Bulma sintió su cuerpo perder soporte y firmeza, y cayó lentamente hacia el suelo, soltó un pujido que inmediatamente trató de taparlo, poniendo sus manos sobre su boca. Sus ojos derramaban lágrimas sin parar. Apoyo sus palmas en el suelo y trató de impulsarse hacia arriba, aunque levantándose con dificultad. Una vez levantada, salió corriendo por el largo pasillo, con una mano sobre la boca. Al abrir la puerta para lograr salir de allí, Jyo la sorprendió parándose enfrente a ella, Bulma se echó para atrás al verla debido al miedo que ella le provoca, agachó la mirada con vergüenza y trató de limpiarse las lagrimas.
Jyo se preocupo por ella y le levantó la cara con una mano.
—Bulma, ¿que te pasó?— le dijo su jefa.
Bulma trató de pensar en qué decirle, así que uso la excusa de que se estaba sintiendo mal, debido a que poseía un virus, Jyo sintió mucha lástima, le colocó una mano sobre un hombro y se lo apretó con comprensión. Bulma le dedicó una sonrisa ante el gesto.
—Es hora de que te vayas a casa, Bulma. Yo digo que Kei se podrá muy contenta por verte tan temprano en casa—Dijo Jyo de manera amable, Bulma estaba a punto de objetar algo, pero Jyo alzó un dedo y negó con el, refiriéndose a que no pronunciara algo más, a que se callará y acatará l que ella le había dicho.
Bulma volvió a sonreír y le susurró "gracias". Jyo le regresó la sonrisa y se volteó sobre sí, yéndose de esa manera. Bulma trato de controlar las emociones que sentía en ese momento, regreso a su escritorio y tomó sus cosas. Dirigió una suave mirada lenta hacia la puerta por donde entró momentos atrás, aquella puerta de material duro y fornido, bien trabajado y muy bien afirmado, por el cual ella nunca se imaginó que detrás de él estaba ocurriendo millones de cosas que por su cabeza nunca se habrían cruzado.
Se encaminó hacia el ascensor, viendo como la gente que trabajaba ahí entraba y salía por él como loca, subiendo y bajando por los distintos pisos de OSC. Para su sentir, ella estaba desgarrada por dentro, sentía un aire de impotencia e intranquilidad arderle por dentro de su ser, mirando el suelo con la cebra agachada, con los ojos cristalizándose a cada instante porque quería llorar, no entendía por qué después de tanto tiempo ella se lo reencontró. Necesita algún consuelo, tal vez si se lo decía a su madre podría ayudarla un poco, pero no quería hablar de Vegeta con ella, debido a que siempre le tuvo un gran odio. Pensó en Milk, pero ella no supo de él tanto como que se diga, debido a que ella era un poco más pequeña en el momento en cuando Bulma se relacionó con él, después volvió a pensar en Jerk, ella sí que la escucharía, y sin juzgarla, porque ella se prestaba mucho a eso, por ello Bulma sentía tanto alivio al hablar con ella.
Bulma está vez se había ido a trabajar con ropa un poco mejor, su madre, Bunny, le había regalado una que otra blusa y pantalones para vestir formalmente. Ahora, ella llevaba un pantalón holgado de tono azul marino, una blusa holgada de corazones negros y fondo blanco, con unos pequeños tacones negros y llevaba su pelo suelto, cayendo por su espalda en rizos un poco despeinados. A pesar de que Bulma no se arregló de manera extravagante y femenina, se veía bien. Y De su brazo derecho, colgaba su bolso negro desgastado, de este abrió un cierre delantero y sacó su nuevo celular—uno que Milk le regaló en el momento que salió del hospital—, el celular era un iPhone, para Bulma fue un regalo sin duda apreciable, esos teléfonos eran caros y ahora ella ya tenía uno, nunca se imaginó tener uno de esos algún día, pero nada más lo usaba en ciertos momentos, porque la pequeña Kei aprovechaba y se lo pedía para jugar en él o navegar por el internet, viendo videos de dibujos animados.
Bulma puso su pulgar sobre la tecla de en medio del teléfono, la cual leyó su huella digital y al instante, no sin antes emitir un sonidito, se desbloqueó. Bulma buscó la aplicación de contactos y, por la barra de búsqueda, escribió el nombre de Jerk. El contacto apareció con una foto que Milk le tomó a su madre, cuando ayudó a Bulma a enseñarle a usarlo y a personalizarlo. Le llamo y al momento, ella respondió.
Jerk: Bulmita, hola, corazón, ¿cómo estás?
Bulma: Jerk, muy bien, ¿y usted?, espero no molestar y que no esté ocupada...
Jerk: oh, no, Bulmita, nunca me molestas. ¿Qué pasó? ¿Necesitas algo?
A Bulma le empezó a temblar el labio inferior, y trató de pronunciar la palabra pero no sentía que pudiera hablar, la línea telefónica se quedó muda por unos segundos, hasta que Jerk se preocupó un poco.
Jerk: Bulma, ¿está todo bien?...
Por los ojos de Bulma las lagrimas fueron saliendo de poco a poco, rodando por sus mejillas y ella los cerraba a cada gota de lagrima que salía por ellos. Pasó saliva para aclarar su voz y dijo:
Bulma: Jerk, necesito hablar con usted.
Jerk se quedó callada por unos momentos, pues pensaba en lo que podría estar pasando con Bulma, le indicó dónde se verían y a qué hora. Ellas dos ya habían quedado.
Bulma salió del edificio de OSC, al mismo momento ella guardaba su telefono en su bolso, ya que recientemente terminó la llamada con Jerk. Entonces, un poco atormentada por el hecho de ver a Vegeta, y luego de que él estaba con una mujer, la dejó muy espantada, ella se giró y volteó a ver las grandísimas letras que OSC tenía en lo más alto. Reconsideró el nombre de la empresa:
Ouji Social Corporation.
Ouiji...
Inconscientemente, Bulma, la chica que andaba abrumada, colocó un dedo sobre sus labios, y pensó en que el hombre fuerte y bronceado que apenas vio en pasados, Vegeta, nunca le había contado que se apellidaba Ouji, entonces: ¿qué hacía en la empresa. ¿Que hacía en el corporativo?
Vegeta siempre fue un mentiroso, le ocultó su nombre, ella siempre tan ingenua en todo momento. Esa era una buena razón para que se explicara porque eran las personas, a quienes ella normalmente conocía, eran abusivas, porque la gente no estaba realmente con ella por mucho tiempo. Bulma siento furia por un momento, apretando sus puños por unos instantes, evita siempre fue muy malo con, demasiado, jugo con Bulma todo el tiempo.
Pero a la mente le llego la imagen de Kei, Bimla apaciguó su coraje y sonrió por su niña, entonces todo lo que Vegeta le había dado no fue malo...
Empezó a caminar por las grandes avenidas que se encontraban en torno al edificio de OSC, la ciudad estaba con su movimiento típico de siempre. No era tarde pero tampoco temprano, Bulma había salido a una hora muy buena, podría hacer cosas en la tarde sin problema y descansar de manera correcta para que se estabilizara y no se sintiera mal, ahora lo que menos quería era tener complicaciones. Si los servicios infantiles se percatan de lo que ocurría con Bulma y su enfermedad, más probabilidad había de que le quitaran a Kei, así que en las sesiones en las que fuera con Jenka, Bulma debía verse radiante y completamente de manera saludable.
Doblo a la derecha en una curva mientras caminaba, iría a la casa de Jerk para platicar con ella sobre el tema, realmente lo necesitaba, tal vez era una exageración pero estaba segura de que, si hablaba con la maestra, ella podría mejorar su estado de ánimo, podría estar comprendida en todo y recibir un consejo amable de su parte. Cuando ella estaba con Jerk, sentía mucha calma y serenidad, no pensaba en los problemas, no ideaba soluciones a ellos y no se perturbaba por nada, estaba en reposo, en placidez, estaba en paz.
No tardo mucho en llegar, ella caminaba rápido y sin complicaciones, ademas no había algo que la distrajera por completo, veía fijamente el movimiento y las acciones que estaban sucumbiendo a la ciudad, ella sonreía al ver que la vida consistía en eso: en pequeños hechos que pertenecían a propósitos de las personas de manera habitual, ella deseaba con todo su corazón tener una vida mucho más fácil y sencilla, sin tantas complicaciones y amenazas para su tranquilidad, pues vivía con el miedo de perder a su niña, a su hija pequeña, ella no podría sobrevivir sin ella ni Bulma también, había tanta dependencia la una con la otra que se crearía muerte al instante si las llegaban a apartar. Bulma había aprendido a vivir por su hija y su hija vivía para darle alegria a su madre, pues era lo único que la otra tenía, eran su mayor y único tesoro.
Bulma se detuvo por un momento en una esquina de una banqueta, sonrió y cerró los ojos, al momento en que una suave brisa le tocó la cara, a su mente vino la imagen de cuando cargó a Kei por primera vez...
Cuanto se pasó llorando esa tarde fría, era invierno y el parto no fue en lo absoluto fácil, mucho menos la pérdida. Bulma estaba airada y molesta, no quería cargar a la bebé, ni la quería ver. La partera la miraba con preocupación, le rogaba con la mirada que por favor la sostuviera por un momento pequeño, que solo lo intentara, pero Bulma la rechazaba.
Fue entonces cuando la bebé lloró muy fuerte, casi con un grito de terror. El corazón joven de Bulma le dio un punzón en el pecho y tomó a la bebe de los brazos de la partera, quien la tenía en ese momento. La chica pelíazul apego a la bebé hacia su pecho, cerca del lugar donde el corazón está, le trató de compartir calor para dárselo a la bebé.
La recién nacida se calmó al momento en que la piel de Bulma le acarició en su mejilla, Bulma la miro entonces con ternura y sonrió, comenzó a mecerla poco a poco, con cariño y dulzura, inclinó su cuello hacia su hombro para mirar a la bebé. Su pelo azul estaba suelto y se le acomodó en espiral por el hombro. Entonces la bebé abrió sus ojitos y Bulma vio que eran azules, la chica los vio y se maravilló: La bebé saco los ojos de su madre, Bulma comenzó a llorar.
Bulma realmente guardaba en su corazón y atesoraba los recuerdos que en su adolescencia vivio, extrañaba mucho a su familia, la que permanecía siempre unida y ahora destrozada estaba, sin dos integrantes una presencia ya no se sentían, pues se había ido a la muerte y lo peor para Bulma es que ni siquiera conocieron a Kei, ellos la habrían amado, su hermana ya la amaba en el momento en que venía en el vientre y su padre...al principio se sintió atemorizado, pero después feliz, hasta que supo sin conocer a la bebé lo que sucedió, justo en el momento en que se enteró que ya había venido al mundo, él había fallecido. Ahí fue cuando su mamá, Bunny, ya no la quiso ver para nada, pues ella pensaba que era la culpa de pobre Bulma.
Alrededor del lugar donde Bulma se había detenido para recordar el nacimiento de Kei, existían edificios altísimos, y la banqueta era alta, maltratada, pintada de color gris con franjas a los costados de tono amarillo. Las grandes construcciones que estaban en torno a Bulma eran empresas reconocidas, aquella zona era exclusivamente para negociones así, pues estaba demasiado cerca de OSC. Bulma pensó en que no debía de haber ni una casa por ese lugar, ya que lo único se apreciaban eran edificios, restaurantes, tiendas y, exclusivamente, taxis y coches del año. Bulma giró sobre si para poder observar con claridad la grandeza del lugar: mujeres con ropas de diseño y bolsos al igual, caminaban sobre las banquetas a su lado, algunas la ignoraban y otras le veían extrañamente, hombres con sacos grandes y de piel, que venían cargando portafolios, también transcurrían a sus costados.
Era pura gente de etiqueta.
Entonces, a su mente vino la imagen de Vegeta luciendo así como aquellas personas, se le hizo poco común, algo excéntrico, porque a él nunca le hubiera gustado que se le viera así, que en una tarde uno llegara cansado, con el portafolio en mano, del trabajo.
Él siempre se lo había dicho: "No quiero ser como esos hombres que se la viven fastidiados del trabajo, nunca quisiera ser eso" le había dicho con su típico tono arrogante.
Bulma sonrió sarcásticamente:—Qué irónico, Vegeta, terminaste siendo lo que jamás quisiste.
Ella se cruzó de brazos y volvió a caminar, estuvo un buen tiempo haciéndolo. Pasó por la universidad de Milk y se imaginó lo que podría estar haciendo en su tiempo escolar, siguió un de lado por el frente de la universidad, no sin antes mirarla con atención y sonreírle.
Siempre había sido su sueño el poder ingresar a una escuela como esa, Bulma siempre tuvo grandes aspiraciones en torno a estudios. Ella siempre soñó con volverse una gran científica, al igual que su padre lo era, sin embargo, el señor Briefs no tuvo el éxito debido, sus inventos eran grandes, con innovación, realmente podrían estos ser un beneficio para La humanidad, el viejo con cabello lavanda era un científico nato, sus inventos no poseían errores, no tenia a fallas, todas las piezas congeniaban perfectamente, y, su hija, Bulma, siempre lo observaba en esas cálidas noches en que su padre trabajaba.
Po su parte, Bunny todas las noches lloraba por su difunto marido, ella estuvo presente cuando su esposo falleció y lo recordaba con bastante dolor, lo extrañaba muchísimo, fue el amor de su vida, estuvieron juntos por diecisiete años, un tiempo largo, pero poco para estar juntos y vivir su amor. Bunny estaba en su cuarto, con la puerta cerrada y las luces estaban apagadas, sostenía ella con firmeza en sus puños un cobertor azul, era de su viejito, el señor Briefs. Lloraba fuertemente, mientras sus dientes se apretaban contra su mandíbula, lo extrañaba, oh, lo extrañaba bastante, era su dolor agudo y pesado, le hacían sentir que traía cadenas sobre sus muñecas y que estas la aprisionaban de un dolor del cual jamás escaparía, Bunny tenía gran pesar, el vivir con su hija y con su nieta lo habían aliviado un poco, pero en el fondo de su corazón todavía no perdonaba del todo a su hija, seguía pensando, un día que otro, que su hija era la responsable de sus desgracias y de sus desgarradores traumas, pero al ver a la pequeña Kei, veía los grandes ojos de su vida, de su existencia y el ardor que ocasionaba la furia de su corazón, se apaciguaba tal como fuego en la lumbre al bajar la manija del gas. Y también está su hija, su pequeña primogénita, su niña de cabeza dorada, Thigh, ese dolor también la consumía.
Las chicas, esa noche que era más cálida que de costumbre, se habían ido al cine por un rato, Bulma hostigaba a Thigh a salir de su casa para aliviar la tristeza de la otra. Las dos chicas andaban preocupadas, una estaba hinchada por el embarazo y la otra pálida como fantasma por la condición de la otra. Bunny estaba tejiendo una manta amarilla para el bebé, mientras que su esposo, Briefs, estaba en su pequeño laboratorio, ideando más proyectos. Ya era un poco tarde, las muchachas no tardarían en venir a la casa.
Bunny entonaba una canción mientras pasaba de un lado a otro la aguja y el hilo, sentada en una silla de la mesa que tenía en el comedor, estaba ahí, a un lado, la puerta para entrar a la pequeña casa. Esta se abrió de un golpe ensordecedor, Bulma venía cargando a una bebe sobre sus brazos, estaba llena de sangre y de dolor en su cuerpo, ella lloraba junto con la pequeña criatura.
—¡Bulmita!—gritó Bunny, le quitó a la bebe de los brazos y le ayudó a pararse—, ¡¿Donde esta tu hermana!? —Bulma no contestó—¿¡Donde está Thigh!?
Bulma se desmayó por el suelo, no sin antes darle a su madre una mirada agonizante.
Bulma no despertó sino hasta días después, estaba impactado un poco por el accidente, Thigh y ella se habían resbalado del cerrito en donde habían decidido ir a pasear, el cerrito era el lugar favorito de las dos, lo habían descubierto mediante una caminata junto a sus padres por el lago, ellas amaban ir allí.
Pero la cosa resultó mal, Thigh resbaló y, para sostenerse, tomó a Bulma del brazo, sin pensar que jalaría a su hermana con ella, resbalaron ambas por toda la tierra, junto con ramas y espinas.
Ahí fue donde todo se complicó y nació la bebé.
Thigh era la más dolida y lastimada, Bulma aguantaba otro poco y le gritó a su hermana: —¡Bulma, lleva a la bebe al hospital!, pide ayuda, corre, ustedes dos la necesitan, yo esperaré aquí, no puedo moverme...¡anda, corre!
Bulma la miro con dolor y corrió tomando a la bebe del suelo, ahí fue donde pudo nomas llegar a su casa, antes de desplomarse.
Para cuando despertó, la partera estaba en su habitación revisando a la bebe, Bunny entró al cuarto y se sorprendió al ver a Bulma despierta, le hizo un gesto a la partera y esta tomó a Kei entre sus brazos, para después salir de la habitación.
Bunny tenía un semblante duro: —¿¡Por qué dejaste a tu hermana!?
—Mamá...—contestó Bulma con apenas un hilo de voz.
—¡Ella murió y es tu culpa!—gritó Bunny y se desplomó en el suelo, arrodillándose y llorando.
Bulma palidecio, se incorporó de la cama y ahogó un grito—¿murió?— susurró con dolor.
Bunny alzó la vista, lágrimas rodaban por sus mejillas y poseía los ojos cristalinos—¡Sí! Y no solo eso, tu padre la fue a buscar y...¿sabes qué? Él se unió a ella, no soporto ver a Thigh como estaba, y tuvo un ataque. ¡Mi viejito! ¡Mi hija! ¡Te llevaste toda mi alegría! ¡Mi amor se fue y para siempre!—dijo, para después levantarse y salir corriendo del cuarto.
A Bulma se le arrugó el rostro y lloró amargamente, su madre se había puesto histérica y algo exagerada, pero tenía razón, esta vez su madre no la perdonaría, lloro y se cubrió el rostro con una almohada, después la partera entró con la bebe en brazos, le pidió a Bulma sujetarla por un momento, pero ella rechazaba a la bebé...
Bunny tardó en comprender que Bulma no tenía la culpa, a pesar de que lo seguía pensando algunas ocasiones, ella era su hija y por su familia también había sacrificado grandes cosas. Bunny se acosto en su cama y trató de dormir un poco, seguramente Bulma no tardaría en llegar del trabajo y mejor era que la encontrara calmada.
N/A: hola! Disculpen haberme ido de fanfiction por un largo tiempo, no debí hacer eso y lo siento mucho, me alegra que a varias personas les esté gustando mi fic, espero ahora si actualizar más seguido, una grandísima disculpa, aquí seguiremos trabajando, este fic será terminado, no lo abandonaré, lo prometo.
Hasta la próxima actualización ?
