Disclaimer: Los personajes pertenecen a J K Rowling, Warner y vaya Dios a saber a quién más. Yo sólo me valgo de este mundo maravilloso para echar a andar mi imaginación.
Harry estaba a punto de acostarse, después de buscar infructuosamente a Hermione por todo el castillo. Para variar, no coincidieron en el desayuno y cuando le preguntó a Lavander y Parvati por ella, le dijeron que debió de levantarse muy temprano porque no la vieron al despertar. Luego fue a la biblioteca, la lechucería, cocinas, y nada.
En mala hora le prestó el mapa del merodeador a Seamus. Si quería encontrarse con su novia, que le enviara una nota y quedaran a una hora. Se lo pediría tan pronto como lo viera; aunque tendría que esperar a mañana, porque ya estaba cansado, y parecía que hasta Neville planeaba saltarse el toque de queda.
Recostado en las almohadas, recordó el consejo del extraño, bueno, Edmund. Que hiciera algo, antes de que las cosas fueran peores, sin importar cuán difícil pudiera resultar. Bien, nadie podía decir que no lo estuviera intentando, pero Hermione estaba resultando tremendamente escurridiza, y su siempre latente mal genio estaba a punto de explotar.
Por la mañana le respondió de muy mala manera a Dean sólo porque le estuvo haciendo preguntas acerca de cómo iba todo con Hermione. No tuvo que ser tan grosero; él y los otros chicos no hacían más que ayudarlo, pero su propia frustración estaba jugando en su contra.
Se sentía como si hubiera estado a las puertas del cielo y lo hubieran regresado bruscamente a la tierra. No había exagerado cuando le dijo a Hermione que besarla había sido la experiencia mas increíble de su vida, pero la actitud de la chica lo tenía desesperado.
Si bien en un primer momento creyó que actuó impulsivamente, de un tiempo a esta parte había empezado a replantearse las cosas. Es decir, Hermione le había correspondido; y siendo honestos, estaba seguro de que lo había disfrutado tanto como él. De acuerdo, salió corriendo luego, pero con todo y su inexperiencia, sabía que mientras duró ambos sintieron lo mismo. Pero ella podía ser tan cabeza dura. ¿Cómo hacerle entender que era ridículo ahogarse en dudas y perder tiempo precioso que podían pasar juntos? Tal vez no estuviera enamorada aún de él, pero mucho menos lo estaba del idiota admirador secreto. Si por lo menos le diera la oportunidad de hablar y no se la pasara huyendo.
Sus lamentos internos fueron interrumpidos por la entrada de Neville en la habitación. El chico se le quedó viendo algo sorprendido.
- Hola, Harry. ¿Qué haces en cama tan temprano? – preguntó mientras se quitaba la capa y la doblaba con cuidado para dejarla sobre un taburete.
- Neville, son casi las diez.- se limitó a responder Harry.
- Cierto, es algo tarde, pero podrías estar en la Sala Común. – acotó el otro chico.
- No tenía ganas. Prefiero estar sólo. Abajo hay demasiado ruido.- indicó Harry.
- Eso nunca te ha molestado.- mencionó Neville con inocencia, mientras sacaba su pijama.
- Pero ahora si, ¿de acuerdo? – contestó Harry de mal talante.
- Está bien, disculpa, no quise molestarte.- respondió el otro con frialdad, dirigiéndose al baño para cambiarse de ropa sin volverse a mirarlo.
Harry estuvo a punto de abrir la boca, pero en cuanto lo vio desaparecer tras la puerta, se golpeó fuertemente la cabeza contra el respaldar de la cama y cambió el semblante fastidiado por uno de arrepentimiento.
Pasados unos minutos, Neville regresó ya cambiado, se acercó a su cama para acostarse y mientras se quitaba las pantuflas y se metía entre las sábanas, lo ignoró olímpicamente.
- Neville, de verdad lo siento. Soy un estúpido.- rompió Harry el silencio.
El chico pareció dudar consigo mismo respecto a contestarle o no, pero al final su buen corazón ganó la batalla.
- No te preocupes, Harry. Sé lo tenso que has estado estos días. Yo puedo disculparte, pero no puedo hablar por los demás.- comentó el muchacho con simpatía.
- ¿Dean sigue disgustado?- preguntó el otro.
- Algo. Ya se le pasará, no es rencoroso.- lo tranquilizó Neville.
- Me he estado portando muy mal con todos ustedes. No creas que no me he dado cuenta, es sólo que no soy muy bueno disculpándome.- confesó Harry.
- Lo he notado. Pero basta con un "lo siento", como hiciste hace sólo unos minutos. Aunque en realidad sería mucho mejor que pensaras antes de hablar.- aconsejó su amigo.
- Ya lo sé.- reconoció suspirando el muchacho.
- Mira, Harry, la verdad no debes preocuparte mucho por nosotros. Todos conocemos el motivo de tu mal humor y procuramos no hacerte caso, así que no pienses que nos tienes en tu contra, porque es todo lo contrario, te apoyamos.- afirmó el chico con sinceridad.
- Lo sé, Neville. Lo han hecho todo el tiempo y yo no lo he valorado como debía. Por eso entiendo que ahora estén disgustados, tienen toda la razón.- mencionó Harry.
- Estás equivocado, Harry.- dijo muy seguro Neville.
- ¿En qué parte? – preguntó el otro desalentado.
- Ninguno de nosotros está disgustado contigo. Lo que ocurre es que nos hemos dado cuenta de que has llegado a un punto en el que tienes que actuar solo.- explicó el joven.
- ¿Cómo es eso?- se extrañó Harry.
- Es que obviamente has hecho algo relacionado con Hermione. No estoy curioseando, no te molestes, sólo te estoy explicando.- se apresuró a aclarar Neville.
- Tampoco soy una bomba, Neville. Lamento si les he dado esa impresión.- suspiró Harry, para seguidamente preguntar, interesado.- ¿Y a qué te refieres con lo obvio?
- Pues…por lo alejados que se les ve últimamente. Como tú la buscas y ella te evita. Algo tienes que haber causado eso, no es normal entre ustedes. Ron dice que él no sabe nada.- indicó Neville.
- Y es verdad. No he querido hablar del tema con nadie. Una manera más de alejar a mis seres queridos.- expresó el muchacho con sarcasmo.
- Tú no alejas a nadie, Harry. Sólo te hemos dejado tu espacio para que puedas estar tranquilo. Lo de esta mañana se le escapó a Dean, no pudo aguantarse.- sonrió Neville.
- Eso lo entiendo. Digo, el querer saber. Después de todo, me han apoyado desde el principio y de pronto me alejo y no les digo nada.- concordó Harry.
- Pero como te dije, todos vemos que algo ha pasado y si no quieres contárnoslo estás en tu derecho. Sólo espero que todo salga bien, todos lo queremos.- se apresuró a indicar el chico.
- Lo sé, gracias por entender. – dijo Harry con sinceridad.
- No hay de qué. Tú lo haría por cualquiera de nosotros.- respondió confiado Neville.
- Seguro. Aunque parece que soy el único al que se le hace tan complicado conquistar a una chica.- comentó Harry de mejor humor.
- Eso es porque te pusiste una meta muy alta. Seguro que con cualquier otra no tendrías tantos problemas.- bromeó Neville, acomodándose mejor en la cama.
- Pero es una meta por la que vale la pena luchar.- aseguró Harry, algo somnoliento.
- Sin duda. Seguro todo saldrá bien al final, Harry, no te preocupes.- indicó el muchacho bostezando.
- Eso espero. Bueno, gracias de nuevo Neville. Será mejor que durmamos, ya es muy tarde. Ojalá Filch no atrapé a los otros.- dijo Harry adormilado.
- No lo creo tienen; tu mapa.- le recordó su amigo.
- Es verdad. Lástima que es el único, ¿no sería genial que todos pudiéramos tener copias? – preguntó Harry, pero obtuvo como respuesta sólo un profundo ronquido.
El chico sonrió, agradeciendo mentalmente por contar con tan buenos amigos, y acomodando mejor las almohadas, se quedó dormido de inmediato.
La mañana del lunes, cuando Harry y Ron bajaron al Gran Comedor, vieron a Hermione sentada en la mesa de Gryffindor. Ambos se miraron con curiosidad, especialmente al notar que la chica aparentemente los vio y no salió corriendo como era lo acostumbrado últimamente. Parecía algo distraída, apenas si ladeó la cabeza en señal de saludo y continuó comiendo como si nada pasara.
Ron jaló a Harry a los asientos cercanos a la chica, para ver como reaccionaba, pese a la reticencia de su amigo, que si bien se moría por acercarse a ella, tampoco quería que fuera en plan de experimento; sin embargo, como siempre que se esforzaba, Ron se salió con la suya.
- Buenos días, Hermione.- dijo con despreocupación el pelirrojo.
La chica no contestó, sino que siguió masticando su tostada, pensativa, ante la mirada extrañada de los chicos.
- Esta chica nos va a matar. – Le susurró a Harry, para luego repetir con voz mucho más alta, que hizo voltear algunas cabezas - ¡Buenos días, Hermione!
- ¡Ah, hola Ron, Harry, buenos días! – respondió la chica saliendo del trance y esquivando la mirada en cuanto esta se encontró con la del chico de ojos verdes.
- ¿Se puede saber qué te tiene tan pensativa? – preguntó Ron sin poder frenarse.
- Nada en especial. Un trabajo que me tiene algo preocupada, aún no lo termino y está resultando un poco complicado. Es más, ahora mismo me iba para la biblioteca, tal vez madame Pince pueda recomendarme un buen libro. – contestó la chica muy rápido, al tiempo que se levantaba y reunía sus cosas de la mesa con tan mala suerte que golpeó su copa y el jugo fue a dar al mantel.
- No te preocupes, yo me encargo.- se apresuró a decir Ron, tomando una servilleta.
- No es necesario, tengo que hacerlo yo, es mi culpa.- contestó la chica, sin levantar la vista.
Harry no había dicho ni una palabra, tan sólo la veía fijamente y ella parecía notarlo, pues sus manos temblaban mientras sacudía una fuente y la alejaba de la zona empapada.
- Vamos, Hermione, ¿Cuántas veces me has ayudado a arreglar desastres peores? Ve a la biblioteca tranquila.- la calmó el muchacho.
- Está bien. Muchas gracias, Ron, nos vemos luego. Cuídense, los encontraré en Transformaciones.- dijo la chica, echándose la mochila al hombro y saliendo del comedor a toda prisa.
En cuanto la chica se fue, Ron dejó la servilleta con la que limpiaba, y volteándose en dirección a Harry, que seguía con la mirada el camino por el que Hermione se había ido, le gritó a voz en cuello sin importarle quien lo oyera.
- ¡¿Pero qué rayos estás esperando?! ¡Síguela! – vociferó.
Harry saltó en el asiento y poniéndose de pie, tomó también sus cosas para correr en la misma dirección que la chica, articulando apenas un "gracias" al viento y dejando a Ron refunfuñando.
- ¡Pero será posible! La persigue por todo Hogwarts hace días y cuando tiene la oportunidad no reacciona. Espero que como mínimo me haga padrino de su primer hijo.- soltó el pelirrojo sacudiendo la cabeza y tomando un pastel al que le pegó un mordisco airado.
Mientras tanto, Harry, ya fuera del comedor, se dirigió a la biblioteca tan rápido como le daban los pies. No tuvo que andar mucho antes de ver una melena castaña que se perdía en el siguiente corredor. Respiró profundo y apretó más el paso.
- ¡Hermione, espera, necesito hablar contigo! – dijo en cuanto estuvo casi a su altura.
La muchacha se detuvo apenas a mirarlo, contemplando sus zapatos.
- ¡Ay, Harry, no puedo! Lo dije en el comedor. Tengo muchos deberes y poco tiempo. Hablamos en otro momento, ¿bueno?- contestó la chica reanudando el paso.
- Creo que podrías separar unos minutos para mí. Es muy importante que conversemos.- insistió el chico, siguiéndola.
- Claro, claro, pero será después. Ahora no puedo.- afirmó ella, a punto de dar la vuelta al siguiente corredor en el que se encontraba la biblioteca.
En ese momento Harry pareció perder la poca paciencia que le quedaba, porque sin detenerse a pensar, la tomó del brazo y la arrastró en dirección contraria, ante la mirada atónita de la chica y de algunos estudiantes que por allí pasaban.
Para cuando Hermione salió de su estupor, se encontraban en un pasadillo solitario cerca de las cocinas. La chica reaccionó y sacudió su brazo hasta librarse del agarre del muchacho que la veía con expresión decidida, aunque ella no se quedaba atrás.
- ¿Pero es que perdiste el juicio? ¿Cómo te atreves? Con toda esa gente mirando. ¿Quién te has creído que eres? Escúchame bien, estás loco si piensas que voy a aguantar cada uno de tus arranques. Agradece que sea tu amiga y no reaccione como debería, porque ahora ya estarías inmovilizado. Ni se te ocurra volver a hacer algo así; y no me digas nada, voy a volver por donde me trajiste y tú puedes aprovechar que estamos por aquí para tomar un té, que buena falta te hace. – soltó indignada a punto de dar media vuelta.
Pero no pudo lograr su cometido porque Harry la tomó por los hombros sin darle tiempo a reaccionar y la besó como si la vida se le fuera en ello, sin la ternura de la primera vez, sino con la desesperación de quién ha esperado mucho por ello.
La chica forcejeó al comienzo, buscando alguna manera de liberarse; sin embargo, contra lo que esperaba empezó a corresponder el beso con las mismas ansias y rodeando el cuello del muchacho para acercarlo más hacia sí.
Se olvidaron de todo y de todos, de las dudas y las indecisiones; durante unos minutos sólo existieron ellos dos en ese corredor vacío con las pinturas como únicos testigos.
Cuando se separaron, ambos agitados y mirándose sorprendidos por lo violento de su reacción, se quedaron en silencio unos minutos o segundos, ninguno sabría decirlo con seguridad. Hermione iba a dar media vuelta para salir corriendo tal como hizo antes, sólo que esta vez Harry fue más rápido por unos segundos y pudo retenerla tomándola de la mano y sujetándola fuertemente frente a si.
- Esta vez no, Hermione. Ahora si vamos a hablar y vamos a hacerlo en serio. Puedo perseguirte por todo el castillo hasta que converses conmigo, no me importa, igual lo haré; o podemos hacerlo aquí y ahora. Tú decide - dijo el muchacho resuelto.
- Harry, yo…no sé qué hacer.- contestó la chica derrotada, ya sin intentar huir.
- Entonces esta vez decido yo. Vamos, ven conmigo.- afirmó Harry sin soltar su mano y guiándola hacia una puerta escondida cerca al cuadro de entrada a las cocinas.
En cuanto tocó el pomo, la puerta se abrió para mostrar una amplia habitación cubierta del piso al techo por anaqueles repletos de provisiones, utensilios y toda suerte de cosas de distinta procedencia. Al centro del lugar había una larga mesa, con varias sillas y cubierta por un viejo aunque limpio mantel.
- Aquí guardan los elfos los suministros para las cocinas y también lo usan cuando algunos de ellos quieren reunirse a conversar o a planear los menús. Dobby me lo mostró hace poco, por si quería tomar algo en medio de la noche y no lo encontraba. Olvidé mencionarlo porque él siempre está cuando lo necesitamos. - explicó Harry ante la cara de asombro de la chica.
Ella tan solo asintió, dejando de lado su desconcierto para acercarse a la mesa y ocupar una de las sillas.
- Está bien, Harry, tienes razón. No podemos estar así por siempre, es obvio que necesitamos hablar.- dijo la chica suspirando.
- Me alegra que lo reconozcas. Y sólo hizo falta que te arrastrara por medio Hogwarts.- mencionó el muchacho con ironía, tomando una de las sillas al lado de la que ocupaba la chica, pero sin acercarse demasiado.
- Sé que no lo he hecho fácil, ¿de acuerdo? No niego eso, pero entiende que necesitaba mi espacio para poder pensar.- dijo Hermione a la defensiva.
- Y está bien, pero no tenías que pasártela huyendo de mí todo el tiempo, sólo tenías que decirlo. Ponte en mi lugar, viendo como salías corriendo cada vez que me veías e inventando mil excusas para no hablarme. Has estado volviéndome loco, Hermione.- confesó Harry, claramente disgustado.
- Pero eso no te da derecho a portarte como lo hiciste. – reclamó la chica.
- Mira, lamento lo de hace un rato, no el beso, pero sí traerte para aquí de esa forma. Pero reconoce que no me lo pusiste muy fácil para andar con gentilezas.- se defendió Harry.
- Está bien, te perdono eso. Después de todo, creo que en realidad es el menor de nuestros problemas.- aceptó ella suspirando.
- Gracias.- respondió Harry sarcástico- Es… interesante que lo veas así.
- ¿Y cómo quieres que lo vea, Harry? Nuestra amistad está en peligro. No hay nada más grave que eso.- dijo muy seria Hermione.
- ¿De dónde sacas eso? ¡En peligro! ¿En peligro de qué? – preguntó el muchacho realmente extrañado.
- ¡En peligro de terminar, Harry! – contestó la chica con el semblante desolado.
- Hermione, escucha, no importa lo que pase, nuestra amistad no va a terminar nunca. Yo no lo permitiría. Como lo hice ahora, te seguiría hasta el fin del mundo para arreglar cualquier cosa que vaya mal. Lo que sea, podemos solucionarlo, pero no vamos a dejar que nada nos separe. – dijo el joven con fervor.
- Harry, eso es muy dulce. Pero debemos ser realistas. Lo dices ahora porque no sabemos que sucederá exactamente. ¿Y si lo que ocurre es demasiado grave como para que podamos volver a estar como siempre? ¿No has pensado en eso?- retrucó ella.
- Claro que sí. Y como te dije, por mi parte nada terminará con nuestra amistad. Esperaba que tú pensaras lo mismo.- mencionó él con voz desilusionada.
- No te confundas. Ese es el deseo de mi corazón, lo juro. Pero tengo miedo; tú sabes mejor que yo que lo que deseemos y lo que obtenemos no es siempre lo mismo. – Mencionó Hermione con tristeza.
- Nosotros estamos por sobre eso, Hermione. Te prometo que pase lo que pase; lo que tenemos ahora no permitiré que desaparezca, no puede desaparecer, ¿comprendes? Te lo juro por lo más sagrado. Lo único que hace falta es que tú también te comprometas a ello, ¿puedes hacerlo?- preguntó Harry ansioso.
- Sí, si puedo; porque te quiero mucho y no me gustaría perderte.- dijo la chica con voz entrecortada.
- Entonces así será. Nada ni nadie nos separará si nosotros no lo permitimos. ¿Prometido? – propuso el chico, extendiendo la mano con seriedad.
- Prometido.- acordó la chica estrechando la mano con fuerza.
- Bien. Eso me deja mucho más tranquilo, la verdad. Y nada de salir corriendo por miedo a enfrentar las cosas, ¿qué dices?- propuso el muchacho de mejor humor.
- Me parece muy buena idea.- aprobó ella algo sonrojada por la insinuación.
- Tenemos un trato, entonces. Ahora, ¿será posible que empecemos a ponerlo en práctica? Porque tenemos unos temas pendientes de los cuales discutir; el motivo por el que estamos aquí, en primer lugar. – le recordó él.
- Cierto. Bueno, vamos a ello.- contestó la chica decidida y más tranquila, invitándolo a hablar primero.
- De acuerdo. Esto va a ser un poco complicado. Tenme paciencia, ¿si?- pidió el chico sin saber por donde empezar.
- No tenemos clases hasta dentro de un buen rato. ¿Porqué no comienzas diciéndome qué es lo que sientes?- propuso Hermione, algo nerviosa nuevamente.
- Es que eso es lo más difícil de explicar. En realidad, no. Sino más bien hacer que lo entiendas. De acuerdo, puedo hacerlo. Sabes que pasé casi todo el verano en casa de Ron. – Recordó el chico y continuó ante el asentimiento de Hermione.- Todo el tiempo que estuve allí no pude evitar pensar en ti. En la falta que me hacías y lo mucho más que me divertiría si estuvieras con nosotros. Pensé que era normal, estoy acostumbrado a pasar mucho tiempo contigo, no creí que fuera nada especial, sólo te extrañaba.- empezó Harry.
- Yo también te extrañaba. Y habría estado allí, pero mis padres me pidieron que pasara ese tiempo con ellos.- explicó la chica.
- Eso está bien, yo entendí y Ron también. Y tampoco era la primera vez, pero nunca me había sentido de ese modo. Nunca deseé tanto tenerte cerca. Como te dije, intenté no darle mucha importancia, sólo esperaba ansioso encontrarnos en el Callejón Diagon. ¿Recuerdas lo raro que me porté entonces? – preguntó él.
- Si, claro. Creí que estabas disgustado por algo.- rememoró Hermione.
- Y lo estaba. O mejor dicho, desconcertado, confuso. Me dije que en cuanto te viera, todo volvería a la normalidad. Estaría feliz de estar de nuevo con mis mejores amigos, como siempre. Que te estuve extrañando tanto como me habría pasado con Ron. Entonces te vi, y caí en la cuenta de algo.- confesó el muchacho sonriendo.
- ¿De qué?- preguntó la chica extrañada.
- De que a Ron nunca he deseado besarlo.- contestó Harry, sonriendo aún más y luciendo algo avergonzado.
- ¡Oh! – sólo atinó a expresar Hermione.
- Sí, oh. Imagínate lo que pensé yo. Fue por eso que estuve todo el tiempo como en otro mundo, porque de cierto modo así fue. Estaba tratando de entender qué era lo que estaba pasando. ¿Por qué rayos me sentía así? Y contigo. No es que sea raro, eres preciosa, pero jamás te había visto de ese modo. Fue como si me dieran un buen golpe en el estómago. Y no dejé de sentirlo todo el tiempo, aún en el expreso camino aquí.- dijo Harry rememorando todo lo que pasó entonces y sintiéndose aliviado de poder compartirlo con quien él sabía que debió hacerlo desde un principio.
- Recuerdo que no pude evitar notar como te portabas. Con la mente sin saber en donde. Pero con lo del Premio Anual y otras cosas no te dije nada, pensé que luego se te pasaría o que en todo caso tú vendrías a mi cuando quisieras hablar.- comentó Hermione.
- No lo hice porque estaba confundido. Hasta te armé una escenita de celos cuando comentaste que habías ido a un baile. Disculpas por eso, por cierto.- comentó algo abochornado Harry.
- No te preocupes. Yo no lo vi así entonces, aunque ahora comprendo mejor tu reacción. Olvídalo.- dijo ella tensa, ante la sólo mención de ese recuerdo. No quería compartir con Harry lo que significó realmente ese baile para ella, no aún, no cuando tenía todas esas sospechas que la estaban carcomiendo. No era el momento.
- Como sea, en cuanto regresamos aquí traté de ver las cosas de manera más fría. No es que lo haya hecho muy bien, pero por lo menos logré esclarecer en algo mis sentimientos. Y si bien seguía confundido, por lo menos pude estar seguro de algo.- confesó el chico apenas respirando y fijando sus ojos en los de su amiga.
- ¿Seguro de qué?- preguntó Hermione con voz temblorosa.
- Seguro de que ya no te veía sólo como a mi mejor amiga. Te habías convertido en la chica que me gustaba y con la que querías pasar todo el tiempo posible.- reveló Harry.
- ¡Ay, Harry! – exclamó Hermione, trémula y sin saber qué decir.
- Espera, todavía no termino. Cuando me di cuenta de esto, me aterré. Esa es la verdad, me la pasaba suspirando en sueños. Los chicos casi me matan. Tuve que confesarles la verdad, ahora creo que en realidad lo hice porque necesitaba que alguien me ayudara y era muy cobarde para pedirlo.- explicó el muchacho.
- ¿Ellos saben esto?- dijo ella sorprendida.
- No te preocupes. Piensan que no podría tener mejor gusto y que sería el tipo más afortunado del mundo si tú me correspondieras.- se apresuró a decir Harry, temiendo que la chica se disgustase por su indiscreción.
- Eso explica porqué me han estado viendo tan raro últimamente. Había empezado a asustarme.- dijo la chica sin humor, levantando las cejas.
- Sí, bueno, la discreción no es su fuerte. Pero son buenos amigos, me han apoyado mucho.- los defendió con lealtad.
- Me alegra que no hayas estado solo. Pero, Harry, ¿Porqué mejor no me lo dijiste desde un primer momento?- dijo la chica.
- Lo intenté. ¿Recuerdas el día que te pedí que habláramos, y estuvimos a punto pero Ron intervino?- contó Harry.
- Ya, estábamos solos en la Sala Común y él llegó diciendo que necesitaba hablar contigo con urgencia.- rememoró Hermione.
- Sí. Lo que él quería era salvarme de pasar un mal rato. – explicó Harry.
- Por decirme lo que sentías.- trató de adivinar ella.
- No. En eso estaba totalmente de acuerdo. Lo que ocurrió fue que pensó que tú estabas interesada en alguien más y que si te decía acerca de mis sentimientos me rechazarías.- indicó el chico fijando la vista concentrado en el rostro de la joven para ver su reacción.
- Yo no estaba ni estoy enamorada de nadie, Harry. – expresó ella cortante, para desilusión del chico, que se incluyó automáticamente en el "nadie".
- No dije enamorada, dije interesada. Pero dejando eso por ahora, cuando Ron me dijo lo que suponía, yo decidí que no iba a quedarme de brazos cruzados. Quiero decir que me preparé para pelear. No me veas así, no iba a pegarle a nadie. Lo que intento explicar es que fue entonces, cuando la idea de que pudieras estar interesada en alguien más me vino a la mente, porque ni siquiera lo había pensado, que me di cuenta de que lo que sentía por ti era aún más fuerte de lo que había pensado. Los celos son horribles, no te los recomiendo.- concluyó Harry, tratando de poner algo de humor para evitar que la chica se espantara con su declaración.
- Harry, ¿fue por eso por lo que me enviaste ese muñeco para mi cumpleaños?- supuso ella.
- Y por lo que actué como un troll cuando llegó el otro regalo, sí. Fui un idiota, tú ni sabías de quién era, debí creerte desde el principio.- se disculpó Harry.- Es sólo que por un momento sentí como si de algún modo hubiera logrado avanzar contigo, que tal vez pudieras verme de otro modo y entonces pasó eso. Me porté muy mal.
- No, no fue así. Ahora comprendo porqué actuaste de ese modo, pero de verdad yo no sabía quién me había enviado eso. – dijo ella, sintiéndose mal por no hablarle de sus indagaciones.
- Eso lo sé bien, no te preocupes. Fui muy tonto, esa es la verdad. Pero creo que ya te he dado un informe cronológico y exacto de todo lo que he sentido, ahora viene lo que realmente importa.- dijo Harry, volviendo a tensarse.
- ¿Y eso es…?- preguntó ella cauta.
- Hermione, necesito saber qué es lo que sientes tú por mi- pidió Harry.
- Tú lo sabes. Te quiero mucho, siempre ha sido así.- respondió la chica esquiva.
- Lo sé. Pero no se trata de eso. Dices que no estás enamorada de nadie y supongo que eso me incluye, ¿verdad?- inquirió el muchacho, haciendo una mueca.
- Lo siento, Harry. Es sólo que…es tan extraño. Todo lo que has dicho me abruma.- contestó la joven con desesperación.
- Entiendo eso, tenía que arriesgarme. No podía seguir callando, tenías que saberlo.- dijo Harry.
- Y en cierta manera, lo agradezco. No actuaste del modo más normal, es cierto, pero yo tampoco te dejé muchas opciones.- reconoció ella.
- Hermione, sé que lo que voy a decir no va a sonar muy caballeroso, pero es algo que necesito que me contestes con honestidad.- indicó Harry, pasándose una mano por el cabello con nerviosismo.
- Adelante.- dijo tan solo la muchacha.
- Te he besado…dos veces. Y en ambas me correspondiste. ¿Eso no significa que tú tal vez sientas también algo más que amistad por mi?- preguntó Harry anhelante.
La chica se sonrojó violentamente ante el recuerdo y fijó la vista en sus manos entrelazadas sobre su falda.
- No tienes que contestar si no quieres. Fue una mala pregunta, sólo a mi se me podía ocurrir. Perdóname.- empezó a disculparse el joven.
- No, está bien. Tienes derecho a preguntar. Cuando me besaste, yo…no sé porqué respondí. Quiero decirte la verdad y es esa. Sólo me sentí tan bien que me dejé llevar.- confesó aún más ruborizada.
- Te sentiste bien. Eso es mucho mejor que nada. Significa que no estás molesta.- tanteó Harry.
- Confundida, desorientada, no tengo ni idea de qué es lo que voy a hacer. Pero no, no estoy molesta. Ya no, ahora que entiendo las cosas mejor; digamos que veo todo mucho más claro.- indicó la chica.
- Me alegra que no estés molesta conmigo y haber podido decirte todo esto, necesitaba hacerlo. De acuerdo, ¿y qué hacemos ahora?- se preguntó Harry.
- No lo sé. Tengo que pensar en lo que me has dicho y razonar un poco, analizar mis sentimientos.- contestó Hermione.
- Me parece justo. Escucha, no quiero apresurarte; estoy dispuesto a esperar cuanto haga falta hasta que tomes una decisión. Lo único que te pido es que mientras lo haces, no te alejes de mí. Comprendo que no podemos actuar como si nada hubiera sucedido, pero como te dije hace un rato, pase lo que pase no quiero perderte.- pidió el muchacho poniendo una mano sobre las entrelazadas de su amiga.
- Nunca lo harás, Harry. Hicimos una promesa, ¿recuerdas? Lamento haber actuado como una desequilibrada las últimas semanas; no debió ser así, fui muy injusta y cobarde. Vamos a hacerle frente a esto.- contestó decidida y regalándole una tímida sonrisa.
- Esa es mi chica. Figurativamente hablando, claro.- se apresuró a corregir el muchacho.
- De acuerdo. Así lo haremos, entonces. Sólo voy a pedirte un favor, Harry.- pidió ella.
- Lo que quieras- replicó rápidamente el joven sonriendo.
- La próxima vez que quieras hablar conmigo prometo no salir corriendo y tú promete que no me irás arrastrando delante de medio Hogwarts, ¿de acuerdo?- propuso Hermione, sonriendo también.
- Completamente. Ya he tenido bastante de persecuciones por ahora. – bromeó Harry.
- Definitivamente. Yo diría que para toda tu vida. Ahora, será mejor que vayamos a Transformaciones. Ron debe de estar preocupado.- comentó la chica poniéndose de pie.
- Es verdad. Por cierto, no debes molestarte si te bombardea a preguntas o nos ignora. Ya sabes que con él nunca se sabe cómo va a actuar.- indicó Harry, también levantándose.
- Creo que preferiría lo segundo, ¿sabes? – mencionó ella, mientras salía por la puerta que el chico sostenía abierta.
- Eso espero yo también. Puede ser tan curioso.- comentó Harry, en tanto andaban hacia la clase.
- Pero es un gran amigo.- acotó Hermione.
- El mejor que podríamos pedir. No sabes cuanto me ha aguantado.- contó, tomándola del hombro con delicadeza para que se detuviera en uno de los pasillos.
- ¿Qué ocurre? – preguntó la chica extrañada.
- Nada, tranquila. Sólo quería decirte algo antes de encontrarnos con los demás. Hermione, lo que te dije va en serio. Te quiero y voy a darte todo el tiempo que necesites para que aclares tus sentimientos; pero mientras tú haces eso, independientemente de lo que vayas decidiendo, voy a intentar que te enamores de mí.- declaró el joven, muy serio.
- ¡Ay, Harry! No quiero lastimarte.- susurró angustiada Hermione.
- Tal vez lo hagas y tal vez no. Estoy dispuesto a correr ese riesgo; lo vales. Sólo te lo comento para que no te espantes si hago algo que consideres fuera de lo común, no quiero incomodarte. Ahora si vamos a clase.- indicó Harry, reanudando el paso, seguido por la chica.
- Harry, no tienes que hacer nada. En serio, sólo necesito pensar.- dijo Hermione ya con voz serena.
- Y lo harás, no lo dudo. Oye, ¿tú crees que McGonagall me arme mucho lío si antes de ir para su clase me doy una escapada al comedor? Es que no desayuné y me muero de hambre.- dijo Harry, mirándola interrogante.
La joven se puso de puntas de pie y le dio un ligero beso en la mejilla para continuar su paso despreocupada.
- ¿Y eso porqué fue?- preguntó él, dándole alcance.
- Por ser tan maravilloso, Harry. Nada más.- sonrió ella.
- ¿Lo soy? Genial- contestó el chico entusiasmado.
- Sí, lo eres. Que no se te suba a la cabeza. Y ni sueñes que voy a dejar que llegues tarde a clases. Debiste pensarlo antes de salir corriendo. Ahora vas a tener que aguantar hasta el almuerzo. Realmente a veces eres tan irresponsable como Ron.- lo empezó a recriminar la chica, ya cerca del aula.
- Pero soy maravilloso.- acotó Harry, con una sonrisita burlona.
- Debí quedarme callada. Ahí está Ron, y tiene cara de querer hacer muchas preguntas. Trata de que mantenga la boca cerrada en clase, por favor. No sé cómo voy a hacer para aguantarlo.- pidió la chica, acercándose al pelirrojo, que los esperaba con ambas cejas alzadas en ademán interrogante.
- No prometo nada. – declaró Harry, pero haciéndole a una señal a Ron detrás de Hermione, para que guardara silencio.
Ron se les quedó viendo con sospecha, pero entendió el ademán de Harry y tras saludar amablemente a Hermione, le cedió el paso hacia el aula, pero detuvo a su amigo antes de que atravesara el umbral
- ¿Y bien? – susurró curioso el joven Weasley.
- Luego hablamos, pero creo que podría tener una oportunidad, Ron. De verdad lo creo. – alcanzó a decir Harry antes de entrar al aula y de dirigirse al asiento contiguo al de Hermione.
El pelirrojo sonrió ampliamente y lo siguió para sentarse detrás de ellos y revolverle aún más el cabello con ademán fraternal, ignorando el gesto exasperado y divertido de la chica.
- ¡Hombres! – alcanzó a decir ella, antes de que la profesora McGonagall llamara al orden y todos se concentraran en la lección, aunque algunos tenían parte de sus mentes bastante lejos de allí.
N.A. Muchas gracias a Alexa-Potter, como te dije, eres genial; y también a Alex, no te contesté porque no tengo ninguna dirección, pero igual gracias miles. También se agradece a quienes pasan por aquí, pero no dejan mensaje. Creo que el resto del mundo aprovechó los días festivos para irse de vacaciones, como mi musa. Acaba de volver, no me invitó y ni siquiera me cuenta por dónde anduvo. Estuve tan molesta por la falta de ideas que debe de ser por eso que Harry tuvo ese arranque; pero no le fue tan mal, creo.
Tengo muchas ideas pendientes que saltan en los momentos menos apropiados, pero poco tiempo lamentablemente. Quiero que Edmund actúe de una buena vez, y saber qué va a hacer Hermione.
De nuevo, por su atención muchas gracias y espero que me hagan llegar sus menajes y saber si esto les gusta para meterle más ganas. Nos estamos leyendo pronto. Muchos besos y bendiciones.
