugar, volteando a la puerta y retrocediendo un paso al verlo parado en el portal, recargado en el marco con los brazos cruzados y una sonrisa torcida que le hacía saber que estaba ahí desde hacía un momento.

Entrecerró los ojos, reprimiéndose a sí mismo por haber hablado en voz alta al tratar de espantar sus pensamientos, y se cruzó de brazos en un gesto a la defensiva, viéndole separarse del portal y caminar hasta él con pasos tranquilos.

No se acercó lo que creyó en un principio, con su mirada demasiado atenta y curiosa de sus reacciones, y ladeó la cabeza un poco, haciéndole retroceder nuevamente. Esta vez le escuchó reír cortamente.

—Tranquilo, no muerdo—dijo con simplicidad, un brillo en sus ojos desapareciendo un momento antes de seguir—. A menos que estés interesado en ello.

Tragó pesado y desvió la mirada, las ansias carcomiéndole para que mirara hacia su boca, la pequeña promesa detrás de aquello revolviéndole el estómago.

—¿Qué quieres?—preguntó con más hostilidad de la que debería. Sí, no le agradaba la sensación que le provocaba estar cerca de él, pero seguía siendo alguien importante para la diplomacia de Voltron.

—Imagino que es bastante obvio a este punto.

Como si quisiera enfatizarlo, dio un paso largo hacia él, sonriendo cuando se obligó a mantener los pies pegados en donde estaba, causando que sus ojos le buscaran hacia arriba debido a la diferencia de alturas.

—¿Intimidarme?—arriesgó, porque era lo que sentía cada que las irises azules se encendían en algo que desconocía, porque era lo que sentía cada que sus espacios convergían en uno solo.

El pequeño bufido golpeó contra sus labios y los frunció en automático, ahora arrepintiéndose de no haber dado un paso hacia atrás.

—Supongo que no he sido lo suficientemente claro—comentó inclinándose un poco y suspirando, como si no pudiese retener el aire en sus pulmones-. O quizás eres inconsciente de mis intentos.

Frunció el ceño, desconcertado, y evitó morderse los labios para matar los cosquilleos que comenzaban a apoderarse de ellos.

—¿Intentos?—repitió intentando no mirar hacia abajo, hacia la boca que se acercaba a la suya con lentitud, pero su voz baja estaba muy consciente de ello— ¿Hablas de tus groseras miradas y comentarios de mal gusto?

Una ceja blanca se alzó en cuestión.

—Dudo ser yo el de los comentarios de mal gusto, Keith.

Resopló y se giró sobre su eje, hasta ese momento percatándose de la mano en camino a tomar la suya.

—Ahórrate los esfuerzos-dijo poniendo los ojos en blanco y caminando hacia la puerta de la sala, ahora seguro de que debía volver a la base de la Espada de Marmora si es que ese cretino iba a estar libre por el castillo—. No estoy interesado.

—Difiero—contestó con simpleza antes de que cruzara el portal—. Debo decir que estás, oh, muy interesado.

Resopló, irritado de que tuviese tanta razón.

Se topó con él unas cuantas veces más después de esa conversación, las miradas groseras manteniéndose por más tiempo cuando sus ojos se cruzaban, y los comentarios de mal gusto multiplicándose con sonrisas demasiado honestas y con doble filo.

Estaba harto de tener miedo de cortarse.

— ¡Keith!

Sus pasos detuvieron el trote de inmediato, volteando y quedándose mirándolo a pesar de las alarmas resonando en el hangar y pintando el ambiente de un rojo exaltante, los ruidos de toda la gente apresurándose a llegar a su posición de ataque y del pánico no acelerándole tanto el corazón como lo hacían sus ojos azul profundo llenos de algo similar al terror.

—Lotor—atribuyó sin saber que decir, el peligro ya golpeando la nave en la que estaban y haciendo temblar el lugar.

Le escuchó tomar aire a pesar de la enorme cantidad de ruido, y las grandes manos tomaron su rostro con cuidado, un pequeño beso siendo depositado en la orilla de sus labios.

—Lo siento—se disculpó en voz baja, pero podía oírlo con claridad por la cercanía—. Si no lo hacía ahora, quizás no podría...

Abrió la boca en una especie de regaño, pero las palabras murieron al encontrarle sonriendo con tristeza.

—Hay algo que sólo yo puedo hacer—le explicó con cuidado ante su silencio por el desconcierto, sus dedos acariciándole cariñosamente las mejillas a pesar de tener garras tan filosas que sabía que podían hacerle daño con sólo un poco más de presión. No obstante, el toque era demasiado delicado, y quizás...

El par de segundos que tardó en contestar y que de todos modos no finalizó encendió alarmas mucho más ensordecedoras en su cabeza.

—Lotor.

—Adiós, Keith.

No pudo reaccionar cuando lo vio alejarse apresuradamente a su nave, viéndola desaparecer entre disparos y estrellas.

No podía ser el final.

¿Cierto?