-Entonces está decidido- sentenció el capitán comandante.

La mitad de los congregados se revolvieron, incómodos. Algunos capitanes se mostraban indiferentes ante la decisión; otros fruncían el entrecejo o mostraban su desacuerdo con gestos, como Renji, quien apretó los puños. Hisagi iba a darle una palmada en el hombro a su capitán, pero se contuvo; aún estaban de servicio. En ese momento todos sintieron algunos reiatsus acercarse a la sala. Poco después, la puerta sonó con dos rápidos golpes sordos.

-¡Con permiso!- jadeó la voz amortiguada de una mujer.

Las puertas se abrieron y apareció una demacrada Kaede, ataviada con desarreglado kimono blanco de hospital; al estar entreabierto, se distinguían algunas vendas que comenzaban a teñirse de rojo.

-Capitana Gainsborough- llamó el viejo Yamamoto-, tú no fuiste llamada a esta reunión. Retírate.

La mujer dio un paso al frente. Estaba muy pálida y tenía la frente cubierta de una fina capa de sudor.

-La reunión es de capitanes, y yo soy una capitana. Tengo el derecho y la obligación de asistir.

El anciano shinigami suspiró y frunció en entrecejo.

-La reunión ya ha terminado, retiraos.

Los capitanes miraron a Kaede de reojo y empezaron a caminar hacia la puerta.

-¡Un momento!- llamó la cetra- Aún no ha terminado. Tengo información que daros, tenemos que encontrar a Jenova…

-La reunión ya ha terminado- repitió Yamamoto, dando un golpe en el suelo con su cayado-. La decisión acerca de Jenova ya ha sido tomada, Gainsborough.

-¿Cómo…?- Kaede se estaba empezando a marear- ¿Qué han…?

-No vamos a perseguirla a través del vórtice- informó Hitsugaya.

-¡Pero tenemos que hacerlo!- protestó la capitana- ¡Un mundo entero corre peligro!

-Se trata de tu mundo natal, no del nuestro- contestó Soi Fong con frialdad.

-Estamos al tanto de quién es Jenova- comentó Byakuya-. Es una criatura que causó muchos problemas en tu mundo, capitana Gainsborough.

-Jenova causó demasiados daños- informó Yamamoto-: un capitán, dos oficiales, siete shinigamis rasos y dieciocho reclutas perdieron la vida. No vamos a sacrificar nuestras tropas por un mundo del que no formamos parte.

Kaede abrió los ojos. ¿Tantos muertos? ¿Cómo que un capitán? Miró alrededor y se fijó en que faltaba una cabellera naranja. "Ichigo…", pensó mientras notaba un nudo en la garganta.

-Esos reclutas estaban a tu cargo, Gainsborough- añadió Soi Fong-. Sus muertes fueron tu responsabilidad.

-Yo… yo…- intentó hablar la cetra con los ojos llenos de lágrimas.

Aunque fueran crueles, las palabras de Soi Fong eran ciertas. El peso de la culpa era tan grande… Todos esos shinigami novatos no estaban preparados para morir de esa manera; no habían tenido oportunidad ni de defenderse.

-Regresa al 4º escuadrón y olvídate de perseguir a Jenova- ordenó Yamamoto-. Si desobedeces, las consecuencias serán graves.

La cetra apretó los puños; temblaba imperceptiblemente. ¿Cómo podían ser tan indiferentes?

-Jenova me arrancó una materia; la llamó Lázaro. Las materias se utilizan para invocar hechizos, y la materia Lázaro probablemente sirva para resucitar a los muertos.

-No es asunto nuestro- escupió Soi Fong.

-Con Lázaro es probable que intente resucitar a Sephiroth… ¡él destruirá el Planeta, tenemos que detenerlo! ¡Morirán millones de personas!

-¡SILENCIO!- vociferó Yamamoto, golpeando con fuerza el suelo con su cayado de nuevo- ¡Capitana Gainsborough, el destino de tu mundo no nos incumbe! ¡No voy a mandar a mi ejército a un universo desconocido cuando nuestro deber se encuentra en este! ¡Ahora desaparece de esta habitación o tendré que sancionarte! ¡Y si a cualquier shinigami, sea del rango que sea, se le ocurre embarcarse en tan absurda misión, puede despedirse de servir en el Seireitei!

Golpeó el suelo por tercera y última vez. Los capitanes miraron a Kaede, quien agachó la cabeza y salió de la sala. Una vez cerradas las puertas, se tambaleó, mareada, pero unos fuertes brazos la sujetaron antes de que cayera al suelo.

-Te dije que no vinieras, imbécil- la reprendió Grimmjow.

-No van a hacer nada…- murmuró Kaede, cerrando los ojos.

-¿Vas a obedecer?- inquirió el hombre de cabello azul, levantando una ceja, incrédulo.

La cetra levantó la cabeza y miró al frente con decisión.

-Vamos a casa. Necesito que Orihime sane mis heridas.

Cuando las puertas se abrieron y salió el resto de capitanes y tenientes. Todos se quedaron estáticos, viendo un haori blanco de capitán con el kanji 5 arder en el suelo hasta reducirse a cenizas.


Ulquiorra miró la puesta de sol. Aquellas tonalidades naranjas se confundían con el color de cabello de la mujer que se encontraba a unos cuantos metros de él. Se acercó a ella y, tras pasear la vista por el resto del cementerio, miró la tumba que se hallaba frente a ellos.

-Nunca le coloqué una lápida- dijo el Arrancar.

Orihime esbozó una leve y triste sonrisa. Sus ojos grisáceos no derramaban lágrimas ya.

-Nell-san no la necesitaba para ser recordada- respondió.

Ulquiorra miró a la mujer, serio.

-¿Entonces necesitas una lápida para recordar a Ichigo Kurosaki?

Orihime cerró los ojos; un minuto después, suspiró.

-Siempre supe que no me amaba. Desde antes de nuestra boda. Él amaba a Rukia… pero ella se casó con Renji. Sabía que me propuso matrimonio para no estar solo… tenía la esperanza de que, si estaba a mi lado, terminaría queriéndome tanto como a ella- la mujer se abrazó a sí misma-. Lo dejé porque no pudo ser.

-¿Por qué vienes a ver su tumba?

-Creí que debería disculparme… Aunque la tumba esté vacía.

-Tú no lo dejaste morir.

-Lo sé… Y no pude revivirlo… cuando destruyeron el monstruo no quedaba nada que reconstruir.

-¿Entonces por qué te disculpas?

-Porque… incluso cuando lo intenté… mi corazón dudó. Mis poderes no sirven si mi corazón duda.

-El corazón… - Ulquiorra se dio la vuelta- Sólo demuestras que el corazón es inútil.

Orihime se giró y lo miró con tristeza.

-Es lo que nos permite seguir vivos.

El ex Cuarto no respondió. ¿Qué era un corazón?

-Habláis con tanta facilidad del corazón…- dijo él, tomando la mano de la joven y mirándola- Como si lo tuvierais en la palma de la mano.

Orihime esquivó su mirada dirigiendo sus ojos al suelo. Tras varios minutos de silencio, la mujer habló.

-Irás con ellos, ¿verdad?

El hombre asintió con la cabeza.

-Se lo debo.

Orihime cerró los ojos. Luego apretó ligeramente la mano de Ulquiorra.

-No mueras, Ulquiorra-san- susurró.

El ex Espada la miró y guardó silencio. Realmente, no sabía qué decir. Había estado a punto de responder "no es asunto tuyo", pero no lo hizo. Miró aquellas manos entrelazadas; la de ella era cálida.

"Oh, ya lo entiendo", pensó. "Es esto. Lo que hay en mi mano".

-Volveré- prometió el hollow.


La morena suspiró, mirando el shihakusho negro de shinigami que había dejado sobre la silla. Deshizo el nudo de las vendas de su pecho y se las quitó con parsimonia. Se puso el sostén deportivo y las bragas negras, calcetines marrones oscuros hasta las rodillas, una camiseta negra de manga corta, shorts militares y botas de infantería, negras, de media caña. Se colocó la melena delante de un hombro y se miró al espejo; el cabello le llegaba hasta las caderas. Cogió unas tijeras y, tras un breve momento de duda, se cortó el pelo a la altura de media espalda. Tiró el cabello desechado a la basura, y volvió a mirar su antiguo uniforme del Gotei 13. Recordó cuando llegó a Las Noches hacía tantos años: le dieron su uniforme Arrancar, y al cambiarse se había quedado mirando su ropa humana. La angustiosa sensación de cambio que tenía en ese instante era parecida, era como si acabase de despertar de un sueño muy vívido y no supiera distinguir el sueño de la realidad; pero al menos en esa ocasión sabía que la decisión de partir había sido suya. Recogió el kimono, el hakama, los tabi y las sandalias y las tiró a la basura. Después se ajustó la banda negra de luto en el brazo, respiró hondo y salió de la habitación.

El grupo congregado la observó desde el salón de la tienda de Kisuke Urahara. Sentados alrededor de la mesa se encontraban Yoruichi, Urahara, Grimmjow y Ulquiorra. Los Arrancar también se habían cambiado de ropa. El ex Sexto iba ataviado con unos vaqueros, una camiseta negra de manga corta, una chaqueta de cuero marrón oscuro y botas de montaña del mismo color de la chaqueta. El Arrancar de ojos verdes, por su parte, vestía pantalones verde oliva, camiseta blanca de manga larga y chaqueta de tela vaquera. Kaede se sentó a la mesa; nadie comentó nada sobre su nuevo aspecto. Ururu, una bonita joven de veintitantos años y sonrosadas mejillas, le trajo una taza de té que la cetra aceptó dándole las gracias.

Yoruichi tenía en brazos a la pequeña Fuu, un precioso bebé de piel de ébano, cabello, cejas y pestañas rubias y ojos amarillos; le recordaba un poco a la difunta Halibel. Urahara carraspeó, y todos lo miraron.

-¿Qué te hace pensar que sé crear vórtices, Kaede?

La aludida entrelazó los dedos sobre la mesa y miró al ex capitán con seriedad.

-Tú sabes más que todos los shinigami sobre los cetra, y Yoruichi dijo que yo venía de uno de esos vórtices. Kisuke, el tiempo corre. Si sabes algo, dínoslo, por favor.

El rubio suspiró y se quitó el sombrero para dejarlo sobre la mesa.

-Supongo que tienes razón…- murmuró- Sabes… Durante mis numerosos años de exilio, viajé mucho. Descubrí la existencia de los vórtices, y me puse a investigar sobre ellos. Sí, conseguí crearlos, al igual que las gargantas. A través de ellos descubrí muchos mundos completamente diferentes a este… Con sólo decirte que la mayoría de mangas, videojuegos y libros están basados en lo que vio la gente que viajó por esos vórtices…- añadió con una sonrisa- En uno de mis viajes llegué a un mundo donde conocí a una joven de 17 años a la que le faltaba poco para dar a luz. Era la única vendedora de flores en una ciudad sin cielo; tenía tus ojos.

-Aerith…- susurró Kaede.

-Sí, Aerith- corroboró Urahara, mirando el vacío sonriendo con tristeza-. Trabé una buena amistad con ella, le ayudé con su venta de flores, y la defendí de los que venían a buscarla. Ella acabó confiando en mí, y me lo contó todo.

Kaede recordaba algo de los reportes de Final Fantasy VII, pero no con claridad. Escuchó atentamente, como el resto de los congregados.

-Ese mundo se llamaba Gaia, pero los humanos no lo recordaban; lo llamaban el Planeta. No se trataba de un simple pedrusco con plantas y animales sobre él; era un ser vivo en sí. El origen de toda vida es la Corriente Vital, una red subterránea de energía que se recicla a sí misma para alumbrar nuevos nacimientos. Cuando una vida se acaba, su espíritu se descompone en energía y pasa a formar parte de la Corriente. Es un ciclo interminable…

Se trataba de una explicación que todo el mundo podía comprender. Era como el ciclo de la materia y la energía; nada desaparece ni se crea, sólo se transforma.

-Hace miles de años, el Planeta estaba habitado por unos seres llamados cetra. Tenían asombrosos poderes mágicos y la capacidad de escuchar la voz del Planeta. Siempre viajaban en grupo, siguiendo la voz de Gaia, que los conduciría a la Tierra Prometida, un lugar maravilloso de felicidad eterna.

Grimmjow comenzaba a aburrirse, pero encendió un cigarrillo y siguió escuchando.

-Pero los cetra se dividieron… Un gran número de ellos se había cansado de su peregrinaje, y decidieron volverse sedentarios. Poco a poco dejaron de oír la voz del Planeta; eran los antecesores de los actuales humanos.

-Mira que renunciar a sus poderes… - resopló Yoruichi.

-Fue decisión suya, es respetable- opinó Kaede.

Urahara bebió un sorbo de té y continuó su relato.

-Entonces un meteorito se estrelló contra el Planeta. Los cetra emigraron al norte, a la zona del impacto, para utilizar sus poderes para curar la herida que el meteorito le había causado al Planeta. Lo que no sabían es que el meteorito había traído consigo a la Calamidad que cayó del cielo.

-Jenova- susurró la morena.

Grimmjow apretó los puños y levantó la barbilla.

-¿Esa zorra que destripó a la cetra en su escuadrón?

-Grimmjow, cierra la boca, quiero escuchar- ordenó Ulquiorra, inexpresivo.

-¡No me des órdenes, emo!

-Oh, callaos…- murmuró Kaede, cerrando los ojos.

El rubio carraspeó y siguió hablando.

-La Calamidad tomó la forma del cuerpo de los cetra para hacerse pasar por ellos y les contagió algún tipo de virus. Sin saber muy bien cómo, los cetra vieron mermados sus números hasta el punto de llegar al borde la extinción. Cuando por fin se dieron cuenta de que Jenova les había engañado, consiguieron sellarla y reducirla a alguna forma de estado de suspensión. Pero era demasiado tarde…

Milenios después, científicos de la compañía fabricante de armas ShinRa encontraron a Jenova. Creyeron que era una cetra y comenzaron a experimentar con ella. Inyectaron sus células a sus soldados para darles los poderes de los cetra. Entonces surgió el grupo SOLDADO, guerreros con capacidades sobrehumanas. La compañía adquirió tanto dinero y poder que acabaron gobernando el mundo.

Estúpidos ShinRra, pensó Kaede. Sabía lo que venía a continuación. Urahara continuó:

-ShinRa descubrió cómo utilizar la Corriente Vital para obtener energía eléctrica. Condensándola se obtenía la energía Mako. Por todo el Planeta colocaron reactores Mako para condensar la energía vital para obtener electricidad.

-Le chuparon con pajita la vida al Planeta- apuntó Kaede-. Muchos bosques se marchitaron, muchos animales murieron. Si no hay Corriente Vital, no hay vida.

-Exactamente, Kaede- sonrió Urahara-. Luego, los científicos de ShinRa encontraron a Ifalna, la última cetra que quedaba con vida. Era la madre de Aerith, la abuela de Kaede. Querían utilizarla para encontrar la Tierra Prometida, un lugar que ShinRa pensaba que rebosaba Mako. El director de la investigación se llamaba Gast Faremis. Se enamoró de Ifalna y juntos huyeron a Iciclos, una ciudad un poco al sur del Cráter del Norte, donde cayó Jenova. Ifalna puso a Gast al corriente de todo lo referente a los cetra y Jenova.

-Y luego tuvieron a Aerith- dedujo Ulquiorra.

Urahara asintió.

-El antiguo ayudante de Gast, el profesor Hojo, encontró a la familia en Iciclos. Asesinaron a Gast y encerraron a Ifalna y Aerith en un laboratorio del que escaparon un tiempo después.

-Y llegaron a Midgar- agregó la cetra.

-Sí, Midgar, la ciudad donde se encontraba la sede principal de ShinRa. Una ciudad sobre la cual había una placa metálica con otra ciudad sobre ella. Los habitantes de abajo vivían en la miseria, sin poder ver nunca la luz del sol. Eran los Suburbios de Midgar. Ifalna llegó ahí, malherida, y conoció a una mujer que le prometió cuidar de Aerith, Elmyra Gainsborough, antes de que Ifalna muriera.

Grimmjow apagó la colilla en el cenicero y crujió el cuello.

-Aerith creció bajo el cuidado de Elmyra, pero ShinRa la encontró. Durante años intentaron convencerla de que colaborara con la compañía, pero ella se negaba. Aprendió a luchar para defenderse de los que intentaban secuestrarla. Cuando tenía quince años, conoció a un joven SOLDADO llamado Zack Fair. Se enamoraron. Zack desapareció dos años después en una misión, poco después Aerith y yo nos conocimos.

Kaede miró a Urahara a los ojos. Ahora comprendía muchas cosas, pero sabía que la historia no había terminado aún.

-Un mes después de conocernos, naciste, Kaede. Eras más pequeña que mi antebrazo. Cuando Aerith te miraba cuando te tenía en los brazos… jamás había visto tanto amor en los ojos de alguien hasta entonces. Recordó que en Iciclos, en otoño, los arces eran particularmente bellos. De ahí sacó tu nombre.

La joven cerró los ojos, intentando serenar su expresión.

-Ella sabía que ShinRa iría a por ti. Me pidió que te llevara a mi mundo, que te buscara una familia que te cuidara y te quisiera tanto como ella. La comprendía, sabía que Aerith no quería que te pasaras la vida en un laboratorio. Le borré la memoria para evitar que sufriera, para que no recordara que había sido madre. Regresé a este mundo y te encontré una familia.

Yoruichi miró al padre de su hija con mala cara.

-No debiste borrarle la memoria.

-No; hizo bien- suspiró Kaede-. Gracias, Kisuke. Eres un buen tipo.

-Eso me dicen- rió el rubio.

-¿Qué pasó después?- inquirió Ulquiorra.

-Es una larga historia y se nos acaba el tiempo- respondió Urahara-, pero estoy seguro de que Kaede os la podrá contar por el camino. Bueno, ella u otros a los que encontréis en ese mundo- añadió.

La morena sabía a quiénes se referían: los demás protagonistas de Final Fantasy VII.

Todos se pusieron en pie y bajaron al inmenso sótano. Una vez ahí, Urahara se alejó del resto y sacó una pequeña y brillante esfera. Era una materia.

-Es la materia Puente. Se utiliza para crear vórtices- explicó-. Pero mucho cuidado; el portal no os llevará directamente a Gaia, sino a un espacio en el que hay tantos portales como universos alternativos. Kaede, tú debes seguir la voz del Planeta para encontrarlo. Sólo ve a lo que sientas que te es familiar.

-Lo haré- aseguró ella.

El ex shinigami colocó la materia en el extremo de su zanpakutoh y dio un corte en el aire. Se escuchó un sonido de succión y un punto en el vacío empezó a girar, dando lugar a una espiral que se ensanchó y dejó ver un vórtice naranja brillante.

-Una cosa más- añadió Urahara-: en los demás universos no existe el reiatsu. Vuestras técnicas no os servirán para nada. No tendréis ni zanpakutoh, ni bankai, resurrecciones, kidoh, ceros, shunpo, sonido… ni siquiera sentiréis vuestro aura.

-Lo imaginábamos- comentó Ulquiorra.

-Tendréis que aprender a luchar con materias.

Los tres asintieron.

-Bien- sonrió el rubio- ¡En mar…!

Una explosión lo interrumpió. Todos miraron en dirección al ruido, y vieron un grupo de shinigami descender al sótano, todos con sus zanpakutoh desenfundadas. Todos tenían el nivel de oficial por lo menos. Estaban dirigidos por los capitanes Komamura y Soi Fong.

-Traidora Kaede Gainsborough- pronunció la capitana del 2º escuadrón-, entrégate y seremos indulgentes contigo.

-Tendréis que cogerme muerta- escupió la cetra, dándose la vuelta y avanzando con paso decidido hacia el vórtice.

Sintió a la shinigami usar el shunpo, pero Kaede no era tan rápida como la líder de las Fuerzas Especiales. Se dio la vuelta, en guardia, para descubrir a Yoruichi bloqueando a Soi Fong con suma facilidad.

-Largaos- ordenó la mujer.

La cetra asintió y cruzó el vórtice junto a Grimmjow y Ulquiorra. Antes de que el portal se cerrara, oyeron a Urahara gritarles:

-¡Buena suerte, y volved cuando queráis!

continuará...


CONCURSO DE ONE-SHOTS

¡Hola! Como quiero que os animeis a escribir, veamos si os apetece participar en esto.

-Normas:

1º Debe estar basado en el universo de La última Cetra (1 o 2). Podéis utilizar a los personajes que queráis, siempre que sean de mi fic, y podéis hacer lo que queráis con ellos.

2º Sólo un capítulo

3º Se exige buena ortografía y gramática.

-Se valorará la calidad de la historia y la ortografía y gramática.

-Cuando lo escribais, subidlo a fanfiction(com) o fanfic(es). Notificádmelo en un review o mensaje privado para que pueda leerlo y calificarlo. En el resumen debéis especificar que vuestro one-shot es para este concurso.

-Premios:

1º premio: Al ganador/a le escribiré un fanfic de Bleach de dos capítulos con los personajes que quiera. Además, lo incluiré en mi fic (sí, artista invitado xD)

2º premio: Al finalista le escribiré un one-shot sobre Bleach de los personajes que quiera.

Esto es todo -w- ¡Animaos a participar!

(Fecha límite: cuando yo suba el capítulo 12 de este fic)

Bien, por fin salimos de Bleach. Espero que no os hayais aburrido con las explicaciones y que lo hayais entendido todo. En cualquier caso, si no habeis comprendido algo, preguntadme a mí o buscad en wikipedia, lo explican todo bastante bien.

Bueno, vayamos con las contestaciones a los reviews...

Kuchiki Yamiko: Meh, no creas, yo también tengo mis fetiches raros (¿acaso no se notó el rape en la primera parte? xD) El twincest igual en otros casos, pero pretendo hacer de este un fic "decente"... Bueno, este tiene 9 páginas de word, espero que no se te haga demasiado corto xDDD Un abrazo, y muchas gracias por comentar. ¡Anímate al concurso de one-shots!

Shara Jeagerjaques: No, si ya se ve que te ha encantado la muerte del narangayto xDD Podría haber sido más cruel, pero... bah, si ganas el concurso de one-shots, ya te escribiré algo más sangriento aún... MUAHAHAHAHAHAHAHA