-Al día siguiente:

Llegué a la hora acordada pero el aún no estaba. Llevaba unos pantalones blancos unas botas altas y un jersey rojo largo que se abría por los lados. Había alisado un poco más mi cabello, me había puesto un poco de rímel y un pintalabios rosa casi imperceptible.

Me temblaban las piernas. Esto era un poco raro. ¿Aún tenía tiempo de salir huyendo? No. No estaría bien. Mire el reloj. Ya llevaba un rato sentada en un banco. Eran y 10. ¿Se habría retractado de sus palabras? ¿Se habría olvidado de mí? Me estaba empezando a deprimir cuando vi una cabellera de un color rojo inconfundible en la distancia.

Era él. ¿Venía corriendo? ¡¿Pero qué?!

Cuando llegó a mi lado le faltaba el aliento. Vale que llegase un poco tarde pero… ¿correr? ¿Qué no estaba eso reservado para los seres vivos?

-Perdón- me dijo de golpe. ¿Estaba soñando? Me pellizque. Auch. No. No era un sueño. Sasori levantó la vista. Casi me da un infarto. Después de haber corrido, su cara había adoptado un precioso color rosado bastante presente en sus mejillas. Mi cabeza se quedó en blanco de nuevo. Era el rostro más hermoso que había visto en mi vida - Sakura te estoy hablando – al parecer, mi ya recuperado profesor había hablado mientras yo estaba en el limbo. Mis mejillas estaban ardiendo.

- L-lo siento no le he oído Sasori-sensei

-Dije que dejaras de llamarme así fuera del instituto. - su rostro había fruncido levemente el entrecejo. Me había olvidado eso por completo. Él suspiró. – Entremos- yo asentí.

Al entrar, pedimos, él un café y yo un batido especial de chocolate. No sé por qué pero esperaba que nos miraran raro pero como ambos parecíamos de la misma edad no llamamos mucho la atención. Eso me tranquilizó aunque tenía un cosquilleo que me recorría el cuerpo. No es como si eso de salir un profesor y una alumna fuera lo más correcto aunque en cierta manera eso me excitaba. Me avergoncé de solo pensarlo.

Gire la cabeza hacia mi acompañante y me topé con sus ojos de color oro acaramelizado observándome rigurosamente.

Instintivamente, aparté la mirada. ¿No debería estar acostumbrada ya a estar con él? Pero lo cierto es que el beso que compartimos en su coche flotaba constantemente en mi memoria. Cuando pasaron unos segundos volteé la mirada, esperando que él también hubiese retirado la suya y poder hablar para poder acabar con el silencio que reinaba entre nosotros.

-¿Pasa algo?- Error. Me seguía mirando con su habitual cara exenta de emoción. Me puse roja instintivamente. Reí nerviosa.

-N-no pasa nada, es solo… que se me hace un poco…raro que estemos nosotros solos…

- Muchas tardes hemos estado solos. ¿Cuál es la diferencia?- ¿lo decía en serio? Hacer algo por obligación y quedar en una cita eran cosas completamente distintas. Justo cuando iba a abrir la boca, él habló- Me gusta estar contigo- me quedé helada. Lo había dicho mirando hacia el otro extremo de la habitación con una expresión que no supe identificar. Después de unos largos instantes susurré muy bajito.

- A mi también.- Sasori aun de perfil me miró por el rabillo del ojo y sonrió suavemente mientras tomaba un sorbo de su café.

Lo cierto es que a partir de ese instante las cosas surgieron de una manera muy natural. Estuvimos hablando del instituto y las clases, me preguntó sobre mis amigas y yo a él sobre esos amigos tan raros que jugaron a ''Viola a la primera que pase''

De lo único que no me atreví a hablar fue de su abuela. Todos mis instintos me lo impedían. No era el momento.

Al salir de la cafetería fuimos a dar un paseo. A pesar de la horrible tormenta que había pasado, los arboles de cerezo estaban casi intactos y sobretodo, hermosos.

Me detuve al ver uno especialmente hermoso a pesar de que Sasori siguió adelante. Sus pétalos eran como pequeños corazones de brillantes colores rosados. Cerré los ojos suspirando de felicidad ante el aun presente olor a lluvia y entonces lo oí.

Un fuerte chillido de ruedas en el suelo mientras abría los ojos. Sasori con la cara desencajada corría hacia mí, yo, sin embargo, no tuve tiempo a reaccionar. Mi visión se nubló por completo y noté como algo me embestía hacia atrás y seguidamente escuché un estallido cuyo sonido me dejó tan mareada como si hubiese sido una bomba.

No sé cuánto tiempo paso. Mi cabeza dolía demasiado. ¿Había alguien hablando?

-¡Sa…va…..ra…..tu! - no entendía nada. Poco a poco fui volviendo a mis sentidos.- ¡Sakura! ¡Sakura!- abrí lentamente los parpados, mi cabeza dolía y pesaba como mil pianos. - ¡Sakura! - cuando los abrí por completo vi como claramente estaba enfrente de mi Sasori con la cara aterrorizada, con los ojos abiertos como platos e inyectados en sangre. Una expresión de pavor.

-¿Sa..sori?- pronuncié como pude. Al desviar la vista de mi acompañante, allí lo vi. Un enorme camión estrellado justo en el sitio que yo había ocupado hacia momentos. ¡Aunch!

Mi cabeza me dolía muchísimo. Puse mi mano detrás de mi nuca y lo noté. Un líquido espeso y caliente aunque escaso se escurría entre mis dedos. El suelo también estaba tintado con gotas de mi sangre.

-¿Acaso eres tonta?- la voz histérica del pelirrojo atrajo nuevamente mi mirada- ¿¡Es que acaso no viste como ese camión gigante que se desviaba hacia ti?!

-Yo… - estaba demasiado aturdida para responder correctamente y el rostro de mi profesor antes marcado por la indiferencia y ahora roto con angustia y furia no hacía más que confundirme aún más. Sasori rompió su chaqueta de tela y la escudriño detrás de mi cabeza.

-Idiota- susurró aunque no parecía que me lo dijera a mí - Vayamos al hospital – oímos como se abría una puerta. El hombre del camión salió tambaleándose. Sasori se levantó como alma que lleva el diablo y corrió hacia él.

Pero no para ayudarlo. Lo agarró de la camisa, lo aplasto contra el camión y a pesar de su peso que estaba por encima de la media, lo levantó dejándolo a varios centímetros del suelo. La cara de odio, furia e ira de mi profesor aterrorizó al hombre y a mí a pesar de solo verle de perfil. Nunca había visto esa expresión.

- Los frenos no funciona…- intentó explicar el asustado conductor pero Sasori no le dejó terminar y lo golpeó contra el camión.

-Casi la matas…- dijo entre dientes. Un escalofrió recorrió mi cuerpo. A quien daba más miedo era a mí. El pelirrojo aferró sus manos alrededor del cuello de aquel hombre.

-¡NO!- Dije instintivamente. Sasori desvió la mirada hacia mí- B-Basta… por favor… suéltalo- El pelirrojo resoplaba como un toro furioso. Me miro unos segundos y vi como el fuego de sus ojos se iba apagando. Soltó a su presa no sin antes dirigirle una última mirada de odio.

El chico caminó hacia mí. Tenía los pantalones en la parte de las rodillas rotos. En ese momento me di cuenta. Lo que me había empujado hacia atrás en el accidente no había sido otra cosa que Sasori. Vi como sus manos temblaban mientras las mantenías cerradas.

Mi herida ya no sangraba pero a pesar de eso no me dejo hacer ningún esfuerzo mientras me ayudaba a levantarme.

Al salir del hospital la parte de atrás de mi cabeza estaba desinfectada y vendada. Caminaba un poco mareada. Sasori me agarró de la cadera. Ruborizada le miré.

-Te acabaras cayendo si alguien no te sujeta.- sonrojada baje la mirada y acepté su caballerosidad.

-Los médicos han dicho que estoy bien, solo es un golpe superficial…- Sasori frunció el ceño y apretó aun más su mano en mi cuerpo. Su enfado ahora era distinto, era preocupación. Eso enterneció mi corazón.

-¿Por qué sonríes?- dijo encarnando una ceja. Mis mejillas se volvieron a encender y durante unos segundos no supe como responder.

-Gracias…- susurré aun avergonzada. Él bufó para después sonreír un poco.

-¿Tu no te asustas con nada? Casi mueres pero solo sonríes y das las gracias.

-Me has salvado la vida ¿qué otra cosa debería decir?...esto… ¿A dónde me estas llevando?- mi casa estaba en otra dirección.

- A mi casa.- ante la alarma de mi cara respondió seguidamente con un: - No tienes a nadie en casa y no voy a dejarte sola.- sentencio sin más. Mi cara era un poema.

-Yo… no… ¡puedo estar sola! No hace falta que…- estrujó mis mejillas acallándome.

-No. –sentenció y cuando se cercioró de que no iba a volver a rechistar me soltó la mandíbula – ah –dijo como si nada y acto seguido rebuscó en el bolsillo de su pantalón – He llamado a tu madre y le parece bien, dice que se quedará más tranquila si te quedabas conmigo.- Me estaba devolviendo mi móvil.

-¿¡Q-QUEEE?! - ¿mi madre dijo que? - L-Le dijiste que tu y-y yo…- Mi cara debía de ser un chiste muy bueno pues hasta a un hombre como él sacó una carcajada sincera.

-Solo le dije que te encontré de casualidad y como tu profesor podía hacerme cargo de ti si ella aceptaba. – Cada poro de mi cuerpo irradiaba calor. Él se había ofrecido y yo no tenía ningún argumento para rechazarle. – Esta muy caliente –dijo casi en un susurro mientras acercaba su cara a la mía para examinarme. Un hormigueo de excitación me recorrió de arriba abajo posándose suavemente en mis partes. Casi me caigo intentando huir de su cuerpo, que me escudriñara contra él no hacía sino ponerme peor. Me atrapó rápidamente.

- No…no hace falta que te preocupes tanto por mí…- susurré mirando el suelo. ¿Por qué me ruborizaba con cualquier cosa que él hiciese?

-No lo hago a propósito – le miré confundida. El también parecía estarlo. Esperé una respuesta que parecía no llegar nunca – Contigo…-me mordió el labio y cerró los ojos mientras su entrecejo se fruncía buscando palabras- Nada. Olvídalo.

-Pero…- no me dejo intervenir. Me agarró con delicadeza la cadera y continuamos andando. ¿Qué era lo que tendría que decir como para que no le salieran las palabras?...

-Esta es la habitación de invitados- dijo me enseñaba donde dormiría aquella noche, una habitación amplia y falta de decoración…y de alma.

-Gracias…

-¿Tienes hambre?- me preguntó mientras se alejaba

-Eh, um, si, un poco…- dije a lo bajini. Sentía que me estaba aprovechando de él.

- Preparare algo, tu siéntate- sentenció mientras me acercaba. Como si pudiese verme aun de espaldas rápidamente añadió:- Y si, te vas a quedar quietecita en el sofá. – Me miro de reojo mientras se ponía un delantal blanco pulcro. No era una opción sino una orden. Aun así protesté.

-Pero quiero ayudarte y se me da bien la cocina y…- mientras yo intentaba fallidamente imponerme el se acerco a mí y dejo descansar una mano en su cadera y acerco un dedo a mi hombro y suavemente me empujó. Sin saber muy bien, bueno si, por mi aun adolorido cuerpo, trastabillé y casi pierdo el equilibrio que recupere pero ya era tarde. Había perdido toda credibilidad en eso de estar bien.

-Ahora- dijo con una sonrisa burlona, triunfante.

El salón conectaba con la cocina y podía ver a mi pelirrojo profesor mientras cocinaba. Nunca había visto a un hombre que conservase tan bien su masculinidad con un delantal como lo hacia él. Además su arremangada manga dejaba ver unos tonificados brazos escondidos bajo la camisa. Sin darme cuenta mi mente me trajo una imagen de él sin camisa y después…de su trasero. ¡¿Por qué lo estaba mirando tanto!?¡Nunca había mirado un trasero tanto tiempo!

Aparte la mirada nerviosamente. Mi corazón latía descontroladamente. Me acomodé en el sofá con la mano en mi pecho, como si eso pudiera calmarlo y cerré los ojos. Mi cabeza ya no pesaba tanto.

Mi tripa sin alimentar rugió despertándome la sensación vacía de mi estomago. ¿Me había quedado dormida? ¿Todavía estaba Sasori en la cocina? Lo cierto era que no se oía ni un ruido. Aun con mis sentidos medio dormidos note un calor en mi hombro. Sasori estaba dormido en él con la expresión más relajada que le había visto nunca. Sonreí un poco. Era muy mono. Además había puesta una manta en mis piernas para que no pasara frio y la comida que había preparado para mi descansaba ya fría en la mesa de enfrente. ¿Por qué no me había despertado?

Con muchísimo cuidado me aparte de él y lo coloque como pude en el sofá para que no se cayera hacia un lado. Me senté en la silla que había justo enfrente para que mis movimientos no le despertaran. ¡Según su reloj de pared eran la 1AM!

Mientras me comía el bol de arroz me di cuenta de que él no había probado bocado. ¿Estaba esperando a que me despertara yo sola?

-Me has despertado- dijo en voz baja mientras levantaba uno de sus parpados de una manera que para mis gusto, resulto muy seductora, aunque dudaba que el supiera en qué consistía eso.

-Lo siento. Creí que no había hecho ruido- lo cierto es que había sido silenciosa como un gato.

-Eso no es lo que me ha despertado- dijo mientras cerraba nuevamente los ojos.

-Entonces que…

-No notaba tu calor- dijo como si nada. Su voz reflejaba sueño.- Me resultas relajante.- en ese momento me quedé muda. ¿Qué se suponía que tenía que decir? ¿Gracias? O ¿Me consideras un peluche? Hice como si nada y seguí comiendo. Aun fría la comida estaba muy bien preparada y sabrosa. No me lo esperaba sinceramente, pero supongo que vivir solo te enseña algunas cosas. Alcé los ojos para ver si ya se había vuelto a dormir pero esta vez tenía los ojos abiertos se había tumbado y apoyaba la cabeza en el brazo. ¿Estaba esperando veredicto o algo?

-Está muy rico- reí nerviosa- no…no pensaba que pudieses cocinar…ya sabes, tan bien.- no dijo nada así que seguí a lo mío. Quizá eso le había molestado…aunque si hubiese sido así lo habría dicho claramente ¿no?-¿No tienes hambre?- pregunte nerviosamente.

-No - sentenció sin más. Después de unos interminables minutos de silencio solo acompañados del sonido de mi boca al comer me di cuenta de que mi pelirrojo profesor no apartaba la vista de mí.

-Esto… ¿Por qué no te vuelves a dormir? Antes parecías muy relajado- pregunte sonrientemente y… nerviosa.

-No suelo dormir.

-¿No...? Por…

-Nunca.

-Pero si antes…

-Ya te lo he dicho. Me resultas relajante.- ¿quizás los recuerdos del pasado lo atormentaban tanto que no podía dormir? Eso explicaría sus constantes ojeras aunque para su suerte fueran solo un detalle más en su apuesto rostro. La señora Chiyo me dijo que de pequeño tras la muerte de sus padres tampoco podía pero… ¿Tanto dolor tenía en su interior aun? ¿Tantos años después?

Las lágrimas acudieron a mi rostro cuando una punzada de angustia atravesó mi corazón. Sin pensarlo ni un segundo, mi cuerpo actuó como quiso, lanzándose contra él y atrapándolo en un abrazó

-¿Pero qué haces Sa…?- no le deje terminar su pregunta

-¡Ya no tienes que sufrir! Ya puedes descansar…- las gotas de mis ojos no dejaban de derramarse- Ya no sufrirás…todo está bien- no pude ver su cara pero sentí como su cuerpo se estremecía- ya puedes descansar… todo está bien…- despacio y con cuidado rodeo mi cuerpo con sus brazos y durante unos segundos me apretó con fuerza.

Noté como sus labios trataban de decir algo mientras rozaba mi ropa. Un susurró que cada vez se hizo más y más audible.

-No…ches…no…yas…No te vayas…No me abandones tu también. No…No te marches- acaricié su suave cabello abrazándolo con cariño. Era cierto. Estaba aún herido.

-Seguiré aquí- susurré casi sin pensarlo. Él alzo la mirada. Por primera vez observé la debilidad dibujada en su rostro. Sus ojos estaban llenos de tristeza, una tristeza causada por el más profundo vacio y sus labios estaban tan tensos que eran ya solo una línea. Él también estaba mirándome a los ojos, escrutando en lo profundo de mi alma, buscando la verdad. Y lo cierto era que aunque instantánea, mi respuesta había sido sincera. Alzo su mano para posarla en mi mejilla y sonreí ante su contacto. A pesar de notar mi corazón más acelerado que nunca, no habría evitado jamás ese momento. El sonrió dulcemente y me beso suavemente, nuevamente esperando mi respuesta, respuesta que no tardo en llegar.