La historia y los personajes no me pertenecen, es una adaptación del libro "La Bella de la Bestia" de Hannah Howell con los personajes de Naruto de Masashi Kishimoto.

Capítulo 9.

Hinata suspiró y se hizo un último retoque en el peinado. Llevaban en la corte una semana y ya le parecía demasiado tiempo. No era más que un nido de víboras inmorales. Al parecer el pasatiempo favorito de los cortesanos consistía en seducir a la esposa, el marido o los amantes de los otros cortesanos, y sólo una cosa los divertía más que ese deporte: minar la posición de otras personas en la corte para mejorar la propia. A Hinata le parecía imposible llegar a desentrañar las infinitas intrigas que se urdían allí. Pensó que era sorprendente que aquel grupo humano pudiera permanecer junto, tragándose tantas mentiras, disimulando de una manera tan asombrosa.

«Además, —pensó mirándose al espejo con el ceño fruncido—, está lady Shion». Apretó los puños y se entregó por un momento a la fantasía de sacarle los ojos a tan detestable mujer. La primera reacción de Naruto ante Shion había sido fría, pero la alegría que Hinata sintió por ello se desvaneció pronto. Ahora volvía a temer que su marido se acercase a su antigua amante. La cortesía lo obligaba a no rechazar brutalmente a una dama de tan alto rango, pero, ¿eso era todo? A pesar de todos los esfuerzos de Hinata por controlarse, la verdad era que tenía miedo tanto a la belleza como a las famosas tretas galantes de Shion. Temía que de nuevo estuviera tratando de conquistar con sus encantos el corazón de su marido, un corazón que tal vez nunca había dejado de latir por ella.

—Estás muy bella, esposa. —Naruto caminó hasta colocarse detrás de Hinata—. No hay necesidad de que arrugues tanto la frente.

—Sí. —Hizo una ligera mueca y luego se volvió para mirar de frente a su marido.

Naruto le dio un beso, la ayudó a ponerse de pie y la cogió del brazo.

—No debes inquietarte tanto.

—No estoy acostumbrada a tener compañía tan elegante y tan constante — murmuró Hinata mientras caminaban fuera de su habitación, hacia el salón principal—. Nunca había tenido que hacer tal despliegue de buenas maneras durante tanto tiempo. —Sonrió cuando vio que Naruto se reía.

—Esto no va a durar mucho más tiempo. Pronto estarán claros los planes que el rey tiene para mí, y entonces te enviaré de regreso a Uzushiogakure, si así lo quieres. Yo haré lo que me mande el rey y después volveré junto a ti. —Sonrió mirándola a la cara—. La vida cortesana también pone a prueba mi carácter. Aquí todo son disimulos, subterfugios, traiciones y pereza.

—Claro. —Hinata frunció el ceño de nuevo—. Pensé que querías que me quedara aquí. —Las sospechas aparecieron de pronto dentro de su cabeza, y trató con todas sus fuerzas de hacer caso omiso de ellas—. Dijiste que era más seguro.

—Y así es. Sin embargo, no me gusta verte intranquila e infeliz. Sé que hay pocas cosas en la corte que te interesen.

—Es cierto. A veces, muchas veces, de hecho, me sorprendo a mí misma observando a los juglares, mientras en realidad pienso en todo lo que podría estar haciendo en Uzushiogakure.

Naruto se rio suavemente y asintió con la cabeza.

—Mis pensamientos también vagan a veces. He descubierto que me gusta ser un señor feudal; hay muchísimo más que hacer de lo que nunca me imaginé. Sí, y en Uzushiogakure los galeses crean suficientes problemas como para evitar que me aburra y sienta nostalgia del campo de batalla.

—Me gusta lo que dices —contestó ella arrastrando las palabras y mirándolo risueñamente.

En ese preciso momento llegaron al salón principal, y eso evitó que Naruto besara apasionadamente los traviesos labios de su mujer.

Los temores renacieron en el interior del hombre. Lo embargaron al ver cómo miraban a Hinata los caballeros presentes. Casi todos la deseaban, codiciaban su belleza. Todos eran muchísimo más guapos y locuaces que él. Naruto sintió unas ganas locas de sacarla de allí para mantenerla alejada de todas las tentaciones que la rodeaban.

Hinata, por su parte, suspiró mientras miraba a su alrededor. Otra vez las odiosas miradas. Al parecer, nada de lo que hiciera servía para que cesaran. Y no sólo la hacían sentirse incómoda, sino también furiosa, y a pesar de que la tenían sin cuidado los halagos y la coquetería de los jóvenes cortesanos, éstos se empeñaban en abrumarla con sus atenciones. Empezó a pensar que tal vez su aire indiferente era lo que los estimulaba, pero no sabía cuál debía ser su modo de reaccionar ante sus pretensiones.

Sus pensamientos cambiaron de rumbo cuando vio que lady Shion se les acercaba sigilosamente. Notó que Naruto se iba poniendo tenso a medida que la mujer se aproximaba. Lo que más preocupaba a Hinata era la causa de esa tensión.

Procuró recordarse de inmediato que Naruto había dormido en su cama todas las noches que llevaban en la corte. La abrazaba constantemente, haciéndola sentirse protegida y caliente, incluso cuando no hacían el amor. Con seguridad, un hombre cuyo corazón estuviera en otra parte no se comportaría de esa manera. ¿Acaso un caballero que está considerando la posibilidad de cometer adulterio abrazaría tan cariñosamente a su esposa durante la noche? Hinata quería creer que no, pero la incertidumbre hacía tambalearse su confianza. Sin embargo, tales consideraciones la ayudaron a la hora de responder fríamente cuando lady Shion le ronroneó a Naruto que tenía que escoltarlo hasta donde estaba el rey.

«Como si no pudiera encontrar al rey por sí mismo», pensó Hinata, enfadada, mientras buscaba un lugar tranquilo donde esperar a que su marido regresara. Para su desconsuelo, lady Shion se apresuró a situarse a su lado nuevamente. Hinata supo que ésa iba a ser la confrontación que había temido tanto tiempo. Suspiró para sus adentros con resignación y rezó para que Naruto volviera cuanto antes.

—Te sientes bastante segura, ¿no es cierto, lady Hinata?

— ¿Y por qué no habría de estarlo, mi señora?

—Tiempo atrás, Naruto me amó.

—Te amo, en un tiempo pasado. —La risa confiada de lady Shion dio a Hinata ganas de darle un bofetón.

—Me amará de nuevo. ¿Acaso no te has dado cuenta de cómo se suaviza cuando está a mi lado? Si quisiera, podría alejarlo ahora mismo de tu lado con facilidad.

Justamente eso era lo que Hinata más temía, pero se esforzó por parecer despreocupada.

— ¿Con qué propósito? Sé que estás buscando un marido, pero Naruto ya está casado.

—Es cierto que estoy buscando un marido, pero mientras lo consigo, tengo que seguir viviendo. Naruto ya no es un caballero pobre, como era antes. Estoy segura de que como amante sería de lo más generoso. Sí, muy, muy generoso. Sin duda.

—No creo que vayas a tener la oportunidad de comprobarlo. —Hinata procuró fingir la mayor seguridad en sí misma.

— ¿Crees que no? Naruto es un hombre tan grande y fuerte. Saludable y bastante lujurioso. Ah, sí, recuerdo muy bien lo lujurioso que puede ser. Y cuan complaciente. Una sola mujer jamás podrá satisfacer las necesidades de semejante hombre.

—Una sola mujer lo ha hecho lo suficientemente bien hasta ahora.

— ¿En serio? Tal vez sea porque no se le han presentado otras opciones. Así quecya veremos.

—Naruto es un hombre que honra sus votos y promesas. —Hinta pidió a Dios que la hiciera sentir la misma convicción que estaba imprimiendo a sus palabras.

— ¿Te refieres a los votos matrimoniales? —Lady Shion se rio—. Eres una chica muy poco inteligente. Ningún hombre honra sus votos matrimoniales. Cómo se te nota la ingenuidad. Voy a demostrarte, mi inocente niña, cuan fácilmente puede un hombre olvidar las palabras murmuradas de forma rutinaria frente a un sacerdote.

Hinata observó a lady Shion mientras se alejaba con paso descarado, sugerente. La mujer se dirigió hacia donde Naruto se encontraba hablando con el rey, y empezó a coquetear, allí al lado, con un joven cortesano que Hinata reconoció, un hombre bastante apuesto llamado Taruho. Pero vio a dónde miraban en realidad los hermosos ojos lavanda de lady Shion: a Naruto. También observó atentamente a su marido. Le hubiera gustado tener la presencia de ánimo suficiente para irse, y así hacer caso omiso del juego burlón de Shion. Pero se quedó.

A pesar de que Hinata odiaba las dudas que la embargaban, no podía hacer nada para deshacerse de ellas. No podía sacarse de la cabeza el recuerdo de Naruto diciéndole que había estado enamorado de Shion, y no podía dejar de pensar que no había dicho que ya no amaba a aquella mujer. Lady Shion era una dama de carácter obstinado. Hinata temió que hubiera una posibilidad real de que él sucumbiera de nuevo a los encantos de esa bruja. Sabía que cuando el corazón estaba involucrado, incluso el más inteligente de los hombres podía volverse idiota. Y uno de sus peores miedos era que su propio corazón pudiera estar a punto de convertirla también a ella en una idiota.

Cuando Naruto acompañó a lady Shion fuera del salón, Hinata sintió que algo se congelaba en su interior. Naruto no se volvió a mirarla ni siquiera una sola vez, y tuvo la mirada fija todo el tiempo en el bello rostro de la dama, que se había inclinado hacia él, mientras el hombre le ponía el brazo sobre los hombros. Parecían una pareja de amantes que se escabullía de la multitud para tener un momento de intimidad. Hinata no quería creer que Naruto la fuera a tratar de esa manera delante de tantas personas, pero sintió que todas las miradas del recinto se dirigían hacia ella.

—Ah, mi señora, ven conmigo. Permíteme llevarte a los jardines —le susurró al oído una suave voz masculina.

Hinata miró con un poco de desconcierto al joven que le había ofrecido gentilmente su brazo y la instaba a moverse.

— ¿A los jardines? —Hinata cayó en la cuenta de que el joven era Taruho—. ¿A los jardines, dices?

—Sí. —Sin dejar que opusiera resistencia, Taruho la llevó hacia fuera—. Pareces tan impresionada... No es bueno dejar ver las propias debilidades en un nido de víboras como éste. Ah, Dios, estas cosas siempre suceden, aunque sea triste decirlo, pero uno debe aprender a mantener la dignidad.

La dignidad era lo último en lo que pensaba Hinata en esos momentos. Tenía la mente colmada de imágenes de Naruto y Shion unidos en abrazos tórridos.

Luchó por sacarse esas torturadoras imágenes de la cabeza, pero no pudo, e incluso se le deslizaron hasta el corazón y la hicieron sentirse extremadamente violenta. Se asustó por el camino que tomaron sus pensamientos: junto a las imágenes de Naruto rompiendo sus votos matrimoniales, surgieron otras de ella descendiendo sobre los amantes como un ángel vengador que no dejaría vivo nada que pudiera abrazarse.

Sintió el deseo de matar, de mutilar, y esa sensación la horrorizó, pues era algo totalmente nuevo para ella, del todo ajeno a su naturaleza.

— ¿Qué cosas suceden siempre? —espetó a Taruho, luchando por reunir algo de serenidad, por esconder el dolor que le retorcía las entrañas.

—Los amoríos, mí querida señora. —Taruho se detuvo en un punto alejado de las otras personas que paseaban por el jardín.

Hinata se recostó contra un árbol. Empezaba a sentirse enferma, como si le fallaran todos los huesos del cuerpo.

—Llama al pecado por su verdadero nombre, mi señor; lo que llamas amorío es adulterio. —Hinata deseó poder escabullirse a su habitación sin que nadie la viera, aunque temía actuar como un perro al que han azotado.

—Es un pecado de lo más común. El objetivo del matrimonio es procrear herederos legítimos, nada más. —Taruho apoyó una mano contra el árbol, a la altura de la cabeza de Hinata, y se le acercó aún más.

—El matrimonio es la unión santificada por Dios de un hombre y una mujer. —

Se preguntó con tristeza por qué a la gente le costaba tanto trabajo entender eso.

—Para que los hijos sean legítimos y puedan heredar sin ninguna dificultad. —

Apoyó la otra mano contra el árbol, al otro lado de la cabeza de Hinata, arrinconándola—. Todo el mundo entiende eso.

—Nadie entiende nada.

—Vamos, preciosa, déjame aliviar el dolor que alberga tu corazón. —Y levantándole la barbilla con la mano, la besó.

Hinata tardó unos instantes en sobreponerse a la sorpresa. Después, le dio un fuerte bofetón a Taruho. Puso cada gramo de furia que le recorría el cuerpo en elgolpe, y el sonido de su mano entrando en contacto con la mejilla de Taruho rompió el silencio del jardín. El joven se tambaleó ligeramente, echándose hacia atrás. Sólo con ver la expresión de sus ojos, Hinata se dio cuenta de que había cometido un terrible error. Hubiera sido más inteligente huir con rapidez. Estaba claro que Taruho se había tomado el violento rechazo como un insulto. La furia lo hizo entornar los ojos y crispó las bellas facciones de su rostro. Hinata no pudo reprimir del todo un grito de pánico cuando él la tomó con fuerza entre sus brazos y la empujó contra el árbol.

—Maldita mujer. Tu marido está revolcándose con otra, y sin embargo te empeñas en hacerte la monja.

Hinata luchó por escapar de los bruscos y febriles besos que Taruho estaba dándole en la cara y el cuello. La acosaba con tal fuerza que se quedaba sin aliento.

—No voy a cometer un pecado para pagarle con la misma moneda. ¡Déjame ir! Hay otras muchas mujeres que querrán estar contigo, ¡yo no!

—Haré que me supliques que te haga el amor, mi pequeña monja.

Cuando Taruho la tiró al suelo, Hinata quedó un poco atontada y perdió el aliento por la fuerza de la caída, entonces empezó a luchar para respirar normalmente, pero cuando tuvo suficiente aliento para gritar, era demasiado tarde. Taruho le cubrió la boca con la suya y se la mantuvo cerrada con sus besos brutales y con la mano. Trató de morderlo, pero él le dio un golpe en un lado de la cabeza, lo que hizo que se sintiera mareada. El aturdimiento no impidió que intentara pensar en otra manera de librarse del hombre.

Taruho la mantuvo contra el suelo mientras trataba de quitarle el vestido. Hinata aprovechó una distracción de Taruho para poner una pierna entre las de él. Sus hermanos le habían hablado de la vulnerabilidad de los genitales masculinos, pues pensaron que era información que podría serle útil en alguna ocasión. Entonces se concentró en recordar todo lo que le habían enseñado mientras luchaba por liberarse de los brazos de Taruho, que la tenía aprisionada contra el suelo. Sintió que casi había tenido éxito cuando por el rabillo del ojo vio a Naruto, que se acercaba con lady Shion y Sasuke.

Naruto había sofocado una carcajada por la evidente vigilancia a que le estaba sometiendo Sasuke y por las miradas que había intercambiado su amigo con Shion. También se dio cuenta de que lo divertía la vana estrategia de la mujer para seducirlo. Desde el momento en que le había dicho que se sentía desfallecer, él supo que era mentira, pero sintió curiosidad por saber a qué estaba jugando Shion.

Naruto no sentía ya nada por la mujer que fuera su amante. Al fin estaba totalmente libre de su influencia destructiva. Se dio cuenta de que Hinata había invadido cada rincón de su ser y de que no quedaba nada dentro de él de la antigua fascinación que había sentido por Shion. Tuvo que admitir que su esposa había logrado que volviera a sentirse seguro de sí mismo. Ya no tenía ninguna debilidad, Shion no podía manipularlo. Le pareció que la mujer era divertida, un poco irritante, tal vez, pero nada más.

El placer embriagador que todos esos descubrimientos le produjeron se desvaneció dolorosamente cuando, al doblar la esquina, siguiendo un camino poco transitado, se encontraron de sopetón con Hinata tumbada en el suelo boca arriba, con un apuesto y joven cortesano encima de ella. Su hermoso cabello estaba suelto y se extendía a los lados de su cabeza, y sus finos ropajes estaban reveladoramente subidos. Naruto se paró en seco, estupefacto ante lo que veía.

De repente, vio otro jardín, en otro tiempo, en el cual todas sus ilusiones se rompieron en mil pedazos. Pero esta vez el dolor fue mucho peor. Esperó escuchar las risas burlonas, esperó el infierno del ridículo. Notó que Sasuke se adelantaba para intervenir, pero lo detuvo. Naruto quería ver lo imbécil que había sido. En este momento la verdad le iba a ser revelada y quería afrontarla como era debido. Esta vez no perseveraría en la estupidez y la humillación por culpa de una mujer.

Lentamente, la verdad que él imaginaba que le había sido revelada dio paso a la realidad, que indicaba que Hinata no estaba en esa situación por voluntad propia. Sus movimientos eran de lucha y resistencia, no arrebatos apasionados. Naruto había visto al principio algo que realmente no ocurría; había confundido el pasado con el presente.

Entonces los ojos de Hinata se encontraron con los de Thayer. Él vio la súplica en ellos, pero su extrema confusión lo mantuvo inmóvil. Los ojos de la muchacha reflejaron conmoción y profundo dolor cuando su marido no acudió en su ayuda.

Naruto supo al instante que ella había interpretado su vacilación como la peor de las traiciones, y sin embargo no se movió.

Hinata se quedó atónita cuando Naruto no hizo ni el más mínimo esfuerzo por ayudarla. Sencillamente, se quedó quieto, mirando, e incluso evitó que Sasuke fuera en su auxilio. Su marido, que había jurado por su honor que la protegería, la abandonaba a su suerte. Una brisa fría que le acarició los muslos la sacó del estupor incrédulo que la había pasmado. Tendría que defenderse sola, y el tiempo jugaba en su contra. Más tarde lidiaría con el dolor adicional que Naruto le había causado con su indiferencia.

Entonces movió la pierna los pocos centímetros que le hacían falta y la ubicó exactamente en las partes nobles de Taruho. Puso toda la fuerza de la que era capaz en el movimiento y le clavó la rodilla justo en los genitales. El joven gritó, se dobló sobre sí mismo y soltó a Hinata. Tambaleándose, la joven se puso de pie y se apoyó en el árbol, para recuperar el aliento y restablecer el equilibrio.

Sin intentar esconder el dolor que le había causado la traición de Naruto, clavó la mirada en él, mientras jadeaba. Entonces, de repente, notó que enfermaba, que todo su organismo empezaba a fallar. Finalmente Naruto se acercó a ella, pero lo rechazó con la mano. Mientras caminaba deprisa hacia unos arbustos, vio a lady Shion ayudando a un pálido Taruho a ponerse de pie, mientras Sasuke los vigilaba de cerca. La pareja intercambió algunas palabras airadas y después aprovecharon que ni Naruto ni Sasuke les estaban prestando atención para esfumarse. Hinata empezó a sospechar que gran parte de lo que había ocurrido había sido planeado, pero el malestar la impidió llevar más lejos esos pensamientos.

Hinata cayó de rodillas, y entonces vio a Naruto que venía a ayudarla.

— ¡No me toques! —alcanzó a decir de golpe antes de empezar a vomitar.

Naruto retrocedió, como si lo hubieran abofeteado.

Sasuke se arrodilló junto a Hinata. Entonces el marido sintió la necesidad de hacer algo, así que fue a humedecer un pañuelo, que le había regalado Hinata y él había considerado un poco frívolo, en una pequeña fuente cercana. Volvió, se arrodilló al lado de su esposa y le pasó el pañuelo por la cara. Frenéticamente, empezó a buscar una explicación que darle, pero sabiendo en el fondo que no podía decir gran cosa, pues su comportamiento era inexplicable.

Cuando se le pasó un poco el malestar de las náuseas, Hinata se dio cuenta de que era Naruto quien le pasaba con delicadeza el pañuelo por la cara. Entonces, con un grito de furia, alejó la mano de su marido y se puso de pie, con esfuerzo, casi haciendo enfadarse a Sasuke, que estaba más que preocupado. Sumida aún en la confusión, se dio cuenta de que ahora Bek estaba con ellos y que no había rastro de

Shion y Taruho. Supo que todo eso significaba algo, pero estaba demasiado alterada, demasiado furiosa para pensar con claridad. Tenía toda la atención concentrada en la causa de la agonía que la carcomía por dentro.

—Te dije que no me tocaras —gritó a Naruto con furia.

—Hinata, déjame que te explique... —le contestó Naruto vacilante, pues no se le ocurría nada que decir.

— ¿Explicar? ¿Explicar qué? ¿Quieres decirme que careces de la astucia suficiente para ver la diferencia entre el amor y una violación? Pensé que estabas muy versado en los asuntos mundanos. O tal vez ésta sea una costumbre decadente de la corte, que se te olvidó contarme. ¿Pero qué importa, en todo caso? ¡Tú eres mi marido! —gritó, pero entonces luchó por controlar las frenéticas emociones que amenazaban con aplastarla.

—Hinata... —Naruto se le acercó de nuevo, pero sólo para que ella lo rechazara nuevamente.

—Mi marido —dijo en tono despectivo, pronunciando las palabras como si fueran un insulto—. Incluso aunque yo hubiera consentido, era tu obligación atravesar a ese hombre con tu espada. —Entonces lo miró, y de repente la respuesta a lo que había pasado se hizo más y más clara en su mente—. Pero, claro, veías lo que querías ver.

— ¡No! —De inmediato Naruto supo que había protestado demasiado pronto y con tal falta de convicción que casi era una confirmación, más que una negativa.

—Eso es. Todo este tiempo lo único que has esperado es que yo diera un paso en falso. No te diste cuenta de que me estaban violando porque no era lo que esperabas ver. Me dije tantas veces que no debía preocuparme, pero sí tenía motivos para hacerlo. Nunca has confiado en mí. Nunca.

—Hinata, vamos a nuestros aposentos —le pidió Naruto con evidente desesperación—. Necesitas darte un baño. Después podremos hablar con calma sobre esto.

—No voy a ir a ninguna parte contigo. ¡A ninguna parte! —incluso ella misma se sorprendió por el tono a la vez frío y desolado de su voz.

—No puedes andar por la corte sola.

— ¿No? ¿Y por qué no? Tengo la misma protección sola que si estuviera contigo.

—Hinata casi disfrutó con la mueca de dolor que hizo Naruto, cuyo rostro empezaba a volverse ligeramente grisáceo—. Puede que me ataque un asesino, me corte el cuello de lado a lado, y pase mucho tiempo antes de que decidas si era un crimen real o una estratagema —suspiró—. Creo que me voy a ir a mi habitación... sola. Ha sido una noche demasiado larga. Primero, tu antigua amante me envenena los oídos, después, los veo a los dos escabulliros entre las sombras, como vulgares amantes.

Mientras me digo que no debo dejar que los celos me nublen el pensamiento, me veo arrastrada hasta aquí por un cortesano que casi pierde la razón cuando sus insinuaciones me parecen ofensivas. Y luego, el broche de oro: descubro que mi marido siempre me ha considerado poco más que una puta. Me temo que esto es demasiado para mí. —Hinata notó que alguien la tomaba de la mano, entonces volvió la mirada y se encontró con Bek, que estaba de pie a su lado—. ¿Bek?

—Yo voy contigo —le dijo el chico.

La compasión que vio en la mirada de Bek fue un bálsamo para sus torturadas emociones. No era posible que él entendiera todo lo que se estaba diciendo allí, y sin embargo, sabía que ella estaba dolida y que tenía todo el derecho a estarlo. Hinata apretó la mano a Bek, en un gesto de gratitud.

Naruto no quería dejarla ir antes de poder hablar con ella. Se le acercó y la sujetó por un brazo. Hinata soltó un improperio que hizo que tanto Naruto como Sasuke y Bek abrieran los ojos de par en par, y después le dio a su marido un puñetazo en el estómago con toda la fuerza que pudo. La sorpresa, más que cualquier otra cosa, hizo que Naruto la soltara y se llevara la mano al abdomen. Se quedó encorvado, mirándola mientras se alejaba con Bek de la mano. El muchacho miraba hacia atrás nerviosamente. Cuando finalmente se movió para seguirla, Sasuke lo detuvo.

—No, Naruto, déjala ir.

—Tengo que hablar con ella.

— ¿Sobre qué? ¿Para decirle que tiene razón?

Naruto dio la espalda a Sasuke bruscamente y se quedó mirando en la dirección en la que Hinata se había ido.

—Sí, eso, o mentiras. O disculpas... Lo que sea.

—Creo que sería más conveniente que la dejaras sola de momento.

— ¿Para que su odio hacia mí pueda hacerse más fuerte?

—No creo que sea odio lo que siente en este momento —contestó Sasuke con una mueca—. Dolor, rabia, decepción... sí. Por Dios santísimo, ¿en qué estabas pensando? —le preguntó con exasperación—. ¿Cómo pudiste quedarte allí mirando, sin hacer nada, mientras un gusano manoseaba a tu mujer?

—Estaba haciendo exactamente aquello de lo que Hinata me ha acusado — respondió Naruto con voz llena de pesar.

Se dirigió a un banco rústico y largo que había en las proximidades, y se sentó al tiempo que hundía la cara entre las manos. Un momento después, sintió que Sasuke se sentaba a su lado. En ese momento, realmente no le importaba lo que su amigo pensara de su comportamiento. Necesitaba encontrar la forma de reparar el daño que le había hecho a Hinata, pero no estaba muy seguro de que pudiera lograr hacer las paces con ella. Con seguridad, sería difícil. Lanzó una mirada a Sasuke, pero tampoco vio mucha esperanza en su cara.

—Tal vez sea bueno que te humilles ante ella —murmuró Sasuke después de unos minutos de silencio.

—Es probable que ésa sea la única esperanza que tenga, no ya de que me perdone, sino de que me escuche.

— ¿Y qué le dirás?

—Pues, la verdad es que no puedo negar las acusaciones que me hace; si lo hiciera, se daría cuenta de inmediato de que miento. Además, sólo empeoraría las cosas, si es que pueden agravarse más. Constantemente temía y esperaba que me fuera infiel. Tú te dabas cuenta —sacudió la cabeza— y me lo dijiste una y otra vez. Debí prestar atención a tus palabras. Los celos me jugaron una mala pasada, volví a portarme como un estúpido.

—Está claro que no escuchaste ni una sola palabra de lo que te dije, o si lo hiciste, no sirvió de nada. No se hizo la miel para la boca del asno.

—De nada sirve ya insultarme.

—Pues no se me ocurre ningún consejo más.

—Cuando tengo que enfrentarme a un ejército, sé exactamente en qué situación me encuentro, lo que debo hacer y lo que tengo que evitar, pero...

—Es una lástima que Hinata no sea un ejército.

—Si es a una mujer a quien debo enfrentarme —continuó Naruto haciendo caso omiso del sarcasmo de su amigo—, vacilo como un chico ignorante e inexperto. Trato a la puta como si fuera una dama, y a la dama como a una puta. La principal obligación de un marido es proteger a su esposa por encima de todo; pero ahora, a los ojos de Hinata, he fallado clamorosamente en ese deber, precisamente en ese deber.

—Dale tiempo para que su ira se modere, incluso para que se le pase del todo.

— ¿Se le pasará alguna vez?

—Hinata no es de naturaleza rencorosa.

—No, no lo es. Sin embargo, nunca la había puesto a prueba de esta manera.

—Mira, ¿por qué no pasas la noche en mi habitación y tratas de hablar con ella por la mañana? Así le darás tiempo para que se calme y tú podrás meditar un poco sobre el asunto.

—Tal vez tengas razón y eso sea lo mejor. Si me meto en su cama esta noche, bien podría cortarme el cuello.

/

Hinata rumiaba unos pensamientos bastante sanguinarios mientras caminaba hacia su habitación. Después, al llegar, y mientras se lavaba la cara y se enjuagaba la boca, Natsu la observó con aprensión. Ella ni siquiera se molestó en tranquilizar a su doncella. Al terminar de asearse, se sentó en la cama... y rompió en llanto. En medio de su desesperación, pudo darse cuenta de que ni Natsu ni Bek sabían qué hacer con ella. Finalmente el chico tomó el cepillo del pelo, se sentó detrás de Hinata y empezó a desenredarle los cabellos, gesto que la conmovió profundamente.

Sin oponer resistencia, bebió la infusión de plantas tranquilizantes que Natsu le ofreció, y permaneció dócilmente sentada, mientras seguía llorando y Natsu le ponía el camisón. Al mismo tiempo, Bek fue contando a Natsu lo que había ocurrido. Hinata trató de ayudarle a explicarlo, pero el llanto convertía su explicación en una charla incoherente. Por fin se acostó y susurró un «gracias» a Natsu cuando le puso un paño frío sobre la frente. Mientras miraba el techo, trató de apaciguar el hipo y los temblores que le recorrían el cuerpo.

—Pobre Bek —murmuró dirigiendo la mirada al chico—. No sabes qué hacer conmigo, ¿verdad?

—Quedarme a tu lado. —Bek se sentó junto a ella y le tomó una de las manos—. Me voy a quedar contigo.

—Eso me gustaría mucho.

—Ella lo planeó todo.

— ¿Cómo dices?

—Mi madre. Lady Shion. Ella lo planeó todo. La oí cuando estaba hablando con ese hombre sobre el asunto. Creía que papá la buscaría a ella después.

—Pues que lo busque y se lo quede.

—Ay, no, mi señora. —Natsu se acercó a la cama y sacudió la cabeza al tiempo que retorcía las manos nerviosamente—. No quieres decir eso, no hablas en serio. Lord Naruto nunca buscaría a esa mujer.

—No, no la buscaría. —Bek estuvo de acuerdo con Natsu.

—Lady Shion no es el verdadero problema aquí. —Hinata suspiró y después bebió otro sorbo de la infusión—. El problema es que se quedó mirando lo que sucedía y no hizo nada. Nunca ha confiado en mí, se ha limitado a esperar que me comportara como la puta que cree que soy.

— ¡No! —gritaron Natsu y Bek al tiempo.

—Sí. Y ahora quiero irme a casa, quiero regresar a Uzushiogakure.

—Papá vendrá pronto, lo sé. Y además pronto regresaremos todos.

—Me quiero ir a casa ya, Bek. Natsu, empieza a recoger mis cosas.

—Iré a hablar con papá —le dijo Bek, pero se detuvo cuando Hinata habló.

—No hay necesidad de que le digas nada, le voy a dejar una carta. ¿Quieres venir a casa conmigo, Bek? —Hinata no tenía la intención de interponerse entre

Naruto y su hijo, pero sintió la necesidad de llevarse al muchacho con ella.

—Sí, pero papá...

—Papá no se enfadará contigo. Natsu, no has empezado a empaquetar mis cosas como te he dicho.

Tanto Natsu como Bek trataron de convencerla de que no abandonara la corte, pero Hinata fue inflexible. Sabía que ambos tenían la esperanza de que Naruto apareciera en cualquier momento y evitara su huida, pero, para su gran alivio, su esperanza no se hizo realidad. Le llegaron rumores de que Naruto estaba en la habitación de Sasuke bebiendo hasta la saciedad y sintiendo pena de sí mismo.

Entonces deseó que lo siguiera haciendo hasta que ella estuviera bien lejos, camino a Uzushiogakure y fuera de su alcance.

Al contrario que su marido, la joven no se permitió el lujo de caer en la autocompasión. Sólo se sentía muy cansada. La vida en la corte había sido una dura prueba para ella, pero aguantó porque sabía que Naruto estaba a su lado apoyándola.

Ahora sólo quería irse a casa y olvidar todo lo que había pasado durante esa temporada en la corte.

Dentro de su corazón sentía un dolor tan grande que no sabía cómo curarlo.

Amaba a Naruto, aunque deseaba que no fuera así. Ese amor hacía que se sintiera absolutamente devastada al saber que él no confiaba en ella. La entristecía profundamente saber lo que su marido pensaba en realidad. Lo que en algún momento le había parecido tan hermoso y tan prometedor, ahora le parecía la peor de las maldiciones.

/

El amanecer empezaba a teñir de rosa el cielo cuando Hinata partió hacia Uzushiogakure. Constituían su escolta cuatro de los hombres que su padre le había dado cuando se fue de la casa paterna. Natsu y Bek compartían el carruaje con ella. Por un momento se preguntó si estaba tomando el camino de la cobardía, pero rápidamente desechó ese pensamiento. Su salud mental requería que se retirara y buscara un lugar tranquilo donde pudiera lamerse las heridas. Necesitaba pensar larga y concienzudamente sobre lo que debía hacer con su matrimonio, si es que todavía tenía un matrimonio por el cual preocuparse.

Naruto recibió el nuevo día con un tremendo dolor de cabeza, la boca seca y amarga y la certeza de que había hecho algo por lo cual no lo perdonarían. Y para empeorar su mísera condición, el rey le llamaba a su presencia de inmediato. Naruto se presentó ante el rey rezando para que la audiencia fuera rápida. Necesitaba ver a Hinata. Pero para su gran consternación, el rey lo retuvo durante horas.

— ¿Has visto a Hinata? —le preguntó a Sasuke con exasperación en cuanto cruzó la puerta de la habitación de su amigo, ya bien entrada la tarde.

—No, no la he visto. Y, ahora que lo pienso, tampoco he visto a Bek en todo el día.

—Lo más probable es que esté con ella —murmuró Naruto mientras se lavaba— . ¿Quién podrá ser? —gruñó cuando alguien llamó a la puerta unos momentos después.

Sasuke abrió la puerta y no pudo menos que fruncirle el ceño a la mujer que apareció frente a él.

— ¿Qué quieres?

Lady Shion empujó a Sasuke, entró en la habitación y se dirigió a Naruto, haciendo caso omiso de su expresión poco amigable.

—Tienes buen aspecto, Naruto.

— ¿Puedo hacer algo por ti? —Con rapidez, Naruto se alejó de ella y fue a ponerse un jubón limpio.

—Pues quería saber si, dado que tu pequeña esposa se ha marchado, te apetecía acompañarme en los festejos de esta noche.

— ¿Hinata se ha marchado? —Naruto sintió como si el corazón se le hubiera caído a los pies.

—Sí. Tengo entendido que se marchó antes de que la luz de la mañana hubiera iluminado el cielo. ¿Adónde vas? —le preguntó a Naruto con tono perentorio, pero él no se molestó en contestarle y salió de la habitación a toda prisa, con Sasuke pisándole los talones.

Un momento después, los dos amigos entraron en la habitación que Naruto y Hinata habían compartido durante su estancia en la corte, y vieron las evidencias de la precipitada marcha de ella.

— ¡Me dijiste que esperara hasta la mañana! —Rugió Naruto—. ¡Me dijiste que la dejara sola por un rato!

—Nunca pensé que Hinata te abandonaría —murmuró Sasuke.

—Pues bien: es evidente que lo ha hecho. ¿Qué es esto? —Tomó un pedazo de pergamino que estaba sobre la cama y se desplomó en ella mientras leía.

Marido:

He decidido regresar a Uzushiogakure. Bek está conmigo, al igual que los hombres de mi padre, que se encargarán de protegerme.

No necesitas apresurarte para volver a casa.

Hinata.

Naruto le pasó la nota a Sasuke, que hizo una mueca mientras la leía. Era fría y escueta. Naruto se preguntó hasta qué punto sería profunda esa frialdad. Sabía que ella se había dado cuenta de la persecución a la cual lo había sometido lady Shion, que nunca se preocupaba por disimular. Sin embargo, Hinata lo había dejado a merced de las trampas de Shion sin pensárselo dos veces. Ese hecho era mucho más elocuente que su lacónica nota. Su esposa estaba huyendo de él y le daba la espalda sin ningún miramiento.

—Tengo que ir a buscarla.

—No puedes irte, Naruto, hasta que el rey te dé el permiso para hacerlo.

—Pero eso puede significar semanas de retraso. Puede suponer la desgracia para el resto de mi vida.

—Hinata sabe que no puedes irte sencillamente de aquí, como si nada. Si la estancia se prolonga demasiado tiempo, habla con el rey, dile que tienes un problema personal que necesita de tu atención inmediata. Al menos Hinata se ha ido a Uzushiogakure y no a la casa de su padre.

—Sí, sin embargo, en su mensaje queda claro que mi presencia en Uzushiogakure no será bienvenida.

—Todavía estaba dolida cuando escribió esa nota, Naruto. —Sasuke suspiró—. Tal vez esto sea lo mejor. El tiempo sanará las heridas y mitigará el dolor.

Naruto no estaba seguro de que fuera atinado lo que decía su amigo, pero tenía razón al pensar que por el momento no podía hacer nada.

—El tiempo también me permitirá encontrar a ese gusano que se me escabulló anoche.

—Probablemente ya debe de estar a medio camino de Konohagakure.

—Sólo está prolongando su vida unos días más.

A partir de ese momento, el tiempo se convirtió para Naruto en una carga, en una sucesión de días lentos y pesados que parecían no llegar nunca a su fin. El rey lo mandó, junto con sus hombres, a realizar incursiones punitivas contra pequeños reductos de rebeldes y ladrones que plagaban las comarcas más al norte. Naruto juró cumplir sus cuarenta días de servicio, pero ni una hora más.

Una Sakura recién recuperada de su enfermedad dio la bienvenida a Hinata a Uzushiogakure con sorpresa mal disimulada. La joven le contó a su prima todo lo que había sucedido en cuanto se refrescó un poco. Sakura se quedó consternada, pero expresó comprensión hacia Naruto, lo que molestó a su prima. Hinata se dio cuenta de inmediato de que Sakura tenía la esperanza de poder hacerla cambiar de opinión antes de que Naruto regresara.

A pesar de los esfuerzos persistentes y sutiles de su prima, pasaron varios días antes de que Hinata se decidiera a empezar a pensar en lo que debía hacer con su matrimonio. Estaba atada por la Iglesia, pero además, aunque le costaba admitirlo, quería estarlo. No podía renunciar a Naruto. Ya anhelaba su regreso, o por lo menos unas palabras, una carta, alguna noticia. Por mucho que la hubiera herido, ella le seguía perteneciendo, en cuerpo y alma.

Necesitaba tiempo para calmar el dolor lo suficiente como para poder volver a amarlo tan libre y abiertamente como lo había hecho antes. Naruto le había enseñado a desconfiar, y ella quería que regresara a casa para hacerle saber que estaba lejos de sentirse agradecida por ello.

La víspera del día cuarenta y uno de permanencia en la corte, Naruto le dijo al rey que en la madrugada del día siguiente partiría hacia Uzushiogakure. El rey era reacio a dejarlo marchar, pero él le recordó que su deuda estaba saldada. También le comentó que tenía problemas en casa que habían quedado desatendidos durante demasiado tiempo. Y puesto que la abrupta ausencia de Hinata había dado mucho que hablar, y algo sabía del asunto, el rey Kakashi no lo presionó más. Naruto se apresuró a marcharse antes de que el soberano reconsiderara su generosa actitud.

Mientras se acomodaba en la cama esa noche, Naruto dio gracias a Dios de que la estancia en la corte terminase. Las noches que había pasado solo en la cama que antes compartiera con Hinata habían sido difíciles de soportar. Muchas veces había bebido en exceso, para embotarse y dormir sin angustia, y fueron demasiadas las noches en las que Sasuke tuvo que luchar con él para lograr que se desvistiera y se metiera en la cama.

Echaba de menos a Hinata desesperadamente, aunque la maldijo también muchas veces. Se había dado cuenta de lo importante que se había vuelto para él.

Todo se la recordaba. Algunas veces se regodeaba en los recuerdos, pero otras hubiera querido tenerla allí para gritarle que lo dejara en paz. Había empezado a dudar, en fin, de su salud mental.

Lady Shion siguió persiguiéndolo y tratando de reavivar el encantamiento que Naruto sintiera por ella hacía tantos años. Estaba ansioso por alejarse de esa mujer; algunas veces le había parecido tediosa, pero otras, tentadora. Él era un hombre viril a quien habían dejado solo demasiado tiempo, su cuerpo anhelaba una mujer, y la que quería se había puesto lejos de su alcance. Sin embargo, las veces que se encontró cerca de aceptar los favores que lady Shion le ofrecía libremente, se contuvo, y se la quitó de encima sin miramientos ni cortesía alguna. Después de tantos años pensando en su revancha, finalmente le había devuelto a lady Shion toda la humillación que había sufrido a manos de ella durante la juventud. Pero lo hizo sin querer, pues ya la mujer no le importaba nada en absoluto, ni siquiera como objeto de venganza. No obstante, sabía que, al hacerlo, probablemente estaba creándose un enemigo que bien valía la pena vigilar de cerca.

Mientras esperaba el amanecer, Naruto trató de hacer acopio de su valentía. No era hábil con las palabras ni con las damas. En Uzushiogakure lo esperaba una mujer a quien había herido profundamente. Enmendar el daño requeriría pronunciar las palabras justas, en el momento adecuado y de la manera precisa. Naruto no confiaba nada en que fuera capaz de lograrlo.

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Bien es todo por hoy, hoy fue un record, no me imagine subir 3 capítulos en un día jejejejejeje. Gracias Christine-Core y Akime Maxwell chicas por su apoyo n.n, y seguir la historia.

Saludos