Capitulo beteado por las maravillosas Bellatrix_2009 y Meliza Malfoy por el beteo
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El último día antes de las vacaciones de navidad había llegado, llovía bastante fuerte y las aulas estaban casi vacías, los que vivían lejos habían decidido simplemente no venir a su último día de clases si ya tenían todos los exámenes del semestre rendidos, pero Draco, aun así, había decidido asistir. Los días de lluvia tenían algo que le hacía querer salir de casa.
— Draco, cielo, ¿cómo está tu pierna? — Pansy se sentó a su lado, estaban en la cafetería de la escuela, el único lugar en el que se podía estar con semejante lluvia.
— Es solo un jodido desgarro, Pansy, déjalo ya, le has preguntado cómo siete veces hoy — Blaise estaba frente a ellos, ojeando una novela de Stephen King.
— Pero estoy preocupada, lleva dos semanas así, ¿has ido al médico, Draco? ¿Qué te ha dicho?
— Pansy, estoy bien, ¿vale? ¿Quieres dejar de recordarme que parezco un maldito cojo cada cinco minutos?
Draco se puso de pie fastidiado, haciendo resonar el asiento contra el piso. Había tenido que mentirles cuando le fue imposible ocultar ya que se le estaba dificultando caminar. Severus le había revisado la pierna y el corte había acabado siendo más profundo de lo pensado, y había tenido que ponerle puntos, en esos momentos agradecía estar a cargo de alguien tan preparado como Severus, no estaría vivo aún si no fuera por él.
Con toda la dignidad que aquella estúpida cojera le permitía se dirigió a la salida de la cafetería, ignorando la queja de Pansy pidiéndole que volviera. Justo cuando estaba frente a la puerta, y llevó su mano hacia la manilla de metal para empujarla, esta fue empujada fuertemente por el otro lado, haciéndolo trastabillar, y caer brutalmente sentado en el suelo, sintió un tirón en los puntos de la pierna, ¡joder que dolía!
— ¡Ron, tienes que tener cuidado! — Oh, genial, la comadreja y su manada.
— Está bien, está bien... Oh, es sólo Malfoy — Weasley lo miró desde la puerta, a su lado venía una furiosa Granger y junto a ella… Potter que evitaba mirarle.
— ¡Draco! ¿Estás bien? — Pansy corrió a su lado rápidamente, seguida de Blaise a paso más tranquilo. Intentó ayudarlo a ponerse de pie, pero el dolor realmente no se lo permitió, haciendo una mueca, se apoyó en el hombro de Pansy y con la mirada le pidió que esperara un poco más.
— Vamos, no ha sido para tanto, se ha tirado solo al piso — Desestimó el pelirrojo.
— Ron, has abierto la puerta como un animal, ¡discúlpate! — Granger le miraba bastante molesta, y a Draco le pareció surrealista que fuera ella quien estuviera interviniendo y Potter estuviera como imbécil parado atrás, desentendiéndose del tema. En ese momento más que nunca sintió rabia. Rabia con Potter por ser un inepto y no acercarse a ayudarle. Por ser un maldito de mierda y no buscarle en todo ese tiempo. Por haberle dejado pintar ese mural. Por haberle besado. Por habérsele metido en la cabeza por tantos años.
Escuchó a Weasley mascullar una disculpa a medias, y luego caminar hacia la máquina de café. Pero la vista de Draco estaba instalada en Potter. Fijamente, debía sentir como le miraba, ¿no? Como mil agujas, debería sentirlas, como ese dolor cuando"Él" lo miraba y lo hacía retorcerse en el suelo de dolor. Deseó fervientemente que fuera la pesadilla de Potter y no la suya. Pero desear nunca bastaba. Potter pasó a su lado, sin mirarle, sin decir nada. Como si no existiera. Como si no fuera real. El corazón de Draco se comprimió ante ese horrible pensamiento.
— Llévame con Severus — Le pidió en voz baja a Pansy, quien le dio una mirada a Blaise y ambos lo ayudaron a ponerse de pie y se lo llevaron fuera de la cafetería.
— Eso fue extraño, ¿no creen? — Preguntó Hermione, mientras caminaban rumbo a los salones del sexto piso para su última clase.
— ¿Qué cosa? — Preguntó el pelirrojo distraídamente mientras intentaba encontrar su guía de ejercicios en el desastre que tenía en su mochila.
— Malfoy.
— ¿Qué le pasa a Malfoy? — Preguntó Harry, quien había estado muy callado desde lo de la cafetería, y Hermione lo había notado.
— Usualmente suele responder a cualquier cosa que tenga que ver con nosotros, y esta era una oportunidad perfecta… Aunque debo admitir que ha estado bastante tranquilo desde que volvió, supongo que simplemente maduró. — Comentó encogiéndose de hombros, pero frunció el ceño cuando Ron comenzó a reírse y comentó.
—Si claro, Malfoy maduro, ¡Au! — Tuvo que llevarse las manos a la nuca donde Hermione le había golpeado con la mano, Harry se mordió los labios para no decir nada.
— Lo veo más posible a que madures tú — Dijo Hermione dando por zanjada la conversación cuando entró a su salón.
— Bien, nos vemos a la salida, Fred dijo que pasaría a recogernos en su auto — Ron se detuvo en la puerta de su salón dándole una mirada a Harry, indicando que lo incluía a él también.
— Eh… no, tengo algo que hacer con Remus, así que él pasará por mí, no te preocupes. — Mintió.
— Oh, vale, nos vemos en navidad entonces — Le hizo una seña con la mano y se adentró en su salón, a lo que Harry siguió de largo al propio.
Snape aún no llegaba al salón, cuando se sentó en su asiento. Parvati Patil y Lavender Brown murmuraban en los asientos delante de él, Harry no les prestaba atención realmente, su mente divagaba hacia pensamientos relacionados con Malfoy. Se preguntaba qué era lo que tenía en su pierna. Lo había visto cojear por semanas. Y ahora parecía que se había vuelto a rodear de sus amigos, Parkinson y Zabini. Harry recordó los dos mastodontes de amigos que tenía el rubio en primer año, habían acabado reprobando todo y sus padres decidieron sacarlos de la escuela y cambiarlos a una para chicos con problemas de aprendizaje, al menos, eso era lo que había oído.
Harry se había acostumbrado a hacer planes con Draco después de clases, tanto así que recién caía en cuenta que le había mentido a Ron sobre Remus, inconscientemente para juntarse con Draco, como hacía antes. Y eso que habían pasado semanas ya desde que no se hablaban. Mierda. Estaba perdiendo la cabeza. Estaba perdiendo la cabeza por Draco Malfoy.
— Te lo juro, escuché a alguien llorar allí, seguramente su espíritu sigue allí.— Harry volvió a escuchar el murmullo de Lavender, y decidió prestar atención a eso, joder, tenía que alejar su cabeza de pensamientos sobre el rubio.
— Oí a Romilda Vane decir que había escuchado ruidos la semana pasada allí, y que no ha sido la única… ¿Crees que, ya sabes, haya un fantasma allí? — Parvati murmuró, bajando aún más la voz, pero entonces se calló de golpe, cuando Snape entró bastante malhumorado azotando la puerta a sus espaldas. Todos temiéndose lo peor, se sentaron lo más derechos posible en sus asientos.
— ¿He de asumir que el por qué aún no están los trabajos que les envié la semana pasada sobre mi escritorio quiere decir que nadie los ha hecho? — No fue necesario que el profesor dijera algo más, todos automáticamente se pusieron de pie para dejar el trabajo sobre el escritorio.
Cuando las clases acabaron la lluvia aún caía fuertemente, Harry se despidió de Ron y Hermione que se marcharon en el auto de Fred. Dio media vuelta para sacar su celular y llamar a Remus cuando chocó de frentón con alguien, para su mala suerte, Snape, seguido detrás por Draco, quien inmediatamente le evitó la mirada.
— Lo… Lo siento.
— ¿No se ha ido con sus amigos, señor Potter? — La pregunta de Snape lo descolocó, ¿desde cuándo le importaba?
— No yo… Llamaré a Remus para que venga a recogerme — Dijo haciendo amago de alejarse con el celular en la mano, pero la voz del profesor lo detuvo.
— Me temo que Remus no podrá venir a recogerte, Potter, ha tenido que hacer un reemplazo de un profesor en la universidad.
—Severus, ¿cómo es que sabes qué está haciendo el tutor de Ha…Potter? — Draco no pudo aguantar la curiosidad así que preguntó inmediatamente.
— Ellos se mandan mensajes, porque están...— Comenzó a explicarle Harry, cuando notó a quién le estaba hablando, y de qué le estaba hablando.
— Iug.
El rostro de Snape denotó inmediatamente su molestia, resoplando fastidiado y odiándose por lo que iba a decir.
— Sube al auto, Potter.
— ¿Qué? No... Yo... No es necesario, caminaré — Comenzó a excusarse nerviosamente dándole una mirada de reojo a Draco.
— Acabarás con una neumonía y Lupin me culpará por el resto de mis días, sube al maldito auto, Potter.
— Per...
— Maldita sea, joder, me sentaré delante para que no tengas que soportar mi presencia, ¿contento? Vámonos ya, quiero darme un baño — Draco fastidiado caminó hasta el auto de Severus, agradeciendo que los estacionamientos hubieran sido techados hace un par de años, y se subió al asiento del copiloto.
— Está bien — Dijo finalmente, derrotado subió al auto junto al profesor.
El camino fue en un incómodo silencio, a Draco se le hizo más largo de lo que esperaba, podía sentir la mirada de Potter clavada en su nuca, ¿por qué no simplemente le dejaron irse caminando? Estaba confuso, quería voltearse y hablarle, pero Severus tenía razón, era mejor si mantenía las distancias con él.
— Mmm bien, gracias por traerme, profesor — Harry bajó del auto y se fue a refugiar rápidamente bajo el techo del pórtico de la casa, volteándose para ver el auto alejarse, y al rubio sentado adelante, que le miraba hasta perderse de vista.
— Así que Severus te trajo.
— Aja.
— Con Malfoy.
— Bueno, Snape le hace de chofer, ¿no? — Comentó distraídamente aquella noche mientras cenaban la pizza que Remus había comprado.
— Bueno… se supone que no debería decirte esto, pero Malfoy está viviendo con Severus.
Harry casi se atraganta con el trozo de pizza, claro, ahora entendía por qué el rubio no quería que le acompañara camino a su casa y se juntaran en la escuela.
— ¿Qué? ¿Porqué?
— Bueno, Severus es su padrino, es normal que viva con él si sus padres viajan mucho por los negocios.
Remus bajó la mirada a su trozo de pizza, y se la llevó a la boca evitando el contacto con los ojos de Harry, le estaba mintiendo, y descaradamente además, Remus sabía la historia completa y no se la iba a decir. Harry frunció el ceño molesto y dio un puñetazo en la mesa, sobresaltando al mayor.
— ¡¿Por quémierda siempre hay tanto secreto alrededor de Draco?! Estoy harto de todo esto, ¡maldita sea! ¿Es que cree que soy un maldito idiota? ¿¡Qué acaso no puede confiarme nada?! Y no me mires con esa cara, Remus, estoy seguro que tú sabias perfectamente que me he estado viendo con Malfoy. — Harry lo miró acusadoramente, y al mayor no le quedó de otra más que admitirlo.
— Severus me lo había comentado, estaba preocupado por Draco… Ustedes siempre se han llevado bastante mal y temía que, bueno, hubiera algún desastre. Pero últimamente lucías tan animado con todo, que realmente pensé que les estaba yendo bien.
— Draco ya no quiere saber nada de mí, o no lo sé, es… un jodido bipolar, un día sí, y un día no, parece que nunca está seguro de nada y yo… necesito… — Se llevó las manos a los cabellos intentando aliviar su frustración pero era bastante inútil.
— ¿Necesitas saber si va enserio?—Completó Remus — Harry… ¿Estás enamorado de Draco?
Harry se quedó en silencio, sintió que le habían golpeado de pronto, joder, cuando lo vio allí en el piso de la cafetería sólo quería agacharse y ayudarle, decirle que lo había extrañado todos esos malditos días, y que le importaba una mierda si le tomaba toda una vida comprenderlo, que lo haría.
Odiaba su forma de querer hacer las cosas siempre a su manera, su forma de mandar, su tono despectivo para hablar de otras personas, como a veces parecía murmurar a la nada, como se perdía mirando el espacio infinito a través de la ventana del salón. Como se molestaba tanto cuando le decía mentiroso. Cómo revolvía el té diecisiete veces antes de beberlo y si lo hacía perder la cuenta comenzaba de nuevo.
Le ponía de los nervios cuando lo miraba y parecía analizarlo por completo, que llenara sus apuntes de dibujos extraños. Como hablaba de cosas y conceptos que no podía comprender, pero siempre se tomaba el tiempo de intentar explicarle. Cómo parecía tener un universo en su cabeza que sacaba a través de sus dibujos y pinturas.
Pero todo eso también le fascinaba locamente. No sabía si aquello que sentía era amor, o alguna otra cosa, como locura por ejemplo, pero no quería detenerla.
— Yo… Dios… — Harry dejó caer su frente sobre la mesa. Lo sabía. Siempre había estado allí, desde hace años ya, aquel asunto acerca de Draco Malfoy y todo lo que le rodeaba que hacía que perdiera la cabeza. Le amaba. ¡Por Dios!
Sintió un nudo en la garganta y los ojos humedecerse. Sentía que Draco le ocultaba tantas cosas, y tenía miedo, miedo de lo que se podía encontrar. Miedo de perderle. Miedo de todo, de lo que sentía que le estaba carcomiendo el pecho. Sintió culpa por todo, por no haberlo ayudado a ponerse de pie en la cafetería, por no buscarlo, por no respetar lo que sea que él quisiera esconder.
Estaba perdido.
Sintió la mano de Remus sobre las suyas propias y alzó la cara para mirarle, el hombre le sonreía amablemente, de manera cálida y comprensiva, como el padre que había sido para él desde que le conoció.
— A veces solo tienes que saltar al vacío con los ojos cerrados, Harry, no siempre es una mala decisión.
— ¿Estás insinuando que yo debería…?
— Creo que sabrás hacer lo correcto... No, quiero decir, debes hacer lo que tanto te estás conteniendo por hacer.
— Siento que si lo hago me voy a romper en pedazos.
— ¿Y valdrá la pena?
— Yo… lo hará… con Draco siempre vale la pena. — Harry bajó la mirada, avergonzado de sus propias palabras y rojo como un tomate. Remus sonrió y decidió cambiar a un tema más relajado, ya lo había estresado bastante con preguntas. Pero la mente de Harry aún seguía divagando en la conversación anterior.
Luego de terminar de comer, Harry se despidió de Remus y se fue a la cama. Aquella noche, como se había vuelto habitual, sus sueños estaban inundados del rubio.
La lluvia no menguó en los días siguientes y pronto se convirtió en una tormenta de nieve. La luz iba y venía, pero Draco estaba lo suficientemente entretenido en su habitación como para que notase siquiera el pasar de los días. Había llenado su habitación de cuadros a medio pintar, Severus estaba comenzando a preocuparse, puesto que solo salía del cuarto para comer e ir al baño, ni siquiera estaba seguro de que estuviera durmiendo, por lo menos tenía la seguridad de que se estaba tomando la medicina, ya que él mismo se encargaba de dársela.
Estaba molesto, era más que obvio que la culpa del comportamiento de su ahijado la tenía el idiota de Potter. Algo había salido mal entre ellos. Y Remus insistió en que no debían entrometerse, que era algo que tenían que solucionar ellos. Pero no había que ser un genio para darse cuenta que, si la situación no los obligaba, ese par de tontos adolescentes se mantendría en la distancia y eso, para mal de Severus, no era nada bueno.
Las carreteras están bloqueadas
Severus alzó una ceja cuando su celular vibró sobre su escritorio aquella mañana del veinticuatro de diciembre. Era un mensaje de Remus.
Es una tormenta de nieve, Remus, ¿podías esperar algo más?
Luego de responder volvió a dejar el celular sobre el escritorio, con la intención de volver a su lectura, pero éste enseguida volvió a vibrar.
No podré ir a casa de los Weasley con Harry a pasar la navidad
Severus iba a responderle que realmente la navidad era bastante irrelevante para él, y que no le importaba donde él y Potter la pasaran o no, pero Remus escribió mucho más rápido.
Ven a casa, hoy, trae a Draco, imagino que no quiso ir donde sus padres
¿Cómo se le ocurría semejante tontería? Es obvio que estaban peleados si se juntaban ellos...Oh…
¿Te parece sobre las seis?
Perfecto, los espero
Severus casi podía imaginarse la tonta sonrisa que habría puesto Remus, no podía culparle, inevitablemente, él, casi sin querer, también sonrió suavemente.
— ¡Sev! Necesito ir al centro… ¿Estás sonriendo? — Draco entró por la puerta de la sala, llevaba unos pantalones de algodón negros con manchas de pintura y un suéter gris que había adquirido manchas de muchos tipos de verde, estaba descalzo. El mayor se aclaró la garganta, y su rostro volvió a ser tan impasible como siempre.
— ¿Qué ocurre?
— Necesito ir al centro. Necesito verde… no consigo el verde, no es el correcto… dame las llaves de tu auto.
— Dragón, no puedes ir al centro, está nevando, las carreteras están cortadas, y no creo realmente que una tienda de pintura esté abierta con este clima. Fuera de eso, te han quitado la licencia de conducir, ¿lo recuerdas?
— Solo fue un toponcito, Sev, iré en taxi — Draco frunció el ceño y se llevó las manos a los cabellos, manchados con la pintura fresca que tenía en los dedos. Verde. Draco sabía bien que no había sido un toponcito, después de que comenzara a hablar con Ha… Potter, había chocado, bueno más bien, le había arrancado la puerta a un auto que estaba estacionado y el conductor se disponía a bajar. Mucha suerte tuvo de que los reflejos del hombre evitaron que lo arrastrara con el auto. Había olvidado tomar su medicina, y la maldita radio había comenzado una estúpida discusión.
— Draco, no vas a salir, tendrás que esperar a que pasen las fiestas y este clima, es peligroso aunque vayas en taxi, que vayas tan lejos… además, iremos a otro lugar hoy, así que mejor ve a bañarte.
El rubio dio un paso hacia atrás, frunciendo el ceño con desconfianza.
— ¡Te dije que no iré con mis padres a sus estúpidas fiestas!
— No iremos con tus padres.
— ¿Ah no? Entonces, ¿dónde?
— A casa de unos colegas, viven en el barrio y nos han invitado, será bueno que salgas de tu habitación. — Severus suspiró, viendo vacilación en los ojos del rubio, no podía decirle a dónde irían realmente, o haría un escándalo y acabaría todo aún peor.
— ¿Colegas?
— Si, nada de tus padres, te lo prometí, ¿no confías en mí, Draco?
— Está bien — Dijo luego de unos largos segundos de silencio — ¡Iré a bañarme, pero cuando esta mierda de clima mejore me acompañarás a comprar todos los tonos de verde existentes! — Comentó mientras subía las escaleras rumbo a su habitación.
— Lo siento, Harry, de haber sabido que se pondría así de mal, hubieras ido con Ron como otros años — Remus se disculpó otra vez, mientras picaba todos los tomates que tenían en la cocina.
— Esta bien, Moony, no pasa nada, pero… solo comeremos nosotros, ¿por qué hacemos pizza para un regimiento? — Harry casi se rebanó el dedo mientras cortaba el salame, cuando alzó la vista para mirar a Remus y este le miró con algo de culpa.
— Tendremos… visitas — Dijo finalmente, dejando el cuchillo sobre la mesa.
— ¿Visitas? ¿Quién?
— Digamos que… he invitado a Severus y a Draco a pasar navidad con nosotros. — Listo, lo había dicho.
— ¿¡Qué!? ¿Por qué los has invitado? Ha… ¿Ha dicho Draco que va a venir? ¿P-por qué iba a venir él? — Las manos de Harry comenzaron a temblar, y Remus se acercó a él, poniendo sus manos sobre sus hombros.
— Él vendrá, y ustedes van a hablar, y van a solucionar esto, ¿vale? Severus y yo les damos todo nuestro apoyo, pero Harry… sea lo que sea, escucha lo que Draco tenga que decirte.
—Tú lo sabes, ¿verdad? — Harry lo vio asentir y soltó un gemido de frustración. ¿Por qué tenía que ser de esa forma? ¿Cuál era el maldito secreto que guardaba Draco?
— Ve a bañarte, llegarán cerca de las seis, yo terminaré todo esto.
Harry asintió, y subió las escaleras rumbo a su habitación sintiendo como una gran roca se le asentaba en el estómago. De pronto estaba sumamente nervioso y el baño no hizo nada al respecto, cuando salió del baño con sólo una toalla alrededor de su cintura, comenzó a sacar toda la ropa que tenía en el closet, perdió la cuenta de las veces que se cambió de ropa. ¿¡De cuándo acá se preocupaba en cómo se veía por dios!?
Finalmente acabó poniéndose unos vaqueros azules, una remera negra y una sudadera verde botella lo suficientemente gruesa para mantenerlo caliente. Se asomó por la ventana de su habitación, desde allí podía ver la calle y la entrada a la cochera, aquella mañana Remus le había levantado temprano para que lo ayudara a despejar la entrada de nieve, el muy pillo, seguro ya tenía todo planeado.
Su corazón dio un vuelco y se tensó visiblemente cuando reconoció el auto de Snape, aparcando cuidadosamente afuera, lo escuchó tocar la bocina, Remus no tardó en salir y abrirle la cochera para que guardara el auto. Draco salió de allí, junto con Snape y Remus, y Harry sintió sus rodillas temblar cuando los vio caminar hacia la entrada. Rápidamente se alejó de la ventana y salió de su habitación para bajar casi a tropezones la escalera, casi estando abajo, se encontró con el rubio y su profesor, quitándose los abrigos en la puerta.
Lo que sea que había pasado por la cabeza de Harry en todo ese lapso de nervios y anticipación que quería decirle al rubio, se perdió en algún lugar del universo cuando le vio allí, parado en el recibidor, notoriamente molesto, pero Harry solo podía pensar en lo jodidamente hermoso que se veía.
Draco estaba molesto, muy molesto, quería matar a Severus por haberlo llevado engañado a la casa de Potter, quería matar a Lupin por haberlos invitado, y por sobre todo, quería matar a Potter por estar allí parado mirándolo como el imbécil que era.
— Harry, ¿porqué no subes con Draco a tu habitación mientras Severus y yo acabamos de servir la cena? — Potter solo balbuceó un montón de cosas inentendibles y Draco se aclaró la garganta molesto.
— Podemos ayudar a poner la mesa — Ofreció el rubio.
— No hace falta.
Harry entendió la mirada que le había dado Remus, e hizo una mueca, para tomar de la muñeca a Draco.
— Vamos, quieren estar solos, ya sabes…
— Ug, no me toques, demonios, Potter, vámonos ya — Draco se soltó bruscamente de la mano del azabache y lo siguió escaleras arriba hacia su habitación.
La habitación de Potter no tenía nada de especial, una cama, un escritorio, un velador, el closet y un baño privado. Pese a sus esfuerzos, Draco no pudo evitar fijarse en los detalles, como que la cama parecía estar hecha de forma bastante rápida y descuidada, las fotos de sus padres que reposaban sobre la pizarra de corcho que había sobre el escritorio de madera caoba. Los diecisiete lápices que había dentro de un vaso de vidrio al lado derecho del escritorio, el cómo tenia desordenados y amontonados los tres pares de zapatillas debajo de la cama.
— Em… lamento que esté algo desordenado — Intentó disculparse Potter, Draco pasó de él y se acercó hacia el pizarrón a mirar las fotos.
— Draco… sé que…
— Cierra la boca, Potter, si estoy aquí, no es nada más porque Severus me trajo engañado, no tengo ni las más mínimas ganas de estar en tu maldita casa, quiero volver a mi habitación y continuar pintando hasta que vuelvan a comenzar las malditas clases. Así que evita dirigirme la palabra si no quieres que vomite la cena de Lupin.
De acuerdo, tal vez se había pasado, pudo notarlo cuando vio el ceño fruncido del ojiverde, y como cerró la puerta tras el de golpe. Estaba molesto. Esto iba a salir de puta madre.
Muchísimas gracias por sus comentarios, y lamento mucho la tardanza, han sido unos meses difíciles.
Como aclaración a Cinoet que pregunto, y no pude responderlo. Las alucinaciones de Draco comenzaron en su adolescencia, fue paulatinamente, pero a los 15 fue la primera vez que vio a Voldemort, como se aclaró en el capitulo anterior.
Lamento que por el momento la información de la enfermedad de Draco sea tan escasa, pero con el tiempo prometo que se irán aclarando las dudas de todo.
Sin mas que decirles, espero hayan disfrutado de este cap, y nos vemos pronto en el siguiente.
Besos
Mono
