Capitulo Decimo. "Vida en Hogwarts."

El silbato del expreso se dejó escuchar por toda la estación de Hogsmeade. Harry se sobresaltó al escuchar el agudo sonido, seguido de un barullo de voces. Se había quedado profundamente dormido recostado del cristal. Abrió más los ojos y se estiró perezosamente, observo a su alrededor y comprendió que estaba solo. Sus amigos no habían vuelto. Ni siquiera comió las acostumbradas golosinas de media mañana. Pero ninguno de esos detalles hicieron mella en él. Había estado en una mejor compañía, haciendo cosas sin duda más interesantes y disfrutando de una golosina mucho más exquisita.

Salió al medio del pasillo, que ya comenzaba a llenarse de alumnos. En la distancia distinguió a Hermione, indicando el camino a un grupo de niños.

-Los de primero por aquí, vamos síganme...

-Oh, Harry lamento la tardanza...- dijo una voz a sus espaldas.

El moreno volvió el rostro. Era Ginny que algo acalorada lo tomaba de la mano.

-Es que McGonagall nos retuvo todo el viaje, dándonos los pormenores de nuestros nuevos deberes... –intentó explicarse.

-¿McGonagall viajaba en el tren?... -preguntó Harry sorprendido.

-Si... no sabes todo lo que nos ha encargado... -dijo Ginny con fastidio... casi seremos los guardianes privados de cada alumno.

-¿Y eso por qué?... -preguntó Harry mientras bajaban del tren, solo por intentar seguir la conversación, en realidad no estaba para nada interesado en el tema. Su mirada buscaba inconscientemente a otra chica.

-Pues con todo lo ocurrido el año pasado... -decía Ginny mientras caminaba al lado de Harry -quieren la mayor vigilancia posible... pero como bien ha dicho Malfoy eso va a ser bastante difícil... sin embargo yo le dije que si nos organizábamos bien tal vez funcionaría.

-¿Malfoy?.-dijo Harry mirando fijamente a Ginny, olvidando por completo a quien estaba buscando.- ¿desde cuándo hablas tu con él?

-Harry no seas tonto.- le reprochó ella sin poder evitar sonreír.- ambos somos prefectos... tenemos que dirigirnos la palabra en algunos momentos.

-Pues no quiero que mi novia este "dirigiéndole la palabra" al cretino de Malfoy.-reclamó Harry molesto.- es un idiota, además sospechamos que sea un espía de Voldemort.

-Y...¿desde cuándo soy yo tu novia?.- preguntó Ginny con picardía. Aunque la idea no le desagradaba en lo absoluto, Harry no se lo había pedido oficialmente, así que jugaría a la desentendida un poco.

-¿Cómo, que desde cuándo?... ¿acaso nosotros no quedamos en eso.- pregunto Harry muy sorprendido?.

-No. Nosotros no hemos quedado en nada, señor Potter.- le recordó Ginny.-

-Pero...pero... ¿cómo que no?... si yo te dije...

-CAMINEN... VAMOS RÁPIDO... NOS DEJAN LOS CARRUAJES.- les gritó Ron

Y así era. Solo quedaban dos carruajes y si no se apuraban quizás no conseguirían puesto. Ginny corrió hasta su hermano, dejando a Harry confundido con su actitud.

La pelirroja se subió al carruaje con una sonrisa

-¿Y esa sonrisa?.- preguntó curiosa Hermione.

-Estoy siguiendo tus consejos.- le informó rápidamente en un susurro, cuando se sentó a su lado.- veremos que sucede.

Harry subió, tenía mala cara. Miró de reojo a las chicas y se sentó al lado de Ron, quien engullía una rana de chocolate

-¿Qué pasa compañero?... ¿por qué esa cara de felicidad?.- preguntó Ron con sorna.

Harry no respondió. Simplemente cerró los ojos y fingió dormir. Ron miro a las muchachas, como pidiendo una explicación, pero ellas solo se encogieron de hombros en señal de indiferencia.

El moreno no podía disimular su molestia. ¿Cómo se atrevía Ginny a negar que era su novia?. Si bien era cierto que no se lo había pedido con formalidad, ni usando todas las palabras, él se suponía que había quedado sobreentendido.

Al detenerse el carruaje frente a las escaleras del castillo, Harry fue el primero en bajar. Ron lo siguió muy de cerca.

-Harry ¿qué pasa? ¿Acaso estás molesto porque permaneciste solo durante todo el trayecto? –preguntó Ron mientras intentaba alcanzarlo..-lamento que así haya sido... pero esa McGonagall nos retuvo con una sarta de tonterías... además... yo... y Hermione... bueno... nosotros...

-No te preocupes Ron... no estoy molesto por eso.- le aseguró Harry deteniéndose, para que su amigo lo alcanzara.- es tu hermana...

-¿Ginny?... ¿qué paso con ella?.- preguntó Ron sorprendido.

-Nada... supongo que cosas de mujeres.- contestó Harry sin deseos de entrar en detalle.- vamos, me muero de hambre, no quiero perderme el banquete por nada del mundo.

Los chicos subieron rápidamente la amplia escalinata y se perdieron por las puertas dobles de roble. Más atrás les seguían las chicas.

-Creo que se me pasó la mano.- dijo Ginny algo temerosa.- Harry esta furioso...

-Peor para él.- opinó Hermione mientras se acomodaba el cuello de la blusa y luego el de la túnica, para tratar de tapar la mayor parte de su piel.- tienes que mantenerte firme Ginny si quieres que él realmente asuma un compromiso ¿no te fijaste como lo miran las chicas?

-No.- negó Ginny abriendo los ojos de forma desmesurada.- ¿quién se atrevió a mirar a mi novio?

-No es tu novio... recuérdalo.- recalcó Hermione.- además, ¿crees que las demás chicas no tienen ojos? Harry se ha convertido en uno de los chicos más atractivos... hay que estar ciega para no darse cuenta.

Un extraño palpito se acuno en el corazón de Ginny. La idea de negarse a ser la novia de Harry, ya no le parecía tan buena.

Al entrar al gran comedor, vio a Harry de pie junto a la mesa de Gryffindor, junto a sus otros compañeros, y con rabia notó que Hermione tenía razón. Más de una miraba al moreno de una forma poco decorosa. Hasta algunas chicas de Slytherin no despegaban sus ojos de él.

Se sentó frustrada al lado de algunas de sus compañeras. Pasó un trago de agua por su garganta, para ahogar el grito que pugnaba por salir, para informarle a todas esas víboras que Harry era de su propiedad.

El moreno se sentó entre sus amigos, casi frente a Ginny. La miró por un momento y luego desvió la mirada, cuando ella clavo sus ojos en él.

Si ella quería hacerse la desentendida, él le daría el gusto. Porque ya había notado la admiración que su cambio físico ese año estaba causando entre el género femenino. Por lo que no dudó que un momento como el vivido en el tren, tal vez se repetiría por más de una ocasión.

-Harry este año se escoge nuevo capitán de Quidditch.- dijo Seamus emocionado, sacándolo de sus pensamientos.- quizás te escojan a ti...

-No creo.-dijo Harry desestimando la opinión de su compañero.- es un puesto de mucha responsabilidad.

-Pero si no eres tu... ¿quién mas puede?.- preguntó Ron sorprendido.- para todos, tú eres el indicado para ese puesto.

-Hay otras cosas que ocuparan mi tiempo.- reconoció Harry pensativo.- aunque el Quidditch se merece todo el esfuerzo y tiempo posible, porque esa copa tiene que ser nuestra.

-Precisamente por eso.- intervino Neville.- Malfoy es el nuevo capitán de Slytherin... solo tú puedes darle la pelea.

Harry no opinó, porque en ese preciso momento McGonagall pidió silencio. Era el momento de la selección de los nuevos alumnos. Y mientras cada uno iba pasando al frente y el sombrero seleccionador gritaba los nombres de las diferentes casas, el moreno pensó que sus compañeros tenían razón, quien mejor que él para ser el nuevo capitán de Gryffindor, era el único con la experiencia necesaria, y sin duda el mejor jugador. Miro a su alrededor captando las miradas femeninas que lo observaban sin disimulo alguno. Les dedicó una singular sonrisa a algunas de ellas, las cuales se mostraron nerviosas, algo que alimentó sus ganas de probar cada uno de esos labios. Sin embargo de pronto se sintió extraño, ese tipo de pensamientos no eran comunes en él. Algo le estaba pasando. Algo que quizás se le podría escapar de las manos. Volvió su mirada a Dumbledore quien hablaba en ese momento, y recordó cual era y debía ser su único objetivo: el ED y entrenarse todo lo que se fuere posible para rescatar a Sirius del "Velo".

Sin embargo alguien más, había estado observando todo de forma silenciosa.

Mientras subía las escaleras junto a sus compañeros, rumbo a la casa Gryffindor, se topo de frente con Draco Malfoy y sus compinches.

El rubio y el moreno se miraron por un momento de forma desafiante.

-Este año conocerás de que esta hecho un verdadero mago de sangre pura, Potter.- dijo Draco con petulancia.-

-Sí es del mismo material del que están hechos tú y toda familia.- dijo Harry con burla.- pues ya lo se... y es de un olor muy desagradable, que solo a los animales que comen carroña les gusta.

-No voy a tolerar tus insultos Potter.- increpó Draco furioso.

En realidad solo quería una excusa para iniciar una pelea con el moreno. Pero antes de que sacara su varita mágica de la túnica, Harry había colocado la suya, de forma hábil, debajo del mentón del rubio.

-Soy yo el que no va tolerarte nada Malfoy.- enfatizó Harry.- por tu bien, no me provoques, que si me buscas me vas a encontrar.

-Harry... por favor... déjalo.- intervino Hermione.- es muy pronto para que le resten puntos a Gryffindor por tu culpa.

-¡Cállate Hermione!.- le ordenó.- ¡nadie ha pedido tu opinión!.

Todos se quedaron en silencio mirándose unos a otros. La morena retrocedió un par de pasos, al ver un gélido brillo en los ojos de Harry.

Draco también mantuvo la distancia, atento a cualquier movimiento. Comenzaron a escucharse pasos en la lejanía, que poco a poco se fueron haciendo más audibles. Harry guardo su varita y dedicándole una última mirada al rubio, emprendió la retirada.

-¿Por qué trataste a Hermione así?.- le reclamó Ron una vez que estuvieron en la habitación

-Ella se lo buscó.- dijo Harry molesto.- siempre está dando ordenes... y tratando de inmiscuirse donde no le corresponde.

-No voy a permitir que hables así de ella.- dijo Ron también molesto.- ella solo trataba de evitar un enfrentamiento entre Malfoy y tú, y que algún profesor los pillara... solo trataba de ayudar.

Harry no respondió. No quería iniciar una disputa y menos con Ron. Pero el pelirrojo no estaba dispuesto a dejar pasar el asunto.

-No me ignores.-exigió Ron.- sabes que no tenias razón para tratarla así... ¿qué te está pasando?

-Está bien Ron.- dijo Harry por fin.- lo siento... me extralimite

-No es conmigo con quien tienes que disculparte Harry.

Esa noche el moreno no bajo a cenar, no estaba de humor. Había superado miles de obstáculos luchado y ocultado pensamientos a las mentes oscuras más poderosas del mundo, y una simple pelea con Hermione ni siquiera le dejaba pensar en otra cosa.

A la mañana siguiente, Harry y Ron bajaron juntos hasta el gran comedor. Hermione ya estaba sentada al lado de Pavarti, examinando su horario. Ron miró a Harry de forma significativa.

El moreno entendió las indirectas de su amigo, por lo que se sentó al lado de su amiga.

-Hola Hermione...¿dormiste bien?.- preguntó Harry algo apenado.

La chica lo ignoró. Harry intentó llamar su atención, por lo que colocó su mano sobre la de ella.

-Lo siento Hermione... discúlpame... ayer me comporte como un verdadero idiota, no fue mi intención.-

Se dedicaron una mirada. Él le sonrió tratando de expresar su arrepentimiento. Ella sonrió levemente

-Harry... tenemos que hablar.- le pidió en voz baja, para que nadie más escuchara.

Hedwig, la lechuza blanca interrumpió la conversación. Traía un pergamino atado a su pata derecha. Ululo abriendo las alas, y mientras Harry retiraba el pergamino, la lechuza bebió de la copa de su amo y luego remontó el vuelo.

El chico leyó el pergamino y sonrió satisfecho.

-¿De qué se trata?.- preguntó Ron tratando de leer por encima del hombro de Harry.

-Algo sin importancia.- dijo Harry guardando rápidamente el pergamino en el bolsillo interior de su túnica.- Dobby me envía sus saludos.

Ron frunció el entrecejo, se encogió de hombros y atacó su plato de avenas. Hermione mantenía su mirada sobre Harry, quien decidió ignorarla. Su mente estaba ocupada en las palabras que acababa de leer.

-Buenos días.- saludó McGonagall frente a la mesa de Gryffindor.

-Buenos días.- respondieron a coro los alumnos.

-Potter. Necesito verte en mi oficina antes de tu primera clase del día.-

Harry se puso en pie, al ver que la subdirectora emprendía el camino fuera del gran comedor. Y sin mediar palabras con nadie, se levantó y fue tras ella. Siguiéndole los pasos, se dirigió hasta su despacho. Recordó el pergamino que llevaba en su bolsillo, lo saco y volvió a leerlo

"Te he extrañado tanto... dime por favor donde podemos vernos y cuando"... Susan Bones

Esta vez sonrió con malicia, dejando que su mente volara por todo el castillo, buscando un lugar ideal para un encuentro, como el que ya su imaginación tenía planeado desde el mismo momento de bajarse del tren.

-Bien Potter... pase y cierre la puerta...

Era la voz de McGonagall. Harry fijó su atención en la subdirectora, apartando a Susan de sus pensamientos.

-Como bien sabe, este año necesitamos de un nuevo capitán de Quidditch... así que tanto el profesor Dumbledore como yo, hemos decidido que sea usted, quien asuma este puesto.- dijo la subdirectora sin preámbulos, sin causar ningún tipo de asombro en el chico.- sin embargo quiero que sepa que al principio no estaba de acuerdo, porque este año será muy fuerte para usted... entre sus clases habituales, los entrenamientos de la ED y los de Quidditch, necesitara de mucha disciplina para llevar a cabo todas esas labores sin que ninguna perjudique lo más importante: su rendimiento escolar.

-No se preocupe profesora.- acotó Harry con algo de petulancia.- podré manejar todo a la perfección

-Por favor señor Potter.- intervino McGonagall mirándolo fijamente.- lo conozco desde su primer curso... usted es un alumno promedio y ha tenido que esforzarse tanto o más que el resto del alumnado, en algunas materias... así que me parece que este año tendrá que tomar las cosas más en serio para poder cumplir con lo que se espera de usted.

Harry sintió una repentina oleada de rabia como respuesta a las palabras de la bruja, pero su cordura reprimió su deseo de quejarse, porque ella tenía toda la razón. Si bien sus notas eran bastante aceptables y había obtenido todos sus TIMOS, también era muy cierto que para lograrlo debió estudiar y practicar por horas interminables, y muchas veces había necesitado de la ayuda de Hermione.

-Es por ello que le he pedido a la señorita Granger que le ayude.- interrumpió McGonagall sus pensamientos.- algo que no será ningún problema para ambos, dado la gran amistad que los une.

-Ella siempre me ha ayudado, sin que nadie se lo pida.- puntualizó Harry sin poder evitar sonreír y sonrojarse.

-Lo sé Potter, eso para nadie es un secreto.- confesó ella.- solo que lo que antes hacían a escondidas, prefiero que ahora lo hagan con mi consentimiento.

Una duda surgió en la mente de Harry. ¿Hasta qué punto estaría enterada la profesora McGonagall de todas las cosas que habían vivido juntos?.

-Se le hace tarde Potter... su próxima clase empieza en cinco minutos- le dijo la profesora con una sonrisa

Harry abandonó el despacho con la firme convicción de que sus sospechas eran ciertas: La jefa de la casa Gryffindor sabia más de lo que decía.