CAPÍTULO 10: CUATRO MERODEADORES.

-Está bien. Es hora de que me dejéis en paz con tantas dudas y tantas sospechas. ¿Queréis respuestas? Pues las vais a tener. ¡Bajad conmigo a la sala común!

-¿Te has vuelto loco?- le gritó Hermione fuera de sí- ¡Tú no vas a contar nada!

-Hermione, es mi vida ¿de acuerdo?

La respuesta seca de Harry dejó a la chica muy desconcertada pero no dudó ni un segundo en bajar con el resto a la sala común para escuchar lo que Harry tenía que contar.

La sala estaba sola y todos se acomodaron alrededor de la chimenea para no perderse detalle de la declaración de Harry. Él bajó despacio, rumiando lo que quería decir. Los merodeadores no eran personas a las que se les pudiera engañar con facilidad y ellos ya le habían mantenido oculto todo lo que había pasado por dos meses y medio, todo un record, pero lo que tenía que decir era demasiado hiriente y difícil de digerir a pesar de que Dumbledore después les borrase la memoria. ¿Cómo decirle a su madre "mamá no te he conocido nunca"? Por otro lado estaba el hecho de que aunque se la borrasen siempre quedaría algo, al menos eso le había dicho Remus, a su padre siempre le quedó la sensación de dejar a una parte de él lejos y a Sirius ¿qué sería lo que Sirius había dejado atrás?

-¿Piensas empezar o nos has traído aquí para una fiesta del pijama?

Harry miró a su padre, que le había sacado de sus pensamientos, con cara de asco, pero se le dibujó una sonrisa perversa al imaginar cómo podría reaccionar James al descubrir que estaba tratando tan mal a su propio hijo.

-Está bien ¿por dónde empiezo?- se preguntó a sí mismo

-¿Qué tal por el hecho de que acabaste con Voldemort cuando eras un bebé?- le apuntó Sirius con algo de sorna.

-De acuerdo. Cuando yo nací, Voldemort estaba en su mejor momento, no había nadie que le hiciera frente. Mataba aurores cada día, los muggles se estaban dando cuenta de todo y los magos empezaron a temer incluso pronunciar su nombre- Sirius puso cara de "ahora sé porqué el numerito de Patricia" –Ya os he dicho que soy hijo de muggle- de repente la cara de preocupación de Hermione y Ginny se convirtió en una poco disimulada cara de sorpresa, mientras que a Ron le daba un ataque de tos, pero nadie lo notó- Una noche, cuando yo tenía un año, el pueblo donde vivía fue atacado; la maldición Avada Kedavra que Voldemort me mandó rebotó en mí sin saber cómo y le dio a él.

-¿Una maldición Avada Kedavra rebotó en ti? – Preguntó James con escepticismo- Creía que nos ibas a contar la verdad, no un cuento para dormir.

-Si no te gusta lo que oyes ya sabes donde tienes tu cama. Esa es la verdad. Nadie sabe cómo ocurrió-Harry se había convertido en un gran mentiroso desde que dominaba la occlumencia, pues su profesora le había enseñado no sólo a cerrar su mente sino a mostrarse indiferente ante lo que decía para no ser descubierto.

-Está bien- apaciguó Lily-Continúa por favor.

-Muchos pensaron que había muerto aunque no fue así. Hace tres años Voldemort volvió y desde entonces estamos en guerra. Después del ataque, mi familia descubrió que era mago y Dumbledore me proporcionó una protección especial aunque un poco disimulada, así que yo no supe que era mago hasta que cumplí los once años.

-Eso no explica, entonces, cómo nos conocemos.

-Sí lo explica. Durante la primera guerra Dumbledore creó un grupo secreto para luchar contra Voldemort: La orden del Fénix, al cual vosotros pertenecéis. Por así decirlo, los merodeadores sois mis más fieles protectores. Así que hemos terminado siendo amigos, muy buenos amigos.

-¿Me estás diciendo que somos tus guardaespaldas?- James no podía creerse lo que estaba oyendo.

-No lo hacéis como un trabajo. Ya os he dicho que somos amigos.

-¿Pero porqué necesitas protección especial? –preguntó Andrea- ¿Voldemort te sigue persiguiendo?

-Desde que entré en Hogwarts ha intentado matarme algunas veces. En primero poseyó a un profesor y me salvé por suerte. En segundo poseyó a Ginny- todos la miraron y ella intentó esconderse detrás de Hermione- y su basilisco casi me mata pero el fénix de Dumbledore me ayudó.

Harry lo contaba como si fuese lo más normal del mundo pero el resto lo miraba con cara de asombro. Para la mayoría, Harry se estaba convirtiendo poco a poco en un héroe, sin embargo, para James no empezaba a ser más que un chico arrogante que quería quedar bien delante de los demás.

-En cuarto volvió. Ya no era un espectro o lo que fuera que hubiera sido. Ahora era de carne y hueso y la orden del Fénix volvió a unirse.

-¿Y cómo te salvaste ahí?- preguntó Lily emocionada, haciendo que su novio se derrumbara en el sofá en un gesto de desesperación.

-Su varita y la mía, son hermanas- los demás se quedaron un poco perdidos con la contestación- No pueden enfrentarse directamente.

-Prior incatatem- respondió Lily, asintiendo con la cabeza.

-Voldemort me quiere muerto. Por eso me han preparado tanto, por eso la oclumencia y las clases especiales de defensa y por eso el otro día intentó poseerme. Ya no puede leerme la mente así que intentó meterse dentro de mí. La cicatriz es un punto de conexión entre nosotros, cada vez que está cerca me duele tanto que preferiría estar muerto.

Harry dio por concluida su historia, pero el resto no quedó muy satisfecho.

-¿Y el resto de años? Te faltan tres- le dijo Sirius.

-En tercero conocí a los merodeadores.

-¿A Peter también? No me imagino yo a Peter de guardaespaldas de nadie- dijo Remus sonriendo.

Harry miró a sus amigos buscando en ellos la fuerza que empezaba a perder él. Quería contarles todo acerca de esa rata asquerosa, que lo escribieran en un papel para que no lo olvidaran incluso aunque Dumbledore les borrara la memoria, pero era una información demasiado dura.

-Sí, a ese también. Tú fuiste profesor de defensa contra las artes oscuras ese año. Así que una noche, volvisteis a merodear por Hogwart- Harry lo dijo con un grave tono de melancolía, realmente todos los merodeadores había estado allí esa noche de una u otra manera. – Desde entonces, cuidáis de que no me pase nada grave. En quinto y sexto no pasó nada interesante.

Volvió a mentir, no quería romper la enorme felicidad que estaba teniendo Sirius en ese momento. Le había hecho ilusión saber que todos pertenecían a la orden, que luchaban juntos contra Voldemort y que a pesar de los años, seguían merodeando por el castillo como cuando eran jóvenes. Hubiera sido demasiado duro decirles que todo era una mentira, que solo Remus cumplía esa función de protector porque ellos ya estaban muertos.

-¿Y qué haces tú con mi espejo?- James no estaba tan contento como Sirius.

-Tú me lo diste. Aunque no te lo creas, soy tan importante para ti que me diste tu espejo para que estuviera en contacto con vosotros por si me pasaba algo. El de Sirius está en el cuartel general para que yo dé el aviso. No pretendo que seamos amigos ahora, James, pero quiero que sepas que igual que le dije a Sirius que era como mi hermano, tú eres como un padre para mí.

-¿Y eso por qué?

-Digamos que porque Sirius nunca sería un gran padre responsable. Él no ha perdido su toque de locura.

James y Harry miraron al aludido que estaba molestando a Andrea para que mantuviera con él un duelo y así demostrar lo que le llevó a pertenecer a la orden del fénix. Los dos se sonrieron y por un momento Harry pudo ver en su padre un toque de cordialidad que no había visto en todo el tiempo que llevaba en Hogwarts.

-Ves Canuto, como tu historia era muy absurda- comentó Remus mientras le empujaba escaleras arriba para que dejara a Andrea.

-¿Qué historia?

-Nada, James, déjalo, historias de éste, que se aburre mucho y le da por pensar.

-Pues que no se aburra que cuando piensa es un peligro-dijo Lily con ironía, haciendo que todos se rieran.

La semana siguiente fue muy extraña para todos. Se hacía raro no escuchar a James de fondo cada vez que Harry hacía un comentario, Sirius a veces le miraba expectante, buscando una mirada de asco casi comparable a las de Snape o un comentario mordaz, pero no llegaban, incluso James empezó a reírse con Harry y pasaban algún tiempo solos hablando y riendo. Para Harry fue difícil de asimilar; esperaba que fuera algún plan macabro de James para terminar riéndose de él o gastándole alguna broma, pero después empezó a gustarle. Era verdad todo eso que decían de él, era buen amigo y muy divertido.

-Harry.

Ron, Hermione, Ginny y Harry estaban en el dormitorio de ellos acostados en las camas de los chicos pasando el tiempo del sábado.

-Mmmmm- respondió desde su cama abrazado a Ginny.

-¿No te parece que tu padre está últimamente especialmente simpático contigo?

-No me había dado cuenta- mintió él haciendo que Ginny le diera un pequeño golpe en la cabeza por embustero.

-Ya, claro- ironizó Hermione a la vez que se erguía en la cama que compartía con Ron- Pero si esta mañana te estaban buscando un mote de esos que tienen ellos.

-¿En serio?- Harry se levantó visiblemente emocionado y al ver la cara de sus amigos volvió a acostarse intentando disimular su alegría.- Esto… quiero decir ¿Ah, sí?

Los otros tres chicos empezaron a reírse, al mismo tiempo que Harry se sonrojaba un poco.

-¿Bajamos a cenar?- propuso para que dejaran el tema de lo amiguitos que se habían hecho James y Harry.

En el gran comedor ya estaban los merodeadores y las chicas así que se sentaron junto a ellos dispuestos a devorar todo lo que le pusieran por delante.

-Eva ¿me pasas el pollo¡Me muero de hambre!-Harry hacía señales para alcanzar el pollo pero no llegaba. Su madre lo miró y sonrió pero no hizo ningún intento por pasarle la comida- ¿Lily¿Me has oído?- ella afirmó con la cabeza pero siguió quieta y sonriendo.

-¿Pero que te pasa? – Preguntó James zarandeándola un poco para que reaccionara- Toma Harry.

Harry tomó con avidez el plato que su padre le pasaba su padre. Cogió un trozo y lo miró con deseo dispuesto a engullirlo pero no le dejaron.

-¡Harry¡Harry¡Ron!- Seamus venía corriendo por el pasillo entre las dos mesas con cara desesperada.

-¿Qué pasa?- le preguntó cuando llegó e intentó morder se muslo, tenía un enorme agujero en el estómago

-¡Es Neville!- Seamus tiró del brazo de Harry y éste siguió a su comida con la boca abierta pero fue imposible alcanzarla- ¡Está en la enfermería!

Harry tiró desesperado su trozo de pollo y salió disparado hacia la enfermería seguido de Ron y Seamus.

La profesora McGonagall estaba allí con Dean, junto a la camilla de Neville. Parecía como si se hubiera tirado desde la torre de astronomía. Tenía moratones por toda la cara y el brazo y la pierna vendados.

-¿Qué te ha ocurrido?

-Me caí por la escalera, pero Madam Pomfrey dice que mañana estaré bien. Me he tenido que tomar como siete pociones diferentes.

-Menudo susto nos has dado.- dijo Harry respirando ya más tranquilo- ¿Pasarás aquí la noche?

-Sí así es.

-¡Ah! Señor Lupin, ya está usted aquí.- La enfermera se dirigió a la puerta donde Remus había aparecido con el rostro demacrado y unas ojeras muy profundas.- Pase, es temprano, ahora le acompañaré.

Los chicos se quedaron un rato con Neville y Remus. Dean, Seamus y Neville no entendían muy bien qué era lo que hacía el chico nuevo allí, pero tampoco preguntaron mucho. Después de una hora más o menos, los cuatro chicos subieron a la habitación dejando a los dos enfermos allí. En la torre Griffindor no quedaba mucha gente, Harry pensó que su padre y Sirius estarían en la habitación preparando su salida nocturna a la luz de la luna llena. Las chicas también se habían acostado pronto, así que Ron y Harry estuvieron pronto metidos en sus cómodas camas adoseladas.

Mientras había estado en la enfermería, con el susto y luego con la visita de Remus, Harry había olvidado el enorme agujero que tenía en el estómago. Eran las diez y media, todavía no entendía muy bien porqué se habían subido tan pronto las chicas. Miró a Ron y estaba roncando profundamente, necesitaba algo para comer así que se le ocurrió coger la capa de su padre y acercarse a las cocinas para que los elfos le saciasen.

Se levantó despacio para no despertar a sus amigos y sacó la capa de su padre. Al cogerla se le hizo curioso pensar que tanto James como él tenían la misma capa en el mismo tiempo, era un poco complicado de razonar, pero al fin y al cabo muy curioso. No se encontró a nadie por los pasillos y cuando Dobby le vio entrar lo sentó en una silla y le acercó pastelitos de todos los sabores y chocolate caliente. Harry comió todo lo que su estómago dio de sí y se llenó los bolsillos con grandes cantidades de dulces y pasteles. El camino de vuelta se le hizo mucho más largo, se sentía muy pesado y sólo le apetecía sentarse en el sillón junto al fuego durante un rato hasta que le llegara el sueño

-Flores de primavera.

La señora gorda miró a un lado y a otro buscando quién había dicho la contraseña, pero como era correcta tuvo que abrir. Harry se dio cuenta de que no se había quitado la capa pero entró con ella todavía puesta hasta que se chocó contra la nada y cayó al suelo.

-¿Qué ha sido eso, Cornamenta?

-¿Sirius?

-¿Harry?

-¿James?

-Y si nos quitamos la capa y nos vemos las caras- dijo muy acertadamente Sirius tirando de la que compartía con James.

-¿A dónde vais?

-A acompañara a Lunático, bueno, ya no le hace falta, pero así tenemos la excusa. ¿y tú?

-Vengo de las cocinas- Harry sacó un puñado de pasteles de su bolsillos y James y Sirius se abalanzaron sobre él.

-¿Vienes con nosotros?

La invitación de Sirius le pilló de sorpresa a Harry, pero por la cara de su padre, también pudo verse que no era un plan pactado entre los dos. Para Harry era todo un orgullo poder ir con ellos, había soñado muchas veces estar con ellos, merodear por el castillo como ellos lo habían hecho.

-No, mejor no- James no estaba enfadado, parecía muy preocupado- podría ser peligroso y a no ser que también seas capaz de convertirte en animago corres mucho peligro.

Sirius y Harry lo miraron con los ojos abiertos y sin ser capaces de reaccionar ¿James protegiendo a Harry¿Desde cuando?

-Cornamenta, creo que se te ha subido a la cabeza tu función de guardaespaldas. Remus ya no es peligroso.

-Es verdad, James, yo he visto a Remus transformarse muchas veces desde que lo conozco, prácticamente paso el verano en el cuartel general de la orden y él se transforma allí. –En realidad desde que había cumplido los diecisiete ese verano se había trasladado a la que ahora era su casa en Grimmauld Place a vivir con Lupin.

-Está bien, pero tendrás cuidado

Harry estuvo tentado a decir "sí, papá", pero creyó no haberlo dicho, sin embargo lo había oído. Por suerte no había sido su voz sino la de Sirius, que como hacía Ron con él, ahora se pasaba el día burlándose de James por ser tan amigo de Harry.

Salieron a los terrenos y una enorme claridad les abría el camino hacia el sauce boxeador, no habían hablado debajo de sus capas, en los pasillos, para no ser descubiertos por la Señora Norris y ahora aligeraban el paso porque se les estaba haciendo tarde.

-¿Por qué se han subido las chicas tan temprano?-preguntó Harry después de que Sirius apretara con un palo el nudo que detiene al árbol.

-Son muy solidarias- respondió su padre con un tono de "son más bien tontas, pero vamos a ser diplomáticos"

-¿Solidarias?-Harry pudo notar mientras hablaba que o el túnel hacia la casa de los gritos había encogido o él había crecido mucho en cuatro años.

-Sí, Andrea se enfada con Remus y las demás como son muy solidarias, se enfadan con nosotros.

Harry pasaba su mirada extrañada de uno a otro. Sirius se reía de la situación pero a James parecía no hacerle mucha gracia que Lily se enfadara con él por culpa de Remus.

-¿Qué ha ocurrido?

-Lo de siempre- contestó James un poco crispado- Andrea y Remus llevan así desde quinto, con ese sí pero no. Ellos dicen que son amigos pero no se les puede acercar nadie con intenciones lejanas a la amistad

-Ella quiere dar un paso más- siguió explicando Sirius cuando llegaban a la primera planta de la casa de los gritos- pero Remus no quiere.

-¿Por qué no?- preguntó Harry en un susurro, muy interesado, para después echarle una buena bronca al Remus adulto, por tonto.

-¿Te imaginas a Remus paseando con su novia a la luz de la luna?

Harry a penas pudo oír la contestación de su padre pero cuando iba a replicarle se paró en seco delante de un enorme lobo que le era muy familiar pero que no se alegraba mucho de verlo.

-Tranquilo Remus, no es la primera vez que te acompaño en una transformación.

El lobo se giró hacia sus dos amigos y les lanzó un gruñido de recriminación.

-Ahora nos transformaremos los dos, Harry, pero porque tenemos mucho mono- le explicó Sirius- cuando salgamos nos iremos turnando para acompañarte.

A penas le dio tiempo a contestar pues en el sitio en el que habían estado Sirius y James ahora había un enorme perro negro y un majestuoso ciervo exacto a su patronus. El corazón se le sobrecogió de repente, veía a Sirius y a James a diario, pero esos no eran los que él conocía, sin embargo ese perro, ese perro sí era su Sirius, el mismo que le había asustado cerca de casa de sus tíos, que había arrastrado a Ron hacia aquella casa, el mismo que le acompañó al tren aun a riesgo de ser descubierto. Y volvió el vacío, el mismo vacío que se instauró en él el día que Sirius cayó a través del velo y que sólo había sido capaz de cubrir, con mucho esfuerzo, mediante el duro entrenamiento y el apoyo de sus amigos.

Los merodeadores se dieron cuenta de la reacción de Harry y Sirius empezó a mover la cola y a saltar alrededor de él, pero eso no hizo más que acentuar su añoranza. De repente se vio tumbado en el suelo con el enorme perro lanudo sobre él lamiéndole la cara y comprendió que tenía la oportunidad de volver a tener a Sirius y que tenía que aprovecharlo, así que se levantó jugando con él y se acercó a James. Eso era otra historia, no podía añorarle como añoraba a Sirius porque no lo había tenido, sin embargo ver a su padre convertido en un ciervo, en uno exactamente igual que su patronus, le devolvió la sensación de arraigo que había sentido el día que lo vio volar igual que él.

James bajó su cornamenta y le empujó delicadamente con ella hacia la salida, hacia el pueblo. La imagen era poco menos que pintoresca: un lobo, un perro y un ciervo acompañados por el niño-que-sobrevivió, si Rita Skeeter hubiera estado allí habría pensado que eso era el paraíso.

Pasearon por todo el pueblo, Sirius y James se iban turnando para acompañar a Harry en su forma humana y les estaban contando sus miles de aventuras en el colegio, Harry les contó también cómo entre los tres habían salvado la piedra filosofal y cómo habían descubierto al basilisco y acabado con él. Para James, esas historias se hicieron interesantes, no como el día que les había "confesado" quién era. Estaba a punto de amanecer y James y Harry paseaban detrás de los otros dos chicos jugaban entre ellos.

-Te hemos estado buscando un mote.

-Sí, algo me ha dicho Hermione ¿Y lo habéis encontrado?

-No aún, no, pero para ser merodeador necesitas uno.

Harry se detuvo como si se le hubiese olvidado cómo se andaba. Y James empezó a reírse.

-Dices que somos muy amigos, que cualquiera de nosotros daría la vida por ti y tú por nosotros. Eso significa ser un merodeador, además nos falta uno, porque Peter se nos olvidó en nuestro tiempo.

El recuerdo de Peter unido a la necesidad de esa amistad suprema entre ellos para ser merodeador y en la que James creía tan ciegamente, produjo en Harry una sensación de asco y odio hacia Pettigrew y la enorme necesidad de contárselo todo.

-James, hay algo que me gustaría contarte.

Sirius y Remus habían llegado corriendo y se habían colocado alrededor de ellos gruñendo enfurecidos, como si quisieran protegerles, de manera que Harry no puedo contarle nada a su padre.

-¿Qué ocurre?- preguntó James muy preocupado- ¿Por qué hace tanto frío de repente?

Harry cayó al suelo de rodillas agarrándose la cabeza como si quisiera hacerla estallar, volvía a oír a su padre y a su madre gritar, pedir que no le mataran, la voz de Lily, que ahora le era tan familiar, sonaba fuerte y clara dentro de su cabeza y eso sólo podía significar una cosa.

-Dementores- dijo con un gran esfuerzo poniéndose de pie- Hay que salir de aquí.

No estaban lejos de la casa de los gritos y se dirigieron hacia allí corriendo a toda velocidad, pero cuando estaban a pocos metros cinco dementores se interpusieron en su camino. Los gritos de Lily eran más fuertes que nunca y Harry sentía que perdía las fuerzas poco a poco, pero tenía que salir de allí.

-James transfórmate, como ciervo no pueden atacarte.

-No voy a dejarte solo- James tenía la varita alzada y apuntaba con ella a los dementotes que se alzaban ante él.

Sirius y Remus cogieron con sus fuertes mandíbulas a Harry de la túnica y tiraron de él hacia la casa de los gritos. Él luchaba por unirse a su padre, pero los demás no le dejaban. Cuando le dejaron dentro Sirius corrió a ayudar a James pero Remus se interpuso en el camino de Harry que pretendía hacer lo mismo. Sacó su varita y amenazó con ella al lobo, éste no pareció amedrentarse, no estaba dispuesto a dejarle salir con un montón de dementotes.

-Sé hacer un patronus corpóreo- le dijo desesperado- Tú me enseñaste.

Esa información fue la que Remus no sabía y la que hacía que le mantuviera apartado, de manera que cuando supo que Harry era capaz de hacer un patronus se quitó de en medio y lo dejó salir. Cuando iba corriendo vio como un enorme ciervo plateado, algo menos consistente que el suyo, salía de la varita de James y arremetía contra un dementor que estaba atacando a Sirius. No tenía tiempo para sentimentalismo pero ver eso y sobre todo volver a ver a un dementor cerca de Sirius le hizo correr más deprisa.

-¡Hay que largarse!- gritó Sirius

Los dos se transformaron y corrieron hacia la casa pero encontraron a Harry siendo atacado por tres dementotes. Sirius conjuró justo a tiempo un perro plateado, exactamente igual su forma animaga, pero que como el de James, no tenía la solidez que tenía el patronus de Harry. Mientras James empujaba a Harry hacia la casa. James entró primero pero cuando Sirius iba a pasar, un dementor se abalanzó sobre él con la intención de besarle. Harry no se lo pensó, su ciervo, perfectamente conjurado, embistió contra el dementor y lo alejó de allí.

Al entrar en la casa Remus estaba volviendo a transformarse, lo que significaba que ya había amanecido. Los tres chicos estaban casi sin respiración y Remus los examinaba uno por uno muy preocupado, maldiciéndose a sí mismo por no haber podido ayudarles.

-¿Por qué le has dejado salir?-le gritó James.

-Sabe hacer un patronus corpóreo.- James que no había visto a Harry conjurar su ciervo para salvar a Sirius lo miró con escepticismo- Dice que yo le enseñé.

Los cuatro chicos volvieron al castillo. James y Remus iban delante, definitivamente esa no había sido una gran noche. Sirius había obligado a Harry a quedarse retrasado.

-¿Se puede saber qué ha sido eso?

-¿Qué ha sido qué?-Harry no sabía muy bien a qué se refería.

-Tu patronus. Es un ciervo, es un ciervo igualito a James.

-¿Me gustó Bambi cuando era pequeño?-tanteó con sorna Harry.

-¿Te gustó qué¡No me juegues, Harry!- era la primera vez que Sirius parecía enfadado con él.

-No sé por qué es un ciervo ¿de acuerdo? Yo cree un patronus incluso antes de saber que James era animago y se convertía en ciervo. ¡Ha sido pura coincidencia!

A Sirius ese razonamiento de la coincidencia no le sirvió de mucho. Las dudas sobre la filiación entre James y Harry volvieron de repente, esos dos chicos eran demasiado parecidos como para que fuera todo una coincidencia. El patronus te elige de la misma manera que el animal en el que te conviertes cuando eres animago y siempre hay una razón para ello. Sirius caminó rezagado hacia la torre, miraba a uno y a otro intentando colocar todas las piezas en su cabeza. Pero a todo lo que ya tenía, se unía una nueva duda ¿por qué le habían afectado tanto a Harry los dementores¿Qué era lo que oía?

n/a: Hola a todos! soy consciente de que fui una mala persona dejandoos sin avisar, pero junio ha significado para mi examenes y mas examenes y unas 10 horas de estudio diarias, así que como comprendereis esto quedo relegado a un segundo plano, a muy pesar mío. Pero ya estoy aki de nuevo, os agradezco los reviews pero segun he oido no puedo contestarlos, no se por que. El caso es que sí que os doy las gracias enormemente a todos.

BESOS