TOCADO POR UN ÁNGEL.
Gracias a Rosa Yinu por betear el capítulo.
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CAPITULO 9
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BELLA.
Cuando llegamos a casa y el chofer abrió la puerta del coche, observé que el auto de Edward se encontraba estacionado a unos metros de la entrada. Me parecía extraño que él hubiera llegado tan temprano de la oficina. Miré el reloj de mi celular y apenas eran las cuatro y treinta de la tarde.
Entramos a la mansión y me encontré con la habitual soledad que solía acompañar esa casa. Una de las sirvientas subió el cochecito hacía la habitación de los niños, mientras nosotros nos dirigimos a la cocina.
—Bella, quiero agua.
Fernando se sentó en una de las sillas de la mesa de la cocina, y Matthew se removió en mis brazos y restregó sus ojitos, era la señal de que pronto se despertaría.
—¿Señora? —escuché decir a alguien detrás de mí.
—Kaly, ¿Qué sucede? —pregunté a la ama de llaves.
—El señor me pidió que cuando usted llegará le dijera que subiera a la habitación, y me dijo que me encargará de los niños por usted.
—Esta bien, en un momento iré.
¿Por qué Edward quería verme? ¿Acaso había sucedido algo con su familia o respecto a mí?
Tomé un vaso y abrí la nevera en busca de agua, serví hasta la mitad y luego lo deposité delante de Fernando. —Te la tomas toda, y si quieres algo de comer dile a Kaly que te lo preparé o a Fanny.
—Si. —contestó él mientras tomaba el vaso.
Salí de la cocina para subir las escaleras e ir directamente a la habitación principal. Cuando llegué allí y abrí la puerta, no lo vi por ningún lado.
—Edward—llamé, pero nadie contestó.
Me quedé quieta en medio de la habitación y pude escuchar el sonido de la ducha —Mmm, es mejor que lo esperé aquí. —dije suavemente, intentando que fuera más como un susurro para mí, no quería que Edward pensará que era una cobarde que no quería verlo de esa manera.
Estaba tan absorta en mis pensamientos de Edward tomando la ducha que no me percaté del momento en el cual él salió. Hasta que sentí la fresca y deliciosa presencia de alguien detrás de mí. El aroma de su jabón y de su shampoo eran cautivadores pero la razón por la cuál me ponía nerviosa, era porque imaginaba que él solo debía encontrarse a unos centímetros de mí solo con una minúscula toalla alrededor de su cintura.
—¿Tu me llamaste?— pregunté sin darme la vuelta para mirarlo.
Una de sus manos tocó mi cintura y mi cuerpo se paralizó provocando un pequeño escalofrío sobre mi piel. Su otra mano tomó mi brazo y suavemente me giró hasta quedar frente a él.
— ¿Porqué estás nerviosa? —preguntó con un tonó juguetón.
—Yo no estoy nerviosa. ¿De qué quieres hablar conmigo Edward? —traté de cambiar el tema, pero me molestó que una sonrisa se dibujará en sus labios.
Bajé la mirada hacía mis manos porque su intensa mirada no me estaba ayudando, al igual que su cercanía hacía mí, sentía que no podía soportarlo.
Él tomó mi mentón con sus dedos y lo elevó— mírame, Isabella. — dijo con esa voz aterciopelada que tanto me hacía sentir mariposas en el estómago.
—Edward…—intenté decir, pero sus labios evitaron que mis palabras salieran de mi boca. Sus manos me sujetaron más fuertemente y me acercaron hacía él. Mis manos automáticamente subieron hacía su pecho y lentamente fui tocando hasta llegar a su cuello.
Sus labios fueron haciéndose cada vez más posesivos y demandantes y poco a poco sentía que perdía todos mis pensamientos coherentes respecto a él. Isabella aléjate de él, repetía mi mente una y otra vez; ¿Qué estaba ocurriendo conmigo? Él solo me veía como la esposa joven de la cual se había hecho cargo, ¿Por qué actuaba de esta manera ahora?
Sentí como sus manos tocaban suavemente mi espalda y pude sentir como cada bello de mi piel se erizó. —No—dije entrecortadamente, en un escaso momento en el cual él libero mis labios para besar mi cuello.
—¿No? —preguntó y en el momento que sus ojos se cruzaron con los míos, me perdí en el azul grisáceo de su intensa mirada. . —¿mi joven esposa intenta reusarse a que su esposo reclamé lo que le pertenece?
—¿Ah?—mi mente quedó en blanco y todo mi cuerpo se paralizó ante las palabras de Edward.
¿Él pensaba en mí de esa manera?, Markopoulou… ¿deseaba que nuestra relación fuera más que un compromiso temporal?
—yo…—intenté decir, pero mis palabras no pudieron salir de mis labios, por más que lo intenté.
—No es necesario que te quedes sin palabras Bella- dijo tan tranquilamente, estando aun demasiado cerca de mí, evitando qué mis pensamientos pudieran funcionar bien. Edward tenía el poder de hacerme dudar de mi misma, de creer que sus intenciones eran más profundas que un simple acuerdo entre ambos no entendía si él quería que fuéramos parte de su vida, o, simplemente estaba bromeando conmigo.
Unos segundos después él se separó de mí, haciendo que mi cuerpo empezara a extrañarlo, aún me sentía aturdida con lo que había pasado, no podía creer que hubiera correspondido a sus besos, a su toque suave y cálido, no podía negarlo deseaba más, una parte de mí se encontraba molesta por haber detenido todo por mis miedos e inquietudes, pero no podía seguir adelante si no sabía que era lo que Edward deseaba en realidad de mí.
—¿Isabella?—escuché mi nombre a lo lejos, me había encontrado tan absorta en mis pensamientos que no me percaté que él había estado llamándome desde hace unos minutos.
—¿Si?—respondí automáticamente.
—No imaginaba que tuviera tanto efecto en una niña como tú. — su voz tenía un dejó de sarcasmo que me molestó.
—¿Efecto?—pregunté indignándome al sentir una punzada de decepción en mi pecho— Creo que se equivoca Markopoulou, solo fue la sorpresa al saber que una niña como yo tuviera tanto encanto para un hombre mayor como usted.
Él elevó una de sus perfectas cejas y me miró tan intensamente que retrocedí unos pasos —¿Tienes miedo? —preguntó.
—No—dije, aunque por dentro no estaba tan segura.
Él dio dos pasos más cerca de mí y yo retrocedí dos más, tratando de poner distancia entre nosotros.
—¿Entonces porque te alejas?
Edward avanzó y yo seguí retrocediendo hasta que mi espalda topo con algo duro y frio que no me permitió seguir alejándome.
—No me alejó porque te tenga miedo, pero tampoco caeré en un juego que no deseo seguir.
Una de sus manos se posó sobre la pared y su rostro quedó a unos centímetros del mío.
—Jamás he intentado jugar contigo, y no pasaré este matrimonio pretendiendo frente a los demás, eres mi esposa y en algún momento nos convertiremos en marido y mujer como cualquier matrimonio real, Isabela. ¿Hay alguna objeción?
—Tu no me puedes obliga…— sus labios me interrumpieron y su beso me sorprendió, provocando que un calor recorriera todo mi cuerpo, la rigidez que hasta hace unos segundos sentía fue rápidamente remplazado por un deseo que empezó a crecer en mi interior.
Él se separó bruscamente de mí y con su suave y aterciopelada voz preguntó—¿Obligar?— su mano libre se acercó lentamente hacía mi rostro, con la punta de sus dedos acarició mi mejilla y dibujo un recorrido imaginario hacía mi cuello y el escoté de mi blusa.
Mi cuerpo se encontraba a la expectativa de lo que él quisiera hacer conmigo en ese momento…
—Yo diría que tu cuerpo no opina lo mismo que tu mente, y estoy dispuesto a complacerlo- su sonrisa se extendió al saber que no podría responder negativamente, él había ganado mi atención en muchos sentidos, aunque mi mente creyera que lo mejor era no acercarse, mi cuerpo no deseaba hacerlo.
Una de mis manos se elevó y toco su mejilla, él se dio cuenta de mi intención y lentamente se fue acercando, su boca se encontraba a unos centímetros de los mía cuando de repente el timbre de un celular resonó en la habitación haciendo que ambos nos detuviéramos instantáneamente.
—¡Katára!—Edward exclamó furioso alejándose totalmente de mí. —En otra ocasión terminaremos lo que empezamos, pero en este momento necesito que te vistas.
—¿Porqué? —pregunté confundida.
—Solo tienes una hora para estar lista, dile a una de las sirvientas que te ayude a prepararte. -ordenó mientras caminaba de un lado a otro de la habitación.
—¿Adónde vamos? —interrogué molesta.
Odiaba que él se comportará de esa manera, pasaba de ser un seductor a un hombre de negocios frio y distante.
—Tendrás tu primera presentación en sociedad, Agápi.
Sus palabras provocaron un escalofrió en todo mi cuerpo. —Significa que tu familia estará allí- dije más para mi misma.
—No solo mi familia, toda Grecia te verá hoy como mi joven y hermosa esposa- una sonrisa dibujo sus labios, pero en esta ocasión no estaba siendo sarcástico, si no qué, parecía entender mi miedo repentino al enfrentarme a todas esas personas.
Había pasado un mes desde que había llegado a Grecia, pero dudaba que los tabloides y la prensa se hubieran olvidado de mi intolerable aparición como la esposa de uno de los magnates más poderosos de ese país, la tristeza que había sufrido Tanya Cristakis por mi culpa, y toda la familia de Edward.
Para la sociedad solo era la joven que había usurpado un lugar que le quedaba demasiado grande para representar.
—No quiero ir—dije cruzándome de brazos.
—No tengo tiempo para berrinches, Isabella, ven y arréglate. Ahora. — Edward exclamó mientras salía del cuarto de baño con un impecable smoking italiano que le quedaba a medida.
—No—insistí.
—No deseo empezar una discusión, tus cosas se encuentran sobre la cama—dijo mientras colocaba unos gemelos de oro con diseño de ancla sobre las mangas del esmoquin.
—Solo tienes media hora, Isabella, así qué apresúrate.
Antes de que pudiera protestar una ultima vez, el celular volvió a sonar y en esta ocasión él lo tomó para contestar.
—Geia sou, mitéra
¿Quién será? Lastimosamente aun no lograba entender el idioma Griego, y la expresión molesta de Edward me confundía más, por un momento desee preguntarle pero él rápidamente se alejo de mí y salió de la habitación dejándome sola.
Me acerqué a la cama dónde se encontraban las cosas que usaría en la fiesta; miré detenidamente el hermoso vestido negro de un solo tirante, decorado alrededor con pequeñas piedras azules y hilo plateado. Aun costado se encontraba una caja rectangular pequeña de terciopelo azul, la tomé en mis manos y suavemente la abrí, dentro de ella había un impresionante juego de zafiros azules en oro blanco, lo que veía en ese momento me parecía completamente irreal.
La peineta, los pendientes y la pulsera, hacia juego con el anillo de bodas que Edward me había dado en nuestra improvista boda, era simplemente hermoso, no había duda que él sabía como vestir a una mujer para impresionar.
Repentinamente la puerta se abrió y Kaly entró en la habitación con una sonrisa en su rostro.
—Señora, el señor me envió a ayudarla a vestirse, ¿Empezamos?
Cerró la puerta detrás de ella y llego a mi lado, tomó el vestido en sus manos y me indicó que pusiera la cajita sobre la mesita de noche.
—Esta noche será la mujer más hermosa de toda Grecia, señora- Su alago me hizo sonrojarme y que una sonrisa se formará en mis labios.
—Gracias—Dije mientras caminaba hacía el baño para tomar una rápida ducha y así despejar un poco lo nerviosa que me sentía.
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Salí de la habitación una hora después, Kaly me acompañó y al momento que empecé a bajar las escaleras sentí que mi estómago se revolvió y no creía ser capaz de sobrevivir esta noche con todas las personas a quienes iba a conocer por primera vez.
Al llegar al final de la escalera me encontré con unos ojos verdes tan intensos que mis piernas tambalearon y sentí que mis pies se enredaron, por un momento creí que terminaría en el suelo pero sus manos me sostuvieron fuertemente impidiendo que mi cuerpo golpeara el piso, las manos de Edward eran cálidas y firmes, poco a poco me guio hasta que mi cuerpo choco suavemente contra el suyo. Elevé mi mirada para perderme en sus ojos y sus labios mostraron una sonrisa coqueta, mi pequeño desliz lo divertía.
—Te ves hermosa señora Markopoulo. —su profunda voz hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo y mis mejillas instantáneamente se sonrojaran.
—Gracias—dije avergonzada—Tú también te ves muy guapo.
—Creó que no escuché lo último que dijiste. ¿Podrías repetirlo?
Automáticamente me aleje de él —No—respondí sintiéndome tonta, porque sabía que él solo se estaba burlando de mí.
—¿Porqué no?—preguntó al mismo tiempo que colocaba una de sus manos sobre mi hombro y me empujaba hacía él. -Si tú me lo pidieras yo lo repetiría.
Se acercó para quedar a unos centímetros de mi rostro y junto a mí oreja susurró suavemente:
—Tu eres una mujer muy hermosa, Bella.
Mi corazón palpitó como loco, este hombre deseaba llevarme a la fiesta completamente sonrojada, ya no soportaba más sus halagos, ni su cuerpo tan cerca de mí.
—Edward…
—Señor el coche esta listo, ¿Nos vamos? — al escuchar la voz del chofer de Edward interrumpiéndome, lo agradecí porque había una parte de mí que no deseaba hacerse ilusiones con Markopoulou.
Todo el recorrido en el coche lo mantuvimos en completo silencio.
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POV TANYA CRISTAKIS.
Abroché cada uno de mis pendientes y observé como el Jade me hacía sentir más segura de mi misma, me tranquilizaba.
—Cariño, ¿Estas listas? —mi madre entro en mi habitación y al verme me sonrió. —Te ves hermosa Tanya. Nadie en ese lugar podrá quitarte los ojos de encima.
Sonreí, ese era mi objetivo, pero solo deseaba que una persona en particular se arrepintiera de la humillación que me había causado un mes atrás. Edward creía que una chiquilla tonta como esa podía ser mejor que yo, ¡Jamás! Esa niñita había sido muy astuta al atraparlo con un hijo, pero eso no iba a durar mucho tiempo.
—Si lo vamos—afirmé mientras caminaba hacía la puerta y mi madre seguía mis pasos.
Esme Markopoulou me había confirmado la asistencia de Edward solo en la fiesta, no iba a desaprovechar está oportunidad, necesitaba que él recapacitará y volviera conmigo, yo era la esposa ideal para él, nadie más…
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POV ETHAN HALE.
—¿Listo hermanito?—mi encantadora hermana se acercó a mí completamente entusiasta, trate de abrazarla sin apretarla demasiado por su embarazo.
—Por supuesto. Aunque presiento que no será de mi completo agrado. — fruncí el ceño y mi hermana se rio.
—Ethan, ¿lo dices por Alice Markopoulou?
Asentí sin entender adonde se encontraba lo divertido de mi comentario.
—Esa niña es una completa tortura para mi, cada vez que nos hemos visto no puede dejarme ni un momento solo, es un fastidio.
Mi adorada hermanita tomo mi brazo y me condujo hacía la entrada de la mansión Hale.
—Cuñado, ¿listó para enfrentar a mi hermanita nuevamente? —la voz de Emmet me hizo querer volver a mi habitación y desistir de mi presencia en esa fiesta.
—¡Basta cariño! Harás que no los acompañe a la fiesta si sigues molestándolo.
Hice caso omiso de sus siguientes bromas, y pasé todo el trayecto en coche en silencio, esperaba que esta fiesta tuviera algo interesante, aunque lo dudaba, repentinamente unos ojos verdes como la esmeralda aparecieron fugazmente en mis recuerdos y una sonrisa se formó en mis labios. Quería volver a ver a esa niña, deseaba encontrarla y poder saber más sobre ella.
—Bella…—pronuncié suavemente.
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¡hola! ¿cómo han pasado su día de San Valentín? Esperó que muy bien.
¿Les ha gustado el capítulo? Me gustaría saber qué opinan de él.
En un principio tenía pensado terminarlo hasta la fiesta pero después las cosas cambiaron y la fiesta la leeremos hasta el próximo capítulo.
Feliz día de San Valentín.
Tu alma gemela no es alguien que entra en tu vida en paz, es alguien que viene a poner en duda las cosas, que cambia tu realidad, alguien que marca un antes y un después en tu vida.
No es el ser humano que todo el mundo ha idealizado, sino una persona común y corriente, que se las arregla para revolucionar tu mundo en un segundo. —Mario Benedetti
Hasta el próximo capítulo.
