Ahora que lo pienso, no me sorprende que el día del cumpleaños de Candy me ponga tan melancólico, ya que muchos de los acontecimientos importantes de nuestra relación, ocurrieron ese mismo día, aunque en diferentes años.
Se suponía que terminando el ciclo escolar yo me regresaría a Escocia con mis padres, pero eso no pasó, mi abuela volvió a hablar con papá y lo convenció de que yo me quedara el último año de la preparatoria con ella. Mi padre tenía previsto que al siguiente año, yo entraría a la universidad de Oxford, y por lo tanto, me tendría que regresar al Reino Unido, por eso no opuso tanta resistencia. Aunque en realidad, yo tenía unos planes muy diferentes a los suyos.
Toda familia llegó a Chicago a mediados de junio, para pasar el día de mi cumpleaños conmigo, una vez más, me hicieron un festejo muy sencillo en casa de la abuela. Ese año, Candy me regaló un par de entradas para ir a ver a Coldplay, ya que el grupo iba a dar un concierto en la ciudad, un par de semanas más tarde. Yo estaba más que emocionado, Coldplay era uno de mis grupos favoritos y moría por ir a verlos, obviamente con ella.
Mis padres solo estuvieron tres semanas en la ciudad, mi hermana se quedó conmigo hasta finales de julio. Recuerdo que durante esas seis semanas, yo casi no le vi ni el polvo a Rose, ya que ella pasaba casi todo su tiempo con Stear, aunque de vez en cuando, salíamos los cuatro juntos. Ese fue el mejor verano de todos, Candy y yo salíamos a pasear diariamente, el parque era nuestro sitio favorito para ir a descansar; a veces hacíamos picnics sobre los árboles y compartíamos todo, hasta el sándwich.
Hacíamos el amor siempre que teníamos oportunidad, era común que después de hacerlo, yo me quedara embelesado contemplando su cuerpo perfecto. Para el final de las vacaciones, yo conocía de memoria la anatomía de Candy y la ubicación exacta de cada lunar, de cada peca, de cada vello y de alguna que otra cicatriz, que dejaba en evidencia a la niña traviesa que ella fue.
No sé por qué, pero cuando entramos de nuevo a la escuela, mi atractivo con las chicas aumentó de manera significativa, sobre todo con las de noveno y décimo grado. Era común que ellas me siguieran con la mirada y suspiraran ante mi presencia, mientras que las más aventadas, se acercaban a mí para preguntarme mi nombre. A mi me parecía gracioso, pero a Candy no le causaba tanta gracia.
Ese año me nombraron capitán del equipo de futbol y Candy se metió por primera vez al equipo de las porristas, supongo que para estar cerca de mí y poder espantar a todo ese grupo de moscas, que amenazaban con quererse parar en su bizcocho. A mí me encantaba verla celosa, creo que hasta me parecían tiernos sus celos, aunque algunas veces llegamos a discutir por culpa de ellos. Pero lo que Candy parecía ignorar, era que yo no tenía ojos para nadie más, solo para ella.
Mi abuela solía decirme que yo había embarnecido, Candy solía burlarse de mi, diciendo que yo había "embarneycido", haciendo referencia ese estúpido dinosaurio morado y a los kilos de más que había adquirido en los últimos dos años, gracias a ellas. Yo sabía que no estaba gordo, pero estaba consciente de que no era aquel muchachito alto y flaco que había llegado a Chicago algunos años atrás.
Los fines de semana los pasábamos en su casa, específicamente en su cuarto, escuchando música. Yo siempre le dedicaba alguna canción, entre las muchas que le dedique, estuvieron la de "I don't wanna miss a thing" de Aerosmith, la de "Secret Smile" de Semisonic y sobre todo la de "Yellow" de Coldplay.
En esa época mi vida era bella y sin muchas preocupaciones. A menudo, ella y yo nos poníamos a soñar en cómo sería nuestro futuro juntos, los dos habíamos acordado que nos casaríamos a los 25 años y que viviríamos en Escocia, pero que visitaríamos a la abuela durante todas las vacaciones. Ambos podíamos pasarnos horas platicando acerca de nuestra vida futura, al final, siempre terminábamos discutiendo sobre el número de hijos que íbamos a tener, ella quería fueran tres, yo quería que fueran dos, un niño y una niña, tal como mi hermana y yo.
Después de las vacaciones de invierno, mi padre comenzó a preparar todo para mi ingreso a la universidad de Oxford. Lo que él no lo sabía, era que yo no pensaba irme a estudiar a esa ciudad, si no que mi intención era quedarme en la Universidad de Chicago, para poder estar cerca de mi novia. La señora White no podía costearle a su hija una carrera en una universidad de prestigio, por lo que Candy estudiaría enfermería en los Colegios Comunitarios de Chicago.
Yo no quería mantener una relación a distancia con Candy, como la que mantenían Stear y Rose, quienes solo podían verse unas cuantas veces al año; por esa razón metí mi solicitud para entrar a la Universidad de Chicago, sin que papá se enterara. Mi abuela me brindó su apoyo durante todo el proceso, aunque para ser sincero, no tuve ningún problema para ser aceptado, ya que tenía un excelente promedio, era un excelente jugador de futbol, y además, había pasado el examen de admisión con un promedio superior al resto. Lo único que me faltaba era decírselo a mis padres, y ciertamente, esa era la parte más difícil de todas.
La primera vez que intenté decírselo a papá, fue durante el funeral de Janet, la única hermana de mi abuela, quien falleció a finales de abril de ese año. Mi padre, quien era el único que había convivido con ella, acompañó a mi abuela al funeral, el cual se realizó en la casa que Janet tenía en Lakewood. Janet era viuda y no había podido tener hijos, por lo que le heredó todo a su hermana, incluyendo esa casa.
Antes de mi padre se regresara a Londres, yo me acerqué a él, con el propósito de hablarle acerca de mis futuras intenciones.
- Papá, he estado pensando y… creo que después de todo no me gustaría irme a estudiar a Oxford…
- ¿De qué estás hablando?
- Bueno, aquí también hay muy buenas universidades, la de Chicago es una de las más reconocidas y prestigiosas del mundo, yo podría estudiar ahí.
- Mira Albert, desde la época de tu bisabuelo, todos los Andrew que han existido en la familia han estudiado en la universidad de Oxford, y tú no vas a ser la excepción, así que vete borrando esa idea estúpida de la cabeza. En estos dos últimos años he sido muy condescendiente contigo, pero no voy a dejar que mi único hijo varón estudie en cualquier universidad americana, ¿entendiste?
Yo me quedé frío con su respuesta, en ese momento estábamos los dos solos, así que preferí quedarme callado; pensé, estúpidamente, que si trataba ese tema cuando toda la familia estuviera presente, tal vez podría conseguir una respuesta diferente de su parte, así que dejé ese tema por la paz durante el siguiente mes.
Toda la familia regresó a Chicago a principios de junio, ellos solo estarían dos semanas y se suponía que yo me regresaría con ellos a Londres. Mi padre propuso que pasáramos el fin de semana en la recién adquirida casa de Lakewood, recuerdo que la abuela y Stear nos acompañaron. Yo invité a Candy, pero en esa ocasión su mamá no le dio permiso de ir, ya que tenían un compromiso importante en esos días.
Reconozco que nunca había estado en ese lugar y a decir verdad, me quedé maravillado con lo hermoso que era; un extenso bosque rodeaba toda la propiedad y había un gran lago, de aguas cristalinas, como a medio kilómetro de la casa. En ese momento pensé que, de haber sabido que Lakewood era así de bello, habría acompañado antes a la abuela a visitar a su hermana.
Esa noche, mientras todos estábamos reunidos para cenar, decidí hacer pública mi decisión de quedarme en Chicago, aprovechando que mi padre había sacado a relucir el tema.
- Ya está todo listo para tu llegada a la universidad, Rose se hizo cargo de buscar un departamento cerca del campus, para que vivan los dos juntos – Me dijo mi padre.
- Sí, es un departamento muy grande, te va a gustar – Añadió Rose.
- Papá, yo no voy a ir a Oxford, ya te lo había dicho.
En ese momento, un silencio abismal se hizo presente en la mesa, mientras que mi padre me fulminaba con la mirada.
- Creo que fui muy claro al respecto…
- ¿Por qué no puedes entender que yo no quiero irme de aquí?
- Eso no está a discusión, ya te lo había dicho…
- Pues no voy a ir a Oxford y no puedes obligarme a hacerlo, ya fui aceptado en la universidad de Chicago y es ahí donde voy a estudiar.
La cara de mi padre se puso roja de ira – Yo no pienso pagar otra universidad…
- No lo hagas, me ofrecieron una beca y la abuela está dispuesta a apoyarme.
Papá le lanzó una mirada asesina a su madre, después volvió a dirigirse a mí – Déjate de estupideces Albert, he dicho que vas a estudiar en Oxford y vas a estudiar en Oxford – Me dijo, levantando su tono de voz.
En ese momento me sentí tan molesto, que me levanté rápidamente de la mesa, tirando sin querer la silla que estaba detrás de mí.
- ¡Siéntate ahora mismo! !Y no quiero volver a escuchar una sola palabra al respecto! Sé muy bien por qué estás haciendo todo esto, pero no voy a dejar que eches por la borda todo tu futuro, por culpa de un estúpido amor de adolescencia – Gritó mi padre.
- ¡No! Y no voy a dejar que sigas mangoneándome, yo no soy uno de tus empleados que puedes manejar a tu antojo, estoy harto de que siempre decidas por mí, sin siquiera consultar mi opinión – Yo estaba tan furioso, que pude sentir como mis ojos se llenaban de lágrimas, como no quería que me vieran llorar, me di la vuelta y comencé a caminar hacia la salida.
- ¡Albert! !Regresa en este mismo instante!
Yo seguí caminando sin prestarle atención.
- !Albert! Si te vas, te juro que te voy a desheredar…
Yo salí de la casa y azoté la puerta a mi paso, sentía las lágrimas caer sobre mis mejillas, poco me importaba si me desheredaba o no, está vez estaba decidido a hacer valer mi opinión. Caminé por varios minutos hasta que llegué a la carretera, no llevaba dinero y tampoco pasaba ningún carro para pedirle un raite, pero eso no me detendría, así que seguí caminando. Un par de minutos después, un coche se paró al lado mío, al voltear, me di cuenta de que se trataba de George.
- Sube – Me dijo.
- No voy a regresar a la casa.
- No voy a llevarte a la casa, te voy a llevar al departamento de tu abuela.
Yo volteé a ver a George bastante sorprendido - Te vas a meter en problemas si me ayudas…
- No será la primera vez, además, tu padre está tan furioso que no creo que se dé cuenta de que salí a auxiliarte.
Yo sonreí y me subí al carro, en ese momento me di cuenta de que la abuela iba sentada en el asiento de atrás.
- Abue, ¿qué haces aquí?
- No pensaba quedarme a discutir con tu padre, él está muy molesto conmigo y lo mejor que puedo hacer, es esperar a que se le baje el coraje.
Me sentí feliz al darme cuenta de que no estaba solo, si mi padre quería darme la espalda y desheredarme, no me importaba, sabía que contaba con el apoyo incondicional de mi abuela.
Durante la siguiente semana no supe nada de mis padres, la única que fue a verme fue Rose, quien estaba muy preocupada por mí. Unos días antes de que ellos se regresaran, papá fue a verme a la casa para hacer las paces.
- Hijo, he estado pensando y creo que tienes razón, he sido muy inflexible contigo, así que no pienso oponerme más en tu decisión de quedarte aquí.
- Gracias papá…
- ¿Sabes? Me gustaría tratar más a tu novia, ¿por qué no la invitas a pasar unos días en Lakewood? La última vez que fuimos fue un completo desastre, quiero pasar un tiempo agradable con ustedes.
Yo estaba un poco desconcertado – No sé si su mamá le dé permiso - Le dije.
- Pregúntale y me confirmas, me gustaría que nos fuéramos mañana.
Una vez que mi padre se fue del departamento, yo fui a buscar a Candy a su casa y le conté de la propuesta de papá, ella estaba muy emocionada con la idea. Cuando llegó su madre del trabajo, ella le pidió permiso y se lo concedieron. Partimos hacia Lakewood al día siguiente, muy temprano. Esa vez solo fuimos mis padres, mi hermana, Candy y yo.
Recuerdo que ese día la pasamos muy bien, caminamos por el bosque, nadamos por el lago, dimos una vuelta en un viejo bote. Por la noche, nos fuimos a cambiar para bajar a cenar, yo me sentía feliz de que las cosas por fin se hubiera solucionado.
Cuando bajé al comedor, noté que Candy estaba platicando con mi padre en la estancia, los dos se veían muy serios.
- Piénsalo Candy – Le decía papá, mientras colocaba su mano sobre la de ella.
Los dos se asustaron cuando se dieron cuenta de mi presencia - ¿Qué tiene que pensar? – Pregunté.
- Le comentaba a Candy, que mañana temprano podíamos ir todos juntos a dar un paseo por el lago, ¿no es así?
Ella asintió con la cabeza, aunque a decir verdad se veía un poco aturdida. En ese momento mamá nos llamó para cenar, así que todos pasamos al comedor, Candy permaneció en silencio durante toda la cena, me dio la impresión de que estaba triste, cuando terminó de comer, se disculpó con todos y se fue a su cuarto, su actitud me dejó muy confundido.
Una vez que todos se fueron a dormir, me escabullí hasta su habitación. Yo me sorprendí mucho cuando entré y la encontré llorando.
- ¿Qué tienes? – Le pregunté asustado.
- Nada...
- ¿Nada? Nadie llora por nada.
- Solo estoy un poco melancólica, extraño mucho a mi mamá…
Abracé a Candy con fuerza, después comencé a besarla tiernamente.
- Te amo… te amo mucho, ¿lo sabes, verdad? – Me dijo ella.
- Claro que lo sé, yo también te amo…
Los dos comenzamos a besarnos apasionadamente y sin darnos cuenta terminamos haciendo el amor. Una vez más, yo me quedé dormido entre sus brazos, cuando desperté me di cuenta de que ella no estaba en la habitación. Al levantarme, vi que había una pequeña nota en el buró.
Lo siento Albert, no puedo seguir a tu lado, desde hace mucho tiempo me di cuenta de que estoy enamorada de alguien más y no quiero seguir engañándote, ni engañándome a mí misma. Perdona si te hago daño con mis palabras, pero no puedo seguir contigo, por favor no me busques…
Yo me quedé completamente pasmado, unas horas antes me había dicho que me amaba y ahora me dejaba un pedazo de papel diciéndome que estaba enamorada de otro. Si lo pienso detenidamente, creo que tiene mucho sentido que ella hubiera estado llorando, de seguro ya tenía planeado terminar conmigo, pero no sabía cómo hacerlo.
Yo me pregunté desde que hora se había ido ella y como le había hecho para regresarse sola a Chicago, entre otras muchas preguntas que pasaban por mi cabeza y que clamaban una respuesta de su parte. Sin pensarlo dos veces, me vestí y caminé rápidamente hasta la habitación de George, le pedí de favor que me llevara a Chicago, a casa de Candy, yo necesitaba que ella me repitiera en la cara todo lo que había escrito en ese papel.
Creo que ese fue el viaje más largo de mi vida, por más que el carro avanzaba, yo sentía que nunca íbamos a llegar a Chicago. Cuando estábamos por llegar a su casa, pude distinguir a dos personas abrazadas en la entrada, conforme iba acercándose el carro, reconocí las dos figuras, eran Candy y Terry, y el muy idiota hasta estaba llorando, supongo de felicidad. Sentí una rabia incontenible, por un momento pensé en bajarme y decirles sus verdades, pero me di cuenta de que no valía la pena.
- Vámonos George, quiero regresar a Lakewood – Le dije con voz temblorosa, mientras intentaba contener las lágrimas, sin mucho éxito.
George se dio la vuelta y condujo de regreso hasta el pequeño poblado, cuando llegué, mis padres ya estaba bastante preocupado por nosotros.
- ¿Dónde estabas? – Preguntó mi madre.
- Fui a dar una vuelta…
- ¿Y Candy? – Preguntó mi padre.
- Se fue…
Yo comencé a caminar hacia mi habitación, lo que menos quería era hablar con ellos, después de avanzar unos metros me detuve y me dirigí a mi padre – Voy a regresar con ustedes, voy a entrar a la universidad de Oxford…
2016
Después de dar el primer paso, veo a Terry a la distancia, tal parece que él la está esperando. El inglés comienza a caminar hacia ella y cuando están frente a frente, los dos se abrazan.
Por un instante me siento como en un "Déjà vu", debe ser una maldita y cruel broma del destino, no puedo creer que me encuentre en la misma situación en la que estaba hace diez años. Creo que Terry hizo gala de su mejor actuación cuando habló con mi hermana, porque ni está en Nueva York, y aparentemente tampoco está soltero.
Retrocedo unos pasos, me siento como un verdadero idiota, creyendo que, tal vez, podría solucionar las cosas con Candy... ¡Qué imbécil! Lo único bueno, es que al parecer ellos no me han visto, si no, aparte de todo hubiera tenido que cargar con esa humillación. Creo que una vez más he sido demasiado ingenuo, pero ya no lo seré más, así que por mi parte los dos se pueden ir al demonio, otra vez.
Regreso hacia donde están mi madre y mi hermana, Rose me mira confundida, pero no dice nada. Ella sabe que no es prudente mencionar el nombre de Candy enfrente de mamá, no después de lo que dijo en el funeral.
- Creo que me voy a ir a la casa, me está doliendo la cabeza. ¿Vienen conmigo? - Nos pregunta mi madre.
- Yo creo que voy a pasar a un bar, tengo ganas de un trago.
Las dos voltean a verme sorprendidas, ellas saben que yo no suelo beber - Yo voy contigo - Me dice Rose.
- Solo llévenme a tomar el taxi y después se van - Nos pide mamá y después comienza a caminar hacia la salida.
Rose voltea a ver a George - ¿Vienes con nosotros? - Le pregunta, mientras roza discretamente la mano de él.
George asiente con la cabeza.
Después de que mamá toma el taxi, los tres comenzamos a caminar por la acera, en busca de un bar. Tal parece que es el día de los reencuentros, porque al momento de dar vuelta a la cuadra, nos encontramos de frente con Stear, pero él no va solo, una simpática mujer de lentes y una niña pequeña, idéntica a él, lo acompañan.
- ¡Rose! - Exclama él, visiblemente aturdido.
Creo que mi hermana está igual o peor que él, por un momento se siente un silencio incómodo, después de algunos segundos, mi hermana se decide a hablar - Hola Stear, ¡qué sorpresa!...
- No sabía que habías regresado a...
- No, solo estoy de visita, mi abuela murió y venimos a su entierro.
- Ah, sí, Candy me comentó algo de eso… Lo siento mucho - Responde Stear tartamudeando, como suele hacer cuando está nervioso. Él da un paso al frente, después se arrepiente y vuelve a retroceder.
La acompañante de Stear voltea a ver a mi hermana con curiosidad, luego toma a Stear de la mano. Otro silencio incómodo se hace presente, el cual se rompe cuando él decide hacer las presentaciones pertinentes.
- Paty, ella es Rosemary, una vieja amiga y él es Albert, su hermano. Albert, Rose; ella es Patricia, mi esposa y ella es Janis, mi hija.
Las dos mujeres se observan por un momento y después se extienden la mano, mi hermana se acerca a la pequeña niña y la observa con detenimiento.
- Por Dios Stear, es igualita a ti. Veo que cumpliste tu deseo de tener una niña... – Le dice Rose, dejando salir un gran suspiro - Felicidades, ¡es hermosa!
- Stear sonríe, pero puede notarse una gran melancolía en sus ojos – Gracias Rose - Le responde.
- Bueno, me despido, nosotros tenemos que ir a... Bueno... tenemos un asunto... Algo importante que...
- Sí, comprendo Rose.
Los dos se quedan inmóviles, sin saber qué hacer, mi hermana toma la iniciativa y se acerca a él para darle la mano, después se despide de su esposa y de su hija, yo hago lo mismo.
Mi hermana comienza a caminar, visiblemente impresionada, George y yo la seguimos. Ella permanece en silencio las siguientes 5 calles, me doy cuenta de que ese encuentro la dejó bastante afectada, pero tal parece que el más afectado de todos es George, quién fue ignorado completamente por mi hermana durante todo ese tiempo y quién por primera vez, no puede ocultar la tristeza en su rostro.
Entramos al bar y nos sentamos en la primera mesa que vemos vacía. Cuando el mesero se acerca, mi hermana pide un whisky doble, yo pido lo mismo que ella, George se levanta y se disculpa con nosotros, nos da un pretexto tonto y después se va, mientras que Rose lo sigue con la mirada.
- Que coincidencia encontrarnos con Stear, ¿no crees? - Le digo yo, después de varios minutos, con la intención de romper el silencio que reina entre nosotros.
- Sí...
- Te puedo preguntar algo...
- ¿Qué cosa?
- ¿Por qué terminaste con Stear?
- ¿Por qué terminaste con Candy?...
Yo sonrío - Si tú me cuentas tu historia, te prometo que te contaré la mía...
Mi hermana se queda pensativa por un momento - Fue por ti... Por defenderte a ti...
Yo la observo sin poder entender lo que ella está diciendo.
AY, AHORA SÍ SE ME HIZO REQUETE TARDE, PENSÉ QUE NO IBA A ACABAR EL CAPÍTULO A TIEMPO, PERDÓN SI NO PUEDO COMENTAR MUCHO, PERO TENGO EL TIEMPO ENCIMA.
SI TENGO UN CHANCECITO EN LA TARDE, LES RESPONDO SUS COMENTARIOS EN LA SECCIÓN DE REVIEWS.
GRACIAS A TODAS, LES MANDO UN SALUDO MUY AFECTUOSO, BONITO DÍA.
