Luego de dos semanas, me había dispuesto a volver. Mis padres me habían dejado sin comer por cuatro días y la verdad me estaba muriendo de hambre. Lo único que tomaba era agua. Pero mi aspecto no podía ser peor: estaba totalmente desaliñada y flaca. Estaba pálida y mis cabellos parecían un nido. No sabía el por qué me había bajado la autoestima tan rápido, pero ya ni quería verme en el espejo. Obligatoriamente, tenía que arreglarme para ir al colegio. No iba a presentarme como un monstruo. Para nada. Eso sí, "que a esas chifladas ni se les ocurra dirigirme la mirada", me decía.

Me levanté gracias a los gritos de mi mamá. Había llevado, la mayoría de la semana, en mi cuarto. Por tal razón, salir sería como un gran premio para mí. Me fui a bañar. ¡Uy! Aún recuerdo lo frío del agua. Me estremecí al sentir un escalofrío en mi cuerpo por el contacto que tuve con ella. Al salir de la ducha, tuve miedo de voltear al espejo: no quería verme. Si lo hacía, de nuevo esa voz insistente me iba a acosar, diciéndome que "Nunca te van a querer así como luces" o cosas por el estilo. Evité no verme, pero fue imposible. Lágrimas comenzaron a brotar. Odiaba mi cuerpo, como me veía… ahora todo lo que las chicas me habían dicho empezaba a "cobrar sentido". Me consideraba fea, y mucho más no comiendo esos últimos días. Miré mi mano, y aún se notaba la cicatriz de aquel corte. Ya no dolía, pero me causaba malos recuerdos.

Me vestí con mi uniforme de siempre: una falda negra que tapaba mi vientre y llegaba hasta la pantorrilla; una blusa morada, con una corbata negra, y zapatillas del mismo color, con medias blancas, hasta las rodillas. Mi cabello era exageradamente largo. No me lo había cortado desde que tenía seis años. En efecto, llegaba hasta un poco más por debajo de mi cadera. Solo lo peiné y lo dejé así. Me maquillé un poco para que no se viera lo mucho que había llorado, y el descuido que pasé esas semanas.

Antes de salir de mi habitación, me miré de nuevo al espejo y sonreí. Mi gato se encontraba en mi peinadora, viendo atento lo que hacía. A la primera sonrisa, mi gato maulló con un tono risueño. La voz en mi cabeza me dijo: "¿A eso llamas sonreír? Si fingir una sonrisa para que nadie sospeche es lo que quieres, entonces hazlo bien" Ok, con razón se rió el gato. Una sonrisa crédula, ¿no? Bueno, tendría que empezar a practicar, y así fue. Borré mi sonrisa y miré una revista que estaba al lado de Raúl. La tomé y observé con detenimiento a la chica sonriente de la portada. Volví mi cara al espejo, y sonreí de oreja a oreja. El gato volvió a maullar. Era obvio: algo le faltaba a mi sonrisa para que fuera verdadera. Bajé la mirada y pensé: "¿Qué es lo que hace que una sonrisa sea, de verdad, convincente?" Volví la vista al espejo y sonreí, pero esta vez con la nariz algo arrugadita, los ojos un poco cerrados y… ¡Voalá! Ya estaba. Raúl se bajó y me rozó con su cola mi pierna. Salí corriendo hacia abajo para ir al cole antes de que fuera demasiado tarde.

—¡Adiós, mamá! — exclamé, tomando el deseado desayuno y corriendo hacia la sala, para despedirme de papá.

—¡Que tengas un buen día, papá! — volví a exclamar, saliendo de la mansión, dejando a mis padres más que desconcertados por mi "positiva" actitud.

Troté hasta el cole, con una enorme sonrisa. Entré a clases, con una manzana para el profe, dejándola en el escritorio para que él la viera cuando entrara. Ese día vería la clase de mates. Me senté en el asiento de adelante, sacando mi desayuno. No estaba sola en el salón, pues allí se encontraba uno de los cerebritos del grado. Lo saludé con la mano y volví mi vista al sándwich. Embelesada por el aperitivo, abrí mi boca para probarlo. Claro, tenían que venir las estúpidas de Fluttershy y Pinkie a arrebatarme mi comida. Con el bocado en la boca, vi con tristeza mi preciado sándwich. No había comido en cuatro días completos, ¡cuatro días! Y justo cuando iba a probar comida, ¿ellas la botan al piso? ¡Eso no tiene perdón! Claro, traté de calmarme y no comenzar una pelea, así que solo recogí lo que antes era mi desayuno y lo boté a la basura. Neutral, me dirigí a mi asiento y les saludé.

—Buenos días. ¿Cómo les fue el fin de semana? —se me quedaron viendo totalmente extrañadas por mi reacción. No dijeron nada.

¿Es en serio? ¿No te vas a defender, miedosa? preguntó mi conciencia. Yo elevé una ceja, sin que me importara la presencia de las chicas.

—No es buen momento. —contesté en mis adentros. En eso, llega el profesor.

Luego de ver clases, me dirigí a la sala de música que supuestamente había cerca del patio. Fui hacia allá a ver si podía entrar en clases de violín y piano. Al llegar allí, vi que, en efecto, si había una sala de música. Logré divisar una guitarra, lo cual me acordó a Flash, y luego vi un piano, lo cual me convenció para que yo entrara. El lugar tenía unas grandes ventanas de vidrio en lo que tenía que ser pared, para que los del pasillo no se acercaran a chismosear. Ok, al menos, estas debían ser a prueba de ruidos, ¿no? Bueno, no era así. Creyendo que estaba sola, me senté en una silla que encontré y comencé a ver las partituras. No me parecieron algo difícil, así que empecé a tocar.

You call me out and tie me tough with love, with love

You find my flaws, my teeth, my claws, with love, with love

Cause every time I'm slippin' away from myself

You're the one that moves me like nobody else

Cause when I'm down and I'm done

And I'm coming unplugged

When I'm ready to fall, you're the one

Always holding me up, with love (oh no no)

Wound down, when I'm coming undone (no), you're always there with love

When I'm down and when I'm out, when I fall, you're always, always, always,

Always there

Cause when I'm down and I'm done

And I'm coming unplugged

When I'm ready to fall, you're the one

Always holding me up, with love

When I'm down and I'm done

And I'm coming unplugged

When I'm ready to fall, you're the one

Always holding me up, with love

Recuerdo que la canción se titulaba "With love" de la cantautora "Christina Grimmie". La verdad, me pareció tierna la letra. Terminé de cantarla, así que tomé mis cosas, y… la partitura junto con la letra. Quería anotar esa canción en mi libreta, pues no la había traído a clases por miedo a que me la volvieran a destrozar. Abrí la puerta, para notar a muchos chicos y chicas, viéndome con asombro, entre ellas las manes, quienes estaban más que sorprendidas. Al parecer, me habían oído cantar. Me extrañé al verlos de tal forma, y también porque me estaban viendo justamente a mí. La estupefacta confrontación duró solo unos segundos, pues se escuchó un aplauso muy animado entre los que estaban allí. La persona dueña de aquellos aplausos y gritos se abrió paso a la multitud y me vio con mucha alegría. Por alguna razón, esas pecas que cargaba, ese peinado, esa piel, y, por sobretodo, esos ojos se me hacían muy familiares. Miré a la chica de arriba abajo, vestida con un estilo country. Espera, ¿country? ¡No puede ser! ¡Pero si ella era…!

—¡¿Apple Jack?! — exclamé, abriendo mis ojos desmesuradamente. Ella asintió con una sonrisa de oreja a oreja. Yo grité y me lancé encima de ella, abrazándola. Mi amiga correspondió con todas sus fuerzas.

—¡Twilight! — las manes se nos quedaron viendo. Yo volteé aún sin soltar a Apple, viendo como una sonrisa malévola se formaba en sus rostros.

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Me cansé de ser impuntual, es por eso que, a partir del otro viernes, actualizaré cada dos semanas, ¿les parece? Así podré hacer los caps más largos y más decentes.

¡Un lector más se unió a este pequeño grupito! Me alegra que te esté gustando el fic, Broni.

Comenten, critiquen, confíen en mí , ; ) que no muerdo, y si les gustó denle a "Fav"!

Bye!

PD: ¡no puedo creer que ya vaya por el cap 10! :O