PERSONALIDADES

Capitulo 10: Confrontación

Por: Okashira Janet

-¡Shura-dono!- Aoshi corrió como lo haría un loco, el corazón le golpeteaba de manera apabullante en el pecho, las manos le sudaban aún a pesar de que el clima era cada vez más frío.

-¿Usted?- la joven que en esos momentos se encontraba sujetando unas amarras giró hacía él y algo dentro de su pecho saltó al volver a verlo.

-¡A Tokio, debo ir a Tokio!- por un momento la antigua pirata se quedo sin habla ¿Dónde estaba el joven frío y sin emociones que había conocido?, ¿Dónde estaba el hombre altivo pero a la vez amable?

-Pero…-

-¡Ahora, ahora!- no era una suplica era una orden.

-No tengo planeado ir a Tokio ahora, estaremos una semana en puerto y…- el ninja se llevó una mano a la espalda presto a sacar sus kodachis y hacerse oír por la fuerza pero algo de sentido común llegó a su cerebro en el ultimo instante.

-Necesito ir a Tokio- su voz resultó quebrada, casi como si estuviera a punto de largarse a llorar –La persona mas importante en mi vida esta en peligro-

-Lo siento…- la joven de cabello verde dio un paso atrás observándolo con tristeza, no sabía si por él o por ella misma.

-¡Ayúdeme!- por primera vez en su vida estaba suplicando (aunque el "ayúdeme" le había salido mas como una exigencia que como un pedido).

-La tripulación-

-¡Me las sabré apañar!-

-Usted le tiene miedo al agua- la chica hizo una mueca –El otro día salió huyendo del barco-

-¡Pues ahora rezare porque venga otro huracán!- en algún momento que ni siquiera él había notado sacó una kodachi y la enterró de mala manera en la madera del barco provocando que la chica saltara -¡Sí así puedo llegar más rápido al dojo Kamiya así lo haré!-

-¿Dojo Kamiya?- decir que la chica se había quedado sin aire sería decir poca cosa ¿Ese hombre también tenía algo que ver con Kaoru Kamiya y Kenshin?

-¡Pagare lo que sea!- apretó los puños y los dientes, cada segundo que pasaba era un segundo más que no estaba al lado de su pequeña, era un minuto más que no sabía que ocurriría con su vida.

-Usted… Kenshin…- la chica tragó saliva.

-¿Conoces a Kenshin?- el joven la observó, una tenue luz de esperanza se pintó en su rostro –Tengo que ayudarlo, debes llevarme-

-No llegaremos tan pronto…-

-¡Solo salgamos ya!- y así la joven se mordió ligeramente el labio y asintió con la cabeza.

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Megumi sostuvo su cabello en una red y luego intentó preparar su almuerzo pero sus manos no parecían tener ganas de ayudarle, se sentía tan endemoniadamente triste, tan terriblemente desolada.

Creía que el asunto de Kenshin estaba en el pasado, desde hace mucho había entendido que el pelirrojo solo podía querer a Kaoru, a todos les había quedado muy claro, sobre todo después de lo de Enishi, pero ella no era la clase de chica que olvida.

No… de hecho había vuelto de Aizu solo por él, porque inconscientemente se decía que siempre y cuando Kenshin fuera libre ella podría tener aún una esperanza, ja, vaya tontería.

Y ahora se sentía sola y vacía, sola porque no estaba nadie a su lado y vacía porque tenía veintidós años y lo único que tenía era su profesión y unos buenos amigos, no es que ser doctora fuera malo ni que sus amigos no la divirtieran, pero una mujer no podía vivir solo de eso.

-Toc, toc- giró la cabeza y sin darse cuenta sus ojos se empañaron queriendo dejar salir las lagrimas que había estado conteniendo.

-¡Voy!- se pasó una manga por los ojos y alzó la barbilla altiva, podría estar destrozada por dentro pero no iba a dejar que los demás se dieran cuenta ¿Acabada por un hombre? ¡Jamás!, era demasiado orgullosa.

-Buen día- quizás abrió demasiado los ojos por la sorpresa o tal vez aún tenía aspecto de recién levantada, el caso es que Katsu se echó a reír frente a ella.

-¿Qué pasa?- se lo preguntó bruscamente porque no tenía ganas de lidiar con un chiquillo Sekiho a esas horas de la mañana.

-Nada, quería verte-

-¡Ah!- hizo como si se sorprendiera pero la verdad estaba muy lejos de alborozarse por la idea.

-No tienes que fingir- el pelinegro se metió en la casa sin la autorización de la joven doctora -¿No vas a abrir la clínica?-

-Es mi día libre- la joven mujer se cruzó de brazos, que patético pasar su día libre encerrada en esas cuatro paredes, pero prefería eso a ir al dojo y ver como esos dos se hacían cariñitos.

-Desde que supiste que el Battousai y la niña se van a casar los has evitado, Sanosuke dice que no te ha visto en una semana-

-He tenido trabajo-

-Hoy no tienes trabajo- ¿Por qué la ponía siempre en esas situaciones?

-¿Qué pretendes?-

-Nada, solo tenía curiosidad- el joven reportero paseó la mirada por el lugar, todo estaba perfectamente limpio y acomodado.

-No deberías meterte de esa manera en los asuntos de los demás- la joven doctora se dejo caer sobre un banco con desgana.

-Hasta que veo un comportamiento común en ti- el joven sonrió de medio lado al tiempo que alzaba una ceja –Siempre parece que tienes todos tus movimientos planeados-

-Y tú parece que siempre estas buscando algo- los ojos negros de la mujer se clavaron en él -¿Qué buscas en mí?-

-Nada… me caes bien- guardó silencio un momento –Creo que te encuentras muy sola-

-No me voy a tirar a los brazos del primero que pase gracias- la joven se levantó con aire digno.

-Tampoco es que yo fuera a ofrecerte mis brazos- Megumi tentada estuvo de soltarle una sonora cachetada por baboso pero se contuvo al ver que él no parecía querer ofenderla.

-¿No tienes trabajo acaso?-

-¿Me corres?- nuevamente en el rostro del periodista apareció una sonrisa –Solo es que pensé que Sanosuke…-

-¿Sanosuke?- la doctora levantó una ceja, estaban hablando de ella y luego se pasaban al peleador como si fuera una cosa tan normal ¿Y que tenía que ver el joven luchador en eso?

-Yo estuve pensando que quizás…- el pelinegro iba a seguir pero en ese instante toda la casa pareció retumbar, no, toda la calle pareció conmocionarse, el ruido de una carreta infernal se oía desde lejos y ambos jóvenes saltaron y salieron fuera de la casa de la doctora, como aún era muy temprano no había personas en la calle pero ese carruaje que se acercaba como movido por mil demonios era un peligro mortal.

-¿Pero que…?- Megumi alzó una ceja y entreabrió los labios pero antes de que pudiera reaccionar Katsu la sujetó por la cintura y la apartó del camino.

-¡Cuidado!- el carruaje se detuvo a escasos centímetros de los jóvenes que contuvieron el aire observando con pánico a los caballos fuertes y sudorosos que se desplomaban de cansancio frente a ellos.

-¡Ohhh!- Soujiro jaló las riendas haciendo un esfuerzo sobrehumano por no arrollar a la doctora y a su acompañante.

-¡Chiquillo loco!- ni tarda ni perezosa la doctora explotó -¡Casi nos matas, se puede saber…!- pero no pudo continuar su frase, la puerta derecha del carruaje se abrió de una violenta patada, al instante tanto Megumi como Katsu pudieron observar unas sandalias, unos calcetines blancos, un hakama del mismo color y un cabello ondeante y rojo.

-¡¿Kenshin?!- la joven mujer por un momento no supo reaccionar ¿Por qué Kenshin llevaba puesto un gi azul?, ¿Por qué su cabello estaba recogido en una coleta alta? Y lo más importante ¡¿Por qué demonios Misao estaba pálida como un fantasma en sus brazos?!

-¡Megumi Takani!- en el rostro del joven pelirrojo brilló el alivio y la esperanza.

-¿Megumi Takani?- Katsu negó con la cabeza ¿Qué no ahora al pelirrojo le había dado por llamar a Megumi "Megumi-chan"?

-¡Salva a Misao!- el pelirrojo avanzó hacía ella, sus ojos dorados presionándola y sus labios apretados formando una línea negra y torturante en su rostro.

-¿Misao, que?, yo, ¿Qué paso?-

-¡Ahora no hay tiempo con un demonio!- el pelirrojo rugió y la joven se echó atrás asustada por el ki furioso que la había golpeado, ese no era Kenshin, Kenshin nunca se había portado así con ella, Kenshin era un hombre amable y agradable.

-¡Megumi-san!- de un salto el castaño bajó del carruaje y sujetó a la doctora por un hombro con aprehensión –Misao-dono esta muy mal, dejemos las preguntas para después-

-Entendido- la joven entonces echó a correr a la clínica con Battousai pisándole los talones, no era tiempo de meter asuntos personales al ruedo, era el momento de ejercer su profesión, de salvar una vida, la vida de su amiga.

-¿Qué pasa?- pero Katsu que se dedicaba a hacer preguntas se sintió mareado y los siguió solo por hacer algo, no conocía a la chica y tampoco entendía el nuevo comportamiento del pelirrojo ¿Sería que había entrado en su modo Battousai?, solo verlo a él y a sus tormentosos ojos dorados le ponía a uno los pelos de punta.

-¡Agua caliente!, ¡Vendas!, ¡Hilo!- Megumi empezó a dar ordenes y tanto Battousai como Soujiro salieron disparados a cumplir con el deber, pero aunque estaba intentando parecer profesional y optimista la herida de su amiga era como para que se hubiera muerto desde hace unos días.

-Hi-mu-ra- la joven ninja balbuceó e intento enfocar la mirada pero solo veía borrones y manchas que suponía eran luces.

-Misao estoy aquí- la joven doctora le sujetó la mano forzándose a sonreír –Todo va a estar bien- ¿De verdad todo iba a estar bien?, nunca había visto una herida como esa o mejor dicho nunca había visto que alguien con una herida como esa continuara con vida.

-¡Ya!- Battousai colocó la tina con agua caliente y nuevamente clavó su violenta mirada dorada en la doctora -¡¿Por qué no hace nada?!- la mujer se estremeció ante la furiosa pregunta pero no lo dejo traslucir.

-…No sé por donde empezar…-

-¡Genial!- el muchacho apretó los puños con odio, odio hacía si mismo, hacía la doctora, hacía el mundo.

-Himura-san- Soujiro que venía llegando con vendas apartó amablemente al pelirrojo lejos de la doctora –Megumi-san es muy buena en esto pero si no la deja concentrarse la vida de Misao-dono peligrara-

-¡La vida de Misao ya peligra!- el pelirrojo ahora observó furioso al castaño -¡Todo el maldito viaje para nada!-

-Himura…- la cada vez mas débil voz de Misao se dejo oír y entonces como si cambiara completamente de personalidad el muchacho se puso de rodillas para estar a su altura y le sonrió.

-Todo va a estar bien Misao-

-Himura… quiero vivir pero…-

-¡No te preocupes!- el joven le sujetó una mano y la acunó entre las suyas intentando seguir sonriendo a través de las lagrimas de frustración –Takani es una gran doctora, ella te salvara, solo confía-

-Himura…- la chica respiró entrecortadamente, había soportado mucho porque la idea de la muerte la aterrorizaba, había luchado todo lo que había podido porque amaba a la vida por encima de todas las cosas, pero el dolor ya era insoportable, la luz que la llamaba empezaba a volverse demasiado atrayente.

-No hables, te prometí que te salvaría ¿Verdad que sí?- parecía un adulto intentando consolar a un niño.

-Himura… ya no puedo…-

-¡No digas eso!, ¡Pelea!- dos lagrimas furiosas escaparon de sus orbes doradas y entonces Megumi lo apartó bruscamente, todo el miedo y la confusión de hace un momento se habían evaporado, ahora sabía que iba a hacer.

-Voy a operar- la joven doctora entonces tomó hilo, sus herramientas e hizo una oración al cielo, ese era el momento en que esperaba que la mano de Dios guiara la suya.

-¡Gracias!- Soujiro se dejo caer de rodillas al suelo cerrando los ojos y dejando escapar el aire de sus pulmones, Battousai por su parte se dejo derrumbar en un rincón y cerró también los ojos respirando entrecortadamente, ella no debía morir, por Dios que no debía morir, no podía matar a la mujer que tanto había hecho por él y que le había llevado alegría a su corazón por segunda ocasión.

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Kaoru se levantó y recogió su cabello en una coleta para luego pasar a la cocina donde Sanosuke la esperaba bostezando apoyando una mano sobre la barra del comedor.

-Vienes tarde-

-Lo siento- la muchacha sonrió y el joven luchador simplemente se encogió de hombros.

-¿Qué dijiste que quieres aprender a hacer?-

-Arroz, que no se queme, que no sepa feo y que no se vea asqueroso-

-Ah…- el joven luchador entonces se tronó los huesos del cuello ladeando la cabeza, desde que Kenshin y Kaoru habían anunciado que se casarían la muchacha andaba vuelta loca intentando aprender rápidamente como volverse una buena esposa.

-¿Si me ayudaras verdad?- la chica lo observó con ojillos suplicantes y él le devolvió la mirada con dulzura, un gesto que solía poner cuando después de encontrarse en peligro ella resultaba a salvo.

-Por supuesto Jou-chan, por cierto ¿Se les quito el resfriado?-

-Ah, ¡Sí!- la muchacha arrojó su flequillo hacía atrás y caminó al fregadero para lavarse las manos –Kenshin se tardo otro poquito pero creo que él también ya esta bien-

-Que alivio- el joven guerrero tomó una cebolla y un ajo y se los mostró a la chica.

-¿Qué?- Kaoru entrecerró los ojos, si su amigo se ponía a decirle paso por paso como se llamaban las cosas le daría un puñetazo capaz de mandarlo volando hasta China.

-La cebolla y el ajo sirven para darle sabor, hacer arroz es muy fácil ya verás-

-Eso dices tú- la chica tomó una olla y empezó a arrojar puñados de arroz de manera fatídica –Desde niña que la cocina no es lo mío-

-Sigues siendo una niña, no sé de que te quejas- el joven luchador se encogió de hombros y echó una mirada de reojo por el pasillo -¿Kenshin sigue dormido?-

-Como roca-

-¿Le dijiste que te ayudaría con esto?-

-Sí… ¿Por qué?- la joven alzó una ceja en clara interrogación y su amigo soltó una carcajada.

-Porque no quiero morir joven, por eso-

-Kenshin nunca ha sido celoso- la chica soltó un suspiro prendiendo el fogón, de hecho esa falta de interés en el pelirrojo la había deprimido mucho en el pasado, no importaba con cuantos hombres se relacionara, no importaba si Sanosuke la abrazaba o si otro hombre decía cosas bonitas acerca de ella, él nunca parecía dar muestras de que le interesara.

-Bueno, pero ahora vas a ser su esposa, es diferente- el antiguo Sekiho se rascó la barbilla.

-No creo- la joven sonrió, de cualquier manera lo que de verdad importaba ya había sucedido, Kenshin le había pedido matrimonio y era tan feliz que a momentos le parecía que todo se trataba de un sueño.

-Lo que digas, yo por mi parte tomo mis precauciones- el joven afirmó con la cabeza su aseveración y al verlo Kaoru recordó algo, o mejor dicho sintió el impulso de decirle algo a ese amigo que tanto la había apoyado a lo largo de todo el tiempo que llevaban de conocerse.

-Sanosuke-

-¿Qué?- el joven se rascaba en esos instantes una oreja.

-Gracias-

-¿Gracias?-

-Por todo lo que has hecho y porque siempre me has apoyado en mi relación con Kenshin, dándome ánimos y ayudándome a salir adelante como cuando lo secuestró Shura o como cuando se fue a Kyoto… ¡Aunque a veces también me decías cosas que me hacían sentir mal!- de pronto la chica explotó recordando que cuando Megumi y Kenshin se habían encerrado en una habitación Sanosuke le había insinuado que "todo tenía un limite" y Kenshin se lo estaba pasando.

-Ya, ya- en la cara del joven apareció una mueca.

-De todas maneras gracias- ya mas calmada la joven volvió a poner una sonrisa dulce en su rostro, verla feliz ponía a Sanosuke de buen humor, ella era una persona muy importante en su vida.

-Te lo cobrare algún día- sin embargo él no era del tipo sentimentalista, se sentía un poco incomodo en las llamadas "charlas de corazón".

-Por cierto…- la chica había empezado a remover el arroz al tiempo que hacía un mohín con la boca –Hace tiempo que quería preguntarte algo-

-¿Qué?- él se acercó al tiempo que fruncía el ceño y bajaba un poco la flama, con razón se le quemaban las cosas a la chica.

-¿Por qué volviste de China?-

-¡Touche!- el chico se apuntó al pecho como si alguien le hubiera atravesado.

-¿Qué significa eso?- la joven entrecerró los ojos.

-Que diste en un punto clave-

-Volviste por alguien ¿Verdad?- el antiguo Sekiho sonrío de medio lado, que intuitivas que eran las mujeres.

-Claro, volví para ver que tú y Kenshin cumplieran su propósito en la vida-

-Hablo en serio- aún sin dejar de remover el arroz la chica se giró a verlo –Tú siempre pudiste ver mi amor por Kenshin como si fuera un libro abierto pero aunque siento que tu corazón esta ocupado por alguien no sé de quien se trata-

-Ah…- el joven entonces la retiró del fuego y tapó la olla –Jou-chan no tienes que estar removiendo todo el tiempo, se deja tapado con lumbre bajita y nada más se cuida que no se le acabe el agua, con razón te queda crudo-

-No intentes zafarte- sus ojos azul zafiro lo observaron fijamente y él soltó un suspiro.

-Volví por ti, me gustaste al principio pero por muy corto tiempo, tu futuro siempre fue al lado de Kenshin, eso lo entendí de inmediato-

-Y gracias al cielo yo también- Kaoru saltó pero Sanosuke simplemente sonrió al escuchar la voz del pelirrojo en el umbral de la puerta, de hecho ya lo había visto desde antes de que Kaoru le dijera que no intentara zafarse.

-¡Kenshin!- la chica le aventó la cuchara de madera al rostro pero él la esquivo para pasar a alzarla en brazos y dar vueltas y mas vueltas con ella -¡Me asustaste!-

-Lo siento- las pupilas violetas del pelirrojo danzaban de felicidad y Sanosuke cerró los ojos sonriendo.

-Suertudo-

-Perdedor- el pelirrojo no dejaba de dar vueltas con su Kaoru en brazos.

-Si no fuera por mí esa niña no estaría entre tus brazos ahora- el joven guerrero sonrió ampliamente apuntando al pelirrojo con un par de palillos.

-Gracias, pero sigues siendo un perdedor-

-Menso-

-Idiota-

-Estupido-

-Animal-

-Pelirrojo sin trabajo-

-Jugador sin suerte-

-¡Basta los dos!- Kaoru jaló un mechón de cabello pelirrojo entrecerrando los ojos al tiempo que su prometido parpadeaba –Nunca los había visto tan infantiles-

-Es sinónimo de buena amistad- Sanosuke sin dejar de sonreír quito el arroz del fuego, hacía mucho tiempo que no se sentía tan feliz y realizado.

-A propósito de amistad- Kenshin sonrió aunque por dentro su estomago se contrajo, le parecía que estaba caminando a ciegas pero había algo que tenía que contarle a Sanosuke –Hay algo que me gustaría que habláramos-

-¿Hablar?- el joven guerrero ladeó la cabeza soltando un suspiro –Esta bien amigo Kenshin pero primero déjame ir a con kitsune-

-¿Con Megumi?- Kaoru parpadeó y Kenshin la bajó sin soltarla de su abrazo.

-Sí- el guerrero volvió a suspirar seguro de que si les daba mas pistas Kaoru fácilmente ataría los cabos sueltos, le molestaba que su amiga pensara tanto –Es que no se ha aparecido por aquí últimamente-

-Cierto, ¡Corre pues a ver a Megumi-chan!- Kenshin le sonrió pero para Sanosuke era claro que el pelirrojo simplemente quería quedarse a solas y disfrutar por mayor tiempo a su flor de jazmín.

-Bien, bien- el joven luchador se alejó refunfuñando –Nada más llega el amor y se olvidan de los amigos- cuando ya la alta figura del antiguo Sekiho se perdía en la lejanía Kaoru dio un golpecito en el pecho de su prometido.

-O yo baje de peso, o tú ya estas más fuerte o las dos cosas-

-¡Oro!- el pelirrojo frotó su nariz con la de ella –Kaoru-chan, tú siempre has estado liviana como una pluma-

-No mientas- la jovencita entrecerró los ojos.

-Es cierto, yo nada más decía esas cosas para molestarte- el pelirrojo sonrió cerrando los ojos pero fue mala elección porque la chica le dio un tremendo estirón a su cabello observándolo furiosa.

-¡No sabes como me hacías sentir mal idiota!-

-¡Pues no se te notaba!- el joven soltó un chillido y Yahiko que pasaba por ahí simplemente negó con la cabeza y pasó a retirarse calladamente, estaba muy feliz con el hecho de que Kaoru y Kenshin fueran a casarse pero era tanta la alegría de esos dos que se olvidaban de él por completo, quizás le tomaría la palabra a Sanosuke y se iría a vivir un tiempo con él, por ahora los dejaría solos y se daría una vuelta por el Akabeko, sabía que era de chiquillos ponerse celoso o triste pero aún así no podía evitarlo, se sentía muy feliz porque esos dos por fin pudieran vivir felices pero ¿Seguiría su vida como antes?, ¿Qué era él para ellos?, ¿Un amigo como Sanosuke?, ¿Un chico que habían encontrado?, ¿Alguna clase de protegido?, nunca se lo había preguntado pero ahora la desazón invadía su infantil mente.

Sabía que no era momento para atormentar a los demás con esas preocupaciones pero si había alguien en este ancho mundo que pudiera escucharlo sin juzgarlo era Tsubame y hacía ella correría en esos instantes, teniendo cuidado de no hacer ruido al salir el chico se alejó del dojo con los pasos tambaleantes y la mirada medio perdida.

Ajenos a los sentimientos del niño Kaoru y Kenshin se declararon la paz en la cocina y continuaron abrazados, Kaoru con la frente apoyada en la barbilla de su pelirrojo y él por su parte abrazándola por la cintura.

-Oye- la chica respiró profundamente para sentir el olor de su Kenshin y luego soltó un suspiro -¿Crees que a Sanosuke le guste Megumi?-

-No sé- el pelirrojo infló los cachetes y frunció el ceño –Ese tonto siempre se anda metiendo con mi vida pero en cambio no me deja saber mucho de la suya-

-Cierto- la jovencita se separó lentamente de su amado –Es que no sé… cuando esta con ella pelea mucho pero parece feliz, aunque bueno, Sano se pone feliz por muchas cosas-

-Tal vez el amor aún no llega a su vida- tomando a su prometida de la mano Kenshin se acercó a inspeccionar el arroz que su amigo había botado de cualquier forma sobre una tabla.

-Sepa como sepa será mejor que lo que nosotros cocinamos- declaró la joven kendoka con seguridad y Kenshin se giró hacía ella besándola en la frente ¡Como la amaba!

-¿Almorzamos?- y los dos sonrieron con alivio de que Sanosuke supiera cocinar.

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Sanosuke esta vez no llegó corriendo a la clínica haciendo bulla como solía hacerlo, esta vez se acerco tranquilamente sabiendo de antemano que la doctora no recibiría de buen talante su alegría. Para todos había sido más que obvio que a la joven le había caído como un tambo de agua helada encima la noticia de que Kaoru y Kenshin se iban a casar.

Bueno, él no era quien para decirle que el matrimonio de esos dos se veía venir desde que se conocieron, en el corazón no había quien mandara y en el caso de la doctora no era la excepción. Soltando suspiros de a poco el muchacho de pronto parpadeó al ver un letrero escrito a toda prisa donde se anunciaba que ese día no habría consultas, eso lo único que quería decir era que la doctora estaba operando.

-Espero no sea uno de mis vagos amigos- el joven luchador metió ambas manos en los bolsillos de sus pantalones y observó la puerta que lo separaba de la sala de urgencias con los ojos entrecerrados, tal vez sería buena idea meterse y echar un ojito, capaz y hasta terminaba ayudando con eso de llevar agua caliente, hilo y esas cosas.

-Meg…- el joven abrió lentamente la puerta pero adentro no se oía mas que los dedos de la doctora moviéndose con velocidad y de vez en cuando un apagado quejido.

-Lo siento yo…- el muchacho estaba por regresar su cabeza por donde había entrado pero en ese justo instante percibió a Katsu con los ojos fijos en la mesa de operación observando casi con terror y otras dos presencias que despedían un kenki muy poderoso.

-¡Katsu!- el grito le salió ahogado ¿Qué estaba haciendo su amigo en ese lugar?

-Sanosuke- el pelinegro miró al otro como atontado.

-¿Qué pasa?- el joven guerrero avanzó lentamente por la habitación y entonces a punto estuvo de caer cuando una figura que estaba en el piso dirigió hacía él sus ojos azules.

-¡Seta Soujiro!-

-Sagara-san- el joven hizo una ligera inclinación con la cabeza.

-¿Qué haces aquí?-

-Esto…- el castaño dirigió una rápida mirada hacía la esquina contraria pero fue suficiente para que Sanosuke a su vez también mirara en esa dirección y lo que vio lo dejo helado, Kenshin, sí, pero con el cabello rojo sujetado en una coleta alta, con dos espadas al cinto y un aura siniestra rodeándolo.

-¡Kenshin!- gritó porque no entendía que demonios sucedía, había dejado a su amigo muy sonriente en la cocina del dojo con Kaoru y ahora lo encontraba echado en una esquina de una sala de operaciones.

-¡Silencio!- Megumi ordenó imperante y él dio un respingo para girar ahora la vista hacía la camilla… no debió de haberlo hecho…

-Misao- apenas y podía verla, la chica estaba pálida como un fantasma, sus labios estaban resecos, una de sus manos caía de manera preocupante hacía abajo y era tal la cantidad de sangre que manchaba las sabanas que por la espalda del luchador subió un escalofrío.

-¡Misao!- con el corazón en la garganta echó a andar torpemente hacía la chica presto a tocarla, a sacudirla, no podía ser posible, eso no debía de estar pasando.

-¡Alto!- una voz rugió tras de él y sintió como lo tomaban del hombro y lo obligaban a detenerse.

-¿Qué esta pasando?- lentamente el joven de cabello castaño dio vuelta y se encontró con el pelirrojo quien lo sostenía mientras sus orbes doradas parecían querer incendiarlo.

-No te acerques a ella-

-¿Qué pasa?- volvió a repetir la pregunta esforzándose por comprender pero todo a su alrededor era un caos ¿Cuándo había llegado Misao?, ¿Por qué estaba en esa condición?, ¿Por qué Kenshin se comportaba de esa forma? Y fue la ultima pregunta la que abrió un hueco en su estomago y lo obligó a abrir los ojos con sorpresa.

-No te le acerques- el pelirrojo volvió a repetir su amenaza.

-Battousai- el joven luchador dio un paso atrás, no podía equivocarse, conocía lo suficientemente bien a su amigo como para darse cuenta de cuando dejaba que el asesino nato en su interior saliera a flote.

-No gastes mi nombre- el pelirrojo entonces tomó al joven por la muñeca y lo arrojó de mala manera al piso, conocía a Sanosuke y había leído en sus ojos la intención de comprobar con sus propias manos si la que estaba sobre la camilla era Misao, solo alguien tan idiota como él pensaría en hacer algo como eso cuando estaban operando.

-¿Por qué estas aquí?- de la impresión Sanosuke ni siquiera se había molestado porque lo lanzaran al suelo -¿Paso algo con Kaoru?-

-Más te vale que no- el pelirrojo frunció el ceño, con Sanosuke en el suelo y él observándolo desde arriba la frase mantenía el doble de letalidad.

-¿Por qué mas me vale?- el joven guerrero estaba tan confundido que de un momento a otro pensó que se encontraba soñando o algo por el estilo.

-Himura-san, por favor- Soujiro intervino para gran alivio de Sanosuke.

-Tú no te metas Seta- el pelirrojo echó una mirada de soslayo al castaño pero éste ultimo solo tomó aire para tranquilizarse y luego prosiguió.

-Sagara-san no entiendo muy bien que esta pasando en este lugar pero lo importante es que Misao-dono se salve, por ese motivo Himura-san no es buena idea empezar una pelea, por lo menos no aquí, Megumi-san necesita silencio-

-Entendido- el pelirrojo entonces se volvió a sentar en el lugar que tenía antes de que Sanosuke llegara y el peleador por su parte se quedo en el sitio donde se encontraba, tan perdido que giró sus ojos suplicantes de información a Soujiro pero el antiguo Juppon estaba demasiado concentrado en apretar los labios viendo la operación como para hacerle caso.

-Misao…- el joven apretó sus puños, no entendía que pasaba pero le iba a hacer pagar a quien le hubiera echó semejante atrocidad a la chica, nadie se metía con sus amigos y salía impune de ello.

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-Kenshin- Kaoru volvió a asomar la cabeza al cuarto vacío y luego se cruzó de brazos tratando de no parecer muy angustiada.

-Sí, yo tampoco lo encontré- el pelirrojo la observó fijamente y luego ambos desviaron la mirada porque no querían preocupar al otro, pero la verdad ambos estaban medio inquietos… bueno, más que medio.

Yahiko no estaba por ninguna parte, por lo general cuando el niño salía siempre se los decía ¿Sería que no había dormido en el dojo?, ¿Se habría salido por la noche?, ¿Por qué no se habían fijado si estaba en su habitación antes?

-Tal vez haya ido al Akabeko- Kenshin intentó de parecer jovial pero por dentro se sentía como una gelatina, ¿Sería que algo le había pasado al niño?

-A lo mejor y fue con Megumi él también- la chica se pasó la lengua por encima de los labios y luego…

-¡Tú vas a la clínica y yo al Akabeko!- los dos habían gritado lo mismo al mismo tiempo.

-¡Bueno, entonces tú vas al Akabeko y yo a la clínica!- ¿Se habían puesto de acuerdo o que?

-Yo voy a la clínica- Kaoru le tapó la boca a su prometido antes de que volvieran a hablar al mismo tiempo –Tú ve al Akabeko-

-¡A la orden!- el pelirrojo sonrió apenas y luego salió disparado, al alejarse notó como Kaoru corría en dirección contraria ¿Estaría Yahiko en el Akabeko?, esperaba que así fuera, no había escuchado al niño salir en la mañana ¿Sería que lo había hecho por la noche?, aunque de cualquier manera era raro que él no se hubiese dado cuenta.

Suspirando el pelirrojo aminoró un poco el paso, de eso justamente quería hablar con Sanosuke, había cosas en su cuerpo y en su mente que le parecían extrañas y todo eso estaba relacionado con la noche de tormenta en la que había tenido esa extraña pesadilla ¿Por qué había sido solo una pesadilla verdad?, quizás su amigo se riera de él cuando le contara sus temores pero tenía que hacerlo.

Dentro de poco se iba a casar con Kaoru y eso lo hacía el hombre más feliz del mundo pero no quería tener un matrimonio con secretos, tenía que averiguar que tanto había de cierto en la supuesta pesadilla que había tenido.

Era tonto y todo eso pero había cosas inexplicables que ni él entendía de si mismo, olvidar como cocinar, levantarse tan tarde, sentir flojera antes de comenzar los labores domésticos y no solo eso, lo que más le preocupaba tenía que ver con su cuerpo, antes cuando tenía que llevar a cabo una tarea pesada sentía que le fallaban las fuerzas, que su cuerpo no le respondía al cien por ciento, pero ahora parecía como si una nueva juventud lo hubiera atacado ¿Sería porque por fin se iba a casar con la mujer que amaba?

Pero si tenía que mencionar una cosa, algo que lo preocupaba por encima de todo lo demás era lo siguiente, casi ya no recordaba a Tomoe, su fallecida esposa se iba convirtiendo cada vez con mayor rapidez en solo una sombra borrosa que se perdía en su cerebro, era como una imagen de algo vago que recordaba haber amado pero del que no podía definir los contornos, por ende la cicatriz en su mejilla empezaba a desaparecer y algo le decía muy adentro de su corazón que eso no era ni por asomo bueno.

Y mientras el pelirrojo seguía su meditativo camino la joven kendoka caminaba con paso apurado a la clínica, ya vería ese desconsiderado alumno cuando lo encontrara, le iba a patear el trasero por haberla preocupado, en el dojo existían reglas (que pocos conocían y que menos aún seguían) pero salir sin decirle a nadie era una de las cosas que definitivamente no se debían hacer. Cierto que Yahiko era un aguerrido muchachito, pero eso no le quitaba que solo tuviera diez años, era normal y completamente comprensible que se preocupara por él.

-¡Demonios!- la chica paró en seco cuando notó que en la puerta de la clínica anunciaban que no habría consultas, Megumi solía hacer eso cuando iba a estar mucho tiempo en la sala de operaciones.

-¿Qué hago?- soltando un suspiro la joven puso ambas manos en su cintura, si Megumi estaba operando de seguro que ni Sanosuke ni Yahiko estaban en ese lugar ¿Sería buena idea preguntarle a la doctora?, ¡No!, claro que no, Megumi debía de estar muy ocupada operando como para que ella fuera a distraerla con asuntos menores… aunque tal vez necesitara ayuda. Poniendo un dedo bajo su barbilla la joven kendoka recordó la ocasión en la que Yahiko y ella la habían estado ayudando en la operación de un amigo de Sanosuke.

-Pero Yahiko…- por un momento se quedo como en un limbo, ir y ayudar a Megumi o seguir con la búsqueda de su alumno, estaba por marcharse cuando sacudiendo la cabeza volvió sobre sus pasos y abrió lentamente la puerta, era preferible ayudar a salvar una vida si era posible, de seguro que Yahiko estaba bien, era su mejor alumno después de todo y Kenshin también lo estaba buscando, seguro que él si lo encontraría.

-Megumi, ¿Puedo ayudarte?- la joven entró vacilante pero en seguida sus ojos azules como el mar se abrieron con espanto, su amiga se encontraba frente a una camilla, tan manchada de sangre que parecía que había salido de una carnicería, en las esquinas un chico castaño y Katsu detenían el cuerpo del herido para que no se moviera, aunque viendo el estado en que se encontraba Kaoru dudaba de que siguiera incluso con vida y fue en ese horroroso instante que algo golpeó su corazón con fuerza, porque había reconocido esa larga trenza que colgaba hacía el piso.

-¡Misao!- gritó con espanto y se llevo las dos manos a la boca sin acabarlo de creer.

-Jou-chan, espera- salido de la nada Sanosuke sujetó a la joven kendoka por un brazo para que no siguiera avanzando.

-¡¿Qué pasó?!- sabía que no debía gritar pero no podía evitarlo, la voz le salía quebrada ¿Qué demonios estaba sucediendo?, ¿Por qué nadie le había avisado que su amiga estaba ahí y en ese estado?

-No lo sé, tranquilízate- el joven guerrero la sujetó por los brazos, entendía como se sentía su amiga, aún después de tanto rato metido en ese lugar él se sentía igual de aturdido.

-Kaoru…- y entonces una voz joven y extraña se dejo oír, Battousai se había puesto de pie, tenía un montón de sentimientos encontrados, de hecho nunca en su vida había sentido tantas cosas y menos aún al mismo tiempo, en primera sentía una desesperación y una culpa mortal por el estado de Misao, en segunda sentía un alivio y un amor inmenso al ver a Kaoru, a su Kaoru sana y salva, tan hermosa como la recordaba, verla despertaba en él mil emociones, deseaba abrazarla para que lo consolara, quería decirle que estaba muy arrepentido por lo que había hecho, quería redimirse frente a ella, que ella le acariciara el cabello como lo había hecho tantas veces en el pasado y le dijera que todo eso no había sido su culpa, quería oír de sus labios que lo perdonaba, porque sin su perdón no podía seguir adelante, pero al mismo tiempo que todos esos pensamientos azotaban su mente sentía una rabia y unos celos enormes al ver a Sanosuke, ese entrometido sujetando a su Kaoru como si le perteneciera.

-¡Espera!- el joven guerrero se dio la vuelta rápidamente dejando atrás a Kaoru y extendiendo los brazos como si la protegiera.

-¿Sano?- Kaoru entreabrió los labios, no entendía nada.

-¡Espera, no te le acerques a Kaoru ahora!- el joven de mirada castaña apretó los labios, no entendía porque pero justo en esos instantes su amigo se encontraba en su faceta de Battousai y en ese estado era peligroso, para si mismo y para los demás.

-¡No me des ordenes!- el de mirada dorada explotó y Kaoru sintió como literalmente toda su piel se erizaba, no fue consciente de sus actos simplemente apartó a Sanosuke para poder ver fijamente al hombre frente a ella, coleta alta, gi azul, ojos dorados, ese no era Kenshin, no era el Kenshin que ella acababa de dejar hace poco, ella sabía quien era él, lo había visto en sueños, le había temido desde siempre.

-Battousai…-

-Kaoru- el joven tragó saliva, toda su ira y sus celos se esfumaron como el aire, porque ella estaba ahí, porque sabía quien era.

-Battousai- la chica volvió a repetir el nombre como afirmándolo.

-Jou-chan…- nuevamente Sanosuke la tomó de la mano y la colocó por atrás de él solo que esta vez ella se aferró al traje de su amigo sin dejar de ver fijamente hacía delante y a Battousai no tenían ni que explicarle que significaba eso, la actitud de la chica reflejaba un solo sentimiento, miedo.

-Kaoru…- no, todos podían temerle menos ella, porque la amaba, porque ella era su salvación.

-Kenshin, tranquilízate- Sanosuke se mordió ligeramente un labio, se sentía en medio de una pelea monumental.

-Quítate- Battousai apretó los dientes, la voz le salió ronca.

-No lo haré hasta que te tranquilices, estas asustando a Jou-chan, vuelve a ser el de siempre- ¿Qué volviera a ser el de siempre?, ¡Él ya no podía ser el de siempre!, ahora era Battousai, no podía volver a ser el de antes porque el de antes no existía.

-Aléjate de ella- el de ojos dorados avanzó peligrosamente pero se detuvo en seco cuando notó que la joven cerraba los ojos y ahogaba un sollozo ¿De verdad la estaba asustando?, ¿Por qué reaccionaba así?, él no sería capaz de hacerle daño, a ella nunca.

-Te estoy hablando en serio- aunque por dentro temblaba Sanosuke se mantuvo firme en su postura –Este no es el momento para que peleemos entre nosotros, Misao esta muy mal-

-¿Quién lastimo a Misao?- aún aferrandose a su amigo Kaoru habló temblorosamente, tenía miedo, tenía un miedo atroz, Battousai pocas veces salía a flote pero cuando lo hacía era por una sola cosa, porque había llegado la hora de matar, le temía porque estando en esa faceta su amado pelirrojo ya no podía escuchar su voz, ya no podía escuchar la voz de nadie, en esa faceta el único deseo en su mente era destruir.

-No sé- Sanosuke apretó los puños con furia –Pero no se saldrá con la suya- Battousai se tensó, ese mentecato de Sanosuke nada podría hacer en su contra, pero eso no quitaba que se sintiera mal por el comentario.

-¿Quién pudo hacerle algo tan cruel?- Kaoru tomó aire, sus ojos estaban vidriosos y con esa mirada desolada observó fijamente al pelirrojo frente a ella, porque lo sabía, no entendía como pero lo sabía, que Battousai, ese joven casi hombre frente a ella era el que había puesto a su amiga entre la fina línea de la vida y la muerte.

-Soujiro, tú lo sabes verdad- Sanosuke tragó saliva y observó al castaño pero éste simplemente bajó la cabeza azorado y negó, no entendía que era lo que pasaba en es lugar pero él no diría que Misao estaba así por culpa del pelirrojo, nadie en ese cuarto parecía dispuesto a escucharlo antes de juzgarlo.

-Fui yo…- todo se hizo silencio en el salón, Soujiro aflojó un momento su agarre, Katsu aún con los ojos fijos en Misao sintió como las manos le temblaban, Sanosuke abrió la boca como si lo hubieran golpeado y Kaoru echó a llorar sintiendo que de un momento a otro se le acabarían las fuerzas.

-Fui yo- Battousai repitió la frase con el corazón destrozado, porque Kaoru en vez de intentar consolarlo huía de él, porque le tenía miedo como todos los demás, porque ahora lo entendía, ahora comprendía lo que le había querido decir ese otro Kenshin viejo en el granero, que Kaoru aceptaba al Kenshin del presente, sí, pero porque no le importaba su pasado… y él era ese pasado.

-¡Se me esta yendo!- el corazón de todos paró de golpe, Megumi tragó saliva y sus uñas se clavaron en las palma de su mano casi hasta sacarse sangre, todos eran un montón de idiotas, mira que pelearse en media operación y ahora el pulso de Misao era cada vez mas débil, la vida de su amiga se le estaba escurriendo entre las manos.

-¡Has algo!- Battousai olvidó todo, deshecho su quebrado corazón y giró hacía la camilla con todo el cuerpo punzándole.

-¡No le grites a Megumi, ella hace lo que puede!- furioso como nunca Sanosuke avanzó hacía el pelirrojo pero éste lo azotó en la pared de un aventón.

-¡Sano!- Kaoru chilló.

-¡Se nos va!- Megumi apretó los dientes, no podía pensar claramente entre tanto descontrol.

-¡Has algo, ahora, ahora!- Battousai rugió desesperado, la joven empezó a dar masaje al corazón pero la ninja en la camilla parecía demasiado lejos de cualquier intento por traerla a la vida.

-Esta muerta- Katsu observó con horror el cuerpo sobre la camilla, ya no sentía ningún pulso.

-Muerta…- Soujiro soltó lentamente el brazo de la muchacha que sujetaba, la piel de la chica había dejado de emitir calor.

-¡No, no, no!- entre lagrimas Megumi siguió con su tarea, no podía dejarla morir, la traería de vuelta a la vida como fuera, era su amiga, ¡No podía morir!

-¡Misao, escucha, estoy aquí!- completamente histérico Battousai se aferró a la camilla gritándole a la chica -¡Me prometiste pelear!, ¡Me prometiste vivir!, ¡Vamos, vamos!-

-¡Que esta muerta!- Katsu gritó, Soujiro se dejo caer de rodillas con los ojos fijos en la nada, Sanosuke se arqueó sintiendo que vomitaría y Kaoru corrió hacía la camilla llorando.

-¡No, Misao, vamos, amiga, vamos!- pero era en vano, el cuerpo de la chica estaba completamente lívido.

-Mi-sao…- la joven kendoka entonces se dejo caer también de rodillas, la cabeza le palpitaba, las manos le temblaban ¿Por qué había sucedido eso?

-¡Misao, escúchame, soy Himura, vamos, despierta, soy Himura!- las lagrimas empezaban a salir desesperadas de las orbes doradas del pelirrojo, Megumi seguía haciendo esfuerzos desesperados por volver a hacer latir el joven corazón y en ese instante Sanosuke giró sus ojos vidriosos hacía el pelirrojo.

-Esto es tú maldita y puta culpa- y el de ojos dorados pudo sentir que todas las miradas de ese cuarto sobre su persona opinaban lo mismo.

………..

..

..

.

Misao abrió los ojos lentamente y sintió que flotaba, todo el dolor había desaparecido y a su alrededor solo podía ver luz blanca, incluso ella misma iba vestida de blanco, su larga trenza negro azabache era la única nota negra en ese lugar.

-Ah…- la joven se rascó la cabeza pensativa -¿Dónde estoy?-

-Estas aquí, al menos espiritualmente- una voz serena y sin timbre de emoción se dejo oír tras ella y la joven ninja giró rápidamente la vista parpadeando con sus hermosos ojos verdes.

-¡Tú!- la ninja saltó apuntándola, se trataba de la misma mujer de cabellera larga y rostro inexpresivo que había visto en el bosque antes de que se atravesara en medio de la pelea de Saito y Battousai.

-Mi nombre es Yukishiro Tomoe- la joven hizo una ligera reverencia y Misao ladeó la cabeza intentando asimilar las cosas.

-La esposa fallecida de Himura ¿No?-

-Estas en lo cierto- la inexpresiva mujer realizó una larga reverencia –Te agradezco mucho la ayuda que me has prestado-

-¡Pues no lo agradezcas!- Misao saltó enfurecida -¡Por tu culpa me estoy muriendo!-

-No tenía otra opción- la joven levantó su cabeza y observó a Misao largamente.

-¡De seguro que ya me morí, por eso estoy aquí!- la chica se puso en cuclillas en el suelo y se sujetó la cabeza mientras sus ojos daban vuelta en espiral -¡Y ni siquiera sé si le dije a Aoshi-sama lo mucho que lo quiero!-

-Aún no mueres- Tomoe se acercó a ella y le puso una mano sobre el hombro –O mejor dicho aún tienes una oportunidad de volver-

-¡Que alivio!- la joven ninja se paró de un salto sonriendo feliz pero en seguida su rostro se puso tenebroso de nuevo –Por cierto, eso de decirme que me atravesara en la pelea sin hablarme de las consecuencias fue muy malo de tu parte-

-Pensé que sabías las consecuencias- en la nuca de la joven Yukishiro apareció una gota de sudor que Misao no alcanzó a ver.

-¡Claro que no!- la joven ninja volvió a sujetarse la cabeza que le daba vueltas sin control -¡Yo siempre hago las cosas sin pensar!-

-Ah…- por un momento Tomoe guardó silencio y estaba por añadir alguna otra cosa cuando la joven ninja la observó fijamente con ojos de pistola.

-Además ¿Por qué me elegiste a mí?, se lo hubieras pedido al cabeza de escoba, nadie habría llorado su muerte-

-No hubiera podido hacerlo- Tomoe cerró los ojos un momento y luego los volvió a abrir provocando que la joven okashira se echara para atrás, de verdad que en eso de miradas intimidantes nadie le ganaba a esa mujer, aunque capaz y podía competir por el titulo con su tutor.

-¿Por qué no habrías podido?-

-Porque es un don que solo tú posees-

-¿El don de sacrificarse por los demás sin pensar?- la chica entrecerró los ojos, mas que un don esa porquería parecía una maldición.

-No, el don de ver y hablar con los muertos-

-¡Ah!- Misao se encogió -¡No que miedo, a mi no me gustan los fantasmas!-

-Soy un fantasma- Tomoe la observó como quien ve un caso perdido –Creo que en una ocasión anterior hablaste con el fallecido Hannya-

-¡Ah, sí!- la chica saltó feliz –En la batalla del Aoiya-

-Bueno, a veces los fallecidos contactan con las personas que tienen ese don, en este caso contigo-

-Pues que mal- la chica se sujetó el estomago, en esos instantes no sentía dolor pero estando en la Tierra…

-Pero aunque digas eso, si te lo pidiera lo harías de nuevo-

-¿Qué?- Misao volvió la vista hacía donde la fallecida esposa de Kenshin le sonreía amablemente.

-Volverías a sacrificarte por Kenshin, te doy las gracias-

-Himura es mi amigo, claro que lo haría- la chica soltó un suspiro –Aunque duele-

-Dolerá más si regresas pero te están esperando-

-Entiendo- la joven ninja pateó el suelo bajo ella, era duro, además no se veía que esa inmensidad de luz blanca tuviera fin –Esto…- una raya morada apareció bajo sus ojos.

-¿Quieres saber como regresar?- nuevamente Tomoe la observaba estoica.

-Tú eres tan seria como mi Aoshi-sama, seguro que se llevarían muy bien- la chica se cruzó de brazos y soltó un suspiro.

-Solo escucha- Tomoe se acercó a ella y la sujetó por los brazos, por instinto Misao cerró los ojos –Existe una voz que te necesita, que es mas urgente que las demás, sigue ese llamado-

-Esta bien… gracias, supongo- como ultimo acto en ese lugar Misao abrazó a Tomoe y la joven Yukishiro abrió los ojos con sorpresa primero para después sonreír dulcemente al tiempo que la ninja se evaporaba en sus brazos, ahora entendía que era lo que le llamaba la atención a Kenshin de esa niña, esa calidez y arrojo que ella nunca había tenido.

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-¡Esta muerta!-

-¡Misao!-

-¡Misao, escúchame, soy yo, soy Himura!-

-¡Aléjate de ella, tú la mataste!-

-¡Misao!, ¡Vamos, vamos, abre los ojos, soy Himura!- ¿Qué tanto estaban diciendo?, entre tantos gritos la joven no entendía nada.

-¡Esta volviendo!- Megumi aspiró aire con dificultad, sentía el joven corazón latir lentamente bajo sus manos.

-¡Muy bien, bien Misao, ahora abre los ojos, estoy aquí!- el pelirrojo no pudo soportarlo más y sujetó una mano de la chica, aún lloraba y sus manos estaban temblorosas.

-¡Soy Himura, acuérdate que me prometiste pelear!, ¿Lo recuerdas verdad?- sus ojos verdes se abrieron lentamente, sentía un dolor atroz y todo parecía estar desenfocado o algo así porque veía pura luz ¿Sería que esa maldita de Tomoe le había mentido y ya se había muerto?

-¡Misao!- no, un momento, esa voz desesperada, esa voz que la llamaba con una urgencia atroz ¿Quién era?

-¡Misao, vamos, no puedes estarme haciendo esto porque si tú te vas…!- se hizo el silencio y entonces sobre la mejilla de la chica cayeron tres gotas de saladas lagrimas.

-¿Hi-mu-ra?- aún medio aturdida la chica lo observó y sonrío a pesar del dolor.

-¡Esta viva!- Soujiro sonrío estupidamente, Kaoru se llevo las manos a la boca y lloró de felicidad y Sanosuke tuvo que apoyarse en una pared porque sentía que en cualquier instante se iba a caer.

-Misao, me has asustado tonta- Battousai de cuclillas al lado de ella lloraba sosteniéndole las manos.

-Lo siento…- la chica respiró fatigosamente, aunque había más personas a su alrededor ella solo podía ver claramente al pelirrojo y a Megumi que seguía sobre ella, lista por si algo malo volvía a ocurrir.

-Te moriste un ratito- Battousai intentó sonreír, él no era hombre de sentimentalismos pero no podía evitarlo, se sentía tan feliz y agradecido de que ella siguiera con vida que hubiera podido dar las gracias a todos los santos, a Buda y a los cinco elementos de paso.

-Que mal…- la joven ninja apretó ligeramente su mano y él ocultó el rostro entre las sabanas, no quería que los demás lo vieran pero estaba llorando de felicidad.

-Muy bien, lo siento mucho pero necesito que salgan todos de aquí- Megumi respiró aire hondamente y puso ambas manos sobre su cadera, no iba a arriesgar a Misao a que todos quisieran apretujarla o fatigarla pidiéndole que les contara lo que había pasado.

-De acuerdo- Katsu se retiró no muy convencido, Soujiro salió casi alegremente, mientras la chica estuviera bien él estaba feliz, pero Sanosuke tuvo que levantar a Kaoru del suelo y ayudarla a salir, ambos estaban tan confusos que al pasar la puerta giraron por ultima vez la vista hacía la camilla, Megumi no había hecho intentos de sacar al hittokiri, al parecer porque su presencia tranquilizaba a la joven ninja.

Misao acariciaba lentamente los cabellos del pelirrojo, él a su vez tenía la cabeza sumida entre las sabanas, la chica hablaba despacito pero había algo que saltaba a simple vista, ella no le temía, ella no parecía estar enojada con él por dejarla en ese estado, de hecho parecía hasta aliviada de tenerlo a su lado.

Y eso a Kaoru le causo un gran malestar, como si una espinita se le hubiera clavado de manera fatídica en el corazón, porque ella que tanto amaba a Kenshin había saltado asustada al ver a Battousai, porque ella que tanto lo quería había intentado huir de él, pero ahora viendo a Misao a su lado y aunque sabía que era una tonta y una reverenda idiota por sentir eso… sentía celos, unos mal infundados y de los que se avergonzaba, pero no se podía mandar sobre el corazón.

Notas de Okashira janet: Bien, este capitulo ha salido volando de mis manos, creo que hubo de todo y esta largo pero me siento feliz por el resultado, aunque mi hermana estuvo a punto de matarme por lo de Misao (morir a manos de una niña de doce años que vergüenza)

AGRADEZCO A: kislev, kaoru-pretty, gabyhyatt, A Kaoru Himura, Alisse, LYNN MAIDE, Isabel-san, the black misao, animefan, Hina Himura, Margo Channing y Ka-chan-n (¿es mi imaginación o le agregaste una carita feliz a tu nick?)

Ahora me he encontrado con opiniones muy variadas e incluso hay quien me puso en un serio aprieto con la trama (que ya resolveré con ayuda de Aoshi, que bueno que tengo un genio entre los míos). Al parecer Enishi y Sessha tuvieron un gran éxito a pesar de verse medio gays (que risa me dio eso).

En cuanto a Soujiro les diré que no tienen que preocuparse por él, de hecho lo más probable es que se vaya en el capitulo que viene (a menos que se me revele, los personajes suelen hacerme eso).

Por cierto una personita por allí me informó que al Ova de esta serie le han añadido diez minutos en donde se ve que Kaoru le pide matrimonio a Kenshin y yo así de ¡¿Qué?!, no sé porque en los Ovas quisieron hacer ver que el pelirrojo no sentía nada por la chica, hasta lo ponen como que se casó con ella más por deber que por otra cosa y lo pusieron como un perro infeliz que te dan ganas de asesinarlo, pero por eso yo me quedo con mi Kenshin del manga, ese sí que es mi gallo.

Entre otras cosas quería recomendarles que lean Prisionera de Blankaoru porque aunque es un universo alterno no es "tan, tan" alterno porque se sitúa en aquella época, sale Battousai y tiene que cuidar de Kaoru, también se puede ver algo de Aoshi-Misao y a mi particularmente me pone una sonrisa feliz en el rostro cada que leo un nuevo capitulo.

En fin me despido, cuídense, besitos Ciao

9 de Enero del 2009 Viernes