NUEVA PROVIDENCIA
Elda quedó abrumada por la actividad que había en el puerto de la isla. Un ir y venir de mercancías de todos los tipos, la mayoría robada de barcos mercantes, era descargada en la arena y luego transportada en carros hacia los almacenes del Gobernador, donde allí su hija que ahora se ocupaba de los negocios, valoraba y tasaba la mercancía para luego venderla.
Esos negocios fraudulentos eran los que Thomas quería erradicar. Eleanor Guthrie compraba la mercancía robada por los piratas y luego la vendía como mercancía más o menos legal. Había intermediarios, contactos y cargos sobornados para que así fuera, Nueva Providencia era hogar de piratas y su capital, Nassau era el centro de su actividad comercial, defendida desde lo alto de la colina por el Fuerte Nassau, protegiendo la bahía y la entrada al puerto, era casi inexpugnable, los barcos británicos no se acercaban, pues temían los cañones del fuerte, que controlaba el capitán Benjamin Hornigold.
Flint encontró a Eleanor en uno de los almacenes, estaba regateando con un vendedor el precio de unos toneles de brea. Cuando vio el semblante serio del capitán supo que tenían que hablar. Flint le hizo un gesto con la cabeza y ella lo siguió, los dos se dirigieron hacia la oficina de la mujer en silencio.
- Lo he encontrado.- Dijo Flint tan pronto Eleanor cerró la puerta tras de sí.-Ella lo miró asombrada.- Pero no hemos podido hacernos con el botín, un barco español se acercaba y el Walrus estaba muy dañado como para entablar batalla.
- Una lástima.- Dijo ella mordiéndose el labio inferior
- Desde luego.- Estaba furioso.- Si me hubieses conseguido los cañones como me prometiste habríamos tenido una oportunidad
Ella lo miró desafiante.
- Sabes que no fue culpa mía, el capitán Hornigold se hizo atrás en el ultimo momento, es a él a quien tienes que agradecérselo.- Le replicó.
El maldijo por lo bajo.
- Lo tenia tan cerca.- Se lamentó él.- Supongo que la misma tormenta que nos sorprendió a nosotros los arrastró a ellos a embarrancar en la playa, la arena brillaba por el oro...lo he tenido tan cerca.- Repitió y acompaño sus palabras de rabia con un fuerte golpe de su puño cerrado sobre la mesa de la mujer.
- Habrá otros barcos Flint.- Intentó tranquilizarle ella, pero sabía que no como el Urca
El la miró malhumorado.
- Con ese oro podríamos haber hecho de Nassau una ciudad mejor.-Dijo.- Como hubiese querido Tom.- pensó para si.
Eleanor lo miraba, ese contratiempo a ella también la había decepcionado, contaba con ese oro para encararse con su padre, quería apartarse de él, llevar sus propios negocios sin su intromisión, ese oro le hubiese dado la independencia. Tenia la confianza y el respeto de sus clientes, pero aún estaba bajo la sombra de su padre, pero como buena luchadora que era, no se iba a amedrentar por ese revés. Habría otras oportunidades.
- El Walrus esta dañado, necesita reparaciones y mis hombres están disgustados, no hemos conseguido nada en este viaje.
- Tu sabrás calmarlos, tienes labia para ello.- Le dijo la mujer.- Y tienes a Billy, a él seguro que lo escuchan, habla con él, el podrá convencer a la tripulación de que habrá más botines.
El la miraba de reojo. Cuando quería Eleanor era una mujer fría y calculadora. Su mente trabajaba rápido, y sabia ver cuando un asunto o negocio era beneficioso o no.
- Lo del Urca ha sido un revés, es cierto, pero tendrás que seguir haciendo lo que mejor sabes hacer.- Le miró con detenimiento.
- No dudes en que lo haré.- Le contestó Flint desafiante y luego se fue, dando por finalizada la conversación.
Mientras, Elda se estaba maravillando con el ambiente de la ciudad, había gente de todas partes y de todas las razas, pese a que la mayoría de sus habitantes tenia una procedencia algo dudosa, no pudo evitar sentirse embargada por el movimiento del lugar. Hacia mucho tiempo que no se dejaba llevar,que no tenía contacto con el mundo, y ahora que estaba allí, en medio de Nassau, el centro de la Bahamas, se alegraba de haber tomado la decisión.
Solo bajar del barco, Flint la había dejado explicándole que tenia que hablar con Eleanor y que luego se verían, los hombres que tenían permiso para desembarcar habían ido directamente al burdel, a gastarse lo poco que les quedaba en los bolsillos en ron o vino y alguna mujer. Flint había ordenado a algunos de sus hombres quedarse en el barco como centinelas, ordenó a Billy que organizara turnos entre la tripulación para que todos pudieran bajar a tierra a desahogar sus instintos más primarios y que organizara los turnos de trabajo para el día siguiente, ya que a primer hora ordenó que todos los hombres estuviesen en el barco pues tenían que empezar las reparaciones para poder hacerse de nuevo a la mar.
Como buen comandante que era, Flint sabía que debía dejarles algo de espacio para que se desahogaran, pero tampoco mucho porque tener demasiado tiempo libre les podía hacer pensar en su situación y dar paso a ideas poco convenientes.
Desde que habían subido a bordo del Walrus, Elda y Billy apenas habían hablado, se habían visto en el camarote del capitán cuando éste le puso al corriente de la situación con el Urca de Lima, y le dio instrucciones para que una vez más mediara entre el y la tripulación, que como era natural estaba descontenta y necesitaba ser calmada. Y Elda se había pasado el resto del viaje en el camarote de Flint, poniéndose al día de lo sucedido mientras Billy en cubierta no dejaba de mirar hacia el castillo de popa, esperando ver salir a Elda muerto de curiosidad. Luego habían llegado a la isla y los quehaceres que tenia asignados como contramaestre lo habían tenido ocupado.
Fue a la hora de comer que la vio de nuevo, Billy entraba en la taberna cuando entre la gente le pareció ver a la chica, estaba sentada en una mesa de espaldas a él, se hizo paso entre el gentío para acercarse a ella, estuvo a punto de llamar su atención pero entonces se percató de que estaba con Flint, los dos se habían levantado y se dirigían hacia las estancias que el capitán tenia alquiladas en la casa de Eleanor. Billy se quedó allí de pie, sobresaliendo del resto de los clientes, decepcionado. Con un suspiró de dirigió hacia la barra y pidió algo para comer.
- ¿Que vas a hacer?.- Le preguntó Elda a Flint. Estaban sentados en un cómodo sofá delante de la puerta del balcón de su habitación, los dos tenían un vaso de ron en la mano y miraban hacia el mar.
- Arreglar el barco y volver a por el Urca, por el camino abordaremos todos los barcos que veamos, y si tenemos suerte, cosa que dudo, llegaremos al Urca, si no, tendré que seguir haciendo lo que llevo haciendo estos 10 años.
- Asaltar barcos.- Contestó ella.
- ¿Te molesta a lo que ahora me dedico?.- Le preguntó el.
- Bueno, la opinión que tengo de los piratas no es muy imparcial, solo conozco a Barbanegra y sus hombres, de los que no tengo un especial buen recuerdo, y ahora a ti.
- ¿Crees que me equivoco con lo que hago?
Elda lo miró pensativa, tardó un rato en contestar.
- No soy nadie para juzgarte, conozco los motivos y los entiendo, y como ya te dije no se si es la mejor manera de cumplir el sueño de Thomas, no lo creo.- Vio como Flint iba a replicarle algo airado, pero lo detuvo con la mirada.- Pero en la situación en la que te dejaron no creo que tuvieras mucha elección.
Este sonrió y levantó la copa en dirección a la chica.
- Te has vuelto muy cascarrabias y malhumorado James. Enseguida te enfureces, he visto que eres muy inflexible.
- Es la única manera que tengo para hacerme respetar y temer, es como debe ser un capitán pirata, puedes acusarme de ser exigente, pero no podrás acusarme de maltratar a mis hombres, hay muchos capitanes que son crueles con su tripulación sin ningún motivo.- Se defendió el.
- En eso te doy la razón, recuerdo lo cabrón que era el almirante Hennessey con los marineros, y con sus suboficiales.- Flint asintió recordando sus años en la Royal Navy.
El hombre que había conocido en Londres y con el que había viajado por Oriente, no era tan furibundo como el hombre que tenia ahora ante ella. Era cierto que siempre había sido una persona circunspecta, responsable y que se tomaba su trabajo con seriedad, pero era un joven más divertido y alegre, sobretodo desde que conoció a Thomas. El drama personal que había vivido, la perdida de todo lo que quería le habían agriado el carácter. Elda vio la obsesión en la tarea que se había asignado, y las obsesiones podían ser peligrosas, podían arrastrar a los que estuvieran cerca a un desastre.
- Si, lo entiendo.- Asintió ella.- Pero estar siempre con ese humor debe de ser agotador.- Lo miró de reojo, atenta a su reacción. El no la miró, como había visto que hacia, frunció el ceño y miro hacia el mar.- Deberías intentar relajarte un poco.- Insinuó con una sonrisa.
El se giró hacia ella, su rostro serio, a punto de responder con algún comentario mordaz, pero entonces su rictus cambió, le sonrió y esa sonrisa se reflejó en sus ojos. Entonces vio como suspiraba profundamente y su cuerpo de relajaba, entrevió al antiguo James y en recuerdo al hombre que fue y a la estima y cariño que le tenía, se propuso ayudarle a encontrar la calma y la serenidad, a intentar recuperar al James McGraw que había conocido.
- Quizá tu puedas traerme un poco de paz.- Le dijo el como si le leyera los pensamientos, girándose hacia ella le cogió la mano, sus ojos seguían sonriendo y eso llenó de esperanza a Elda.
- Si me dejas que lo haga, lo intentaré.
- No va a ser fácil, delante de mis hombres no esperes que cambie. Pero cuando estemos juntos y a solas, me gustara recordar viejos tiempos, y que me cuentes donde te has escondido todo estos años y como ayudaste a Bones.
- Sera un placer James.
Éste asintió sin soltarle la mano.
- Tendrás que acostumbrarte a llamarme Flint o Capitán.- Le recordó él.
- Me gusta más James, pero así lo haré, pero solo cuando estemos en público, cuando estemos solos serás James.
- Hacia tanto tiempo que nadie me hablaba de esta manera, tan familiar, tan afectuosa.- Cerro los ojos.- Me gusta oír de nuevo a alguien a quien quiero decir mi nombre, quizá algún día vuelva a ser alguien parecido al James McGraw que tu conociste.
Se hizo el silencio entre ambos, sus pensamientos parecieron perderse en el horizonte donde el sol empezaba a descender. Sin darse cuenta la tarde había pasado como un suspiro, y pese al desastre con el barco español, su estado de ánimo no era tan malo como cabría esperar, incluso podría admitir que se sentía bien, miró a Elda, ella también tenia la vista perdida en el horizonte, y sonrió, quizá su suerte empezase a cambiar, quizá su llegada, ese insólito reencuentro fuese una señal.
Ella le miró y le dijo:
- "No puedes evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que anide en tu cabellera".- Le dijo.- ¿Recuerdas a Chen Zhōu y sus proverbios?.
Entonces Flint empezó a reír, en su cabeza se había formado la imagen del viejo maestro chino que habían conocido en su viaje, un hombre arrugado y de poca estatura, pero fuerte y ágil como una caña de bambú, siempre tenia a mano algún proverbio que soltaba en tono solemne con un ingles deficiente.
La risa de Flint era franca y sincera y la contagió a su interlocutora. Esa risa era como el vapor saliendo de una olla a presión. Los dos evocaron agradables recuerdos de ese época, recordando al anciano.
- Había olvidado al viejo maestro - Dijo Flint con los ojos brillantes.
En ese momento alguien llamó a la puerta y entre carcajadas Flint lo hizo entrar. Billy apareció perplejo en el umbral, mirando a su capitán y a Elda, este le indicó que se acercara y el contramaestre así lo hizo. Flint seguía con la mano de Elda entre la suya.
- Pasa Billy.- Le dijo su capitán calmándose.- Como puedes ver tu capitán también sabe reírse.- Y Billy se quedó sorprendido por el comportamiento de Flint ya que no estaba acostumbrado a que estuviera de tan buen humor. Entendió que semejante cambio se debía a Elda, estaba seguro, y el peso en el corazón pareció hacerse mayor.
Flint se puso de pie y se acercó a su contramaestre.
- Capitán he venido a informarle de que los turnos de trabajo ya están programados, he hablado con los carpinteros y los calafateadores, podrán empezar las reparaciones mañana a primera hora.
- Muy bien Billy.- Le contestó Flint ya totalmente calmado.- Ahora ves a descansar, mañana sera un día duro.
- Capitán, respecto al oro español, ¿que intenciones tiene?.- Le preguntó sin rodeos.
El semblante de Flint volvió a ponerse serio.
- Lo hablaremos más adelante.
- Perdone que insista, pero lo hombres están descontentos por no haber obtenido ningún botín, sus bolsillos están vacíos capitán.
Flint suspiro y miró a Elda.
- Lo ves, ni un minuto de descanso.- Le dijo mostrando algo de su antiguo buen humor.
- Tranquilo Bones, lo solucionaremos, abordaremos tantos barcos que les faltará tiempo para gastar sus ganancias.- Le contestó el capitán acompañando al joven hacia la puerta y cerrándola tras él.- Luego se giró hacia Elda que se había levantado del sofá.- ¿Y tu estas segura de quererte unir a esta panda de delincuentes?
- Desde luego, esta vez es por voluntad propia, nadie me obliga.
- Ahora mismo no tengo muy claro si podré cumplir con la promesa que me hice de conseguir el sueño de Thomas. Quizá pasemos el resto de nuestras vidas en el mar, como piratas.
- Ya he estado sola durante 10 años, me he estado marchitando por dentro sin darme cuenta, quiero estar contigo, volver a navegar, no quiero pensar en el futuro, seguiré las ordenes del Capitán Flint.
Flint asintió orgulloso.
- Informaré a Billy de que te unes a nosotros, que serás una más de la tripulación. Colgaremos otro coy en mi cabina.
- ¿Que puesto tendré?.- Le preguntó ella
- Tienes mucha experiencia en el mar, a parte de saber idiomas y defenderte muy bien.- Le dijo él.- Pero necesitamos un médico, y si no me falla la memoria, recuerdo que no se te daba mal.
- En estos 10 años he perfeccionado mis dotes de médico.
- Pues no se hable más, tienes el cargo de matasanos. Anda, ve a divertirte un poco, quiero estar solo, tengo mucho en lo que pensar.- Elda salió de la habitación después de darle un beso en la mejilla, el iba a decirle algo, pero la chica lo corto.
- Si, ya lo sé, a partir de mañana solo eres mi capitán, el temible Flint,nada de confianzas delante de la tripulación.- Y diciendo esto le guiñó el ojo y bajó a la taberna.
Encontró a Billy sentado solo en una mesa apartada del bullicio con una botella de ron y un vaso. Estaba absorto, mirando el fondo del vaso que no se dio cuenta de su presencia.
- ¿Está ocupada o puedo acompañarte?
Su voz lo cogió por sorpresa, dando un respingo derramó parte del ron del vaso sobre la mesa de madera.
- Perdona, no pretendía asustarte.- Se disculpó ella que seguía de pie, esperando la repuesta de él.
- Oh, adelante siéntate.- La invitó por fin.
- ¿Que haces aquí solo, porque no has buscado compañía?.- Le preguntó ella
El carraspeó y se sonrojó.
- Lo siento, siempre he sido muy directa, es un defecto que tengo.
- No pasa nada,la verdad es que solo tenia ganas de descansar un rato, mañana sera un día duro.- Se explicó él.- ¿Tienes hambre, quieres cenar?.- Dijo cambiando de tema.
- La verdad es que sí.- Un rugido de sus tripas acompañó sus palabras.
- Ya veo.- Dijo el sonriendo.
Llamaron a la camarera y encargaron la cena, Elda pidió una jarra de cerveza.
- Me gusta más la cerveza que el ron.- Dijo encogiéndose de hombros.
Mientras esperaban la comida se hizo un silencio algo incómodo. Elda sabía que Billy tenia muchas preguntas, pero no quería ser ella quien sacara el tema.
Por fin llegó la cena y empezaron a comer. Billy por fin se decidió:
- ¿Desde cuando te conoces con Flint?
- Bueno, la ultima vez que nos vimos fue en Londres hace 10 años.- Billy parecía esperar una respuesta más amplia, pero ella siguió comiendo sin decir nada más.
El la miró esperando.
- Billy hay cosas que no te puedo contar, pertenecen al pasado de Flint y solo él puede hablar de su vida pasada.- Hizo una pausa ante la mirada decepcionada del chico.- Tu antes de ser Billy Bones, contramaestre del barco pirata Walrus, eras otra persona ¿verdad?, y supongo que todos tus amigos y compañeros del barco no nacieron como piratas, algo o alguien os llevó a convertiros en lo que sois ahora.
El chico asintió.
- Pues Flint igual.- Dio por terminada la explicación pero Billy no se quedó satisfecho.
- Vamos Elda
Ella negó con la cabeza.
- Vale, ¿pero de ti si que puedes hablarme no?.- Intentó él.- A parte, tenemos una conversación pendiente.- Le recordó.
Ella suspiro y dejando el tenedor en el plato le sonrió, a Billy le gustaba esa sonrisa, y supo que lo había conseguido.
- Bueno, ya te explique que mi padre era francés y mi madre inglesa. Mi padre era comerciante, cuando yo nací el estaba de viaje, viajaba a lugares lejanos, hacia oriente y esos viajes podían durar años. No lo conocí hasta que no tuve 10 años. Cuando el llegó, mi madre había muerto hacía 3 y como no tenía familia ni nadie que respondiera por mi, me internaron en un hospicio.- Hizo una pausa para beber un trago de cerveza.- No se había enterado de la muerte de mi madre, pero tan pronto supo donde estaba vino en mi busca. No quería dejarme al cargo de nadie, se sentía culpable, eso me lo dijo cuando yo ya era más mayor, decidió llevarme con él.
- Para una niña tan pequeña debió de ser muy duro,la vida en un barco no es fácil.- Intervino el chico
- Desde luego, pero para mi fue una aventura. No negaré que fue duro, pero fue lo mejor que podría haber hecho por mí, de verdad. En ningún momento me trató como a una niña, con el aprendí a defenderme, aprendí navegación, mi padre tenia una tripulación de lo más variada, y entre todos cuidaban de mi y aprendía de todos ellos.
Billy bebió un trago de ron y asintió con la cabeza, intentó imaginarse la vida de una niña de 10 años en el mar, en base a su propia experiencia ya como muchacho.
- ¿Y quien te enseño a ser matasanos?.- Le preguntó con interés Billy
- Mi padre había contratado a un médico, si ya se que no es lo habitual.- Contestó al ver la cara de sorpresa del chico.- Pero mi padre no era para nada un hombre corriente.- Sonrió al recordarlo.- También aprendí técnicas curativas orientales.- Billy asintió impresionado.
- Tu vida ha sido increíble. - Dijo el chico y Elda le sonrió.
- Si, desde luego, viajamos mucho durante años. Yo aprendí lenguas extranjeras que me ayudaron con los negocios de mi padre. He visto cosas increíbles, culturas que ni siquiera sabes que existen.- El rostro se iluminó ante tales recuerdos, Billy la escuchaba con una sonrisa en los labios. - Todo lo aprendido no solo me sirvió para trabajar con mi padre,- continuó,- la Royal Navy me contrató para hacer de guía en una expedición a China en busca de te. Escoltábamos a un barco mercante, el...
En ese punto de su explicación,Billy la interrumpió asombrado
- ¿Me estas diciendo que has sido guía en un barco de la Marina Real Inglesa?
Ella asintió encogiéndose de hombros.
- Primero fueron reticentes a contratarme por ser mujer, pero pocas personas han estado en oriente, me necesitaban y acabaron aceptándome.-Hizo una pausa para llevarse el tenedor a la boca.
- Has navegado con la Royal Navy.- Repitió el chico en voz baja.
- Si, y no fue una de las mejores experiencias de mi vida.- Contestó ella con seriedad.
- No me extraña.- Contestó él comprendiéndola, la vida en esos barcos era muy dura y sus comandantes llevaban la disciplina y la rectitud más allá de lo aceptable.
- No todo fue malo.- Continuó ella al recordar que en ese viaje conoció a James, pero eso no se lo contó a Billy.- Los viajes con mi padre,lo que aprendí en ellos, la gente que he conocido...- Al seguir explicando sobre su vida, y sus viajes el tono de su voz se volvió melancólico.
- Lo hechas de menos.
- Desde luego,y a mi padre. Todo lo aprendido me ha servido en la vida, me ha hecho fuerte, gracias a ello sobreviví al ataque de Barbanegra.- Hizo una pausa, su rostro de repente se había ensombrecido. Billy dejó el vaso de ron que estaba a punto de llevarse a los labios.
- ¿Te sientes culpable por haber sobrevivido a tu padre?.- La pregunta era directa.- No lo hagas, tu padre es lo que quería, que vivieses.- Continuó.
Ella apretó con fuerza la mandíbula.
- Claro, es muy fácil decirlo, se que le hice una promesa, cada vez que me asalta la culpa, pienso en esa promesa, pero poco me consuela.- Le contestó con dureza, casi con furia.- Barbanegra me perdonó la vida por mis habilidades, admiraba mi valentía y mi destreza, pero yo hubiese preferido morir junto a mi padre antes que poner mis conocimientos a su servicio.
Sus ojos parecían haberse oscurecido, furiosos, como si reviviese el sufrimiento pasado.
- Fui el médico de su nave, cuando abordaban un barco yo no participaba de la lucha, eso si que tengo que agradecérselo,- dijo con sarcasmo,- me ocupaba de los heridos, me puso bajo su protección, me preguntaba sobre mis viajes, era un hombre instruido, inteligente, curioso, con el tiempo esas largas conversaciones se hicieron...- dejo la frase sin terminar, había estado a punto de decir en voz alta algo de lo que se avergonzaba.
- Te gustaba hablar con él...- Dijo Billy por ella. No había ni reproche ni acusación en su afirmación, lo dijo con naturalidad, sin pensar, pero al ver el rostro de Elda supo que tendría que haberse callado.
Ella lo miró furiosa, había dicho en voz alta lo que ella intentaba rechazar, se avergonzaba de admitir que esas conversaciones con el pirata al final habían llegado a ser interesantes. Barbanegra siempre la trato con respeto y amabilidad, y tras 3 años de convivencia con el pirata, su relación había acabado siendo cordial, incluso sus charlas eran agradables, pues Barbanegra le había enseñado mucho, y aceptar y reconocer que el asesino de su padre, había sido una compañía inteligente y entretenida la avergonzaba.
Se levantó de la mesa de golpe, con el gesto tiró la jarra de cerveza al suelo que se rompió en varios pedazos. Sin decir nada, se dirigió hacia la salida, no sin antes echar una monedas sobre la barra como pago de la cena y de la jarra rota. Estaba furiosa consigo misma por haberse dejado llevar de aquella manera, era fácil hablar con Billy, pero había hablado demasiado, había mostrado una parte de si misma que no le gustaba. Delante del chico ya se había mostrado débil en dos ocasiones.
Salió fuera de la taberna, en la calle había mucho movimiento, el mismo movimiento que por la mañana la había maravillado, ahora la ahogaba. Se alejó de la calle dirección a la playa corriendo, en busca de soledad y tranquilidad, necesitaba serenarse.
Billy se quedó desolado, no pretendía hacerle daño, se maldijo por ser tan idiota. Suspiró, de repente había dejado de tener hambre, dejo unas monedas sobre la mesa y salió en pos de Elda, quería disculparse, quería... no sabia lo que quería, lo que si sabía era que no quería ser el causante del enfado de ella y aun menos cuando Elda se había portado tan bien con el, salvándole la vida, sin juzgarlo, sin preguntas. Así que su intención era ir en su busca, intentar disculparse, hablar con ella, pero una vez en la calle, Silver y Gates, algo avispados por el ron casi lo arrollaron, Billy intento deshacerse de ellos, para cuando lo consiguió, ya no había ni rastro de la chica.
CONTINUARÁ...
