Blaine llego a su habitación en Dalton, tirando todo lo que encontraba a su alcance; lagrimas caían sin control mojando su rostro y parte de su chaqueta. Se sentó en la cama en un gesto desesperado de mantener el control de sí mismo. Fallo. Cerró sus ojos, tomo su almohada y ahogo un grito de desesperación, todo le daba vueltas y sintió ganas de vomitar, aquello no podía estar pasando.

Abrió los ojos y enfoco la vista en el oscuro techo del cuarto, intentando pensar.

Iba a tener un hijo, un hijo de Kurt.

El recuerdo de las palabras saliendo de la boca de su ex novio arrastro a Blaine nuevamente a la realidad. El había sido desconsiderado con su el castaño, lo había corrido cual perro callejero sin darle oportunidad de explicarse, una vez más Blaine había hecho sentir mal a Kurt. Y ese pensamiento no hizo más que hacerlo sentir miserable, el podía seguir su vida sin siquiera recordarlo pero el castaño no tendría la misma suerte, el bebe crecería dentro suyo durante nueve meses y luego tendría que criarlo.

Blaine intento tragar la angustia que sentía, debía encontrar la forma de acercarse al bebe, no a kurt; porque el moreno tenía muy en claro que aquellas palabras que nunca debió escuchar tenían tanto poder como la persona que las dijo, y como tal poder iban a cumplirse. Debía acercarse a su hijo, únicamente.


Mercedes guardaba su último libro en su casillero, la tarde caía rápidamente y esa noche conocería a los padres de su novio, Sam.

Sonrió ansiosa al ver una figura alta y rubia aparecer en el pasillo. Mercedes estaba extrañada, ya que Sam los últimos días no había sido el de siempre, ya no hacia sus imitaciones y tampoco estaba bailando y hablando más de la cuenta, simplemente se sentía y se limitaba a oir la clase sin emitir ninguna palabra, y aunque mercedes a principio pensó que era algo entre ellos dos, rápidamente se dio cuenta que no era así. El rubio había escogido aislarse y mercedes aun no sabía porque.

- ¿Estas lista? – le pregunto a modo de saludo.

- El que me quieras presentar a tu familia, supongo que me pone nerviosa pero si… estoy lista – sonrió mostrando su brillante dentadura.

- Tonta, les vas a encantar… me eh hartado de hablarles de ti – susurro a su oído. Ella le sonrió y dejo que su novio le tomara la mano.

- …al menos en tu casa, si hablas – susurro mercedes para sí misma, mientras se dejaba guiar a la salida.

Al llegar al auto, Sam le abrió la puerta caballerosamente, mientras ella sonría complacida. Una vez dentro del auto, el rubio rodeo el vehículo y abrió la puerta trasera del mismo y tomo el regalo que había comprado.

- Para ti – dijo cuando se ubico en el asiento piloto. Ella abrió la boca asombrada y con manos temblorosas tomo el regalo, ella no estaba acostumbrada a recibir a menudo regalos, y si somos sinceros una de las partes favoritas de tener novio, para mercedes era esa; recibir regalos.

- ¿Qué será? – pregunto divertida. Sam la miro.

- Oh no tengo idea… es enorme – respondió siguiéndole el juego; ella lo miro y le dio un beso – ábrelo – le pidió. Ella con total paciencia, desenvolvió el regalo con cuidado de no romper la envoltura. Cuando todo el papel estuvo en sus manos, a mercedes se le iluminaron los ojos al ver aquel enorme oso de peluche frente a ella.

- Es hermoso – dijo susurrando.

- Como tu – le dijo Sam mientras arrancaba el auto. Ella abrazo su nuevo peluche, y pataleo como una niña.

- ¿Donde lo conseguiste? – le pregunto curiosa. La sonrisa de Sam decayó un poco, pero logro reponerse. Se encogió de hombros.

- Por ahí – se limito a responder, y juntos se adentraron al camino directo a la casa de los Evans.


Kurt estaciono la camioneta fuera de la casa, tal vez cuando su padre se enterara y quisiera golpearle podría salir corriendo y manejar otra vez; vio el auto de Rachel en el garaje y rodo los ojos. Esos dos parecen uña y mugre – pensó con pesar Kurt.

Bajo de la camioneta y camino por el porche con paso decidido, deseando ansiosamente que ese momento pasara de una vez. Escucho gritos desde el interior de la casa, bah que decir gritos… gritos de Finn.

Abrió la puerta y la escena lo aturdieron. Finn levantaba en su mano una pequeña fotografía que el conocía, Rachel estaba en una esquina y su padre, kurt abrió los ojos, estaba tranquilo.

- Tu sabias de esto – le grito Finn a su madre, ella lo miro sin alterarse. - ¿Porque siempre soy el último en enterarme de las cosas? – grito furioso.

- No eras el único – dijo serio kurt, dejando las llaves en la mesa de madera. Se acerco a la sala y los miro serios a todos, en especial a Rachel quien le susurro un "lo siento". Kurt la ignoro.

Burt miraba a su hijo con aparente calma, aunque por dentro este loco y desesperado.

- ¿Es verdad todo esto, kurt? – pregunto Burt mirando a los ojos a su hijo

Kurt, sentía que no podría sostenerle la mirada a su padre, pero debía hacerlo. Ya no era un niño, y tenía que afrontar las cosas.

- Si, es verdad… estoy esperando un bebe – dijo en vos fuerte y seria, tanto que hasta el mismo kurt se sorprendió. Burt bajo la cabeza negando, y el castaño temió lo que podría decir.

Finn respiraba furiosamente, y Carole tomo el brazo de Finn y Rachel, y se fueron a la cocina, padre hijo debían conversar.

Burt tomo asiento, con las manos sobre su cabeza.

Kurt, aunque estaba cansado prefería mantenerse en pie, como si estar parado mantuviera una cierta barrera para cualquier comentario que viniera de parte de su padre.

- No comprendo, kurt… yo te eduque bien – dijo en vos baja – o al menos creí que lo hacía – Kurt se acerco un poco a el, y lo miro.

- Sabes que no solo se trata de educación papa, tú me has educado bien -

- Pero… tu eres solo un niño – le dijo, mirándolo a los ojos, kurt se sintió desfallecer su padre estaba llorando

- Papa… yo ya no...- tomo aire- pero ahora….

- … ahora serás padre – termino.

- Exacto; y sé que será difícil pero…- Burt volvió a interrumpirlo.

- ¿Por qué no me lo dijiste? –

- Intente hacerlo, la otra noche en el patio, pero Finn y su estúpido partido y tu parecías mas interesando en festejar que en hablar conmigo …

- … te dije que no iría

- No hubiera valido la pena, tu mente no abría estado ahí – dijo Kurt, Burt se levanto y camino por la sala.

- ¿y tus planes? ¿Y NYADA? – le cuestiono Rachel levanto la cabeza ante la mención de la universidad y, Kurt hizo una mueca - ¿Que va a pasar con todo tu futuro? – le grito, Kurt comenzó a temblar.

- Tendrá que esperar… porque pienso quedarme con el bebe – puso las manos en su vientre, intentando de alguna forma protegerlo. A pesar de la situación, kurt se dio cuenta de que era la primera vez que hacia esto; y ver sus manos reposando sobre su apenas hinchado vientre, le hizo sonreír. – Papa, tú te casaste con mi madre a los veinte años y solo unos días después nací yo – le dijo.

- Eran otros tiempos – respondió el.

- No me vengas con otros tiempos, o que tu sabes más que yo por que hayas vivido mas – respondió molesto Kurt – eran solo unos niños y se casaron porque tenían un bebe en camino, nadie les puso objeciones y dejaron que se casaran sabiendo que era lo correcto, solo tenias tres años más que yo… no veo mucho la diferencia.

- Si, tienes razón, pero Elizabeth me tenía a mí… éramos una pareja. Tu ni siquiera estas con Blaine – Kurt ante ese comentario, tembló ligeramente y sus ojos se llenaron de lagrimas; burt sabía que había sido un golpe bajo, pero no pudo evitarlo.

- Tengo perfectamente asimilado que no estoy con Blaine, papa – comenzó kurt, hablando en voz baja, pensando muy bien las palabras que diría – Se que no quiere volver a estar conmigo y siéndote franco eso ya ni siquiera me importa. Él lo sabe, antes que repliques – se apresuro a decir, al ver a Burt abrir la boca.- y tampoco me importa si quiere o no al bebe, mi obligación termino con hacérselo saber. Lo único que ahora me importa es el, este bebe – volvió a tomarse el vientre – y saber que él estará bien….

- … Kurt…

- Papa no me interrumpas – pidió – se que la mayor parte de este mes, he intentado olvidarlo y hacer como que jamás sucedió pero no podía seguir así. Aunque me duela aun amo a Blaine y este bebe es lo único que queda lo que alguna vez fue nuestra relación; y no creas que me desharé de él. – Se sentó en el sillón -. Papa, solo te pido que me apoyes en esto… porque no podre hacerlo solo, necesito que todos me apoyen en mi decisión. Yo tengo que hacerme la idea de que mi vida va a cambiar, es decir ya está cambiando, hacerme a la idea de que mi vientre se inflara como el de ese enorme hombre que vi el otro día – recordó – y que a pesar de todo eso, en unos seis meses o quizás antes abra un bebe en esta casa – Burt miro seriamente a su hijo. Kurt se veía destrozado, temblaba y sollozaba incontrolablemente.- Serás abuelo, y yo un padre. – termino.

El castaño jamás se había sentido más aliviado que en esos momentos, por fin había podido liberar todas esas sensaciones abrumadoras que lo había instigado todo el mes. Burt, asintió levemente.

- No será fácil, kurt – dijo levantándose, y tomando los hombros de su hijo – Pero aquí estará tu padre para ayudarte – y lo abrazo.

Kurt sintió él en abrazo una enorme protección y compresión que hace semanas no sentía. Había temido tanto que su padre se decepcionara, y a pesar que aun pensaba que se sentía así; el castaño iba a demostrarle que podía volver a estar orgulloso de el, y de su bebe. Porque no había que negarlo más, estaba embarazado de casi tres meses y aunque hace solo unas horas había admitido que sería padre, el ya amaba profundamente a su hijo.


Kurt estaba sentado en su cama, cruzado de piernas cual indio, admirando en sus manos la ecografía de hace unas semanas.

Sintió tocar la puerta varias veces.

- Adelante – dijo en voz baja. La puerta se abrió dejando pasar a una Rachel afligida. – Rach – susurro y se levanto a abrazarla.

- Lo siento Kurt, lo siento tanto… soy una estúpida debí haberla guardado en mi casa, o…- Kurt la interrumpió.

- No lo sientas, yo no lo siento – le dijo – Tu has sido la única que me acompaño cuando me entere, de no ser por ti yo aun estaría pensando que tengo la gripe más larga de la historia – comento riendo – pero tú no, y me hiciste abrir los ojos – la miro – y no sabes cuánto te lo agradezco – volvió a abrazarla.

Ella lo miro, y sonrió al ver la ecografía en su mano.

- Finn la arrugo – se lamento tomándola e intentando borrar las arrugas. Kurt se encogió de hombros.

- Eso no importa, me hare otra en una semana…- Observo su preocupación – hablare con Finn, no puede estar molesto contigo, excepto conmigo – le dijo.

- No, no lo hagas… yo se lo oculte porque…-

- Yo te lo pedí – termino Kurt – y no pienso dejar que su romance se arruine por mi culpa – completo Kurt, y fue a recostarse en su cama.


El aeropuerto estaba como era habitualmente, atestado de gente. El debía sentirse acostumbrado, ya que viajaba muy a menudo pero siempre tumulto y movimiento de los individuos conseguía marearlo y hasta desorientarlo.

Tomo su pequeño bolso color marrón y lo cargo al hombro, sintiendo casi instantáneamente un pinchazo en el mismo; probablemente por la mala posición en la que debió haber dormido en el avión. Suspiro con cansancio y ajustándose el bolso al hombro, impidiendo que este se cayera; tomo con su mano libre su valija y se dirigió hasta la salida del aeropuerto. No había avisado a nadie que vendría, por lo que no le sorprendió que no hayan venido a esperarlo.

La fila de los taxis no era demasiado larga, y como el movimiento de los autos era rápido pensó que esperar unos minutos hasta que llegara su turno no iba a hacerle daño, y unos minutos era lo que necesitaba; porque aun no sabía que iba a decirle que excusa valdría la pena y el terrible pensamiento de como reaccionaria y a pesar de tener gran parte de la culpa, deseaba que no lo rechazara.

Los minutos se fueron como agua en sus manos y pronto se encontró sentado en la parte trasera del auto.

- ¿A dónde lo llevo, señor? – le pregunto el taxista. El joven lo miro unos segundos, pensando su respuesta. Suspiro y se acomodo en el asiento.

- Yo quiero ir a casa – susurro mas para sí mismo, aunque eso no impidió que el sujeto lo escuchara; y a juzgar por el desconcierto que se visualizo en el rostro del taxista, el joven le alcanzo un papel con la dirección anotada, y mientras el conductor ponía en marcha el auto, el chico se acomodo nuevamente en el asiento esta vez dejando descansar su cabeza en la ventanilla del mismo

Faltaba para llegar a destino, y el debía pensar en todas las posibles respuestas a las miles de preguntas y cuestiones que el sabia que vendrían. El auto se perdió en la carretera y el joven, en sus pensamientos.


Kurt comenzaba a sentirse mejor, y no solo emocionalmente, pues sus malestares físicos como los mareos, nauseas y los terribles vómitos habían comenzado a disminuir notoriamente, gracias a las pastillas que la Dra. Jackson le había recetado.

Rachel le había comentado que casi siempre luego de que una persona confesara estar embarazado/a a este le crecía de golpe el vientre; y el castaño no sabía si seguirle la corriente o reírse ante tamaña estupidez, aunque debía reconocer su vientre había crecido un poco más en este tiempo pero no tenia absolutamente nada que ver con decir la noticia, seamos lógicos por favor, estaba por cumplir tres meses.

A primera hora de la mañana del martes, el castaño ya estaba listo para partir hacia el instituto, no podía darse el lujo de volver a faltar pensó recordando la falta de ayer, estaba consciente que más adelante podría necesitar la falta, como para desperdiciarla porque sí. Su padre le había dicho que lo acompañaría, debido a su condición, debía poner al tanto a los directivos por cualquier evento que surgiera.

Al castaño le hubiera gustado que la conversación sea a solas, ya que no era un tema que le gustara gritar en todas los flechas de la rosa de los vientos pero la entrenadora Sue Sylvester casi había amenazado a Figgins si este osaba a echarla de la habitación. Kurt suspiro resignado. Cabe destacar, que Sue era conocida por sus comentarios bañados de acido y esta ocasión no iba a ser la excepción, en cuanto se nombro el tema del embarazo del menor fue la primera en abrir la boca, aun sabiendo que no era ella quien debía hablar.

- ¿Porcelana? – lo miro extrañada. Kurt se sintió ofendido ante el apodo. – En verdad te creía más inteligente – comento acomodándose en el sillón, negro.

- No le hable así a mi hijo – protesto Burt molesto.

El castaño, quien ya conocía los arranques de ira de su padre, respecto a él y en cuanto a su sexualidad se refiere, hizo un gesto con su mano restándole importancia.

- Papa, no le hagas caso es así con todo el mundo – dijo Kurt, mirando al director esperando que los bendiga con su intervención. Sue rió sarcásticamente, mientras frotaba su ya apenas visible vientre.

- Ya que tu también esperas un bebe, debo informarte que no eres el único… y déjame aclararte que mi hijo nacerá primero, y por lo tanto, será mejor porcelana – ataco Sue.

- Como si fuéramos a competir – gruño Kurt.

- Sue creo que es suficiente – acoto, Figgins. La invito a sentarse y a mantener la boca cerrada mientras el incómodamente se acomodaba su corbata, lo que al castaño le dio a entender que después de sus palabras, la entrenadora iba a tatuárselas letra por letra en su morena piel. El solo pensamiento le dio escalofríos – Sr. Hummel, puedo garantizarle que su hijo estará bien, pondremos en aviso a todo el cuerpo de profesores y todos incluyéndome estaremos supervisando de que su hijo se sienta bien

Decir que nadie se había impresionado era mentir, kurt tenía los ojos demasiado abiertos y a Figgins creyó que se saldrían de sus orbitas, burt por su padre mantenía un semblante serio, pero el castaño conocía a su padre y pudo sentir como su cuerpo se destensaba y aflojaba sus dientes; y Sue… bueno ella miraba la escena con algo de ironía. El dicho director por fin se puso los pantalones – Pensó Sue, con gracia. Ella tampoco iba a hacer algo para evitar que kurt se sienta bien, también ella tendría un bebe y aunque esperaba que el bebe de porcelana naciera con cara de calabaza, no iba a hacerles ningún daño.

Luego de que todo haya quedado claro, el contratenor lo único que deseaba era salir rápido de esa pequeña y abrumadora oficina. Para alivio del menor, el director acompaño a su padre hasta la salida del colegio; Kurt se levanto y salió al pasillo directo a su segunda clase – había perdido la primera en la reunión – estaba dispuesto a llegar a su casillero cuando una mano se apoyo en su hombro no muy delicadamente.

- No debes preocuparte porcelana – dijo Sue, mirándolo fijamente. – No dejare que te hagan daño – le aseguro. Kurt parpadeo incrédulo.

- ¿Qué? – esa palabra salió sin pensar de la boca del castaño, quien se sonrojo al instante – Bueno, gracias entrenadora – se apresuro a contestar. Ella asintió conforme.

- No puedes dejar que nadie te diga o te haga sentir menos… la única persona que puede…

- Si lo sé, yo solo puedo dejar que me dañen y…

- … no Sue Sylvester - corto ella; Kurt se sintió confundido – ahora vete y cuídate – le dijo, le dio media vuelta y lo empujo a la muchedumbre que comenzaba a asomarse al pasillo.


Cuando el timbre a medio día sonó, el castaño podría jurar que su estomago gritaba de hambre y cuando hablaba de hambre, hablaba de comerse como mínimo dos platos de puré de papas. Pensar en eso ultimo, casi hace babear al castaño quien se dio cuenta antes de que eso sucediera. Odiaba admitirlo, pero sentir tanta hambre lo asustaba hasta cierto punto, pasar de comer un plato de verduras hervidas para mantener su figura, a querer comer un montón de puré de papas, lo hizo perder la razón. Si sabia de diversas fuentes que era un cliché de todas las embarazadas comer demasiado, algunas exageraban pero ¿A quien le importa? El tenia hambre y comería así se cayera el mundo. Al parecer todo indicaba que su bebe no solo cambiara su vida, sino también su cuerpo.

Se había sentado en la mesa del coro, quienes solo por ahora estaban Mercedes, Santana y Britanny esta última movía con cuidado su huevo hervido temiendo que podría salir de su interior; kurt negó con la cabeza. Mercedes quien reía sobre vaya saber que, se detuvo a mirar el plato cargado del joven de ojos azules.

- ¿ Kurt piensas comerte todo eso? – pregunto asombrada Mercedes. Este la miro con el ceño fruncido, molesto por su pregunta.

- Tengo un poco de hambre – se limito a responder. Santana quien hasta hace unos segundos intentaba hacer entender a su novia que dentro del huevo no había ningún pollito, alcanzo a oír la contestación del chico.

- ¿Un poco? – comento mirando el plato – Cuando comas mucho, podrías servirte la cafetería - dijo sarcásticamente - ¿Donde quedo el… hay que comer liviano, las grasas se amoldan a tus caderas y te veras horrible? – dijo santana haciendo una perfecta imitación de la voz de kurt. Este último, se sonrojo violentamente y de no ser porque más chicos se acercaban a la mesa, ya hubiera hecho masticar cada una de las palabras. Estúpida latina – pensó.

La mesa se lleno de los integrantes del coro, y para kurt le fue fácil olvidar el incidente de recién.

Sam hacia imitaciones sobre los actores famosos que sus compañeras le pedían, todos en la mesa reían y disfrutaban del momento; todos menos Kurt.

El solo podía sentir enojo y decepción hacia el rubio, este sabia lo mal que el castaño lo había pasado luego de que Blaine lo hubiera abandonado y aun así ni siquiera tuvo el detalle de decirle por lo menos que había hablado con él, se lavo las manos como si no importara. Si Sam antes le había caído bien, ahora eso era pasado.


- ¿Profesor? – Llamo Kurt, mientras dejaba su bolso en el piano del salón. Will quien acomoda unos papeles de total desconocimiento del castaño, lo miro expectante. – Quería saber si podía decirle algo a todos, incluyéndolo – le dijo comenzando a sentirse nervioso, nuevamente.

- Claro, ahora los hago callar – le respondió con su sonrisa pintada en el rostro. Schue levanto las manos aplaudiendo para llamar la atención del resto del grupo, y pidió silencio – Kurt tiene algo que decir, escuchémosle – les pidió.

Finn quien había estado callado gran parte de la mañana y retraído a un costado del salón – a la otra punta de donde estaba sentada Rachel – lo miro con los ojos sorprendidos y el castaño solo pudo asentir y suspirar, y su hermanastro lo comprendió; iba a decirlo.

- Bueno, esto no es algo que me hubiera gustado comunicar ahora pero los sucesos me obligan – comenzó, y se obligo de dejar de temblar; lo peor ya había pasado, recordó. – Verán yo… tendré un bebe – dijo rápidamente, y mirando a todos esperando una posible reacción negativa.

El coro se sorprendió ante el comentario, pero ninguno movió un solo musculo luego de oírlo. No era la primera vez que alguien en el coro estaba embarazado pero que esa persona fuera Kurt, eso sí era sorprendente.

- Yo quiero decir que aun así seguiré adelante con el solo, se que al principio había optado por rechazarlo pero podre y quiero hacerlo… es mi último año aquí y debo vivirlo al máximo – termino, intentando embozar una sonrisa.

El señor Schue, quien fue el más sorprendido de todos, se levanto y abrazo a Kurt.

- Me alegra que lo hagas – le palmeo la espalda. El castaño sonrió por compromiso y asintió. – Sera un buen año, ya verás – le aseguro.

El resto de la hora, sus compañeros se la pasaron preguntándole como se sentía y que ataques había tenido. Obviando claro, nombrar a Blaine. Lo raro de todo fue que Sam fue el único que no se acerco a felicitar a su compañero, y es que el rubio pensaba que no había nada que celebrar… un bebe nacido fuera del matrimonio y aun peor fuera de una pareja, no era nada bueno. Y lo peor de todo es que el tenia algo de información, pero no podía decírselo a Kurt… no sin antes romper la promesa que aun mantenía en pie.

- Muy bien chicos, a sus lugares – bramo el profesor, poniendo orden en la sala. La mayoría de los integrantes, por no decir todos salió de alrededor de un asfixiado castaño y se ubicaron en sus lugares.

Kurt se levanto y se paro en medio del salón, sintiéndose de repente algo nervioso. El ensayo comenzó sin mayores contratiempos, exceptuando alguna equivocación de Finn o Puck; todo iba bien y bastante prolijo si querían la opinión del castaño. Una leve sonrisa se dibujo en el rostro del profesor, si, el lo sabía y había elegido bien.


El sol dio lugar a la luna y el manto nocturno se extendió sobre lima. El vecindario estaba tranquilo, lógicamente siendo pasada la media noche todas las casan reinaba la oscuridad y el silencio, en todas… excepto una.

La casa de los Hummel – Hudson, mantenía aun sus luces encendidas, y es que el castaño había estado repasando su solo, mientras volvía a observar la ecografía que hace unas semanas le habían tomado.

La puerta de la habitación de Kurt se abrió un poco, lo suficiente para que quien la abriera viera con claridad el interior del cuarto. Kurt quien estaba de espaldas mientras se movía al ritmo de la música, no se percato del ruido debido a sus audífonos a todo volumen puesto en sus oídos.

De no ser porque el oji – azul conocía las bromas a los que vivía sometido hubiera gritado, cuando vio en el reflejo del vidrio de su ventana, una figura alta que emergía desde la oscuridad del pasillo. Sonrió, quitándose los audífonos.

- Pasa Finn – dijo mientras dejaba su mp4 en la cama. El nombrado sonrió de medio lado y cerró la puerta detrás de sí. Saco de su bolsillo un paquete rectangular color blanco. Kurt arqueo una ceja.

- ¿Naipes? ¿Has venido hasta mi habitación para mostrarme una caja de naipes? – le pregunto divertido.

- De hecho - comenzó y se sentó en la cama donde estaba recostado el castaño – pensaba venir a jugar naipes… contigo – finalizo, y abrió la caja.

- Se ve que te gusta perder – dijo, doblando sus piernas y colocándolas cruzadas, mientras acomodaba unas almohadas a su espalda. Finn rio divertido, y repartió las cartas – a propósito, tienes examen mañana – afirmo. El mariscal se encogió de hombros.

- Lo sé, pero… una mente cansada no puede estudiar… me levantare mañana una hora antes y lo repaso – dijo, mientras tiraba dos cartas al centro. Kurt levanto una, y tiro otra nuevamente. Finn frunció el ceño – Si que sabes jugar – comento.

- Quiero ver eso de levantarte temprano – le dijo. Y corto con una última carta. Finn lanzo las cartas a la cama, fingiendo estar molesto. Kurt rio al ver el gesto, pero rápidamente se puso serio. – Finn hay algo de lo que quiero hablarte.

- ¿Sobre qué?

- Sobre Rachel. – dijo. Finn, aflojo el semblante y lo miro serio. Algo le decía a Kurt, que no iba a ser fácil hablar de esto.


Pueden matarme, no pondré resistencia.

Debo confesar que al principio, quise seguir actualizando diariamente. Pero tuve un terrible bloqueo mental, que me detuvo por dos días y luego cai enferma. Y aun sigo enferma; no entrare en detalles, pero solo les dire que a veces me impide sentarme a escribir como lo hacía antes. – tengo que usar un cuaderno y luego pasarlo a máquina – es todo un lio, pero no me importa. Ustedes me alientan a seguir más y más. No creo que tarde una semana en actualizar, pero si unos días. Lamento no responder a sus comentarios en este capítulo, pero para el próximo prometo responder a todos. Gracias por leer y desde ya agradezco sus nuevos comentarios. Mar